Buenas noches. Tengo una duda. No sé si es algo habitual, pero cuando alguien me regaña, me alza
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Buenas noches.
Tengo una duda. No sé si es algo habitual, pero cuando alguien me regaña, me alza la voz o me hace quedar mal delante de los otros —especialmente cuando me llaman la atención—, se me llenan los ojos de lágrimas, se me quiebra la voz y siento un nudo en la garganta; en otras palabras, me dan ganas de llorar.
Esto también me ocurre a la hora de defenderme de una pelea que me da rabia.
Además, quisiera saber si es normal que no me agrade recibir muestras de afecto ni contacto físico por parte de mis padres, aunque con otras personas no me ocurre lo mismo. También noto que, por alguna razón, en el entorno familiar no me gusta hablar: permanezco en silencio casi todo el tiempo, y cuando digo “todo el tiempo” es literal. Si me preguntan algo, suelo responder con señas o simplemente digo “no sé” para evitar hablar. No es que no quiera a mis padres ni que sienta rechazo hacia ellos; simplemente actúo así de manera automática.
Tengo una duda. No sé si es algo habitual, pero cuando alguien me regaña, me alza la voz o me hace quedar mal delante de los otros —especialmente cuando me llaman la atención—, se me llenan los ojos de lágrimas, se me quiebra la voz y siento un nudo en la garganta; en otras palabras, me dan ganas de llorar.
Esto también me ocurre a la hora de defenderme de una pelea que me da rabia.
Además, quisiera saber si es normal que no me agrade recibir muestras de afecto ni contacto físico por parte de mis padres, aunque con otras personas no me ocurre lo mismo. También noto que, por alguna razón, en el entorno familiar no me gusta hablar: permanezco en silencio casi todo el tiempo, y cuando digo “todo el tiempo” es literal. Si me preguntan algo, suelo responder con señas o simplemente digo “no sé” para evitar hablar. No es que no quiera a mis padres ni que sienta rechazo hacia ellos; simplemente actúo así de manera automática.
Buenas noches, gracias por compartirlo.
Lo que describes es más frecuente de lo que imaginas. Llorar o bloquearte cuando te regañan, te exponen o intentas defenderte suele estar relacionado con respuestas automáticas de ansiedad, miedo o indefensión aprendidas, no con debilidad. El cuerpo reacciona antes que la razón.
Respecto a tu familia, que no te resulte cómodo el contacto físico, que hables poco o que te cierres en silencio no significa falta de amor. Muchas veces es una forma inconsciente de protegerte emocionalmente cuando ese entorno se vive como exigente, crítico o poco seguro para expresarte.
Nada de esto indica que “te pase algo raro”, pero sí señala que hay emociones contenidas y patrones relacionales que merecen ser comprendidos. En terapia, especialmente desde un enfoque cognitivo-conductual, se puede trabajar para aprender a regular esas reacciones, poner límites y expresarte sin que el cuerpo se colapse.
Un saludo,
Pilar Rapela
Tu psicóloga amiga
Lo que describes es más frecuente de lo que imaginas. Llorar o bloquearte cuando te regañan, te exponen o intentas defenderte suele estar relacionado con respuestas automáticas de ansiedad, miedo o indefensión aprendidas, no con debilidad. El cuerpo reacciona antes que la razón.
Respecto a tu familia, que no te resulte cómodo el contacto físico, que hables poco o que te cierres en silencio no significa falta de amor. Muchas veces es una forma inconsciente de protegerte emocionalmente cuando ese entorno se vive como exigente, crítico o poco seguro para expresarte.
Nada de esto indica que “te pase algo raro”, pero sí señala que hay emociones contenidas y patrones relacionales que merecen ser comprendidos. En terapia, especialmente desde un enfoque cognitivo-conductual, se puede trabajar para aprender a regular esas reacciones, poner límites y expresarte sin que el cuerpo se colapse.
Un saludo,
Pilar Rapela
Tu psicóloga amiga
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Buenos días, encantado de saludarte,
Gracias por expresar todo esto con tanta claridad. Lo que describes no es raro ni “extraño”, y tiene mucho sentido desde la psicología.
Cuando alguien te regaña, te alza la voz o te expone delante de otros, tu cuerpo reacciona antes que tu pensamiento. El nudo en la garganta, las lágrimas o la voz quebrada no significan debilidad ni falta de carácter; suelen ser señales de un sistema nervioso que se activa intensamente ante la confrontación o el conflicto. En muchas personas, esa activación no sale en forma de gritos o defensa verbal, sino en forma de llanto, bloqueo o silencio. Es una respuesta automática, no algo que elijas.
