Desde hace un tiempo siento bastante rencor hacia mi médico de cabecera por varias situaciones en co
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Desde hace un tiempo siento bastante rencor hacia mi médico de cabecera por varias situaciones en consulta. Cuando le he pedido recetas para más tiempo (vivo lejos y me resulta incómodo ir cada 20 días), se ha mostrado reticente y ha hecho comentarios que he vivido como poco empáticos. En otras ocasiones, al expresar necesidades (por ejemplo, que tenía frío en consulta), me ha respondido de forma que me he sentido minimizado.
Desde entonces me genera ansiedad pedirle cosas, miedo a que me rechace o me conteste de forma similar, y me cuesta expresar mis necesidades con firmeza. Cuando intento ser asertivo no me sale natural y termino acumulando malestar y rumiación.
¿Cómo puedo trabajar este rencor y esta inseguridad en la relación con él? ¿Conviene abordar el tema directamente o primero trabajar mi forma de comunicarme?
Desde entonces me genera ansiedad pedirle cosas, miedo a que me rechace o me conteste de forma similar, y me cuesta expresar mis necesidades con firmeza. Cuando intento ser asertivo no me sale natural y termino acumulando malestar y rumiación.
¿Cómo puedo trabajar este rencor y esta inseguridad en la relación con él? ¿Conviene abordar el tema directamente o primero trabajar mi forma de comunicarme?
Lo que estás viviendo —el rencor acumulado, la inseguridad al pedir cosas y la ansiedad anticipatoria— es una reacción comprensible cuando en la relación asistencial ha habido momentos en los que tus necesidades no se han sentido atendidas. Esto puede activar mecanismos de protección que dificultan pedir con naturalidad y generan malestar posterior. Existen dos caminos que suelen ayudar: por un lado, trabajar tu forma de comunicarte para recuperar sensación de control y poder expresar tus necesidades con más claridad; por otro, valorar si en algún momento te gustaría abordar directamente el malestar con tu médico para mejorar la relación asistencial. Para poder acompañarte adecuadamente y darte el espacio que esto merece, creo que sería útil que pudiéramos dedicar una cita más tranquila para hablar con detenimiento de cómo te estás sintiendo y de lo que necesitas. Te propongo que reserves una cita para que podamos revisarlo con calma y trabajar juntos en ello.
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Lo que describes es más frecuente de lo que parece. Cuando en una relación asistencial una persona se siente poco escuchada, minimizada o tratada con escasa empatía, pueden aparecer emociones como rencor, ansiedad anticipatoria o inseguridad al expresar necesidades.
Es importante validar que tu malestar tiene sentido: la relación médico-paciente se basa en la confianza y en la sensación de ser atendido con respeto. Cuando esa experiencia se resiente, es normal que el vínculo genere tensión.
Podemos diferenciar dos planos:
1. El plano relacional externo.
Puede existir un estilo de comunicación por parte del profesional que no encaje con tus necesidades. En ese caso, abordar el tema de forma calmada y concreta puede ser útil. Por ejemplo: “En algunas consultas me he sentido incómodo cuando ocurre X y me gustaría poder expresarme con más tranquilidad”. A veces abrir ese espacio cambia la dinámica.
2. El plano interno.
La intensidad del miedo al rechazo, la rumiación posterior o la dificultad para sostener la asertividad suelen estar relacionadas con experiencias previas donde expresar necesidades no fue del todo seguro. Trabajar esto en terapia puede ayudarte a fortalecer tu seguridad interna independientemente de la respuesta del otro.
Respecto a si conviene hablarlo directamente o primero trabajar tu forma de comunicarte, no son opciones excluyentes. Puedes empezar reforzando tu seguridad y tu estilo asertivo, y cuando te sientas más preparado, valorar si quieres abordar la situación. También es legítimo plantearse un cambio de médico si sientes que el vínculo no es reparable.
