Tengo un problema en casa y es que a mis 30 y tantos años, no soy muy funcional en algunas cosas de

12 respuestas
Tengo un problema en casa y es que a mis 30 y tantos años, no soy muy funcional en algunas cosas de la casa. Mi madre a veces me pide que le ayude con algunas cosas en la casa y me pongo reacia porque a veces solo quisiera sentarme en mi cuarto a ver la tele. Esto ha provocado rencillas en la casa y como yo soy muy soberbia, solo he reaccionado frustrándome porque no me he independizado, porque no me siento empoderada. Me lleno de rabia y de envidia hacia los jóvenes de mi entorno que emigraron y ya no tienen que soportar peleas con sus padres. Ahora solo busco resolver esta situación desde adentro, comprender a mamá, ya que ella no puede sola con todo. Quiero controlar mi rabia y mi modo de ver las cosas, no sentirme como la niña vieja friki que todavía aguanta regaños de la madre cada vez que pasa eso.
o que compartes refleja un dilema muy humano: a veces seguimos viviendo dinámicas familiares como si aún fuéramos adolescentes, aunque ya tengamos treinta y tantos años. Esa sensación de ‘no estar empoderada’, de discutir con tu madre y luego culparte o compararte con otros, puede ser muy dolorosa.

Hay varios puntos importantes en lo que cuentas:

La rabia y la frustración: son señales de que una parte de ti quiere más autonomía, aunque otra parte aún no se sienta preparada para dar ese paso.

La relación con tu madre: quieres comprenderla y apoyarla, pero al mismo tiempo necesitas marcar tus propios límites y espacios.

La comparación con otros: es normal sentir envidia, pero recuerda que cada camino es distinto y no siempre lo que hacen los demás es lo que tú necesitas.

Un trabajo terapéutico puede ayudarte a:

Gestionar la rabia con técnicas de autocontrol emocional.

Explorar qué te impide independizarte y cómo dar pequeños pasos hacia la autonomía.

Redefinir la relación con tu madre desde un lugar más adulto, con respeto pero también con límites claros.

No eres una ‘niña vieja friki’, eres una persona en proceso de cambio. Reconocer lo que te pasa ya es el primer paso hacia el empoderamiento real. saludos

Consigue respuesta gracias a la consulta online

¿Necesitas el consejo de un especialista? Reserva una consulta online: recibirás todas las respuestas sin salir de casa.

Mostrar especialistas ¿Cómo funciona?
Hola. Gracias por compartir tu experiencia.
El deseo de empoderamiento e independencia es tan natural como comprensible. Valoro la honestidad y autocrítica con la que analizas tus propios comportamientos y tu intención de comprender a tu madre.
Sería útil explorar por qué te provoca sentimientos de rabia y envidia otros jóvenes independizados, y por qué consideras que tal cosa no está a tu alcance. Sería clave asumir progresivamente más responsabilidades en casa y en general fortalecer tu autonomía personal.
Estaré encantada de acompañarte en tu proceso si lo deseas.
Un saludo,
Nereida Gutiérrez
CM03627
 Silvia Schoffer Kraut
Psicólogo
Santa Cruz de Tenerife
Gracias por compartir lo que te pasa; es un primer paso fundamental para empezar a cambiar esta situación. En consulta te ayudaría primero a reconocer y validar tus propias emociones, para luego identificar qué necesidades tuyas no están siendo satisfechas y qué barreras internas te frenan a la hora de colaborar en casa sin sentirte obligada o infantilizada. Trabajaríamos juntas la gestión de la rabia, aprendiendo técnicas para calmarte ante el conflicto y ejercicios de comunicación asertiva para expresar a tu madre cómo te sietes y qué límites te gustaría establecer, sin culpa ni confrontación excesiva. Además, analizaríamos las creencias que te bloquean (“no soy funcional”, “no valgo”, “ya debería haberme independizado”) y buscaríamos sustituirlas por otras más realistas y amables contigo.

