Preguntas de pacientes (94)
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mi fantasia mas exitante cuando me masturbo es con imagenes de mi mujer teniendo relaciones y orgasm
mi fantasia mas exitante cuando me masturbo es con imagenes de mi mujer teniendo relaciones y orgasmos con otra persona conocida, como un compañero de trabajo o su medico. Es esto insano, me produce placer y a veces culpa, o como se puede interpretar
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Tener una fantasía sexual en la que imaginas a tu mujer teniendo relaciones con otra persona no significa automáticamente que sea algo insano ni que quieras que ocurra en la realidad. En sexualidad es importante diferenciar entre fantasía, deseo y conducta.
La fantasía es un espacio mental donde pueden aparecer escenas que excitan precisamente porque son intensas, prohibidas, transgresoras o emocionalmente cargadas. Muchas personas fantasean con situaciones que no necesariamente querrían vivir en la realidad. Una fantasía puede excitar por la idea de ver a la pareja deseada por otros, por la sensación de “riesgo”, por los celos erotizados, por el morbo de lo prohibido o por imaginar el placer de la otra persona. Eso no significa que ames menos a tu pareja ni que la relación esté mal.
El deseo, en cambio, implica preguntarse si realmente querrías llevar algo a la práctica, en qué condiciones, con qué límites y qué consecuencias emocionales tendría. Y la conducta sería hacerlo realmente, lo cual ya requiere consentimiento claro, acuerdos, comunicación y cuidado emocional de todas las personas implicadas.
Que en la fantasía aparezcan personas conocidas, como un compañero de trabajo o un médico, tampoco significa necesariamente que quieras que ocurra con esas personas concretas. A veces la mente usa figuras conocidas porque aportan realismo, autoridad, comparación, celos o intensidad erótica. Pero eso no implica que sea adecuado trasladarlo a la realidad ni involucrar a personas reales sin consentimiento.
La culpa suele aparecer cuando la fantasía choca con tus valores, con la idea de posesividad, con el miedo a ser “raro” o con la creencia de que fantasear con esto significa que deseas perder a tu pareja. Pero una fantasía no define por completo quién eres ni lo que quieres vivir. Puedes sentir placer imaginándolo y, al mismo tiempo, no querer que ocurra realmente.
Lo importante es observar cómo te afecta. Si es una fantasía que aparece en la masturbación, te excita y luego puedes seguir con tu vida y tu relación con normalidad, no tiene por qué ser preocupante. Si empieza a volverse obsesiva, te genera mucho malestar, afecta a tu deseo con tu pareja, necesitas imaginarlo siempre para excitarte o te impulsa a presionarla para hacer algo que ella no desea, entonces sí convendría trabajarlo.
Si en algún momento quisieras hablarlo con tu mujer, sería importante hacerlo con delicadeza, sin imponerlo como una necesidad ni presentarlo como algo que ella tenga que cumplir. Puedes decirlo desde el plano de la fantasía: “Hay una fantasía que me excita, no significa que quiera obligarte a nada ni que tenga que ocurrir, pero me gustaría poder hablar de ello sin que te sientas presionada”. Y después escuchar cómo lo vive ella.
En resumen: no, una fantasía así no es necesariamente insana. Puede ser una expresión del deseo erótico, del morbo, de los celos erotizados o de imaginar el placer de tu pareja. Lo importante es diferenciar fantasía de realidad, no juzgarte automáticamente por lo que imaginas y, si algún día se habla o se explora, que sea siempre desde el consentimiento, el respeto y la libertad de ambos.
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A mi marido le gusta que le haga sexo oral pero al parecer no le gusta tener sexo conmigo mucho meno
A mi marido le gusta que le haga sexo oral pero al parecer no le gusta tener sexo conmigo mucho menos penetrarme
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Entiendo que esta situación pueda hacerte sentir rechazada, confundida o incluso utilizada. Que a tu marido le guste recibir sexo oral pero evite tener relaciones sexuales contigo o penetrarte puede doler mucho, porque no se vive solo como una preferencia sexual, sino como una posible falta de deseo, de intimidad o de reciprocidad.
No necesariamente significa que no le gustes o que no te desee, pero sí es algo que necesita hablarse. Puede haber muchas causas: ansiedad de rendimiento, dificultad de erección, miedo a no cumplir, cansancio, estrés, consumo de pornografía, hábito a una forma concreta de estimulación, baja libido, conflictos de pareja, vergüenza, problemas médicos o simplemente una dinámica sexual que se ha vuelto cómoda para él y poco satisfactoria para ti.
Lo importante es que la sexualidad en pareja no debería girar solo alrededor del placer de una persona. Si tú sientes que él recibe pero no busca tu placer, tu deseo o tu intimidad, es comprensible que te duela. El sexo oral puede formar parte de una relación sexual sana, pero no debería convertirse en una obligación ni en la única práctica si a ti te deja con sensación de vacío, rechazo o desigualdad.
Sería recomendable hablarlo fuera del momento sexual, con calma y sin acusarlo, pero siendo clara. Por ejemplo: “Me doy cuenta de que te gusta que te haga sexo oral, pero yo me estoy sintiendo poco deseada y echo de menos que también busques intimidad conmigo. Necesito entender qué está pasando”. La idea no es exigir penetración, sino abrir una conversación honesta sobre deseo, miedo, placer y conexión.
También puedes preguntarle directamente si hay algo que le preocupe: si tiene dificultad para mantener la erección, si siente presión, si evita la penetración por inseguridad, si ha perdido deseo o si hay algo emocional entre vosotros que no se está hablando. A veces los hombres evitan el tema por vergüenza y eso termina generando más distancia.
Al mismo tiempo, cuida tus límites. No estás obligada a practicar sexo oral si tú te sientes usada, no deseada o si luego tus necesidades quedan ignoradas. Puedes decir: “Me gusta complacerte, pero también necesito sentirme deseada y cuidada sexualmente”.
Si esto se repite y no podéis hablarlo sin que él lo niegue, lo minimice o se cierre, sería muy recomendable acudir a terapia de pareja o sexología. Y si hay dificultades de erección, eyaculación, deseo o cambios recientes, también convendría una valoración médica o urológica.
En resumen: no saques conclusiones rápidas sobre tu atractivo o tu valor. Pero tampoco ignores cómo te hace sentir. La cuestión no es solo si hay penetración o no, sino si existe deseo compartido, comunicación, cuidado y reciprocidad sexual.
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Porque con las mujeres que estado nunca me an dicho que la mía es más grande y siempre me dicen que
Porque con las mujeres que estado nunca me an dicho que la mía es más grande y siempre me dicen que el otro o otros conquien an Estado la tienen más grande que yo
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Entiendo que escuchar ese tipo de comentarios puede doler mucho y afectar directamente a la seguridad, la autoestima y la forma en que vives tu sexualidad. Compararse con parejas anteriores suele generar inseguridad, especialmente cuando la comparación se centra en el tamaño del pene.
Es importante decir algo con claridad: el valor sexual de un hombre no se mide por el tamaño de su pene. La satisfacción sexual depende de muchos factores: deseo, conexión, confianza, comunicación, caricias, ritmo, atención al placer de la otra persona, seguridad, complicidad y capacidad de escuchar. Reducirlo todo al tamaño suele ser una idea muy limitada y, muchas veces, muy dañina.
También conviene preguntarse en qué contexto te dicen eso. Si una pareja te compara con otros hombres para hacerte sentir menos, humillarte o generar inseguridad, eso no es una comunicación sana. Una cosa es hablar de gustos o necesidades sexuales con respeto, y otra muy distinta es usar comparaciones que hieren.
Es posible que esos comentarios hayan activado una preocupación más profunda: “¿seré suficiente?”, “¿podré satisfacer?”, “¿me van a comparar siempre?”. Cuando aparece esa inseguridad, puede afectar al deseo, a la erección, a la confianza y al disfrute, porque la atención deja de estar en el placer y se coloca en comprobar si “das la talla”.
Te ayudaría intentar separar tu autoestima de esas comparaciones. Puedes preguntarte: ¿mis parejas me lo dicen con respeto o como crítica?, ¿yo estoy disfrutando o estoy todo el tiempo evaluándome?, ¿me siento valorado en la relación?, ¿puedo hablar de sexualidad sin sentirme atacado?
Si estás con alguien que te importa, podrías expresarlo de forma clara: “Cuando me comparas con otras personas, me siento inseguro y herido. Si hay algo que te gusta o necesitas en la intimidad, prefiero que lo hablemos con respeto, no desde la comparación”.
Desde la sexología, si hay preocupación persistente por el tamaño, miedo al rendimiento o ansiedad sexual, puede ser muy útil trabajarlo con un/a psicólogo/a-sexólogo/a. No para convencerte con frases vacías, sino para recuperar seguridad, desmontar ideas rígidas sobre masculinidad y aprender a vivir la sexualidad desde el placer, no desde la comparación.
