Tengo una niña de cuatro años y medio, cuando tenía 6 meses su padre ingresó en prisión, desde hace
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Tengo una niña de cuatro años y medio, cuando tenía 6 meses su padre ingresó en prisión, desde hace cinco meses él sale de permiso tres días al mes, aunque hablaba con él por teléfono a diario desde que le ve en los permisos en persona y en casa he notado grandes cambios en su conducta, llora muy fácilmente y de pronto se pone a reír, me reta, miente, insulta a su padre cuando no estoy delante, amenaza.. y cuando su padre se va llora mucho porque dice que ella quiere a su papi, intento hablar con ella pero me dice que no sabe que le pasa ni porque se porta así que nadie la quiere, que está muy nerviosa... sería recomendable llevarla al psicólogo o debería esperar un tiempo? Me da miedo que más cambios no le vayan bien y con el tiempo quizá normaliza la situación pero no me gustaría si necesita algún tipo de apoyo extra no saber cómo dárselo
Por lo que describes, lo que le está pasando a tu hija es comprensible para su edad y para la situación que está viviendo. A los cuatro años y medio los niños aún no saben explicar bien lo que sienten, pero sí lo expresan con la conducta. La vuelta del padre, aunque sea en permisos cortos, supone para ella una mezcla muy intensa de alegría, ilusión, miedo, enfado y frustración, todo a la vez.
Que llore con facilidad, pase rápido del llanto a la risa, desafíe, mienta o diga que nadie la quiere no indica que esté “mal”, sino que está desbordada emocionalmente. Quiere a su padre, pero cada vez que aparece también vuelve a desaparecer, y eso genera mucha tensión interna. Su conducta es una forma de decir “no sé qué hacer con todo esto”.
No es contradictorio que lo insulte cuando él no está y que luego llore cuando se va: ambas cosas pueden convivir. Amor y enfado suelen ir juntos en situaciones de separación y pérdida.
Respecto a tu duda: no es necesario “esperar a que empeore” para consultar. Una orientación psicológica infantil en este momento no significa medicalizar ni hacer cambios bruscos, sino ayudarte a ti a entender qué necesita y darle a ella un espacio seguro donde poder expresar lo que aún no sabe poner en palabras. En muchos casos basta con pocas sesiones de acompañamiento y pautas para casa.
Mientras tanto, puede ayudarle mucho:
Validar lo que siente (“veo que estás muy nerviosa / triste”) sin pedirle explicaciones.
Evitar preguntas insistentes sobre por qué se porta así.
Anticiparle siempre cuándo verá a su padre y cuándo se irá, con un lenguaje sencillo.
Transmitirle claramente que no es culpa suya lo que ocurre y que está querida.
Tu preocupación ya es una forma de cuidado. Pedir apoyo ahora puede prevenir que ese malestar se cronifique y, lejos de hacerle daño, suele ser un factor de protección.
Que llore con facilidad, pase rápido del llanto a la risa, desafíe, mienta o diga que nadie la quiere no indica que esté “mal”, sino que está desbordada emocionalmente. Quiere a su padre, pero cada vez que aparece también vuelve a desaparecer, y eso genera mucha tensión interna. Su conducta es una forma de decir “no sé qué hacer con todo esto”.
No es contradictorio que lo insulte cuando él no está y que luego llore cuando se va: ambas cosas pueden convivir. Amor y enfado suelen ir juntos en situaciones de separación y pérdida.
Respecto a tu duda: no es necesario “esperar a que empeore” para consultar. Una orientación psicológica infantil en este momento no significa medicalizar ni hacer cambios bruscos, sino ayudarte a ti a entender qué necesita y darle a ella un espacio seguro donde poder expresar lo que aún no sabe poner en palabras. En muchos casos basta con pocas sesiones de acompañamiento y pautas para casa.
Mientras tanto, puede ayudarle mucho:
Validar lo que siente (“veo que estás muy nerviosa / triste”) sin pedirle explicaciones.
Evitar preguntas insistentes sobre por qué se porta así.
Anticiparle siempre cuándo verá a su padre y cuándo se irá, con un lenguaje sencillo.
