Hola,soy un chico de 41 años,practicamente solo salgo de casa por las mañanas para salir a caminar u
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Hola,soy un chico de 41 años,practicamente solo salgo de casa por las mañanas para salir a caminar un par de horas,soy una persona sana,y tengo un gran problema..cuando voy por la calle y veo a gente de frente a lo lejos,que se van acercando no se a donde mirar,es como si entrase en pánico,ansiedad,angustia incluso a veces que me dan como pequeños mareos.tengo la sensación que todo el mundo me mira.una de las cosas que más me afecta es que me doy cuenta que esas personas con las que me cruzo al verme en ese estado,se ponen nerviosas y miran hacia otro lado,esto ocurre con practicamente todas las personas cuando voy por la calle,a veces no quiero salir porque lo paso muy mal..he leido que hay que exponerse gradualmente,pero yo lo hago salgo todos los dias y aún asi esos ataques de pánicos,ansiedad o no se como llamar esa sensación siempre se manifiesta..como puedo calmar esto que me ocurre? ojalá me puedan recomendar algunas pautas.muchas gracias y un cordial saludo.
Lo primero que quiero decirte es que lo que describes es muy angustiante, pero tiene sentido desde el punto de vista de la ansiedad y no significa que estés “haciendo algo mal” ni que no tenga solución.
Por lo que cuentas, no se trata solo de miedo a salir, sino de una hiperconciencia de ti mismo cuando te cruzas con otras personas: dónde mirar, cómo te ven, qué pensarán… En ese momento tu atención se va completamente hacia dentro, tu cuerpo entra en alerta y aparecen las sensaciones físicas (ansiedad, mareo, angustia). A partir de ahí se genera un círculo muy potente: notas el malestar → piensas que los demás lo notan → eso aumenta aún más la ansiedad. Es una reacción muy típica en personas que experimentan cierta ansiedad social.
Es importante aclarar algo que suele generar mucha confusión: exponerse no es solo “hacerlo muchas veces”. Salir todos los días es valiente y dice mucho de ti, pero si durante la exposición tu mente sigue centrada en vigilarte, controlar síntomas o comprobar reacciones de los demás, el sistema nervioso no aprende que la situación es segura. Por eso puedes exponerte mucho y aun así sentir que no hay mejoría.
Algunas pautas que pueden ayudarte:
1. Deja de luchar contra las sensaciones. Intentar “que no se note”, “no marearme” o “no ponerme nervioso” suele intensificar justo eso que quieres evitar. El objetivo no es estar tranquilo, sino permitir que la ansiedad esté ahí sin responderle con miedo.
2. Entrena la atención hacia fuera, no hacia dentro. Por ejemplo, mientras caminas, describe mentalmente lo que ves a tu alrededor (colores, edificios, sonidos), aunque la ansiedad esté presente.
3. Normaliza la mirada: no hay una forma “correcta” de mirar al cruzarse con alguien. Puedes mirar al frente, al entorno o a la persona brevemente. El problema no es la mirada, sino la interpretación que haces de lo que ocurre.
4. Recuerda que las personas suelen reaccionar más a tu lenguaje corporal que a lo que tú sientes por dentro, y muchas veces interpretamos como “me miran raro” algo que en realidad es neutro.
Dicho esto, cuando este tipo de ansiedad lleva tiempo instalada y condiciona tanto la vida diaria, trabajarla en terapia suele ser clave. No solo para exponerse, sino para entender qué mantiene el problema y aprender a relacionarte de otra forma con esas sensaciones. Con el enfoque adecuado, este tipo de dificultades suele mejorar mucho, incluso cuando llevan años presentes.
Has dado un paso importante al pedir ayuda y seguir saliendo a pesar del malestar. Eso ya habla de recursos. Con un acompañamiento correcto, no tendrías por qué resignarte a vivir así.
Un saludo y mucho ánimo.
Por lo que cuentas, no se trata solo de miedo a salir, sino de una hiperconciencia de ti mismo cuando te cruzas con otras personas: dónde mirar, cómo te ven, qué pensarán… En ese momento tu atención se va completamente hacia dentro, tu cuerpo entra en alerta y aparecen las sensaciones físicas (ansiedad, mareo, angustia). A partir de ahí se genera un círculo muy potente: notas el malestar → piensas que los demás lo notan → eso aumenta aún más la ansiedad. Es una reacción muy típica en personas que experimentan cierta ansiedad social.