En resumen: que alguien haya estado con hombres con un pene más grande no significa que tú valgas menos ni que no puedas ser un buen amante. La sexualidad no se mide solo en centímetros. Si una relación te hace sentir constantemente comparado, pequeño o insuficiente, también conviene revisar si esa relación te está cuidando emocionalmente.
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Quiero tener sexo anal, lo mejor es usar condon y algun lubricante? o solamente con el condon esta b
Quiero tener sexo anal, lo mejor es usar condon y algun lubricante? o solamente con el condon esta bien?
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Para practicar sexo anal de forma más segura y cómoda, lo recomendable es usar siempre preservativo y lubricante. El preservativo ayuda a reducir el riesgo de infecciones de transmisión sexual, y el lubricante es especialmente importante porque la zona anal no lubrica de forma natural.
Usar solo preservativo puede no ser suficiente, ya que la fricción puede provocar dolor, pequeñas heridas o incluso favorecer que el preservativo se rompa. Lo ideal es utilizar un lubricante de base acuosa o de silicona, aplicarlo en cantidad suficiente y reaplicarlo si es necesario. Hay que evitar aceites, vaselina o cremas grasas si se usa preservativo de látex, porque pueden dañarlo.
También es importante ir despacio, que haya comunicación y que no se fuerce la penetración. Si aparece dolor intenso, sangrado o mucha incomodidad, conviene parar. El sexo anal no debería vivirse como algo que hay que aguantar, sino como una práctica consensuada, cuidada y respetuosa con el cuerpo.
Si después se desea pasar de sexo anal a vaginal u oral, es importante cambiar el preservativo para evitar infecciones. Y si no hay pareja estable o no existen pruebas recientes de infecciones de transmisión sexual, el uso del preservativo es especialmente recomendable.
En resumen: para sexo anal, mejor preservativo y lubricante. Es una forma más segura, cómoda y responsable de practicarlo.
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Me siento una persona heterosexual..hace mas de 15 años no he tenido contacto sexual con mi espisa d
Me siento una persona heterosexual..hace mas de 15 años no he tenido contacto sexual con mi espisa debido a barias enfermefades que ella padece y esto permitió separarnos de cama y poco a poco se fue perdiendo la ayraccion sexual hacia ella.. poco a poco el amor se ha disminuido, pero el cariño hacia los dos continua.. despues de un tiempo se ha optado tener relaciones pasajeras con otros hombres.. y tambien masturbacion observando paginas de sexo homo y heterosexuales de hombres.. qué puedo hacer ante esto.?
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Lo que describes merece ser abordado con calma y sin juzgarte. Una cosa es cómo te has identificado durante tu vida (por ejemplo, como heterosexual) y otra es que, en una etapa marcada por la falta de intimidad con tu esposa, la distancia emocional, la enfermedad, la ausencia de sexualidad y la soledad, hayan aparecido otras formas de deseo, curiosidad o búsqueda sexual.
Tener relaciones con hombres o masturbarte viendo contenido homosexual y heterosexual no obliga necesariamente a ponerte una etiqueta inmediata. Puede hablar de bisexualidad, curiosidad, deseo situacional, necesidad de contacto, búsqueda de excitación o una parte de tu sexualidad que quizá no habías explorado antes. La orientación sexual no siempre se vive de forma rígida, y lo importante no es correr a definirte, sino entender qué significa para ti y cómo quieres vivirlo de forma honesta y responsable.
También es importante mirar el contexto de pareja. Llevas muchos años sin contacto sexual con tu esposa por enfermedades y con una separación progresiva de cama, deseo y vínculo erótico. Eso puede generar duelo, frustración, culpa, desconexión, necesidad de afecto y búsqueda de intimidad fuera de la relación. Que siga existiendo cariño entre vosotros no significa que la relación sexual siga viva, y reconocerlo puede ser doloroso, pero también necesario.
La pregunta importante no es solo “qué soy”, sino “qué necesito hacer con esto”. Sería recomendable que reflexiones sobre varios aspectos: si estas relaciones pasajeras están acordadas o son ocultas, si te generan bienestar o culpa, si estás cuidando tu salud sexual, si sigues queriendo sostener el vínculo con tu esposa y de qué manera, y si necesitas hablar con ella sobre la realidad de la relación actual.
Si no existe un acuerdo de pareja, mantener relaciones fuera puede aumentar la culpa y dañar más el vínculo si se descubre. 
También es fundamental cuidar la salud sexual. Si mantienes relaciones con otras personas, usa preservativo, realiza pruebas periódicas de infecciones de transmisión sexual y evita exponerte desde la impulsividad o la culpa.
Desde la sexología, podría ayudarte mucho acudir a terapia individual o de pareja. No para que alguien te diga si eres heterosexual, bisexual u homosexual, sino para ordenar lo que sientes, revisar tu deseo, trabajar la culpa, entender qué lugar ocupa tu esposa en tu vida y decidir cómo quieres vivir tu sexualidad de una forma coherente con tus valores.
En resumen: lo que te ocurre no te convierte en una mala persona ni tiene por qué vivirse desde la vergüenza. Pero sí requiere honestidad contigo mismo, cuidado de tu salud sexual y claridad sobre el vínculo con tu esposa. El objetivo no es etiquetarte rápido, sino tomar decisiones responsables, respetuosas y más tranquilas para ti y para la relación.
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Estoy casada hace 3 años y no puedo tener mi primera vez. Tengo un miedo extremo. Mi marido y yo hem
Estoy casada hace 3 años y no puedo tener mi primera vez. Tengo un miedo extremo. Mi marido y yo hemos intentado de todo pero no es posible, el siempre fue y es paciente y me comprende, pero cuanto más pasa el tiempo me siento más deprimida siento que no puedo cumplir en esta área del matrimonio, mi esposo me dice que por el esta bien que se siente satisfecho de cómo lo hacemos y que puede esperar cuanto sea necesario pero a mi me gano la tristeza de estar en esta situación.
Jamás hemos llegado ni que sea un poco de lo que es la penetracion.
Que puedo hacer ? A quien puedo recurrir por ayuda ?RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Siento mucho que estés viviendo esta situación con tanta tristeza. Lo primero que me gustaría decirte es que no estás fallando como esposa ni tienes que “cumplir” sexualmente a través de la penetración. La sexualidad en pareja no se reduce a eso, y de hecho parece que tu marido está siendo paciente y cuidadoso contigo, algo muy importante.
Lo que describes podría estar relacionado con miedo intenso a la penetración, ansiedad anticipatoria, bloqueo corporal, vaginismo o lo que actualmente se conoce como trastorno de dolor genito-pélvico/penetración. Esto no significa que haya algo “mal” en ti, sino que tu cuerpo puede estar reaccionando con tensión, cierre o defensa ante algo que percibe como amenazante, aunque racionalmente quieras intentarlo.
Cuanto más se intenta desde la presión, más puede reforzarse el miedo. A veces el cuerpo aprende: “penetración = peligro, dolor, obligación o fracaso”, y entonces se activa antes incluso de que ocurra. Por eso es importante dejar de plantearlo como una prueba que hay que superar y empezar a trabajarlo de forma gradual, segura y acompañada.
Sería recomendable acudir a una ginecóloga para descartar causas físicas, dolor, alteraciones hormonales, infecciones, problemas anatómicos o cualquier factor que pueda estar influyendo. También puede ayudarte mucho una fisioterapeuta especializada en suelo pélvico, porque puede valorar si hay tensión involuntaria de la musculatura y enseñarte a relajar, conocer y recuperar confianza en esa zona.
Además, sería muy útil trabajar con una psicóloga-sexóloga. En terapia se puede abordar el miedo, la ansiedad, las creencias sobre la sexualidad, la presión por “cumplir”, posibles experiencias previas, vergüenza, culpa o bloqueo. El objetivo no sería obligarte a tener penetración, sino ayudarte a recuperar seguridad, deseo y control sobre tu cuerpo.
Mientras tanto, intenta no forzarte. Podéis seguir teniendo intimidad sin que el objetivo sea penetrar: caricias, besos, contacto, placer, comunicación y momentos eróticos sin presión. Incluso puede ser conveniente acordar durante un tiempo que la penetración no se va a intentar, para que tu cuerpo deje de estar en alerta y pueda volver a asociar la intimidad con calma y disfrute.
También puedes decirte algo importante: “No tengo que conseguirlo hoy. Mi cuerpo necesita sentirse seguro”. La paciencia no significa resignarse, sino avanzar con el acompañamiento adecuado y a un ritmo que no te dañe.
En resumen: sí hay ayuda para esto. Puedes recurrir a ginecología, fisioterapia de suelo pélvico y psicología-sexología. No estás sola ni es una condena. Con un abordaje adecuado, muchas mujeres logran reducir el miedo, mejorar la relación con su cuerpo y vivir la sexualidad de una forma más libre y satisfactoria.
