Voy a cumplir 35 años y todavía soy virgen, lo cual me avergüenza porque en mi entorno lo normal es

6 respuestas
Voy a cumplir 35 años y todavía soy virgen, lo cual me avergüenza porque en mi entorno lo normal es haberla perdido antes de los 25. A los 19 años tuve mi primera fantasía sexual. Todo comenzó cuando vi una escena de sexo en una telenovela que me dejó extasiada, y así con otras telenovelas y series. A partir de allí, empecé a tener interés en las experiencias sexuales, pero solo tenía sueños eróticos con famosos. Todavía me daba miedo hacerlo en la vida real. Antes de haber visto esa telenovela, no tenía ningún interés sexual. Desde que vi esa telenovela, me emocionaba cuando veía escenas de sexo en la televisión. Las romantizaba sobre todo cuando veía que las mujeres quedaban embarazadas porque esa era la prueba de que habían dejado de ser vírgenes. Es que veía que en muchas historias románticas uno de los principales clichés es que la mujer queda encinta en una relación amorosa con un hombre como "fruto del amor". Eso puede pasar tanto en las historias bonitas como en las trágicas, en la literatura y la televisión. Y en algunas pueden tener al hijo y en otras, perderlo. Por eso, cuando veía a muchas mujeres más jóvenes que yo teniendo hijos con hombres de estatus interesantes, sentía mucha envidia, ya que eso me evidenciaba que habían tenido relaciones con estos hombres, aparte de que un hijo crea un vínculo con un hombre. Esto lo tuve durante 15 años y ahora, después de ese tiempo, lo estoy cuestionando y siento mucha vergüenza de haber tenido esas ideas, por lo que me ha costado mucho revelarlo.
 David García Díaz
Psicólogo
Castellón de la Plana
Hola,

Gracias por animarte a contarlo con tanta honestidad. Lo que describes no solo habla de tu historia, sino también de mucha vergüenza acumulada, presión social y años de convivir con expectativas sobre “cómo debería haber sido tu vida”. Es normal que aparezcan culpa, comparación con los demás y dudas cuando empiezas a cuestionar todo eso.
Algo importante es entender que no hay una “edad correcta” para vivir la sexualidad y que tu valor personal no depende de experiencias sexuales, maternidad o de cumplir con normas culturales o románticas. A veces, cuando una persona ha vivido tanto tiempo con una idea fija (como la que describes con las historias románticas), el cerebro se acostumbra a funcionar desde ahí y cuesta cambiar la forma de mirarse sin juzgarse.
Ahora el foco no es “ponerte al día”, sino trabajar la vergüenza, la autoexigencia, entender qué lugar ha tenido la fantasía en tu vida y qué deseas realmente hoy, desde libertad y no desde presión. También sería útil trabajar autoestima, relación con tu cuerpo, creencias sobre el amor y el vínculo.
Si quieres, puedo acompañarte en un proceso terapéutico seguro, sin juicio, para ordenar lo que sientes, sanar esa culpa y ayudarte a construir una relación más amable contigo y con tu sexualidad. No tienes por qué atravesar esto sola.

Un saludo,
David

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 Tirso Pérez de Argila
Psicólogo, Psicólogo infantil
Madrid
Hola. Gracias por expresar algo tan íntimo, no es fácil hacerlo.

Lo que describes no habla de algo “anormal”, sino de una historia personal de despertar sexual tardío, muy mediado por la fantasía, lo narrativo y lo simbólico. En tu caso, la sexualidad parece haberse organizado más alrededor de la imaginación, las historias románticas y los significados (amor, vínculo, validación, pertenencia) que alrededor de la experiencia corporal directa. Eso puede pasar cuando el deseo se vive con miedo, idealización o mucha carga emocional, y no implica un fallo ni un retraso patológico.

La vergüenza que sientes ahora suele aparecer cuando una persona empieza a revisar críticamente viejas construcciones internas. No significa que esas ideas fueran “malas”, sino que cumplieron una función en su momento: protegerte, darte sentido, canalizar el deseo de una forma que te resultaba segura. El problema no es haberlas tenido, sino quedarte atrapada en ellas sin poder revisarlas.

Ser virgen a los 35 no define tu valor, tu madurez ni tu capacidad de vincularte. Lo que sí parece relevante es cuánto sufrimiento, comparación o bloqueo te genera hoy este tema. Si hay malestar persistente, trabajo terapéutico puede ayudarte a separar deseo, miedo, idealización y autoestima, y a construir una relación más libre con tu cuerpo y con los vínculos reales, sin prisa ni exigencias externas.

No hay nada que “corregir” en ti. Hay una historia que entender. Y eso, bien acompañado, suele aliviar mucho.

Un cordial saludo.
Gracias por expresarlo con tanta honestidad. Lo que compartes es íntimo, complejo y valiente, y merece una respuesta cuidadosa y respetuosa.

