Tengo un problema con mi niña de 3 años en las noches casi a la misma hora todos los dias empieza a
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Tengo un problema con mi niña de 3 años en las noches casi a la misma hora todos los dias empieza a llorar desesperadamente y por mas que agamos el padre y yo no la logramos tranquilizar que podemos hacer estamos desesperados
Es común que los niños pequeños tengan episodios de llanto intenso por la noche ligados a emociones o dificultades para autorregularse, y establecer rutinas tranquilas ayuda mucho. Sin embargo, también es importante descartar causas médicas, como molestias físicas, focos irritativos o posibles condiciones neurológicas, especialmente si el llanto es muy repetitivo y difícil de calmar. Por eso, junto con el acompañamiento psicológico infantil, recomiendo consultar al pediatra para un chequeo completo. En terapia, trabajamos con las familias para ofrecer apoyo emocional y estrategias personalizadas que mejoren el bienestar del niño y de todo el entorno familiar.
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Por el hecho de que se produzca a la misma hora, está relacionado con el estadio de sueño en que se encuentra.Puede ser que padezca terrores nocturnos y para saber si es así, podéis fijaros si parece que está despierta pero no está receptiva y puede llorar o temblar pero no escucha ni se calma con vuestras voces. Podéis , tranquilizarla hablando despacio o acurrucándola y saber que dura unos minutos y vuelve a dormirse. Por la mañana no recordará nada. Generalmente es evolutivo y cuando madura su sistema nervioso, alrededor de los 5 años tiende a desaparecer de forma natural.
Espero que os sirva de ayuda
Espero que os sirva de ayuda
Seguro que un profesional de la psicología especializado en infantil les va a ayudar mucho. Hay altibajos con el sueño a estas edades que sin bien son fáciles de tratar por nosotros pueden inquietar e incluso angustiar mucho desde la maternidad y la paternidad. Pero hay que hacer anamnesis en consulta, tomar detalles, cada persona es única y esa es la manera de ayudar de un modo eficiente. Acudan. Un abrazo
Entiendo lo difícil y angustiante que puede ser ver a tu hija de 3 años llorar de esa manera. Lo que describes : episodios a una hora parecida, con llanto intenso y sin lograr calmarla, suena mucho a lo que llamamos terrores nocturnos.
Es importante diferenciarlo de una pesadilla. En una pesadilla, los niños suelen despertarse, pueden contar lo que soñaron y buscan consuelo, aceptando abrazos o palabras tranquilizadoras. En cambio, en los terrores nocturnos sucede otra cosa: el niño parece estar despierto, pero en realidad sigue dormido; no reconoce a sus padres y no responde a intentos de consuelo. Aunque los padres lo viven con mucha angustia, lo cierto es que el niño no recuerda nada al día siguiente.
Cuando ocurre un episodio, lo más recomendable es no intentar despertarla. Puede parecer extraño, pero despertarla puede aumentar su confusión y hacer que el momento dure más. Lo mejor es asegurarse de que esté en un espacio seguro, acompañarla con calma y esperar a que pase. Estos episodios suelen durar pocos minutos, aunque a los padres se les hagan eternos.
Para prevenir que ocurran con tanta frecuencia, ayuda mucho mantener rutinas claras de sueño: acostarla siempre a la misma hora, asegurarse de que duerma lo suficiente, evitar pantallas o juegos muy estimulantes antes de dormir y crear un momento tranquilo (un cuento, una canción, luz tenue). En algunos casos, cuando el episodio ocurre siempre a la misma hora, se puede probar despertarla suavemente unos minutos antes y volver a acostarla; a veces eso basta para “romper el ciclo”.
Es buena idea hablar con el pediatra si estos episodios ocurren muchas veces por semana, si duran más de media hora, si hay riesgo de que se lastime o si aparecen otros síntomas como convulsiones, problemas al respirar o mucho sueño durante el día.
Es importante diferenciarlo de una pesadilla. En una pesadilla, los niños suelen despertarse, pueden contar lo que soñaron y buscan consuelo, aceptando abrazos o palabras tranquilizadoras. En cambio, en los terrores nocturnos sucede otra cosa: el niño parece estar despierto, pero en realidad sigue dormido; no reconoce a sus padres y no responde a intentos de consuelo. Aunque los padres lo viven con mucha angustia, lo cierto es que el niño no recuerda nada al día siguiente.
Cuando ocurre un episodio, lo más recomendable es no intentar despertarla. Puede parecer extraño, pero despertarla puede aumentar su confusión y hacer que el momento dure más. Lo mejor es asegurarse de que esté en un espacio seguro, acompañarla con calma y esperar a que pase. Estos episodios suelen durar pocos minutos, aunque a los padres se les hagan eternos.
Para prevenir que ocurran con tanta frecuencia, ayuda mucho mantener rutinas claras de sueño: acostarla siempre a la misma hora, asegurarse de que duerma lo suficiente, evitar pantallas o juegos muy estimulantes antes de dormir y crear un momento tranquilo (un cuento, una canción, luz tenue). En algunos casos, cuando el episodio ocurre siempre a la misma hora, se puede probar despertarla suavemente unos minutos antes y volver a acostarla; a veces eso basta para “romper el ciclo”.
