Preguntas de pacientes (249)

  • Soy bordeline y llevo dos años de tratamiento psiquiátrico , pero estas dos semanas no puedo pensar

    Soy bordeline y llevo dos años de tratamiento psiquiátrico , pero estas dos semanas no puedo pensar bien , no puedo realizar mis trabajos de la universidad como lo hacía , antes hacía ejercicio y me sentía bien y continuaba con lo que estaba estudiando , ahora no puedo pensar , realizar mis trabajos ni haciendo ejercicios y tengo pensamientos muy malos ,

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Ricardo Pagliara

    Gracias por confiar en contarlo, de verdad. Lo que describes —esa sensación de bloqueo mental, pérdida de energía y pensamientos oscuros— puede ser una señal de descompensación dentro del proceso que ya estás atravesando, y es muy importante que no la ignores ni la enfrentes sola. En el trastorno límite de la personalidad (TLP o borderline) los cambios emocionales y cognitivos pueden ser muy intensos; hay momentos en los que el cuerpo y la mente se saturan y cuesta funcionar con la misma claridad y fuerza que antes. No significa que hayas retrocedido o que el tratamiento no sirva, sino que ahora estás en un punto en el que necesitas apoyo adicional y ajuste del plan terapéutico.

    Desde una mirada cognitivo-sistémica, lo que estás viviendo puede entenderse como un colapso del sistema de regulación: llevabas tiempo sosteniéndote con estrategias que antes funcionaban (el ejercicio, el estudio, la rutina), pero en estas semanas tu nivel de estrés interno o emocional ha superado ese umbral. Cuando eso ocurre, aparece la sensación de vacío, los pensamientos negativos y el bloqueo cognitivo; el sistema intenta protegerse, aunque tú lo sientas como una pérdida de control.

    Lo primero, por favor, es contactar de inmediato con tu psiquiatra y contarle exactamente lo que estás sintiendo. Es posible que sea necesario ajustar la medicación o que te recomiende una revisión más cercana durante unas semanas. Si los pensamientos malos incluyen ideas de hacerte daño o de no querer seguir, no esperes: busca ayuda urgente, acude a urgencias o llama al 024 (si estás en España), el teléfono gratuito y confidencial de atención a la conducta suicida, disponible 24 horas. No estás sola, y este tipo de crisis se pueden contener y estabilizar.

    Además, si tienes terapeuta, coméntaselo cuanto antes. En terapia pueden ayudarte a reconectar con rutinas mínimas de seguridad (sueño, alimentación, descanso) y a bajar las exigencias académicas temporalmente. Es completamente normal que en una etapa así no rindas igual; ahora tu prioridad no es cumplir con la universidad, sino recuperar equilibrio y seguridad emocional.

    Esto no significa que estés “empeorando sin retorno”: las personas con TLP pueden atravesar crisis intensas y salir adelante con apoyo. Lo importante es no enfrentarlas en soledad ni intentar “aguantar” por miedo a molestar o a parecer débil. Pedir ayuda ahora es una muestra de fuerza y de autocuidado, no de fracaso. Cuéntale hoy mismo a tu psiquiatra cómo estás; ese paso puede marcar una gran diferencia para que recuperes claridad y bienestar en los próximos días.


  • Ayuda me diagnosticaron psicopata y no es sierto solo me gusta estar solo y ser calculador y no es q

    Ayuda me diagnosticaron psicopata y no es sierto solo me gusta estar solo y ser calculador y no es que no tenga emociones solo los evito en situaciones de presion y no sentir remordimiento pero si distingo lo vueno y malo y hago lo correcto aunque sea dificil quiero superarlo

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Ricardo Pagliara

    Gracias por escribir y por abrirte con tanta honestidad. Lo que cuentas muestra que estás reflexionando profundamente sobre ti mismo y que tienes conciencia de tus emociones y de tus actos, algo que ya indica que no encajas en el perfil clásico de una psicopatía, al menos en el sentido clínico estricto.

    El diagnóstico de “psicopatía” no se utiliza de manera formal como etiqueta única, sino dentro de los trastornos de personalidad antisocial, y para que sea válido debe haber un patrón estable de falta de empatía, manipulación, impulsividad y desprecio por las normas sociales. Pero tú describes algo diferente: una tendencia a controlar las emociones, a aislarte y a evitar el remordimiento como mecanismo de defensa, no como ausencia total de conciencia moral. Dices que distingues lo bueno de lo malo y que eliges hacer lo correcto incluso cuando es difícil, y eso habla de un sistema ético conservado, no de psicopatía.

    Desde una mirada cognitivo-sistémica, lo que podría estar ocurriendo es que has aprendido a protegerte emocionalmente a través del control, la distancia y la racionalidad. Quizá en algún momento de tu vida sentir te resultó peligroso o inútil, y tu mente desarrolló una forma fría y calculada de manejar la presión. No es que no tengas emociones, sino que las regulas de manera rígida para no sentirte vulnerable.

    Superarlo no implica cambiar quién eres, sino aprender a integrar tus emociones de un modo más equilibrado, sin que el control te aísle. Te ayudaría mucho comenzar un proceso terapéutico con un psicólogo especializado en personalidad o regulación emocional. En ese espacio podrías explorar tu historia, comprender por qué se formó ese estilo emocional y desarrollar confianza en el contacto con otros sin sentirte expuesto o en peligro.

