Preguntas de pacientes (94)
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Por qué tengo relaciones sexuales sin querer realmente tenerlas?
Por qué tengo relaciones sexuales sin querer realmente tenerlas?
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Tener relaciones sexuales sin querer realmente tenerlas puede pasar por distintos motivos, y es importante escucharlo sin culparte ni minimizarlo. El sexo debería darse desde el deseo, la libertad y el consentimiento, no desde la obligación, el miedo o la presión.
A veces una persona accede a tener sexo aunque no le apetezca por miedo a que la pareja se enfade, a decepcionar, a que la abandonen, por culpa, por costumbre, por evitar conflictos o por sentir que “es lo que toca”. También puede ocurrir cuando hay baja autoestima, dependencia emocional, dificultad para poner límites, experiencias previas de abuso, educación sexual basada en complacer, o desconexión del propio cuerpo y de las propias necesidades.
Es importante diferenciar entre no tener un deseo muy intenso pero decidir libremente compartir intimidad, y tener sexo sintiendo que no quieres, que te estás forzando o que no puedes decir que no. En este segundo caso conviene prestarle atención, porque puede generar rechazo, ansiedad, tristeza, bloqueo, rabia, sensación de vacío o incluso desconexión durante las relaciones.
Puedes empezar preguntándote: ¿digo que sí para evitar una reacción?, ¿me siento culpable si digo que no?, ¿me cuesta parar una vez que empieza?, ¿mi pareja respeta mis límites?, ¿siento que mi cuerpo está presente o que simplemente aguanto? Estas preguntas pueden ayudarte a entender si el problema está en el deseo, en la relación, en la presión o en tu dificultad para escucharte y protegerte.
Sería recomendable que empieces a practicar límites pequeños y claros: “ahora no me apetece”, “prefiero parar”, “quiero solo abrazos”, “necesito ir más despacio”. Una pareja sana debería poder recibir un no sin castigarte, insistirte, manipularte o hacerte sentir culpable.
Si hay presión, chantaje, miedo, insistencia o te sientes obligada/o a tener sexo, eso no es una dificultad sexual cualquiera: es una señal de alarma. En ese caso es importante buscar apoyo en alguien de confianza y, si es necesario, ayuda profesional o recursos de protección.
También puede ayudarte acudir a una psicóloga-sexóloga para trabajar tu relación con el deseo, el consentimiento, la culpa, los límites y tu historia personal. No se trata de obligarte a querer sexo, sino de que puedas recuperar el derecho a decidir desde lo que realmente sientes.
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Mi hijo adolescente se masturba y ve videos para adultos es normal Tengo que hablar de sexo con el
Mi hijo adolescente se masturba y ve videos para adultos es normal
Tengo que hablar de sexo con el
Cómo puedo abordar este temaRESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Que un adolescente se masturbe puede formar parte del desarrollo sexual normal. En la adolescencia aparecen cambios hormonales, curiosidad, deseo sexual y exploración del propio cuerpo. La masturbación, si se realiza en privado, sin interferir en su vida diaria, no debería abordarse desde el castigo o la vergüenza.
El consumo de vídeos para adultos es diferente. Aunque muchos adolescentes pueden acceder a pornografía por internet, eso no significa que sea una buena fuente de educación sexual. La pornografía puede mostrar escenas poco realistas, ausencia de comunicación, roles de género distorsionados, prácticas sin contexto afectivo y expectativas poco sanas sobre el cuerpo, el consentimiento o el placer. Por eso sí es importante hablarlo.
La conversación no debería centrarse en “te he pillado” o “eso está mal”, porque probablemente se cerrará y lo ocultará más. Es mejor buscar un momento tranquilo y hablar desde la educación y el cuidado: “Sé que a tu edad puede haber curiosidad sexual. No quiero avergonzarte ni invadir tu intimidad, pero sí me importa que tengas información sana y que entiendas que el porno no representa cómo deberían ser las relaciones reales”.
Puedes explicarle algunos puntos básicos: que la sexualidad debe vivirse con consentimiento, respeto y cuidado; que nadie debe presionar a otra persona; que el placer de ambas partes importa; que las relaciones reales no son como los vídeos; que debe cuidar su privacidad y no compartir ni recibir imágenes íntimas, especialmente si hay menores; y que si alguna vez algo le incomoda o le genera dudas, puede hablar contigo sin miedo.
También conviene establecer límites razonables sobre internet: edad, horarios, dispositivos, privacidad, seguridad digital y contenidos a los que accede. No se trata de vigilarlo obsesivamente, sino de acompañar y educar. Si es muy pequeño, el acceso a pornografía debería limitarse claramente con controles parentales y conversación. Si ya es mayor, el enfoque debería combinar límites, educación sexual y confianza.
Es importante respetar su intimidad corporal. Puedes enseñarle que tocarse es algo privado, que debe hacerse en espacios íntimos, con higiene, sin exponer a otras personas y sin que interfiera con estudios, sueño, relaciones o actividades. También puedes transmitirle que no tiene que sentirse culpable por tener curiosidad o deseo.
Sería recomendable pedir orientación profesional si el consumo de pornografía es muy frecuente, compulsivo, interfiere con su vida, genera aislamiento, irritabilidad, baja autoestima, expectativas sexuales agresivas o dificultades para relacionarse. También si ha accedido a contenido violento, ilegal o muy perturbador, o si hay conductas sexuales inapropiadas hacia otras personas.
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Hola. Desde hace un tiempo un compañero de trabajo me intenta vacilar o hacer burlas, para llamar mi
Hola. Desde hace un tiempo un compañero de trabajo me intenta vacilar o hacer burlas, para llamar mi atención ,y aunque se que son al final tonterías no puedo entender como me están afectando tanto , intento evitarlo y sobretodo en situaciones sociales , pero estoy en un punto de no poder quitármelo de la cabeza y afectando mi animo y estado fisco. Se que de joven sufrí bullyng y siento que es un volver a empezar,que debería de hacer para resolver el problema que creo que yo mismo me he creado.Gracias
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Lo que describes no significa que “te estés creando el problema” ni que seas exagerado. Aunque desde fuera puedan parecer bromas o comentarios sin importancia, si en tu historia hubo bullying, es posible que ciertas conductas actuales activen una herida previa: la sensación de volver a ser ridiculizado, expuesto o colocado en una posición de inferioridad.