Transmitirle claramente que no es culpa suya lo que ocurre y que está querida.
Tu preocupación ya es una forma de cuidado. Pedir apoyo ahora puede prevenir que ese malestar se cronifique y, lejos de hacerle daño, suele ser un factor de protección.
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Primeramente, gracias por compartir tu situación. Los cambios que observas en tu hija son comprensibles dada su edad y la complejidad emocional que supone ver a su padre solo algunos días al mes. Es posible que esté viviendo sentimientos encontrados (tristeza, nervios, enfado, confusión...) y todavía no sabe expresarlo, por lo que se manifiestan a través de esas conductas.
En estos casos es importante mantener rutinas, validar lo que siente, ofrecer espacios de juego y expresión, y marcar límites con calma cuando esos comportamientos no sean aceptables. Aun así, sí puede ser positivo para tu hija solicitar atención profesional. No supone añadir más cambios, sino brindarle un apoyo seguro y orientaros como familia para acompañarla mejor, no es necesario que exista un problema grave o muy evidente para que un profesional de la psicología os asesore y os acompañe en este momento vital que, al menos para ella, es confuso.
La intervención temprana puede ayudar a que se sienta más comprendida y a prevenir que el malestar se prolongue.
En estos casos es importante mantener rutinas, validar lo que siente, ofrecer espacios de juego y expresión, y marcar límites con calma cuando esos comportamientos no sean aceptables. Aun así, sí puede ser positivo para tu hija solicitar atención profesional. No supone añadir más cambios, sino brindarle un apoyo seguro y orientaros como familia para acompañarla mejor, no es necesario que exista un problema grave o muy evidente para que un profesional de la psicología os asesore y os acompañe en este momento vital que, al menos para ella, es confuso.
La intervención temprana puede ayudar a que se sienta más comprendida y a prevenir que el malestar se prolongue.
A los 4 años y medio los niños ya sienten emociones intensas, pero todavía no saben nombrarlas ni regularlas bien. En el caso de tu hija, se juntan varios factores muy potentes:
La ausencia prolongada del padre desde que era bebé.
La construcción de la figura del padre primero a través del teléfono (segura, controlada, previsible).
Y ahora, desde hace cinco meses, encuentros presenciales que activan mucho vínculo… pero también separaciones repetidas (tres días juntos → se va otra vez).
Esto suele generar lo que llamamos una ambivalencia emocional:
Lo quiere mucho → pero también siente rabia porque se va.
Está contenta cuando viene → pero muy triste y desregulada cuando se va.
No sabe expresar todo eso → y sale en forma de conductas: retos, mentiras, insultos, amenazas, cambios bruscos de ánimo.
Cuando ella dice:
“Nadie me quiere”
“Estoy muy nerviosa”
“No sé qué me pasa”
en realidad está diciendo: “lo que siento es demasiado grande para mí”.
¿Es normal que aparezcan estas conductas?
Sí. Son esperables en este contexto, pero eso no significa que haya que ignorarlas. Son señales de que necesita ayuda para elaborar lo que está viviendo.
Especialmente importantes son:
Los cambios bruscos de emoción (llorar y reír de golpe).
La desregulación tras las visitas.
La verbalización de que nadie la quiere.
No indican un trastorno, pero sí un malestar emocional real.
¿Esperar o acudir a un/a psicólogo/a infantil?
Mi recomendación profesional es clara y tranquila:
Sí, sería muy recomendable acudir a un/a psicólogo/a infantil ahora, no porque esté “mal”, sino para prevenir.
Algunas ideas importantes para tranquilizarte:
No la va a desestabilizar más. Al contrario, le dará un espacio seguro.
No implica medicación ni etiquetas.
Muchas veces bastan pocas sesiones de juego terapéutico y orientación a los padres.
Cuanto antes se acompaña, menos se cronifican las dificultades.
Esperar “a ver si se normaliza” puede funcionar en algunos niños, pero cuando:
hay cambios conductuales claros,
hay mucho sufrimiento tras las separaciones,
y ella misma expresa que está nerviosa y no entiende lo que le pasa,
el apoyo extra es un regalo, no un riesgo.