    Pide una segunda opinión profesional; no te quedes con un diagnóstico que no sientes como propio. Las etiquetas, cuando se usan mal, hieren más de lo que ayudan. Lo importante no es cómo te llamen, sino que has dado un paso valiente al reconocer que quieres comprenderte y crecer emocionalmente, y eso ya marca una diferencia esencial.


  • Hola, todo el mundo me dice que estoy anorexica porque estoy por debajo de mi peso y de mi IMC (esto

    Hola, todo el mundo me dice que estoy anorexica porque estoy por debajo de mi peso y de mi IMC (esto último lo dice mi doctora también), estoy obsesionada con engordar pero nunca tengo hambre y no puedo comer porque me da angustia. Me preocupa tener algún trastorno alimenticio, tener algún problema digestivo, intolerancia o que la ansiedad me esté afectando a esto.

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Ricardo Pagliara

    Gracias por contarlo con tanta sinceridad; se nota la preocupación y el malestar que estás viviendo. Lo que describes —la pérdida de peso, la falta de hambre, la angustia al intentar comer y la obsesión con recuperar peso— merece atención, porque indica que tu cuerpo y tu mente están en un estado de tensión que interfiere con algo tan básico como alimentarte.

    Desde una mirada cognitivo-sistémica, este tipo de situaciones suelen tener varias capas. A veces el cuerpo responde al estrés o la ansiedad con una inhibición del apetito, porque el sistema nervioso se mantiene en modo de alerta y la digestión deja de ser prioritaria. En otros casos, el miedo a engordar, a perder el control o a sentir malestar físico puede generar un bloqueo emocional asociado a la comida, incluso aunque el pensamiento consciente sea “quiero subir de peso”. También puede haber factores digestivos o metabólicos implicados, por lo que conviene descartar causas médicas de forma paralela.

    Lo más importante ahora es no quedarte sola con este problema. Te recomiendo acudir a un equipo interdisciplinar —médico, psicólogo y nutricionista— que evalúe de manera conjunta tu situación. Si tu doctora ya te ha dicho que tu peso está por debajo de lo saludable, sería conveniente que ella misma te derive a un especialista en trastornos de la conducta alimentaria (TCA) o en nutrición clínica, para que puedas recibir una atención ajustada a tus necesidades.

    A nivel emocional, una terapia psicológica centrada en ansiedad y relación con el cuerpo puede ayudarte a comprender qué papel está jugando la angustia en tu manera de alimentarte, a reconectar con las señales de hambre y saciedad y a recuperar la confianza en tu propio cuerpo. No se trata solo de comer más, sino de reconstruir una sensación de seguridad interna que te permita volver a disfrutar de la comida sin miedo ni culpa.

    Estás haciendo muy bien en pedir ayuda ahora: cuanto antes se aborde, más fácil es revertirlo. Lo importante es que este proceso lo acompañes con profesionales y que entiendas que lo que te pasa no es falta de voluntad, sino un síntoma de algo que se puede tratar y mejorar paso a paso.


  • Porque no llamo a las personas por su nombre? Llegue aquí por una pregunta similar. Hoy me hicieron

    Porque no llamo a las personas por su nombre? Llegue aquí por una pregunta similar. Hoy me hicieron ver que nunca (desde toda mi vida) llamo a las personas por su nombre (siempre es por alguna referencia: “la persona de diseño”, “mi amiga de tal ciudad”, mi amigo gay”, etc) incluso cuando hablo de esa persona con una persona la que ya se la he mencionado con anterioridad. Porque pasa eso? Porque no me había dado cuenta? Porque, incluso ahora que me hicieron verlo, me cuesta llamar a las personas por su nombre?

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Ricardo Pagliara

    Lo que describes es muy interesante y más común de lo que parece. Muchas personas tienden a identificar a otros por etiquetas, roles o características en lugar de por su nombre propio, y esto suele darse de manera automática, sin que uno sea consciente. Desde la perspectiva cognitiva, los nombres son información más abstracta y menos significativa que los atributos o las referencias: para el cerebro resulta más fácil recordar “mi amiga de tal ciudad” que un nombre que no evoca nada en sí mismo. Por eso durante años puede que lo hayas hecho sin darte cuenta y sin que te pareciera extraño.

    Desde un enfoque sistémico también puede tener relación con tu manera de vincularte: usar descriptores en lugar de nombres puede darte una sensación de cercanía práctica o de organización mental, como si cada persona tuviera un lugar definido en tu mapa social. A veces también hay detrás cierta dificultad con la memoria de nombres o incluso incomodidad al usarlos en interacción directa, lo que te lleva a evitarlos sin proponértelo.

    El hecho de que ahora te lo hayan señalado y lo notes más no significa que tengas un problema grave, sino que es un hábito que se hizo muy automático. Si quieres empezar a cambiarlo, puedes proponerte pequeños ejercicios conscientes: repetir el nombre de alguien varias veces en tu mente al conocerlo, usarlo al saludar y al despedirte, o escribirlo asociado a una característica positiva para reforzarlo. Con el tiempo, esto ayuda a naturalizarlo y a sentirlo menos forzado.

    No es un signo de que haya algo “malo” en ti, sino una manera particular que tu mente encontró de organizar la información sobre las personas. Ahora que lo ves, puedes decidir si quieres modificarlo para sentirte más cómodo en tus relaciones o simplemente aceptarlo como parte de tu estilo.


  • Hola! Me he estado preguntado si Hay diferencia de estrés en mujeres y hombres?

    Hola! Me he estado preguntado si Hay diferencia de estrés en mujeres y hombres?