A veces el malestar no viene solo por lo que la otra persona dice, sino por lo que esa situación representa para ti. Tu mente puede interpretar esas burlas como una señal de amenaza social y tu cuerpo responder con ansiedad, tensión, bloqueo o necesidad de evitar. Esto no significa que estés fallando, sino que algo antiguo se está reactivando en un contexto presente.
También es importante no minimizar la conducta del compañero. Que él lo haga “para llamar tu atención” o que sean “tonterías” no implica que tengas que aceptarlo. Si algo te incomoda de forma repetida, tienes derecho a poner un límite claro. Por ejemplo: “Prefiero que no hagas ese tipo de bromas conmigo” o “No me resulta cómodo que me vaciles delante de otros”. No hace falta justificarte demasiado ni entrar en una discusión.
Si continúa, puede ayudarte registrar cuándo ocurre, qué dice, delante de quién y cómo te afecta. No para obsesionarte, sino para tener claridad. Si el comportamiento se repite y afecta a tu bienestar laboral, podrías valorar hablar con un superior, recursos humanos o una persona de confianza en el entorno de trabajo. Poner límites no es crear conflicto; es proteger tu espacio.
A nivel psicológico, sería útil trabajar dos planos. El primero es el presente: aprender respuestas asertivas, reducir la evitación y recuperar seguridad en situaciones sociales. El segundo es la historia previa de bullying: comprender por qué esta situación te afecta tanto, qué pensamientos se activan y cómo dejar de sentirte nuevamente indefenso ante una burla.
Cuando notes que te quedas enganchado pensando en ello, intenta diferenciar: “Esto que siento es muy intenso porque conecta con algo anterior, pero ahora soy adulto y puedo responder de otra manera”. Esa frase no elimina el malestar de golpe, pero ayuda a separar el pasado del presente.
Si ya está afectando a tu ánimo, a tu cuerpo o a tu capacidad para estar tranquilo en el trabajo, sería recomendable hablarlo con un/a psicólogo/a. No porque el problema esté “solo en ti”, sino porque puedes aprender a regular la ansiedad, fortalecer límites y evitar que una experiencia pasada vuelva a ocupar demasiado espacio en tu vida actual.
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Hola, me he separado de mi esposo, el toma mucho alcohol, es muy parrandero y mujeriego, tenemos un
Hola, me he separado de mi esposo, el toma mucho alcohol, es muy parrandero y mujeriego, tenemos un hijo, siempre escuchaba comentarios de que me era infiel pero no habia visto nada hasta que escuche un audio que alguien anónimo me envió, en el audio se escucha el contándole a la madre de como me es infiel y me deja con el niño en casa, yo trabajo de 8 a 6 de la tarde porque me di cuenta que si por el era no saldríamos de la casa de la mama, ahí viví 6 años y le decia que quería tener mi casa y mi espacio de esa mujer, ellos no viven en el pais, de hecho estaba sola en esa casa, pero sentía que me tenias de chacha y seguridad mientras ellos se iban fuera del pais, esa mujer me miraba mal y hacía cosas que me hacían sentir mal, alquile una casa y me llevé al niño, caí en depresión, hoy me siento mejor pero siento que lo extraño, él me dice que sufre mi abandono e indiferencia, le he dicho que vayamos a terapia y no quiso, le dije de mudarse de casa de esa mujer y tampoco quiso, en verdad muchas veces quisiera perdonarlo pero no se puede vivir así
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Lo que describes muestra una situación de mucho desgaste emocional: sospechas de infidelidad, consumo de alcohol, conductas mujeriegas, falta de compromiso con la vivienda y la familia, sensación de haber sido utilizada en la casa de su madre, soledad, depresión y ahora dudas porque, a pesar de todo, todavía lo extrañas.
Es importante que no confundas extrañar con que necesariamente debas volver. Se puede echar de menos a alguien y, al mismo tiempo, reconocer que esa relación te hacía daño. El vínculo afectivo no se rompe de un día para otro, aunque haya habido decepción, traición o cansancio. Por eso es normal que una parte de ti quiera perdonarlo y otra parte sepa que “no se puede vivir así”.
También conviene mirar los hechos, no solo sus palabras. Tú le propusiste ir a terapia y no quiso. Le planteaste salir de la casa de su madre y tampoco quiso. Tú necesitabas un hogar propio, respeto, apoyo y seguridad para ti y para tu hijo. Si la otra persona no asume responsabilidad ni muestra cambios concretos, la relación queda sostenida casi solo por tu esfuerzo.
Cuando él te dice que sufre por tu abandono e indiferencia, puede tocarte la culpa, pero separarte de una situación que te dañaba no es abandono. A veces poner límites se interpreta como frialdad, especialmente por quien estaba acostumbrado a que la otra persona aguantara. Tu decisión de alquilar una casa y llevarte a tu hijo parece más un acto de protección que de indiferencia.
Perdonar, si algún día decides hacerlo, no significa volver ni permitir lo mismo. El perdón no sustituye a la confianza, a la responsabilidad ni a los cambios. Para reconstruir una relación tendría que haber reconocimiento del daño, transparencia, compromiso real, tratamiento o revisión del consumo de alcohol si es problemático, límites claros con otras mujeres y disposición a trabajar la relación. Sin eso, volver puede significar regresar al mismo ciclo.
También es importante que cuides tu recuperación. Haber caído en depresión después de todo esto indica que tu cuerpo y tu mente llegaron a un límite. Aunque hoy te sientas mejor, sería recomendable contar con apoyo psicológico para trabajar la dependencia emocional, la culpa, el duelo de la relación y la reconstrucción de tu autoestima. No porque estés equivocada, sino porque has vivido mucho desgaste y necesitas sostén.