El hecho de que esto también te ocurra cuando intentas defenderte y sientes rabia es importante: indica que hay emociones fuertes que se activan a la vez (rabia, miedo, vergüenza, inseguridad) y el cuerpo no encuentra una vía fluida para expresarlas con palabras en ese momento. Por eso “se cierra”.
Respecto al contacto físico y las muestras de afecto con tus padres, también es algo que vemos con frecuencia. No tiene que ver necesariamente con no quererlos o rechazarlos. Muchas veces, en el vínculo familiar se activan patrones muy antiguos: formas de relacionarse aprendidas desde pequeña que hoy aparecen de manera automática, sin que tengan que pasar por la razón. Que con otras personas no te ocurra lo mismo nos da una pista de que no es un problema general con el afecto, sino algo específico del contexto familiar.
El silencio en casa, responder con gestos o con “no sé”, suele ser una forma de protección. No es falta de interés ni desamor; es una manera que tu sistema ha encontrado para mantenerse a salvo, evitar tensión o evitar sentirse expuesta. El hecho de que ocurra “sin pensarlo” refuerza la idea de que no es una decisión consciente, sino un patrón aprendido.
Nada de lo que describes habla mal de ti. Al contrario, habla de una gran sensibilidad y de un cuerpo que ha aprendido a adaptarse como ha podido. Todo esto se puede comprender, trabajar y transformar poco a poco, sin forzarte y respetando tus tiempos.
Todo esto se puede trabajar con la Terapia de Trauma y Apego, es interesante este enfoque ya que se hace un análisis completo de tu vida, desde la infancia hasta el momento presente, ya que lo que nos ha pasado en la infancia y adolescencia tal vez puede explicar lo que te sucede.
Espero que mi comentario te haya sido de ayuda.
Un saludo,
Gracias por expresar todo esto con tanta claridad. Lo que describes no es raro ni “extraño”, y tiene mucho sentido desde la psicología.
Cuando alguien te regaña, te alza la voz o te expone delante de otros, tu cuerpo reacciona antes que tu pensamiento. El nudo en la garganta, las lágrimas o la voz quebrada no significan debilidad ni falta de carácter; suelen ser señales de un sistema nervioso que se activa intensamente ante la confrontación o el conflicto. En muchas personas, esa activación no sale en forma de gritos o defensa verbal, sino en forma de llanto, bloqueo o silencio. Es una respuesta automática, no algo que elijas.
El hecho de que esto también te ocurra cuando intentas defenderte y sientes rabia es importante: indica que hay emociones fuertes que se activan a la vez (rabia, miedo, vergüenza, inseguridad) y el cuerpo no encuentra una vía fluida para expresarlas con palabras en ese momento. Por eso “se cierra”.
Respecto al contacto físico y las muestras de afecto con tus padres, también es algo que vemos con frecuencia. No tiene que ver necesariamente con no quererlos o rechazarlos. Muchas veces, en el vínculo familiar se activan patrones muy antiguos: formas de relacionarse aprendidas desde pequeña que hoy aparecen de manera automática, sin que tengan que pasar por la razón. Que con otras personas no te ocurra lo mismo nos da una pista de que no es un problema general con el afecto, sino algo específico del contexto familiar.
El silencio en casa, responder con gestos o con “no sé”, suele ser una forma de protección. No es falta de interés ni desamor; es una manera que tu sistema ha encontrado para mantenerse a salvo, evitar tensión o evitar sentirse expuesta. El hecho de que ocurra “sin pensarlo” refuerza la idea de que no es una decisión consciente, sino un patrón aprendido.
Nada de lo que describes habla mal de ti. Al contrario, habla de una gran sensibilidad y de un cuerpo que ha aprendido a adaptarse como ha podido. Todo esto se puede comprender, trabajar y transformar poco a poco, sin forzarte y respetando tus tiempos.
Todo esto se puede trabajar con la Terapia de Trauma y Apego, es interesante este enfoque ya que se hace un análisis completo de tu vida, desde la infancia hasta el momento presente, ya que lo que nos ha pasado en la infancia y adolescencia tal vez puede explicar lo que te sucede.
Espero que mi comentario te haya sido de ayuda.