Es buena idea hablar con el pediatra si estos episodios ocurren muchas veces por semana, si duran más de media hora, si hay riesgo de que se lastime o si aparecen otros síntomas como convulsiones, problemas al respirar o mucho sueño durante el día.
Es habitual que a los 3 años aparezcan episodios de llanto nocturno relacionados con terrores, pesadillas o dificultad para regular el sueño. Mantener rutinas tranquilas y un ambiente seguro suele ayudar. Si los episodios persisten, te recomiendo acudir a un especialista para valorar juntos estrategias específicas para acompañar a vuestra hija.
Hola! La verdad es que haría falta más información para saber qué está ocurriendo exactamente, porque no es lo mismo que los episodios aparezcan mientras la niña ya está dormida, que mientras se está preparando para dormir o aún está despierta. La forma de acompañarla cambia mucho según la situación.
Si ocurre cuando ya está dormida y se despierta llorando sin poder calmarse, podría tratarse de un terrores nocturnos. En este caso, un profesional tendría que evaluar la situación y hacer un diagnóstico. En esos casos la niña no está completamente despierta, no responde al consuelo habitual y lo más recomendable es acompañar con calma sin intentar despertarla ni razonar, esperando a que el episodio pase.
Si ocurre antes de dormirse o estando despierta (por ejemplo, durante la rutina de noche), entonces puede estar relacionado con miedo, ansiedad de separación o dificultad para regularse, entre otros motivos, y ahí sí suele ayudar más el contacto, el abrazo, la contención emocional y una rutina predecible.
En cualquier caso, cuando estos episodios se repiten casi a diario y generan tanta angustia en la familia, es importante consultar con el pediatra para descartar causas médicas y, si es necesario, con un psicólogo infantil que valore el contexto, las rutinas de sueño y el momento evolutivo de la niña. Acompañarla con presencia tranquila, sin enfado ni prisa por “calmarla”, siempre será una base segura. Espero haberte ayudado. Un abrazo!
Si ocurre cuando ya está dormida y se despierta llorando sin poder calmarse, podría tratarse de un terrores nocturnos. En este caso, un profesional tendría que evaluar la situación y hacer un diagnóstico. En esos casos la niña no está completamente despierta, no responde al consuelo habitual y lo más recomendable es acompañar con calma sin intentar despertarla ni razonar, esperando a que el episodio pase.
Si ocurre antes de dormirse o estando despierta (por ejemplo, durante la rutina de noche), entonces puede estar relacionado con miedo, ansiedad de separación o dificultad para regularse, entre otros motivos, y ahí sí suele ayudar más el contacto, el abrazo, la contención emocional y una rutina predecible.
En cualquier caso, cuando estos episodios se repiten casi a diario y generan tanta angustia en la familia, es importante consultar con el pediatra para descartar causas médicas y, si es necesario, con un psicólogo infantil que valore el contexto, las rutinas de sueño y el momento evolutivo de la niña. Acompañarla con presencia tranquila, sin enfado ni prisa por “calmarla”, siempre será una base segura. Espero haberte ayudado. Un abrazo!
Hola.
Lo que describes encaja con terrores nocturnos, un tipo de trastorno del sueño muy frecuente y generalmente benigno en niños de 3 años, aunque angustie muchísimo a la familia.
Qué son y por qué ocurren:
•Los terrores nocturnos son despertares parciales en los que el niño llora, grita, parece aterrorizado, pero sigue profundamente dormido y no es consciente de lo que pasa.
•Son más comunes entre los 3 y 7 años, suelen aparecer casi siempre a la misma hora (en las primeras 2–3 horas de sueño) y tienden a desaparecer solos con la edad.
•Se relacionan con la inmadurez del sistema nervioso central, el cansancio, cambios de rutina, fiebre o estrés, y a veces con antecedentes familiares de terrores nocturnos o sonambulismo.
Qué hacer durante el episodio:
•Mantener la calma y permanecer cerca, asegurando que la niña no se haga daño (barandilla, retirar objetos duros, no dejarla deambular sola).
•No intentar despertarla a la fuerza: suele ser muy difícil, la confunde más y puede prolongar el episodio; lo habitual es que se calme y vuelva a dormirse en pocos minutos.
•Hablarle con voz suave, frases cortas, o abrazarla si lo permite, guiándola con delicadeza si se levanta, preferiblemente de vuelta a su cama.
Cómo reducir la frecuencia
•Cuidar la higiene del sueño: horario regular, evitar que se acueste demasiado cansada, adelantar la hora de dormir 20–30 minutos si llega muy agotada al final del día.
•Rutina tranquila todas las noches: baño tibio, cuento, luz tenue, sin pantallas ni juegos excitantes al menos 1 hora antes de dormir.
•Reducir factores de estrés diurno: cambios importantes, miedos, exceso de actividades; hablar de sus miedos durante el día, no en el momento del episodio.
