Hola, quería hacer una consulta. Hace un tiempo llamé para pedir asesoramiento sobre una situació
13
respuestas
Hola, quería hacer una consulta.
Hace un tiempo llamé para pedir asesoramiento sobre una situación en una tienda donde me sentí bastante incómodo/a. Durante la llamada, la persona que me atendió me habló de una forma que no me gustó y, cuando intenté poner un límite y expresarlo, me respondió que según su criterio me estaba hablando bien y decidió finalizar la llamada.
Mi duda es: ¿de qué sirve poner límites si la otra persona no los reconoce, los invalida o directamente corta la comunicación? ¿Cómo se puede gestionar este tipo de situaciones de forma más efectiva?
Gracias de antemano.
Hace un tiempo llamé para pedir asesoramiento sobre una situación en una tienda donde me sentí bastante incómodo/a. Durante la llamada, la persona que me atendió me habló de una forma que no me gustó y, cuando intenté poner un límite y expresarlo, me respondió que según su criterio me estaba hablando bien y decidió finalizar la llamada.
Mi duda es: ¿de qué sirve poner límites si la otra persona no los reconoce, los invalida o directamente corta la comunicación? ¿Cómo se puede gestionar este tipo de situaciones de forma más efectiva?
Gracias de antemano.
Hola,
Primero de todo, destacar tu valor y capacidad al expresar y poner límites a esta persona, esto es priorizarte, y te animo a seguir haciéndolo.
Después, decirte que sentirte invalidad@, frustrad@ y/o con malestar en esta situación es completamente comprensible y natural. Con el silencio, el enfado o la invalidación como respuesta lo que está haciendo la otra persona es rechazar tus intentos de crear una relación más cordial y sana, acorde a tus valores.
Ahora bien, su respuesta, su actitud, forma parte de cómo recibe y gestiona ella los límites que tú le estás marcando, es decir, forma parte de su proceso.
Y aunque las relaciones humanas son bidireccionales, en los límites el objetivo principal no es cambiar a la otra persona; el objetivo es protegerte a ti y construir una identidad respetuosa contigo misma, estableciendo qué conductas o actitudes no estás dispuest@ a tolerar.
Te encontrarás con personas que respeten tus límites y otras que no, incluso con personas que de entrada se muestren reactivas (enfado, invalidación), pero que con el tiempo, y al ver tu firmeza, acaben respetándolos. Todas estas interacciones te ayudarán a seleccionar qué tipo de personas son afines a ti, porque realmente te respetan y te valoran, y al mismo tiempo seleccionar en qué relaciones vale la pena invertir energía y mantener.
Espero haberte ayudado, un abrazo!
Primero de todo, destacar tu valor y capacidad al expresar y poner límites a esta persona, esto es priorizarte, y te animo a seguir haciéndolo.
Después, decirte que sentirte invalidad@, frustrad@ y/o con malestar en esta situación es completamente comprensible y natural. Con el silencio, el enfado o la invalidación como respuesta lo que está haciendo la otra persona es rechazar tus intentos de crear una relación más cordial y sana, acorde a tus valores.
Ahora bien, su respuesta, su actitud, forma parte de cómo recibe y gestiona ella los límites que tú le estás marcando, es decir, forma parte de su proceso.
Y aunque las relaciones humanas son bidireccionales, en los límites el objetivo principal no es cambiar a la otra persona; el objetivo es protegerte a ti y construir una identidad respetuosa contigo misma, estableciendo qué conductas o actitudes no estás dispuest@ a tolerar.
Te encontrarás con personas que respeten tus límites y otras que no, incluso con personas que de entrada se muestren reactivas (enfado, invalidación), pero que con el tiempo, y al ver tu firmeza, acaben respetándolos. Todas estas interacciones te ayudarán a seleccionar qué tipo de personas son afines a ti, porque realmente te respetan y te valoran, y al mismo tiempo seleccionar en qué relaciones vale la pena invertir energía y mantener.
Espero haberte ayudado, un abrazo!
Consigue respuesta gracias a la consulta online
¿Necesitas el consejo de un especialista? Reserva una consulta online: recibirás todas las respuestas sin salir de casa.
Mostrar especialistas ¿Cómo funciona?
Gracias por compartir lo que te pasó.