Es importante aclarar algo que suele generar mucha confusión: exponerse no es solo “hacerlo muchas veces”. Salir todos los días es valiente y dice mucho de ti, pero si durante la exposición tu mente sigue centrada en vigilarte, controlar síntomas o comprobar reacciones de los demás, el sistema nervioso no aprende que la situación es segura. Por eso puedes exponerte mucho y aun así sentir que no hay mejoría.
Algunas pautas que pueden ayudarte:
1. Deja de luchar contra las sensaciones. Intentar “que no se note”, “no marearme” o “no ponerme nervioso” suele intensificar justo eso que quieres evitar. El objetivo no es estar tranquilo, sino permitir que la ansiedad esté ahí sin responderle con miedo.
2. Entrena la atención hacia fuera, no hacia dentro. Por ejemplo, mientras caminas, describe mentalmente lo que ves a tu alrededor (colores, edificios, sonidos), aunque la ansiedad esté presente.
3. Normaliza la mirada: no hay una forma “correcta” de mirar al cruzarse con alguien. Puedes mirar al frente, al entorno o a la persona brevemente. El problema no es la mirada, sino la interpretación que haces de lo que ocurre.
4. Recuerda que las personas suelen reaccionar más a tu lenguaje corporal que a lo que tú sientes por dentro, y muchas veces interpretamos como “me miran raro” algo que en realidad es neutro.
Dicho esto, cuando este tipo de ansiedad lleva tiempo instalada y condiciona tanto la vida diaria, trabajarla en terapia suele ser clave. No solo para exponerse, sino para entender qué mantiene el problema y aprender a relacionarte de otra forma con esas sensaciones. Con el enfoque adecuado, este tipo de dificultades suele mejorar mucho, incluso cuando llevan años presentes.
Has dado un paso importante al pedir ayuda y seguir saliendo a pesar del malestar. Eso ya habla de recursos. Con un acompañamiento correcto, no tendrías por qué resignarte a vivir así.
Un saludo y mucho ánimo.
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Hola. Sería necesario saber desde cuándo te ocurre y si tuviste alguna situación traumática que te puede estar afectando. En estos casos, los intentos que haces por solucionar el problema, pues la hipervigilancia te puede provocar alteración física, que es lo que describes que los demás ven. Efectivamente la exposición gradual puede ser una forma de superarlo, pero parece que no te está funcionando. Creo que deberías iniciar terapia con un psicólogo para que te acompañe en el proceso. La idea aquí no es evitar el miedo, sino aceptarlo y hacerlo con miedo. Es necesario profundizar en ese sentimiendo que tienes ¿Qué crees que están pensando los demás? ¿Te sientes juzgado? A partir de ahí es posible ajustar mejor las técnicas o propuestas a realizar. A veces pequeños cambios como llevar gafas de sol pueden ayudar a ir enfrentándote a ese miedo. Se deben entender tus circunstancias también, si puede acompañarte alguien al principio, si tienes que salir de casa obligatoriamente... Es difícil adaptar la propuesta sin tener más información.
Hola, gracias por compartir lo que te ocurre. Lo que describes es muy coherente, puede tener que ver con síntomas de ansiedad social o hipervigilancia, donde la atención se centra excesivamente en uno mismo y en la mirada de los demás. Esto puede generar síntomas intensos como pánico, angustia, mareos y la sensación de estar siendo observado o evaluado constantemente, algo bastante desagradable.
Aunque salgas a diario, si no se trabajan los factores que mantienen la ansiedad, la exposición por sí sola no siempre produce mejoría. Es necesario un abordaje terapéutico.
Este tipo de malestar es tratable, pero suele requerir un abordaje psicológico adecuado, que incluya el trabajo con la atención, la interpretación de las reacciones de los demás y la regulación de las emociones como la ansiedad, no solo “aguantar” la situación.
En nuestro centro de psicología podemos ayudarte a entender qué está ocurriendo, reducir estos síntomas y recuperar la tranquilidad al salir a la calle, con un acompañamiento adaptado a tu caso. Si lo deseas, estaremos encantados de ayudarte.
