Preguntas de pacientes (252)

  • Hola tuve ansiedad y depresión y de hay comenzaron unos pensamientos horribles y me generan mucho mi

    Hola tuve ansiedad y depresión y de hay comenzaron unos pensamientos horribles y me generan mucho miedo por que esos pensamientos se basan hacia niños y yo no los quiero dañar y de tanto y tanto pensar me quiere confundir mi mente con lo real y lo que no es real lo malo es que no puedo pagar una terapia costosa spy mama soltera y me pagan muy poco en mi trabajo

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Amador Manero Moreno

    Lo que describes encaja mucho más con un problema de ansiedad obsesiva que con un deseo real de hacer daño. Y precisamente el hecho de que esos pensamientos te generen miedo, rechazo y angustia es una señal importante.

    La mente ansiosa funciona de una forma muy cruel: cuanto más intentas comprobar que “no eres eso”, más aparecen las imágenes, las dudas y las sensaciones raras. Entonces empiezas a vigilarte continuamente:
    “¿Y si en realidad sí quiero?”
    “¿Y si pierdo el control?”
    “¿Y si mi mente me engaña?”

    Y ahí comienza la trampa.

    El problema no son los pensamientos. El problema es la lucha constante contra ellos. Porque cuando una persona intenta eliminar un pensamiento aterrador, el cerebro interpreta que ese pensamiento es peligroso y le da todavía más importancia. Es exactamente el mecanismo típico de las obsesiones.

    Además, hay algo muy importante: las personas que realmente desean hacer daño no suelen vivirlo con terror, culpa y desesperación como lo estás viviendo tú. Tú estás asustada precisamente porque esos pensamientos chocan totalmente con quién eres y con tus valores.

    Ahora bien, hay una cosa que sí mantiene el problema:
    intentar analizar mentalmente cada pensamiento para comprobar si es real o no.

    Porque cuanto más analizas:
    más dudas;
    cuantas más dudas,
    más ansiedad;
    y cuanta más ansiedad,
    más pensamientos aparecen.

    Es un círculo vicioso muy típico de la ansiedad obsesiva.

    Te voy a dar algo práctico que puede ayudarte a empezar a romper esa dinámica:

    Cuando aparezca el pensamiento, intenta no entrar en discusión con él. No te digas:
    “no quiero hacer daño”
    “yo no soy así”
    “esto no puede ser verdad”.

    Porque cada vez que debates con el pensamiento, le das importancia.

    En lugar de eso, prueba algo distinto:
    “Ya apareció otra vez este pensamiento horrible. No necesito resolverlo ahora”.

    Y vuelve a lo que estabas haciendo, aunque la ansiedad siga ahí un rato.

    Al principio cuesta muchísimo, porque el cerebro te pide revisar, comprobar y tranquilizarte. Pero poco a poco, cuando dejas de alimentar el miedo, la mente pierde interés en atacarte por ahí.

    Y otra cosa importante: intenta descansar un poco de internet y de buscar comprobaciones constantes sobre si eres mala persona o no. La búsqueda compulsiva de tranquilidad calma unos minutos, pero después hace que la duda vuelva más fuerte.

    También quiero decirte algo importante como madre:
    la ansiedad y la depresión pueden dejar a la mente extremadamente agotada y vulnerable a obsesiones muy violentas. Eso no define quién eres.

    Y aunque ahora no puedas pagar una terapia costosa, eso no significa que no haya solución. Muchas personas mejoran muchísimo entendiendo cómo funciona este mecanismo y aprendiendo a dejar de pelear con la mente de la forma equivocada.

    Si en algún momento sientes que esto te supera demasiado, que dejas de dormir, de comer o que la ansiedad se vuelve insoportable, intenta acudir aunque sea a atención pública o recursos gratuitos de salud mental de tu zona. Pedir ayuda no significa que seas peligrosa; significa que estás sufriendo.

    Y si quieres trabajar este problema desde un enfoque estratégico y práctico, puedes contactar conmigo a través de PSYAMM en Doctoralia.es.


  • Sensación de vacío frustración malestar en casa de mis padres no por ellos si no por mi deseo de est

    Sensación de vacío frustración malestar en casa de mis padres no por ellos si no por mi deseo de estar sola siento el peso de todo sentir q no tengo nada trabajando no acabo con mi vida pq no quiero q sufra mi gente siempre pensando en los demás

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Amador Manero Moreno

    o que describes transmite mucho agotamiento emocional acumulado. No parece solamente “querer estar sola”. Parece sentir que sostener la vida, convivir, responder a los demás y seguir funcionando te pesa más de lo que puedes soportar ahora mismo.

    Y hay algo importante en lo que dices:
    “No acabo con mi vida porque no quiero que sufra mi gente”.

    Eso significa que una parte de ti todavía está conectada al vínculo, al dolor que causaría y a la posibilidad de seguir adelante aunque ahora no veas salida clara. Pero también indica que estás muy desbordada y que no deberías quedarte sola gestionando esto únicamente dentro de tu cabeza.

    Muchas veces, cuando una persona lleva mucho tiempo viviendo para los demás, adaptándose, conteniéndose o sintiendo que no tiene un espacio propio real, aparece una sensación de vacío muy particular:
    no es exactamente tristeza solamente,
    es desconexión,
    cansancio interno,
    sensación de no pertenecer a ningún sitio,
    y necesidad intensa de desaparecer un rato de todo.

    Y paradójicamente, vivir en casa de los padres, aunque ellos no hagan nada malo, puede aumentar muchísimo esa sensación cuando una persona necesita sentir autonomía, silencio emocional o espacio psicológico propio.

    También noto algo importante:
    parece que llevas mucho tiempo priorizando cómo se sienten los demás antes que cómo estás tú. Y cuando una persona hace eso durante demasiado tiempo, acaba sintiendo que ya no sabe ni quién es ni qué necesita realmente.

    Ahora mismo no intentaría resolver toda tu vida de golpe. Tu mente probablemente está intentando encontrar soluciones enormes para un dolor que necesita primero bajar un poco de intensidad.

    Te diría tres cosas importantes:

    La primera:
    no te aísles completamente aunque tengas ganas de desaparecer de todo. Necesitar espacio es legítimo; quedarte atrapada sola con pensamientos de vacío durante días suele empeorar mucho el estado mental.

    La segunda:
    intenta no tomar decisiones definitivas desde este nivel de agotamiento emocional. Cuando el cerebro está saturado, todo parece sin salida y permanente.

    Y la tercera, muy importante:
    aunque no quieras morir realmente, el hecho de pensar constantemente en no vivir o en desaparecer es una señal de que necesitas apoyo psicológico o médico. No porque estés “loca”, sino porque tu sistema emocional está sobrepasado.

    Si en algún momento notas que esos pensamientos aumentan, que empiezas a pensar en hacerte daño o que pierdes completamente la esperanza, busca ayuda inmediata:
    alguien de confianza,
    urgencias,
    tu médico,
    o recursos de crisis emocional de tu zona.

    No tienes que demostrar fortaleza infinita para merecer ayuda.

    Y algo importante: no eres una carga por sentirte así. Las personas que más piensan en los demás suelen tardar demasiado en darse permiso para reconocer que también necesitan sostén.

    Si quieres trabajar esta sensación de vacío, agotamiento y bloqueo emocional de una forma más profunda y estratégica, puedes contactar conmigo a través de PSYAMM en Doctoralia.es.


  • Hola soy una chica de 29 años creo que sospecho que tengo déficit de atención, siempre desde pequeña

    Hola soy una chica de 29 años creo que sospecho que tengo déficit de atención, siempre desde pequeña me ha costado estudiar,sobre todo ahora estoy sacando un grado medio y e tenido que dejar algunas asignaturas porque me costaba mucho las prácticas porque iba demasiado lenta más que los demás siempre necesito tiempo para hacer las cosas,se me olvida muchas veces lo que me explican y me lo tiene que repetir unas 10 veces más para entenderlo pero aún así no lo entendía ,en prácticas por ejemplo hago uñas estoy haciendo el proceso y ya se me olvida lo que tenía que hacer y encima necesito tiempo para terminar de pintar o cortar uñas porque me cuesta un montón concentrarme,por culpa de este problema e sufrido un montón estos meses con ansiedad y siento no vale la pena siga estudiando porque siempre me va a pasar lo mismo,e hablado con los profesores y ni me hacían caso,les decía me costaba mucho estudiar y hacer las prácticas pero pasan de mi ya nose que hacer me está afectando a mí salud mental demasiado.un saludo

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Amador Manero Moreno

    Hola. Por lo que cuentas, creo que merece la pena realizar una evaluación psicológica específica. Las dificultades que describes no parecen limitarse a que “no se te dé bien estudiar”: hablas de problemas de atención desde pequeña, olvidos frecuentes de instrucciones, necesidad de que te repitan varias veces las explicaciones, dificultad para mantener la secuencia de una tarea y una lentitud que actualmente está interfiriendo de forma importante en tus estudios.

    Estos síntomas pueden aparecer en personas con TDAH, pero con lo que explicas no sería responsable afirmar que tienes un déficit de atención. Hay otras dificultades que pueden producir problemas parecidos y, además, la ansiedad que has desarrollado estos últimos meses puede empeorar considerablemente la concentración y la memoria. Por eso es importante una valoración adecuada y no quedarse únicamente con un autodiagnóstico.

    También intentaría separar dos pensamientos: “me está costando muchísimo” y “no vale la pena seguir estudiando porque siempre me pasará lo mismo”. El primero describe una dificultad que estás viviendo; el segundo convierte esa dificultad actual en una predicción sobre todo tu futuro. Todavía no sabes si será así.

    Además, después de meses comparando tu ritmo con el de tus compañeros, intentando ir más rápido y comprobando continuamente que te quedas atrás, es fácil que cada práctica se convierta en un examen sobre tu propia capacidad. La ansiedad aumenta, intentas concentrarte todavía más, te bloqueas y aparecen nuevos olvidos. Así puede formarse un círculo en el que una dificultad inicial termina amplificada por el miedo a volver a fallar.

    Yo no abandonaría el grado exclusivamente desde ese estado de agotamiento y desesperanza. Primero intentaría averiguar exactamente qué está ocurriendo. Una evaluación puede determinar cuáles son tus dificultades y, si procede, permitirte solicitar las adaptaciones académicas que correspondan. Tener dificultades de atención o necesitar más tiempo para determinadas tareas no significa que seas menos capaz ni que no puedas terminar una formación.

    Y si finalmente existiera un TDAH, ponerle nombre no sería una sentencia de “siempre me irá mal”. Al contrario, permitiría dejar de luchar a ciegas y empezar a trabajar con estrategias ajustadas a cómo funcionas realmente.

    Soy Amador Manero, psicólogo de PSYAMM. Si quieres valorar estas dificultades de atención y, especialmente, trabajar la ansiedad y el impacto que están teniendo sobre tus estudios y sobre la percepción que tienes de ti misma, puedes consultarme a través de mi perfil profesional en Doctoralia.es


  • Buenos días, estoy en mis 30 y desde la adolescencia he tenido problemas del sueño. Cuando era peque

    Buenos días, estoy en mis 30 y desde la adolescencia he tenido problemas del sueño. Cuando era pequeña tenía pesadillas vívidas y al crecer empezaron lo que creo que son terrores. Empecé a buscar relación y aparecían en momentos de mayor estrés (por exámenes, un nuevo trabajo, la enfermedad de mi madre, etc). Básicamente, cuando algo me preocupa demasiado.

    Han ido disminuyendo (quizás porque medito) y ahora igual tengo uno al año o menos, pero cuando lo tengo no estoy segura de que sea un terror y si tiene solución sin medicación.