Lo que describes es una situación muy frustrante, porque cuando uno intenta expresarse de forma clara y poner un límite, espera al menos ser escuchado.
Aquí hay algo importante: poner límites no es una herramienta para cambiar al otro, sino para cuidarte tú. Y eso a veces genera confusión, porque creemos que si lo hacemos “bien”, la otra persona debería entenderlo… pero no siempre es así.
Hay personas que, por su forma de comunicarse o gestionar el conflicto, pueden invalidar lo que dices, minimizarlo o incluso cortar la conversación, como te ocurrió. Eso no significa que hayas hecho algo mal.
De hecho, lo que hiciste es clave: darte cuenta de que esa forma de trato no te resulta adecuada y expresarlo.
En este tipo de situaciones, el foco no está tanto en convencer al otro, sino en decidir cómo quieres actuar tú ante ese tipo de respuestas. Ahí es donde realmente está el cambio: aprender a sostener tu postura sin entrar en discusiones que no llevan a nada, y tener claro cuándo continuar una conversación y cuándo no.
También es bastante común que después de algo así aparezca la duda de “¿habré exagerado?”. Y eso es importante revisarlo, porque muchas veces terminamos cuestionando nuestro propio malestar cuando en realidad es una señal válida.
Este tipo de situaciones, aunque parezcan puntuales, suelen repetirse en distintos contextos (trabajo, familia, servicios…) y aprender a manejarlas bien puede marcar una gran diferencia en cómo te sientes en el día a día.
Si quieres trabajar esto de forma más personalizada y adaptada a tu caso, puedo ayudarte. Atiendo en consulta presencial en Tres Cantos (Madrid), también online y a domicilio en la zona norte de Madrid.
Lo que describes es una situación muy frustrante, porque cuando uno intenta expresarse de forma clara y poner un límite, espera al menos ser escuchado.
Aquí hay algo importante: poner límites no es una herramienta para cambiar al otro, sino para cuidarte tú. Y eso a veces genera confusión, porque creemos que si lo hacemos “bien”, la otra persona debería entenderlo… pero no siempre es así.
Hay personas que, por su forma de comunicarse o gestionar el conflicto, pueden invalidar lo que dices, minimizarlo o incluso cortar la conversación, como te ocurrió. Eso no significa que hayas hecho algo mal.
De hecho, lo que hiciste es clave: darte cuenta de que esa forma de trato no te resulta adecuada y expresarlo.
En este tipo de situaciones, el foco no está tanto en convencer al otro, sino en decidir cómo quieres actuar tú ante ese tipo de respuestas. Ahí es donde realmente está el cambio: aprender a sostener tu postura sin entrar en discusiones que no llevan a nada, y tener claro cuándo continuar una conversación y cuándo no.
También es bastante común que después de algo así aparezca la duda de “¿habré exagerado?”. Y eso es importante revisarlo, porque muchas veces terminamos cuestionando nuestro propio malestar cuando en realidad es una señal válida.
Este tipo de situaciones, aunque parezcan puntuales, suelen repetirse en distintos contextos (trabajo, familia, servicios…) y aprender a manejarlas bien puede marcar una gran diferencia en cómo te sientes en el día a día.
Si quieres trabajar esto de forma más personalizada y adaptada a tu caso, puedo ayudarte. Atiendo en consulta presencial en Tres Cantos (Madrid), también online y a domicilio en la zona norte de Madrid.
Poner límites no siempre hace que el otro cambie, pero sí te ayuda a cuidarte tú.
Si la otra persona no escucha, invalida o corta, eso no significa que tu límite esté mal, sino que quizá no tiene disposición para respetarlo.
A veces, el límite no sirve para “arreglar” la situación, sino para mostrarte hasta dónde quieres estar ahí.
Si la otra persona no escucha, invalida o corta, eso no significa que tu límite esté mal, sino que quizá no tiene disposición para respetarlo.
A veces, el límite no sirve para “arreglar” la situación, sino para mostrarte hasta dónde quieres estar ahí.
Hola, gracias por compartir lo que te ocurrió.
Tu pregunta es muy importante, porque toca una idea clave que a veces genera mucha frustración: poner límites no garantiza que la otra persona los entienda, los valide o los respete. Y aun así, siguen siendo necesarios.