Un saludo
Aunque salgas a diario, si no se trabajan los factores que mantienen la ansiedad, la exposición por sí sola no siempre produce mejoría. Es necesario un abordaje terapéutico.
Este tipo de malestar es tratable, pero suele requerir un abordaje psicológico adecuado, que incluya el trabajo con la atención, la interpretación de las reacciones de los demás y la regulación de las emociones como la ansiedad, no solo “aguantar” la situación.
En nuestro centro de psicología podemos ayudarte a entender qué está ocurriendo, reducir estos síntomas y recuperar la tranquilidad al salir a la calle, con un acompañamiento adaptado a tu caso. Si lo deseas, estaremos encantados de ayudarte.
Un saludo
Hola, gracias por explicar con tanto detalle lo que te ocurre. Por lo que describes, la situación que vives en la calle te genera un nivel de ansiedad muy intenso, con síntomas físicos claros (mareo, angustia, sensación de pánico) y una fuerte preocupación por cómo te miran o reaccionan los demás. Esto acaba limitando tu vida diaria hasta el punto de que, en ocasiones, evitas salir de casa, a pesar de que haces un gran esfuerzo por exponerte caminando todos los días.
Es importante señalar que lo que te sucede no es falta de voluntad ni de valentía. Cuando una persona entra en ese estado de hiperalerta, el sistema nervioso interpreta el contacto visual y la cercanía con otros como una amenaza, activando respuestas automáticas de ansiedad. En ese estado, la atención se dirige constantemente hacia fuera (“me miran”, “se dan cuenta”, “algo va mal”), lo que aumenta aún más la sensación de peligro. El hecho de que percibas nerviosismo en los demás suele ser consecuencia de esa activación interna, no la causa.
También es relevante lo que comentas sobre la exposición: aunque salir a diario es positivo, la exposición por sí sola no siempre es suficiente, especialmente cuando hay un nivel elevado de ansiedad anticipatoria o posibles experiencias previas de inseguridad, vergüenza o miedo en situaciones sociales. En estos casos, el problema no es “salir poco”, sino cómo está funcionando el sistema nervioso durante esas salidas.
Para abordar este tipo de dificultades suele ser necesario un acompañamiento psicológico que ayude a:
Comprender el origen de esa reacción de pánico y la sensación de ser observado.
Aprender a regular la activación corporal y la ansiedad, no solo a “aguantarla”.
Trabajar de forma gradual y segura el contacto con los demás, sin forzarte ni revivir constantemente la misma experiencia angustiante.
Existen enfoques terapéuticos eficaces para este tipo de problemática, como el trabajo con ansiedad social desde una perspectiva de trauma y regulación emocional. Una valoración individual por parte de un/a psicólogo/a especializado/a permitiría ajustar el abordaje a tu caso concreto.
Te animaría a no seguir afrontando esto en soledad. Pedir ayuda profesional no significa que “no puedas”, sino que estás cuidándote. Con el acompañamiento adecuado, este malestar puede reducirse de forma significativa.
Un saludo cordial.
Es importante señalar que lo que te sucede no es falta de voluntad ni de valentía. Cuando una persona entra en ese estado de hiperalerta, el sistema nervioso interpreta el contacto visual y la cercanía con otros como una amenaza, activando respuestas automáticas de ansiedad. En ese estado, la atención se dirige constantemente hacia fuera (“me miran”, “se dan cuenta”, “algo va mal”), lo que aumenta aún más la sensación de peligro. El hecho de que percibas nerviosismo en los demás suele ser consecuencia de esa activación interna, no la causa.
También es relevante lo que comentas sobre la exposición: aunque salir a diario es positivo, la exposición por sí sola no siempre es suficiente, especialmente cuando hay un nivel elevado de ansiedad anticipatoria o posibles experiencias previas de inseguridad, vergüenza o miedo en situaciones sociales. En estos casos, el problema no es “salir poco”, sino cómo está funcionando el sistema nervioso durante esas salidas.
Para abordar este tipo de dificultades suele ser necesario un acompañamiento psicológico que ayude a:
Comprender el origen de esa reacción de pánico y la sensación de ser observado.
