Preguntas de pacientes (87)
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Mi marido en circunstancias muy especiales saco a bailar a una desconocida cuando a mí hacia un me h
Mi marido en circunstancias muy especiales saco a bailar a una desconocida cuando a mí hacia un me había dado un infarto en un ojo. Le quería muchísimo y el a mi . Me dolió tanto al recibir un whtsapp con las imágenes que perdonándolo lo lo podía olvidar. A los dos años tuvo un ictus y murió .Tengo que sentirme culpable po no darle el cariño que necesitaba desde al perder confianza en el ?
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Siento mucho tu pérdida. Lo que cuentas mezcla varias heridas muy difíciles: el dolor de sentirte dañada por alguien a quien querías mucho, la pérdida de confianza, el intento de perdonar sin poder olvidar, y después su enfermedad y fallecimiento. Es comprensible que ahora aparezca culpa, dudas y preguntas sobre si pudiste haberle dado más cariño.
Pero perder la confianza no significa dejar de querer. Una persona puede amar mucho a su pareja y, al mismo tiempo, sentirse herida, distante o incapaz de entregarse como antes. Eso no te convierte en mala esposa ni en responsable de lo que ocurrió después. Tú reaccionaste desde el dolor que sentías en ese momento y con los recursos emocionales que tenías.
También es importante separar dos cosas: una cosa es que quizá te hubiera gustado haber vivido ese tiempo de otra manera, y otra muy distinta es culparte por su ictus, por su muerte o por no haber podido darle exactamente el cariño que necesitaba. Su enfermedad y su fallecimiento no fueron consecuencia de que tú estuvieras herida o de que la confianza se hubiera roto.
En el duelo es muy frecuente que la mente vuelva al pasado y busque “errores”: “si hubiera hecho más”, “si hubiera perdonado mejor”, “si no me hubiera dolido tanto”. A veces la culpa aparece porque nos da una falsa sensación de control sobre algo que, en realidad, fue muy doloroso e irreversible. Pero sentir culpa no significa que seas culpable.
Quizá puedas mirar tu historia con más compasión: le querías, te dolió lo que ocurrió, intentaste perdonar y no pudiste olvidar del todo. Eso es humano. La confianza no se reconstruye solo con voluntad; necesita reparación, tiempo, seguridad y coherencia. Si no pudiste volver a sentirte igual, no fue por falta de amor, sino porque algo dentro de ti quedó dañado.
Puede ayudarte trabajar esta culpa en un proceso terapéutico de duelo. No para convencerte de que “todo estuvo bien”, sino para integrar la historia completa: el amor que hubo, el daño que sentiste, lo que pudiste dar, lo que no pudiste, y la tristeza de no poder resolverlo ahora con él.
No tienes que castigarte por haber sufrido. Puedes echarlo de menos, reconocer que le querías y, al mismo tiempo, aceptar que hubo algo que te dolió profundamente. Ambas cosas pueden ser verdad. El camino ahora no es culparte, sino aprender a despedirte con más ternura hacia él y también hacia ti misma.
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Buenos días. Llevo 6 meses con mi pareja y francamente al principio todo era de color de rosa. Todo
Buenos días. Llevo 6 meses con mi pareja y francamente al principio todo era de color de rosa. Todo iba bien hasta que, él empezó a estar un poco más apagado por sus agobios académicos y laborales y a mí se me despertó el monstruo de la inseguridad y el apego ansioso que me pasaba en cada relación. Empecé a hiper analizar cada frase, situación, gesto incluso. A medida que han ido pasando estos dos últimos meses, es cierto que he podido relativizar que realmente nada estaba cambiando como tal pero que yo debía relajarme. Hemos acabado este último mes discutiendo hasta en 4 ocasiones sin motivo aparente. Tan solo porque a mí la ansiedad me pide insistir y reafirmar y cuando él está agobiado necesita espacio. El me pide espacio y yo lo vulnero y acabamos sintiéndonos mal. Al rato estamos bien pero yo ya no sé diferenciar de si el vínculo está desgastándose o es algo común tras una discusión. Cuando empecé con esta racha hace dos meses era alguien súper expresivo y cariñoso, y pese que ahora lo sigue siendo, va respondiéndome menos frecuentemente, va teniendo menos detalles, me dice que me quiere pero no tan a menudo… y yo le insisto en encontrar un término medio y me pongo muy pesada, y le pregunto que si me quiere… y solo cuando ya ha pasado es cuando me doy cuenta de que debería haber obviado el impulso de que me reafirme. Entiendo que al principio todo iba a ser más nuevo, no tenía problema en reafirmarme y todo eran palabras bonitas. Ahora es cierto que los empezamos a conocer más y yo no puedo ver las cosas claramente porque no puedo parar de sobrepensar y rumiar. Siento que todo se apaga aunque tenga evidencias de hace dos días de que todo está bien.