Acudir a terapia conmigo te proporcionaría el espacio seguro y profesional que necesitas para empoderarte, mejorar la convivencia y construir, pco a poco, esa independencia emocional y práctica que tanto deseas. Te acompañaría a recuperar el control de tu vida y a transformar la relación con tu madre y contigo misma, para que cada paso que des sea desde el respeto y la comprensión mutua. La madurez y la autonomía no tienen una edad fija: siempre es buen momento para empezar. UN saludo, Silvia :)
 Lorena Parrondo Mesa
Psicólogo
Cangas de Onis
Gracias por compartir lo que estás viviendo, lo cuentas con mucha sinceridad y eso ya es un paso importante. Lo que describes refleja una mezcla de emociones muy humanas: frustración, rabia, envidia, pero también el deseo de mejorar la relación con tu madre y contigo mismo/a. Esa ambivalencia (querer tu espacio y, a la vez, sentir responsabilidad por ayudar) suele aparecer cuando aún se convive en casa de los padres siendo adulto.

Algunas ideas que pueden ayudarte:
- Reconocer tu independencia emocional, aunque todavía no vivas fuera de casa. Estar en la misma vivienda no significa que sigas siendo “un niño/a”: puedes empezar a trabajar tu autonomía en la forma en que tomas decisiones y gestionas tus emociones.
- Comunicación clara con tu madre: en lugar de reaccionar con rabia, intenta explicarle cómo te sientes y llegar a acuerdos sobre las tareas, de modo que no lo vivas como una imposición.
- Regular la frustración: técnicas como la respiración profunda, escribir lo que sientes o darte un espacio breve antes de responder pueden ayudarte a no reaccionar impulsivamente.
- Trabajar el autoconcepto: compararte con otros solo alimenta la rabia. Cada proceso es distinto, y lo importante es enfocarte en los pasos pequeños que puedes dar para sentirte más empoderado/a, aunque aún no te hayas independizado.

Lo que expresas no es ser “la niña vieja friki”, sino una persona que quiere crecer y mejorar sus vínculos. Ese deseo de resolver desde adentro ya es una señal de madurez y cambio.