Respecto a tu hijo, protegerlo no significa mantener una relación que te rompe. Los niños necesitan estabilidad, cuidado y un entorno emocional lo más seguro posible. Si el padre quiere formar parte de su vida, sería importante que lo haga desde la responsabilidad, la presencia y el respeto, no desde el caos, la culpa o la manipulación.
Si hay consumo excesivo de alcohol, agresividad, amenazas, presión o miedo, busca apoyo familiar, legal o institucional cuanto antes. Y aunque no haya violencia física, también es válido pedir orientación sobre custodia, acuerdos y límites para no quedar atrapada en decisiones improvisadas.
No estás obligada a volver porque lo extrañes. Puedes quererlo, dolerte su ausencia y aun así elegir una vida más tranquila para ti y para tu hijo. La pregunta no es solo si puedes perdonarlo, sino si él está dispuesto a cambiar con hechos y si esa relación puede ofrecerte respeto, paz y seguridad.
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Mi novio en una reunión de amigos confesó qué hace 10 años conoció a una chica trans y qué el la veí
Mi novio en una reunión de amigos confesó qué hace 10 años conoció a una chica trans y qué el la veía mujer, él ahora tiene 28 años. Ella le confesó que antes era hombre a lo qué él le dijo: yo soy heterosexual y lo que me gusta son las mujeres, prefiero que mejor seamos amigos, ella le respondió: era hombre, ahora estoy operada y tengo vagina, el acepto ya que tenía vagina y físicamente el la vio como mujer, la relación era a distancia, solo se vieron 2 veces: el fue a verla tuvieron sexo y después ella fue a verlo y tuvieron sexo, la relación solo duró 3 meses, el dice que para el no tuvo relevancia.
La cuestión es, llevamos 4 años de relación y por más qué el me diga que era mujer y que fue hace 10 años, me dijo que después de ella estuvo con mujeres biológicas, no logro aceptar esa situación, he llorado mucho, pensado mucho, me he hecho muchas preguntas en cuanto a su orientación sexual. No sé si terminar la relación o aceptar su pasado.RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Entiendo que esta información te haya movido muchas emociones, sobre todo porque apareció después de varios años de relación y quizá no formaba parte de la imagen que tenías de su pasado. Es normal que te surjan preguntas, inseguridad o confusión, pero conviene separar lo que ocurrió de las interpretaciones que tu mente está haciendo ahora.
Que tu pareja haya tenido una relación con una mujer trans hace diez años no significa automáticamente que no sea heterosexual ni que te haya engañado sobre su orientación. Según lo que cuentas, él la percibía como mujer, se vinculó con ella como mujer y te dice que lo vivió así. Sentirse atraído por una mujer trans no convierte necesariamente a un hombre heterosexual en homosexual o bisexual. La orientación sexual no se define por un único episodio ni por el pasado sexual de una persona, sino por un patrón de atracción y deseo.
También sería importante revisar qué es exactamente lo que te duele: si te duele que no te lo hubiera contado antes, si te genera inseguridad imaginar esa experiencia, si te preocupa su orientación, si sientes rechazo por la idea de que haya estado con una mujer trans, o si se ha activado miedo a que haya algo oculto. No todas esas emociones significan lo mismo, y poder diferenciarlas te ayudará a no tomar una decisión desde la angustia.
Tu pareja tiene un pasado, de la misma forma que puedes tener tu el tuyo. Que algo de su pasado te incomode no significa necesariamente que sea una amenaza para la relación actual. La pregunta sería: ¿cómo es él contigo hoy?, ¿hay respeto, deseo, compromiso y coherencia?, ¿te ha dado motivos actuales para desconfiar?, ¿o el malestar viene principalmente de intentar reinterpretar quién es él a partir de una experiencia de hace diez años?
Aceptar no significa que tengas que sentirte bien de inmediato. Puede llevarte tiempo ordenar lo que sientes. Pero sí sería importante no convertir esta información en una prueba constante de su orientación ni en una fuente de interrogatorios, porque eso puede dañar mucho la relación y aumentar tu ansiedad.
También puede ayudarte revisar algunas creencias sobre las mujeres trans y sobre la heterosexualidad. A veces el sufrimiento no viene solo del hecho en sí, sino de ideas rígidas sobre lo que “debería” haber significado esa experiencia. Desde la sexología, es importante entender que la sexualidad humana tiene matices, y que una experiencia pasada no invalida necesariamente el amor, el deseo o el compromiso presentes.
No tienes que decidir hoy si terminar o continuar. Date un tiempo para observar si puedes elaborar esta información sin castigarlo ni castigarte.
Si notas que no puedes dejar de pensar en ello, que revisas mentalmente la historia una y otra vez, que lloras con frecuencia o que esta duda está ocupando demasiado espacio, sería recomendable trabajarlo con una psicóloga-sexóloga. No para que alguien te diga si debes seguir o terminar, sino para ayudarte a diferenciar inseguridad, prejuicio, miedo, celos, valores personales y confianza de pareja.
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Buenos días. Llevo 6 meses con mi novio y siempre nos hemos llevado muy bien. Hubo un punto hace dos
Buenos días. Llevo 6 meses con mi novio y siempre nos hemos llevado muy bien. Hubo un punto hace dos meses en que yo empecé con una racha de apego ansioso que ya había sufrido en otras relaciones. Desde entonces poco ha cambiado pero si es cierto que cuanto más detrás suyo voy más se agobia porque necesita su espacio. Lo que más me preocupa es que antes cuando le quería comentar algo que me molestaba o me dolía siempre me escuchaba las veces que hiciera falta, pedía perdón a la mínima y se solucionaba todo bastante fácil. Últimamente todas las discusiones que tenemos no es por ningún tema en concreto sino por cómo nos hablamos: él se exalta y empieza q poner caras o gestos que a mí me hacen sentir mal y yo insisto en que vea que eso no está bien y él se agobia y se aleja. Estoy haciendo mucho esfuerzo en trabajar que no todo es urgente y en respetar que él también tiene sus momentos de agobio y que no es necesario hablarlo todo ya. Pero me duele mucho cada vez que hablamos y pone los ojos en blanco, o hablamos y resopla. Ayer lo único que le pedí fue que cuando necesitase espacio o que parase necesitaba que me lo dijera tal cual, y que si se había enterado. Y ya empezó a alargar las frases como “siiiiii”, “vaaaaale”. O me preguntaba como cansado “venga vale cuéntameloo…” cuando lo que tenía que contarle era algo que debía incumbirnos q ambos.