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Hola! Soy una adolescente que recientemente salió del closet como abrosexual. (Para quienes no cono
Hola! Soy una adolescente que recientemente salió del closet como abrosexual.
(Para quienes no conozcan el término, la abrosexualidad es una orientación sexual que es fluida y cambia con el tiempo).
Experimenté bastantes dificultades para descubrir mi orientación, me debatí mucho si soy hetero o bisexual porque temía que me estuviera autoengañando sin darme cuenta con algunas de las dos. Pero luego descubrí que ambas identidades son parte de mí y no debería invalidar a una sólo para encajar en una etiqueta fija, por eso soy lo que soy. Hay días en los que me considero bisexual y en otros hetero.
La cuestión es que siento que tengo un pie metido en la comunidad LGBTQ+ y el otro afuera.
Me enamoré tanto del colectivo que estoy gran parte del día consumiendo su contenido y debatiendo en foros LGBTQ+. Noté que varias personas opinan que no se puede ser queer si te consideras cishetero (me siento así dependiendo del día), algo que me entristece un poco, pero a la vez creo que tienen un punto.
Sé que nadie me obliga a nada, pero me siento forzada a decir que soy bisexual para encajar en la comunidad LGBTQ+ cuando no es todo lo que soy. Tengo que invalidar una parte de mí para ser vista y respetada como queer.
¿Qué es lo que puedo hacer para sentirme finalmente cómoda con mi orientación sexual?RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Lo primero que me gustaría decirte es que no tienes que invalidar ninguna parte de ti para que tu orientación sea legítima. Si para ti la palabra abrosexual describe mejor tu experiencia porque tu atracción cambia con el tiempo, eso ya es suficientemente válido. No necesitas demostrar que eres “lo bastante queer” ni mantener una identidad fija para que lo que sientes merezca respeto.
A veces las etiquetas ayudan porque dan lenguaje, comunidad y alivio. Pero también pueden convertirse en una fuente de presión si sentimos que tenemos que encajar perfectamente en ellas. Una etiqueta debería servirte a ti, no atraparte. Puedes identificarte como abrosexual, bisexual algunos días, heterosexual otros, o simplemente no explicarlo todo de forma exacta cada vez. La sexualidad, especialmente en la adolescencia, puede vivirse con dudas, cambios y matices.
También es comprensible que te duela sentir que tienes “un pie dentro y otro fuera” de la comunidad LGBTQ+. Muchas personas encuentran ahí apoyo, representación y pertenencia, pero dentro de cualquier comunidad también hay opiniones rígidas, debates y formas de invalidación. Que algunas personas opinen que solo ciertas experiencias cuentan como queer no significa que tengan la autoridad para definir tu vivencia.
Ser queer no debería ser una competición de sufrimiento, pureza o coherencia. Si tu experiencia no encaja en una etiqueta fija y eso forma parte de cómo vives tu orientación, no tienes por qué forzarte a decir que eres bisexual todo el tiempo para ser aceptada. Tampoco tienes que negar los días en los que te sientes heterosexual. Ambas cosas pueden formar parte de tu experiencia sin que una borre a la otra.
Puede ayudarte tomar un poco de distancia de los foros si notas que, más que acompañarte, te generan ansiedad, comparación o necesidad de justificarte. Consumir contenido LGBTQ+ puede ser bonito y enriquecedor, pero si pasas gran parte del día intentando resolver si perteneces o no, quizá tu mente está buscando una certeza que ninguna discusión externa va a darte.
En vez de preguntarte “¿qué etiqueta me hace válida?”, podrías preguntarte: “¿qué palabra me ayuda a entenderme ahora?”, “¿qué necesito para sentirme tranquila conmigo?”, “¿estoy usando esta comunidad para acompañarme o para evaluarme?”. Tu identidad no tiene que ser aprobada por desconocidos en internet.
Si en algún momento quieres hablar de ello con personas cercanas, puedes hacerlo de forma sencilla: “Mi orientación es fluida; hay momentos en los que me identifico más de una manera y momentos en los que cambia”. No estás obligada a dar explicaciones extensas ni a convencer a todo el mundo.
Y si esta preocupación te genera mucha angustia, rumiación o miedo a estar “engañándote”, puede ayudarte hablar con una psicóloga o psicólogo con enfoque afirmativo en diversidad sexual. No para que te diga quién eres, sino para que puedas explorar tu orientación con calma, sin culpa y sin presión por encajar.
En resumen: no tienes que elegir entre borrar tu parte bisexual o borrar tu parte heterosexual. Puedes permitirte ser una persona en proceso, con una orientación fluida, y construir una forma de pertenecer que no dependa de cumplir las reglas de otras personas. Tu comodidad probablemente llegue menos de encontrar la etiqueta perfecta y más de dejar de exigirte una identidad completamente fija para sentirte válida.
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Buenas noches Dr. yo siento desde hace 5 o 6 meses mucha hipervigilancia, tengo el sistema nervioso
Buenas noches Dr. yo siento desde hace 5 o 6 meses mucha hipervigilancia, tengo el sistema nervioso alterado, siento nerviosismo, insomnio, muchos pensamientos repetitivos del tema, ansiedad, estrés y cada recuerdo me impacta de forma negativa y mucha irritabilidad.
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Lo que describes indica que tu sistema nervioso lleva varios meses en un estado de alerta elevado. No es posible darte un diagnóstico solo con esta información, pero sí parece importante valorar si estás atravesando un cuadro de ansiedad intensa, estrés sostenido o una respuesta asociada a experiencias que tu mente está viviendo como amenazantes o difíciles de procesar.
La hipervigilancia suele aparecer cuando el cuerpo siente que necesita estar preparado para protegerse, aunque objetivamente ya no haya un peligro inmediato. Esto puede hacer que estés más sensible a recuerdos, señales, conversaciones o sensaciones corporales, y que cualquier estímulo active malestar, tensión o pensamientos repetitivos.
El insomnio también puede empeorar mucho todo el cuadro. Cuando no descansamos, disminuye la capacidad de regular emociones, aumenta la irritabilidad y la mente se vuelve más propensa a rumiar. Por eso no conviene esperar a que “se pase solo” si ya lleva 5 o 6 meses afectándote.
Sería recomendable que consultes con un/a psicólogo/a para una evaluación más completa. Puede ayudarte a trabajar la ansiedad, los pensamientos repetitivos, la regulación del sistema nervioso y el impacto emocional de esos recuerdos. Si hay recuerdos muy intensos o sensación de revivir algo, también podría ser útil un enfoque especializado en trauma.
Mientras tanto, intenta no pelearte con los pensamientos ni obligarte a “dejar de pensar”, porque eso suele aumentar la rumiación. Puede ayudarte volver al presente mediante ejercicios sencillos: notar los pies en el suelo, describir lo que ves a tu alrededor, respirar más lento sin forzarte, reducir cafeína y pantallas por la noche, mantener una rutina de sueño y escribir lo que te preocupa para sacarlo un poco de la cabeza antes de dormir.
Si el insomnio es muy intenso, si sientes que no puedes funcionar en tu día a día, si aparecen ataques de pánico frecuentes o pensamientos de hacerte daño, busca ayuda profesional cuanto antes y no te quedes solo/a con esto.
Lo importante es que estos síntomas no significan que estés “perdiendo el control” ni que no tengan solución. Son señales de que tu cuerpo y tu mente están sobrecargados, y con el acompañamiento adecuado se puede trabajar para recuperar calma, seguridad y descanso.
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Llevo unos 8 meses con mi novio y siempre hemos tenido modos de gestión muuy diferentes. Tras unos m
Llevo unos 8 meses con mi novio y siempre hemos tenido modos de gestión muuy diferentes. Tras unos meses de más discusiones, estamos contentos porque hemos podido llegar a encontrar o entender la forma en que reacciona el otro y moldearnos un poco. El problema es que donde yo pensaba que el problema radicaba en la actitud del otro, según voy mirando un poco con perspectiva creo que el problema es siempre que tras una respuesta corta, tardía o no ver que pone el mismo interés que yo en según que cosas, se me activa la alerta de: se estará cansando?, estará pensando en dejarme?,etc y ahí automaticamente me entra la ansiedad de tal manera que me siento tan mal que me planteo si debería dejarlo yo porque las cosas no salen como yo quería. Pese a que el se da cuenta de mi necesidad de validación y reafirmación y me dice que no estoy sola, si no reacciona como yo espero a las cosas actúa de manera desproporcionada donde la primera que sufre soy yo.
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Lo que describes muestra bastante conciencia de lo que está ocurriendo, y eso ya es un paso importante. Al principio pensabas que el problema estaba sobre todo en la actitud de tu pareja, pero ahora empiezas a ver que ciertas respuestas suyas activan en ti una alarma interna muy intensa.