Un saludo,
Hola, esto que describes es bastante habitual y suelen ser defensas que hemos ido aprendiendo desde la infancia y que ahora son automáticas. Tu sistema nervioso ha aprendido a regularse ante los conflictos de esa forma, además de activar en ti respuestas de frustración, congelación, etc. Habría que evaluar muy bien y encontrar la raíz de por qué ocurre esto, aunque, por otro lado, es normal que te sientas muy mal cuando alguien te habla así (solo que se puede aprender a que no tenga tanto efecto a nivel corporal y que seas capaz de poner límites y expresarte). Por otro lado, el tema de tus padres también puede responder a defensas aprendidas en el núcleo familiar y había que ver exactamente por qué te ocurre con ellos y con otras personas no (puede que esto sea funcional y tenga un sentido, entonces no habría que forzar nada porque esa protección está cumpliendo su función. O puede que sea por otra razón y entonces trabajar en ello). A nivel familiar lo que se trabaja en terapia es entender todo el sistema familiar y las dinámicas relacionales entre los miembros (roles, perfiles, defensas, etc). De esa forma entenderías por qué reaccionas de esta forma y de dónde viene ese bloqueo o congelación del sistema nervioso que te impide expresarte con normalidad (si ocurre esto, suele haber algún motivo claro). A partir de ahí según tu caso concreto, se trabaja con diferentes enfoques y en la dirección adecuada. Un saludo!
Buenas noches, gracias por compartirlo. Lo que describes es más habitual de lo que parece y suele estar relacionado con una alta sensibilidad emocional, dificultades para regular la emoción ante la crítica o el conflicto, y respuestas aprendidas en contextos donde expresar enfado o defenderse no se sentía seguro.
Las lágrimas, el nudo en la garganta o la voz quebrada no indican debilidad, sino una respuesta automática del sistema nervioso ante la tensión. Del mismo modo, el silencio, la incomodidad con el afecto físico y la dificultad para expresarte en el entorno familiar pueden ser formas de protección emocional, incluso cuando hay cariño.
Que esto ocurra principalmente con tus padres y no con otras personas es un dato importante y trabajable en terapia. Un proceso terapéutico puede ayudarte a entender el origen de estas reacciones, aprender a expresarte con más seguridad y regular mejor tus emociones.
Un saludo. Monika Varela
Las lágrimas, el nudo en la garganta o la voz quebrada no indican debilidad, sino una respuesta automática del sistema nervioso ante la tensión. Del mismo modo, el silencio, la incomodidad con el afecto físico y la dificultad para expresarte en el entorno familiar pueden ser formas de protección emocional, incluso cuando hay cariño.
Que esto ocurra principalmente con tus padres y no con otras personas es un dato importante y trabajable en terapia. Un proceso terapéutico puede ayudarte a entender el origen de estas reacciones, aprender a expresarte con más seguridad y regular mejor tus emociones.
Un saludo. Monika Varela
Hola, gracias por compartir tu duda, espero que mi respuesta pueda servirte de apoyo. Vamos poco a poco.
En primer lugar, la reacción de la que hablas parece ser una respuesta de activación automática ante algo que tu detectas como peligroso y puede ser muy habitual cuando se han vivido de forma recurrente situaciones que te puedan recordar (aunque sea minimamente) parecidas.
En segundo lugar, y muy relacionado con lo anterior, si has vivido situaciones recurrentes conflictivas con tus padres o el ambiente durante tu crianza ha sido de frialdad o distancia emocional, es normal que ahora no recibas bien su afecto o contacto físico.
Y por último, ese silencio en el entorno familiar parece ser una forma de protegerte, incluso de "hacerte invisible" para que el contacto sea el mínimo y así evitar situaciones de más carga emocional.
Si te das cuenta todas estas circunstancias están relacionadas, como si la una llevase a la otra y en ese sentido es importante que tengamos en cuenta si has vivido experiencias de fuerte carga emocional o incluso traumática relacionadas con conflictos y relaciones de poder, que a día de hoy hayan derivado a este tipo de reacciones y dolor.
Deseo de todo corazón que poco a poco vayas conectando contigo misma y con tus necesidades, puesto que lo que planteas tiene muchas capas y te mereces ser acompañada. Estoy aquí si deseas seguir continuando con esta conversación, un abrazo muy grande :)
En primer lugar, la reacción de la que hablas parece ser una respuesta de activación automática ante algo que tu detectas como peligroso y puede ser muy habitual cuando se han vivido de forma recurrente situaciones que te puedan recordar (aunque sea minimamente) parecidas.