Poner un límite no es una herramienta para cambiar al otro, sino para posicionarte tú. Sirve para definir hasta dónde estás dispuesto a llegar y qué estás dispuesto a tolerar. Por eso, aunque la otra persona no lo reconozca, el límite ya ha cumplido una función: te has expresado y te has cuidado.
En situaciones como la que describes, pueden pasar varias cosas:
Por un lado, que la otra persona no tenga la capacidad (o la voluntad) de escuchar o validar. En ese caso, el límite no “falla”, simplemente revela algo importante: que ahí no hay un espacio seguro de comunicación.
Por otro lado, que al poner el límite, la relación o la interacción cambie (como ocurrió, que cortó la llamada). Y aunque esto pueda resultar incómodo o incluso injusto, también es información valiosa. A veces, poner límites implica asumir que la otra persona puede alejarse, reaccionar mal o no estar a la altura.
Entonces, ¿cómo gestionarlo de forma más efectiva?
Primero, ajustando la expectativa: el objetivo del límite no es que el otro lo acepte, sino ser coherente contigo.
Segundo, añadiendo una consecuencia clara (aunque sea interna): por ejemplo, decidir que si no te tratan con respeto, no continúas la conversación o no vuelves a ese servicio. Esto convierte el límite en algo práctico, no solo verbal.
Y tercero, validando tu propia experiencia. Que alguien te diga “yo creo que te estoy hablando bien” no invalida cómo tú te has sentido. Ambas cosas pueden coexistir, pero tu vivencia es legítima.
Este tipo de situaciones suelen remover mucho porque conectan con la sensación de no ser escuchado o respetado. Trabajarlo en profundidad ayuda a ganar seguridad al poner límites sin depender tanto de la reacción del otro.
Si lo necesitas, puedes pedirme cita online y lo vemos con calma, adaptándolo a tu caso concreto.
Tu pregunta es muy importante, porque toca una idea clave que a veces genera mucha frustración: poner límites no garantiza que la otra persona los entienda, los valide o los respete. Y aun así, siguen siendo necesarios.
Poner un límite no es una herramienta para cambiar al otro, sino para posicionarte tú. Sirve para definir hasta dónde estás dispuesto a llegar y qué estás dispuesto a tolerar. Por eso, aunque la otra persona no lo reconozca, el límite ya ha cumplido una función: te has expresado y te has cuidado.
En situaciones como la que describes, pueden pasar varias cosas:
Por un lado, que la otra persona no tenga la capacidad (o la voluntad) de escuchar o validar. En ese caso, el límite no “falla”, simplemente revela algo importante: que ahí no hay un espacio seguro de comunicación.
Por otro lado, que al poner el límite, la relación o la interacción cambie (como ocurrió, que cortó la llamada). Y aunque esto pueda resultar incómodo o incluso injusto, también es información valiosa. A veces, poner límites implica asumir que la otra persona puede alejarse, reaccionar mal o no estar a la altura.
Entonces, ¿cómo gestionarlo de forma más efectiva?
Primero, ajustando la expectativa: el objetivo del límite no es que el otro lo acepte, sino ser coherente contigo.
Segundo, añadiendo una consecuencia clara (aunque sea interna): por ejemplo, decidir que si no te tratan con respeto, no continúas la conversación o no vuelves a ese servicio. Esto convierte el límite en algo práctico, no solo verbal.
Y tercero, validando tu propia experiencia. Que alguien te diga “yo creo que te estoy hablando bien” no invalida cómo tú te has sentido. Ambas cosas pueden coexistir, pero tu vivencia es legítima.
Este tipo de situaciones suelen remover mucho porque conectan con la sensación de no ser escuchado o respetado. Trabajarlo en profundidad ayuda a ganar seguridad al poner límites sin depender tanto de la reacción del otro.
Si lo necesitas, puedes pedirme cita online y lo vemos con calma, adaptándolo a tu caso concreto.
Cuando hablamos de poner límites, es importante partir de una idea clave: la finalidad de los límites no es cambiar, educar o controlar la conducta de la otra persona. Tampoco se trata de conseguir que el otro entienda, valide o esté de acuerdo con lo que expresamos. La función principal de un límite es mucho más interna: tiene que ver con decidir qué estás dispuesto/a a tolerar y cómo eliges actuar tú ante determinadas situaciones.