El objetivo no es “ganar” la conversación, sino sentirte coherente contigo mismo al expresar lo que necesitas sin quedarte atrapado después en la rumiación.
Un profesional de la psicología puede ayudarte a trabajar la gestión del rencor, la ansiedad anticipatoria y el entrenamiento en asertividad para que estas situaciones no se conviertan en una fuente constante de malestar.
Un saludo.
Es importante validar que tu malestar tiene sentido: la relación médico-paciente se basa en la confianza y en la sensación de ser atendido con respeto. Cuando esa experiencia se resiente, es normal que el vínculo genere tensión.
Podemos diferenciar dos planos:
1. El plano relacional externo.
Puede existir un estilo de comunicación por parte del profesional que no encaje con tus necesidades. En ese caso, abordar el tema de forma calmada y concreta puede ser útil. Por ejemplo: “En algunas consultas me he sentido incómodo cuando ocurre X y me gustaría poder expresarme con más tranquilidad”. A veces abrir ese espacio cambia la dinámica.
2. El plano interno.
La intensidad del miedo al rechazo, la rumiación posterior o la dificultad para sostener la asertividad suelen estar relacionadas con experiencias previas donde expresar necesidades no fue del todo seguro. Trabajar esto en terapia puede ayudarte a fortalecer tu seguridad interna independientemente de la respuesta del otro.
Respecto a si conviene hablarlo directamente o primero trabajar tu forma de comunicarte, no son opciones excluyentes. Puedes empezar reforzando tu seguridad y tu estilo asertivo, y cuando te sientas más preparado, valorar si quieres abordar la situación. También es legítimo plantearse un cambio de médico si sientes que el vínculo no es reparable.
El objetivo no es “ganar” la conversación, sino sentirte coherente contigo mismo al expresar lo que necesitas sin quedarte atrapado después en la rumiación.
Un profesional de la psicología puede ayudarte a trabajar la gestión del rencor, la ansiedad anticipatoria y el entrenamiento en asertividad para que estas situaciones no se conviertan en una fuente constante de malestar.
Un saludo.
Gracias por compartirlo. Lo que describes es muy comprensible: cuando uno se siente minimizado o poco escuchado en consulta, es normal que aparezcan rencor, ansiedad y dificultad para expresarse con seguridad después.
Más que centrarte solo en si hablarlo ya o no, quizá sería útil trabajar primero cómo te está afectando emocionalmente y qué se activa en ti en estas situaciones. A veces el problema no es solo la interacción concreta, sino el patrón de inseguridad y miedo al rechazo que se despierta.
Si ves que acumulas malestar, rumiación y ansiedad anticipatoria, puede ser un buen momento para abordarlo en terapia. Un espacio profesional puede ayudarte a fortalecer tu asertividad, regular la ansiedad y decidir con más claridad si quieres o no hablar con él y cómo plantearlo con tu médico.
Si en algún momento quieres trabajarlo en profundidad, estaré encantado de acompañarte.
Más que centrarte solo en si hablarlo ya o no, quizá sería útil trabajar primero cómo te está afectando emocionalmente y qué se activa en ti en estas situaciones. A veces el problema no es solo la interacción concreta, sino el patrón de inseguridad y miedo al rechazo que se despierta.
Si ves que acumulas malestar, rumiación y ansiedad anticipatoria, puede ser un buen momento para abordarlo en terapia. Un espacio profesional puede ayudarte a fortalecer tu asertividad, regular la ansiedad y decidir con más claridad si quieres o no hablar con él y cómo plantearlo con tu médico.
Si en algún momento quieres trabajarlo en profundidad, estaré encantado de acompañarte.
Lo que describes es bastante comprensible. Cuando en una relación profesional sentimos que nuestras necesidades no han sido escuchadas o que el trato ha sido poco empático, es normal que aparezcan rencor, anticipación negativa y cierta inseguridad al volver a pedir algo. El problema es que esa experiencia pasada puede hacer que el sistema se ponga en alerta y empieces a anticipar rechazo incluso antes de que ocurra.