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Lo que describes parece una dinámica en la que se han juntado dos necesidades distintas: por un lado, tu apego ansioso te pide cercanía, seguridad, respuestas rápidas y reafirmación; por otro, cuando él se siente agobiado, necesita espacio para regularse. Ninguna de las dos necesidades es “mala” en sí misma, pero cuando se encuentran de forma desajustada pueden crear un ciclo doloroso: tú sientes inseguridad, buscas más confirmación, él se satura, se distancia un poco, y ese distanciamiento aumenta todavía más tu ansiedad.
Es importante que puedas reconocer tu parte, como ya estás haciendo. Hiperanalizar cada frase, gesto o cambio de frecuencia puede hacer que la relación se viva como una amenaza constante, aunque haya evidencias de cariño y compromiso. La ansiedad intenta darte una sensación de control, pero en realidad suele empujarte a pedir más pruebas de amor justo cuando la otra persona menos capacidad tiene para darlas.
También conviene entender que no todas las diferencias respecto al inicio significan pérdida de amor. Al principio de una relación suele haber más intensidad, más mensajes, más detalles y más verbalización afectiva. Con el tiempo, el vínculo puede volverse menos eufórico y más cotidiano. Eso no necesariamente significa que se esté apagando; puede significar que está entrando en una fase más real, donde ambos empiezan a mostrarse con sus cansancios, límites y formas de regularse.
Dicho esto, tu malestar también merece ser atendido. No se trata de que tú tengas que tragarte todo por miedo a parecer intensa, sino de aprender a diferenciar entre una necesidad legítima y una urgencia ansiosa. Una necesidad legítima puede expresarse con calma y buscar acuerdos. Una urgencia ansiosa suele pedir respuesta inmediata, certeza absoluta y repetición constante de la misma conversación.
Puede ayudarte frenar antes de pedir reafirmación y preguntarte: “¿Esto que voy a decir busca construir o busca calmar mi ansiedad durante unos minutos?”. Si es lo segundo, quizá puedas probar primero con una pausa, escribir lo que sientes sin enviarlo, respirar, distraerte un rato o esperar a estar más regulada. No porque tus emociones no importen, sino porque hablar desde el pico de ansiedad suele aumentar el conflicto.
Respecto a la duda de si el vínculo se está desgastando, observa más los patrones que los momentos aislados. Una discusión puntual no significa que todo esté roto. Pero si cada conflicto termina en persecución, agobio, distancia y más inseguridad, entonces sí conviene intervenir en la dinámica antes de que se cronifique.
Sería muy recomendable que trabajes tu apego ansioso a nivel individual, no para culparte, sino para que tu tranquilidad no dependa constantemente de lo que él diga o haga. Esto incluye fortalecer autoestima, aprender autorregulación, revisar heridas previas, tolerar mejor la incertidumbre y construir una vida emocional más amplia que la relación.
