Siento que no puedo más, quiero a mi novio,llevamos 10 años pero cada vez tengo menos ganas de tener

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Siento que no puedo más, quiero a mi novio,llevamos 10 años pero cada vez tengo menos ganas de tener relaciones con él, esto lo llevamos arrastrando ya mucho tiempo, cuanto más insiste y se queja de la falta de relaciones, menos me apetece a mi, he pasado de gustarme a verlo como una obligación , me siento fatal pues hasta fingo que quiero por miedo a las malas caras y sobre todo a que me deje y luego me siento fatal.Y muchas veces tengo que pensar en otras personas para poder excitarme. Siento que le estoy engañando y que debería cortar si ya no me atrae, pero por otra parte le quiero. Cuando pienso que me va a dejar entonces me vuelve a atraer.Y daría todo por que las cosas volviesen a ser como antes.Creo que me estoy volviendo loca.Y no soy capaz de tomar una decisión. Estoy en un estado de ansiedad continua.
Siento mucho que estés viviendo esto así, porque lo que describes es muy desgastante emocionalmente. Y quiero empezar quitándote una carga importante de encima: no te estás volviendo loca. Lo que te ocurre tiene mucho sentido cuando se mira con calma.

Lo que cuentas es un círculo muy frecuente en relaciones largas: cuanto más se vive el sexo desde la presión, la queja o el miedo a perder al otro, menos deseo aparece. El deseo no responde bien a la obligación ni al miedo; al contrario, suele apagarse. Por eso no es raro que hayas pasado de sentir ganas a vivirlo como una exigencia, y que eso te genere rechazo, culpa y ansiedad a la vez.

Fingir deseo para evitar conflictos o malas caras es algo que muchas personas hacen por amor y por miedo… pero tiene un coste muy alto para ti. Poco a poco deja de ser un espacio de conexión y pasa a ser algo que pesa, que se anticipa con tensión. Y entonces aparece la culpa, la sensación de estar engañando, el miedo a perderlo y, paradójicamente, cuando imaginas que te va a dejar, el deseo reaparece. No porque todo esté resuelto, sino porque el deseo vuelve cuando desaparece la presión.

Eso no significa que no lo quieras. Significa que ahora mismo tu sistema emocional está atrapado entre dos fuerzas muy fuertes: el amor y el apego por un lado, y la ansiedad y la obligación por otro. Y desde ahí es normal sentirse bloqueada, incapaz de decidir y en un estado de alerta casi constante.

Pensar en otras personas para excitarte tampoco te convierte en una mala pareja. Suele ser una señal de que tu mente está intentando escapar de la presión, no necesariamente de tu novio. El problema no es solo la atracción, sino el contexto emocional en el que se está dando la intimidad.

Algo importante: no tienes que tomar una decisión definitiva ahora mismo. Decidir desde la ansiedad casi siempre lleva a más dolor. Antes de preguntarte “¿sigo o corto?”, suele ser más útil preguntarte:
1. ¿Qué ha pasado con mi deseo a lo largo del tiempo?
2. ¿Cuánto de lo que siento tiene que ver con presión, miedo o culpa?
3. ¿Qué necesitaría yo para volver a sentirme libre dentro de la relación?

Este tipo de situaciones se pueden trabajar, y mucho. A veces en terapia individual, a veces también en terapia de pareja, no para forzar el deseo, sino para entenderlo, quitarle peso, reconstruir la intimidad y ayudarte a decidir sin miedo. Trabajo habitualmente con personas que llegan exactamente con esta mezcla de amor, culpa, ansiedad y bloqueo, y cuando se entiende el proceso, el alivio suele ser grande, incluso antes de tener todas las respuestas.

No estás fallando como pareja ni como persona. Estás pidiendo auxilio desde el cansancio. Y eso merece ser escuchado y acompañado, no juzgado.