    Me suele dar una hora o hora y poco después de dormirme, hay sueño y en general es como si el sueño se me confundiera con la realidad y ahí me da. Recuerdo lo que estaba viendo, pero no recuerdo la parte de los gritos (me lo han dicho), estando sola sé que he tenido uno porque cuando al fin despierto, estoy aterrada, temblando, con el corazón acelerado e hiperventilando. ¿Eso son pesadillas o terrores? ¿En adultos tienen cura sin fármacos? ¿Es posible hacer un estudio del sueño de algo que aparece tan esporádicamente? ¿Qué profesional trata estos temas? No sé si es un psiquiatra, psicólogo u otro profesional.

    No me molestan por mí (estoy acostumbrada), pero mis vecinos y la familia lo sufren y me imagino el susto de oir alguien gritar en medio de la noche.
    Gracias de antemano.

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Amador Manero Moreno

    Buenos días. Por lo que describes, hay características que podrían orientar más hacia un terror nocturno u otro trastorno del despertar que hacia una pesadilla convencional, pero no sería adecuado diagnosticarlo únicamente por el relato.

    En las pesadillas la persona suele despertarse del sueño y recordar con bastante claridad el contenido que le ha provocado miedo. En los terrores nocturnos puede haber gritos, una activación física muy intensa, taquicardia, respiración acelerada y una conciencia incompleta de lo sucedido. Además, suelen producirse en la primera parte de la noche. El hecho de que te ocurra aproximadamente una hora después de dormirte y que otras personas te hayan explicado que gritas aunque tú no recuerdes esa parte hace razonable estudiar esta segunda posibilidad.

    También resulta interesante que hayas observado durante años una relación con periodos de mayor estrés. Aunque ahora ocurra una vez al año o incluso menos, identificar qué condiciones favorecen su aparición puede ser útil.

    Respecto a si tiene solución sin medicación, no necesariamente hay que recurrir a fármacos. El tratamiento depende primero de saber exactamente qué fenómeno está ocurriendo y qué factores lo favorecen. Pueden trabajarse el estrés, los hábitos de sueño y otros elementos psicológicos o conductuales cuando están implicados.

    En tu caso empezaría consultando con una Unidad del Sueño o un médico especialista en sueño. Dependiendo del centro, estas unidades pueden estar formadas por especialistas de neurología, neumología, neurofisiología, psiquiatría y psicología. Ellos pueden determinar si está indicado realizar una polisomnografía u otras pruebas. Que los episodios sean tan esporádicos dificulta evidentemente registrar uno durante una sola noche, pero eso no significa que no puedan valorarte: la historia clínica y la descripción detallada de los episodios también aportan información importante.

    Si convives ocasionalmente con alguien que presencia uno, puede ser útil que esa persona describa posteriormente qué observa: cuándo ocurre aproximadamente, cuánto dura, si tienes los ojos abiertos, si respondes cuando te hablan, qué movimientos realizas y cuánto tardas en estar completamente orientada. Eso puede proporcionar al especialista información que tú, precisamente por estar parcialmente dormida, no puedes recordar.

    Y aunque estés acostumbrada y actualmente sean muy infrecuentes, después de tantos años creo que merece la pena obtener una valoración específica, especialmente antes de asumir simplemente que son “terrores nocturnos”.

    Soy Amador Manero, psicólogo de PSYAMM. Si posteriormente se confirma que el estrés y la preocupación están desempeñando un papel importante en estos episodios, esa parte sí puede abordarse psicológicamente. Puedes consultarme a través de mi perfil profesional en Doctoralia.es


  • Mi hijo es el menor de tres varones tiene 20 años ,tuvo novia pero se que no llegó a tener relacione

    Mi hijo es el menor de tres varones tiene 20 años ,tuvo novia pero se que no llegó a tener relaciones sexuales con ella.Sospecho tiene una relación amorosa con un supuesto amigo.

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Amador Manero Moreno

    Entiendo su preocupación, pero aquí conviene separar dos cosas muy distintas: lo que usted sospecha y lo que realmente sabe.

    Su hijo tiene 20 años. Ya no estamos ante un niño al que haya que dirigir, sino ante un adulto joven que está construyendo su intimidad, su identidad y su manera de vincularse. Si usted entra en esa zona desde la sospecha, la vigilancia o la necesidad de confirmar, probablemente conseguirá el efecto contrario al que desea: que él se cierre, se aleje o viva su vida afectiva como algo que debe esconder.

    La pregunta importante no es si ese amigo es solo amigo o algo más. La pregunta importante es qué tipo de madre quiere ser usted ante algo que quizá su hijo todavía no puede, no quiere o no se siente preparado para compartir.

    Si su hijo tuviera una relación amorosa con un hombre, eso no sería en sí mismo un problema psicológico. El problema podría aparecer si él siente que en casa debe ocultarse, defenderse o elegir entre ser querido y ser sincero. Muchas veces los padres, intentando proteger, terminan transmitiendo miedo; y el hijo, para protegerse, se distancia.

    Por eso, mi recomendación sería no interrogarlo, no investigarlo y no ponerlo contra la pared con frases como “yo sé que pasa algo” o “dime la verdad”. Ese tipo de conversación suele producir vergüenza, bloqueo o confrontación.

    Sería más útil abrir una puerta sin obligarlo a cruzarla. Algo como:

    “Quiero decirte algo importante. No necesito saber nada que tú no quieras contarme, pero sí quiero que tengas claro que, sea como sea tu vida afectiva, para mí eres mi hijo y quiero que puedas sentirte tranquilo conmigo. Si algún día quieres hablar de algo, voy a escucharte sin juzgarte.”

    Después de decirlo, no añada preguntas. No pida explicaciones. No intente confirmar nada. La fuerza de ese mensaje está precisamente en que no invade.

    También revise qué le ocurre a usted con esta sospecha. A veces el sufrimiento de los padres no nace de lo que el hijo vive, sino del choque entre lo que imaginaban para él y lo que temen que sea diferente. Ese duelo interno debe hacerlo el padre o la madre, no cargarlo sobre el hijo.

    Si usted necesita hablarlo, hágalo con un profesional o con alguien prudente, no con familiares que puedan convertirlo en rumor. La intimidad de su hijo le pertenece a él.

    En resumen: no actúe como detective. Actúe como madre disponible. No busque arrancarle una confesión. Ofrézcale una relación en la que, si algún día necesita decir algo, no tenga miedo de perderla.

    Soy Amador Manero, de PSYAMM. Si desea trabajar cómo manejar esta situación familiar sin dañar el vínculo con su hijo, puede consultarme a través de Doctoralia.es.


  • Hola! Soy una chica joven egresada de medicina hace año y medio donde me “aleje” porque esperaba la

    Hola! Soy una chica joven egresada de medicina hace año y medio donde me “aleje” porque esperaba la homologación pero seguía estudiando para el examen de residencia.
    A pesar de la poca experiencia encontré trabajo en un centro pero llevo 3 días allí y me siento insuficiente, no capaz de rellenar el lugar porque por primera vez no está el adjunto diciéndome que hacer, si no que la adjunta soy yo a pesar de que mayormente es labor administrativo, derivaciones o ajuste de medicación de casos puntuales. Pero justo eso me asusta no hacerlo bien porque me siento no apta. Tengo miedo de no hacerlo bien, o no saber qué hacer en esos momentos puntuales. En estos tres días apenas duermo 3h y desde las 3am no logro conciliar el sueño para nada, tampoco tengo apetito por el día que ni agua me pasa. Me despierto con ataques de pánico y la sensaciones de ansiedad, de no querer ir y durante todo el día que estoy allí tengo la sensación constante en el pecho de ansiedad hasta que llego a casa y me hecho a llorar. Siento que la cosa en vez de mejorar empeora pero no quisiera dejarlo y enfocarme solo estudiar para el examen de residencia porque temo defraudar a mi esposo quien nos ha mantenido hasta ahora. Pero no sé si esto se irá en algún momento o por lo menos disminuir.

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Amador Manero Moreno

    Hola, gracias por explicar con tanta claridad lo que te está pasando.

    Lo primero que quiero decirte es que lo que describes no significa que no seas apta. Significa que tu sistema de alarma se ha activado de forma muy intensa justo en el momento en que has pasado de estar acompañada y supervisada a sentir que ahora eres tú quien debe sostener la responsabilidad. Es un cambio muy grande, especialmente en medicina, donde la exigencia interna suele ser altísima y donde muchas personas sienten que “si no lo sé todo, entonces no valgo”.

    Pero aquí hay una trampa importante: estás confundiendo “no tener aún seguridad” con “no ser capaz”. Y no son lo mismo.

    Cuando una persona entra en un nuevo rol profesional, sobre todo si implica responsabilidad clínica, es normal que aparezca miedo. El problema empieza cuando ese miedo, en vez de ayudarte a estar atenta, empieza a gobernarte. Entonces intentas anticiparlo todo, controlar cada posible error, demostrarte que puedes, exigirte funcionar como alguien con años de experiencia, y cuanto más intentas estar segura, más insegura te sientes. Es como si tu mente te dijera: “tengo que estar completamente preparada para poder ir tranquila”. Pero en la práctica ocurre lo contrario: cuanto más buscas la certeza absoluta, más aparece la duda.

    Además, llevas solo tres días. Tres días no son una prueba de capacidad profesional. Son una fase de impacto, adaptación y choque con la responsabilidad. Tu cuerpo está reaccionando como si estuvieras ante un peligro real constante: duermes poco, no comes, te despiertas con pánico, tienes presión en el pecho y lloras al llegar a casa. Eso no debe minimizarse, porque cuando el cuerpo entra en ese estado, la mente interpreta todo como amenaza.

    Ahora bien, tampoco conviene tomar una decisión definitiva desde el pánico. Cuando una persona decide en pleno ataque de ansiedad, no decide libremente: decide para escapar. Y escapar alivia al principio, pero muchas veces confirma la idea de “no pude”, y eso puede hacer que el miedo crezca para la siguiente situación parecida.

    Por eso, antes de plantearte dejarlo, yo te sugeriría hacer algo más estratégico: no decidir todavía si puedes o no puedes. Decide solo sostenerlo durante un periodo muy breve y delimitado, por ejemplo una semana más, pero con una regla distinta: no tienes que demostrar que eres perfecta, solo tienes que observar qué cosas concretas sí puedes hacer y en qué momentos concretos necesitas consultar, derivar o pedir apoyo.

    Una médica joven no tiene que saberlo todo. Tiene que saber trabajar con prudencia. Y la prudencia incluye preguntar, derivar, revisar, consultar protocolos y reconocer límites. Eso no te hace menos profesional; te hace más segura.

    También sería importante que hables con alguien del centro, si es posible con una figura de referencia, y lo plantees de forma profesional, no desde la vergüenza. Algo como: “Estoy en fase de adaptación y quiero asegurarme de hacer bien los procedimientos. ¿Podemos revisar cuál es el circuito de consulta o derivación en casos dudosos?”. Esto no transmite incapacidad. Transmite responsabilidad.

    Con tu esposo, intenta no plantearlo como “si lo dejo, lo defraudo”. Esa frase te encierra. Mejor sería decirle algo más real: “Estoy intentando adaptarme, pero mi ansiedad está siendo muy intensa y necesito apoyo para tomar una decisión con calma, no desde el miedo”. Si él te quiere, no necesita que seas invulnerable; necesita saber qué te está pasando.