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Porque cada que llevo algún susto siento q después no respiro bien y el corazón se me acelera y por
Porque cada que llevo algún susto siento q después no respiro bien y el corazón se me acelera y por las noches me da ataque de pánico
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Lo que describes puede estar relacionado con una respuesta de ansiedad o pánico. Cuando vivimos un susto, el cuerpo activa un sistema de alarma: aumenta la adrenalina, el corazón se acelera, la respiración cambia, los músculos se tensan y la mente interpreta que puede haber peligro. Aunque el susto ya haya pasado, el cuerpo puede quedarse “encendido” durante un tiempo, y eso puede hacer que sientas que no respiras bien o que el corazón va demasiado rápido.
Por la noche esto puede intensificarse porque hay menos distracciones, estás más pendiente de las sensaciones corporales y cualquier cambio en la respiración o en el ritmo cardíaco puede interpretarse como una amenaza. Entonces aparece el miedo a que vuelva a pasar, y ese miedo puede acabar desencadenando otro ataque de pánico.
Es importante saber que un ataque de pánico se siente muy desagradable, pero no significa necesariamente que estés en peligro ni que vayas a perder el control. Muchas veces el problema no es solo la sensación física, sino la interpretación: “no puedo respirar”, “me va a pasar algo”, “no voy a poder calmarme”. Esa interpretación aumenta aún más la ansiedad.
Cuando te ocurra, intenta no luchar contra la sensación. Puedes decirte: “Esto es ansiedad, mi cuerpo está activado, va a pasar”. Apoya los pies en el suelo, mira a tu alrededor y nombra cosas que ves, escucha tu respiración sin forzarla y procura soltar el aire lentamente. No se trata de respirar perfecto, sino de enviarle al cuerpo una señal de seguridad.
También sería recomendable revisar qué está pasando últimamente en tu vida: estrés, preocupaciones, falta de descanso, miedo acumulado, experiencias recientes o situaciones que te mantienen en alerta. A veces los ataques de pánico aparecen después de una etapa de tensión sostenida, no solo por un susto puntual.
Si esto se repite, te da miedo dormir, empiezas a evitar situaciones o estás pendiente todo el día de tu corazón y tu respiración, sería recomendable consultar con un/a psicólogo/a. La ansiedad y los ataques de pánico tienen tratamiento, y se puede aprender a regular el cuerpo, reducir el miedo a las sensaciones y recuperar tranquilidad.
También conviene acudir a un médico si nunca te han valorado estos síntomas, especialmente si hay dolor fuerte en el pecho, desmayos, dificultad respiratoria intensa que no cede, antecedentes cardíacos o síntomas muy diferentes a los habituales. No porque necesariamente sea algo grave, sino para descartar causas físicas y quedarte más tranquila/o.
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Hola por qué me da miedo cuando llega la noche siento que algo malo me va a pasar me empieza a doler
Hola por qué me da miedo cuando llega la noche siento que algo malo me va a pasar me empieza a doler el estómago o la cabeza a veces siento la cara entumida me dan ganas de llorar y siento que todo lo malo me pasa a mi, a cada rato quiero ir al médico por qué siento que algo en mi no está bien pero todo está bien y no se que hacer siento que me ahogo, duermo y me despierto por ratos
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Lo que describes suena muy angustiante y agotador. Ese miedo que aparece cuando llega la noche, la sensación de que algo malo va a pasar, el dolor de estómago o de cabeza, la cara entumida, las ganas de llorar, la sensación de ahogo y despertarte varias veces pueden estar relacionados con ansiedad intensa o ataques de pánico nocturnos.
Por la noche muchas personas se sienten peor porque hay menos distracciones, el cuerpo se queda más quieto y la mente empieza a escuchar más las sensaciones internas. Entonces cualquier molestia puede interpretarse como señal de peligro. Esa interpretación aumenta el miedo, el miedo activa más el cuerpo, y el cuerpo produce más síntomas. Así se forma un círculo difícil de cortar.
Que tengas ganas de ir al médico constantemente puede formar parte de ese mismo ciclo. LEsto no significa que estés inventando los síntomas; los síntomas se sienten reales. Lo que ocurre es que la ansiedad puede amplificar mucho las señales del cuerpo y hacerlas parecer peligrosas.