Qué puedes hacer tú mientras tanto
Ya estás haciendo mucho, pero te dejo algunas pautas que suelen ayudar:
Validar sin corregir:
“Entiendo que estés muy enfadada y muy triste cuando papi se va.”
Evitar frases como “no pasa nada” o “ya se te pasará”.
Poner palabras por ella:
“A veces cuando queremos mucho a alguien y se va, sentimos rabia y ganas de portarnos mal.”
Separar emoción de conducta:
“Está bien sentir enfado, pero no está bien insultar.”
Mantener rutinas muy estables los días antes y después de las visitas.
Anticipar la despedida:
Decir claramente cuándo se va, cuándo volverá a hablar con ella, qué pasará después.
Un mensaje importante para ti
Tu miedo a “hacerle más cambios” habla de una madre muy cuidadosa.
Pero la terapia infantil no es un cambio brusco, es un espacio de sostén.
Buscar ayuda no significa que estés fallando, significa exactamente lo contrario: que estás escuchando a tu hija.
La ausencia prolongada del padre desde que era bebé.
La construcción de la figura del padre primero a través del teléfono (segura, controlada, previsible).
Y ahora, desde hace cinco meses, encuentros presenciales que activan mucho vínculo… pero también separaciones repetidas (tres días juntos → se va otra vez).
Esto suele generar lo que llamamos una ambivalencia emocional:
Lo quiere mucho → pero también siente rabia porque se va.
Está contenta cuando viene → pero muy triste y desregulada cuando se va.
No sabe expresar todo eso → y sale en forma de conductas: retos, mentiras, insultos, amenazas, cambios bruscos de ánimo.
Cuando ella dice:
“Nadie me quiere”
“Estoy muy nerviosa”
“No sé qué me pasa”
en realidad está diciendo: “lo que siento es demasiado grande para mí”.
¿Es normal que aparezcan estas conductas?
Sí. Son esperables en este contexto, pero eso no significa que haya que ignorarlas. Son señales de que necesita ayuda para elaborar lo que está viviendo.
Especialmente importantes son:
Los cambios bruscos de emoción (llorar y reír de golpe).
La desregulación tras las visitas.
La verbalización de que nadie la quiere.
No indican un trastorno, pero sí un malestar emocional real.
¿Esperar o acudir a un/a psicólogo/a infantil?
Mi recomendación profesional es clara y tranquila:
Sí, sería muy recomendable acudir a un/a psicólogo/a infantil ahora, no porque esté “mal”, sino para prevenir.
Algunas ideas importantes para tranquilizarte:
No la va a desestabilizar más. Al contrario, le dará un espacio seguro.
No implica medicación ni etiquetas.
Muchas veces bastan pocas sesiones de juego terapéutico y orientación a los padres.
Cuanto antes se acompaña, menos se cronifican las dificultades.
Esperar “a ver si se normaliza” puede funcionar en algunos niños, pero cuando:
hay cambios conductuales claros,
hay mucho sufrimiento tras las separaciones,
y ella misma expresa que está nerviosa y no entiende lo que le pasa,
el apoyo extra es un regalo, no un riesgo.
Qué puedes hacer tú mientras tanto
Ya estás haciendo mucho, pero te dejo algunas pautas que suelen ayudar:
Validar sin corregir:
“Entiendo que estés muy enfadada y muy triste cuando papi se va.”
Evitar frases como “no pasa nada” o “ya se te pasará”.
Poner palabras por ella:
“A veces cuando queremos mucho a alguien y se va, sentimos rabia y ganas de portarnos mal.”
Separar emoción de conducta:
“Está bien sentir enfado, pero no está bien insultar.”
Mantener rutinas muy estables los días antes y después de las visitas.
Anticipar la despedida:
Decir claramente cuándo se va, cuándo volverá a hablar con ella, qué pasará después.
Un mensaje importante para ti
Tu miedo a “hacerle más cambios” habla de una madre muy cuidadosa.
Pero la terapia infantil no es un cambio brusco, es un espacio de sostén.
Buscar ayuda no significa que estés fallando, significa exactamente lo contrario: que estás escuchando a tu hija.
¡Muy buenos días!