    Hay dos cosas que sí conviene atender pronto. Si llevas varios días durmiendo solo tres horas, sin apetito y con ataques de pánico al despertar, sería recomendable consultar con un profesional sanitario o de salud mental para valorar cómo estabilizar el sueño y la ansiedad. No porque estés “mal” como persona, sino porque un cuerpo sin sueño y sin alimento empieza a funcionar en modo emergencia, y desde ahí todo parece más amenazante.

    Te propongo una tarea sencilla para estos próximos días.

    Cada noche, antes de dormir, escribe en una hoja tres columnas.

    En la primera: “Qué temía que ocurriera hoy”.

    En la segunda: “Qué ocurrió realmente”.

    En la tercera: “Qué hice para manejarlo, aunque fuera imperfectamente”.

    No escribas grandes reflexiones. Solo hechos. El miedo vive de predicciones catastróficas; tú necesitas empezar a devolverle a tu mente datos reales.

    Y durante el día, cuando aparezca la frase “no soy apta”, cámbiala por una más precisa: “Estoy aprendiendo a ocupar un lugar nuevo y todavía no tengo seguridad”. Esta segunda frase no te hunde; te orienta.

    La pregunta no es si esto se irá solo. La pregunta es si vas a seguir alimentándolo con exigencia, anticipación y juicio, o si vas a empezar a tratarlo como lo que parece ser: una crisis de adaptación con ansiedad intensa ante una responsabilidad nueva.

    No estás obligada a decidir hoy si sigues o no sigues. Hoy solo necesitas recuperar un poco de suelo: dormir, comer algo, pedir una referencia clara en el trabajo y dejar de exigirte funcionar como si llevaras años allí.

    Si ves que el insomnio, el pánico o la falta de apetito continúan, o si aparecen ideas de hacerte daño o de no poder más, pide ayuda profesional cuanto antes o acude a urgencias. En estos casos no se espera a “ver si se pasa” cuando el cuerpo ya está tan activado.

    Soy Amador Manero, de PSYAMM. Si quieres trabajarlo terapéuticamente, puedes consultarme a través de Doctoralia.es.


  • Hola una pregunta, es normal que la mamá de mi esposo le diga que ella es su novia , amante , esposa

    Hola una pregunta, es normal que la mamá de mi esposo le diga que ella es su novia , amante , esposa y aparte las hermanas todo el tiempo tiene que estar llamándolo para ver que hace que tiene que contarle todo lo que haga si va al baño o no , yo no tengo hermanos pero no me comporto de esa manera yo no se si sera normal

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Amador Manero Moreno

    Hola. No, descrito así, no parece una dinámica sana ni habitual.

    Que una madre le diga a su hijo adulto que ella es su “novia”, “amante” o “esposa” no es una forma adecuada de vínculo materno. Puede parecer una broma, pero si se repite y además va acompañada de control, llamadas constantes, exigencia de saber todo lo que hace y necesidad de que él les cuente cada movimiento, entonces ya no hablamos solo de cariño familiar. Hablamos de una relación invasiva, con límites muy confusos.

    Una familia puede ser cercana, llamarse con frecuencia y tener confianza. Eso no es el problema. El problema aparece cuando la cercanía se convierte en obligación, vigilancia o dependencia emocional. En una pareja adulta, cada uno puede querer mucho a su familia, pero debe existir una frontera clara: la madre es madre, las hermanas son hermanas y la esposa es la esposa. Cuando esos lugares se mezclan, la pareja queda invadida.

    Aquí la cuestión principal no es lo que hacen ellas, sino qué hace su esposo con eso. Si él lo permite, lo normaliza o le parece que usted exagera, entonces el problema no está solo en la familia de él, sino en la falta de límites que él pone.

    Le sugiero no entrar en una guerra directa con su suegra o sus cuñadas. Si usted las confronta, puede quedar colocada en el papel de “la que quiere separarlo de su familia”, y eso suele empeorar la situación. La conversación importante debe ser con su esposo, no contra su familia, sino a favor de la pareja.

    Podría decirle algo así:

    “Yo no quiero que dejes de querer ni de hablar con tu mamá o tus hermanas. Lo que necesito es que nuestra relación tenga un espacio propio. Cuando ellas necesitan saber todo lo que haces, cuando te llaman constantemente o cuando tu mamá se coloca en un lugar de novia o esposa, yo siento que nuestro lugar como pareja queda invadido. No te pido que rompas con ellas; te pido que pongamos límites sanos para que nuestra relación pueda estar protegida.”

    Después observe su reacción. Si él puede escuchar, reconocer algo y empezar a poner límites, hay margen de mejora. Si se burla, la culpa a usted o defiende todo sin matices, entonces habrá que trabajar más seriamente la posición que él ocupa: si está funcionando como esposo o como hijo atrapado en una lealtad familiar excesiva.

    Un límite sano no es dejar de llamar a la familia. Un límite sano sería, por ejemplo, no responder cada llamada inmediatamente, no contar detalles íntimos de la pareja, no permitir comentarios que ocupen el lugar de esposa, y decidir juntos qué información pertenece a la pareja y qué información puede compartirse.

    La clave es esta: no compita con la madre. No intente ganarle. Eso la mete en un juego imposible. Lo que necesita es que su esposo salga de ese triángulo y ocupe su lugar adulto dentro de la pareja.

    Si esto lleva tiempo ocurriendo, puede generar mucho desgaste, celos, rabia y sensación de estar de más. No lo minimice, pero tampoco lo convierta en una pelea diaria. Conviene abordarlo con firmeza, calma y límites concretos.

    Soy Amador Manero, de PSYAMM. Si desea trabajar cómo manejar esta situación de pareja y familia política sin entrar en una guerra familiar, puede consultarme a través de Doctoralia.es.


  • Eh estado con sesiones de emdr desde diciembre por un postrauma de 5 años y retraumatizacion por mal

    Eh estado con sesiones de emdr desde diciembre por un postrauma de 5 años y retraumatizacion por mala práctica en agosto 2025 que me dejó muchisisismo peor sin poder moverme con pesadillas extremas recuerdo todas de persecuciones pánico y con TOC de limpieza, por lo que no salgo y mi recuperación es. Extremadamente lenta este nuevo psiquiatra me empezó a llevar y tuve avance pequeños en el TOC poder salir pero conforme pasó el tiempo empeore en pesadillas, te go disociación desde finales de 2021 estoy agotada deprimida cada pesadilla me mata más y más , la terapia con el se paró en marzo ese mes no la pude tomar propiamente, eh seguido con el y hoy me realizó emdr con mis pesadillas pero siento que fue demasiado me comentó que todo es para prender a regularme pero no se si fue lo adecuado tuve un ataque de ansiedad en seguida terminó la sesión muy fuerte y deseo de morir pero muy profundo , fue muy raro no se si movió muchas cosas, no tocamos el trauma original pero las pesadillas también son un trauma , ahora no se que procede, tengo miedo llevo años así y no creo aguantar más, como funciona el emdr podría afectarme más aún? Es la intensidad de la sesión o que pasa?

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Amador Manero Moreno

    Hola. Lo que cuentas requiere especial atención por una frase concreta: después de la sesión apareció un deseo de morir “muy profundo” y además dices que no crees aguantar más. Independientemente de que haya aparecido después del EMDR, esto necesita ser comunicado hoy mismo al profesional que te está tratando. Si ese deseo continúa ahora, aumenta, aparecen ideas sobre cómo hacerlo o temes poder hacerte daño, no te quedes sola y acude a un servicio de urgencias.

    Respecto al EMDR, durante el procesamiento pueden aumentar temporalmente recuerdos, imágenes, emociones o sensaciones corporales relacionadas con experiencias traumáticas. Pero una cosa es que una sesión resulte emocionalmente intensa y otra asumir que cualquier empeoramiento es necesariamente normal o que “hay que atravesarlo” para mejorar.

    En tu caso hay varios elementos que hacen especialmente importante valorar cuidadosamente el ritmo del tratamiento: describes años de sintomatología traumática, disociación, pesadillas muy intensas, TOC, aislamiento, depresión y una experiencia terapéutica previa que viviste como retraumatizante. Si después de una sesión aparece una desregulación tan intensa como la que describes, el terapeuta necesita saberlo antes de continuar procesando material traumático.

    No necesariamente significa que el EMDR te haya provocado un daño permanente ni que tengas que abandonarlo definitivamente. Puede significar que la intensidad, el momento, el objetivo trabajado o el nivel de estabilización previo necesitan ser revisados. En determinadas situaciones el trabajo inicial necesita centrarse más en estabilización, regulación y recursos antes de continuar procesando contenidos que desborden la capacidad actual de la persona para manejarlos.

    Y aunque no hayáis trabajado directamente el trauma original, una pesadilla puede activar redes emocionales asociadas a experiencias traumáticas. Por eso el hecho de haber trabajado “solo las pesadillas” no significa necesariamente que emocionalmente haya sido un trabajo pequeño.

    Ahora mismo yo no intentaría analizar sola durante horas qué se “movió” en la sesión ni volver deliberadamente a las imágenes para comprenderlo. Primero necesitas recuperar estabilidad. Explica al profesional exactamente lo sucedido, sin minimizarlo: ataque de ansiedad intenso inmediatamente después de la sesión y aparición de un deseo profundo de morir. Esa información es fundamental para decidir cómo continuar.

    Y quiero insistir en algo: en este momento la prioridad no es averiguar si la sesión de EMDR fue correcta o incorrecta. La prioridad es tu seguridad y reducir el nivel de desbordamiento actual. Después habrá tiempo para revisar técnicamente el tratamiento.

    Soy Amador Manero, psicólogo de PSYAMM. Cuando estés estabilizada, si quieres una segunda valoración psicológica sobre el funcionamiento de tus miedos, evitaciones y sintomatología, puedes consultarme a través de mi perfil profesional en Doctoralia.es


  • Me afecta que alguien me haga un comentario Ej: estas gorda Cuando en realidad soy una persona delg

    Me afecta que alguien me haga un comentario Ej: estas gorda
    Cuando en realidad soy una persona delgada, pero entonces ese ha desencadenado mi ansiedad(TAG) por qué mi mente piensa todo el rato en eso, si los demás pensarán lo mismo, ya dudo de mi misma, me genera malestares y mucho miedo

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Amador Manero Moreno

    Hola. Lo que describes no parece tener tanto que ver con el comentario en sí como con lo que ocurre después en tu mente. Alguien dice “estás gorda” y, aunque tú misma sabes que eres una persona delgada, aparece la duda: “¿Y si tiene razón?, ¿y si los demás también me ven así?”.

    A partir de ahí puedes entrar en una búsqueda de certeza: mirarte más al espejo, observar tu cuerpo, recordar comentarios anteriores, compararte con otras personas o preguntar qué opinan los demás. Quizá alguna comprobación te tranquilice momentáneamente, pero después aparece otra duda. El problema es que cuanto más intentas demostrarte que aquel comentario es falso, más importancia termina adquiriendo.

    Por eso intentaría no convertir cada opinión ajena en algo que necesitas verificar. Que alguien diga algo sobre tu cuerpo no lo convierte automáticamente en una realidad que tengas que investigar.

    También sería importante trabajar la necesidad de saber qué piensan los demás. Nunca podremos controlar completamente cómo nos perciben otras personas. Intentar conseguir esa seguridad puede llevarte a estar permanentemente pendiente de sus miradas, palabras o gestos.

    Cuando vuelva el pensamiento “¿y si todos piensan lo mismo?”, en lugar de iniciar nuevamente el análisis, intenta reconocer que ha aparecido tu duda sin resolverla inmediatamente. No necesitas ganar cada discusión que tu ansiedad plantea.