Por eso, poner un límite no significa “decidir cómo debería comportarse la otra persona”, sino “decidir cómo voy a comportarme yo si esto ocurre”. Es decir, nos centra en lo que realmente depende de nosotros.
En la situación que describes, tú hiciste algo muy relevante: identificaste una incomodidad, la expresaste y trataste de marcar un límite. El hecho de que la otra persona no lo reconociera, lo invalidara o incluso decidiera cortar la llamada no invalida tu límite. Al contrario, te da información valiosa sobre el contexto y sobre esa interacción en concreto.
Aquí es donde está el matiz importante: la efectividad de un límite no se mide por la respuesta del otro, sino por tu capacidad de sostenerlo. A veces, sostener un límite implica retirarte de la conversación, no insistir en ser entendido/a por alguien que no está disponible para ello, o decidir que no quieres seguir interactuando en esas condiciones.
Desde este enfoque, una forma más efectiva de gestionar estas situaciones puede ser:
Reformular el límite en términos de acción propia: “Si el tono de la conversación me resulta incómodo, prefiero finalizarla”.
Aceptar que no siempre habrá validación externa, y que eso no invalida tu experiencia.
Elegir cómo actuar en coherencia contigo (por ejemplo, colgar, no volver a contactar, o buscar otro canal más respetuoso).
Poner el foco en lo que te hace sentir satisfecho/a a largo plazo: no es tanto cómo responde la otra persona, sino cómo has actuado tú contigo mismo/a.
En definitiva, los límites no garantizan que los demás cambien, pero sí te permiten cuidarte, protegerte y relacionarte desde un lugar más coherente contigo. Y eso, aunque a veces no tenga un efecto inmediato en el otro, sí tiene un impacto profundo en tu bienestar.
Por eso, poner un límite no significa “decidir cómo debería comportarse la otra persona”, sino “decidir cómo voy a comportarme yo si esto ocurre”. Es decir, nos centra en lo que realmente depende de nosotros.
En la situación que describes, tú hiciste algo muy relevante: identificaste una incomodidad, la expresaste y trataste de marcar un límite. El hecho de que la otra persona no lo reconociera, lo invalidara o incluso decidiera cortar la llamada no invalida tu límite. Al contrario, te da información valiosa sobre el contexto y sobre esa interacción en concreto.
Aquí es donde está el matiz importante: la efectividad de un límite no se mide por la respuesta del otro, sino por tu capacidad de sostenerlo. A veces, sostener un límite implica retirarte de la conversación, no insistir en ser entendido/a por alguien que no está disponible para ello, o decidir que no quieres seguir interactuando en esas condiciones.
Desde este enfoque, una forma más efectiva de gestionar estas situaciones puede ser:
Reformular el límite en términos de acción propia: “Si el tono de la conversación me resulta incómodo, prefiero finalizarla”.
Aceptar que no siempre habrá validación externa, y que eso no invalida tu experiencia.
Elegir cómo actuar en coherencia contigo (por ejemplo, colgar, no volver a contactar, o buscar otro canal más respetuoso).
Poner el foco en lo que te hace sentir satisfecho/a a largo plazo: no es tanto cómo responde la otra persona, sino cómo has actuado tú contigo mismo/a.
En definitiva, los límites no garantizan que los demás cambien, pero sí te permiten cuidarte, protegerte y relacionarte desde un lugar más coherente contigo. Y eso, aunque a veces no tenga un efecto inmediato en el otro, sí tiene un impacto profundo en tu bienestar.
Buenos días,
Si pusiste límites expresándolo asertivamente, quizá ya hiciste todo lo que se puede hacer por tu parte. Ser asertivo no garantiza que la otra persona con la que estás hablando (ya sea una persona cercana a ti o un desconocido), lo reconozca y proceda de la misma manera, pero sí aumenta mucho las probabilidades de que lo haga.
Por lo que comentas, en ese contexto parece que por tu parte lo has gestionado bien.
Saludos
Si pusiste límites expresándolo asertivamente, quizá ya hiciste todo lo que se puede hacer por tu parte. Ser asertivo no garantiza que la otra persona con la que estás hablando (ya sea una persona cercana a ti o un desconocido), lo reconozca y proceda de la misma manera, pero sí aumenta mucho las probabilidades de que lo haga.
Por lo que comentas, en ese contexto parece que por tu parte lo has gestionado bien.
Saludos
¡Hola!