Lo primero que conviene subrayar es esto: no hay nada patológico, inmaduro ni “incorrecto” en lo que relatas. Lo que describes tiene sentido cuando se observa desde una perspectiva psicológica y cultural, no moral.

Algunos puntos importantes para ayudarte a entenderte mejor:

1. La sexualidad no aparece igual en todas las personas ni en los mismos momentos
Hay personas cuyo deseo sexual despierta temprano y otras en las que aparece más tarde, de forma gradual o ligada a estímulos concretos (como narrativas románticas, ficción, identificación emocional). Eso no invalida tu sexualidad, ni la hace menos auténtica.

El hecho de que tus primeras fantasías surgieran a partir de una escena de ficción no significa que “antes no tuvieras sexualidad”, sino que necesitaste un marco simbólico seguro para que emergiera: sin exposición directa, sin riesgo, sin exigencia.

2. El miedo a lo real y el refugio en lo imaginario es una estrategia de protección, no un fallo
Las fantasías con personas inaccesibles (famosos) y el interés por historias ajenas permiten explorar el deseo sin exponerse al rechazo, a la vulnerabilidad o al juicio. Para muchas personas, especialmente si hay inseguridad, idealización del amor o miedo a la intimidad, esto es una vía habitual.

No es infantil ni extraño: es una forma de regular la ansiedad.

3. La asociación entre sexualidad, amor y embarazo no nace de ti, sino del relato cultural
Has señalado algo muy relevante: durante años consumiste historias donde el embarazo aparece como “prueba” de amor, de entrega, de haber sido elegida. Esa idea no es individual, es un guion cultural profundamente arraigado, especialmente dirigido a las mujeres.

En ese contexto, no es raro que:
• El embarazo simbolizara para ti “haber cruzado el umbral”
• Te despertara envidia, no por el hijo en sí, sino por lo que representaba: vínculo, legitimidad, reconocimiento
• Compararte con otras mujeres te generara vergüenza y sensación de estar “fuera de tiempo”

Nada de eso habla mal de ti; habla del peso de los mandatos sociales interiorizados durante años.

4. La vergüenza aparece cuando empiezas a cuestionar, no porque hayas estado equivocada
Es muy importante esto: la vergüenza que sientes ahora no significa que hayas pensado mal, sino que estás evolucionando. Cuando una persona revisa creencias antiguas desde un lugar más consciente, suele aparecer pudor, incomodidad o juicio retrospectivo.

Eso no es motivo de culpa: es señal de crecimiento psicológico.

5. Ser virgen a los 35 no define tu valor, tu feminidad ni tu capacidad de amar
La idea de que “lo normal” es haber tenido relaciones antes de cierta edad es una norma social estadística, no una ley psicológica ni vital. Tu historia no está atrasada ni estropeada; simplemente ha seguido otro ritmo, probablemente más vinculado a la necesidad de seguridad emocional que a la ausencia de deseo.

Y algo clave: Tu sexualidad no empieza cuando tienes una relación sexual. Empieza cuando hay fantasía, curiosidad, emoción, cuestionamiento… y eso ha estado presente en ti desde hace mucho.

Si estás en terapia o te planteas estarlo, este material es muy valioso para trabajar:
• La vergüenza
• La comparación
• La idealización del amor
• El miedo a la intimidad real
• La reconciliación con tu propio deseo

No hay nada que “confesar” ni nada que “reparar”. Hay algo que comprender y resignificar, con respeto hacia la mujer que fuiste durante esos años.

Si quieres, puedo ayudarte a ordenar todo esto en un marco más terapéutico o darte líneas claras para trabajarlo en sesión. No estás sola, ni fuera de lugar.
Gracias por confiarme algo tan íntimo y difícil de poner en palabras.

Lo que describes no habla de algo “incorrecto” en ti, sino de cómo se fue construyendo tu relación con la sexualidad, el deseo y el vínculo a partir de mensajes culturales, fantasías, miedos y expectativas muy potentes. La vergüenza que sientes ahora suele aparecer cuando una persona empieza a mirar su historia con más conciencia; no es una señal de fallo, sino muchas veces de crecimiento y cuestionamiento.

No existe una edad “normal” para iniciar la vida sexual, aunque socialmente se nos haga creer lo contrario. El deseo puede aparecer tarde, transformarse, idealizarse o quedarse en la fantasía durante años, especialmente cuando hay miedo a la exposición, al cuerpo, al vínculo o a perder el control. Todo eso es trabajable, sin juicios y a tu ritmo.

Poder explorar con calma qué significaron para ti esas fantasías, la asociación entre amor, embarazo, valor personal y vínculo, y cómo quieres relacionarte hoy con tu cuerpo y tus deseos, suele aliviar mucho la vergüenza y abrir nuevas posibilidades. Si lo deseas, puedo acompañarte en este proceso, tanto en sesiones a domicilio en Madrid Norte como en modalidad online, adaptándonos a lo que te resulte más seguro ahora.