En segundo lugar, y muy relacionado con lo anterior, si has vivido situaciones recurrentes conflictivas con tus padres o el ambiente durante tu crianza ha sido de frialdad o distancia emocional, es normal que ahora no recibas bien su afecto o contacto físico.
Y por último, ese silencio en el entorno familiar parece ser una forma de protegerte, incluso de "hacerte invisible" para que el contacto sea el mínimo y así evitar situaciones de más carga emocional.
Si te das cuenta todas estas circunstancias están relacionadas, como si la una llevase a la otra y en ese sentido es importante que tengamos en cuenta si has vivido experiencias de fuerte carga emocional o incluso traumática relacionadas con conflictos y relaciones de poder, que a día de hoy hayan derivado a este tipo de reacciones y dolor.
Deseo de todo corazón que poco a poco vayas conectando contigo misma y con tus necesidades, puesto que lo que planteas tiene muchas capas y te mereces ser acompañada. Estoy aquí si deseas seguir continuando con esta conversación, un abrazo muy grande :)
Cuando alguien te regaña, te expone delante de otros o alza la voz, lo que aparece en ti no es debilidad, sino una respuesta emocional automática de activación. A muchas personas les ocurre: el cuerpo entra en modo amenaza, la garganta se cierra, la voz tiembla, los ojos se llenan de lágrimas… No es que “quieras llorar”, es que tu sistema nervioso se desborda. Y lo mismo pasa cuando intentas defenderte con rabia: la emoción es intensa, pero no encuentra una vía clara de salida, así que se convierte en llanto o bloqueo. Esto suele estar muy relacionado con historias donde expresar enfado, defenderse o equivocarse no era del todo seguro emocionalmente.
Respecto al contacto físico y las muestras de afecto con tus padres, también es importante normalizarlo: no todo rechazo al contacto implica falta de amor. A veces el cuerpo marca distancia no porque no quiera a alguien, sino porque en ese vínculo concreto hay tensión, incomodidad emocional, o una sensación antigua de no sentirse del todo visto, escuchado o comprendido. Que con otras personas sí te sientas cómodo con el afecto indica que no es un problema tuyo, sino algo específico de la dinámica familiar.
El silencio en casa, responder con gestos o con un “no sé”, suele ser una forma de protección. No hablar evita exponerte, evita conflictos, evita emociones difíciles. Es una estrategia que el cuerpo aprendió en algún momento y que ahora aparece de manera automática, sin que tú lo decidas conscientemente. Por eso dices algo muy importante: no es que no los quiera, es que te pasa.
Todo esto apunta a un patrón de hipersensibilidad emocional en contextos de autoridad o familia, junto con una inhibición de la expresión emocional. No es un defecto de carácter ni una rareza: es algo que se puede trabajar muy bien en terapia.
La terapia psicológica ayuda precisamente a:
- Regular esa respuesta de llanto y bloqueo.
- Aprender a defenderte sin que el cuerpo se venga abajo.
- Entender qué ocurre en el vínculo familiar y por qué ahí te apagas.
- Recuperar tu voz sin sentir peligro emocional.
He trabajado con muchas personas a las que les pasaba exactamente esto, y cuando se comprende el origen y se entrenan nuevas formas de responder, el cambio suele ser profundo y muy liberador. No se trata de “forzarte a hablar” o “aguantarte”, sino de hacer que tu sistema nervioso deje de vivir esas situaciones como una amenaza.
Si en algún momento te planteas trabajarlo, hacerlo con un psicólogo puede marcar una diferencia enorme en cómo te sientes contigo y en tus relaciones.
Respecto al contacto físico y las muestras de afecto con tus padres, también es importante normalizarlo: no todo rechazo al contacto implica falta de amor. A veces el cuerpo marca distancia no porque no quiera a alguien, sino porque en ese vínculo concreto hay tensión, incomodidad emocional, o una sensación antigua de no sentirse del todo visto, escuchado o comprendido. Que con otras personas sí te sientas cómodo con el afecto indica que no es un problema tuyo, sino algo específico de la dinámica familiar.
El silencio en casa, responder con gestos o con un “no sé”, suele ser una forma de protección. No hablar evita exponerte, evita conflictos, evita emociones difíciles. Es una estrategia que el cuerpo aprendió en algún momento y que ahora aparece de manera automática, sin que tú lo decidas conscientemente. Por eso dices algo muy importante: no es que no los quiera, es que te pasa.