Esa alarma puede estar relacionada con apego ansioso, miedo al abandono o experiencias previas en las que sentiste inseguridad afectiva. No significa que estés haciendo algo “mal” a propósito ni que no quieras la relación. Significa que tu sistema emocional interpreta algunas señales ambiguas como amenaza, aunque no haya una prueba real de que la relación esté en peligro.
El problema es que, cuando aparece esa ansiedad, la mente busca una solución rápida: pedir reafirmación, analizar cada detalle, comparar su forma de responder con la tuya o incluso pensar en dejar la relación antes de sentirte abandonada. A veces la idea de “lo dejo yo” no nace de una decisión clara, sino de una estrategia de protección: si me voy antes, no me harán daño. Pero decidir desde el pico de ansiedad suele aumentar la confusión y el sufrimiento.
También es importante reconocer que cada persona expresa interés de forma distinta. Que tu pareja no responda exactamente como tú esperas no significa automáticamente falta de amor. Puede tener otro ritmo, otra forma de comunicarse o menos necesidad de verbalizar. La clave está en diferenciar entre una diferencia de estilo y una falta real de cuidado.
Puedes empezar a trabajar esto haciendo una pausa cuando se active la alerta. Antes de escribir, reclamar o preguntar si te quiere, intenta identificar: “¿Tengo un hecho claro o estoy interpretando?”. Después pregúntate: “¿Qué necesito de verdad ahora: hablar con él o calmar primero mi ansiedad?”. A veces esperar 20 o 30 minutos, escribir lo que sientes sin enviarlo o hacer algo que te devuelva al cuerpo puede ayudarte a no actuar desde el miedo.
A la vez, no se trata de que ignores tus necesidades. Puedes hablar con tu pareja cuando estéis tranquilos y plantear acuerdos concretos, no exigencias constantes. Por ejemplo: “Estoy trabajando mi necesidad de validación, pero me ayudaría que si estás ocupado o con menos energía me lo digas de forma clara, para no quedarme interpretando”. Eso permite pedir cuidado sin colocar sobre él toda la responsabilidad de regular tu ansiedad.
También puede ayudarte ampliar tus fuentes de seguridad. Si toda tu calma depende de cómo responde tu pareja, cualquier pequeño cambio se vuelve enorme. Cuidar tus amistades, rutinas, proyectos, descanso y autoestima fuera de la relación es parte del trabajo, porque te ayuda a no vivir cada gesto como una amenaza a tu estabilidad.
El hecho de que hayáis podido entenderos mejor y moldearos un poco es una buena señal. Pero si notas que la ansiedad sigue llevándote a actuar de forma desproporcionada, sería muy recomendable trabajarlo en terapia individual. No para culparte, sino para aprender a regular ese miedo, fortalecer tu seguridad interna y diferenciar mejor entre intuición, necesidad legítima y alarma ansiosa.
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Hola, me gustaría un poco de orientación. Resulta que ayer tuve relaciones con una chica que estoy c
Hola, me gustaría un poco de orientación. Resulta que ayer tuve relaciones con una chica que estoy conociendo. Ayer, mientras teníamos relaciones, muchas veces chequeé que el condón estuviera en condiciones (lo estaba), e incluso cuando terminó el acto lo llené con agua y no perdía. Cabe aclarar que tampoco eyaculé. Lo que pasa es que cuando se salió de encima de mí, el preservativo se salió con ella. No se le enrolló ni nada, simplemente le quedó ahí y lo sacó con las manos. Mi pregunta es : ¿Hay riesgo de embarazo ? Ella está tranquila, pero yo compré una pastilla de emergencia. No quiero que la tome si la situacion no lo amerita porque entiendo que puede traer varios malestares para ella, pero por otro lado estoy asustado.
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Por lo que describes, el riesgo de embarazo parece muy bajo: usaste preservativo, comprobaste varias veces que estaba bien, no eyaculaste y después lo llenaste con agua y no perdía. Si el preservativo se salió al final, cuando ella se bajó, pero durante la penetración estuvo colocado y no hubo rotura ni eyaculación, la posibilidad de embarazo es muy baja.
Aun así, es comprensible que te asustes, porque cuando un preservativo se sale puede generar mucha duda. En general, si un condón se rompe o se sale durante la relación, se puede valorar anticoncepción de emergencia, especialmente si hubo eyaculación o posibilidad de contacto de semen con la vagina. El NHS señala que cuando un preservativo se rompe o se sale puede ser necesario valorar anticoncepción de emergencia o pruebas de ITS.
En tu caso concreto, al no haber eyaculación y estar el preservativo íntegro, no parece una situación de alto riesgo. La pastilla de emergencia no debería tomarse “por si acaso” sin que ella esté de acuerdo y sin valorar realmente la necesidad, porque es su cuerpo y la decisión debe ser de ella. Puede producir efectos temporales como náuseas, dolor de cabeza, cansancio, dolor abdominal o alteraciones del sangrado y del ciclo, aunque en general es segura. El CDC describe la anticoncepción de emergencia como un recurso tras sexo sin protección o fallo anticonceptivo, y aclara que no protege frente a infecciones de transmisión sexual.
Lo más sensato sería hablarlo con ella con calma, sin transmitirle pánico: “Me asusté porque el preservativo se salió al final, pero no eyaculé, estaba intacto y no perdía. Si aun así quieres consultar o valorar la pastilla, te acompaño, pero no quiero presionarte”. También podéis preguntar en una farmacia, centro de salud o consulta de planificación familiar, donde os orientarán según el momento del ciclo y las horas transcurridas.
Si decide no tomarla, puede hacerse una prueba de embarazo si hay retraso menstrual o, para mayor tranquilidad, unas tres semanas después de la relación. Mientras tanto, intenta no revisar mentalmente la escena una y otra vez, porque la ansiedad suele aumentar la sensación de riesgo aunque los hechos indiquen que fue bajo.
Para próximas veces, retirarse sujetando la base del preservativo ayuda a evitar que se quede dentro o se deslice al final. Y si estáis empezando a conoceros, también es buena idea hablar de pruebas de ITS y anticoncepción para que ambos podáis vivir la sexualidad con más tranquilidad.
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Mi prima que no es de sangre, usa minifalda y se me subió en la espalda y me lamió las orejas ay des
Mi prima que no es de sangre, usa minifalda y se me subió en la espalda y me lamió las orejas ay deseos sexuales yo lo tengo por ella
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Sentir deseo sexual por alguien cercano puede generar confusión, especialmente si esa persona forma parte del entorno familiar, aunque no exista vínculo de sangre. El deseo, por sí solo, no te convierte en una mala persona; lo importante es cómo lo gestionas y si respetas los límites de la otra persona.
Que ella use minifalda, se haya subido a tu espalda o te haya lamido las orejas puede haberte activado sexualmente, y eso es comprensible. Pero también es importante no interpretar automáticamente esos gestos como una invitación sexual clara. A veces puede haber juego, confianza, provocación o falta de conciencia del impacto que eso genera, pero el consentimiento sexual no se supone: tiene que ser claro, libre y explícito.
Si esta situación te confunde o te excita, lo más prudente es tomar algo de distancia física y evitar juegos ambiguos que puedan aumentar el deseo o llevarte a actuar impulsivamente. Puedes poner un límite sencillo, sin hacer un drama: “Prefiero que no hagamos ese tipo de bromas físicas” o “eso me incomoda un poco”.
También conviene pensar en las consecuencias. Aunque no sean familiares de sangre, puede haber un vínculo familiar, social o emocional que complique mucho las cosas si se cruza una línea. Antes de actuar, habría que tener claro si ambos sois mayores de edad, si no hay presión ni dependencia, si ella realmente desea algo y si ambos podéis manejar las consecuencias.
Si alguno de los dos es menor de edad, hay una diferencia importante de edad, ella no ha expresado claramente deseo o tú sientes que podrías perder el control, lo más adecuado es no avanzar y buscar orientación. El deseo no siempre necesita convertirse en conducta.
En resumen: sentir deseo no es malo, pero no debes asumir que ella quiere algo sexual por su ropa o por gestos ambiguos. Cuida los límites, no actúes desde la excitación del momento y busca ayuda profesional si este deseo te genera mucha angustia o se vuelve difícil de manejar.
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Buenas me está pasando algo y no sólo me pasa con mi pareja, me pasa también al masturbarme, tengo u
Buenas me está pasando algo y no sólo me pasa con mi pareja, me pasa también al masturbarme, tengo una sesión digamos y eyaculo, pero el pene no se baja nada, sigo y después vuelvo a eyacular, al final decido parar por vergüenza, eso es normal? no me duele ni nada, debería acudir a algún médico? Gracias y un saludo de antemano.