Si ya te han revisado y te han dicho que todo está bien, el siguiente paso no es seguir buscando pruebas médicas una y otra vez, sino empezar a trabajar la ansiedad. Un/a psicólogo/a puede ayudarte a entender este bucle, reducir el miedo a las sensaciones corporales, manejar los ataques de pánico y recuperar el sueño poco a poco.
Cuando llegue la noche, intenta preparar una rutina tranquila: baja estímulos, evita mirar síntomas en internet, deja el móvil lejos, respira suave sin forzarte y recuérdate: “Esto es ansiedad, es incómodo, pero no significa que algo malo vaya a pasar”. También puedes apoyar los pies en el suelo, nombrar cinco cosas que ves, tocar algún objeto frío o describir mentalmente dónde estás para volver al presente.
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Tengo una preocupación. Me gusta ponerme tangas. Me gusta también chatear con otros hombres para que
Tengo una preocupación. Me gusta ponerme tangas. Me gusta también chatear con otros hombres para que me hagan sentir femenino y coquetear. Y la mayor es que desearía tener mis genitales muy pequeños incluso he consultado como hacerlo con hormonas etc porque me pasa esto
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Lo primero es decirte que ponerse tangas, disfrutar de sentirse femenino o coquetear con otros hombres no significa, por sí solo, que haya algo malo en ti. La expresión de género, las fantasías, el deseo de gustar o sentirte validado de una forma más femenina pueden formar parte de la diversidad sexual y personal de cada persona.
Lo importante aquí no es juzgar lo que te gusta, sino entender qué significado tiene para ti y cuánto malestar te genera. Puede estar relacionado con una fantasía de feminización, con una forma de erotismo, con curiosidad, con necesidad de sentirte deseado de otra manera, o también con preguntas más profundas sobre identidad de género o disconformidad con tu cuerpo. No es posible definirlo solo con lo que cuentas, pero sí merece ser explorado con calma y sin culpa.
La parte que sí conviene tomar con especial cuidado es el deseo de tener los genitales muy pequeños y haber consultado sobre hormonas. Las hormonas no deberían tomarse nunca por cuenta propia ni como experimento, porque pueden tener efectos importantes sobre el deseo, la erección, la fertilidad, el estado de ánimo, el pecho, la piel, el metabolismo y la salud general. Si en algún momento quisieras explorar cambios corporales, lo adecuado sería hacerlo con profesionales especializados en salud sexual, endocrinología y acompañamiento psicológico afirmativo.
También sería útil preguntarte algunas cosas: ¿esto te genera placer, alivio o identidad?, ¿te angustia después?, ¿lo vives como algo secreto que te da culpa?, ¿te gustaría vivir una parte más femenina de ti en la intimidad o también en otros aspectos de tu vida?, ¿quieres cambiar tu cuerpo o más bien fantaseas con ello en determinados momentos de excitación? Diferenciar deseo, fantasía, identidad y malestar corporal puede ayudarte mucho.
Respecto a chatear con otros hombres, intenta cuidar tu seguridad emocional y digital: no compartir imágenes o información si luego te puede hacer sentir vulnerable, no exponerte a chantajes y revisar si lo haces desde el deseo o desde una necesidad intensa de validación.
Mi recomendación sería que lo hables con una psicóloga-sexóloga, idealmente con experiencia en diversidad sexual y de género. No para que te diga “qué eres”, sino para ayudarte a entenderte sin vergüenza, ordenar tus deseos y tomar decisiones sobre tu cuerpo desde la calma, no desde la urgencia o el miedo.
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Tengo una confusión. Y es que no se que me pasa. El caso es que tengo pareja y cuando no está me enc
Tengo una confusión. Y es que no se que me pasa. El caso es que tengo pareja y cuando no está me encanta poder ponerme sus tangas hacerme fotos y tocarme por encima viéndome o viendo contenido trans. Además quiero que lo haga con otro pero me da miedo comentárselo o comentarle lo que hago con los tangas por si me rechaza o enfada o piensa que soy homosexual.. aunque me atrae el feminismo.. incluso yo estoy confuso..