Un primer paso útil suele ser separar los hechos de la interpretación que tu mente ha ido construyendo después. Probablemente hubo respuestas que viviste como frías o poco consideradas, pero la rumiación posterior puede amplificar la sensación de amenaza y hacer que cada interacción futura se perciba como un posible conflicto. Trabajar esa anticipación (qué imaginas que pasará, qué probabilidad real tiene y qué alternativas hay) suele reducir bastante la ansiedad.
También puede ayudarte practicar una comunicación muy simple y concreta, sin justificarte demasiado. Por ejemplo: “Vivo lejos y me resulta complicado venir cada 20 días. ¿Sería posible que la receta cubriera más tiempo?”. La asertividad no consiste en convencer al otro, sino en expresar una necesidad de forma clara y respetuosa, aceptando que la otra persona puede o no concederla.
Sobre si conviene hablar del tema directamente, depende de cómo te sientas. A veces basta con cambiar la forma de interactuar a partir de ahora. En otros casos, decir algo breve como “En alguna consulta anterior me sentí un poco incómodo y me gustaría poder plantear mis necesidades con más claridad” puede abrir una conversación más colaborativa. Y si la relación sigue generándote mucho malestar, también es legítimo valorar solicitar otro médico.
Si lo deseas, puedes pedirme cita online y podemos trabajar con más detalle cómo manejar la rumiación, la ansiedad anticipatoria y desarrollar una forma de comunicación más segura para este tipo de situaciones.
Un primer paso útil suele ser separar los hechos de la interpretación que tu mente ha ido construyendo después. Probablemente hubo respuestas que viviste como frías o poco consideradas, pero la rumiación posterior puede amplificar la sensación de amenaza y hacer que cada interacción futura se perciba como un posible conflicto. Trabajar esa anticipación (qué imaginas que pasará, qué probabilidad real tiene y qué alternativas hay) suele reducir bastante la ansiedad.
También puede ayudarte practicar una comunicación muy simple y concreta, sin justificarte demasiado. Por ejemplo: “Vivo lejos y me resulta complicado venir cada 20 días. ¿Sería posible que la receta cubriera más tiempo?”. La asertividad no consiste en convencer al otro, sino en expresar una necesidad de forma clara y respetuosa, aceptando que la otra persona puede o no concederla.
Sobre si conviene hablar del tema directamente, depende de cómo te sientas. A veces basta con cambiar la forma de interactuar a partir de ahora. En otros casos, decir algo breve como “En alguna consulta anterior me sentí un poco incómodo y me gustaría poder plantear mis necesidades con más claridad” puede abrir una conversación más colaborativa. Y si la relación sigue generándote mucho malestar, también es legítimo valorar solicitar otro médico.
Si lo deseas, puedes pedirme cita online y podemos trabajar con más detalle cómo manejar la rumiación, la ansiedad anticipatoria y desarrollar una forma de comunicación más segura para este tipo de situaciones.
Hola,
Gracias por compartir está preocupación. Creo que lo más importante y el primer punto a abordar es: ¿Tienes problemas de comunicación en otras áreas de tu vida?
En cualquiera de estos casos, si consideras que no llevas a cabo una comunicación adecuada, es un aptitud que se puede trabajar: la asertividad o la comunicación no violenta, por ejemplo.
Además, siendo un tema que influye directamente en tu vida, y además con el profesional "responsable" de tu salud, resultaría recomendable tratarlo con él. Siempre, por supuesto del modo adecuado, y con las herramientas adecuadas.
Si necesitas cualquier otro consejo, estaría encantado de acompañarte en cualquiera de estos aspectos.
Un saludo,
David
Gracias por compartir está preocupación. Creo que lo más importante y el primer punto a abordar es: ¿Tienes problemas de comunicación en otras áreas de tu vida?
En cualquiera de estos casos, si consideras que no llevas a cabo una comunicación adecuada, es un aptitud que se puede trabajar: la asertividad o la comunicación no violenta, por ejemplo.