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Ricardo Pagliara

    Hola, es una muy buena pregunta porque el estrés no se manifiesta de la misma manera en todas las personas y existen diferencias relacionadas tanto con factores biológicos como con aspectos sociales y culturales. A nivel fisiológico, tanto hombres como mujeres comparten los mismos mecanismos de respuesta al estrés —la activación del sistema nervioso, el aumento de la frecuencia cardíaca, la liberación de hormonas como el cortisol—, pero sí se ha observado que en algunos casos la intensidad y la duración de esa respuesta pueden variar en función de las hormonas y de los ciclos biológicos.

    Más allá de lo biológico, el papel que cumplen los factores sociales y culturales es muy relevante. A menudo las mujeres están sometidas a una doble carga, compaginando responsabilidades laborales con las familiares o de cuidado, lo que puede aumentar la percepción de estrés crónico. También es frecuente que expresen el malestar en forma de ansiedad o síntomas somáticos. En los hombres, por influencia cultural, a veces el estrés se manifiesta más en forma de irritabilidad, conductas impulsivas o mayor tendencia a evadir la tensión a través del trabajo o del consumo de sustancias.

    Estas diferencias no significan que unos sufran más que otros, sino que el estrés se presenta y se gestiona de manera distinta. La psicoterapia resulta fundamental para ayudar a cada persona a reconocer cómo se manifiesta en su caso particular, a comprender las raíces del malestar y a desarrollar estrategias adaptadas para afrontarlo. Entender estas diferencias es clave porque nos permite individualizar el tratamiento y no reducir el estrés a un fenómeno uniforme, sino a una experiencia personal atravesada por la biología, la historia de vida y el contexto de cada uno.


  • Me recetaron escitaloprám 10 mg. Me tome media pastilla (que el doctor de cabecera me dijo que hicie

    Me recetaron escitaloprám 10 mg. Me tome media pastilla (que el doctor de cabecera me dijo que hiciera por 4 días). El primer día sentí que mi corazón se aceleraba pero cuando me ponía los dedos en la nuca, sentí las palpitaciones normales aparte también me agarro un mareo enorme que no me dejo dormir.

    ¿Es normal esos efectos?

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Ricardo Pagliara

    Gracias por contarlo con tanto detalle; lo que describes es algo que muchas personas experimentan al comenzar un tratamiento con escitalopram u otros antidepresivos de la misma familia (ISRS). En las primeras tomas, es relativamente frecuente sentir mareo, sensación de aceleración, inquietud o insomnio, porque el cuerpo está empezando a adaptarse a los cambios químicos que el medicamento produce en el sistema nervioso.

    Desde una mirada cognitivo-sistémica, además de los efectos físicos, es habitual que se sume la ansiedad anticipatoria: la preocupación por cómo te afectará el fármaco puede intensificar la percepción de las sensaciones corporales. Eso explica que notes el corazón “acelerado” aunque al tomarte el pulso sea normal; el cuerpo responde al miedo con una activación similar a la ansiedad.

    Lo importante es que estos síntomas suelen ser temporales y tienden a mejorar en los primeros días o semanas. Aun así, conviene que no los ignores ni los normalices completamente. Comenta con tu médico cómo te has sentido; puede valorar mantener la dosis baja un poco más de tiempo o ajustar la pauta. No modifiques la dosis ni la suspendas por tu cuenta, porque el ajuste debe hacerlo siempre el profesional que te la recetó.

    Mientras tanto, intenta no centrarte en las sensaciones corporales, respira lentamente cuando notes aceleración y cuida el descanso. Estos efectos iniciales no significan que el medicamento sea dañino ni que no te vaya a sentar bien, sino que tu organismo está en fase de adaptación. Si el mareo o la inquietud se vuelven muy intensos o no te permiten dormir varios días, contacta con tu médico para revisar la dosis o el horario de toma.

    En la mayoría de los casos, tras esa primera semana de adaptación, el cuerpo se estabiliza y el tratamiento empieza a hacer efecto con normalidad.


  • Sufro de espondilitis anquilosante desde hace unos 8 años.Estoy con biológicos antiinflamatorios ant

    Sufro de espondilitis anquilosante desde hace unos 8 años.Estoy con biológicos antiinflamatorios antidepresivos relajante musculares , fisioterapia , natación . Cuando estoy con el brote de dolor fuerte no me puedo controlar con los dulces. Es un atracón compulsivo en aquellos momentos , luego me arrepiento. He engordado unís 10 kg.Como podría controlar esta situación ?

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Ricardo Pagliara

    Gracias por compartirlo con tanta honestidad; lo que describes es más común de lo que parece, especialmente en personas que viven con dolor crónico. Estás haciendo un gran esfuerzo para manejar una enfermedad compleja como la espondilitis anquilosante, y tiene todo el sentido que, en los momentos de brote y sufrimiento, busques alivio en la comida. No se trata de falta de voluntad: el cuerpo y la mente buscan una vía rápida para calmar el malestar físico y emocional, y el azúcar genera una sensación inmediata —aunque pasajera— de bienestar y control.

    Desde una mirada cognitivo-sistémica, esos episodios de atracón pueden entenderse como una forma de autorregulación emocional. Durante los brotes, el dolor, la frustración y la sensación de impotencia se acumulan; el dulce funciona como un “anclaje” que ayuda a desconectarte por un momento de esa carga. Por eso, intentar simplemente “controlarlo” suele generar más culpa y tensión, alimentando el mismo ciclo.