Esta duda que comentas es muy común cuándo empezamos a trabajar los límites, muchas gracias por plantearla!
Verás, lo primero sería revisar cómo comunicamos los límites. Me explico, muchas veces pensamos que los límites son para que el otro cambie cómo se comporta, sin embargo, aunque puedan tener ese efecto, van más dirigidos a protegerte a ti y tienen más que ver con qué decisiones vamos a tomar cuándo ese límite no se respeta (cómo pasa en la situación que comentas).
Ahí es dónde radica la importancia de los límites en las relaciones, porque enseñan y nos enseñan hasta dónde permitimos y en qué o quienes queremos invertir un esfuerzo.
Si quieres, puedo ayudarte a trabajar este tema en consulta y así podamos resolver mejor tus dudas. Te animo a que reserves cita y nos pongamos manos a la obra!
Un abrazo
Esta duda que comentas es muy común cuándo empezamos a trabajar los límites, muchas gracias por plantearla!
Verás, lo primero sería revisar cómo comunicamos los límites. Me explico, muchas veces pensamos que los límites son para que el otro cambie cómo se comporta, sin embargo, aunque puedan tener ese efecto, van más dirigidos a protegerte a ti y tienen más que ver con qué decisiones vamos a tomar cuándo ese límite no se respeta (cómo pasa en la situación que comentas).
Ahí es dónde radica la importancia de los límites en las relaciones, porque enseñan y nos enseñan hasta dónde permitimos y en qué o quienes queremos invertir un esfuerzo.
Si quieres, puedo ayudarte a trabajar este tema en consulta y así podamos resolver mejor tus dudas. Te animo a que reserves cita y nos pongamos manos a la obra!
Un abrazo
Hola, gracias por compartirlo. Poner límites no garantiza siempre que la otra persona los entienda o los respete, pero sigue siendo importante, porque también habla de cómo te cuidas tú y de hasta dónde decides permanecer en una situación que te hace daño.
Cuando alguien invalida lo que sientes o corta la comunicación, el límite no siempre sirve para cambiar al otro, sino para darte información sobre ese vínculo y sobre lo que necesitas hacer tú con eso. A veces la parte difícil no es poner el límite, sino sostener lo que viene después.
Trabajarlo en terapia puede ayudarte a fortalecer esa parte interna que necesita validarse sin depender tanto de la respuesta ajena y a gestionar este tipo de situaciones con más claridad y seguridad. Un abrazo
Cuando alguien invalida lo que sientes o corta la comunicación, el límite no siempre sirve para cambiar al otro, sino para darte información sobre ese vínculo y sobre lo que necesitas hacer tú con eso. A veces la parte difícil no es poner el límite, sino sostener lo que viene después.
Trabajarlo en terapia puede ayudarte a fortalecer esa parte interna que necesita validarse sin depender tanto de la respuesta ajena y a gestionar este tipo de situaciones con más claridad y seguridad. Un abrazo
Hola,
Es una muy buena pregunta, porque pone el foco en algo importante: poner límites no garantiza que la otra persona los entienda o los respete, pero sí cumple una función clave para ti. Un límite no es tanto para cambiar al otro, sino para cuidarte, posicionarte y marcar hasta dónde estás dispuesto/a a llegar en una situación.
Cuando la otra persona no lo reconoce, lo invalida o corta la comunicación, en realidad está mostrando sus propios límites (o su falta de habilidades para gestionarlos). En esos casos, el objetivo no es convencerle, sino decidir tú cómo quieres actuar a partir de ahí: retirarte, insistir, cambiar de interlocutor o no continuar con esa interacción.
Gestionarlo de forma más efectiva suele pasar por aceptar que no siempre habrá una respuesta “correcta” del otro, y centrarte en lo que sí depende de ti: expresar el límite de forma clara, sin sobreexplicarte, y actuar en coherencia con él. A veces el límite no es solo decirlo, sino sostener la consecuencia cuando no se respeta.
Un saludo,
David
Es una muy buena pregunta, porque pone el foco en algo importante: poner límites no garantiza que la otra persona los entienda o los respete, pero sí cumple una función clave para ti. Un límite no es tanto para cambiar al otro, sino para cuidarte, posicionarte y marcar hasta dónde estás dispuesto/a a llegar en una situación.