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Lo que comentas genera mucha angustia y desgaste emocional, y es comprensible que te sientas confundida y agotada cuando llevas tanto tiempo sosteniendo esta situación. No estás loca ni hay nada “mal” en ti: cuando el deseo se vive desde la presión, el miedo o la obligación, suele aparecer justo lo que estás sintiendo ahora.
Fingir, forzarte o vivir las relaciones desde el miedo a que te deje acaba aumentando la ansiedad y el malestar, y te va alejando cada vez más de lo que tú necesitas. En este momento, más que tomar una decisión inmediata, puede ser importante parar, mirarte a ti y entender qué te está pasando, sin culparte.
Buscar ayuda puede ayudarte a aliviar la ansiedad, explorar tus emociones y recuperar un espacio seguro donde pensar con calma qué quieres y qué necesitas, sin exigencias ni prisas. Acompañada puedes enfrentarte a esta situacion sintiendote mas tranquila y cuidada, no tienes porque pasar por esto sola.
Hola,

Lo que describes es mucho más común de lo que parece y no significa que estés “volviéndote loca”. Cuando el deseo empieza a vivirse como una obligación, especialmente bajo presión, miedo a perder a la pareja o culpa, es muy frecuente que el cuerpo responda apagándose. El deseo no funciona bien cuando hay exigencia, ansiedad o amenaza de abandono; de hecho, cuanto más se fuerza, más se bloquea, y se entra en un círculo muy desgastante.
Es importante diferenciar amor, apego y deseo. Puedes querer profundamente a tu pareja y, al mismo tiempo, estar atrapada en una dinámica que ha deteriorado la vivencia sexual. Fingir, acceder por miedo o usar fantasías como “salvavidas” suele aumentar la culpa y la desconexión contigo misma, pero no te convierte en una mala persona ni implica que estés engañando; habla más bien de que estás intentando sostener algo que te genera mucho sufrimiento.
Antes de tomar decisiones drásticas, sería muy recomendable trabajar esto en terapia, idealmente en un espacio donde se aborden tanto el deseo sexual como la ansiedad, la culpa y la dinámica de presión dentro de la pareja. En muchos casos, cuando se reduce la exigencia, se revisan los miedos y se mejora la comunicación, el deseo puede reaparecer de otra forma. Pedir ayuda no es rendirse, es cuidar de ti y de la relación.

Un saludo,
David
lo que te ocurre es más frecuente de lo que parece cuando una relación se va cargando de presión, miedo y culpa alrededor del sexo.

El deseo sexual no funciona por obligación ni por exigencia. Cuando una persona siente que “tiene que” tener relaciones para evitar enfados, malas caras o el miedo a que la dejen, el deseo suele disminuir todavía más. Es una reacción natural del cuerpo y de la mente: la presión apaga la excitación. El sexo deja de vivirse como algo elegido y pasa a sentirse como una responsabilidad, y eso genera rechazo, culpa y bloqueo.

Fingir que quieres o forzarte para no perder a la otra persona también termina afectando mucho a tu autoestima. Poco a poco puedes empezar a desconectarte de lo que realmente sientes y a vivir las relaciones desde el miedo, no desde el deseo. Eso no es engañar a tu pareja, es una señal de que estás intentando sobrevivir emocionalmente a una situación que te supera.

También es importante entender que querer a alguien y sentir deseo no siempre van de la mano de forma automática. Puedes querer profundamente a tu pareja y, al mismo tiempo, sentir que el deseo se ha visto afectado por la dinámica que se ha creado entre vosotros. Que solo te vuelva la atracción cuando temes perderle habla más del miedo al abandono y de la ansiedad que del amor en sí. Es como si tu sistema emocional se activara por la amenaza, no por la conexión.

Ahora mismo no parece que el problema sea “decidir si le dejas o no”, sino parar y escucharte sin presión: qué necesitas, qué límites te gustaría poner, cómo te gustaría vivir tu sexualidad y tu relación sin sentirte obligada. Tomar decisiones importantes desde un estado de ansiedad constante suele llevar a más confusión. Primero hay que bajar ese nivel de angustia y reconectar contigo.

Buscar apoyo psicológico puede ayudarte a entender mejor lo que te está pasando, trabajar el miedo a la pérdida, la culpa y aprender a comunicar tus necesidades sin forzarte. Mereces una relación donde el afecto y el deseo nazcan del bienestar, no del miedo.
Primero que nada, respira profundo. No te estás volviendo loca. Como terapeuta de pareja y sexóloga, te aseguro que lo que estás viviendo es mucho más común de lo que imaginas, especialmente en relaciones de larga duración (10 años es un ciclo vital importante).