Gracias de nuevo por la confianza. Aquí hay mucho que cuidar, no que reprochar.
Hola. Gracias por tu valentía al compartir esto. Sé que te ha costado mucho escribirlo, y quiero empezar diciéndote algo importante: la vergüenza se cura entendiendo el origen de nuestras creencias, no juzgándolas.

Lo que describes tiene una lógica interna muy clara si miramos el contexto. A menudo, esa visión del sexo y el embarazo como "fruto del amor" o como única validación de la mujer no nace de la nada; suele tener raíces profundas en una educación tradicional o religiosa.

En muchos entornos religiosos, se nos enseña (a veces de forma explícita y otras sutil) que la sexualidad solo es "lícita" o digna si conlleva procreación. Es muy probable que interiorizaras ese mandato: "Si hay embarazo, entonces el sexo fue real, válido y bendecido". Vamos a desgranarlo para quitarle peso:

1. El "Guion" Cultural y Religioso Tu mente no ha hecho nada extraño. Simplemente, buscó encajar la sexualidad (que te daba miedo o respeto) dentro del único marco que conocías como "correcto": la familia y el hijo. Convertiste el embarazo en un "certificado de pureza" para poder aceptar el sexo. Si había hijo, no había "pecado" o suciedad, solo "fruto del amor".

2. El Embarazo como Certificado de Validación Has construido una creencia durante años donde el embarazo era un símbolo de estatus. Para tu yo de hace 15 años, el embarazo era la prueba visible e irrefutable ante el mundo de que habías sido elegida y amada. Es normal que sintieras envidia, porque no envidiabas solo al niño, envidiabas la evidencia pública de que ellas habían sido "vistas" y validadas por un hombre, algo que tú anhelabas pero temías buscar en la realidad.

3. La Virginidad y los tiempos Tener 35 años y no haber tenido relaciones es una circunstancia vital, no una patología. La presión viene de la comparación, pero cuando hay miedo a la intimidad o creencias muy rígidas de base, la mente busca refugios seguros (como las telenovelas) para sentir sin correr riesgos reales.

Que ahora, después de 15 años, estés cuestionando esas ideas y sintiendo "vergüenza" es, en realidad, una señal de madurez y de avance. Significa que esa vieja estructura (religiosa, social o idealizada) ya no te sirve y estás lista para buscar una conexión real, humana y no perfecta.

Es un momento excelente para, acompañada de un profesional, empezar a deconstruir esos mitos y trabajar en tu propia identidad sexual, libre de culpas antiguas.

Un abrazo.

Ana Ocaña Psicóloga Sanitaria | Especialista en Apego y Relaciones
Quiero decirte primero que tu vivencia es más frecuente de lo que parece, aunque pocas personas se animen a expresarla con la profundidad y honestidad que vos lo hiciste.

No existe una edad “normal” para iniciar la vida sexual. La sexualidad no se desarrolla de manera lineal ni igual en todas las personas: intervienen factores personales, familiares, culturales, emocionales y también los mensajes —muchas veces implícitos— que recibimos sobre el amor, el deseo y el cuerpo. Que tu interés sexual haya despertado a partir de escenas de ficción y se haya expresado durante años principalmente en la fantasía no es patológico ni vergonzante; es una de las formas posibles de construcción del deseo.

Lo que describís acerca de la idealización del embarazo y de la maternidad como “prueba” de haber sido deseada o elegida por un hombre tiene mucho que ver con mandatos culturales muy arraigados, especialmente hacia las mujeres: la idea de que el valor personal, el reconocimiento social o el vínculo amoroso se consolidan a través de la sexualidad y, más aún, de la maternidad. Que hoy puedas cuestionar esas creencias habla de un proceso de reflexión y de crecimiento subjetivo, no de algo por lo que debas castigarte.

La vergüenza que sentís ahora suele aparecer cuando miramos el pasado con los ojos del presente, juzgándonos sin tener en cuenta que en ese momento esas ideas cumplían una función emocional: te permitían fantasear, desear, sentir pertenencia o conexión desde un lugar que te resultaba posible y seguro.

Es importante remarcar que:

La virginidad no define tu valor ni tu madurez emocional.

No haber tenido experiencias sexuales no implica inmadurez, falla o incapacidad.

Las fantasías sexuales, incluso cuando están atravesadas por idealizaciones, forman parte del mundo psíquico y no dicen nada negativo de la persona.

Si este tema hoy te genera malestar, vergüenza persistente o sensación de estar “atrasada”, un espacio terapéutico puede ayudarte a reconstruir tu historia sexual y afectiva con mayor compasión, y a habilitar nuevas formas de vincularte con el deseo, sin exigencias ni comparaciones.

Hablar de esto —como ya lo estás haciendo— es un primer paso muy valioso. Tu experiencia merece ser comprendida, no juzgada.

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