Aprender a regular la activación corporal y la ansiedad, no solo a “aguantarla”.
Trabajar de forma gradual y segura el contacto con los demás, sin forzarte ni revivir constantemente la misma experiencia angustiante.
Existen enfoques terapéuticos eficaces para este tipo de problemática, como el trabajo con ansiedad social desde una perspectiva de trauma y regulación emocional. Una valoración individual por parte de un/a psicólogo/a especializado/a permitiría ajustar el abordaje a tu caso concreto.
Te animaría a no seguir afrontando esto en soledad. Pedir ayuda profesional no significa que “no puedas”, sino que estás cuidándote. Con el acompañamiento adecuado, este malestar puede reducirse de forma significativa.
Un saludo cordial.
Hola, gracias por compartir tu experiencia con tanto detalle. Se percibe claramente el malestar que estás viviendo, y quiero transmitirte desde el inicio que lo que te ocurre es un problema psicológico frecuente, comprensible y tratable. No es una debilidad ni algo extraño.
Por lo que describes, estás experimentando un cuadro de ansiedad social con síntomas de pánico, centrado especialmente en la situación de cruzarte con personas en la calle. La ansiedad aparece antes del encuentro, aumenta conforme se acercan, y se acompaña de pensamientos como “me están mirando”, “se dan cuenta de que estoy nervioso”. Esto activa respuestas físicas intensas: angustia, mareo, sensación de pérdida de control. Todo ello es muy coherente desde el punto de vista clínico.
Es importante aclarar algo clave:
El problema no es salir a la calle ni ver personas, sino la hipervigilancia constante y la autoobservación excesiva (“¿cómo camino?, ¿dónde miro?, ¿qué pensarán?”). Tu atención está totalmente volcada hacia ti mismo y hacia una posible amenaza social. Eso mantiene el círculo de la ansiedad.
Respecto a la exposición: es cierto que exponerse es necesario, pero no cualquier exposición es terapéutica. Salir todos los días sufriendo intensamente no siempre reduce la ansiedad; a veces la cronifica. Para que la exposición funcione, debe ir acompañada de:
- Trabajo con los pensamientos anticipatorios
- Reducción de conductas de seguridad (mirar al suelo, tensarte, evitar la mirada)
- Aprendizaje de regulación fisiológica
Algunas pautas iniciales que pueden ayudarte:
1. Cambiar el foco de atención:
En lugar de observarte a ti mismo, entrena llevar la atención hacia el exterior: colores, sonidos, edificios, temperatura. No se trata de distraerte para huir, sino de salir del “escáner interno” que alimenta la ansiedad.
2. Normalizar las sensaciones físicas:
Los mareos, la angustia o la sensación de “me voy a desmayar” son respuestas de ansiedad, no peligros reales. Repetirte mentalmente: “esto es ansiedad, es incómodo pero no peligroso” ayuda a que el sistema nervioso no escale.
3. Permitir la ansiedad, no luchar contra ella:
Cuanto más intentas que desaparezca, más fuerza toma. Paradójicamente, permitir que esté (“vale, ansiedad, estás aquí”) suele hacer que disminuya antes.
4. Revisar la creencia central:
La idea de “todo el mundo me mira” es una distorsión muy común en la ansiedad social. Las personas suelen estar más centradas en sí mismas que en los demás. El hecho de que alguien mire hacia otro lado no significa que te haya “detectado”, sino que probablemente esté siguiendo normas sociales automáticas.
5. Exposición guiada y gradual (no forzada):
No se trata de aguantarlo todo, sino de acercarte poco a poco a las situaciones más difíciles, con objetivos claros y manejables, y evaluando después lo que realmente ocurrió, no lo que temías que pasara.
Dado el nivel de malestar que describes y el impacto en tu vida (ganas de no salir de casa), mi recomendación profesional es que consultes con un psicólogo o psicoterapeuta especializado en ansiedad. Un tratamiento psicológico adecuado (especialmente terapia cognitivo-conductual o terapias de tercera generación como la Terapia de Aceptación y Compromiso y el Mindfulness) suele tener muy buenos resultados en estos casos. En algunos momentos, una valoración psiquiátrica puede complementar el proceso, pero no siempre es necesaria.