Estás atrapada en lo que llamamos el "Círculo de la Aversión Sexual", y la ansiedad que sientes es el resultado de intentar forzar un deseo que no puede nacer bajo presión.

Aquí te explico, desde la ciencia y la terapia, qué le está pasando a tu cuerpo y a tu mente:

1. La presión es el "antídoto" del deseo
El deseo sexual necesita libertad y misterio. Cuando tu novio insiste, se queja o pone "malas caras", el sexo deja de ser un espacio de placer y se convierte en una tarea pendiente o un examen que debes aprobar.

El resultado: Tu cerebro empieza a ver el sexo como una amenaza, no como algo disfrutable. Por eso, cuanto más te lo pide él, más se "apaga" tu cuerpo como mecanismo de defensa.

2. El peligro de fingir (y el costo emocional)
Fingir es una forma de auto-traición. Al hacerlo por miedo a que te deje, estás enseñándole a tu cerebro que tu propio placer no importa y que el sexo es un "pago" para mantener la estabilidad. Esto genera un sentimiento de culpa y suciedad interna que alimenta tu ansiedad.

Pensar en otras personas: No te sientas culpable por esto. Es un recurso que tu mente usa para escapar de una situación que le resulta agobiante (la relación real) y buscar la excitación en un entorno seguro y de fantasía.

3. La paradoja: "¿Por qué me atrae cuando siento que me va a dejar?"
Esto tiene una explicación psicológica clara: la ansiedad del apego. Cuando sientes que la relación peligra, se activa tu sistema de apego. El miedo a la pérdida genera una descarga de adrenalina y dopamina que tu cerebro confunde con atracción sexual. No es que el deseo haya vuelto por arte de magia, es que el instinto de no quedarte sola está "hackeando" tu líbido.

¿Qué pasos puedes dar?
Esta situación es agotadora, pero tiene solución si dejas de intentar "arreglarte" a ti misma como si fueras un objeto roto.

Honestidad radical: Es vital dejar de fingir. La relación no puede sanar sobre una mentira. Necesitas comunicarle que la presión y las quejas están bloqueando tu respuesta física.

Separar el cariño del deseo: Quererlo mucho (apego) no garantiza desearlo (erotismo). Son canales diferentes y a veces necesitan mantenimiento distinto.

Terapia especializada: En casos como el tuyo, la terapia de pareja o la sexología clínica son fundamentales para romper el ciclo de la obligación y redescubrir el erotismo sin miedos.

Como especialista en estos procesos, puedo acompañarte a entender si esta falta de deseo es un síntoma de una crisis de pareja más profunda o simplemente un bloqueo sexual que podemos desbloquear juntos. No tienes que tomar la decisión de cortar o seguir hoy mismo, primero necesitas recuperar tu tranquilidad.

Si sientes que la ansiedad te está superando y necesitas un espacio privado para hablar de esto sin sentirte juzgada, puedes reservar una cita conmigo a través de esta plataforma. A veces, poner palabras a lo que sentimos frente a un profesional es el primer paso para que el aire vuelva a entrar en los pulmones.
Gracias por confiar algo tan delicado. Lo primero: no estás loca. Lo que describes es mucho más frecuente de lo que imaginas y tiene sentido psicológico.

En relaciones largas, el deseo no suele desaparecer porque “ya no quieras”, sino porque se va mezclando con otras cosas: presión, miedo, culpa, obligación, inseguridad… Y el deseo no funciona bien bajo esas condiciones. Cuando el sexo pasa de ser un espacio de conexión a convertirse en una exigencia, el cuerpo suele responder con bloqueo. No es falta de amor, es un mecanismo de protección.

El círculo que describes es muy claro:
él insiste → tú te sientes presionada → disminuye tu deseo → finges para evitar conflicto → te sientes mal contigo → aumenta la ansiedad → el deseo cae aún más.
Ahí el problema ya no es solo sexual, sino emocional y relacional.

No estás fallando como pareja. Estás pidiendo ayuda desde el cuerpo y la emoción. Y eso, lejos de ser un problema, es una oportunidad de comprenderte mejor y decidir con más calma y coherencia contigo.

Si quieres, este es un tema que se puede abordar en terapia individual o de pareja, y suele tener mucho recorrido cuando se hace con acompañamiento adecuado.
Lo que describes es muy angustiante, pero no es raro ni significa que estés “loca”. Estás atrapada en un círculo de ansiedad, culpa y miedo al abandono que acaba afectando directamente al deseo sexual.