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Por lo que describes, si después de eyacular el pene sigue erecto, continúas estimulado y más tarde vuelves a eyacular, sin dolor ni molestias, puede estar dentro de la variabilidad normal de la respuesta sexual. Algunas personas tienen un periodo refractario más corto o pueden mantener la erección durante un tiempo después de la eyaculación, especialmente si la excitación sigue siendo alta.
No tendrías que sentir vergüenza por ello. Que puedas eyacular más de una vez en una misma sesión o que la erección no baje inmediatamente no significa, por sí solo, que haya algo malo. Lo importante es observar si la erección baja cuando paras la estimulación y pasa un rato.
Sí conviene consultar con un urólogo si esto ha aparecido de forma repentina, si la erección se mantiene durante mucho tiempo aunque ya no haya excitación, si ocurre fuera de situaciones sexuales, si tomas medicación para la erección u otros fármacos, o si te genera mucha preocupación.
Y sería motivo de urgencia si la erección dura varias horas, especialmente si llega a 4 horas o más, si aparece dolor, mucha rigidez o no baja pese a dejar de estimularte. En esos casos hay que descartar priapismo, que requiere atención médica rápida.
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Hola. Quería hacer una consulta porque siento que esto ya está afectando mucho mi vida. Tengo una no
Hola. Quería hacer una consulta porque siento que esto ya está afectando mucho mi vida.
Tengo una novia a distancia y la amo, pero siento unos celos muy intensos hacia una persona en particular: un amigo mío que también es amigo de ella. No tengo pruebas de que pase nada entre ellos ni creo que me sea infiel. El problema es que mi cabeza no puede dejar de pensar en eso.
Llego al punto de revisar si están conectados al mismo tiempo, notar cuándo mi amigo abre el traductor para escribirle en inglés y sacar conclusiones de cualquier detalle. Soy consciente de que estos comportamientos alimentan mi ansiedad, pero no puedo evitar hacerlo.
Cuando hablan, siento una ansiedad muy fuerte, como si fuera una amenaza para mi relación. Incluso llegué a desear que dejaran de hablar para poder sentir paz, aunque sé que ese pensamiento es egoísta y no es la clase de persona que quiero ser.
Mi pregunta es: ¿esto puede ser un problema de ansiedad, celos obsesivos o dependencia emocional? ¿Cómo puedo empezar a trabajar esto para que deje de controlar mis pensamientos y mi relación?RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Lo primero que me gustaría decirte es que el hecho de que reconozcas lo que está ocurriendo ya es un paso muy importante. No estás describiendo simplemente “celos normales”, sino un nivel de ansiedad y comprobación que está empezando a ocupar demasiado espacio en tu mente y en tu relación.
No es posible darte un diagnóstico solo con esta información, pero sí se observan elementos que pueden aparecer en la ansiedad, en los celos obsesivos y también en dinámicas de dependencia emocional o miedo al abandono. Lo central no es tanto ponerle una etiqueta, sino entender el ciclo: aparece una duda, sientes ansiedad, buscas comprobar algo, encuentras algún detalle que tu mente interpreta como señal de amenaza, te angustias más y vuelves a comprobar. Aunque comprobar te dé alivio durante unos minutos, a largo plazo alimenta el problema.
También es importante diferenciar intuición de hipervigilancia. La intuición suele apoyarse en hechos claros y repetidos. La hipervigilancia, en cambio, intenta encontrar certeza absoluta en detalles ambiguos. En una relación a distancia, donde no puedes ver todo lo que ocurre, esa necesidad de certeza puede volverse muy intensa, pero ninguna revisión te va a dar una tranquilidad estable.
Que te moleste que hablen no te convierte en mala persona. Los celos no son una elección voluntaria; son una emoción. Lo que sí puedes trabajar es qué haces con ellos. Desear que dejen de hablar puede ser comprensible desde tu ansiedad, pero si no hay faltas de respeto ni conductas ambiguas reales, convertir ese deseo en exigencia podría dañar la relación y aumentar tu dependencia de controlar el entorno para sentirte seguro.
Para empezar a trabajarlo, te ayudaría cortar poco a poco las conductas de comprobación. No de golpe si te resulta imposible, pero sí de forma progresiva: retrasar la revisión, limitarla, registrar qué emoción aparece y practicar tolerar la incertidumbre sin actuar.
También sería importante hablar con tu novia desde la vulnerabilidad, no desde la acusación. Lo cual, abre una conversación sin responsabilizarla a ella de calmar toda tu ansiedad.
A nivel más profundo, conviene explorar qué miedo se activa ahí: miedo a que te elijan menos, a ser reemplazado, a no ser suficiente, a perder el vínculo o a que alguien cercano ocupe tu lugar. Muchas veces los celos intensos no hablan solo de la otra persona, sino de inseguridad, experiencias previas, heridas de apego o baja confianza en uno mismo.
Si esto ya controla tus pensamientos, afecta tu ánimo o te lleva a revisar compulsivamente, sería muy recomendable trabajarlo con un/a psicólogo/a. Para ayudarte a salir del ciclo de ansiedad, fortalecer tu autoestima, aprender a tolerar la incertidumbre y construir una forma de amar que no dependa del control.
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Tengo deseo sexual,pero cuando tengo sexo con mi mujer no puedo eyacular
Tengo deseo sexual,pero cuando tengo sexo con mi mujer no puedo eyacular
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Tener deseo sexual pero no poder eyacular durante las relaciones con tu mujer puede deberse a varias causas y no significa necesariamente que no la desees o que haya un problema en la relación. La eyaculación y el placer no dependen solo del deseo; también influyen la estimulación, el nivel de excitación, la ansiedad, la presión por “cumplir”, la edad, el cansancio, la medicación y factores médicos.
Sería importante diferenciar si puedes eyacular cuando te masturbas o si tampoco ocurre en ese contexto. Si eyaculas a solas, pero no con tu mujer, puede estar influyendo la forma de estimulación, la costumbre a un ritmo o presión concretos, el consumo de pornografía, la ansiedad de rendimiento o la dificultad para relajarte durante el encuentro. En ese caso, podría ayudar reducir la presión de “tener que acabar”, guiar a tu pareja sobre el tipo de estimulación que te funciona y recuperar encuentros sexuales sin centrar todo en la eyaculación.
Si no eyaculas en ningún contexto, o esto ha aparecido de forma reciente, conviene consultar con un urólogo o médico para descartar causas físicas u hormonales. Algunos medicamentos, especialmente ciertos antidepresivos, ansiolíticos, tratamientos para la próstata o para la tensión arterial, pueden retrasar o dificultar la eyaculación. También pueden influir diabetes, problemas neurológicos, cirugía prostática, consumo de alcohol u otras sustancias.
A nivel de pareja, intenta hablarlo sin culpa ni reproches. Puedes explicarle que tienes deseo y que disfrutas, pero que te preocupa no poder eyacular. Es importante que ella no lo interprete automáticamente como falta de atracción, y que tú tampoco lo vivas como un fallo personal. Cuanta más presión se genera alrededor de “terminar”, más difícil puede volverse.
Desde la sexología puede trabajarse mediante ejercicios de focalización sensorial, cambios en la estimulación, reducción de la ansiedad de rendimiento y exploración de fantasías, ritmos o prácticas que favorezcan la excitación sin forzar. Si hay tensión, miedo a decepcionar o conflictos de pareja, la terapia sexual puede ayudar bastante.
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Hola llevo consumiendo porno desde los 5 años y quiero dejarlo porque cada vez va a peor tengo 35 a
Hola llevo consumiendo porno desde los 5 años y quiero dejarlo porque cada vez va a peor tengo 35 años y me ha hecho ha hacer cosas que me arrepiento
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Cuando una persona siente que el consumo de pornografía “va a peor”, que pierde control o que la lleva a hacer cosas de las que después se arrepiente, conviene abordarlo de forma profesional y sin quedarse solo en la culpa.
El problema no es necesariamente haber visto pornografía, sino el patrón que describes: inicio muy temprano, aumento progresivo, dificultad para parar y consecuencias negativas. Empezar a consumir pornografía a los 5 años no forma parte de una exploración sexual esperable para esa edad; suele indicar exposición precoz a contenido sexual, falta de protección, acceso inadecuado o incluso experiencias que sería importante explorar con cuidado en terapia.
Desde la psicología clínica se valoraría si existe un comportamiento sexual compulsivo: es decir, un patrón persistente de impulsos o conductas sexuales repetitivas que la persona siente que no puede controlar y que continúa a pesar de causarle malestar o problemas. Este tipo de dificultad puede trabajarse con psicoterapia, especialmente con enfoques cognitivo-conductuales, terapia de aceptación y compromiso, prevención de recaídas y, cuando sea necesario, valoración psiquiátrica.
Sería recomendable acudir a un/a psicólogo/a y sexólogo/a. No basta con decir “deja de verlo”; hay que entender qué función cumple el porno en tu vida: si lo usas para calmar ansiedad, escapar de emociones, regular soledad, aliviar estrés, buscar excitación cada vez más intensa o evitar vínculos reales.