Quiero que te quedes con este mensaje:
No estás condenado a vivir así. Tu sistema nervioso está en alerta constante, pero puede reaprender a sentirse seguro. Con ayuda adecuada, este tipo de ansiedad mejora de forma notable.
Un abrazo,
Elbire Arana
Psicóloga General Sanitaria
Colegiada M-42807
Por lo que describes, estás experimentando un cuadro de ansiedad social con síntomas de pánico, centrado especialmente en la situación de cruzarte con personas en la calle. La ansiedad aparece antes del encuentro, aumenta conforme se acercan, y se acompaña de pensamientos como “me están mirando”, “se dan cuenta de que estoy nervioso”. Esto activa respuestas físicas intensas: angustia, mareo, sensación de pérdida de control. Todo ello es muy coherente desde el punto de vista clínico.
Es importante aclarar algo clave:
El problema no es salir a la calle ni ver personas, sino la hipervigilancia constante y la autoobservación excesiva (“¿cómo camino?, ¿dónde miro?, ¿qué pensarán?”). Tu atención está totalmente volcada hacia ti mismo y hacia una posible amenaza social. Eso mantiene el círculo de la ansiedad.
Respecto a la exposición: es cierto que exponerse es necesario, pero no cualquier exposición es terapéutica. Salir todos los días sufriendo intensamente no siempre reduce la ansiedad; a veces la cronifica. Para que la exposición funcione, debe ir acompañada de:
- Trabajo con los pensamientos anticipatorios
- Reducción de conductas de seguridad (mirar al suelo, tensarte, evitar la mirada)
- Aprendizaje de regulación fisiológica
Algunas pautas iniciales que pueden ayudarte:
1. Cambiar el foco de atención:
En lugar de observarte a ti mismo, entrena llevar la atención hacia el exterior: colores, sonidos, edificios, temperatura. No se trata de distraerte para huir, sino de salir del “escáner interno” que alimenta la ansiedad.
2. Normalizar las sensaciones físicas:
Los mareos, la angustia o la sensación de “me voy a desmayar” son respuestas de ansiedad, no peligros reales. Repetirte mentalmente: “esto es ansiedad, es incómodo pero no peligroso” ayuda a que el sistema nervioso no escale.
3. Permitir la ansiedad, no luchar contra ella:
Cuanto más intentas que desaparezca, más fuerza toma. Paradójicamente, permitir que esté (“vale, ansiedad, estás aquí”) suele hacer que disminuya antes.
4. Revisar la creencia central:
La idea de “todo el mundo me mira” es una distorsión muy común en la ansiedad social. Las personas suelen estar más centradas en sí mismas que en los demás. El hecho de que alguien mire hacia otro lado no significa que te haya “detectado”, sino que probablemente esté siguiendo normas sociales automáticas.
5. Exposición guiada y gradual (no forzada):
No se trata de aguantarlo todo, sino de acercarte poco a poco a las situaciones más difíciles, con objetivos claros y manejables, y evaluando después lo que realmente ocurrió, no lo que temías que pasara.
Dado el nivel de malestar que describes y el impacto en tu vida (ganas de no salir de casa), mi recomendación profesional es que consultes con un psicólogo o psicoterapeuta especializado en ansiedad. Un tratamiento psicológico adecuado (especialmente terapia cognitivo-conductual o terapias de tercera generación como la Terapia de Aceptación y Compromiso y el Mindfulness) suele tener muy buenos resultados en estos casos. En algunos momentos, una valoración psiquiátrica puede complementar el proceso, pero no siempre es necesaria.
Quiero que te quedes con este mensaje:
No estás condenado a vivir así. Tu sistema nervioso está en alerta constante, pero puede reaprender a sentirse seguro. Con ayuda adecuada, este tipo de ansiedad mejora de forma notable.
Un abrazo,
Elbire Arana
Psicóloga General Sanitaria
Colegiada M-42807
Buenas tardes. Todos los síntomas que tu cuerpo manifiesta puedes llegar a controlarlos. Necesitas un psicólogo/a que te de pautas y investigue un poco sobre la raíz de esos comportamientos. Te recomiendo que hables con un experto y veras como trabajando en ello lo solucionas.