    Si este tipo de comentarios desencadena durante días rumiación, comprobaciones o una necesidad continua de reafirmación, sería interesante trabajar no solamente el TAG que ya mencionas, sino específicamente este mecanismo de duda y búsqueda de seguridad. El objetivo no sería conseguir que ningún comentario vuelva a afectarte, sino que una frase ajena deje de tener capacidad para hacerte dudar durante horas de aquello que hasta ese momento tenías claro.

    Soy Amador Manero, psicólogo de PSYAMM. Si quieres trabajar este círculo entre comentario, duda, rumiación y necesidad de confirmación, puedes consultarme a través de mi perfil profesional en Doctoralia.es


  • Mi hija tiene 30 años y tiene anorexia desde hace uno. Tiene las transaminasas altísimas, esta muy d

    Mi hija tiene 30 años y tiene anorexia desde hace uno. Tiene las transaminasas altísimas, esta muy delgada pero no se deja ayudar. Su padre tiene cáncer y se está muriendo. Y yo no sé qué hacer

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Amador Manero Moreno

    Hola. Siento que estés atravesando una situación tan difícil. Por lo que describes, aquí hay dos problemas familiares muy graves ocurriendo al mismo tiempo, pero hay algo que considero prioritario: una anorexia con un peso muy bajo y las transaminasas muy elevadas necesita valoración médica especializada cuanto antes. No esperaría a que ella reconozca por sí misma que necesita ayuda.

    Tu hija tiene 30 años y, al ser adulta, no puedes obligarla simplemente a recibir tratamiento. Pero cuando una persona con anorexia está físicamente muy deteriorada, su percepción del riesgo puede estar seriamente condicionada por el propio trastorno. En ese momento, intentar convencerla mediante explicaciones, discusiones sobre la comida, súplicas o recordándole continuamente lo delgada que está puede terminar generando todavía más resistencia.

    Por eso intentaría cambiar la pregunta de “¿cómo consigo convencerla?” por “¿cómo actuamos ante una situación que puede tener riesgo médico aunque ella diga que no necesita ayuda?”. Con los datos que aportas, contactaría con su médico o con un servicio especializado en trastornos de la conducta alimentaria y explicaría exactamente la situación: anorexia, delgadez importante, alteración marcada de las transaminasas y rechazo de ayuda. Si presenta desmayos, debilidad extrema, confusión, deshidratación, incapacidad para alimentarse o beber, empeoramiento físico importante o cualquier otro signo preocupante, acudiría directamente a urgencias.

    Además, la enfermedad terminal de su padre puede estar incrementando enormemente su sufrimiento emocional y también el tuyo. Pero sería peligroso interpretar el empeoramiento únicamente como una reacción al duelo y esperar a que la situación familiar pase. La anorexia puede tener complicaciones médicas graves y necesita atención propia.

    Y tú también necesitas apoyo. Acompañar simultáneamente a un marido que está muriendo y a una hija gravemente enferma puede sobrepasar los recursos de cualquier persona. Buscar orientación profesional para ti no significa abandonar a ninguno de los dos; puede ayudarte precisamente a saber qué hacer, qué no hacer y cómo relacionarte con tu hija sin quedar atrapada entre vigilarla, discutir con ella y sentir que toda la responsabilidad depende de ti.

    Soy Amador Manero, psicólogo de PSYAMM. Si necesitas orientación para afrontar la relación con tu hija y saber cómo actuar ante su rechazo de ayuda, puedes consultarme a través de mi perfil profesional en Doctoralia.es


  • Muy buenas. Escribo con la esperanza de obtener algo de claridad y orientación profesional, porqu

    Muy buenas.

    Escribo con la esperanza de obtener algo de claridad y orientación profesional, porque llevo bastante tiempo atrapado en un conflicto interno que me está afectando mucho.

    Tengo 26 años. Llevo 8 años con mi pareja y estamos prometidos desde hace 2.

    Desde hace casi un año tengo dudas intensas y persistentes sobre mi relación. Lo que más me desconcierta es que amo profundamente a mi pareja, pero al mismo tiempo siento pensamientos recurrentes de huida, desconexión emocional y dudas sobre si quiero seguir adelante con la relación tal y como está.

    Cuando estoy con ella muchas veces me noto más frío, serio, distante o incluso emocionalmente apagado. En cambio, cuando no estoy con ella, a menudo la echo muchísimo de menos, pienso en lo excepcional que es como persona y la idea de perderla me genera muchísimo dolor, miedo y angustia.

    Parte de mi confusión viene de que tengo tendencia a obsesionarme o hiperfocalizarme con ideas, posibilidades o incluso personas nuevas. Actualmente estoy bajo observación por posible TDAH, y reconozco que suelo tener impulsos mentales intensos o intereses obsesivos que normalmente desaparecen tras días o semanas.

    Por eso al principio pensé que esto podía ser otro episodio similar. Sin embargo, nunca me había ocurrido con esta intensidad, duración ni impacto emocional. Esto ya lleva casi un año y cada vez me siento más agotado y confundido.

    Hay varios elementos que me preocupan especialmente:

    * Tengo libido, pero apenas deseo sexual hacia mi pareja.
    * Fantaseo con otras vidas, otras posibilidades o incluso otras personas, aunque no deseo ser infiel ni actuar sobre ello.
    * Cuando aparecen conversaciones sobre compromiso, convivencia o futuro, muchas veces siento agobio o ganas de huir.
    * Al mismo tiempo, imaginar una vida sin ella me resulta devastador.

    También creo que existen factores reales dentro de la relación que podrían estar influyendo. Por ejemplo, durante bastante tiempo sentí frustración porque nuestras conversaciones sobre futuro o proyecto de vida no estaban alineadas; yo necesitaba más claridad o construcción conjunta, mientras que ella tendía a verlo como algo lejano o no prioritario. Últimamente esto ha mejorado, pero no sé si parte del desgaste ya estaba hecho.

    Lo que no consigo entender es si estoy ante:

    * una crisis relacional real,
    * una pérdida de deseo o compatibilidad,
    * un patrón mío de ansiedad/rumiación/evitación,
    * miedo al compromiso o a cerrar otras posibilidades,
    * o una mezcla de todo lo anterior.

    Tengo un miedo terrible a hacerla daño puesto que se perfectamente como me ve ella a mi, lo enamorada y conectada que está a mi. Lo sola que estaría y lo duro que sería para ella todo esto. Nuestras vidas estan literalmente ligadas la una a la del otro (gustos, habitos, familia, amigos, rutinas, trabajo...)

    No busco una validación rápida para romper o quedarme, sino ayuda para entender qué está pasando realmente, porque siento que mi capacidad para analizar esto de forma objetiva está obviamente desgastada.

    Lo que más miedo me da es tomar una decisión equivocada: destruir una relación valiosísima por un patrón mental mío, o quedarme por miedo y acabar dañándonos más a ambos.

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Amador Manero Moreno

    Hola. Por lo que describes, creo que sería un error intentar responder ahora mismo con un “quiero a mi pareja, por tanto debo quedarme” o “tengo dudas desde hace un año, por tanto debo dejarla”. Precisamente pareces atrapado intentando obtener una certeza que ninguno de esos razonamientos puede darte.

    Hay algo especialmente significativo en tu relato: cuando estás con ella observas si sientes deseo, conexión, ilusión o ganas de continuar; cuando estás lejos, observas cuánto la echas de menos y cuánto sufrirías perdiéndola. Después analizas fantasías, atracción por otras personas, proyectos de futuro y cada fluctuación emocional intentando utilizarla como prueba para responder a una pregunta: “¿Realmente quiero seguir con ella?”.

    El problema es que los sentimientos funcionan muy mal cuando los sometemos continuamente a examen. Cuanto más intentamos comprobar si sentimos algo espontáneamente, menos espontáneo resulta. Es parecido a preguntarse repetidamente mientras uno se divierte: “¿Me lo estoy pasando realmente bien?”. Podemos terminar desconectándonos de la propia experiencia para convertirnos en observadores de ella.

    Esto también puede afectar al deseo sexual. La disminución del deseo hacia tu pareja merece explorarse y no conviene atribuirla automáticamente a la ansiedad, pero tampoco debería utilizarse aisladamente como un detector de cuánto la amas. Después de ocho años de relación intervienen muchos factores diferentes en el deseo.

    Por otra parte, tampoco reduciría todo a un posible TDAH, miedo al compromiso o rumiación. Has mencionado un elemento relacional concreto: durante bastante tiempo sentiste que vuestro proyecto de futuro no estaba alineado. Eso merece ser escuchado. Puede haber simultáneamente dificultades reales de pareja y una manera obsesiva de intentar resolverlas mentalmente. Una cosa no excluye la otra.

    Hay además otra trampa importante: querer decidir sin posibilidad de arrepentimiento. Estás intentando garantizar que si te quedas nunca descubrirás que debiste marcharte y que, si te marchas, nunca descubrirás que destruiste una relación extraordinaria. Esa garantía no existe. Cuanto más importante es una decisión, más tentador resulta buscar la certeza absoluta y más paralizante puede convertirse esa búsqueda.

    También separaría querer estar con ella de sentir que no puedes marcharte porque ella sufriría, estaría sola o porque vuestras vidas están profundamente entrelazadas. Permanecer exclusivamente para protegerla podría terminar siendo doloroso para ambos. Pero romper únicamente para conseguir que desaparezca la angustia y comprobar después “qué siento sin ella” también podría convertirse en otra forma de intentar resolver la duda.

    Por eso, antes de tomar una decisión irreversible, trabajaría precisamente sobre cómo estás intentando decidir. Durante un tiempo habría que dejar de someter cada emoción, fantasía, encuentro sexual, momento de distancia o pensamiento sobre otra persona al tribunal de “esto significa que debo quedarme o marcharme”. Paralelamente, habría que explorar los aspectos objetivos de vuestra relación: proyecto vital, necesidades, intimidad, convivencia, comunicación, deseo y expectativas de futuro.

    El objetivo de una terapia en tu caso no debería ser decirte si debes casarte o romper. Debería ayudarte a salir del mecanismo que actualmente te impide distinguir una dificultad real de pareja de una duda amplificada por la necesidad de estar completamente seguro. Una decisión importante puede contener miedo y duda y seguir siendo una decisión propia.

    Soy Amador Manero, psicólogo de PSYAMM. Si quieres trabajar específicamente este conflicto antes de tomar una decisión sobre vuestra relación, puedes consultarme a través de mi perfil profesional en Doctoralia.es


  • Buena tarde,tengo TEPT crónico y complejo en terapia desde hace un año con una psicóloga especializa

    Buena tarde,tengo TEPT crónico y complejo en terapia desde hace un año con una psicóloga especializada en trauma.Ha sido un año muy duro pues he hecho contacto cero hace tres meses con mi hermano alcohólico que no quería completar tratamiento.Y me sentía muy desgastada y con una codependencia muy fuerte hacia él.También tuve que ingresar a mi madre en una residencia porque no podía cuidarla.Y recién me han dicho con más claridad que tiene principios de alzheimer.A todo esto también se une mi situación personal en soledad y contacto cero con otros familiares que en vez de apoyarme,me hacían sentir peor y me presionaban y sobre cargaban.También en excedencia voluntaria varios años en lo laboral por el desgaste que sentía.Me he alejado de amistades que no me hacían sentir bien y también contacto cero con una expareja de una relación tóxica.Me siento muy desgastada.Mi psicóloga me dice que estoy haciéndolo muy bien el contacto cero con mi hermano,para poder estar mejor.Y me propone que entremos en la fase de EMDR,ya que alguna vez más me lo ha propuesto y yo no lo he visto.Y he tenido miedos.Ya que mi lugar seguro falló y tuve que crear otro distinto.Y me cuesta conectar,creer y sentir ese nuevo lugar seguro y al principio conectaba más.Siento que todavía no lo he afianzado.Pueden ser resistencias de la mente,miedos?.Estoy pendiente de hablarlo con mi psicóloga.Me siento acorralada entre el desgaste y las bajas energías de mi día a día y el miedo a enfrentar el EMDR sin sentirme segura.Voy por buen camino?.Muchas gracias de antemano por sus respuestas.Un cordial saludo.