    En lugar de pelear con la conducta, te puede ayudar trabajar sobre el contexto emocional y físico que la dispara. Identifica los momentos en que aparece el impulso (antes, durante o después del dolor), qué emociones acompañan esa necesidad de comer, y cómo podrías introducir otras formas de consuelo más saludables: aplicar calor o masajes, respirar profundamente, escuchar música relajante o permitirte un descanso sin sentir culpa. El objetivo no es prohibirte el dulce, sino reducir el automatismo y darte alternativas reales de alivio.

    También sería recomendable comentar esto con tu psicólogo o médico de cabecera, para valorar un posible apoyo terapéutico específico en alimentación emocional. La combinación de psicoterapia con técnicas de mindfulness o terapia cognitivo-conductual para la regulación del impulso suele dar muy buenos resultados. En algunos casos, incluso un pequeño ajuste en la medicación (por ejemplo, antidepresivos o relajantes musculares) puede mejorar el control del apetito y del estado de ánimo.

    No te castigues por esos atracones: son una señal de que tu cuerpo y tu mente están intentando lidiar con demasiado dolor. Trabajar la ansiedad, el autocuidado y la gestión emocional en torno a los brotes hará que poco a poco el impulso de refugiarte en la comida se reduzca. Es un proceso, pero con acompañamiento psicológico y una mirada compasiva hacia ti misma, puedes recuperar equilibrio sin perder la calma ni la dignidad frente a la enfermedad.


  • Tengo 20 años, desde que tenía 4 años hasta los 17

    Tengo 20 años, desde que tenía 4 años hasta los 17 he sufrido maltrato físico y psicológico por parte de mi padre. Nunca me he atrevido a hablar de ello hasta ahora, me gustaría saber que puedo hacer, ya que, cada vez que me acuerdo de situaciones pasadas no puedo parar de llorar y me duele como si todavía estuviese pasando.

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Ricardo Pagliara

    Gracias por compartir algo tan doloroso y tan íntimo. Haber vivido maltrato físico y psicológico durante tantos años deja una huella profunda que no desaparece por sí sola. Es muy comprensible que, incluso después de haber salido de esa situación, los recuerdos sigan apareciendo con tanta intensidad que parezca que todo está ocurriendo de nuevo. Eso que describes —el dolor, las lágrimas, la sensación de revivir lo pasado— son reacciones frecuentes en personas que han sufrido experiencias traumáticas en la infancia. No significa que estés “atascado” o que no tengas salida, significa que tu mente y tu cuerpo aún guardan esas heridas abiertas y que necesitas un acompañamiento especializado para poder empezar a sanarlas.

    Lo primero y más importante es reconocer que hablar de ello ya es un paso enorme. Romper el silencio después de tantos años implica coraje y es el inicio de un proceso de reparación. A partir de aquí, lo recomendable es buscar un espacio seguro de psicoterapia donde puedas expresar lo que has vivido, poner palabras a lo que antes era solo dolor y aprender a manejar los recuerdos para que dejen de ser tan invasivos. En terapia trabajamos con técnicas que ayudan a reducir la intensidad de las memorias traumáticas, a recuperar la sensación de control y a reconstruir una imagen de ti mismo más fuerte y libre del maltrato.

    Es habitual que después de una infancia marcada por la violencia surjan emociones de tristeza, rabia, culpa o miedo, y también dificultades en la confianza hacia los demás. La psicoterapia no borra lo que ocurrió, pero sí permite que el pasado deje de condicionar el presente. El objetivo es que esos recuerdos se integren como parte de tu historia, pero sin que te hagan daño cada vez que aparecen. Con el acompañamiento adecuado, puedes transformar ese dolor en una experiencia de superación y empezar a mirar tu vida con nuevas posibilidades, dejando de sentir que aún estás atrapado en lo que ocurrió.


  • ¿El estrés o la ansiedad se pueden prensentar sin

    ¿El estrés o la ansiedad se pueden prensentar sin darnos cuenta que la estamos padeciendo?

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Ricardo Pagliara

    Sí, tanto el estrés como la ansiedad pueden estar presentes sin que la persona sea plenamente consciente de ello. A veces no aparecen como una sensación clara de nerviosismo o preocupación, sino a través de síntomas físicos o conductuales. Hay personas que, por ejemplo, notan dolores de cabeza, tensión muscular, problemas digestivos, insomnio o fatiga constante sin relacionarlo con la ansiedad. En otros casos, lo que predomina es la irritabilidad, la dificultad para concentrarse, el bloqueo mental o el sentimiento de estar siempre acelerado, aunque uno piense que “no está tan mal”.

    Esto ocurre porque el cuerpo y la mente tienen distintas maneras de expresar el malestar. Cuando no prestamos atención a las señales emocionales o intentamos seguir adelante sin parar, la ansiedad y el estrés buscan salida a través de lo físico o de cambios en nuestro comportamiento. Es como si el organismo activara una alarma que no siempre sabemos interpretar de inmediato.

    La psicoterapia ayuda precisamente a identificar estas manifestaciones, a reconocer cómo se está acumulando la tensión y a trabajar estrategias de regulación para que no llegue a un punto en el que afecte de forma importante a la vida diaria. Ser consciente de que el estrés y la ansiedad pueden presentarse de maneras sutiles ya es un primer paso para aprender a escucharse mejor y cuidarse a tiempo.


  • Cuánto tarda en desaparecer una somatización por a

    Cuánto tarda en desaparecer una somatización por ansiedad?? En este caso un dolor de garganta.