Todo esto apunta a un patrón de hipersensibilidad emocional en contextos de autoridad o familia, junto con una inhibición de la expresión emocional. No es un defecto de carácter ni una rareza: es algo que se puede trabajar muy bien en terapia.
La terapia psicológica ayuda precisamente a:
- Regular esa respuesta de llanto y bloqueo.
- Aprender a defenderte sin que el cuerpo se venga abajo.
- Entender qué ocurre en el vínculo familiar y por qué ahí te apagas.
- Recuperar tu voz sin sentir peligro emocional.
He trabajado con muchas personas a las que les pasaba exactamente esto, y cuando se comprende el origen y se entrenan nuevas formas de responder, el cambio suele ser profundo y muy liberador. No se trata de “forzarte a hablar” o “aguantarte”, sino de hacer que tu sistema nervioso deje de vivir esas situaciones como una amenaza.
Si en algún momento te planteas trabajarlo, hacerlo con un psicólogo puede marcar una diferencia enorme en cómo te sientes contigo y en tus relaciones.
Lo que describes no es raro, pero sí es significativo, y dice mucho sobre cómo te has sentido (y te sientes) en tu entorno familiar.
El llanto automático cuando te regañan, alzan la voz o te hacen quedar mal habla de una sensibilidad muy alta a la crítica o al señalamiento, que suele tener raíces en cómo viviste esas situaciones cuando eras más pequeña. No es debilidad: es una reacción emocional intensa que tu cuerpo activa antes de que puedas procesarla.
El rechazo selectivo al afecto físico de tus padres (pero no de otros) también es revelador: tu cuerpo está diciéndote algo sobre esa relación que quizá tu mente no puede poner en palabras todavía. Puede estar relacionado con cómo recibiste (o no recibiste) afecto en momentos clave, o con experiencias donde el contacto no se sintió seguro o genuino.
El silencio automático en casa (responder con señas, decir "no sé", evitar hablar) suena a inhibición: como si en ese espacio tu voz no tuviera lugar, o como si hablar implicara un riesgo (ser juzgada, regañada, ignorada). Que sea automático significa que ya no decides conscientemente callarte; simplemente pasa.
Todo esto junto dibuja un patrón: en el espacio familiar algo no se siente seguro emocionalmente, aunque no haya rechazo consciente hacia tus padres. Y tu cuerpo lo expresa (llanto, rechazo al contacto, mutismo) antes de que lo puedas pensar.
¿Es normal? Es más frecuente de lo que parece, pero eso no significa que sea algo con lo que tengas que convivir sin más. Sería muy recomendable que pudieras trabajar esto en terapia, para entender qué pasó (y qué sigue pasando) en esa relación, y para recuperar tu voz y tu capacidad de poner límites sin que te invada el llanto o la parálisis.
Si lo consideras, podemos trabajar para entender por qué reaccionas así ante la crítica —tanto en tu familia como en otros contextos—, y para que recuperes tu voz en esos espacios donde ahora se te quiebra.
El llanto automático cuando te regañan, alzan la voz o te hacen quedar mal habla de una sensibilidad muy alta a la crítica o al señalamiento, que suele tener raíces en cómo viviste esas situaciones cuando eras más pequeña. No es debilidad: es una reacción emocional intensa que tu cuerpo activa antes de que puedas procesarla.
El rechazo selectivo al afecto físico de tus padres (pero no de otros) también es revelador: tu cuerpo está diciéndote algo sobre esa relación que quizá tu mente no puede poner en palabras todavía. Puede estar relacionado con cómo recibiste (o no recibiste) afecto en momentos clave, o con experiencias donde el contacto no se sintió seguro o genuino.
El silencio automático en casa (responder con señas, decir "no sé", evitar hablar) suena a inhibición: como si en ese espacio tu voz no tuviera lugar, o como si hablar implicara un riesgo (ser juzgada, regañada, ignorada). Que sea automático significa que ya no decides conscientemente callarte; simplemente pasa.
Todo esto junto dibuja un patrón: en el espacio familiar algo no se siente seguro emocionalmente, aunque no haya rechazo consciente hacia tus padres. Y tu cuerpo lo expresa (llanto, rechazo al contacto, mutismo) antes de que lo puedas pensar.
