En una ocasión, en el edificio donde está mi médico de cabecera, tuve una situación que me generó mu

7 respuestas
En una ocasión, en el edificio donde está mi médico de cabecera, tuve una situación que me generó mucho malestar. Una persona desconocida me preguntó si iba a la clínica y, por educación, le respondí que sí. Después me sugirió que subiera por las escaleras en lugar del ascensor. Yo no quería hacerlo, pero finalmente acabé cediendo, aunque me quedé con la sensación de haberme dejado influir en algo que no deseaba.

En una ocasión, en el edificio donde está mi médico de cabecera, tuve una situación que me generó mucho malestar. Una persona desconocida me preguntó si iba a la clínica y, por educación, le respondí que sí. Después me sugirió que subiera por las escaleras en lugar del ascensor. Yo no quería hacerlo, pero finalmente acabé cediendo, aunque me quedé con la sensación de haberme dejado influir en algo que no deseaba.

A raíz de este tipo de situaciones, me ocurre que me quedo dándole muchas vueltas a la intención de los demás y me enfado fácilmente, llegando incluso a pensar que algunas personas pueden actuar de forma interesada o aprovecharse. Después, al reflexionarlo, también me preocupa que esta forma de interpretar las situaciones pueda ser exagerada o poco ajustada y que desde fuera parezca paranoia o desconfianza excesiva.

Me gustaría saber cómo puedo afrontar mejor este tipo de situaciones cotidianas sin quedarme enganchado a la interpretación de las intenciones de los demás ni acabar con tanta irritación o desconfianza. ¿Cómo se trabaja en terapia este tipo de pensamientos y reacciones?
¡Hola! ¡Muchas gracias por tu pregunta! Me parece interesante la situación que planteas, parece que te ha movilizado mucho haberte visto "aceptando la influencia" de otra persona. Personalmente, te invitaría a plantearte si ha habido otras ocasiones en las que te ha ocurrido esto y sí ha sido cierto que alguien no guardaba las mejores intenciones para tí. A veces cuando vivimos una situación desagradable nos prometemos a nosotros mismos (inconscientemente) no volver a vivir algo así y tendemos a reaccionar a las nuevas situaciones con las emociones de aquella experiencia. Si la encuentras puedes volver a mirarla con una nueva luz y sanar las emociones que quedaron ahí y probablemente para el futuro tengas una mirada más despejada para estas circunstancias.
En el caso de que no encuentres una circunstancia así pueden estar ocurriendo varias cosas pero esa sería la primera pregunta. Un saludo!

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 Inés Ucin
Psicólogo
Donostia-San Sebastián
Hola! Siento que pasaras ese momento incómodo, y gracias por compartir. En terapia se trabajan los vínculos examinando las creencias que tenemos sobre la conducta de otros, se explora tu mundo interior y tu historia de aprendizaje. Ahí, se pueden extraer muchas experiencias que han generado tu desconfianza. A partir de tus creencias se trabaja para modificarlas, afectando también a tu perspectiva e interpretación de tus experiencias con otros.
Además, la propia terapia simboliza un vínculo seguro en el que la intención de tu terapeuta es únicamente de protección y cuidado hacia ti.
 Alba Gimeno
Psicólogo
Burjassot
Lo que describes no tiene por qué indicar paranoia. En muchas ocasiones, el malestar surge más por la sensación de haber actuado en contra de lo que uno quería que por la conducta de la otra persona en sí. Cuando esto ocurre, es frecuente intentar encontrar una explicación a posteriori y quedar atrapado en interpretaciones sobre las intenciones de los demás.

En terapia suele trabajarse la identificación de estos pensamientos, la tolerancia a la incertidumbre (aceptar que no siempre podemos saber qué intención tenía la otra persona) y el desarrollo de una comunicación más asertiva para actuar de forma más coherente con lo que uno desea. Esto suele ayudar a reducir la irritación, la desconfianza y la tendencia a dar vueltas a situaciones cotidianas.
Por lo que cuentas, el malestar parece venir más de haber actuado en contra de lo que querías que de la sugerencia de la otra persona en sí.

Muchas veces, cuando cedemos por educación, por evitar un conflicto o por incomodidad, aparece después el enfado. Y ese enfado puede acabar dirigiéndose hacia la otra persona (“se ha aprovechado de mí”) cuando en realidad una parte importante del malestar procede de no haber puesto el límite que nos habría gustado poner.

Además, cuando intentamos averiguar las intenciones de los demás, solemos entrar en un terreno muy incierto. Quizá aquella persona quería aprovecharse, quizá simplemente pensó que las escaleras eran una mejor opción, o quizá actuó sin darle demasiada importancia. Lo cierto es que probablemente nunca lo sabrás con seguridad.

En terapia suele trabajarse precisamente esa diferencia entre:

* Lo que la otra persona pudo pensar.
* Lo que yo sé que ocurrió.
* Lo que puedo hacer la próxima vez.

Porque la parte sobre la que tienes más control no es la intención ajena, sino tu respuesta.

En una situación parecida, el objetivo no sería averiguar si la otra persona tenía buenas o malas intenciones, sino poder decir con tranquilidad: “Gracias, pero prefiero coger el ascensor”.

Cuando fortalecemos esa capacidad de actuar de acuerdo con nuestras preferencias, suele disminuir también la necesidad de analizar durante horas lo que pretendían los demás.