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Amador Manero Moreno

    Buenas tardes. Por todo lo que cuentas, llevas mucho tiempo sometida a una acumulación enorme de situaciones emocionalmente exigentes: la relación con tu hermano y su alcoholismo, el deterioro de tu madre, los conflictos familiares, el aislamiento, una relación de pareja que describes como tóxica y también el alejamiento laboral. Es comprensible que te sientas profundamente desgastada.

    Respecto al EMDR, creo que hay una distinción importante. Tener miedo a comenzar el procesamiento traumático no significa necesariamente que tu mente esté poniendo una “resistencia” que haya que vencer. El miedo también puede ser información útil sobre cómo te encuentras actualmente y sobre cuánto control y seguridad necesitas sentir antes de avanzar.

    El llamado “lugar seguro” es uno de los recursos que pueden utilizarse durante la preparación para EMDR, pero no creo que debas convertirlo en otro examen que tengas que aprobar: “si consigo sentir perfectamente este lugar, estoy preparada; si no lo consigo, algo va mal en mí”. Precisamente esa dificultad que estás experimentando es información que merece compartir con tu psicóloga.

    Tampoco existe ninguna necesidad de acelerar porque lleves un año de terapia. En el trabajo con trauma importa tanto aquello que se procesa como la capacidad de hacerlo sin que la experiencia resulte desbordante. Prepararse y estabilizarse también forman parte del tratamiento; no son tiempo perdido.

    Por eso me parece especialmente acertado que vayas a hablarlo con ella. Yo le explicaría exactamente lo que has escrito aquí: que te sientes agotada, que actualmente tienes poca energía, que el nuevo lugar seguro no termina de proporcionarte la sensación que esperabas y que tienes miedo de comenzar EMDR en estas condiciones. A partir de ahí podéis valorar juntas si es el momento adecuado, si necesitáis reforzar previamente otros recursos o si conviene avanzar de una manera diferente.

    También intentaría no valorar tu evolución exclusivamente preguntándote “¿ya estoy preparada para afrontar el trauma?”. En estos meses has tomado decisiones difíciles para protegerte y establecer límites en relaciones que estaban generándote un enorme desgaste. Ahora habrá que comprobar también si esos límites empiezan progresivamente a permitirte reconstruir una vida, y no solamente a alejarte de aquello que te hacía daño.

    Por tanto, por lo que explicas, no interpretaría tus dudas ante EMDR como una señal de que estés haciendo mal la terapia. Las utilizaría como material terapéutico. Un tratamiento del trauma no debería convertirse en una nueva situación en la que sientas que tienes que soportar algo porque “deberías poder hacerlo”.

    Soy Amador Manero, psicólogo de PSYAMM. Si en algún momento necesitas una segunda valoración psicológica sobre cómo estás afrontando todo este proceso, puedes consultarme a través de mi perfil profesional en Doctoralia.es


  • Llevo metido en un ciclo de ansiedad y obsesión desde hace 20 años. La cabeza me va a mil y nunca co

    Llevo metido en un ciclo de ansiedad y obsesión desde hace 20 años. La cabeza me va a mil y nunca con cosas positivas.Tiendo a dejar siempre lo que hago y me es muy difícil encontrar una estabilidad... además cuando salgo y bebo tengo tendencia a querer tomar sustancias...aspecto que no me ayuda en nada.. Actualmente vivo con mi pareja fuera de mi ciudad y me ronda desde hace mucho tiempo volver a mi ciudad porque pienso que voy a estar mejor (aunqué se que no va a ser así).
    Mi cabeza siempre está comparando, anticipando, pensando y juzgando todos los errores del pasado. Es desesperante vivir así porqué te quita la energía y no disfrutas nada.

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Amador Manero Moreno

    Lo que describes no parece un simple “estoy dándole vueltas a las cosas”. Hablas de un sistema que lleva años funcionando en bucle: ansiedad, obsesión, comparación, anticipación, culpa por el pasado, dificultad para sostener proyectos y una búsqueda de alivio rápido cuando sales, bebes y aparece la tentación de consumir sustancias.

    Ahí hay dos circuitos que se están alimentando entre sí.

    El primero es el circuito mental: pensar para intentar encontrar seguridad. Tu cabeza compara, revisa errores, anticipa escenarios, busca una decisión definitiva, intenta saber si estarías mejor en otro lugar. Pero cuanto más piensa, menos resuelve. Es como intentar apagar un fuego echándole aire. La mente cree que está buscando una salida, pero en realidad mantiene encendido el problema.

    El segundo es el circuito de alivio: cuando la tensión sube, aparece la necesidad de escapar. Puede ser cambiar de ciudad, dejar lo que estás haciendo, beber, consumir, romper con una rutina o imaginar que en otro sitio estarás mejor. El problema es que cada escapada alivia un rato, pero confirma a tu mente que no puedes sostener lo que tienes delante. Y entonces el ciclo vuelve más fuerte.

    Sobre volver a tu ciudad, lo importante no es si volver es bueno o malo. Lo importante es desde dónde nace esa idea. Si nace desde un proyecto real, pensado, con condiciones concretas, puede valorarse. Si nace desde la ansiedad, probablemente tu cabeza te está vendiendo una solución geográfica para un problema que viaja contigo. Cambiar de ciudad puede cambiar el escenario, pero no cambia automáticamente la forma en que tu mente compara, anticipa y se castiga.

    Te diría que ahora no tomes decisiones grandes desde este estado. Cuando uno está dentro del torbellino, cualquier decisión parece urgente y salvadora. Pero muchas veces no es una decisión, es una huida vestida de claridad.

    Hay una frase que conviene tomarse muy en serio: “aunque sé que no va a ser así”. Esa parte tuya ya sabe algo importante. Sabe que volver quizá no resolvería el problema de fondo. Por tanto, no hay que pelearse con la idea de volver, pero tampoco obedecerla inmediatamente.

    Durante las próximas tres semanas, te propongo una regla: no tomar decisiones vitales bajo ansiedad. No decidir mudanzas, rupturas, cambios bruscos ni abandonos importantes cuando estés activado. Puedes escribirlo, pensarlo y revisarlo, pero no ejecutarlo en caliente.

    Después, haz este ejercicio diario durante 20 minutos. No más. Lo llamaría “la cita con la cabeza”.

    Cada día, a la misma hora, te sientas y escribes todo lo que tu mente te lanza: comparaciones, errores del pasado, miedo al futuro, dudas sobre tu ciudad, dudas sobre tu pareja, culpa, rabia, vergüenza. Todo. Sin ordenarlo y sin buscar soluciones. Durante esos 20 minutos tienes permiso para obsesionarte todo lo que quieras. Fuera de ese tiempo, cuando aparezca el bucle, te dices: “esto lo pensaré en mi cita de hoy”. No se trata de eliminar pensamientos, sino de dejar de permitir que ocupen todo el día.

    Con el consumo hay que ser más firme. Si ya sabes que cuando bebes aumenta la probabilidad de querer tomar sustancias, entonces el alcohol no es neutro para ti. Es una puerta. Y cuando uno sabe que una puerta lleva a un sitio peligroso, no negocia con la puerta.

    No te diría “controla más cuando bebas”. Te diría algo más útil: durante un tiempo, no bebas cuando salgas. No como castigo, sino como estrategia. Si bebiendo aparece la versión de ti que busca sustancias, la primera intervención no es luchar contra las sustancias a las tres de la mañana, sino impedir que se active el escenario que te lleva allí. El alcohol afecta al autocontrol y puede producir desinhibición, por eso en personas con impulsividad, ansiedad o consumo asociado se convierte en un facilitador del problema. El Plan Nacional sobre Drogas también recomienda acudir a recursos específicos o a atención primaria cuando hay problemas relacionados con adicciones, y España cuenta con una red pública de centros ambulatorios y especializados para estos casos.

    También haría otra cosa: habla con tu pareja desde la responsabilidad, no desde la descarga. Algo así: “Estoy en un ciclo de ansiedad y obsesión desde hace años. A veces pienso que volver a mi ciudad me salvaría, pero sé que probablemente estoy buscando escapar. Necesito ordenar esto y voy a pedir ayuda. Mientras tanto, quiero evitar beber porque me acerca a consumir”. Esto no es cargarle el problema a tu pareja. Es poner el problema encima de la mesa sin convertirlo en una pelea.

    Hay otro punto importante: dices que tiendes a dejar siempre lo que haces. Eso suele pasar cuando la persona busca estabilidad emocional antes de actuar. Espera sentirse claro, tranquilo, motivado o seguro para sostener algo. Pero en la ansiedad crónica funciona al revés: primero se construyen pequeñas acciones estables, y después la mente empieza a estabilizarse.

    Durante un mes, el objetivo no sería “estar bien”. Sería no abandonar tres cosas pequeñas aunque tu cabeza grite.

    Una hora fija para levantarte.

    Una actividad física breve, aunque sean 20 minutos caminando.

    Una tarea diaria concreta que no dependa de tus ganas.

    La estabilidad no se recupera pensando en la estabilidad. Se recupera repitiendo actos estables cuando la cabeza no acompaña.

    Y respecto al pasado: tu mente está usando los errores como si fueran pruebas judiciales contra ti. Pero revisar una y otra vez el pasado no repara el pasado; lo mantiene vivo. Para eso te propongo otro ejercicio, tres veces por semana: “el tribunal de los errores”. Durante 15 minutos escribes el error que te acusa. Luego escribes la condena que te impones. Y después escribes qué acción concreta, pequeña y presente repararía un 1% aquello. Si no hay acción posible, escribes: “esto ya no se repara pensando”. La culpa útil lleva a una acción. La culpa inútil exige sufrimiento.

    Por lo que cuentas, yo no lo dejaría en consejos generales. Veinte años de ansiedad, obsesión, impulsos de consumo al beber y dificultad para sostener estabilidad merecen un trabajo terapéutico serio. No porque estés “perdido”, sino porque el sistema está muy entrenado y necesita una intervención igual de estructurada.

    Si en algún momento sientes que puedes perder el control con sustancias, que puedes hacerte daño, o que la desesperación sube demasiado, ahí no conviene esperar: busca ayuda inmediata, llama al 112 o acude a urgencias.

    Desde PSYAMM trabajaría contigo en tres frentes: cortar las soluciones intentadas que mantienen el problema, construir estabilidad conductual aunque la mente siga acelerada, y desactivar la función de escape que ahora tienen la ciudad, el alcohol y las sustancias. Si quieres consultarme, puedes hacerlo a través de Doctoralia.es.


  • Buenos días, llevo meses con mucho estrés y poco a poco me ha surgido un poco de ansiedad pero se ag

    Buenos días, llevo meses con mucho estrés y poco a poco me ha surgido un poco de ansiedad pero se agraba cuando conduzco, que muchas veces tengo que parar con mucho nervio, mareos y sudores

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Amador Manero Moreno

    Buenos días. Lo que describes puede encajar con un círculo de ansiedad que se ha ido asociando progresivamente a la conducción, aunque antes de atribuir los mareos y sudores únicamente a la ansiedad conviene descartar causas médicas si no lo has hecho ya, especialmente si son síntomas nuevos.