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Lo que describes parece una dinámica bastante frecuente cuando se junta apego ansioso, necesidad de hablar para calmarse y una pareja que, ante la presión o el conflicto, tiende a agobiarse y tomar distancia. No significa necesariamente que no os queráis, pero sí que la forma en la que estáis gestionando el malestar puede estar empezando a desgastar la relación.
Es positivo que estés intentando revisar tu parte: entender que no todo es urgente, respetar sus tiempos y no buscar resolverlo todo en el mismo momento. Eso es importante, especialmente si notas que cuando sientes inseguridad tiendes a insistir más, pedir más explicaciones o necesitar una respuesta inmediata para poder calmarte.
Pero también es importante decir algo con claridad: que tú tengas apego ansioso o necesidad de hablar no justifica que él te hable con desprecio, ponga los ojos en blanco, resople o use tonos que te hacen sentir ridiculizada o poco importante. Una cosa es que él necesite espacio, y otra distinta es que lo exprese de una forma hiriente. Ambas partes tienen responsabilidad: tú en aprender a regular la urgencia, y él en aprender a poner límites sin invalidarte ni tratarte con gestos de fastidio.
Puede ayudarte separar dos temas. El primero es el contenido: qué te dolió, qué necesitas hablar o qué acuerdo queréis tomar. El segundo es la forma: cómo os habláis cuando hay tensión. Si discutís cada vez más por la forma y menos por el tema original, probablemente necesitáis acordar reglas básicas para comunicaros cuando alguno se activa emocionalmente.
Podrías expresarlo de forma muy clara y no acusatoria: “Estoy trabajando mi ansiedad y sé que a veces puedo insistir demasiado. Pero cuando pones los ojos en blanco, resoplas o me respondes como si fuera una carga, me siento herida y me cuesta confiar. Necesito que si estás saturado me lo digas directamente, sin gestos de desprecio, y que podamos hablarlo más tarde”.
Es importante que observes no solo si él necesita espacio, sino qué hace con ese espacio. No es lo mismo una persona que se toma un rato para calmarse y luego vuelve a hablar con respeto, que una persona que se aleja, evita cualquier conversación incómoda y además te hace sentir culpable por necesitar expresar algo.
A la vez, también sería útil que sigas trabajando tu apego ansioso a nivel individual: aprender a calmarte antes de hablar, distinguir entre una urgencia emocional y una necesidad real, no buscar seguridad a través de repetir la misma conversación y fortalecer tu autoestima fuera de la relación. Cuando la ansiedad baja, puedes comunicarte con más claridad y menos miedo.
Si ambos queréis cuidar la relación, sería recomendable que habléis de esta dinámica cuando estéis tranquilos, no en medio de una discusión. Podéis preguntaros: ¿cómo pedimos espacio?, ¿cuándo retomamos las conversaciones?, ¿qué gestos o tonos no vamos a aceptar?, ¿cómo nos avisamos de que estamos saturados sin dañarnos?
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Hola llevo 19 años con mi pareja actualmente llevamos dos años y medio que no nos vemos personalment
Hola llevo 19 años con mi pareja actualmente llevamos dos años y medio que no nos vemos personalmente pero hablamos todos los días. Pero ha pasado un tiempo que ya no hablamos de sexo ni nada por el estilo, lo único que dice es que el tiempo tiene la razón, lo puedo tomar como malo?
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Que una relación de tantos años lleve dos años y medio sin verse personalmente y, además, haya dejado de incluir conversaciones sobre sexualidad, intimidad o planes concretos, es algo que merece ser hablado con claridad. No necesariamente significa que “todo esté mal”, pero sí puede indicar distancia emocional, desgaste, evitación o una forma de mantener el vínculo sin afrontar qué está pasando realmente.
La frase “el tiempo tiene la razón” es muy ambigua. Puede significar paciencia, pero también puede funcionar como una manera de no responder, no comprometerse o no hablar de temas incómodos. En una relación, especialmente a distancia, no basta con hablar todos los días si no se habla de lo importante: qué desean, qué sienten, qué lugar ocupa la relación, cuándo se van a ver, qué proyecto tienen y si sigue existiendo deseo o intimidad entre ambos.
También es importante no reducir la relación solo al sexo. Puede haber etapas de menos deseo, cansancio, preocupaciones o cambios personales. Pero si antes había una comunicación íntima y ahora desapareció por completo, conviene preguntarse qué cambió y si ambos siguen implicados de la misma manera.
Podrías hablarlo de forma directa. Observa también sus hechos, no solo sus palabras. ¿Busca formas de veros?, ¿propone planes?, ¿se interesa por tu bienestar?, ¿hay cariño, deseo, compromiso y coherencia?, ¿o la relación se mantiene solo por costumbre y conversaciones diarias?
No tienes que tomarlo automáticamente como algo malo, pero sí como una señal de que necesitas respuestas más concretas. Amar a alguien no debería colocarte indefinidamente en espera. Una relación a distancia puede sostenerse, pero necesita comunicación honesta, acuerdos, intimidad emocional y un proyecto realista.
Si al intentar hablar él evita el tema, responde con frases vagas o no muestra intención de construir algo contigo, sería importante que te preguntes si esa relación todavía te está dando cuidado, presencia y seguridad, o si te mantiene aferrada a una expectativa.