Cuando la otra persona no lo reconoce, lo invalida o corta la comunicación, en realidad está mostrando sus propios límites (o su falta de habilidades para gestionarlos). En esos casos, el objetivo no es convencerle, sino decidir tú cómo quieres actuar a partir de ahí: retirarte, insistir, cambiar de interlocutor o no continuar con esa interacción.
Gestionarlo de forma más efectiva suele pasar por aceptar que no siempre habrá una respuesta “correcta” del otro, y centrarte en lo que sí depende de ti: expresar el límite de forma clara, sin sobreexplicarte, y actuar en coherencia con él. A veces el límite no es solo decirlo, sino sostener la consecuencia cuando no se respeta.
Un saludo,
David
¡Hola! Voy a responderte desde una mirada psicológica:
Cuando ponemos límites, no sirve para cambiar el comportamiento del otro, ya que esto es algo que no podemos controlar, sino para cuidarnos a nosotros mismos/as. Es decir, el valor del límite no depende de que la otra persona lo entienda, lo valide o incluso lo respete. Esto sería lo ideal, por supuesto, pero no es lo que lo hace útil.
Desde fuera, puedes verlo como “no ha servido de nada poner el límite”, pero en realidad has hecho algo clave: no traicionarte a ti mismo/a. Y es importante poner el valor ahí.
Entendiendo esto, poner límites sí sirve, pero no para controlar al otro/a, sino para posicionarte tú. Y en entornos o conversaciones donde no hay reciprocidad, la “efectividad” está más en retirarte a tiempo o cambiar de estrategia que en insistir, porque quizá ahí no es.
Cuando ponemos límites, no sirve para cambiar el comportamiento del otro, ya que esto es algo que no podemos controlar, sino para cuidarnos a nosotros mismos/as. Es decir, el valor del límite no depende de que la otra persona lo entienda, lo valide o incluso lo respete. Esto sería lo ideal, por supuesto, pero no es lo que lo hace útil.
Desde fuera, puedes verlo como “no ha servido de nada poner el límite”, pero en realidad has hecho algo clave: no traicionarte a ti mismo/a. Y es importante poner el valor ahí.
Entendiendo esto, poner límites sí sirve, pero no para controlar al otro/a, sino para posicionarte tú. Y en entornos o conversaciones donde no hay reciprocidad, la “efectividad” está más en retirarte a tiempo o cambiar de estrategia que en insistir, porque quizá ahí no es.
Gracias por compartir tu experiencia. Cuando una persona hace el esfuerzo de poner un límite de forma respetuosa y no es escuchada, es natural que aparezca la sensación de inutilidad o impotencia. Hay algo importante que conviene aclarar: poner límites no garantiza que la otra persona los entienda, los comparta o los respete. La función del límite no es cambiar al otro, sino definir hasta dónde tú estás dispuesto/a a participar en una interacción y cómo eliges cuidarte dentro de ella.
En la situación que mencionas, en realidad sí ocurrió algo significativo: expresaste tu incomodidad y marcaste una línea. La otra persona no la validó y decidió cortar la llamada. Aunque esto puede sentirse como un “fracaso”, en términos psicológicos no lo es. Lo que ocurrió fue que el límite reveló una realidad: esa persona no estaba disponible para un intercambio respetuoso. Y esa información también es valiosa.
Muchas veces esperamos que al poner un límite el otro reflexione, se disculpe o cambie su actitud. Pero eso escapa a nuestro control. La efectividad del límite no está en la respuesta del otro, sino en tu capacidad de actuar en coherencia con lo que necesitas. Por ejemplo, si una interacción no te resulta respetuosa, retirarte —aunque sea el otro quien cuelgue— también cierra el espacio de exposición a ese malestar.
Para gestionar este tipo de situaciones de forma más efectiva, puede ayudarte cambiar ligeramente el enfoque. En lugar de pensar “voy a poner un límite para que el otro cambie”, pensar “voy a poner un límite para saber cómo actuar yo según la respuesta que reciba”. Si el otro no lo respeta, entonces tu margen de acción está en decidir no continuar esa interacción, buscar otro canal de atención o, si corresponde, realizar una queja formal.
También es útil mantener los límites simples y claros, sin entrar en largas explicaciones ni intentar convencer. Por ejemplo: “No me siento cómodo/a con el tono, prefiero terminar la llamada”. Si el otro no lo recibe bien, ya no es una conversación que puedas reparar tú solo/a.