Además, siendo un tema que influye directamente en tu vida, y además con el profesional "responsable" de tu salud, resultaría recomendable tratarlo con él. Siempre, por supuesto del modo adecuado, y con las herramientas adecuadas.
Si necesitas cualquier otro consejo, estaría encantado de acompañarte en cualquiera de estos aspectos.
Un saludo,
David
Hola, gracias por explicarlo con tanto detalle.
Lo primero que señalaría es que lo que sientes tiene bastante sentido. Cuando una persona percibe respuestas poco empáticas o se siente minimizada en un contexto sanitario, donde además hay una cierta asimetría de poder, es fácil que aparezca rencor, inseguridad y anticipación de rechazo. No es una reacción “exagerada”, es una reacción humana.
Ahora bien, una cosa es que la emoción sea comprensible y otra que te esté resultando útil. Por lo que describes, el problema principal no es solo lo que ocurrió en consulta, sino el efecto posterior: ansiedad anticipatoria, dificultad para pedir lo que necesitas, rumiación y acumulación de malestar. Ahí es donde conviene intervenir.
Suele pasar algo así: experiencia incómoda → interpretación (“me va a rechazar”, “me va a minimizar”) → evitación o comunicación insegura → sensación de confirmación → más rencor. Es un circuito que se retroalimenta. El rencor, en el fondo, muchas veces protege de una emoción más vulnerable: inseguridad, sensación de no ser tenido en cuenta o miedo al rechazo.
Respecto a tu pregunta concreta: no lo plantearía como “o abordar el tema directamente o trabajar mi forma de comunicarme”, sino como un proceso en dos niveles.
Primero, trabajaría tu posición interna:
Identificar qué estás anticipando exactamente cuando vas a consulta.
Diferenciar hechos de interpretaciones.
Practicar una comunicación clara y concreta (pedir algo específico, con un argumento funcional, sin sobrejustificarte).
La asertividad no suele salir “natural” al principio; es una habilidad entrenable. Y al inicio se siente forzada, como cualquier conducta nueva. Eso no significa que esté mal hecha.
Después, si lo consideras pertinente y te ves con recursos, sí puede ser útil abordar la situación directamente, pero de forma muy concreta y descriptiva. Algo del tipo: “En algunas consultas anteriores me he sentido algo incómodo cuando he pedido X, y me gustaría poder comentarlo para que la comunicación sea más fácil”. Sin acusar, sin interpretar intenciones, centrándote en cómo te has sentido tú.
También conviene contemplar una tercera opción práctica: si la relación está muy deteriorada y el malestar es constante, cambiar de médico puede ser una decisión legítima. No todo vínculo profesional tiene que sostenerse si genera un coste emocional continuo.
Si ves que este patrón se repite en otros contextos (miedo al rechazo, dificultad para pedir, acumulación de rencor), entonces quizá el foco no esté solo en esta relación concreta, sino en un estilo relacional más amplio que merecería trabajarse con mayor profundidad en terapia.
En cualquier caso, el objetivo no sería “no sentir rencor”, sino poder expresar tus necesidades con claridad sin que el miedo al rechazo dirija tu conducta. Y eso, aunque ahora parezca lejano, es perfectamente entrenable.
Lo primero que señalaría es que lo que sientes tiene bastante sentido. Cuando una persona percibe respuestas poco empáticas o se siente minimizada en un contexto sanitario, donde además hay una cierta asimetría de poder, es fácil que aparezca rencor, inseguridad y anticipación de rechazo. No es una reacción “exagerada”, es una reacción humana.
Ahora bien, una cosa es que la emoción sea comprensible y otra que te esté resultando útil. Por lo que describes, el problema principal no es solo lo que ocurrió en consulta, sino el efecto posterior: ansiedad anticipatoria, dificultad para pedir lo que necesitas, rumiación y acumulación de malestar. Ahí es donde conviene intervenir.