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Ricardo Pagliara

    La duración de una somatización por ansiedad, como puede ser el dolor de garganta, no es fija y varía mucho de una persona a otra. En algunos casos los síntomas aparecen de forma puntual y desaparecen en horas o días, especialmente cuando la ansiedad baja. En otros, pueden mantenerse durante semanas si la tensión emocional continúa activa. Esto ocurre porque el cuerpo responde al estrés con tensión muscular, sequedad en la boca, cambios en la respiración o irritación, y todo ello puede sentirse como una molestia real en la garganta aunque no exista una causa orgánica.

    Lo importante es entender que, aunque la sensación sea muy física, está mantenida por el nivel de ansiedad y no por una enfermedad grave. Cuando se reducen los niveles de preocupación y se trabaja con técnicas de regulación —respiración, relajación, identificación y cambio de pensamientos—, los síntomas suelen mejorar de manera progresiva. También influye el grado de atención que se presta a la molestia: cuanto más se centra la mente en vigilar la garganta y comprobar si duele o no, más se intensifica la sensación.

    La psicoterapia ayuda a cortar este círculo, enseñando a manejar la ansiedad y a restarle poder a las somatizaciones. De este modo, no solo disminuye el síntoma actual, sino que se previenen nuevas manifestaciones físicas en el futuro.

    En resumen: una somatización puede durar desde poco tiempo hasta varias semanas, dependiendo de cómo se gestione la ansiedad y de los recursos que se utilicen para afrontarla. Con acompañamiento psicológico es posible acelerar ese proceso y evitar que se convierta en una preocupación constante.


  • Una persona con hipocondria también puede tener miedo a enfermedades mentales ?

    Una persona con hipocondria también puede tener miedo a enfermedades mentales ?

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Ricardo Pagliara

    Sí, una persona con hipocondría puede tener miedo tanto a enfermedades físicas como a enfermedades mentales. La hipocondría, o lo que actualmente llamamos “trastorno de ansiedad por enfermedad”, se caracteriza por la preocupación persistente y excesiva de padecer una enfermedad grave, aunque no existan pruebas médicas que lo confirmen. Esa preocupación no se limita necesariamente al cuerpo, también puede dirigirse a la salud psicológica. De hecho, muchas personas con hipocondría interpretan ciertos pensamientos, cambios emocionales o sensaciones internas como señales de que están “perdiendo la razón”, “volviéndose locos” o desarrollando un trastorno mental grave.

    Este miedo surge porque la persona hipocondríaca suele estar muy atenta a cualquier señal de su organismo y de su mente, analizando cada detalle con una lupa de preocupación. Una idea pasajera, una sensación de irrealidad o un momento de despiste puede ser vivido como el inicio de una enfermedad mental, del mismo modo que un dolor de cabeza puede interpretarse como un tumor. Lo que mantiene el problema no es tanto el síntoma en sí, sino la interpretación catastrofista que se hace de él.

    La psicoterapia ayuda a entender este mecanismo y a romper el círculo de miedo y comprobaciones constantes. A través de un trabajo cognitivo y metacognitivo se aprende a relacionarse de otra manera con los pensamientos y las sensaciones, reduciendo la necesidad de controlarlos o de buscar garantías médicas continuas. Además, desde un enfoque sistémico también es importante trabajar cómo estas preocupaciones afectan a la relación con los demás, para que la persona no quede atrapada en la soledad del miedo ni dependa siempre de la tranquilidad que le dan otros.

    En definitiva, sí es posible que el miedo se dirija a las enfermedades mentales y, como en otros casos de hipocondría, lo fundamental no es tanto comprobar si existe una enfermedad, sino aprender a manejar la ansiedad que genera la duda constante.


  • ¿Es posible tener sexo con alguien que no te atrae físicamente?

    ¿Es posible tener sexo con alguien que no te atrae físicamente?

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Ricardo Pagliara

    Sí, es posible, aunque la experiencia suele ser muy distinta. Desde una perspectiva cognitivo-sistémica, la atracción física es solo uno de los muchos elementos que influyen en el deseo. Las personas también pueden sentirse motivadas por la necesidad de afecto, de conexión, de validación o incluso por la curiosidad o el contexto emocional del momento. En ese sentido, alguien puede llegar a tener relaciones sexuales sin una atracción corporal intensa, guiado por factores emocionales, sociales o situacionales.

    Sin embargo, cuando no hay una atracción física o emocional real, lo más frecuente es que el cuerpo responda de forma limitada: puede existir excitación fisiológica por estímulo o por hábito, pero no suele haber una vivencia de placer profundo ni una sensación de conexión. En esos casos, el encuentro puede sentirse mecánico o vacío, más orientado a cumplir una expectativa que a disfrutar.

    El deseo y la satisfacción sexual suelen aparecer cuando hay coherencia entre cuerpo, emoción y pensamiento. Si uno de esos elementos está ausente —por ejemplo, la atracción—, es normal que el disfrute sea parcial o que aparezcan después sensaciones de confusión o malestar. Por eso, más allá de la posibilidad física, lo importante es reconocer qué lugar ocupa el deseo auténtico en la relación y qué necesidad estás intentando satisfacer al tener esa experiencia.


  • ¿Es posible tener sexo con alguien que no te atrae físicamente? En el caso de que sea posible, ¿no p

    ¿Es posible tener sexo con alguien que no te atrae físicamente? En el caso de que sea posible, ¿no puede haber disfrute ni excitación sino te atrae la persona verdad?