Algunos puntos importantes para entender lo que te está pasando:
• El deseo no funciona bajo presión. Cuando el sexo pasa de ser algo elegido a vivirse como una obligación (para evitar discusiones, malas caras o que te deje), el cuerpo responde con bloqueo. Cuanta más insistencia hay por su parte, menos espacio tiene tu deseo para aparecer.
• Fingir por miedo daña mucho. No porque seas mala pareja, sino porque te desconecta de ti misma y refuerza la sensación de estar traicionándote. Eso suele aumentar la ansiedad y la aversión al encuentro íntimo.
• Pensar en otras personas para excitarte no significa que no le quieras. Suele ser un recurso mental para escapar de la presión y poder responder sexualmente, no necesariamente un deseo real de engañar.
• El vaivén que describes (“cuando temo que me deje, vuelve la atracción”) es muy típico de relaciones donde el vínculo se sostiene más desde el miedo a perder que desde la tranquilidad. No es amor falso, es amor mezclado con inseguridad.
• Quererle y no desearle ahora mismo pueden coexistir. El deseo fluctúa y, en contextos de ansiedad mantenida, suele desaparecer aunque el amor siga ahí.

Ahora mismo no estás en condiciones emocionales de tomar una decisión clara, porque estás en un estado de alerta constante. Decidir desde la ansiedad casi siempre lleva a más sufrimiento.

Lo más importante no es decidir ya si seguir o romper, sino detener esta dinámica:
• poder hablar de lo que te pasa sin culpa ni reproches,
• sacar el sexo del lugar de obligación,
• trabajar tu miedo a que te abandonen,
• y revisar si la relación puede transformarse en algo más seguro para ti.

Este es un tema que conviene trabajar en terapia, a veces de forma individual y, si ambos lo desean, también en pareja. No para “forzarte a desear”, sino para recuperar tu libertad interna y decidir desde la calma.

Si lo deseas, puedes pedirme cita online y lo vemos con más profundidad, paso a paso. Hay salida a lo que estás viviendo, aunque ahora lo sientas como un nudo imposible.
 Laura Monaco
Psicólogo
Premià de Mar
Hola. La falta de deseo sexual puede deberse a diferentes factores. Te sugiero en primer lugar, consultar con tu médica para descartar algo orgánico, o asociado a cuestiones hormonales, según la edad.
Hacer una consulta psicológica para revisar con mayor profundidad los motivos, tus miedos, ansiedad y todas aquellas emociones y pensamientos, para lograr una mayor claridad.
Hola, gracias por compartir lo que te está pasando.
Como psicóloga clínica sanitaria te puedo decir que lo que describes es muy frecuente cuando el deseo se mezcla con presión, miedo a perder a la pareja y ansiedad. El deseo no funciona por obligación: cuanto más exigido o vigilado se siente, más se bloquea. No te estás volviendo loca, estás atrapada entre el querer y el miedo.

Fingir, forzarte o sentirte culpable suele aumentar el rechazo y la ansiedad, y eso no significa que no le quieras, sino que el vínculo se ha cargado de tensión. Antes de tomar decisiones drásticas, es importante entender qué está apagando el deseo (presión, dinámica de pareja, autoestima, miedo al abandono).

Busca ayuda profesional. La terapia psicológica cognitivo‑conductual (y, si es posible, terapia de pareja o sexual) puede ayudarte a reducir la ansiedad, salir del bucle culpa‑obligación‑rechazo y clarificar qué necesitas realmente, sin hacerlo desde el pánico.

Esto puede trabajarse y mejorar. No estás sola.

Un saludo.

Pilar Rapela
"Tu psicóloga amiga"
 Victor de Paz Centeno
Psicólogo, Terapeuta complementario
Madrid
Lo que describes es bastante coherente con una dinámica presión/evitación. Cuanto más presión hay, menos deseo aparece. Y cuando el sexo entra en la categoría de obligación, la respuesta sexual se inhibe.

Además, si empiezas a asociar el encuentro con malas caras o miedo a perder la relación, el cuerpo aprende a activar alerta, no deseo (un bucle).