Como psicóloga, puedo ayudarte a trabajar la gestión de la rabia, fortalecer tu autoestima y construir herramientas para comunicarte mejor con tu madre, de forma que tu relación sea más sana y tú logres sentirte más libre y en paz en tu propio espacio. Un abrazo.
Entiendo lo difícil y frustrante que puede resultarte esta situación. Desde la bioneuroemoción, lo primero es observar que lo que vives con tu madre no es un obstáculo externo, sino un reflejo de algo interno que busca ser visto y sanado; es decir, el conflicto con tu madre es la oportunidad para conocerte y ver qué no te permites expresar o experimentar. Con tu edad lo normal es estar independizada, lo sabes, pero para que esta situación no se haya dado tienes que tener una programación inconsciente, que no te has dado cuenta, que te impide ser independiente, hacer tu propia vida. Esto tiene que ver, de alguna manera con lo que dices: "...comprender a mamá, ya que ella no puede sola con todo". Hay una patrón inconsciente que te impide soltar a tu madre y esto podemos verlo analizando las experiencias que has tenido en tu infancia. ¿Qué ha pasado con papá y mamá? ¿De qué son víctimas las figuras maternas de tu familia? Tienes la oportunidad al hacer consciente esta programación incosnciente ante esta dificultad y lo que sientes de sanar la relación contigo misma y poder empezar a tener tu propia vida y hacer, quizás, lo que tu madre no ha podido hacer.
Un saludo. Eva Cuenca
 Rocío Dévora
Psicólogo
Madrid
Por lo que cuentas has podido recibir muchas críticas y te han podido validar poco. Eso puede estar haciendo que evites enfrentarte a situaciones funcionales. Lógicamente te genera malestar, culpabilidad e ira.
Convendría que pidieras ayuda profesional.
Un saludo
Gracias por confiar y compartir lo que estás viviendo con tanta claridad. En tu manera de narrarlo ya se percibe una conciencia profunda: reconoces tu rabia, tu resistencia a ciertas tareas, la frustración de no haberte independizado y, al mismo tiempo, tu deseo de comprender a tu madre y mejorar la convivencia. Esa mezcla de dolor y lucidez es el inicio de un cambio real, porque no te quedas solo en la queja: ya estás buscando caminos de salida.
Lo que estoy viendo en tu relato es un conflicto entre tu deseo de autonomía y la dinámica familiar que todavía te sitúa en un rol infantil. Esa tensión alimenta la rabia y la envidia hacia quienes ya se han ido de casa, porque representan lo que tú misma anhelas. No son reacciones “malas”: son la expresión de una necesidad legítima de independencia y empoderamiento.
No daré etiquetas diagnósticas, porque para eso se necesita un proceso más profundo y personalizado, pero sí puedo decirte que este tipo de vivencias son muy comunes en adultos que aún conviven con sus padres y sienten que su identidad está atrapada entre “ser hija” y “ser adulta”.
Para empezar a ordenar lo que sientes y avanzar hacia un lugar más sano, te propongo tres tareas diferentes:
En primer lugar, trabaja con la técnica del reencuadre narrativo. Cada vez que aparezca la idea “soy la niña vieja friki que aguanta regaños”, escribe esa frase y cámbiala por otra que represente la adulta que quieres ser, por ejemplo: “soy una mujer que está aprendiendo a poner límites”. Con el tiempo, este cambio de narrativa reducirá la sensación de pequeñez y reforzará tu autovaloración.
En segundo lugar, aplica el ejercicio de acuerdos conscientes con tu madre. Elige una sola tarea de la casa que te resulte más llevadera (por ejemplo, poner la mesa, cocinar un día, o encargarte de algo concreto) y hazla de manera constante, no como reacción a un regaño, sino como decisión tuya. Esto cambia la dinámica, porque dejas de sentir imposición y empiezas a ejercer tu rol adulto con responsabilidad propia.
En tercer lugar, comienza un espacio de autoafirmación breve diaria. Frente al espejo o en tu cuaderno, dedica dos minutos a reconocer algo que hayas hecho bien, aunque sea pequeño. No uses adjetivos (“soy vaga”, “soy soberbia”), sino hechos (“ayer ayudé en la casa”, “hoy controlé mi tono al hablar”). Esto fortalece tu autoconcepto real y no el distorsionado por la rabia o la comparación.
Quiero resaltar algo: la envidia hacia quienes se han ido es una brújula, no una condena. Te está señalando un camino posible para ti, aunque hoy aún no lo transites. Mientras llega, puedes ir construyendo independencia emocional con estos ejercicios y con pequeños actos de elección propia.
Tienes la lucidez, el deseo y la capacidad de transformar esta rabia en motor de crecimiento. Estas herramientas son un punto de partida. Si decides dar continuidad en un espacio profesional, tendrás la oportunidad de convertir la frustración en claridad y la resistencia en empoderamiento real. No se trata de borrar lo que sientes, sino de aprender a usarlo como guía para crecer.
Un abrazo,
Lenia M Rosell
Gracias por compartir tu situación con tanta honestidad. Es normal que, viviendo en casa con tu madre, se espere de ti cierta colaboración: no se trata de “ayudarla” como si fuese algo opcional, sino de compartir las obligaciones del hogar que ambas disfrutan.

Lo que describes refleja un conflicto interno entre tu deseo de independencia y la realidad actual, y esa tensión se traduce en rabia, frustración y comparaciones con otras personas de tu entorno que ya se emanciparon. Lo positivo es que reconoces tu parte y que quieres comprender mejor a tu madre, lo que muestra disposición al cambio.

En un espacio terapéutico puedes trabajar cómo manejar esa rabia, cómo comunicarte de manera más calmada y cómo dejar de sentirte “como una niña regañada”, construyendo una relación más equilibrada y adulta con tu madre.