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Ricardo Pagliara

    Gracias por la pregunta; es muy interesante y más frecuente de lo que parece. Sí, es posible tener relaciones sexuales con alguien que no genera una atracción física intensa, aunque la experiencia y las sensaciones cambian mucho dependiendo del tipo de conexión que exista y de los motivos por los que ocurre.

    Desde una mirada cognitivo-sistémica, el deseo no se construye únicamente sobre lo físico, sino que surge de un entramado complejo donde intervienen la emoción, el contexto, el vínculo, la fantasía, la necesidad de validación o incluso la curiosidad. Por eso, en determinadas circunstancias una persona puede tener sexo sin sentir una atracción corporal fuerte, impulsada por la búsqueda de afecto, de aprobación o de cercanía emocional. Sin embargo, en esos casos el cuerpo suele acompañar de manera parcial: puede haber cierta excitación fisiológica, pero no siempre un disfrute auténtico o una sensación de conexión plena.

    El placer sexual profundo requiere integración entre mente, emoción y cuerpo. Cuando la atracción física está ausente, la experiencia tiende a vivirse de forma más desconectada, más “desde la cabeza” o por compromiso, y muchas veces deja una sensación posterior de vacío o de distancia. Esto no significa que sea algo “malo”, sino que indica que el encuentro no está sostenido en un deseo compartido, sino en una necesidad distinta.

    En resumen: sí, se puede tener sexo sin atracción física, pero el grado de disfrute y excitación auténtica suele ser limitado. El deseo pleno aparece cuando hay coherencia entre lo que el cuerpo siente, lo que la mente desea y lo que el vínculo emocional permite. Comprender eso puede ayudarte a reconocer qué te mueve realmente en tus relaciones y qué tipo de conexión quieres construir.


  • El uso excesivo de los videojuegos también se consideran como ludopatia?

    El uso excesivo de los videojuegos también se consideran como ludopatia?

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Ricardo Pagliara

    Tu pregunta es muy interesante porque ayuda a aclarar un malentendido bastante común. Cuando hablamos de ludopatía nos referimos de forma específica a la adicción al juego de azar, es decir, a aquellas conductas en las que se apuesta dinero y en las que se corre un riesgo económico que la persona ya no es capaz de controlar. La adicción a los videojuegos, en cambio, no se considera exactamente ludopatía, pero sí puede constituir otro tipo de trastorno reconocido: el trastorno por uso de videojuegos o gaming disorder, incluido por la Organización Mundial de la Salud en la clasificación de enfermedades (CIE-11).

    Ambas problemáticas tienen puntos en común, como la pérdida de control, la interferencia en la vida social, laboral o académica y la dificultad para detener la conducta aunque se deseen cambiar los hábitos. Sin embargo, la diferencia esencial está en que los videojuegos no implican apuestas económicas (aunque cada vez más aparecen modalidades de micropagos, loot boxes y dinámicas que se acercan mucho al juego de azar). Por eso, en algunos casos concretos puede darse una mezcla de adicción al videojuego con comportamientos propios de la ludopatía, sobre todo en jóvenes expuestos a videojuegos con sistemas de recompensa vinculados al dinero.

    En la práctica clínica tratamos estas situaciones con un abordaje muy similar al de otras adicciones: ayudamos a la persona a identificar los desencadenantes, a recuperar el control de su tiempo y su atención, a desarrollar alternativas de ocio saludable y a trabajar la autoestima, que suele verse deteriorada. Lo importante no es tanto la etiqueta como el impacto real que el uso de videojuegos está teniendo en tu vida. Si notas que tu rendimiento, tu descanso, tus relaciones o tu estado emocional están seriamente afectados, entonces sí estamos hablando de un problema que merece atención profesional.


  • El toc puede aparecer en varones de edad 28/30 años ?

    El toc puede aparecer en varones de edad 28/30 años ?

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Ricardo Pagliara

    Sí, el TOC puede aparecer perfectamente en varones de 28 o 30 años. Aunque muchas veces se inicia en la adolescencia o en la primera juventud, también hay casos en los que los síntomas obsesivos y compulsivos se hacen evidentes más tarde. Lo importante no es tanto la edad de inicio como el modo en que esas obsesiones y rituales afectan a la vida cotidiana, interfiriendo en la concentración, las relaciones y la tranquilidad personal.

    Cuando aparecen pensamientos repetitivos, invasivos y difíciles de controlar, acompañados de conductas o rituales que intentan reducir la ansiedad, conviene no dejarlos pasar esperando que desaparezcan por sí solos. Un tratamiento psicológico especializado puede ayudar a identificar los patrones que mantienen el problema y ofrecer herramientas eficaces para reducir la intensidad de las obsesiones y recuperar calidad de vida.

    En cualquier etapa, el TOC tiene abordaje y tratamiento, y cuanto antes se busque ayuda profesional, más opciones existen para lograr una mejoría significativa y duradera.


  • Desde hace unas semanas me llegan a la mente imágenes haciendo daño a otra persona o suicidándome de

    Desde hace unas semanas me llegan a la mente imágenes haciendo daño a otra persona o suicidándome de cierta manera. Lucho contra ellas y me produce más ansiedad y miedo, yo no quiero suicidarme. Esto es común en un Toc?

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Ricardo Pagliara

    Lo que describes —la aparición de imágenes intrusivas y perturbadoras que llegan a la mente sin desearlo, generan miedo y rechazo, y contra las que intentas luchar— encaja con lo que llamamos obsesiones, un síntoma muy característico del Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC). Muchas personas con TOC experimentan pensamientos o imágenes de contenido violento, sexual o autolesivo que no reflejan un deseo real, sino precisamente lo contrario: el temor a que esas ideas digan algo sobre uno mismo. Esa discrepancia entre lo que aparece en la mente y lo que realmente se quiere es lo que genera tanta ansiedad.