Respecto a tu pregunta, considero que sería muy recomendable el poder visitar con un psicólogo infantil, para que este evalúe los vínculos de tu hija y ver como la podríais acompañar en este proceso. Los psicólogos infantiles trabajamos mayoritariamente a través de juegos adaptados a la personalidad, gustos y edades de los niños/niñas, para así poder evaluar el caso. Muchos casos el mal comportamiento de los niños es una respuesta al malestar.
Si después de la evaluación, el psicólogo considera que es un proceso "dentro de la normalidad" y que con el tiempo mejorará, seguro que os dará algunas pautas para facilitar la situación.
¡Espero que resulte de ayuda mi respuesta! :)
Respecto a tu pregunta, considero que sería muy recomendable el poder visitar con un psicólogo infantil, para que este evalúe los vínculos de tu hija y ver como la podríais acompañar en este proceso. Los psicólogos infantiles trabajamos mayoritariamente a través de juegos adaptados a la personalidad, gustos y edades de los niños/niñas, para así poder evaluar el caso. Muchos casos el mal comportamiento de los niños es una respuesta al malestar.
Si después de la evaluación, el psicólogo considera que es un proceso "dentro de la normalidad" y que con el tiempo mejorará, seguro que os dará algunas pautas para facilitar la situación.
¡Espero que resulte de ayuda mi respuesta! :)
Gracias por tus palabras. Lo que describes es comprensible y coherente con la situación que está viviendo tu hija, a su edad aún no dispone de recursos para entender ni regular emociones tan intensas y contradictorias como la alegría de ver a su padre, el enfado y la tristeza por las separaciones repetidas o el miedo a que vuelva a irse, y todo ese desbordamiento emocional suele expresarse a través de la conducta, con cambios bruscos de humor, retos, palabras duras o mensajes como “nadie me quiere”, que no son manipulación sino señales de malestar. Por ello, más que esperar a que el tiempo lo normalice, sería recomendable una valoración psicológica infantil desde un enfoque preventivo y de acompañamiento, no porque haya algo grave, sino para ofrecerle un espacio seguro donde pueda expresar lo que aún no sabe poner en palabras y para darte a ti herramientas que te ayuden a sostenerla con mayor tranquilidad, ya que una intervención temprana suele ser protectora y no implica necesariamente más cambios, sino mayor comprensión y regulación emocional.
Gracias por compartir con tanto detalle lo que está pasando. Por lo que describes, tu hija está viviendo una situación muy intensa: la separación prolongada de su padre, sus permisos breves y la confusión emocional que esto genera son factores que pueden ser muy difíciles de procesar para una niña de 4 años y medio. Los cambios que notas en su conducta —llanto frecuente, cambios de humor, retos, expresiones de enojo, sentimientos de que “nadie la quiere”— pueden apuntar a que está experimentando ansiedad, frustración y confusión emocional.
Aunque los niños tienen gran capacidad de resiliencia y adaptación, estos comportamientos muestran que está necesitando apoyo externo para aprender a manejar sus emociones de manera saludable. Esperar “a ver si se normaliza” podría ser arriesgado, porque estos patrones podrían consolidarse o aumentar el malestar emocional y conductual.
Llevarla a un psicólogo infantil sería recomendable porque un profesional puede:
Ayudarla a expresar lo que siente y ponerle palabras a sus emociones.
Enseñarle estrategias de regulación emocional adecuadas a su edad.
Orientarte a ti como madre sobre cómo responder a sus retos y comportamientos sin que se sienta insegura o culpable.
Evaluar si hay otros factores que estén influyendo en su conducta y cómo intervenir de manera temprana.
Además, el hecho de que ella misma diga “no sé qué me pasa” y se sienta muy nerviosa es una señal de que está sobrecargada emocionalmente y necesita ayuda para comprender y gestionar sus sentimientos.
En resumen: no esperes a que “se normalice sola”; un acompañamiento profesional puede marcar la diferencia para que su adaptación sea más saludable y menos angustiante, y especialmente te dará herramientas a ti para apoyarla mejor.