Te invito a coger cita conmigo para que podamos analizar esta situación y darte herramientas prácticas para afrontarla de una forma más sana y empoderada.
 Catalina Navas Sanchez-Vizcaino
Psicólogo, Psicólogo infantil
Madrid
Lo que cuentas refleja un conflicto muy frecuente en la vida adulta: el deseo de independencia y, al mismo tiempo, el peso de seguir ocupando un lugar infantil en la relación con los padres. Eso puede despertar rabia, frustración y sentimientos de envidia hacia quienes ya no se encuentran en esa situación.
Donald Winnicott decía que “madurar es aprender a estar solo en presencia de otro”. Es decir, poder sostener la propia autonomía sin perder el vínculo con las figuras importantes. Tal vez lo que estás viviendo sea justamente ese desafío: encontrar un modo de relacionarte con tu madre que no te devuelva a la posición de “niña regañada”, sino que te permita sentirte adulta en la manera de responderle.
Un espacio terapéutico puede ayudarte a elaborar esa rabia y a transformarla en una fuerza que te permita tomar decisiones más libres y cuidar también de tu relación con ella.
Hola, gracias por compartir lo que estás viviendo. Lo que describes es más común de lo que parece: vivir con los padres en la adultez puede despertar emociones intensas como frustración, rabia o culpa, especialmente cuando sentimos que no somos tan independientes como quisiéramos. Es importante que no te juzgues por sentirte así. Aprender a poner límites, comunicar tus necesidades y manejar esas emociones puede ayudarte a mejorar la relación con tu madre y contigo misma. Si quieres, puedo acompañarte en este proceso para que encuentres más calma y claridad, cambiar estas respuestas negativas y conectar con un estado de amabilidad.
 Laura Romero
Psicólogo
Huelva
Lo que cuentas refleja una lucha interna entre el deseo de independencia y la realidad de seguir en casa. Esa rabia y frustración son normales, pero también pueden trabajarse para que no dañen la relación con tu madre. Un paso útil es diferenciar lo que depende de ti (actitudes, pequeñas colaboraciones, cómo respondes) de lo que no (la manera en que ella pide las cosas). Estrategias de TCC como la restructuración de pensamientos y la tolerancia a la frustración pueden ayudarte a bajar la tensión y sentirte más empoderada desde dentro, incluso antes de independizarte.
Hola,

Gracias por compartirlo con tanta sinceridad. Por lo que cuentas, estás en un momento muy complejo, en el que conviven emociones intensas: rabia, frustración, cierta envidia y también ganas de crecer y tomar control sobre tu vida. Todo esto es completamente entendible. Vivir con los padres siendo adulto no siempre es fácil, y es normal que surjan conflictos, especialmente cuando sientes que tu independencia y tus deseos personales chocan con las necesidades de tu madre.

Lo importante es que ya estás buscando trabajar desde dentro, reconocer tus emociones y entender la perspectiva de tu madre, y eso es un gran primer paso. Aprender a gestionar la rabia, tus impulsos y la frustración no significa reprimirlos, sino desarrollar herramientas para responder de manera más consciente y calmada, sin dejar de cuidar tus límites y tu espacio personal.

Si quieres, puedo acompañarte en este proceso, ayudarte a poner orden en tus emociones y encontrar maneras de convivir de forma más tranquila y respetuosa, sin sentirte atrapada ni frustrada. Juntos podríamos trabajar para que ganes mayor control sobre tus emociones y tu vida cotidiana.

Un saludo,
David

¿No has encontrado la respuesta que necesitabas? ¡Envía tu pregunta!

  • Tu pregunta se publicará de forma anónima.
  • Intenta que tu consulta médica sea clara y breve.
  • La pregunta irá dirigida a todos los especialistas de Doctoralia, no a uno específico.
  • Este servicio no sustituye a una consulta con un profesional de la salud. Si tienes un problema o una urgencia, acude a tu médico o a los servicios de urgencia.
  • No se permiten preguntas sobre casos específicos o segundas opiniones.
  • Por cuestiones de salud, no se publicarán cantidades ni dosis de medicamentos.

Este valor es demasiado corto. Debe contener __LIMIT__ o más caracteres.


Elige la especialidad de los médicos a los que quieres preguntar
Lo utilizaremos para notificarte la respuesta (en ningún momento aparecerá en Doctoralia)

¿Tu caso es similar? Estos profesionales pueden ayudarte:

Todos los contenidos publicados en Doctoralia, especialmente preguntas y respuestas, son de carácter informativo y en ningún caso deben considerarse un sustituto de un asesoramiento médico.