    Cuando hemos acumulado mucho estrés durante meses, nuestro nivel de activación puede permanecer elevado. Si conduciendo aparece un primer episodio de mareo, sudoración o nerviosismo intenso, es fácil que en los siguientes trayectos comencemos a anticiparlo: “¿Y si me vuelve a pasar conduciendo?”.

    Entonces empezamos a conducir pendientes de nuestro cuerpo. Comprobamos si estamos mareados, cómo respiramos, si notamos calor, si el corazón se acelera... y precisamente esa vigilancia puede incrementar las sensaciones que tememos. Aparece más miedo y finalmente necesitamos parar. Al detenernos sentimos alivio y nuestro cerebro puede aprender involuntariamente: “He conseguido estar a salvo porque he parado”.

    Si esto se repite, puede aparecer el miedo al propio miedo y empezar a condicionarse cada vez más la conducción. Después pueden surgir rutas evitadas, necesidad de conducir acompañado o directamente dejar de conducir. Aunque estas soluciones alivien inmediatamente, a medio plazo pueden reforzar la percepción de que conducir es peligroso o de que no seremos capaces de controlar lo que nos sucede.

    Por eso no esperaría simplemente a que desaparezca por sí solo ni recomendaría obligarte bruscamente a soportar situaciones que te desborden. Es un problema que puede trabajarse psicológicamente actuando tanto sobre la ansiedad anticipatoria como sobre las respuestas que están manteniendo el miedo.

    Y, por supuesto, si mientras conduces notas que el mareo compromete realmente tu capacidad para hacerlo con seguridad, detente en un lugar seguro. La seguridad vial está por encima de cualquier ejercicio terapéutico.

    Soy Amador Manero, psicólogo de PSYAMM. Trabajo este tipo de problemas de ansiedad y miedo tanto presencialmente en Sant Andreu de la Barca como online. Si quieres valorar tu caso y trabajar en equipo para recuperar progresivamente la seguridad al conducir, puedes consultarme a través de mi perfil profesional en Doctoralia.es


  • que me quitan de un grupo mis amigaspor qué no tengo ganas de salir y no hablo porque ellas están cr

    que me quitan de un grupo mis amigaspor qué no tengo ganas de salir y no hablo porque ellas están criticando a chicas que yo no conozco ni nunca he visto en mi vida o se pelean la critican y yo no sé de que va por qué no he salido y si no están hablando de salir y yo no tengo ganas y no voy a salir entonces no puedo decir nada y me dicen por qué van dos amigas solas de de fiesta si vienes con nosotras te perdonamos ¿eso es normal que lo hagan? Que tengo que hacer yo ?

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Amador Manero Moreno

    No, no es una forma sana de tratarte.

    Que unas amigas te digan “si vienes con nosotras te perdonamos” no suena a amistad, suena a castigo, presión y chantaje emocional. Una amistad no debería funcionar como un tribunal donde tienes que ganarte el perdón por no salir, por no hablar o por no participar en conversaciones que ni entiendes ni te interesan.

    Lo que te está pasando tiene bastante lógica. Si ellas hablan de chicas que no conoces, de peleas que no has vivido o de planes de fiesta a los que no quieres ir, es normal que te quedes callada. No estás obligada a opinar sobre cosas que no sabes ni a fingir entusiasmo por planes que no te apetecen.

    Aquí el punto importante no es si tú eres “rara” por no hablar. El punto es cómo ellas están interpretando tu silencio. En vez de preguntarte con cuidado si estás bien, lo convierten en una acusación: “no sales”, “no hablas”, “entonces te apartamos”. Eso puede hacer que cada vez tengas menos ganas de acercarte, porque el grupo deja de sentirse como un lugar seguro y empieza a sentirse como un examen.

    ¿Qué haría yo?

    Primero, no suplicaría entrar otra vez. Si tú ruegas, ellas aprenden que pueden sacarte y meterte del grupo como forma de control.

    Segundo, hablaría una sola vez, de forma clara, sin atacar y sin justificarme demasiado.

    Tercero, observaría su reacción. Si te escuchan, hay amistad. Si se burlan, te presionan o te hacen sentir culpable, ahí tienes una respuesta muy clara.

    Puedes decirles algo así: No entiendo por qué me quitáis del grupo por no tener ganas de salir o por estar más callada. Muchas veces no hablo porque estáis comentando cosas de gente que no conozco o planes a los que no me apetece ir, y no voy a fingir algo que no siento.

    Si queréis contar conmigo, me gustaría que me lo dijerais bien, no como si tuviera que ganarme el perdón por ser como soy o por no salir de fiesta. Yo puedo estar más tranquila o menos habladora, pero eso no significa que quiera haceros daño.

    Si de verdad somos amigas, prefiero que lo hablemos con respeto. Si para estar en el grupo tengo que hacer cosas que no quiero o sentirme culpable, entonces quizá necesito tomar distancia.
    Después de enviar algo así, no insistas. Espera. La respuesta de ellas te va a decir mucho.

    Si te contestan con respeto, podéis arreglarlo.

    Si te dicen “eres una exagerada”, “pues tú sabrás”, “si no sales no cuentes con nosotras”, entonces no estás ante un problema de comunicación, sino ante una dinámica de presión. Y ahí lo mejor es no pelear por un sitio donde te hacen sentir pequeña.

    También te diría algo importante: no confundas no tener ganas de salir con no valer para tener amigas. A veces una persona no encaja en un grupo porque el grupo funciona desde el cotilleo, la fiesta, la crítica o la presión. Eso no significa que tú estés mal. Significa que quizá necesitas vínculos donde puedas estar tranquila, hablar cuando tengas algo que decir y no sentir que tienes que actuar un papel para que te acepten.

    Como ejercicio, durante una semana haz esto: no busques convencerlas. Observa. Mira quién te escribe sin exigirte nada, quién te pregunta cómo estás de verdad y quién solo aparece para reprocharte. Eso te ayudará a distinguir amistad de dependencia del grupo.

    Si esto te está haciendo sufrir mucho, si te sientes muy sola o si notas que cada vez te aíslas más, sería bueno trabajarlo con calma en terapia. En PSYAMM puedo ayudarte a entender qué parte depende del grupo y qué parte se activa dentro de ti cuando sientes rechazo o exclusión. Si quieres consultarme, puedes hacerlo a través de Doctoralia.es.


  • Hola tengo una consulta. Hace dos semanas sufrí un evento traumatico que tuve una hemorragia nasal

    Hola tengo una consulta.
    Hace dos semanas sufrí un evento traumatico que tuve una hemorragia nasal fuerte que me debilitó, y me diagnosticaron anemia por eso, y desde entonces, no encuentro bien las palabras cuando hablo, o pienso que mis pensamientos están desordenados y no tienen sentido y que eso es un error, como que me exigía ser perfecto, al menos como antes, y que también me preocupe que a los demás no me vayan a entender o que me juzguen por haberlo dicho mal, eso es normal?

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Amador Manero Moreno

    Sí, puede ser normal que después de un episodio así estés más vigilante, más asustado y más pendiente de cómo hablas o de si piensas “bien”. Una hemorragia fuerte, sentir debilidad, recibir un diagnóstico de anemia y vivirlo como algo traumático puede dejar al cuerpo y a la mente en estado de alarma durante días o semanas.

    Cuando el sistema está en alarma, la atención se vuelve hacia dentro. Empiezas a observarte demasiado: cómo hablo, si encuentro la palabra, si mi pensamiento tiene sentido, si antes era más rápido, si los demás notarán algo. Y cuanto más te observas, más torpe te sientes. Es como intentar caminar pensando en cada movimiento de las piernas: algo automático se vuelve rígido.

    Además, la anemia puede dar cansancio, debilidad, mareo, dificultad de concentración, sensación de niebla mental o menor rendimiento. Eso no significa automáticamente que haya algo grave, pero sí conviene que tu médico controle la evolución, el hierro, la hemoglobina y la recuperación. La anemia por pérdida de sangre puede producir fatiga, debilidad, mareos y dificultad para respirar, entre otros síntomas, y debe seguirse médicamente según la causa y la intensidad.

    Ahora bien, hay una diferencia importante.

    Una cosa es notar que estás más lento, cansado, ansioso, inseguro al hablar o con miedo a equivocarte. Eso puede encajar con ansiedad postraumática, agotamiento físico y autoexigencia.

    Otra cosa sería tener síntomas neurológicos claros: dificultad repentina y objetiva para hablar, no poder articular palabras, confusión intensa, pérdida de fuerza en un lado del cuerpo, desviación de la boca, visión doble, dolor de cabeza muy fuerte y diferente, desmayo, empeoramiento progresivo, o que otras personas noten claramente que no hablas normal. Si aparece algo así, hay que consultar de urgencia o llamar al 112.

    Por lo que cuentas, parece que hay un componente muy fuerte de autoobservación y miedo al error. La trampa sería esta: como te asustaste, empezaste a vigilarte; como te vigilas, encuentras fallos; como encuentras fallos, te asustas más; como te asustas más, hablas peor. No porque no puedas hablar, sino porque estás intentando hablar bajo examen.

    Te propongo hacer algo muy concreto durante una semana.

    Primero, deja de comprobar si hablas “como antes”. Cada vez que te preguntes “¿lo habré dicho bien?”, “¿me habrán entendido?”, “¿tengo la cabeza desordenada?”, estás alimentando el control. La pregunta que intenta tranquilizarte acaba manteniendo la duda.

    Segundo, cuando hables, permítete hacerlo imperfecto. Incluso puedes entrenarlo de forma voluntaria: una vez al día, cuenta algo sencillo a alguien sin intentar hacerlo perfecto. Si te equivocas, no corrijas tres veces. Sigues. El objetivo no es hablar perfecto, es enseñarle a tu mente que equivocarse no es peligroso.

    Tercero, escribe durante 15 minutos al día todo lo que temes que esté pasando: “y si me he quedado mal”, “y si no vuelvo a ser como antes”, “y si me juzgan”, “y si no me entienden”. Escríbelo sin ordenarlo y sin buscar respuesta. Fuera de esos 15 minutos, cuando aparezca la preocupación, te dices: “esto lo llevo a mi rato de preocupación”. Así no dejas que invada todo el día.

    Cuarto, no luches contra la sensación de pensamiento desordenado. Dite: “ahora mi mente está cansada y asustada; no necesito demostrar nada en este momento”. La exigencia de volver a ser perfecto inmediatamente puede ser más pesada que el propio síntoma.

    También te recomendaría una revisión médica si no la tienes ya programada, sobre todo por la anemia y por el cambio que notas desde la hemorragia. No para alarmarte, sino para separar bien lo físico de lo ansioso. Cuando el cuerpo ha pasado por una pérdida importante de sangre, conviene comprobar que la recuperación va en la dirección correcta.

    En resumen: sí, puede ser normal después de un susto fuerte y con anemia sentirse raro, más lento, más inseguro y con miedo a hablar mal. Pero si los problemas de lenguaje son claros, bruscos, empeoran o los demás los notan de forma evidente, hay que valorarlo médicamente cuanto antes.

    Desde PSYAMM, si esto se queda enganchado como miedo a hablar, miedo a pensar mal o miedo a no volver a ser el de antes, se puede trabajar muy bien. La clave sería cortar la autoobservación excesiva y la exigencia de control perfecto. Si quieres consultarme, puedes hacerlo a través de Doctoralia.es.