Mientras buscas ayuda, puedes empezar con medidas concretas:
* Identificar cuándo consumes: hora, emoción, lugar, dispositivo y situación previa.
* Reducir el acceso: bloqueadores, quitar contenido guardado, limitar uso del móvil a solas y evitar horarios de mayor riesgo.
* Cortar la escalada: no buscar contenido cada vez más extremo para excitarte.
* Sustituir el impulso por una acción breve y física: salir de la habitación, ducharte, caminar, llamar a alguien o hacer una tarea concreta durante 10 minutos.
* No quedarte solo con la vergüenza: cuanto más secreto y culpa, más difícil suele ser romper el ciclo.
* Buscar apoyo profesional cuanto antes, especialmente porque llevas muchos años y sientes que ha empeorado.
También es importante decir algo con claridad: si esas “cosas de las que te arrepientes” han implicado daño a otras personas, coerción, menores de edad, material ilegal, conductas sin consentimiento o riesgo de repetirlas, debes pedir ayuda urgente y poner medidas inmediatas de seguridad: no quedarte a solas con personas vulnerables, alejarte de situaciones de riesgo, entregar dispositivos si es necesario y acudir a un profesional de salud mental cuanto antes. Si existe riesgo actual de hacer daño a alguien o de perder el control, busca atención urgente.
La culpa por sí sola no cambia una conducta; lo que ayuda es un plan, supervisión profesional y responsabilidad. Esto puede tratarse, pero requiere honestidad completa en consulta y un compromiso real con dejar de alimentar el patrón.
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Mi esposo está atraído por una mujer joven y esto lo a distanciado de mi que puedo hacer si al enfre
Mi esposo está atraído por una mujer joven y esto lo a distanciado de mi que puedo hacer si al enfrentarlo no acepta la realidad y sigue igual??
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Es comprensible que te sientas dolida, insegura o desplazada si percibes que tu esposo está interesado en otra mujer y que eso ha cambiado su forma de estar contigo. Sin embargo, si al hablarlo él lo niega o evita reconocerlo, es difícil construir una conversación solo alrededor de lo que tú interpretas que le ocurre internamente.
En estos casos suele ser más útil centrarte en hechos y cambios concretos, no en intentar que él admita una atracción. Por ejemplo: “Noto que estás más distante”, “pasamos menos tiempo juntos”, “evitas hablar conmigo”, “me siento sola en la relación” o “necesito saber si quieres trabajar en nuestra pareja”. Eso permite hablar del impacto real en la relación, aunque él niegue sus sentimientos hacia esa persona.
También es importante diferenciar entre una atracción puntual y una conducta que daña la relación. Sentirse atraído por alguien puede ocurrir, pero alimentar ese vínculo, ocultarlo, priorizarlo o desatender a la pareja sí requiere responsabilidad. El problema no sería únicamente que le atraiga una mujer joven, sino si está actuando de una manera que rompe la confianza, la cercanía o los acuerdos de la relación.
Puedes proponer una conversación tranquila y directa: “No quiero discutir sobre si te gusta o no esta persona. Lo que necesito saber es si estás dispuesto a cuidar nuestra relación y a tomar distancia de conductas que me hacen daño”. Si él responde con negación, burla, enfado o te hace sentir exagerada, observa ese patrón, porque también forma parte del problema.
No puedes obligarlo a reconocer algo ni a cambiar si no quiere. Lo que sí puedes hacer es definir tus límites: qué conductas no estás dispuesta a aceptar, qué necesitas para recuperar confianza y cuánto tiempo estás dispuesta a esperar cambios reales. Un límite no es controlar a la otra persona; es decidir qué harás tú si la situación continúa igual.
Sería recomendable plantear terapia de pareja si ambos queréis revisar lo que está ocurriendo. Pero para que funcione, él tendría que estar dispuesto a hablar con honestidad, no solo a demostrar que tú estás equivocada. Si no acepta acudir o continúa igual, puede ser muy útil que tú inicies terapia individual para sostenerte emocionalmente, aclarar tus decisiones y no quedar atrapada en la vigilancia, la comparación o la espera.
Mi recomendación es que dejes de intentar convencerlo de que “acepte la realidad” y observes sus actos. Si hay distancia, ocultamiento o falta de compromiso, eso ya es información suficiente para tomar decisiones sobre tu bienestar.
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Al inicio de nuestra relación acordamos mutuamente que el consumo de pornografía no tendría cabida e
Al inicio de nuestra relación acordamos mutuamente que el consumo de pornografía no tendría cabida en nuestra pareja. Sin embargo, al cabo de un mes, tras una discusión en la que él pensó que la relación podía terminar, rompió ese acuerdo. Cuando se lo pregunté, me lo negó y solo lo admitió después. Aquello me causó un trauma importante que recientemente he tratado con terapia EMDR.
Dos años después, cuando aún seguía recuperándome, descubrí una nueva traición. Mantuvo conversaciones con chicas de OnlyFans que intentaban venderle contenido. Aunque no inició esas conversaciones, no compró nada y les dijo que tenía pareja y quería ser fiel, habló con ellas durante horas, abrió sus fotografías y les hizo cumplidos sexualizados y, lo que más me dolió, volvió a ocultármelo y a mentirme cuando le pregunté. Solo reconoció la verdad cuando le mostré las pruebas. Al principio reaccionó con enfado y a la defensiva, justificándose y minimizando lo ocurrido, pero al día siguiente asumió su responsabilidad y dice estar comprometido a cambiar.
Mi duda es si una relación puede recuperarse después de dos traiciones acompañadas de mentiras, especialmente cuando la segunda ocurre antes de haber sanado la primera. ¿Es posible reconstruir la confianza en estas circunstancias? En caso afirmativo, ¿Qué tipo de terapia y terapeuta podría ayudarnos? ¿Sería más recomendable la terapia de pareja o la terapia individual para ambos?RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Sí, una relación puede recuperarse después de una traición, pero no basta con que la persona diga que está arrepentida o que quiere cambiar. La confianza se reconstruye con un proceso sostenido, con transparencia, responsabilidad y cambios verificables en el tiempo. También es importante decir que, aunque sea posible reconstruirla, no estás obligada a hacerlo si el daño ha sido demasiado grande o si ya no te sientes segura dentro de la relación.
En tu caso, parece que el punto más doloroso no es solo el consumo de pornografía o las conversaciones con chicas de OnlyFans, sino la ruptura de acuerdos, la ocultación, la mentira directa cuando preguntaste, la minimización inicial y el hecho de que la segunda situación ocurriera cuando aún estabas intentando recuperarte de la primera. Eso puede generar una herida de confianza muy profunda, porque no se daña únicamente el acuerdo sexual, sino la sensación de realidad compartida: “si no hubiera tenido pruebas, quizá no me habría contado la verdad”.
Para valorar si hay posibilidad de reparación, conviene mirar menos las promesas y más los hechos. Algunas señales favorables serían: que él asuma la responsabilidad sin justificarlo por la discusión, la tentación o tu reacción; que pueda escuchar tu dolor sin ponerse defensivo; que no te presione para “pasar página”; que esté dispuesto a revisar su relación con la pornografía, la validación sexual externa y la mentira; que acepte límites y medidas de transparencia acordadas; y que pueda sostener este proceso durante meses, no solo unos días después de ser descubierto.
Respecto a la terapia, lo más recomendable sería combinar espacios con una terapia de pareja. Para él, una terapia individual con un/a psicólogo/a y sexólogo/a que pueda evaluar si existe consumo problemático de pornografía, búsqueda compulsiva de validación sexual, evitación del conflicto, dificultad para sostener límites o tendencia a mentir cuando siente vergüenza o miedo. No se trata solo de “dejar OnlyFans” o “no ver porno”, sino de comprender por qué rompió acuerdos y por qué eligió ocultarlo. Para ti, puede ser útil continuar o retomar un espacio individual si esto ha reactivado ansiedad, hipervigilancia, pensamientos intrusivos, inseguridad o síntomas traumáticos. No para convencerte de quedarte, sino para ayudarte a diferenciar entre reparación real, miedo, dependencia, agotamiento y límites personales.
Para la terapia de pareja habría que trabajar qué ocurrió, qué acuerdos se rompieron, cómo se reparará el daño, qué transparencia será necesaria y qué límites tendrá la relación a partir de ahora. No sería útil una terapia que minimice lo ocurrido como “solo porno” ni una que coloque toda la responsabilidad en tu inseguridad.
Un aspecto importante es que la transparencia no debería convertirse en vigilancia permanente. Revisar dispositivos, pedir pruebas constantes o vivir en alerta puede darte alivio temporal, pero también puede mantenerte atrapada en la herida. Por eso los acuerdos deben ser claros, temporales y orientados a reconstruir seguridad, no a que tú te conviertas en supervisora de su conducta.