Suele pasar algo así: experiencia incómoda → interpretación (“me va a rechazar”, “me va a minimizar”) → evitación o comunicación insegura → sensación de confirmación → más rencor. Es un circuito que se retroalimenta. El rencor, en el fondo, muchas veces protege de una emoción más vulnerable: inseguridad, sensación de no ser tenido en cuenta o miedo al rechazo.
Respecto a tu pregunta concreta: no lo plantearía como “o abordar el tema directamente o trabajar mi forma de comunicarme”, sino como un proceso en dos niveles.
Primero, trabajaría tu posición interna:
Identificar qué estás anticipando exactamente cuando vas a consulta.
Diferenciar hechos de interpretaciones.
Practicar una comunicación clara y concreta (pedir algo específico, con un argumento funcional, sin sobrejustificarte).
La asertividad no suele salir “natural” al principio; es una habilidad entrenable. Y al inicio se siente forzada, como cualquier conducta nueva. Eso no significa que esté mal hecha.
Después, si lo consideras pertinente y te ves con recursos, sí puede ser útil abordar la situación directamente, pero de forma muy concreta y descriptiva. Algo del tipo: “En algunas consultas anteriores me he sentido algo incómodo cuando he pedido X, y me gustaría poder comentarlo para que la comunicación sea más fácil”. Sin acusar, sin interpretar intenciones, centrándote en cómo te has sentido tú.
También conviene contemplar una tercera opción práctica: si la relación está muy deteriorada y el malestar es constante, cambiar de médico puede ser una decisión legítima. No todo vínculo profesional tiene que sostenerse si genera un coste emocional continuo.
Si ves que este patrón se repite en otros contextos (miedo al rechazo, dificultad para pedir, acumulación de rencor), entonces quizá el foco no esté solo en esta relación concreta, sino en un estilo relacional más amplio que merecería trabajarse con mayor profundidad en terapia.
En cualquier caso, el objetivo no sería “no sentir rencor”, sino poder expresar tus necesidades con claridad sin que el miedo al rechazo dirija tu conducta. Y eso, aunque ahora parezca lejano, es perfectamente entrenable.
Gracias por compartirlo con tanta honestidad. Lo que describes tiene mucho sentido a nivel emocional.
Cuando en una relación (aunque sea profesional, como con un médico de cabecera) percibimos respuestas poco empáticas o minimizadoras, no solo aparece el malestar puntual. Puede activarse una sensación más profunda de invalidación o de no tener espacio suficiente para expresar necesidades. Si además dependes de esa persona para algo importante como la medicación, es comprensible que surjan ansiedad anticipatoria, miedo a pedir y posterior rumiación.
A veces ayuda diferenciar varios planos.
Por un lado, revisar qué ocurrió objetivamente y qué significado tomó para ti. No para cuestionar lo que sentiste, sino para entender por qué impactó de esa manera.
Por otro, explorar qué se activa internamente cuando ocurre algo así:
¿Tiene que ver con sentir que molestas? ¿Con miedo al rechazo? ¿Con dificultad para sostener la incomodidad cuando el otro no responde como esperas?
Muchas veces el rencor no solo habla del presente, sino de experiencias previas que se reactivan.
En relación con abordarlo directamente o no, puede ser útil observar primero cómo te sientes tú al imaginar esa conversación. Si aún hay mucha activación, fortalecer tu seguridad interna y tu forma de posicionarte puede darte más estabilidad. Cuando la emoción está más regulada, la comunicación suele salir de manera más natural y menos cargada.
El rencor suele mantenerse por la rumiación y la sensación de injusticia no reparada. Elaborarlo implica poder comprender qué te dolió, darte ese reconocimiento internamente y decidir qué lugar quieres que ocupe esta experiencia en tu vida actual.