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Mi marido en circunstancias muy especiales saco a bailar a una desconocida cuando a mí hacia un me h
Mi marido en circunstancias muy especiales saco a bailar a una desconocida cuando a mí hacia un me había dado un infarto en un ojo. Le quería muchísimo y el a mi . Me dolió tanto al recibir un whtsapp con las imágenes que perdonándolo lo lo podía olvidar. A los dos años tuvo un ictus y murió .Tengo que sentirme culpable po no darle el cariño que necesitaba desde al perder confianza en el ?
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Siento mucho tu pérdida. Lo que cuentas mezcla varias heridas muy difíciles: el dolor de sentirte dañada por alguien a quien querías mucho, la pérdida de confianza, el intento de perdonar sin poder olvidar, y después su enfermedad y fallecimiento. Es comprensible que ahora aparezca culpa, dudas y preguntas sobre si pudiste haberle dado más cariño.
Pero perder la confianza no significa dejar de querer. Una persona puede amar mucho a su pareja y, al mismo tiempo, sentirse herida, distante o incapaz de entregarse como antes. Eso no te convierte en mala esposa ni en responsable de lo que ocurrió después. Tú reaccionaste desde el dolor que sentías en ese momento y con los recursos emocionales que tenías.
También es importante separar dos cosas: una cosa es que quizá te hubiera gustado haber vivido ese tiempo de otra manera, y otra muy distinta es culparte por su ictus, por su muerte o por no haber podido darle exactamente el cariño que necesitaba. Su enfermedad y su fallecimiento no fueron consecuencia de que tú estuvieras herida o de que la confianza se hubiera roto.
En el duelo es muy frecuente que la mente vuelva al pasado y busque “errores”: “si hubiera hecho más”, “si hubiera perdonado mejor”, “si no me hubiera dolido tanto”. A veces la culpa aparece porque nos da una falsa sensación de control sobre algo que, en realidad, fue muy doloroso e irreversible. Pero sentir culpa no significa que seas culpable.
Quizá puedas mirar tu historia con más compasión: le querías, te dolió lo que ocurrió, intentaste perdonar y no pudiste olvidar del todo. Eso es humano. La confianza no se reconstruye solo con voluntad; necesita reparación, tiempo, seguridad y coherencia. Si no pudiste volver a sentirte igual, no fue por falta de amor, sino porque algo dentro de ti quedó dañado.
Puede ayudarte trabajar esta culpa en un proceso terapéutico de duelo. No para convencerte de que “todo estuvo bien”, sino para integrar la historia completa: el amor que hubo, el daño que sentiste, lo que pudiste dar, lo que no pudiste, y la tristeza de no poder resolverlo ahora con él.
No tienes que castigarte por haber sufrido. Puedes echarlo de menos, reconocer que le querías y, al mismo tiempo, aceptar que hubo algo que te dolió profundamente. Ambas cosas pueden ser verdad. El camino ahora no es culparte, sino aprender a despedirte con más ternura hacia él y también hacia ti misma.
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Buenos días. Llevo 6 meses con mi pareja y francamente al principio todo era de color de rosa. Todo
Buenos días. Llevo 6 meses con mi pareja y francamente al principio todo era de color de rosa. Todo iba bien hasta que, él empezó a estar un poco más apagado por sus agobios académicos y laborales y a mí se me despertó el monstruo de la inseguridad y el apego ansioso que me pasaba en cada relación. Empecé a hiper analizar cada frase, situación, gesto incluso. A medida que han ido pasando estos dos últimos meses, es cierto que he podido relativizar que realmente nada estaba cambiando como tal pero que yo debía relajarme. Hemos acabado este último mes discutiendo hasta en 4 ocasiones sin motivo aparente. Tan solo porque a mí la ansiedad me pide insistir y reafirmar y cuando él está agobiado necesita espacio. El me pide espacio y yo lo vulnero y acabamos sintiéndonos mal. Al rato estamos bien pero yo ya no sé diferenciar de si el vínculo está desgastándose o es algo común tras una discusión. Cuando empecé con esta racha hace dos meses era alguien súper expresivo y cariñoso, y pese que ahora lo sigue siendo, va respondiéndome menos frecuentemente, va teniendo menos detalles, me dice que me quiere pero no tan a menudo… y yo le insisto en encontrar un término medio y me pongo muy pesada, y le pregunto que si me quiere… y solo cuando ya ha pasado es cuando me doy cuenta de que debería haber obviado el impulso de que me reafirme. Entiendo que al principio todo iba a ser más nuevo, no tenía problema en reafirmarme y todo eran palabras bonitas. Ahora es cierto que los empezamos a conocer más y yo no puedo ver las cosas claramente porque no puedo parar de sobrepensar y rumiar. Siento que todo se apaga aunque tenga evidencias de hace dos días de que todo está bien.
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Lo que describes parece una dinámica en la que se han juntado dos necesidades distintas: por un lado, tu apego ansioso te pide cercanía, seguridad, respuestas rápidas y reafirmación; por otro, cuando él se siente agobiado, necesita espacio para regularse. Ninguna de las dos necesidades es “mala” en sí misma, pero cuando se encuentran de forma desajustada pueden crear un ciclo doloroso: tú sientes inseguridad, buscas más confirmación, él se satura, se distancia un poco, y ese distanciamiento aumenta todavía más tu ansiedad.
Es importante que puedas reconocer tu parte, como ya estás haciendo. Hiperanalizar cada frase, gesto o cambio de frecuencia puede hacer que la relación se viva como una amenaza constante, aunque haya evidencias de cariño y compromiso. La ansiedad intenta darte una sensación de control, pero en realidad suele empujarte a pedir más pruebas de amor justo cuando la otra persona menos capacidad tiene para darlas.