Mi recomendación sería no tomar una decisión definitiva desde el pico de dolor, pero tampoco continuar como si nada. Plantea una condición clara: si quiere reconstruir, debe implicarse activamente en terapia individual y de pareja, aceptar un plan de reparación y sostener cambios concretos. Si se niega, minimiza, se victimiza o vuelve a mentir, eso también será una respuesta.
La pregunta no es solo si la relación puede recuperarse, sino si él está dispuesto a hacer el trabajo necesario y si tú, con el tiempo y hechos consistentes, puedes volver a sentirte segura. Ambas condiciones son necesarias.
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Hace unos meses mi pareja empezó con una crisis existencial muy aguda que, bajo mi opinión no expert
Hace unos meses mi pareja empezó con una crisis existencial muy aguda que, bajo mi opinión no experta, estaba cerca de transitar a una depresión. Seguía haciendo las tareas "básicas" de ir a trabajar, a sus clases de deporte, etc, pero se sentía sin energía y apático de cara a organizar, por ejemplo, planes o salidas. Le costaba hablar de ello con sus amigos o familia; solo compartía este "malestar" conmigo. Tambien empezó con ayuda profesional pero no iba de manera regular. Hace 15 días me dijo que me quería muchísimo, que no dudaba de su amor hacia mí, pero que me quería dejar porque no era capaz de mantener la relación; no se veía con fuerzas, se sentía una carga para mi, e incluso las muestras de afecto a veces le hacían sentirse muy mal y tenía ganas de "huir". Fue una ruptura muy dolorosa; se fue de casa diciendo que me quería, y con mucho dolor. Dice que le gustaría "recuperarse y volver en un futuro", pero que ahora no puede. Desde ese día, seguimos manteniendo el contacto. Para mi esta situación está siendo dolorosa por varios motivos: la ruptura en sí; el no querer enfrentarme a un duelo que siento como "innecesario"; y por ver cómo la persona a la que quiero no es capaz de aceptar mi acompañamiento en este proceso. Mi pregunta es, se puede "salvar" esta relación con un proceso de acompañamiento? Puede una persona en esta situación mejorar y al mismo tiempo ser capaz de reconstruir su vida? A qué se supone que tengo que enfrentarme yo en esta situación? A una ruptura? A saber gestionar esta incertidumbre? A "insistir" en acompañarle?
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Lo que estás viviendo es muy doloroso porque no parece una ruptura desde la falta de amor, sino desde el agotamiento, la confusión y el malestar emocional de la otra persona. Eso suele dejar a quien se queda en un lugar muy difícil: por un lado, hay una pérdida real; por otro, siguen existiendo cariño, esperanza y la sensación de que quizá todo podría recuperarse si él estuviera mejor.
Es comprensible que te cueste iniciar un duelo que sientes “innecesario”. Si él te dice que te quiere, que no duda de su amor y que quizá en un futuro le gustaría volver, una parte de ti puede quedarse esperando a que ese futuro llegue. No es una reacción extraña; es una forma de intentar sostener un vínculo que todavía tiene significado para ti.
También puede ser muy duro aceptar que la persona a la que amas no pueda recibir tu acompañamiento. A veces, cuando alguien atraviesa una crisis emocional, puede sentirse incapaz de sostener incluso aquello que desea. Las muestras de afecto pueden vivirse como presión, responsabilidad o culpa, no porque no haya amor, sino porque internamente la persona se siente sobrepasada. Eso no hace que duela menos, pero puede ayudar a entender que no todo depende de cuánto tú estés dispuesta a dar.
En cuanto a si la relación puede recuperarse, no es posible saberlo con certeza ahora. Algunas parejas consiguen reencontrarse después de una etapa de crisis, especialmente si la persona que está mal puede cuidarse, pedir ayuda y recuperar estabilidad. Pero también es cierto que no se puede reconstruir una relación únicamente desde el amor de una de las partes. Para que haya una recuperación del vínculo, con el tiempo tendría que existir disponibilidad emocional, claridad y voluntad por parte de ambos.
Quizá ahora la pregunta no sea tanto si debes insistir o rendirte, sino cómo puedes acompañar sin abandonarte. Puedes ofrecerle apoyo, pero sin convertirte en la única responsable de su recuperación ni quedarte suspendida indefinidamente en una promesa futura. Acompañar también puede significar respetar que ahora no puede sostener la relación, aunque eso te duela.
Puede ayudarte hablar con él, si es posible, desde un lugar sereno y concreto: “Entiendo que ahora no puedas con la relación, pero para mí seguir en contacto sin saber qué somos me hace daño. Necesito saber qué lugar puedo ocupar ahora y qué contacto es saludable para los dos”. No se trata de presionarlo, sino de cuidar también tu estabilidad emocional.
El contacto después de una ruptura así puede ser muy ambivalente. A veces calma porque mantiene el vínculo; otras veces duele más porque alimenta la esperanza sin ofrecer una base clara. Por eso sería importante observar cómo te sientes después de hablar con él: si te ayuda a estar en paz o si te deja más ansiosa, más pendiente y más atrapada en la incertidumbre.
Tú probablemente te estás enfrentando a varias cosas a la vez: a una ruptura que ocurre en el presente, a la incertidumbre de un posible futuro, al dolor de no poder ayudarle como quisieras y a la necesidad de no perderte a ti misma mientras esperas claridad. No tienes que resolverlo todo de golpe.
Buscar apoyo psicológico puede ser útil, no como una obligación ni porque estés gestionándolo mal, sino como un espacio donde sostener este dolor, ordenar lo que sientes y tomar decisiones sin quedarte sola con la incertidumbre. La terapia de pareja también podría ser una opción si en algún momento ambos queréis hablar de la relación con acompañamiento, pero ahora lo más importante es que tú puedas sentirte cuidada en este proceso.
No estás exagerando ni haciendo un duelo “sin sentido”. Estás intentando comprender cómo se suelta, o cómo se espera, a alguien que todavía quieres y que también dice quererte, pero que ahora no puede estar en la relación como antes. Eso requiere tiempo, cuidado y mucha honestidad contigo misma.
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Hola. Hace unas tres semanas que mi ansiedad se me ha ido de las manos, desde que tuve angustia y ca
Hola. Hace unas tres semanas que mi ansiedad se me ha ido de las manos, desde que tuve angustia y casi un ataque de pánico un día en en trabajo. Me cuesta dormir bien porque me acuesto nerviosa y, al coger el sueño, me despierta la taquicardia, y al dormir tengo sueños muy vívidos, así que siempre estoy muy cansada y estresada. He tenido episodios de pánico y miedo a no respirar porque he tenido tensión en el pecho por la ansiedad y el miedo incluso hizo que me castañetearan los dientes. Ahora en el trabajo suelo estar bien, y animada, pero se me cuelan pensamientos intrusivos de que me dará algo durmiendo por la noche, o me desmayaré de día, o que querré hacerme daño por desesperación (cuando en realidad no quiero, el mero pensamiento me causa rechazo) y no consigo relajarme. El detonante ha sido la hipocondría por unos meses que de médicos que he tenido y que me han angustiado, aunque al final no tuviera nada grave (mi salud física está bien ahora), no soy capaz de no buscar información en internet ante cualquier mínimo síntoma y estoy hiperfocalizada en mi cuerpo y sus síntomas y cambios. ¿Qué me recomiendan para afrontar esta situación?
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Lo que describes parece un cuadro de ansiedad muy activado, con síntomas de pánico, hipervigilancia corporal y pensamientos intrusivos relacionados con la salud y la pérdida de control. Que tengas taquicardia al quedarte dormida, tensión en el pecho, miedo a no respirar, sueños vívidos o castañeteo de dientes puede ser muy alarmante, pero también puede aparecer en estados de ansiedad intensa. Aun así, si ya has sido valorada médicamente y te han indicado que tu salud física está bien, el foco ahora debería ponerse en romper el círculo de miedo, comprobación y búsqueda de seguridad.
En la ansiedad por la salud suele ocurrir algo muy desgastante: aparece una sensación corporal, la mente la interpreta como señal de peligro, aumenta la ansiedad, el cuerpo genera más síntomas y entonces vuelves a buscar información o comprobar qué ocurre. El problema es que buscar en internet suele aliviar unos minutos, pero después aumenta la duda y refuerza la idea de que necesitas revisar cada síntoma para estar a salvo. La ansiedad por la salud puede mantenerse precisamente por la comprobación constante, la búsqueda de seguridad y la atención excesiva a las sensaciones corporales.
También es importante diferenciar un pensamiento intrusivo de una intención. Pensar “¿y si me hago daño por desesperación?” y sentir rechazo o miedo ante esa idea no significa que quieras hacerlo. Puede ser una expresión de ansiedad: la mente lanza escenarios amenazantes y tú intentas neutralizarlos o asegurarte de que no ocurrirán. Cuanto más intentas obtener certeza absoluta, más atrapada quedas.