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Lo que describes parece tener dos componentes diferentes. Por un lado, está la situación concreta: cediste a una sugerencia que en realidad no querías seguir y después te quedaste con la sensación de no haber actuado de acuerdo con tus propias preferencias. Por otro lado, aparece todo el proceso posterior de análisis e interpretación sobre las posibles intenciones de la otra persona.

Es comprensible que situaciones así generen malestar. Cuando sentimos que hemos actuado en contra de lo que realmente queríamos hacer, es frecuente experimentar frustración, enfado o incluso buscar explicaciones sobre por qué ocurrió. Sin embargo, en muchas ocasiones el sufrimiento acaba manteniéndose más por las interpretaciones posteriores que por el hecho original.

Un aspecto importante es que, en la mayoría de las interacciones cotidianas, resulta difícil conocer con certeza las intenciones de los demás. La misma conducta puede tener explicaciones muy diferentes: una persona puede hacer una sugerencia por amabilidad, por costumbre, por interés propio o por múltiples motivos que desconocemos. Cuando la mente intenta rellenar esos vacíos de información, a veces tiende a centrarse en las interpretaciones más negativas, especialmente si existe una sensibilidad previa a sentirse influido, manipulado o poco respetado.

Esto no significa que tus preocupaciones sean irracionales ni que estés siendo paranoico. Más bien puede indicar una tendencia a dedicar mucho tiempo y energía a analizar situaciones ambiguas, tratando de encontrar una explicación definitiva sobre las intenciones ajenas. El problema es que esa búsqueda rara vez proporciona una certeza completa y, en cambio, puede aumentar el enfado, la desconfianza y el malestar.

Desde un punto de vista terapéutico, suele ser útil desplazar el foco desde la intención de la otra persona hacia la propia conducta y las propias necesidades. En una situación como la que describes, una pregunta relevante podría ser: "¿Qué puedo aprender de esto para actuar de forma más acorde con mis preferencias la próxima vez?". Por ejemplo, permitiéndote decir de forma educada: "Gracias, pero prefiero coger el ascensor".

También puede ayudar desarrollar una mayor tolerancia a la incertidumbre interpersonal, aceptando que no siempre podremos saber exactamente por qué los demás hacen lo que hacen. A menudo resulta más beneficioso centrarse en cómo queremos responder nosotros que intentar descifrar con total seguridad las motivaciones de los demás.

Si observas que estas situaciones te generan un malestar intenso o recurrente, trabajar en terapia aspectos como la asertividad, la gestión de la rumiación, la tolerancia a la incertidumbre y la interpretación de las intenciones ajenas puede ser especialmente útil para reducir el enfado y recuperar una mayor sensación de tranquilidad en las relaciones cotidianas.
 Laura Monaco
Psicólogo
Premià de Mar
Hola. Quizás estás desplazando en personas desconocidas este sentimiento de desconfianza. Porque en definitiva, si no te han hecho daño, no debería preocuparte. En terapia se intenta revisar las causas de estas sensaciones y pensamientos, y encontrar el motivo real.
 Jesús Seijas Queral
Psicólogo
Pozuelo de Alarcón
Hola, soy Jesús Seijas, psicólogo con 22 años de experiencia.

Lo que cuentas no tiene por qué ser “paranoia”, pero sí parece una reacción de hipervigilancia e irritación ante situaciones donde sientes que alguien invade tu decisión o te empuja a hacer algo que no quieres.

En el ejemplo que describes, quizá el problema no fue subir por las escaleras en sí, sino la sensación posterior... “he cedido”, “no he defendido mi voluntad”, “alguien ha influido en mí”. Esa vivencia puede activar mucha rabia porque toca algo más profundo... sentir que pierdes control, que no te respetas o que otros pueden manejarte.

A partir de ahí, la mente intenta buscar una explicación en la intención del otro. Empieza a analizar si esa persona quería aprovecharse, manipularte, imponerse o molestarte. Pero muchas veces no podemos saberlo. Y cuanto más intentas adivinar la intención, más enganchado quedas al malestar.

La clave terapéutica sería cambiar el foco, menos intentar demostrar qué pretendía el otro y más trabajar qué necesitas tú hacer en ese momento. Por ejemplo, poder decir con sencillez “No, gracias, prefiero subir en ascensor”. Sin justificarte, sin discutir y sin quedarte atrapado después.

También ayuda diferenciar tres cosas; lo que pasó, lo que interpretaste y lo que sentiste. Pasó que alguien sugirió algo. Interpretaste que podía haber una intención invasiva o interesada. Sentiste malestar, enfado y sensación de haberte dejado llevar. Separar esos niveles permite responder con más calma.

En terapia se trabajaría la rumiación, la sensibilidad ante la presión externa, la necesidad de control, la dificultad para decir no y la tendencia a leer intenciones cuando una situación te activa. No para culparte, sino para que una escena cotidiana no termine ocupando tanto espacio mental.

La terapia psicológica puede ayudarte a:
• Aprender a decir “no” en situaciones cotidianas sin sentir culpa.
• Reducir la rumiación sobre las intenciones de los demás.
• Diferenciar intuición, interpretación y desconfianza excesiva.
• Regular irritación, ansiedad y sensación de invasión.
• Fortalecer límites personales sin entrar en conflicto.
• Vivir estas situaciones con más seguridad y menos desgaste emocional.

Si necesitas ayuda, no dudes en decírmelo.
Un saludo.
Jesús Seijas, Psicoterapia Online y Presencial.

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