Si en algún momento sientes que te vendría bien profundizar en estos patrones relacionales, trabajar la asertividad o reducir la rumiación con un acompañamiento más personalizado, estaré encantado de poder ayudarte, ya sea en consulta presencial en Tres Cantos (Madrid), en modalidad online o con atención a domicilio en Madrid Norte.
Cuando en una relación (aunque sea profesional, como con un médico de cabecera) percibimos respuestas poco empáticas o minimizadoras, no solo aparece el malestar puntual. Puede activarse una sensación más profunda de invalidación o de no tener espacio suficiente para expresar necesidades. Si además dependes de esa persona para algo importante como la medicación, es comprensible que surjan ansiedad anticipatoria, miedo a pedir y posterior rumiación.
A veces ayuda diferenciar varios planos.
Por un lado, revisar qué ocurrió objetivamente y qué significado tomó para ti. No para cuestionar lo que sentiste, sino para entender por qué impactó de esa manera.
Por otro, explorar qué se activa internamente cuando ocurre algo así:
¿Tiene que ver con sentir que molestas? ¿Con miedo al rechazo? ¿Con dificultad para sostener la incomodidad cuando el otro no responde como esperas?
Muchas veces el rencor no solo habla del presente, sino de experiencias previas que se reactivan.
En relación con abordarlo directamente o no, puede ser útil observar primero cómo te sientes tú al imaginar esa conversación. Si aún hay mucha activación, fortalecer tu seguridad interna y tu forma de posicionarte puede darte más estabilidad. Cuando la emoción está más regulada, la comunicación suele salir de manera más natural y menos cargada.
El rencor suele mantenerse por la rumiación y la sensación de injusticia no reparada. Elaborarlo implica poder comprender qué te dolió, darte ese reconocimiento internamente y decidir qué lugar quieres que ocupe esta experiencia en tu vida actual.
Si en algún momento sientes que te vendría bien profundizar en estos patrones relacionales, trabajar la asertividad o reducir la rumiación con un acompañamiento más personalizado, estaré encantado de poder ayudarte, ya sea en consulta presencial en Tres Cantos (Madrid), en modalidad online o con atención a domicilio en Madrid Norte.
Hola, lo que describes es bastante comprensible. Cuando en una relación (aunque sea profesional, como con un médico) sentimos que nuestras necesidades no son escuchadas o que nuestras peticiones son respondidas con poca empatía, es frecuente que aparezcan emociones como frustración, rencor o inseguridad. Con el tiempo, esas experiencias pueden hacer que el sistema nervioso se ponga en alerta antes de cada consulta, anticipando rechazo o incomodidad, lo que genera ansiedad y hace más difícil expresarse con naturalidad.
Además, cuando una situación nos ha hecho sentir minimizados o poco validados, es común que aparezca la rumiación (darle muchas vueltas después) y que cueste ser asertivo en el momento.
En estos casos suele ser útil trabajar en varios niveles:
-Reconocer y procesar la emoción de enfado o rencor, que muchas veces aparece cuando sentimos que nuestros límites o necesidades no han sido respetados.
-Fortalecer la comunicación asertiva, aprendiendo a expresar lo que necesitas de forma clara pero tranquila.
-Reducir la anticipación ansiosa que se activa antes de la consulta.
-Respecto a si conviene abordar el tema directamente con tu médico, en muchas ocasiones puede ser útil hacerlo, pero cuando uno se siente más preparado emocionalmente y con mayor claridad sobre lo que quiere expresar. A veces primero ayuda trabajar la forma de comunicar las necesidades y regular la ansiedad, para que esa conversación no salga desde el enfado acumulado sino desde una posición más segura.
-También es válido considerar, si lo necesitas, cambiar de profesional sanitario, ya que sentirte escuchado y respetado en la relación asistencial es importante.
Si lo deseas, este tipo de situaciones se pueden trabajar en terapia, especialmente en relación con regulación emocional, manejo del enfado y desarrollo de habilidades de comunicación asertiva, para que puedas expresar tus necesidades con mayor tranquilidad y seguridad.