¿Es normal? Es más frecuente de lo que parece, pero eso no significa que sea algo con lo que tengas que convivir sin más. Sería muy recomendable que pudieras trabajar esto en terapia, para entender qué pasó (y qué sigue pasando) en esa relación, y para recuperar tu voz y tu capacidad de poner límites sin que te invada el llanto o la parálisis.
Si lo consideras, podemos trabajar para entender por qué reaccionas así ante la crítica —tanto en tu familia como en otros contextos—, y para que recuperes tu voz en esos espacios donde ahora se te quiebra.
Buenas noches.
Lo que describes es más habitual de lo que parece y tiene una explicación psicológica clara.
1. Llorar o bloquearse cuando te llaman la atención, te regañan o te expones en un conflicto
Esa reacción no indica debilidad ni inmadurez. Suele aparecer en personas con alta sensibilidad emocional, con historia de crítica, exigencia o invalidación, o con ansiedad.
En esos momentos, el sistema nervioso entra en modo de amenaza: se activa una respuesta automática que puede manifestarse como ganas de llorar, nudo en la garganta, voz temblorosa o dificultad para defenderse. No es una elección consciente.
Que también te ocurra cuando intentas defenderte y sientes rabia es coherente: la emoción es intensa, pero el cuerpo no la canaliza hacia el enfado expresivo, sino hacia una respuesta de inhibición.
2. Dificultad para recibir afecto y silencio en el entorno familiar
No sentir comodidad con el contacto físico o las muestras de afecto por parte de los padres no implica falta de cariño. Con frecuencia está relacionado con vínculos familiares donde ha habido tensión, juicio o falta de seguridad emocional.
El silencio que describes —responder poco, con gestos o con “no sé”— suele funcionar como una estrategia automática de protección. No es desinterés ni rechazo, sino una forma de reducir exposición emocional en un contexto que se vive como incómodo.
En conjunto, se trata de respuestas aprendidas del sistema emocional, no de algo anormal ni irreversible. Con trabajo terapéutico pueden comprenderse y modificarse progresivamente.
Si lo deseas, puedes pedirme cita online para valorar tu caso con más detalle y ayudarte a trabajar estas reacciones de forma segura y gradual.
Lo que describes es más habitual de lo que parece y tiene una explicación psicológica clara.
1. Llorar o bloquearse cuando te llaman la atención, te regañan o te expones en un conflicto
Esa reacción no indica debilidad ni inmadurez. Suele aparecer en personas con alta sensibilidad emocional, con historia de crítica, exigencia o invalidación, o con ansiedad.
En esos momentos, el sistema nervioso entra en modo de amenaza: se activa una respuesta automática que puede manifestarse como ganas de llorar, nudo en la garganta, voz temblorosa o dificultad para defenderse. No es una elección consciente.
Que también te ocurra cuando intentas defenderte y sientes rabia es coherente: la emoción es intensa, pero el cuerpo no la canaliza hacia el enfado expresivo, sino hacia una respuesta de inhibición.
2. Dificultad para recibir afecto y silencio en el entorno familiar
No sentir comodidad con el contacto físico o las muestras de afecto por parte de los padres no implica falta de cariño. Con frecuencia está relacionado con vínculos familiares donde ha habido tensión, juicio o falta de seguridad emocional.
El silencio que describes —responder poco, con gestos o con “no sé”— suele funcionar como una estrategia automática de protección. No es desinterés ni rechazo, sino una forma de reducir exposición emocional en un contexto que se vive como incómodo.
En conjunto, se trata de respuestas aprendidas del sistema emocional, no de algo anormal ni irreversible. Con trabajo terapéutico pueden comprenderse y modificarse progresivamente.
Si lo deseas, puedes pedirme cita online para valorar tu caso con más detalle y ayudarte a trabajar estas reacciones de forma segura y gradual.
Lo que describes son reacciones bastante comunes ante situaciones familiares que generan tensión o estrés. Las ganas de llorar, el nudo en la garganta o el silencio automático son formas de tu cuerpo de protegerse emocionalmente.
Que no te guste el contacto o las muestras de afecto de tus padres no significa que no los quieras, sino que tu mente responde de forma automática en ese entorno. Con apoyo profesional se puede entender mejor y aprender a manejar estas emociones de manera segura
Que no te guste el contacto o las muestras de afecto de tus padres no significa que no los quieras, sino que tu mente responde de forma automática en ese entorno. Con apoyo profesional se puede entender mejor y aprender a manejar estas emociones de manera segura
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