Saludos
Saludos
Hola, gracias por compartir lo que te ocurre. Lo que describes es una experiencia muy frecuente en los problemas de ansiedad social y tiene explicación psicológica. Cuando te cruzas con otras personas, tu mente entra en “modo alerta”, te centras mucho en ti mismo y en cómo te ven, y eso activa síntomas de ansiedad como angustia, mareo o sensación de pánico. Esa hipervigilancia hace que interpretes que los demás te miran o se ponen nerviosos, cuando en realidad suele tratarse de reacciones normales que la ansiedad amplifica.
Salir todos los días es positivo, pero la exposición no consiste solo en aguantar la situación. Si sales muy pendiente de tus sensaciones, intentando controlar la ansiedad o la mirada, el cerebro sigue aprendiendo que la situación es peligrosa. Para que la exposición funcione, es importante que primero aprendas técnicas de regulación emocional y que te expongas a estas situaciones de manera muy gradual. También es importante aprender a cambiar el foco de atención hacia el entorno o permitir que la ansiedad esté presente sin luchar contra ella...
También puede ayudarte cuestionar suavemente los pensamientos del tipo “todo el mundo me mira” y recordar que la ansiedad es muy molesta, pero no peligrosa, y tiende a bajar por sí sola si no la alimentamos. Con un trabajo gradual y bien guiado por un/a profesional, este tipo de dificultad puede mejorar de forma significativa.
Gracias por escribir y pedir orientación; es un paso importante. Un cordial saludo.
Salir todos los días es positivo, pero la exposición no consiste solo en aguantar la situación. Si sales muy pendiente de tus sensaciones, intentando controlar la ansiedad o la mirada, el cerebro sigue aprendiendo que la situación es peligrosa. Para que la exposición funcione, es importante que primero aprendas técnicas de regulación emocional y que te expongas a estas situaciones de manera muy gradual. También es importante aprender a cambiar el foco de atención hacia el entorno o permitir que la ansiedad esté presente sin luchar contra ella...
También puede ayudarte cuestionar suavemente los pensamientos del tipo “todo el mundo me mira” y recordar que la ansiedad es muy molesta, pero no peligrosa, y tiende a bajar por sí sola si no la alimentamos. Con un trabajo gradual y bien guiado por un/a profesional, este tipo de dificultad puede mejorar de forma significativa.
Gracias por escribir y pedir orientación; es un paso importante. Un cordial saludo.
Buenos días, encantado de saludarte.
Gracias por explicar con tanto detalle lo que te ocurre. Por lo que describes, parece que estás atravesando un problema de ansiedad social, donde el foco está muy puesto en cómo crees que los demás te perciben cuando caminas por la calle. Esto genera un estado de hipervigilancia muy intenso, y cuando el cuerpo entra en ese modo de alerta, aparecen síntomas como mareos, angustia o sensación de pánico.
Es importante que sepas que el hecho de salir todos los días no significa que la ansiedad vaya a desaparecer por sí sola. Cuando uno se expone estando muy pendiente de las sensaciones y de la mirada de los demás, el sistema nervioso no aprende que la situación es segura, sino que se mantiene en alerta.
Una parte clave del trabajo no es solo exponerse, sino aprender a regular la ansiedad en el momento y a cambiar el foco de atención. Por ejemplo, entrenar la mirada hacia el entorno (colores, sonidos, formas), llevar la atención al cuerpo de manera más amable, o trabajar las interpretaciones automáticas que aparecen (“me miran”, “estoy incomodando”).
Lo que te pasa tiene solución, pero suele requerir un acompañamiento terapéutico donde puedas aprender herramientas específicas para este tipo de ansiedad. No es un fallo tuyo ni falta de voluntad; es un patrón que se puede trabajar.
Técnicas de relajación como el Mindfulness o la Hipnosis Ericksoniana podrían serte de gran ayuda.
Espero haber sido de ayuda, te animo a probar estas técnicas con un profesional experto en estos temas. Si necesitas algo más no dudes en contactar conmigo.
Un saludo.