Si sientes que podría ayudarte en este proceso, en mi perfil encontrarás información sobre mi forma de trabajo y cómo contactar para una consulta.
Un saludo
Además, cuando una situación nos ha hecho sentir minimizados o poco validados, es común que aparezca la rumiación (darle muchas vueltas después) y que cueste ser asertivo en el momento.
En estos casos suele ser útil trabajar en varios niveles:
-Reconocer y procesar la emoción de enfado o rencor, que muchas veces aparece cuando sentimos que nuestros límites o necesidades no han sido respetados.
-Fortalecer la comunicación asertiva, aprendiendo a expresar lo que necesitas de forma clara pero tranquila.
-Reducir la anticipación ansiosa que se activa antes de la consulta.
-Respecto a si conviene abordar el tema directamente con tu médico, en muchas ocasiones puede ser útil hacerlo, pero cuando uno se siente más preparado emocionalmente y con mayor claridad sobre lo que quiere expresar. A veces primero ayuda trabajar la forma de comunicar las necesidades y regular la ansiedad, para que esa conversación no salga desde el enfado acumulado sino desde una posición más segura.
-También es válido considerar, si lo necesitas, cambiar de profesional sanitario, ya que sentirte escuchado y respetado en la relación asistencial es importante.
Si lo deseas, este tipo de situaciones se pueden trabajar en terapia, especialmente en relación con regulación emocional, manejo del enfado y desarrollo de habilidades de comunicación asertiva, para que puedas expresar tus necesidades con mayor tranquilidad y seguridad.
Si sientes que podría ayudarte en este proceso, en mi perfil encontrarás información sobre mi forma de trabajo y cómo contactar para una consulta.
Un saludo
Hola, gracias por compartir tu situación.
Como psicóloga clínica sanitaria te puedo decir que lo que sientes (rencor, ansiedad y dificultad para expresar tus necesidades) es comprensible. La terapia cognitivo-conductual puede ayudarte a trabajar los pensamientos que generan ansiedad, manejar el malestar y entrenar la comunicación asertiva.
Suele ser recomendable primero fortalecer tus habilidades y seguridad al comunicarte antes de abordar directamente el tema con tu médico, para poder expresar tus necesidades de manera clara y tranquila.
Un saludo.
Pilar Rapela
"Tu psicóloga amiga"
Como psicóloga clínica sanitaria te puedo decir que lo que sientes (rencor, ansiedad y dificultad para expresar tus necesidades) es comprensible. La terapia cognitivo-conductual puede ayudarte a trabajar los pensamientos que generan ansiedad, manejar el malestar y entrenar la comunicación asertiva.
Suele ser recomendable primero fortalecer tus habilidades y seguridad al comunicarte antes de abordar directamente el tema con tu médico, para poder expresar tus necesidades de manera clara y tranquila.
Un saludo.
Pilar Rapela
"Tu psicóloga amiga"
Es totalmente comprensible que sientas ese nudo en el estómago. La relación con un médico de cabecera se basa en la confianza y la vulnerabilidad; cuando pides ayuda y recibes una respuesta fría o cortante, el cerebro lo procesa como un rechazo social doloroso. Ese rencor no es más que una señal de que tus límites han sido ignorados.
Para recuperar tu tranquilidad, lo ideal es un enfoque combinado: trabajar tu gestión interna antes de pasar a la acción externa.
Para recuperar tu tranquilidad, lo ideal es un enfoque combinado: trabajar tu gestión interna antes de pasar a la acción externa.
Hola, gracias por explicarlo con tanto detalle.
Lo que te está pasando tiene bastante sentido. Cuando en una relación (aunque sea sanitaria) sentimos que no se nos escucha o que se nos responde con poca empatía, es fácil que aparezcan emociones como el rencor, la inseguridad o incluso la evitación. Al final, no es solo lo que se dice, sino cómo se vive.