En el fondo, poner límites es más un acto de autocuidado que una herramienta de negociación. A veces no mejora la interacción, pero sí evita que te quedes en un espacio donde no te están tratando como necesitas.
En la situación que mencionas, en realidad sí ocurrió algo significativo: expresaste tu incomodidad y marcaste una línea. La otra persona no la validó y decidió cortar la llamada. Aunque esto puede sentirse como un “fracaso”, en términos psicológicos no lo es. Lo que ocurrió fue que el límite reveló una realidad: esa persona no estaba disponible para un intercambio respetuoso. Y esa información también es valiosa.
Muchas veces esperamos que al poner un límite el otro reflexione, se disculpe o cambie su actitud. Pero eso escapa a nuestro control. La efectividad del límite no está en la respuesta del otro, sino en tu capacidad de actuar en coherencia con lo que necesitas. Por ejemplo, si una interacción no te resulta respetuosa, retirarte —aunque sea el otro quien cuelgue— también cierra el espacio de exposición a ese malestar.
Para gestionar este tipo de situaciones de forma más efectiva, puede ayudarte cambiar ligeramente el enfoque. En lugar de pensar “voy a poner un límite para que el otro cambie”, pensar “voy a poner un límite para saber cómo actuar yo según la respuesta que reciba”. Si el otro no lo respeta, entonces tu margen de acción está en decidir no continuar esa interacción, buscar otro canal de atención o, si corresponde, realizar una queja formal.
También es útil mantener los límites simples y claros, sin entrar en largas explicaciones ni intentar convencer. Por ejemplo: “No me siento cómodo/a con el tono, prefiero terminar la llamada”. Si el otro no lo recibe bien, ya no es una conversación que puedas reparar tú solo/a.
En el fondo, poner límites es más un acto de autocuidado que una herramienta de negociación. A veces no mejora la interacción, pero sí evita que te quedes en un espacio donde no te están tratando como necesitas.
Hola, gracias por compartir tu experiencia. Es muy comprensible que te hayas sentido incómodo/a y también frustrado/a después de intentar poner un límite y no haber sido escuchado/a.
Tu pregunta es muy importante, porque toca una idea clave: poner límites no garantiza que la otra persona los entienda, los comparta o los respete. Y eso no significa que ponerlos no sirva.
Los límites tienen, sobre todo, una función interna y relacional:
1. Sirven para posicionarte tú, no para cambiar al otro.
Cuando pones un límite, estás diciendo “esto para mí no está bien” o “así no quiero que me traten”. Eso ya es valioso en sí mismo, aunque la otra persona no lo valide.
2. No todos los contextos permiten el mismo tipo de respuesta.
En situaciones como una atención telefónica puntual (como la que describes), la otra persona puede no estar disponible emocionalmente, no tener habilidades comunicativas o simplemente no querer entrar en ese diálogo. Ahí, el margen de influencia es limitado.
3. El límite también incluye qué haces tú después.
A veces pensamos que poner límites es solo expresarlos, pero también implica decidir cómo actuar si no son respetados. Por ejemplo: finalizar tú la conversación, pedir hablar con otra persona, poner una reclamación o elegir no volver a ese servicio.
4. Validarte a ti mismo/a es clave.
Que la otra persona diga “yo te estoy hablando bien” no invalida tu experiencia. Dos personas pueden percibir una misma interacción de forma distinta, y tu malestar sigue siendo legítimo.
5. Eficacia no siempre significa acuerdo.
Una forma más efectiva de gestionar estas situaciones no es tanto lograr que el otro entienda, sino salir de la interacción sintiendo que te has respetado a ti mismo/a y que has actuado en coherencia con lo que necesitas.
En resumen, poner límites no es una herramienta para controlar la reacción del otro, sino para cuidarte tú. A veces la “mejor” gestión no cambia al otro, pero sí evita que te quedes en una situación que te hace daño.
Si te sirve, en una situación similar podrías decir algo como: “No me estoy sintiendo cómodo/a con el tono. Prefiero dejar aquí la conversación” y actuar en consecuencia. Eso cierra el ciclo desde tu lado, independientemente de cómo responda la otra persona.