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Lo primero es decirte que lo que describes no significa automáticamente que seas homosexual ni que haya algo “mal” en ti. Usar tangas, excitarte viéndote con una imagen más femenina, fantasear con roles distintos o consumir contenido trans puede formar parte de fantasías sexuales, curiosidad, erotismo asociado a lo femenino o exploración de tu expresión sexual.
Es importante diferenciar varias cosas: una cosa es la orientación sexual, otra la identidad de género, otra la expresión de género y otra las fantasías sexuales. Que te guste sentirte femenino en un contexto erótico no significa necesariamente que quieras vivir como mujer ni que te atraigan los hombres en la vida real. Y que te excite contenido trans tampoco define por sí solo tu orientación. La sexualidad tiene matices y no siempre encaja en una etiqueta rápida.
También conviene observar qué te pasa emocionalmente después. Si lo vives con placer, curiosidad y cierta vergüenza, puede ser una parte de tu erotismo que todavía no has integrado. Si en cambio te genera mucha angustia, culpa, miedo a “ser algo” o pensamientos repetitivos, quizá el problema no sea la fantasía en sí, sino la ansiedad y el juicio que aparece alrededor de ella.
Respecto a usar las tangas de tu pareja, aquí sí es importante cuidar los límites. No porque tu deseo sea malo, sino porque son prendas personales de otra persona. Si no tienes su permiso, podría sentirse invadida o traicionada si lo descubre. Una alternativa más respetuosa sería comprar tus propias prendas y explorar esa parte de ti sin vulnerar la intimidad de ella.
Si deseas compartirlo con tu pareja, no tienes que contarlo todo de golpe ni presentarlo como algo grave. Puedes empezar desde la honestidad y la vulnerabilidad: “Hay una parte de mi sexualidad que me da vergüenza contarte porque temo que me juzgues o pienses que cambia lo que siento por ti. Me gustaría poder hablarlo contigo poco a poco”. Eso permite abrir conversación sin imponerle nada.
También mencionas que querrías que ella hiciera algo con otra persona. Si te refieres a una fantasía de verla con alguien más, eso también puede existir como fantasía sexual, pero llevarlo a la práctica solo tendría sentido si ambos lo desean libremente, con acuerdos claros, sin presión y cuidando las consecuencias emocionales. No todas las fantasías necesitan hacerse realidad para ser válidas.
La clave es que no conviertas esto en una prueba de tu valor, de tu masculinidad o de tu orientación. Puedes explorar qué significa para ti lo femenino, qué te excita, qué deseas compartir y qué prefieres mantener en tu intimidad. Pero sería recomendable hacerlo desde el respeto a ti mismo y también desde el respeto a los límites de tu pareja.
Si esta confusión te genera mucha ansiedad, culpa o miedo al rechazo, una psicóloga-sexóloga puede ayudarte a ordenar todo esto sin juzgarte: diferenciar fantasía, identidad, deseo, orientación y límites de pareja. No se trata de ponerte una etiqueta, sino de que puedas vivir tu sexualidad con más calma, responsabilidad y coherencia.
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Hola.tengo una enfermedad .y mi madre se agarra de eso . Tengo mucha bronca la verdad Ella dice q
Hola.tengo una enfermedad .y mi madre se agarra de eso .
Tengo mucha bronca la verdad
Ella dice que si no me acompaña me pasará algo .
Que me quiere poner una acompañante .para que yo esté segura
Toda la vida me jodió .arruino mi vida
Por qué no se busca un chongo .hombre .que la quiera y no me jode más .
Tuve que mentir algunas veces .es muy sobreprotectora
Nunca me dejó salir sola con mis amigos. Se hace la víctima
Cómo puedo hacer para poder salir sola?
Ella me manipula .todo el tiempo.
Es muy mala
De verdad
No sé que hacer estoy desesperada posta .
Me pone muy nerviosa .
Quiere que me mudé con ella. También por que quiere vender la casa ..