  • Hola, tengo 18 años. Nunca habia pensado que tenía un problema pero ahora creo que si. Todo me a

    Hola, tengo 18 años.
    Nunca habia pensado que tenía un problema pero ahora creo que si.
    Todo me agobia y me estresa mucho, es como si el futuro se estuviera apoderando de mi presente y no me deja ser feliz.
    Hasta ahora tengo que tomar pastillas para dormirme, diazepam o trankimazin dependiendo de cómo esté por qué si no es imposible, y eso que intento encontrar todas las distracciones del mundo pero mi mente se apodera de lo que me preocupa y siempre me pongo en lo peor.
    Mucha gente cercana me dice que me “castigo mucho” por mis errores o que “me hablo mal”, yo también lo pienso pero no sé qué hacer, y lo intento de verdad.
    Además hay veces que me dan ataques de pánico y siento como que me va a pasar algo más fuerte.
    Me gustaría saber si puedo hacer algo para cambiar por qué no me merece la pena estar así y perder cosas por esto y también me gustaría saber si podré volver a descansar sin depender de pastillas.

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Amador Manero Moreno

    Hola, gracias por explicarlo así de claro. Lo primero que quiero decirte es que lo que cuentas sí merece atención, pero también tiene tratamiento. No significa que tengas que vivir así ni que tu descanso tenga que depender siempre de pastillas.

    Por lo que describes, parece que tu mente ha entrado en una especie de “modo alarma”: intenta protegerte anticipando peligros, pero lo hace de una forma tan intensa que acaba robándote el presente. Es como si tu cabeza intentara resolver hoy todos los problemas de mañana, pasado mañana y de dentro de diez años. Y cuanto más intentas distraerte para no pensar, más fuerza parece coger lo que te preocupa.

    Esto es muy típico en la ansiedad: la persona intenta controlar el pensamiento, evitar la preocupación, distraerse, asegurarse de que no va a pasar nada, buscar tranquilidad… pero muchas veces esas soluciones, aunque parecen lógicas, terminan alimentando el problema. La mente aprende: “si me preocupo, estoy preparada”; “si controlo, evito el peligro”; “si tomo algo, podré dormir”. Y poco a poco el sistema se vuelve dependiente de esas estrategias.

    Sobre el diazepam o el Trankimazin, es importante que no los cambies ni los retires por tu cuenta. Son medicaciones que deben ser pautadas y supervisadas por un médico. La buena noticia es que muchas personas pueden volver a dormir sin depender de ellas, pero normalmente hay que hacerlo con un plan, no desde la fuerza de voluntad ni desde el miedo.

    Los ataques de pánico también tienen una lógica muy concreta. No son peligrosos en sí mismos, aunque se sienten como si lo fueran. La sensación de “me va a pasar algo más fuerte” es precisamente una de las trampas del pánico: el miedo a la sensación aumenta la sensación, y la sensación aumenta el miedo. Se crea un círculo que parece imparable, pero se puede romper.

    Te propongo empezar con tres pautas muy concretas.

    La primera: deja de luchar todo el día contra tus pensamientos. No porque tengas que creerlos, sino porque cuanto más intentas expulsarlos, más se pegan. En vez de decirte “no tengo que pensar en esto”, prueba a decir: “ahora mi mente está fabricando futuros catastróficos”. No entres a discutir con cada pensamiento. Nómbralo y obsérvalo.

    La segunda: crea un espacio diario para preocuparte voluntariamente. Durante 20 minutos al día, siempre a la misma hora, siéntate con papel y escribe todo lo que te preocupa, sin ordenar, sin hacerlo bonito y sin buscar soluciones. Durante esos 20 minutos tienes permiso para preocuparte todo lo que quieras. Fuera de ese horario, cuando aparezca la preocupación, te dices: “esto lo llevo a mi espacio de preocupación”. Al principio cuesta, pero enseña a la mente que no puede invadir todo el día.

    La tercera: cuando notes que viene el pánico, no huyas de la sensación. Si intentas calmarte desesperadamente, el cuerpo interpreta que hay peligro. Haz algo distinto: observa la sensación y descríbela como si fueras una científica mirando un fenómeno. “Presión en el pecho, respiración rápida, calor, miedo de perder el control”. No añadas la frase “me va a pasar algo”. Solo describe. El pánico se alimenta de la interpretación catastrófica, no solo de la sensación física.

    También quiero que tengas cuidado con una cosa: hablarte mal no te hace mejorar. Castigarte por tus errores puede parecer una forma de exigirte, pero en realidad suele bloquearte más. Una persona que se golpea internamente todo el día no se vuelve más fuerte; se vuelve más agotada. Necesitas aprender a corregirte sin destruirte.

    Puedes hacer este ejercicio durante una semana: cada noche escribe dos columnas. En una, “lo que me he reprochado hoy”. En la otra, “cómo se lo diría a alguien que quiero si hubiera cometido el mismo error”. No se trata de ser blanda contigo, sino justa. La dureza excesiva no educa: asusta.

    Y respecto a tu pregunta más importante: sí, puedes cambiar. Sí, puedes volver a descansar mejor. Sí, puedes dejar de perder cosas por la ansiedad. Pero conviene abordarlo cuanto antes, porque cuando la ansiedad empieza a afectar al sueño, al futuro, a la autoestima y aparecen ataques de pánico, ya no estamos hablando solo de “estar nerviosa”, sino de un patrón que necesita intervención.

    Si en algún momento aparecieran pensamientos de hacerte daño, de no querer vivir o de no poder más, ahí no hay que esperar: debes pedir ayuda inmediata a un adulto de confianza, acudir a urgencias o llamar al 112. No lo digo para alarmarte, sino porque cuando el sufrimiento sube mucho, no hay que gestionarlo sola.

    Desde PSYAMM podríamos trabajar precisamente en desmontar este círculo: preocupación anticipatoria, autocastigo, miedo al pánico, dependencia del control y dificultad para dormir. Si quieres, puedes consultarme a través de Doctoralia.es.


  • Siento muchísimo miedo , tengo TOC puro , durante un periodo de tiempo pude tener una vida normal ,

    Siento muchísimo miedo , tengo TOC puro , durante un periodo de tiempo pude tener una vida normal , en dos semanas no es que se intensificase sino que estoy desbastado , me tiro 16 horas despierto al día con cada segundo y minuto cismando , tengo muchísimo miedo a perder el control de mis actos , a que mi condición sexual cambié , hasta por momentos siento que si pienso en una situación me voy a excitar y me fijo en las sensaciones de mi cuerpo , dudo de si es TOC o no , cuando estoy en frío digo “me da asco” y al momento mi cabeza me dice , excítate ,prueba

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Amador Manero Moreno

    Lo que describes encaja mucho con una crisis obsesiva intensa: miedo a perder el control, miedo a que aparezca una excitación no deseada, comprobación constante de las sensaciones corporales, duda de si “es TOC o no”, necesidad de probar mentalmente, rechazo, asco, y al segundo siguiente la mente diciendo “¿y si sí?”, “prueba”, “comprueba”.

    El problema no es que tengas esos pensamientos. El problema es que has entrado en una lucha segundo a segundo contra ellos. Y esa lucha, aunque parece necesaria, es precisamente lo que mantiene el incendio.

    En el TOC, las obsesiones suelen ser pensamientos, impulsos o imágenes intrusivas, no deseadas, que provocan ansiedad. Pueden incluir miedo a perder el control del propio comportamiento o pensamientos sexuales no deseados. También es frecuente que la persona dedique mucho tiempo a intentar neutralizarlos, comprobarlos o asegurarse de que “no significan nada”. El NIMH describe precisamente el TOC como pensamientos recurrentes e incontrolables y/o conductas repetitivas que consumen tiempo, generan angustia e interfieren en la vida diaria.

    En tu caso, la compulsión principal no parece ser lavarte las manos o comprobar puertas. Parece ser mental y corporal: analizar, comprobar si te excitas, revisar si te da asco, comparar cómo te sientes “en frío”, buscar certeza absoluta, intentar demostrarte que no vas a perder el control. Eso es una trampa muy cruel, porque cuanto más intentas comprobar que no pasa nada, más dudas aparecen.

    La frase “me fijo en las sensaciones de mi cuerpo” es clave. Cuando uno pone el foco en una zona del cuerpo, el cuerpo responde con sensaciones. No porque eso confirme nada, sino porque la atención amplifica. Si te digo que observes durante un minuto tu saliva, tu respiración o tus genitales, empezarás a notar cosas que antes no notabas. El TOC luego utiliza esa sensación como prueba falsa: “si lo he sentido, significa algo”. No. Muchas veces solo significa que estás hipervigilando.

    También es muy típico que la mente te diga “excítate, prueba”. No porque quieras hacerlo, sino porque el TOC ataca precisamente aquello que más miedo, rechazo o importancia tiene para ti. Cuanto más necesitas estar seguro de que no eres eso, más material le das a la obsesión.

    Ahora mismo no necesitas resolver la duda. Necesitas dejar de alimentar el mecanismo de comprobación.

    Durante las próximas 48 horas, te propongo una pauta muy concreta.

    Cuando aparezca el pensamiento, no respondas con “no, no, me da asco, yo no soy así”. Eso parece tranquilizador, pero es una compulsión. Responde con una frase seca, siempre la misma: “puede ser, lo pensaré luego”. Y sigues con lo que estabas haciendo, aunque la ansiedad suba.

    No busques sentir asco para quedarte tranquilo. No busques sentir calma. No compruebes si hay excitación. No analices el cuerpo. No revises recuerdos. No te hagas preguntas tipo “¿y si en realidad…?”. Cada comprobación es como darle una moneda a una máquina tragaperras: a veces te da alivio, pero te engancha más.

    Haz también esto: una vez al día, durante 20 minutos, siéntate y escribe exactamente todo lo que te da miedo. Sin censura y sin intentar tranquilizarte. “Tengo miedo de perder el control”, “tengo miedo de que cambie mi condición sexual”, “tengo miedo de excitarme”, “tengo miedo de que esto no sea TOC”. Lo escribes todo. Durante esos 20 minutos tienes permiso para obsesionarte. Fuera de ese tiempo, cuando la mente vuelva, le dices: “esto va a mi cita de las obsesiones”. No se trata de ganar la discusión, sino de sacar la obsesión de las 16 horas del día.

    Y hay algo importante: no hagas pruebas. No mires imágenes, no imagines escenas para comprobar, no te expongas a situaciones para ver “qué siento”, no preguntes una y otra vez a otros si esto es TOC. La búsqueda de certeza es gasolina.

    Si estás 16 horas al día cismando y te sientes devastado, necesitas ayuda profesional cuanto antes. No porque estés en peligro por tener esos pensamientos, sino porque el grado de sufrimiento y ocupación mental es muy alto. El TOC puede tratarse con psicoterapia específica y, en muchos casos, medicación indicada por psiquiatría. La terapia de exposición con prevención de respuesta es uno de los tratamientos psicológicos con evidencia para reducir compulsiones, y los tratamientos pueden ayudar incluso en formas graves.

    También quiero decirte algo con mucha claridad: tener miedo a perder el control no es lo mismo que querer perderlo. Tener pensamientos sexuales intrusivos no significa deseo. Notar sensaciones corporales bajo vigilancia no significa identidad ni intención. El TOC intenta convertir cualquier sensación en una prueba, pero una sensación no es una sentencia.

    Ahora bien, si en algún momento sientes que podrías hacerte daño, hacer daño a alguien, consumir para calmarte, o que no puedes mantenerte seguro, no lo gestiones solo: llama al 112, acude a urgencias o busca a una persona de confianza inmediatamente. No esperes a “ver si se pasa”.

    Desde PSYAMM trabajaría esto cortando las compulsiones mentales y corporales: dejar de comprobar, dejar de buscar certeza, dejar de discutir con la obsesión y aprender a atravesar la ansiedad sin obedecerla. Si quieres consultarme, puedes hacerlo a través de Doctoralia.es.