También conviene entender que no todas las diferencias respecto al inicio significan pérdida de amor. Al principio de una relación suele haber más intensidad, más mensajes, más detalles y más verbalización afectiva. Con el tiempo, el vínculo puede volverse menos eufórico y más cotidiano. Eso no necesariamente significa que se esté apagando; puede significar que está entrando en una fase más real, donde ambos empiezan a mostrarse con sus cansancios, límites y formas de regularse.
Dicho esto, tu malestar también merece ser atendido. No se trata de que tú tengas que tragarte todo por miedo a parecer intensa, sino de aprender a diferenciar entre una necesidad legítima y una urgencia ansiosa. Una necesidad legítima puede expresarse con calma y buscar acuerdos. Una urgencia ansiosa suele pedir respuesta inmediata, certeza absoluta y repetición constante de la misma conversación.
Puede ayudarte frenar antes de pedir reafirmación y preguntarte: “¿Esto que voy a decir busca construir o busca calmar mi ansiedad durante unos minutos?”. Si es lo segundo, quizá puedas probar primero con una pausa, escribir lo que sientes sin enviarlo, respirar, distraerte un rato o esperar a estar más regulada. No porque tus emociones no importen, sino porque hablar desde el pico de ansiedad suele aumentar el conflicto.
Respecto a la duda de si el vínculo se está desgastando, observa más los patrones que los momentos aislados. Una discusión puntual no significa que todo esté roto. Pero si cada conflicto termina en persecución, agobio, distancia y más inseguridad, entonces sí conviene intervenir en la dinámica antes de que se cronifique.
Sería muy recomendable que trabajes tu apego ansioso a nivel individual, no para culparte, sino para que tu tranquilidad no dependa constantemente de lo que él diga o haga. Esto incluye fortalecer autoestima, aprender autorregulación, revisar heridas previas, tolerar mejor la incertidumbre y construir una vida emocional más amplia que la relación.
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Porque cada que llevo algún susto siento q después no respiro bien y el corazón se me acelera y por
Porque cada que llevo algún susto siento q después no respiro bien y el corazón se me acelera y por las noches me da ataque de pánico
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Lo que describes puede estar relacionado con una respuesta de ansiedad o pánico. Cuando vivimos un susto, el cuerpo activa un sistema de alarma: aumenta la adrenalina, el corazón se acelera, la respiración cambia, los músculos se tensan y la mente interpreta que puede haber peligro. Aunque el susto ya haya pasado, el cuerpo puede quedarse “encendido” durante un tiempo, y eso puede hacer que sientas que no respiras bien o que el corazón va demasiado rápido.
Por la noche esto puede intensificarse porque hay menos distracciones, estás más pendiente de las sensaciones corporales y cualquier cambio en la respiración o en el ritmo cardíaco puede interpretarse como una amenaza. Entonces aparece el miedo a que vuelva a pasar, y ese miedo puede acabar desencadenando otro ataque de pánico.
Es importante saber que un ataque de pánico se siente muy desagradable, pero no significa necesariamente que estés en peligro ni que vayas a perder el control. Muchas veces el problema no es solo la sensación física, sino la interpretación: “no puedo respirar”, “me va a pasar algo”, “no voy a poder calmarme”. Esa interpretación aumenta aún más la ansiedad.
Cuando te ocurra, intenta no luchar contra la sensación. Puedes decirte: “Esto es ansiedad, mi cuerpo está activado, va a pasar”. Apoya los pies en el suelo, mira a tu alrededor y nombra cosas que ves, escucha tu respiración sin forzarla y procura soltar el aire lentamente. No se trata de respirar perfecto, sino de enviarle al cuerpo una señal de seguridad.
También sería recomendable revisar qué está pasando últimamente en tu vida: estrés, preocupaciones, falta de descanso, miedo acumulado, experiencias recientes o situaciones que te mantienen en alerta. A veces los ataques de pánico aparecen después de una etapa de tensión sostenida, no solo por un susto puntual.
Si esto se repite, te da miedo dormir, empiezas a evitar situaciones o estás pendiente todo el día de tu corazón y tu respiración, sería recomendable consultar con un/a psicólogo/a. La ansiedad y los ataques de pánico tienen tratamiento, y se puede aprender a regular el cuerpo, reducir el miedo a las sensaciones y recuperar tranquilidad.
También conviene acudir a un médico si nunca te han valorado estos síntomas, especialmente si hay dolor fuerte en el pecho, desmayos, dificultad respiratoria intensa que no cede, antecedentes cardíacos o síntomas muy diferentes a los habituales. No porque necesariamente sea algo grave, sino para descartar causas físicas y quedarte más tranquila/o.
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Hola por qué me da miedo cuando llega la noche siento que algo malo me va a pasar me empieza a doler
Hola por qué me da miedo cuando llega la noche siento que algo malo me va a pasar me empieza a doler el estómago o la cabeza a veces siento la cara entumida me dan ganas de llorar y siento que todo lo malo me pasa a mi, a cada rato quiero ir al médico por qué siento que algo en mi no está bien pero todo está bien y no se que hacer siento que me ahogo, duermo y me despierto por ratos
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Lo que describes suena muy angustiante y agotador. Ese miedo que aparece cuando llega la noche, la sensación de que algo malo va a pasar, el dolor de estómago o de cabeza, la cara entumida, las ganas de llorar, la sensación de ahogo y despertarte varias veces pueden estar relacionados con ansiedad intensa o ataques de pánico nocturnos.
Por la noche muchas personas se sienten peor porque hay menos distracciones, el cuerpo se queda más quieto y la mente empieza a escuchar más las sensaciones internas. Entonces cualquier molestia puede interpretarse como señal de peligro. Esa interpretación aumenta el miedo, el miedo activa más el cuerpo, y el cuerpo produce más síntomas. Así se forma un círculo difícil de cortar.
Que tengas ganas de ir al médico constantemente puede formar parte de ese mismo ciclo. LEsto no significa que estés inventando los síntomas; los síntomas se sienten reales. Lo que ocurre es que la ansiedad puede amplificar mucho las señales del cuerpo y hacerlas parecer peligrosas.