Tengo mucha bronca
Voy a terapia hace poco .
Pero esto es hace años .discutimos seguido y siempre responde de mala manera ..
No sé que hacer .
Ayuda!!!
Ya hablé con ella no sirve por qué es muy cabeza dura. .
Se mete en. Mis proyectos para sacar beneficios .ella
Eso pienso yo
Esto no es justo ni lindo .RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Siento mucho que estés viviendo esto con tanta angustia. Se nota que llevas años sintiéndote invadida, controlada y poco escuchada, y es comprensible que aparezca mucha bronca cuando sientes que tu madre usa tu enfermedad como argumento para decidir por ti.
Es importante diferenciar dos cosas: una cosa es que, por tu enfermedad, puedas necesitar ciertos cuidados, precauciones o apoyos concretos; y otra muy distinta es que eso se convierta en control, sobreprotección o pérdida de autonomía. Tener una enfermedad no significa que no tengas derecho a salir, decidir, tener proyectos, amistades, privacidad y vida propia.
Si realmente existe algún riesgo médico, lo ideal sería que no lo defina solo tu madre. Puedes pedir a tu médico o profesional de referencia que te explique con claridad qué puedes hacer sola, qué precauciones necesitas y en qué situaciones sí sería recomendable estar acompañada. Incluso podrías pedir pautas por escrito. Eso puede ayudarte a separar cuidado real de miedo o control familiar.
También es importante entender que quizá no puedas convencerla con más discusiones. Si ya hablaste muchas veces y siempre termina igual, puede ser más útil empezar a poner límites concretos que seguir intentando que ella lo entienda todo. Por ejemplo: “Entiendo que te preocupes, pero voy a salir sola. Si necesito ayuda, te avisaré”. O: “No voy a mudarme contigo sin pensarlo y sin hablarlo antes con mi terapeuta”. Los límites no siempre evitan que la otra persona se enoje, pero sí te ayudan a dejar claro qué decisiones te pertenecen.
Para poder salir sola, quizá te ayude hacerlo de manera gradual y planificada: empezar con salidas cortas, a lugares conocidos, avisando a alguien de confianza si eso te da seguridad, llevando el móvil cargado y teniendo claro a quién llamar si necesitas ayuda. No para obedecer a tu madre, sino para que tú misma recuperes confianza y autonomía.
Respecto a la casa y la posibilidad de que quiera que te mudes con ella, intenta no tomar decisiones desde la desesperación. Si hay vivienda, dinero, dependencia económica o presión familiar de por medio, sería recomendable buscar orientación legal, social o familiar antes de aceptar algo que luego te deje más atrapada. Puedes pedir ayuda a un trabajador social, asesoría jurídica o alguna persona de confianza que pueda acompañarte a pensar opciones reales.
Me parece muy importante que ya estés yendo a terapia. Lleva este tema tal cual, incluso con la intensidad con la que lo escribiste aquí. No hace falta suavizarlo. Tu terapeuta puede ayudarte a ordenar la bronca, trabajar la culpa, fortalecer límites y construir un plan de independencia posible y seguro.
También sería bueno que intentes no quedarte sola con todo esto. Busca una red fuera de tu madre: amistades, familiares más neutrales, profesionales, grupos de apoyo o personas que respeten tu autonomía. Cuando una relación familiar es muy absorbente, recuperar apoyo externo es fundamental.
Tu enojo tiene sentido, pero intenta usarlo como señal de que necesitas límites, no como algo que te lleve a explotar o a quedarte sin salida. No tienes que resolver toda tu vida de golpe. El primer paso puede ser muy concreto: hablarlo en terapia, definir qué decisión necesitas proteger ahora y empezar a poner un límite pequeño pero firme.
Si en algún momento sientes que la desesperación es muy intensa, que puedes hacerte daño, que puedes perder el control o que no estás segura, busca ayuda urgente y no te quedes sola. Pero fuera de ese caso, esto no se resuelve obedeciendo más ni peleando más, sino construyendo poco a poco autonomía, apoyo y límites claros.