    Es importante remarcar que tener estas imágenes no significa que quieras hacer daño ni que vayas a hacerlo. De hecho, el hecho de que te produzcan miedo y rechazo es la mayor evidencia de que no se corresponden con tu voluntad. En el TOC, la mente confunde la presencia del pensamiento con la posibilidad de que sea real, y eso hace que aparezcan conductas de lucha o de evitación, que paradójicamente aumentan aún más la frecuencia de las obsesiones.

    La psicoterapia, especialmente con enfoques cognitivo-conductuales y metacognitivos, ha demostrado ser muy eficaz en el tratamiento de este tipo de obsesiones. Se trabaja en aprender a relacionarse de otra manera con los pensamientos intrusivos, sin intentar controlarlos ni darles tanto poder, y en reducir la ansiedad que generan. A veces también se recomienda la combinación con tratamiento farmacológico, según la intensidad del caso, pero el abordaje psicológico es esencial para recuperar el control de la vida y disminuir el sufrimiento.

    En definitiva, sí, este tipo de pensamientos es común en el TOC, y lo más importante es que no son un reflejo de tu identidad ni de un deseo real, sino un síntoma que puede tratarse de forma eficaz. Buscar ayuda profesional es un paso muy importante y puede darte herramientas para que estos pensamientos dejen de ser una fuente de miedo y culpa.


  • Hace tiempo que me paso la mayor parte del día fantaseando acerca de cosas irreales. Hasta ahora lo

    Hace tiempo que me paso la mayor parte del día fantaseando acerca de cosas irreales. Hasta ahora lo veía como algo normal, pero ahora me centro más en mis “sueños” que en vivir. No soy capaz de centrarme en los estudios ni me apetece bajar con mis amigas.
    Quería saber si puedo cambiar ese pensamiento sin acudir a un experto o si lo necesito.
    Gracias

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Ricardo Pagliara

    Lo que compartes refleja algo que a muchas personas les sucede y que suele generar mucha confusión. Fantasear y soñar despiertos es algo normal, incluso puede ser una forma de creatividad o de descanso mental, pero cuando las fantasías empiezan a ocupar gran parte del día y a sustituir la vida real, pueden convertirse en una especie de refugio que termina limitando. Cuando notas que te cuesta concentrarte en los estudios, que pierdes motivación para estar con tus amigas o que te resulta difícil disfrutar del presente, es una señal de que la mente está utilizando esas ensoñaciones para escapar de algo que resulta difícil afrontar en la realidad.

    Cambiar esta dinámica por uno mismo no siempre es sencillo. Puedes probar a ponerte pequeños límites, por ejemplo, reservar ciertos momentos para dejar volar la imaginación y, al mismo tiempo, proponerte actividades que te conecten con lo concreto: salir a caminar, hacer deporte, estudiar en bloques de tiempo cortos y realistas o quedar con alguien aunque no tengas muchas ganas. Estas pequeñas acciones ayudan a traer de vuelta la atención al presente. Sin embargo, cuando la fantasía se convierte en la vía principal de relación con el mundo, suele ser necesario contar con acompañamiento profesional.

    En terapia, desde un enfoque cognitivo-sistémico, trabajamos en dos planos: por un lado, entender qué función cumplen esas fantasías en tu vida —si están tapando miedos, soledad, ansiedad u otras emociones— y por otro, desarrollar recursos para afrontar la realidad de manera más serena y satisfactoria. No se trata de “eliminar” tu mundo interno, que seguramente tiene un gran valor, sino de que no te robe la oportunidad de vivir plenamente lo que te rodea. Dar el paso de hablarlo con un profesional puede marcar una diferencia importante y ayudarte a recuperar el equilibrio entre tu mundo interno y tu vida cotidiana.


  • Puede una persona tener un duelo complicado y a la

    Puede una persona tener un duelo complicado y a la vez tener depresión?
    Es posible que ma personas que lo padezca se nieguen a pedir ayuda profesional?

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Ricardo Pagliara

    Sí, es posible que un duelo complicado evolucione hacia un cuadro depresivo o que ambos procesos coexistan. La pérdida de un ser querido supone siempre un impacto emocional profundo, pero cuando el dolor se prolonga en el tiempo, se vuelve más intenso de lo esperable o impide retomar la vida cotidiana, hablamos de un duelo complicado. En estas situaciones, no es raro que aparezcan síntomas depresivos como tristeza persistente, pérdida de interés por actividades habituales, alteraciones del sueño o de la alimentación, sentimientos de vacío o desesperanza. A veces es difícil distinguir qué corresponde al duelo y qué a la depresión, porque los límites no son tan claros, pero en ambos casos lo importante es reconocer el sufrimiento y buscar formas de afrontarlo.

    Es cierto que muchas personas que atraviesan un duelo complicado o una depresión se niegan a pedir ayuda profesional. Pueden pensar que es una cuestión de tiempo, que deberían poder superarlo solos, o incluso sentir que aceptar apoyo es una señal de debilidad. A esto se suma, en ocasiones, el miedo al estigma o el temor a ser juzgados por no “salir adelante” como creen que deberían. Sin embargo, la realidad es que pedir ayuda en estos momentos no solo es legítimo, sino que puede marcar la diferencia entre quedar atrapados en el dolor o ir encontrando una salida hacia un nuevo equilibrio.