Si ya te han revisado y te han dicho que todo está bien, el siguiente paso no es seguir buscando pruebas médicas una y otra vez, sino empezar a trabajar la ansiedad. Un/a psicólogo/a puede ayudarte a entender este bucle, reducir el miedo a las sensaciones corporales, manejar los ataques de pánico y recuperar el sueño poco a poco.
Cuando llegue la noche, intenta preparar una rutina tranquila: baja estímulos, evita mirar síntomas en internet, deja el móvil lejos, respira suave sin forzarte y recuérdate: “Esto es ansiedad, es incómodo, pero no significa que algo malo vaya a pasar”. También puedes apoyar los pies en el suelo, nombrar cinco cosas que ves, tocar algún objeto frío o describir mentalmente dónde estás para volver al presente.
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Tengo una preocupación. Me gusta ponerme tangas. Me gusta también chatear con otros hombres para que
Tengo una preocupación. Me gusta ponerme tangas. Me gusta también chatear con otros hombres para que me hagan sentir femenino y coquetear. Y la mayor es que desearía tener mis genitales muy pequeños incluso he consultado como hacerlo con hormonas etc porque me pasa esto
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Lo primero es decirte que ponerse tangas, disfrutar de sentirse femenino o coquetear con otros hombres no significa, por sí solo, que haya algo malo en ti. La expresión de género, las fantasías, el deseo de gustar o sentirte validado de una forma más femenina pueden formar parte de la diversidad sexual y personal de cada persona.
Lo importante aquí no es juzgar lo que te gusta, sino entender qué significado tiene para ti y cuánto malestar te genera. Puede estar relacionado con una fantasía de feminización, con una forma de erotismo, con curiosidad, con necesidad de sentirte deseado de otra manera, o también con preguntas más profundas sobre identidad de género o disconformidad con tu cuerpo. No es posible definirlo solo con lo que cuentas, pero sí merece ser explorado con calma y sin culpa.
La parte que sí conviene tomar con especial cuidado es el deseo de tener los genitales muy pequeños y haber consultado sobre hormonas. Las hormonas no deberían tomarse nunca por cuenta propia ni como experimento, porque pueden tener efectos importantes sobre el deseo, la erección, la fertilidad, el estado de ánimo, el pecho, la piel, el metabolismo y la salud general. Si en algún momento quisieras explorar cambios corporales, lo adecuado sería hacerlo con profesionales especializados en salud sexual, endocrinología y acompañamiento psicológico afirmativo.
También sería útil preguntarte algunas cosas: ¿esto te genera placer, alivio o identidad?, ¿te angustia después?, ¿lo vives como algo secreto que te da culpa?, ¿te gustaría vivir una parte más femenina de ti en la intimidad o también en otros aspectos de tu vida?, ¿quieres cambiar tu cuerpo o más bien fantaseas con ello en determinados momentos de excitación? Diferenciar deseo, fantasía, identidad y malestar corporal puede ayudarte mucho.
Respecto a chatear con otros hombres, intenta cuidar tu seguridad emocional y digital: no compartir imágenes o información si luego te puede hacer sentir vulnerable, no exponerte a chantajes y revisar si lo haces desde el deseo o desde una necesidad intensa de validación.
Mi recomendación sería que lo hables con una psicóloga-sexóloga, idealmente con experiencia en diversidad sexual y de género. No para que te diga “qué eres”, sino para ayudarte a entenderte sin vergüenza, ordenar tus deseos y tomar decisiones sobre tu cuerpo desde la calma, no desde la urgencia o el miedo.
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Tengo una confusión. Y es que no se que me pasa. El caso es que tengo pareja y cuando no está me enc
Tengo una confusión. Y es que no se que me pasa. El caso es que tengo pareja y cuando no está me encanta poder ponerme sus tangas hacerme fotos y tocarme por encima viéndome o viendo contenido trans. Además quiero que lo haga con otro pero me da miedo comentárselo o comentarle lo que hago con los tangas por si me rechaza o enfada o piensa que soy homosexual.. aunque me atrae el feminismo.. incluso yo estoy confuso..
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Lo primero es decirte que lo que describes no significa automáticamente que seas homosexual ni que haya algo “mal” en ti. Usar tangas, excitarte viéndote con una imagen más femenina, fantasear con roles distintos o consumir contenido trans puede formar parte de fantasías sexuales, curiosidad, erotismo asociado a lo femenino o exploración de tu expresión sexual.
Es importante diferenciar varias cosas: una cosa es la orientación sexual, otra la identidad de género, otra la expresión de género y otra las fantasías sexuales. Que te guste sentirte femenino en un contexto erótico no significa necesariamente que quieras vivir como mujer ni que te atraigan los hombres en la vida real. Y que te excite contenido trans tampoco define por sí solo tu orientación. La sexualidad tiene matices y no siempre encaja en una etiqueta rápida.
También conviene observar qué te pasa emocionalmente después. Si lo vives con placer, curiosidad y cierta vergüenza, puede ser una parte de tu erotismo que todavía no has integrado. Si en cambio te genera mucha angustia, culpa, miedo a “ser algo” o pensamientos repetitivos, quizá el problema no sea la fantasía en sí, sino la ansiedad y el juicio que aparece alrededor de ella.
Respecto a usar las tangas de tu pareja, aquí sí es importante cuidar los límites. No porque tu deseo sea malo, sino porque son prendas personales de otra persona. Si no tienes su permiso, podría sentirse invadida o traicionada si lo descubre. Una alternativa más respetuosa sería comprar tus propias prendas y explorar esa parte de ti sin vulnerar la intimidad de ella.
Si deseas compartirlo con tu pareja, no tienes que contarlo todo de golpe ni presentarlo como algo grave. Puedes empezar desde la honestidad y la vulnerabilidad: “Hay una parte de mi sexualidad que me da vergüenza contarte porque temo que me juzgues o pienses que cambia lo que siento por ti. Me gustaría poder hablarlo contigo poco a poco”. Eso permite abrir conversación sin imponerle nada.