Además, se ha ido generando un pequeño “circuito”: anticipas que te puede responder mal → te cuesta expresarte con claridad → acumulas malestar → aumentan la rumiación y la ansiedad. Esto es algo bastante habitual en este tipo de situaciones.
Para abordarlo, puede ser útil trabajar en dos niveles, que no son excluyentes:
Por un lado, tu forma de comunicarte. No tanto para “hacerlo perfecto”, sino para que puedas expresar necesidades concretas de forma sencilla, por ejemplo: explicar que vives lejos y que te ayudaría espaciar las recetas, sin justificarte en exceso. La asertividad no siempre sale natural al principio, y es normal.
Por otro lado, la relación en sí. Si sientes que hay suficiente margen, puede ser útil abordar el tema de forma directa pero tranquila, centrándote en cómo te has sentido más que en acusar. A veces, pequeños ajustes en la comunicación cambian bastante la dinámica.
También es importante contemplar algo: no siempre el profesional va a cambiar su estilo. Si la sensación de incomodidad se mantiene, puede ser legítimo valorar un cambio de médico, especialmente si la relación te genera ansiedad sostenida.
Respecto al rencor, suele disminuir cuando:
* puedes expresar lo que necesitas
* sientes que tienes más control en la interacción
* o tomas decisiones (como cambiar de profesional) que te protegen
No se trata de “forzarte a no sentirlo”, sino de entender de dónde viene y actuar sobre lo que sí puedes modificar.
En resumen, puedes ir trabajando tu forma de expresarte, pero también tienes derecho a una atención donde te sientas escuchado y respetado.
Si quieres, puedo ayudarte a formular alguna frase concreta para esa conversación.
Lo que te está pasando tiene bastante sentido. Cuando en una relación (aunque sea sanitaria) sentimos que no se nos escucha o que se nos responde con poca empatía, es fácil que aparezcan emociones como el rencor, la inseguridad o incluso la evitación. Al final, no es solo lo que se dice, sino cómo se vive.
Además, se ha ido generando un pequeño “circuito”: anticipas que te puede responder mal → te cuesta expresarte con claridad → acumulas malestar → aumentan la rumiación y la ansiedad. Esto es algo bastante habitual en este tipo de situaciones.
Para abordarlo, puede ser útil trabajar en dos niveles, que no son excluyentes:
Por un lado, tu forma de comunicarte. No tanto para “hacerlo perfecto”, sino para que puedas expresar necesidades concretas de forma sencilla, por ejemplo: explicar que vives lejos y que te ayudaría espaciar las recetas, sin justificarte en exceso. La asertividad no siempre sale natural al principio, y es normal.
Por otro lado, la relación en sí. Si sientes que hay suficiente margen, puede ser útil abordar el tema de forma directa pero tranquila, centrándote en cómo te has sentido más que en acusar. A veces, pequeños ajustes en la comunicación cambian bastante la dinámica.
También es importante contemplar algo: no siempre el profesional va a cambiar su estilo. Si la sensación de incomodidad se mantiene, puede ser legítimo valorar un cambio de médico, especialmente si la relación te genera ansiedad sostenida.
Respecto al rencor, suele disminuir cuando:
* puedes expresar lo que necesitas
* sientes que tienes más control en la interacción
* o tomas decisiones (como cambiar de profesional) que te protegen
No se trata de “forzarte a no sentirlo”, sino de entender de dónde viene y actuar sobre lo que sí puedes modificar.
En resumen, puedes ir trabajando tu forma de expresarte, pero también tienes derecho a una atención donde te sientas escuchado y respetado.
Si quieres, puedo ayudarte a formular alguna frase concreta para esa conversación.
Gracias por compartir tu situación. Lo que describes es bastante común y normal que genere malestar y dificultad para expresarse con asertividad.
Evaluar la confrontación directa
Separar la conducta de la persona
Trabajar tus emociones primero
Practicar la asertividad en situaciones simuladas
Si necesitas cualquier cosa, estoy aquí para ayudarte.
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