  • Tengo una relación de 2 años en donde yo confiaba siegamente en mi pareja porque creia que estabamos

    Tengo una relación de 2 años en donde yo confiaba siegamente en mi pareja porque creia que estabamos en una relación basada en el respeto y la confianza pero hace un par de días me di cuenta que en Instagram y Facebook seguia a muchas mujeres modelos pero tambien a mujeres que conoce en su entorno y me conflictua mucho que a muchas mujeres que conocio en su pasado les de like o Me encanta en fotos provocativas, hable con el y al principio me dijo exagerada y que era una tontería despues de tanto hablar y pelear accedio a dejar de hacerlo, pero pienso que no entiende el verdadero problema y ahora pienso que le gustan todas esas mujeres y me hace desconfiar de el y sentirme insegura en la relación al saber que le atraen tantas mujeres a pesar de estar conmigo. No se si terminar la relación o darle una oportunidad para continuar con la relación, ya que no entiende el verdader conflicto y aunque ya no de like imagino que va a seguir viendo esas fotos ahora con más cuidado de que yo no me de cuenta y evitar peleas y ahora el dice que se siente obligado a hacer lo que yo diga y no le gusta que le diga que puede o no hacer.

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Amador Manero Moreno

    Hola, entiendo que esta situación te haya removido tanto, porque no se trata solamente de unos “likes”. Para ti ha tocado algo más profundo: la sensación de seguridad, exclusividad, respeto y confianza dentro de la relación.

    Cuando una persona descubre que su pareja sigue, mira o reacciona a fotos provocativas de otras mujeres, especialmente si algunas son conocidas de su entorno o de su pasado, puede aparecer una herida muy concreta: “¿por qué necesita hacer eso si está conmigo?”, “¿me está comparando?”, “¿le atraen ellas?”, “¿soy suficiente?”, “¿lo hará a escondidas?”. A partir de ahí, el problema deja de ser solo lo que él hizo y empieza a convertirse en un círculo de desconfianza, vigilancia e inseguridad.

    También es importante diferenciar dos planos. Uno es el hecho: él seguía y daba likes o “me encanta” a fotos de mujeres, algunas conocidas. Otro plano es el significado que eso tiene para ti: falta de respeto, amenaza para la relación, posible deseo hacia otras mujeres o riesgo de engaño. Puede que para él sea una conducta sin importancia, automática o normalizada por el uso de redes. Pero si para ti toca un límite importante, no basta con que diga “es una tontería”. En una relación sana, lo que hiere al otro merece ser escuchado, aunque uno no lo viva igual.

    Ahora bien, también conviene tener cuidado con otro riesgo: que el intento de recuperar seguridad se convierta en control. Si la solución pasa por revisar, prohibir, vigilar, comprobar a quién sigue, mirar qué mira o pedirle que deje de hacer cosas solo por miedo a perderte, puede que consigas un alivio momentáneo, pero la relación quedará atrapada en una dinámica de policía y sospechoso. Tú te sentirás cada vez más insegura, y él cada vez más controlado o resentido.

    Por eso, el punto central no es solo si deja o no deja de dar likes. El punto central es si ambos pueden construir un acuerdo claro sobre qué consideran respeto dentro de la relación.

    No es lo mismo decir: “te prohíbo mirar mujeres” que decir: “para mí, interactuar con fotos provocativas de mujeres conocidas o del pasado cruza un límite de respeto en la relación”. La primera frase genera lucha de poder. La segunda expresa un límite personal.

    Tampoco es lo mismo que él deje de hacerlo porque “tú lo obligas” a que lo deje porque entiende que esa conducta daña la confianza. Si lo vive como imposición, probablemente aparecerá ocultación, resistencia o reproche. Si lo entiende como cuidado de la relación, puede convertirse en un gesto de compromiso.

    Antes de decidir si terminar o darle una oportunidad, te sugeriría observar tres cosas.

    Primero: cómo responde él al impacto que esto tuvo en ti. No solo si acepta dejar de hacerlo, sino si puede reconocer que te dolió sin ridiculizarte ni llamarte exagerada.

    Segundo: si hay transparencia sin que tú tengas que convertirte en vigilante. La confianza no se reconstruye revisando cada movimiento, sino viendo coherencia entre lo que dice y lo que hace.

    Tercero: cómo quedas tú después de hablarlo. Si sigues necesitando comprobar constantemente, mirar sus redes, imaginar que lo hace a escondidas o compararte con otras mujeres, entonces el problema ya no está solo en su conducta, sino también en el miedo que se ha activado dentro de ti.

    Una conversación útil podría ir en esta línea: “No quiero controlar tu vida ni decirte qué puedes hacer. Pero necesito saber si compartimos una misma idea de respeto en la relación. Para mí, interactuar con fotos provocativas de mujeres que conoces o de tu pasado no es algo neutro; me hace sentir insegura y daña mi confianza. No quiero que lo dejes por obligación, sino que podamos acordar qué tipo de relación queremos cuidar. Si para ti esto es una imposición y para mí es un límite importante, entonces tenemos que mirar si realmente estamos entendiendo la relación de la misma manera”.

    Después de esa conversación, no tomes la decisión solo desde el miedo del momento. Observa hechos. Si él minimiza, se burla, oculta, se enfada cada vez que expresas un límite o te hace sentir culpable por sentirte herida, eso es una señal a tener en cuenta. Si, en cambio, puede escucharte, revisar su conducta, hablar sin ponerse siempre a la defensiva y construir acuerdos contigo, quizá merece la pena dar una oportunidad.

    Pero esa oportunidad no debería consistir en que tú vivas vigilando y él viviendo obligado. Debería consistir en un acuerdo adulto: qué conductas cuidan la relación, qué conductas la dañan y qué necesita cada uno para sentirse respetado sin perder libertad.

    También sería bueno que trabajes internamente una pregunta: “¿Qué necesito para volver a confiar sin convertirme en alguien que controla?”. Porque si la respuesta es “necesito certeza absoluta de que nunca mira, nunca desea, nunca se siente atraído por nadie”, esa certeza no existe. En una relación no podemos impedir que el otro vea o sienta atracción. Lo que sí podemos pedir es respeto, límites claros, coherencia y cuidado del vínculo.

    La decisión de seguir o terminar no debería basarse solo en si le atraen o no otras mujeres. La atracción visual puede existir en muchas personas sin que eso implique infidelidad ni falta de amor. La pregunta más importante es otra: ¿él sabe cuidar la relación cuando algo te duele?, ¿puede respetar un límite sin vivirlo como una cárcel?, ¿tú puedes expresar tu inseguridad sin entrar en vigilancia?, ¿ambos podéis construir confianza después de este conflicto?

    Si la respuesta empieza a ser sí, puede haber trabajo de pareja. Si la respuesta es no y el vínculo se convierte en sospecha, obligación, reproche y control, entonces habría que replantearse seriamente si esa relación te está dando paz o te está desgastando.

    Desde PSYAMM podemos ayudarte a ordenar esta situación, diferenciar límite de control, reconstruir confianza o tomar una decisión sin hacerlo desde la angustia. Si quieres trabajarlo terapéuticamente, puedes consultarnos a través de Doctoralia.es.


  • Al hilo de la pregunta inicial, me surge una duda. A qué puede deberse sentir que te tocan por detrá

    Al hilo de la pregunta inicial, me surge una duda. A qué puede deberse sentir que te tocan por detrás, que ponen sus manos sobre tus hombros? Me ha pasado varias veces, estando despierta, en la calle, sola y también acompañada de otras personas. Es muy real, de hecho me giro pensando que es una persona, pero no, no hay nadie. Me dicen que pueden ser seres incorpóreos que me acompañan. No sé a qué es debido, no me considero persona con desequilibrios.
    Muchas gracias de antemano.

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Amador Manero Moreno

    Hola, gracias por explicarlo con tanta claridad. Lo primero que conviene decir es que sentir algo de forma muy real no significa necesariamente que haya una presencia externa ni tampoco que exista un “desequilibrio” psicológico. Hay fenómenos corporales y perceptivos que pueden sentirse con muchísima nitidez y, aun así, tener una explicación fisiológica, neurológica o psicológica.

    La sensación de que alguien te toca por detrás, te pone una mano en el hombro o hay una presencia cercana puede aparecer por distintos motivos. A veces se relaciona con estados de estrés, hipervigilancia, ansiedad mantenida, cansancio, falta de sueño o momentos en los que el sistema nervioso está más sensible de lo habitual. Cuando estamos en alerta, el cerebro puede interpretar pequeñas sensaciones corporales, tensión muscular, cambios posturales, roces de la ropa, contracciones o estímulos mínimos como si vinieran de fuera.

    También puede ocurrir en personas que no tienen ningún trastorno psicológico. El cerebro no es una cámara que registra la realidad de forma neutra; interpreta constantemente. A veces interpreta bien y a veces completa información de manera automática. Por eso una sensación corporal interna puede vivirse como un contacto externo. Que sea muy real no la convierte automáticamente en peligrosa ni en patológica.

    Dicho esto, cuando una sensación se repite varias veces estando despierta, en la calle, sola o acompañada, conviene no explicarlo demasiado rápido como algo espiritual ni tampoco asustarse pensando en algo grave. Lo prudente es hacer una valoración médica básica, especialmente si el fenómeno aumenta, aparece con otras sensaciones extrañas, mareos, alteraciones visuales, dolor de cabeza intenso, cambios en el sueño, consumo de sustancias, medicación nueva, ansiedad elevada o sensación de pérdida de control. En algunos casos, sensaciones táctiles sin estímulo externo pueden estar relacionadas con el sistema nervioso, migrañas, tensión muscular, alteraciones del sueño, estrés intenso, efectos de medicación o fenómenos perceptivos aislados.

    Sobre lo que te han dicho de “seres incorpóreos”, yo sería cuidadoso. No porque haya que ridiculizar esa explicación, sino porque si una persona está preocupada por una sensación, darle una explicación misteriosa puede aumentar la atención, el miedo y la interpretación de amenaza. Y cuanto más se observa una sensación, más presencia gana. La mente empieza a buscar señales, el cuerpo se vuelve más vigilado y el fenómeno puede repetirse más.

    Una forma útil de manejarlo sería registrar durante unos días cuándo ocurre: hora, lugar, nivel de cansancio, estrés, sueño, postura corporal, si estabas preocupada, si llevabas bolso o ropa que pudiera rozar, si había frío, tensión en cuello u hombros, y qué hiciste después. No para obsesionarte, sino para ver si hay un patrón.

    Cuando ocurra, intenta no entrar en comprobaciones repetidas ni en interpretaciones catastróficas. Puedes girarte una vez, comprobar la realidad y, si no hay nadie, decirte: “He sentido algo, pero no tengo que convertirlo en una explicación amenazante”. Después vuelve a lo que estabas haciendo. Si cada vez que ocurre lo analizas durante mucho rato, preguntas, buscas señales o intentas encontrar un significado oculto, es más fácil que el fenómeno se fije.

    En resumen: puede deberse a una interpretación corporal del sistema nervioso, estrés, hipervigilancia, cansancio, tensión muscular o fenómenos perceptivos aislados. No implica por sí solo que tengas un problema psicológico grave. Pero si se repite, te preocupa o va acompañado de otros síntomas, lo recomendable es comentarlo con un médico para descartar causas físicas y, si todo está bien, trabajarlo desde la ansiedad, la atención corporal y la interpretación que le estás dando.

    Desde PSYAMM podemos ayudarte a ordenar esta experiencia sin alarmismo, diferenciando lo que pertenece al cuerpo, a la percepción y al miedo que puede aparecer después. Si quieres profundizarlo terapéuticamente, puedes consultarnos a través de Doctoralia.es.


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