Aunque los niños tienen gran capacidad de resiliencia y adaptación, estos comportamientos muestran que está necesitando apoyo externo para aprender a manejar sus emociones de manera saludable. Esperar “a ver si se normaliza” podría ser arriesgado, porque estos patrones podrían consolidarse o aumentar el malestar emocional y conductual.
Llevarla a un psicólogo infantil sería recomendable porque un profesional puede:
Ayudarla a expresar lo que siente y ponerle palabras a sus emociones.
Enseñarle estrategias de regulación emocional adecuadas a su edad.
Orientarte a ti como madre sobre cómo responder a sus retos y comportamientos sin que se sienta insegura o culpable.
Evaluar si hay otros factores que estén influyendo en su conducta y cómo intervenir de manera temprana.
Además, el hecho de que ella misma diga “no sé qué me pasa” y se sienta muy nerviosa es una señal de que está sobrecargada emocionalmente y necesita ayuda para comprender y gestionar sus sentimientos.
En resumen: no esperes a que “se normalice sola”; un acompañamiento profesional puede marcar la diferencia para que su adaptación sea más saludable y menos angustiante, y especialmente te dará herramientas a ti para apoyarla mejor.
Buenas tardes,
Lo que estás observando tiene mucho sentido si miramos la situación desde el mundo emocional de tu hija. Para una niña de cuatro años y medio, la presencia intermitente del padre, después de tanto tiempo sin convivencia real, es un movimiento muy intenso. Pasa de tenerlo como una figura más “imaginada” a tenerlo físicamente en casa y luego volver a perderlo cada mes. Eso genera una mezcla de ilusión, enfado, miedo y tristeza que a su edad no puede ordenar bien.
Los cambios que describes, llanto fácil, risa repentina, desafío, mentiras, insultos cuando él no está, amenazas, y después mucho llanto cuando se va, son compatibles con ambivalencia afectiva. Lo quiere y al mismo tiempo está enfadada por las ausencias. Cuando dice que nadie la quiere o que está muy nerviosa, en realidad está expresando desregulación emocional, no una verdad literal.
No parece prudente simplemente “esperar a que se normalice”. Aunque algunos niños se ajustan con el tiempo, aquí ya hay señales claras de que está desbordada. Un acompañamiento psicológico infantil no significa que haya algo grave, sino que puede ofrecerle un espacio seguro para elaborar lo que está viviendo y ayudaros a vosotros a manejar mejor las transiciones.
Cuanto antes se interviene en este tipo de situaciones relacionales complejas, más fácil es prevenir que el malestar se cronifique. No se trata de alarmarse, sino de cuidar.
Tu intuición de que quizá necesita apoyo es valiosa. Escúchala.
Un saludo.
Lo que estás observando tiene mucho sentido si miramos la situación desde el mundo emocional de tu hija. Para una niña de cuatro años y medio, la presencia intermitente del padre, después de tanto tiempo sin convivencia real, es un movimiento muy intenso. Pasa de tenerlo como una figura más “imaginada” a tenerlo físicamente en casa y luego volver a perderlo cada mes. Eso genera una mezcla de ilusión, enfado, miedo y tristeza que a su edad no puede ordenar bien.
Los cambios que describes, llanto fácil, risa repentina, desafío, mentiras, insultos cuando él no está, amenazas, y después mucho llanto cuando se va, son compatibles con ambivalencia afectiva. Lo quiere y al mismo tiempo está enfadada por las ausencias. Cuando dice que nadie la quiere o que está muy nerviosa, en realidad está expresando desregulación emocional, no una verdad literal.
No parece prudente simplemente “esperar a que se normalice”. Aunque algunos niños se ajustan con el tiempo, aquí ya hay señales claras de que está desbordada. Un acompañamiento psicológico infantil no significa que haya algo grave, sino que puede ofrecerle un espacio seguro para elaborar lo que está viviendo y ayudaros a vosotros a manejar mejor las transiciones.
Cuanto antes se interviene en este tipo de situaciones relacionales complejas, más fácil es prevenir que el malestar se cronifique. No se trata de alarmarse, sino de cuidar.
Tu intuición de que quizá necesita apoyo es valiosa. Escúchala.
Un saludo.
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