Quizá habría que revisar qué necesitas tú para que el deseo vuelva a activarse (menos presión, más conexión, más juego, más libertad). Y también revisar si fingir está alimentando el problema, porque refuerza la idea de que “todo va bien” cuando internamente no es así.

El deseo suele aumentar cuando baja la exigencia y aumenta la conexión.

Si crees que lo que te menciono tiene sentido y puede ayudarte, puedes entrar en mi perfil y reservar una primera reunión de valoración de 15/20 minutos para revisar tu caso. Es gratuita y sin compromiso.
Hola, gracias por tu consulta!
Lo que describes es una situación habitual en relaciones largas y, aunque ahora la estés viviendo con mucha angustia, no significa que estés “loca” ni que no quieras a tu pareja. Al contrario: se nota que te importa y que estás atrapada en un conflicto interno muy doloroso.

Hay varios elementos importantes en lo que cuentas:

- Deseo y presión no conviven bien.
Cuando el sexo pasa de ser un espacio de encuentro a vivirse como una obligación, el deseo suele disminuir aún más. La insistencia, las quejas o el miedo a perder a la pareja activan ansiedad, no deseo. Y la ansiedad es uno de los mayores inhibidores de la excitación sexual.

- El círculo que se ha creado es comprensible, pero desgastante.
Cuanto menos deseo sientes --> más presión percibes --> menos ganas aparecen --> más culpa y miedo --> más bloqueo. Fingir para evitar conflictos puede aliviar a corto plazo, pero a largo plazo suele aumentar el rechazo y el malestar emocional.

- Querer a alguien no siempre va de la mano del deseo sexual sostenido.
El amor, el apego y la atracción no son lo mismo, y pueden moverse de forma distinta a lo largo del tiempo. El hecho de que tu deseo reaparezca cuando temes perderle sugiere que el miedo a la ruptura y al abandono está jugando un papel importante, más que una atracción libre y espontánea.

- Fantasear con otras personas no te convierte en mala pareja.
Es una estrategia frecuente cuando hay bloqueo del deseo dentro de la relación. No es tanto un engaño como una señal de que algo no está pudiendo expresarse o cuidarse en vuestra intimidad.

- La ansiedad constante es una señal de alarma, no una condena.
Indica que estás forzándote emocionalmente, viviendo desde el miedo y la culpa, y no desde la elección.

Antes de tomar decisiones drásticas como romper, suele ser muy recomendable parar, entender qué está pasando y cuidar lo que te ocurre a ti. Trabajar estos temas en terapia individual o de pareja puede ayudar a:

- Explorar el origen de la pérdida de deseo.
- Diferenciar amor, miedo y dependencia emocional.
- Aprender a comunicar lo que te pasa sin culpa ni imposición.
- Recuperar (o no) el deseo desde un lugar más libre y honesto.

A veces el deseo puede reconstruirse; otras, el proceso ayuda a tomar decisiones con más claridad y menos angustia. Pero hacerlo sola, desde la presión interna, suele aumentar el sufrimiento.

Un abrazo
Lo que describes es una situación muy angustiante y más frecuente de lo que suele decirse. La disminución del deseo en relaciones largas suele estar muy ligada a la presión, el miedo a perder a la pareja y la vivencia del sexo como obligación, y eso, lejos de aumentar el deseo, lo bloquea aún más. Fingir, acceder por miedo o sentir culpa genera un círculo de ansiedad que acaba desconectándote de tu propio cuerpo y de lo que realmente deseas.

Que le quieras y, al mismo tiempo, no sientas deseo sexual ahora mismo no significa que estés engañando ni que estés “loca”. Significa que algo en la dinámica de la relación y en tu estado emocional necesita ser atendido. El deseo no se recupera desde la exigencia ni desde el miedo, sino desde la seguridad, la comunicación y el trabajo personal. Antes de tomar decisiones drásticas, es importante entender qué te está pasando, qué necesitas y qué límites puedes poner sin culpa.

Un proceso terapéutico puede ayudarte a reducir la ansiedad, aclarar tus sentimientos, trabajar el deseo sexual y acompañarte a decidir con más calma y coherencia contigo misma. Puedo acompañarte en consulta presencial en Tres Cantos (Madrid), a domicilio en Madrid Norte o en línea, para ayudarte a salir de este bloqueo y recuperar bienestar, independientemente de la decisión que finalmente tomes.

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