Gracias por explicar con tanto detalle lo que te ocurre. Por lo que describes, parece que estás atravesando un problema de ansiedad social, donde el foco está muy puesto en cómo crees que los demás te perciben cuando caminas por la calle. Esto genera un estado de hipervigilancia muy intenso, y cuando el cuerpo entra en ese modo de alerta, aparecen síntomas como mareos, angustia o sensación de pánico.
Es importante que sepas que el hecho de salir todos los días no significa que la ansiedad vaya a desaparecer por sí sola. Cuando uno se expone estando muy pendiente de las sensaciones y de la mirada de los demás, el sistema nervioso no aprende que la situación es segura, sino que se mantiene en alerta.
Una parte clave del trabajo no es solo exponerse, sino aprender a regular la ansiedad en el momento y a cambiar el foco de atención. Por ejemplo, entrenar la mirada hacia el entorno (colores, sonidos, formas), llevar la atención al cuerpo de manera más amable, o trabajar las interpretaciones automáticas que aparecen (“me miran”, “estoy incomodando”).
Lo que te pasa tiene solución, pero suele requerir un acompañamiento terapéutico donde puedas aprender herramientas específicas para este tipo de ansiedad. No es un fallo tuyo ni falta de voluntad; es un patrón que se puede trabajar.
Técnicas de relajación como el Mindfulness o la Hipnosis Ericksoniana podrían serte de gran ayuda.
Espero haber sido de ayuda, te animo a probar estas técnicas con un profesional experto en estos temas. Si necesitas algo más no dudes en contactar conmigo.
Un saludo.
Gracias por compartir lo que te ocurre. Lo que describes es totalmente comprensible y muy incómodo. Salir todos los días es un paso importante, pero si no permaneces en la situación el tiempo suficiente hasta que la sensación de malestar vaya bajando por sí sola, no se aprende que estar en la calle con ansiedad no es peligroso. Por eso los ataques pueden seguir apareciendo aunque te expongas regularmente.
Lo que suele ayudar es quedarte en la situación el tiempo necesario, dejando que la sensación esté presente sin intentar controlarla ni huir de ella. Poco a poco, tu cuerpo y tu mente pueden aprender que la ansiedad puede aparecer y desaparecer sin que eso impida que hagas lo que quieres.
En consulta se puede trabajar de manera práctica cómo manejar estas situaciones, sentir lo que aparece sin que te paralice y recuperar libertad para salir a la calle sin que la ansiedad decida por ti.
Lo que suele ayudar es quedarte en la situación el tiempo necesario, dejando que la sensación esté presente sin intentar controlarla ni huir de ella. Poco a poco, tu cuerpo y tu mente pueden aprender que la ansiedad puede aparecer y desaparecer sin que eso impida que hagas lo que quieres.
En consulta se puede trabajar de manera práctica cómo manejar estas situaciones, sentir lo que aparece sin que te paralice y recuperar libertad para salir a la calle sin que la ansiedad decida por ti.
Hola, gracias por explicarlo tan bien. Lo que describes encaja con ansiedad social, donde el foco está puesto en cómo te miran los demás y en el miedo a ser observado o evaluado. Esa hipervigilancia activa el cuerpo en modo alarma y aparecen los mareos, el pánico y la sensación de que “todos te miran”.
Aunque te expongas saliendo a diario, si no se trabaja cómo interpretas lo que ocurre y cómo respondes a esas sensaciones, la ansiedad se mantiene. La terapia cognitivo-conductual (TCC) es especialmente eficaz en estos casos: ayuda a reducir la atención excesiva sobre uno mismo, cuestionar esas interpretaciones y aprender a atravesar la exposición sin miedo.
Esto tiene tratamiento y se puede mejorar mucho. No es falta de voluntad, es ansiedad aprendida.
Un saludo,
Pilar Rapela, tu psicóloga amiga
Aunque te expongas saliendo a diario, si no se trabaja cómo interpretas lo que ocurre y cómo respondes a esas sensaciones, la ansiedad se mantiene. La terapia cognitivo-conductual (TCC) es especialmente eficaz en estos casos: ayuda a reducir la atención excesiva sobre uno mismo, cuestionar esas interpretaciones y aprender a atravesar la exposición sin miedo.
Esto tiene tratamiento y se puede mejorar mucho. No es falta de voluntad, es ansiedad aprendida.