También mencionas que querrías que ella hiciera algo con otra persona. Si te refieres a una fantasía de verla con alguien más, eso también puede existir como fantasía sexual, pero llevarlo a la práctica solo tendría sentido si ambos lo desean libremente, con acuerdos claros, sin presión y cuidando las consecuencias emocionales. No todas las fantasías necesitan hacerse realidad para ser válidas.
La clave es que no conviertas esto en una prueba de tu valor, de tu masculinidad o de tu orientación. Puedes explorar qué significa para ti lo femenino, qué te excita, qué deseas compartir y qué prefieres mantener en tu intimidad. Pero sería recomendable hacerlo desde el respeto a ti mismo y también desde el respeto a los límites de tu pareja.
Si esta confusión te genera mucha ansiedad, culpa o miedo al rechazo, una psicóloga-sexóloga puede ayudarte a ordenar todo esto sin juzgarte: diferenciar fantasía, identidad, deseo, orientación y límites de pareja. No se trata de ponerte una etiqueta, sino de que puedas vivir tu sexualidad con más calma, responsabilidad y coherencia.
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Hola.tengo una enfermedad .y mi madre se agarra de eso . Tengo mucha bronca la verdad Ella dice q
Hola.tengo una enfermedad .y mi madre se agarra de eso .
Tengo mucha bronca la verdad
Ella dice que si no me acompaña me pasará algo .
Que me quiere poner una acompañante .para que yo esté segura
Toda la vida me jodió .arruino mi vida
Por qué no se busca un chongo .hombre .que la quiera y no me jode más .
Tuve que mentir algunas veces .es muy sobreprotectora
Nunca me dejó salir sola con mis amigos. Se hace la víctima
Cómo puedo hacer para poder salir sola?
Ella me manipula .todo el tiempo.
Es muy mala
De verdad
No sé que hacer estoy desesperada posta .
Me pone muy nerviosa .
Quiere que me mudé con ella. También por que quiere vender la casa ..
Tengo mucha bronca
Voy a terapia hace poco .
Pero esto es hace años .discutimos seguido y siempre responde de mala manera ..
No sé que hacer .
Ayuda!!!
Ya hablé con ella no sirve por qué es muy cabeza dura. .
Se mete en. Mis proyectos para sacar beneficios .ella
Eso pienso yo
Esto no es justo ni lindo .RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Siento mucho que estés viviendo esto con tanta angustia. Se nota que llevas años sintiéndote invadida, controlada y poco escuchada, y es comprensible que aparezca mucha bronca cuando sientes que tu madre usa tu enfermedad como argumento para decidir por ti.
Es importante diferenciar dos cosas: una cosa es que, por tu enfermedad, puedas necesitar ciertos cuidados, precauciones o apoyos concretos; y otra muy distinta es que eso se convierta en control, sobreprotección o pérdida de autonomía. Tener una enfermedad no significa que no tengas derecho a salir, decidir, tener proyectos, amistades, privacidad y vida propia.
Si realmente existe algún riesgo médico, lo ideal sería que no lo defina solo tu madre. Puedes pedir a tu médico o profesional de referencia que te explique con claridad qué puedes hacer sola, qué precauciones necesitas y en qué situaciones sí sería recomendable estar acompañada. Incluso podrías pedir pautas por escrito. Eso puede ayudarte a separar cuidado real de miedo o control familiar.
También es importante entender que quizá no puedas convencerla con más discusiones. Si ya hablaste muchas veces y siempre termina igual, puede ser más útil empezar a poner límites concretos que seguir intentando que ella lo entienda todo. Por ejemplo: “Entiendo que te preocupes, pero voy a salir sola. Si necesito ayuda, te avisaré”. O: “No voy a mudarme contigo sin pensarlo y sin hablarlo antes con mi terapeuta”. Los límites no siempre evitan que la otra persona se enoje, pero sí te ayudan a dejar claro qué decisiones te pertenecen.
Para poder salir sola, quizá te ayude hacerlo de manera gradual y planificada: empezar con salidas cortas, a lugares conocidos, avisando a alguien de confianza si eso te da seguridad, llevando el móvil cargado y teniendo claro a quién llamar si necesitas ayuda. No para obedecer a tu madre, sino para que tú misma recuperes confianza y autonomía.
Respecto a la casa y la posibilidad de que quiera que te mudes con ella, intenta no tomar decisiones desde la desesperación. Si hay vivienda, dinero, dependencia económica o presión familiar de por medio, sería recomendable buscar orientación legal, social o familiar antes de aceptar algo que luego te deje más atrapada. Puedes pedir ayuda a un trabajador social, asesoría jurídica o alguna persona de confianza que pueda acompañarte a pensar opciones reales.
Me parece muy importante que ya estés yendo a terapia. Lleva este tema tal cual, incluso con la intensidad con la que lo escribiste aquí. No hace falta suavizarlo. Tu terapeuta puede ayudarte a ordenar la bronca, trabajar la culpa, fortalecer límites y construir un plan de independencia posible y seguro.
También sería bueno que intentes no quedarte sola con todo esto. Busca una red fuera de tu madre: amistades, familiares más neutrales, profesionales, grupos de apoyo o personas que respeten tu autonomía. Cuando una relación familiar es muy absorbente, recuperar apoyo externo es fundamental.
Tu enojo tiene sentido, pero intenta usarlo como señal de que necesitas límites, no como algo que te lleve a explotar o a quedarte sin salida. No tienes que resolver toda tu vida de golpe. El primer paso puede ser muy concreto: hablarlo en terapia, definir qué decisión necesitas proteger ahora y empezar a poner un límite pequeño pero firme.
Si en algún momento sientes que la desesperación es muy intensa, que puedes hacerte daño, que puedes perder el control o que no estás segura, busca ayuda urgente y no te quedes sola. Pero fuera de ese caso, esto no se resuelve obedeciendo más ni peleando más, sino construyendo poco a poco autonomía, apoyo y límites claros.
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