¿Qué puedes empezar a hacer?
1. **Reducir la búsqueda en internet.** No de golpe si ahora te parece imposible, pero sí con un plan: posponer la búsqueda 15 minutos, luego 30, luego una hora. El objetivo es enseñarle al cerebro que no necesita comprobar inmediatamente para estar a salvo.
2. **Dejar de escanear el cuerpo.** Observar cada latido, cada presión o cada cambio físico mantiene la alarma encendida. Cuando notes que estás comprobando, nómbralo: “Estoy escaneando mi cuerpo por ansiedad” y vuelve a una tarea concreta.
3. **Responder a los pensamientos como hipótesis ansiosas, no como emergencias.** Puedes decirte: “Estoy teniendo el pensamiento de que me puede pasar algo. No necesito resolverlo ahora”. No se trata de convencerte al 100 %, sino de no entrar en debate durante horas.
4. **Trabajar la noche de forma conductual.** Si te acuestas nerviosa, intenta crear una rutina muy predecible: bajar estimulación, evitar búsquedas médicas antes de dormir, dejar el móvil lejos, hacer una actividad neutra y levantarte si pasas mucho tiempo en la cama luchando con la ansiedad. La cama debe volver a asociarse con descanso, no con comprobación y miedo.
5. **No evitar por completo las sensaciones físicas.** En terapia se suele trabajar poco a poco con la exposición interoceptiva: aprender a tolerar taquicardia, presión, calor, mareo o respiración acelerada sin interpretarlos como peligro. Esto debería hacerse con guía profesional si ahora estás muy asustada.
Dado que llevas tres semanas con afectación importante del sueño, la alimentación emocional y episodios de pánico, sería recomendable acudir a un/a psicólogo/a especializado/a en ansiedad, pánico e hipocondría o ansiedad por la salud. La terapia cognitivo-conductual es uno de los tratamientos recomendados para el pánico y la ansiedad por la salud, y puede ayudarte a reducir comprobaciones, reinterpretar sensaciones corporales y recuperar seguridad.
Si el insomnio se mantiene, la ansiedad se vuelve inmanejable o no consigues comer con normalidad, también puede ser útil una valoración médica o psiquiátrica para estabilizarte mientras trabajas psicológicamente. Y si en algún momento esos pensamientos de hacerte daño dejan de sentirse intrusivos y aparecen intención, plan o sensación de no poder mantenerte a salvo, busca ayuda urgente y permanece acompañada.
Ahora mismo tu tarea no es demostrarte que nunca te va a pasar nada, porque esa certeza absoluta no existe. Tu tarea es aprender a tolerar la incertidumbre normal del cuerpo sin convertir cada sensación en una amenaza.
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Desde pequeña he vivido el machismo verbal por mi padre y manipulación por mi madre, aunque mi madre
Desde pequeña he vivido el machismo verbal por mi padre y manipulación por mi madre, aunque mi madre me tapaba cuando llegaba tarde a casa nunca a sido una madre cariñosa he crecido entre el tu no puedes, tú no vales y me he sentido como que jamás se me ha tenido en cuenta mientras que mis hermanos parecía que la cosa no iba con ellos, cuando murió mi padre cuando yo tenía 22 mi tío ya llevaba tiempo en casa con nosotros, mi madre al poco tiempo se fue a vivir con una pareja y ahora era mi tio quien llegaba dia si y día también borracho y con su vocabulario machista, mis hermanos ya uno casado fuera y el otro no vio o no quería ver, un día mi hermano lo echó , y me quedé sola en casa con mi madre...hasta el día de hoy que tengo 47, el caso que sigo sintiendo rechazo, mis hermanos uno ni aparece y el otro algunos ratitos al mes pero yo soy la que está siempre, las peleas como con mi madre son casi diarias, siempre el tú no sabes, tú hermano mediano está cansado de trabajar, etc hasta un día me reconoció que es su ojito derecho, por mucho que me cueste ahí la odie, todo mi esfuerzos años perdidos pendiente de ella para seguir no valiendo nada, de tener que pedirle un beso o un abrazo de tener ansiedad generalizada y nadie darle importancia ni preguntarme cómo estoy, cada día puedo controlar más mi rabia cuando veo que mi madre no escucha, no piensa que estoy al límite aunque lo he hablado varias veces con ella es como hablar con la pared, no sé si puede ser principios de alzheimer, si es porque no atiende pero yo pongo límites y después no puedo mantenerlos porque me siento culpable y también porque creo que necesito tenerla porque es mi zona segura no lo sé el caso que soy sociosanitaria y después en mi casa cuidadora, he estado en algunos profesionales pero no ha funcionado del todo y ahora todo esto me causó problemas digestivos , más ansiedad y ya no sé cómo abordarlo o dejar de tener tanta dependencia por no estar sola quizás es eso lo que me pasa, gracias
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Lo que describes tiene varios niveles. Por un lado, hay una historia larga de desvalorización, machismo, manipulación y falta de reconocimiento afectivo. Crecer escuchando mensajes como “tú no puedes” o “tú no vales”, sentir que no se te tenía en cuenta y vivir diferencias de trato respecto a tus hermanos puede dejar una huella importante en la autoestima, en la culpa y en la forma de vincularte.
Por otro lado, actualmente parece que estás en una posición de cuidadora casi permanente: trabajas como sociosanitaria y, al llegar a casa, sigues ocupando el rol de cuidadora con tu madre. Esa doble carga puede favorecer ansiedad, irritabilidad, síntomas físicos, agotamiento emocional y sensación de estar al límite. El estrés mantenido puede afectar tanto al cuerpo como al estado de ánimo, y cuando la preocupación es difícil de controlar y afecta a la vida diaria conviene evaluarla profesionalmente.
Hay algo importante: que tu madre haya tenido una historia difícil o que pueda estar envejeciendo no anula el daño que a ti te produce su trato. Puedes comprenderla y, aun así, reconocer que vivir en una dinámica diaria de invalidación, peleas y culpa te está deteriorando.
Respecto a la duda sobre un posible inicio de Alzheimer, no sería adecuado concluirlo solo porque “no escucha” o parece no registrar lo que le dices. La demencia implica un deterioro progresivo de funciones como memoria, pensamiento, lenguaje, juicio o capacidad para realizar tareas cotidianas; también pueden aparecer cambios de personalidad o pérdida de empatía. Si observas olvidos frecuentes, desorientación, dificultad para manejar dinero, medicación, citas, tareas habituales o cambios claros respecto a su funcionamiento previo, sería recomendable pedir valoración médica.
Dicho esto, incluso si hubiera deterioro cognitivo, eso no significa que tú debas asumirlo todo sola. Necesitas pasar de “poner límites cuando explotas” a diseñar límites sostenibles. Por ejemplo: horarios concretos de ayuda, temas que no vas a discutir, salir de la conversación cuando empiece la descalificación, pedir colaboración por escrito a tus hermanos y valorar recursos externos. Un límite real no es convencer a tu madre de que cambie; es decidir qué harás tú cuando se repita la conducta.
La culpa que aparece cuando intentas separarte probablemente no significa que estés haciendo algo malo. Puede ser una señal de dependencia emocional, de aprendizaje familiar o de miedo a quedarte sola. Si tu madre ha sido a la vez fuente de daño y “zona segura”, es normal que tu sistema emocional se confunda: una parte quiere alejarse para respirar y otra teme perder el único vínculo que siente disponible.
También convendría revisar una idea incómoda: si sigues esperando que tu madre, a estas alturas, reconozca plenamente tu esfuerzo, te dé el cariño que no te dio o repare la diferencia con tus hermanos, es posible que estés poniendo tu recuperación en manos de alguien que quizá no puede o no quiere hacerlo. Eso no significa resignarte al dolor; significa dejar de negociar tu valor con la persona que más lo ha cuestionado.
A nivel terapéutico, puede encajarte un proceso centrado en trauma relacional, dependencia emocional, límites familiares y sobrecarga del cuidador. Si ya has probado varios profesionales y no ha funcionado del todo, no significa que no haya solución; quizá necesitas un enfoque más específico y estructurado: terapia de esquemas, EMDR si hay recuerdos traumáticos claros, terapia cognitivo-conductual para la ansiedad, o un abordaje sistémico/familiar para trabajar roles, límites y culpa.
Ahora mismo tu prioridad no debería ser conseguir que tu madre entienda todo, sino proteger tu salud. Empieza por tres pasos concretos: pedir una valoración médica para tu madre si hay signos reales de deterioro, hablar con tus hermanos por escrito para repartir responsabilidades y buscar una psicoterapia enfocada específicamente en dependencia, trauma relacional y límites. No estás obligada a seguir ocupando el lugar de hija-cuidadora invisible para demostrar que vales.
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