Un saludo,
Pilar Rapela, tu psicóloga amiga
Lo que describes tiene coherencia psicológica y no es una queja vaga ni una percepción exagerada. Vivir en un entorno que cuestiona constantemente tu valor, tu forma de trabajar y tu autonomía acaba generando desgaste, aislamiento y estrés, incluso aunque vivas de manera independiente.
Algunas ideas clave para orientarte:
• Cuando el entorno no entiende el trabajo intelectual ni los tiempos que requiere, suele interpretar erróneamente la falta de ingresos inmediatos como “no hacer nada”. Eso no es una evaluación objetiva, es una lectura limitada que muchas veces se acompaña de culpa y control.
• Tener que justificarte continuamente y demostrar tu valor es especialmente agotador en personas con alta capacidad, y más aún si existe además alguna discapacidad o dificultad asociada. Esa combinación (lo que se llama doble excepcionalidad) suele ser poco comprendida fuera de contextos especializados.
• El aislamiento que sientes no es casual: aparece cuando una persona no encuentra un espacio donde su manera de pensar y funcionar sea validada.
Respecto a dónde acudir como persona adulta, fuera de la Seguridad Social:
1. Psicólogos/as privados especializados en:
• altas capacidades en adultos,
• neurodivergencia,
• doble excepcionalidad.
En consulta privada no hay un enfoque limitante ni tutelar, y se trabaja desde la autonomía personal, no desde el control.
2. Evaluación psicológica privada
Puedes solicitar una valoración completa (cognitiva y funcional) que no tenga como objetivo “etiquetarte”, sino entender tu perfil y ayudarte a protegerte del desgaste relacional y social.
3. Asociaciones de altas capacidades
Muchas incluyen adultos y pueden orientarte hacia profesionales formados en este enfoque, además de ofrecer espacios donde no tengas que explicarte todo el tiempo.
4. Terapia centrada en límites y contexto
Más que “arreglarte a ti”, lo que suele ser necesario es trabajar:
• límites con la familia,
• manejo de la culpa,
• protección de tu proyecto vital frente a entornos invalidantes.
Si lo deseas, puedes pedirme cita online para valorar tu caso con calma, explorar la posible doble excepcionalidad desde una mirada adulta y ayudarte a construir un espacio psicológico donde tu autonomía no sea cuestionada.
Algunas ideas clave para orientarte:
• Cuando el entorno no entiende el trabajo intelectual ni los tiempos que requiere, suele interpretar erróneamente la falta de ingresos inmediatos como “no hacer nada”. Eso no es una evaluación objetiva, es una lectura limitada que muchas veces se acompaña de culpa y control.
• Tener que justificarte continuamente y demostrar tu valor es especialmente agotador en personas con alta capacidad, y más aún si existe además alguna discapacidad o dificultad asociada. Esa combinación (lo que se llama doble excepcionalidad) suele ser poco comprendida fuera de contextos especializados.
• El aislamiento que sientes no es casual: aparece cuando una persona no encuentra un espacio donde su manera de pensar y funcionar sea validada.
Respecto a dónde acudir como persona adulta, fuera de la Seguridad Social:
1. Psicólogos/as privados especializados en:
• altas capacidades en adultos,
• neurodivergencia,
• doble excepcionalidad.
En consulta privada no hay un enfoque limitante ni tutelar, y se trabaja desde la autonomía personal, no desde el control.
2. Evaluación psicológica privada
Puedes solicitar una valoración completa (cognitiva y funcional) que no tenga como objetivo “etiquetarte”, sino entender tu perfil y ayudarte a protegerte del desgaste relacional y social.
3. Asociaciones de altas capacidades
Muchas incluyen adultos y pueden orientarte hacia profesionales formados en este enfoque, además de ofrecer espacios donde no tengas que explicarte todo el tiempo.
4. Terapia centrada en límites y contexto
Más que “arreglarte a ti”, lo que suele ser necesario es trabajar:
• límites con la familia,
• manejo de la culpa,
• protección de tu proyecto vital frente a entornos invalidantes.
Si lo deseas, puedes pedirme cita online para valorar tu caso con calma, explorar la posible doble excepcionalidad desde una mirada adulta y ayudarte a construir un espacio psicológico donde tu autonomía no sea cuestionada.
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