Pedid cita con el pediatra (o neuropediatra / unidad de sueño) si:
•Los episodios son muy frecuentes (varias veces por semana), duran más de 20–30 minutos o la niña está muy cansada o irritable durante el día.
•Observáis movimientos raros (sacudidas rítmicas, rigidez, babeo abundante) que hagan pensar en crisis epilépticas, o si hay ronquidos fuertes o pausas de respiración al dormir (podría haber apnea del sueño).
•Empezaran a una edad muy diferente (mucho antes de los 3 o de repente en la adolescencia) o hubiera cambios bruscos de comportamiento.
En urgencias se debe acudir si durante los episodios se hace daño o casi se cae, tiene dificultad para respirar, fiebre muy alta o un cambio de color (azulada/pálida).
Qué podéis hacer ya mismo:
•Esta misma noche:
•Preparar la habitación para que sea segura por si se incorpora o intenta bajarse de la cama.
•No encender todas las luces ni “despertarla del todo”; acompañarla, sujetarla suavemente y esperar a que pase, aunque llore fuerte (sabéis que para ella es más angustia al verlo que para la niña, que no suele recordar nada).
•Esta semana:
•Llevar un “diario del sueño” unos días: hora de acostarse, hora aproximada del episodio, duración, qué hizo, si hubo fiebre o un día especialmente intenso.
•Comentarlo con su pediatra llevando ese registro y, si podéis, un pequeño vídeo de un episodio, que ayuda mucho al diagnóstico.
Aunque ahora estéis desesperados, la evidencia indica que la gran mayoría de los niños superan por completo los terrores nocturnos y no se asocian con problemas psicológicos graves a largo plazo.
Un saludo.
Pedro.
Lo que describes encaja con terrores nocturnos, un tipo de trastorno del sueño muy frecuente y generalmente benigno en niños de 3 años, aunque angustie muchísimo a la familia.
Qué son y por qué ocurren:
•Los terrores nocturnos son despertares parciales en los que el niño llora, grita, parece aterrorizado, pero sigue profundamente dormido y no es consciente de lo que pasa.
•Son más comunes entre los 3 y 7 años, suelen aparecer casi siempre a la misma hora (en las primeras 2–3 horas de sueño) y tienden a desaparecer solos con la edad.
•Se relacionan con la inmadurez del sistema nervioso central, el cansancio, cambios de rutina, fiebre o estrés, y a veces con antecedentes familiares de terrores nocturnos o sonambulismo.
Qué hacer durante el episodio:
•Mantener la calma y permanecer cerca, asegurando que la niña no se haga daño (barandilla, retirar objetos duros, no dejarla deambular sola).
•No intentar despertarla a la fuerza: suele ser muy difícil, la confunde más y puede prolongar el episodio; lo habitual es que se calme y vuelva a dormirse en pocos minutos.
•Hablarle con voz suave, frases cortas, o abrazarla si lo permite, guiándola con delicadeza si se levanta, preferiblemente de vuelta a su cama.
Cómo reducir la frecuencia
•Cuidar la higiene del sueño: horario regular, evitar que se acueste demasiado cansada, adelantar la hora de dormir 20–30 minutos si llega muy agotada al final del día.
•Rutina tranquila todas las noches: baño tibio, cuento, luz tenue, sin pantallas ni juegos excitantes al menos 1 hora antes de dormir.
•Reducir factores de estrés diurno: cambios importantes, miedos, exceso de actividades; hablar de sus miedos durante el día, no en el momento del episodio.
Pedid cita con el pediatra (o neuropediatra / unidad de sueño) si:
•Los episodios son muy frecuentes (varias veces por semana), duran más de 20–30 minutos o la niña está muy cansada o irritable durante el día.
•Observáis movimientos raros (sacudidas rítmicas, rigidez, babeo abundante) que hagan pensar en crisis epilépticas, o si hay ronquidos fuertes o pausas de respiración al dormir (podría haber apnea del sueño).
•Empezaran a una edad muy diferente (mucho antes de los 3 o de repente en la adolescencia) o hubiera cambios bruscos de comportamiento.
En urgencias se debe acudir si durante los episodios se hace daño o casi se cae, tiene dificultad para respirar, fiebre muy alta o un cambio de color (azulada/pálida).
Qué podéis hacer ya mismo:
•Esta misma noche:
•Preparar la habitación para que sea segura por si se incorpora o intenta bajarse de la cama.
•No encender todas las luces ni “despertarla del todo”; acompañarla, sujetarla suavemente y esperar a que pase, aunque llore fuerte (sabéis que para ella es más angustia al verlo que para la niña, que no suele recordar nada).
•Esta semana:
•Llevar un “diario del sueño” unos días: hora de acostarse, hora aproximada del episodio, duración, qué hizo, si hubo fiebre o un día especialmente intenso.
•Comentarlo con su pediatra llevando ese registro y, si podéis, un pequeño vídeo de un episodio, que ayuda mucho al diagnóstico.
Aunque ahora estéis desesperados, la evidencia indica que la gran mayoría de los niños superan por completo los terrores nocturnos y no se asocian con problemas psicológicos graves a largo plazo.
Un saludo.
Pedro.
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