    La psicoterapia ofrece un espacio seguro donde validar las emociones, trabajar la relación con la pérdida y prevenir que la tristeza se cronifique o derive en complicaciones mayores. No se trata de olvidar ni de forzar un cierre apresurado, sino de acompañar a la persona en el proceso de integrar lo ocurrido, recuperar sentido y volver a conectar con la vida. La intervención temprana puede evitar un sufrimiento innecesario y abrir la posibilidad de que el recuerdo del ser querido se transforme en un vínculo interno más sereno y menos doloroso.


  • Buenos dias. Llevo dos años y medio sufriendo mucho por la muerte de mi madre y tengo ganas de encon

    Buenos dias. Llevo dos años y medio sufriendo mucho por la muerte de mi madre y tengo ganas de encontrarme mejor. Viviamos juntas con mi marido y éramos una la prolongación de la otra. Siempre juntas. No tenemos hijos pero los tres eramos muy felices. No sé que hacer. Tengo amigas que ya lo han superado y yo no hay dia que no llore. Perdí a mi unico hermano de un infarto dos años y medio antes y se me han juntado los dos golpes tremendos.
    Tengo mucha familia y amigos que quiero y me quieren, pero me faltan ellos. Sobre todo mi madre. A mi padre lo perdi hace casi 29 años y ahora los recuerdo a los tres a todas horas. Quisiera salir de esta tristeza tan inmensa.

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Ricardo Pagliara

    Lo que compartes refleja una historia de pérdidas muy duras en un periodo de tiempo relativamente corto, y es natural que tu dolor se sienta tan intenso y persistente. Haber estado tan unida a tu madre, convivir juntas y compartir la vida cotidiana hace que su ausencia sea aún más difícil de integrar. Además, el fallecimiento previo de tu hermano y la ausencia de tu padre desde hace tantos años hacen que ahora sientas de golpe un vacío enorme y una soledad que no se compensa ni siquiera con el cariño de amigos o familia. Entiendo que veas cómo otras personas han podido elaborar sus duelos y que eso te genere frustración o incluso culpa por no encontrarte mejor, pero cada proceso es único y no sigue un calendario fijo.

    Cuando las pérdidas son acumuladas y tan significativas, el duelo puede transformarse en una tristeza que no remite fácilmente, lo que llamamos a veces un duelo complicado. Esto no significa que no tengas recursos o que estés fallando, sino que la intensidad de lo vivido ha sobrepasado tu capacidad de adaptación en solitario. Es comprensible que llores a diario y que los recuerdos se impongan, porque forman parte de un amor profundo que no desaparece con la ausencia. Pero también es cierto que, con ayuda profesional, se puede aprender a convivir con ese dolor de un modo menos desgarrador y más reparador.

    La terapia en estos casos ayuda a dar espacio al recuerdo y al vínculo con tus seres queridos, a encontrar un sentido a la pérdida y a transformar la relación con la tristeza. No se trata de olvidar ni de dejar de querer, sino de recuperar la posibilidad de vivir con mayor serenidad y de reencontrar pequeños momentos de bienestar sin sentir que eso es una traición hacia ellos. Ese camino requiere tiempo, apoyo y acompañamiento especializado, pero es posible. Tu deseo de encontrarte mejor ya es un paso valioso hacia adelante y merece ser escuchado y acompañado.


  • Qué es el aislamiento social? Cómo puede llegar a influir en los adolescentes y por qué ?

    Qué es el aislamiento social?
    Cómo puede llegar a influir en los adolescentes y por qué ?

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Ricardo Pagliara

    El aislamiento social se refiere a una situación en la que una persona reduce o rompe sus vínculos con los demás, limitando el contacto, la participación en actividades y la posibilidad de compartir experiencias cotidianas. No siempre es voluntario: a veces surge de la timidez, de la falta de habilidades sociales, de experiencias de rechazo o de problemas emocionales que llevan al adolescente a encerrarse en sí mismo.

    En la adolescencia, el aislamiento puede tener un impacto especialmente fuerte porque es una etapa en la que las relaciones con los iguales son fundamentales para el desarrollo de la identidad, la autoestima y la autonomía. Cuando un joven se aparta de su grupo o no logra sentirse integrado, puede aparecer un círculo vicioso: cuanto más se aísla, más inseguridad siente y más difícil le resulta volver a acercarse a los demás. Esto aumenta el riesgo de síntomas depresivos, de ansiedad social y de un deterioro en la confianza en uno mismo.

    Además, el aislamiento limita la oportunidad de aprender a manejar conflictos, expresar emociones, compartir intereses o desarrollar proyectos comunes, que son experiencias esenciales en esta etapa vital. También puede favorecer conductas de evasión a través de las pantallas, donde el contacto virtual reemplaza de forma parcial pero insuficiente al vínculo real.

    La buena noticia es que el aislamiento social en los adolescentes se puede trabajar y revertir. La intervención psicoterapéutica ayuda a entender qué factores están detrás del retraimiento, a fortalecer las habilidades sociales y a recuperar la motivación para vincularse. También resulta clave el papel de la familia y del entorno escolar, ofreciendo espacios seguros y comprensivos que favorezcan la inclusión sin presión excesiva.

    En definitiva, el aislamiento social en la adolescencia no es un simple rasgo de personalidad, sino un factor de riesgo que puede condicionar el bienestar emocional y el desarrollo futuro. Atenderlo a tiempo abre la posibilidad de que el adolescente recupere confianza, seguridad y una vida relacional más plena.


Preguntas populares

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