Y, por último, es normal que estas experiencias dejen cierto malestar. Poder revisarlas, como estás haciendo, ya es una forma de integrar lo ocurrido y fortalecerte de cara a futuras situaciones.
Elbire Arana Iturrarte
Psicóloga General Sanitaria
Colegiada M-42807
Tu pregunta es muy importante, porque toca una idea clave: poner límites no garantiza que la otra persona los entienda, los comparta o los respete. Y eso no significa que ponerlos no sirva.
Los límites tienen, sobre todo, una función interna y relacional:
1. Sirven para posicionarte tú, no para cambiar al otro.
Cuando pones un límite, estás diciendo “esto para mí no está bien” o “así no quiero que me traten”. Eso ya es valioso en sí mismo, aunque la otra persona no lo valide.
2. No todos los contextos permiten el mismo tipo de respuesta.
En situaciones como una atención telefónica puntual (como la que describes), la otra persona puede no estar disponible emocionalmente, no tener habilidades comunicativas o simplemente no querer entrar en ese diálogo. Ahí, el margen de influencia es limitado.
3. El límite también incluye qué haces tú después.
A veces pensamos que poner límites es solo expresarlos, pero también implica decidir cómo actuar si no son respetados. Por ejemplo: finalizar tú la conversación, pedir hablar con otra persona, poner una reclamación o elegir no volver a ese servicio.
4. Validarte a ti mismo/a es clave.
Que la otra persona diga “yo te estoy hablando bien” no invalida tu experiencia. Dos personas pueden percibir una misma interacción de forma distinta, y tu malestar sigue siendo legítimo.
5. Eficacia no siempre significa acuerdo.
Una forma más efectiva de gestionar estas situaciones no es tanto lograr que el otro entienda, sino salir de la interacción sintiendo que te has respetado a ti mismo/a y que has actuado en coherencia con lo que necesitas.
En resumen, poner límites no es una herramienta para controlar la reacción del otro, sino para cuidarte tú. A veces la “mejor” gestión no cambia al otro, pero sí evita que te quedes en una situación que te hace daño.
Si te sirve, en una situación similar podrías decir algo como: “No me estoy sintiendo cómodo/a con el tono. Prefiero dejar aquí la conversación” y actuar en consecuencia. Eso cierra el ciclo desde tu lado, independientemente de cómo responda la otra persona.
Y, por último, es normal que estas experiencias dejen cierto malestar. Poder revisarlas, como estás haciendo, ya es una forma de integrar lo ocurrido y fortalecerte de cara a futuras situaciones.
Elbire Arana Iturrarte
Psicóloga General Sanitaria
Colegiada M-42807
Buenas,
Lo primero me gustaría agradecer tu pregunta, es muy pertinente y refleja una dificultad muy común cuando se trabaja o se pone en práctica tanto la asertividad como el establecimiento de límites personales.
Poner límites no garantiza que la otra persona los comprenda, los comparta o los respete, y esto suele generar frustración o sensación de inutilidad (en muchas ocasiones llegamos pensar ¿para qué sirve, entonces?). Sin embargo, desde una perspectiva psicológica, el valor de los límites no está en controlar la reacción del otro, sino en actuar de forma coherente con tus propios valores y autocuidado.
Algunas ventajas que podemos obtener de esta acción, aunque la otra persona no lo reciba de la mejor manera, es definir qué es aceptable para ti y qué no. También, nos ayuda a cuidar nuestro bienestar emocional y relacionarnos desde la coherencia con nosotros mismos (no desde la evitación o sumisión). Asimismo, otro aspecto relevante es la reducción del malestar a largo plazo, aunque a corto plazo pueda ser o resultarnos incómodo. Es decir, el establecimiento de límites no es una herramienta para cambiar al otro, sino para posicionarte tú.
Lo que describes (invalidación o finalización abrupta) entra dentro de lo que en el ámbito de la psicología entendemos como falta de habilidades de comunicación o baja disponibilidad emocional por parte del otro. Un punto clave es que un límite sano, también incluye aceptar que no puedes obligar al otro a dialogar o entenderte. En ese sentido, la situación que viviste, aunque desagradable, te dio información tan valiosa como que esa persona o el contexto en el que se desarrolló, no estaba disponible para una comunicación respetuosa.
Este tipo de situaciones suelen activar pensamientos del tipo “no sirve de nada poner límites” o emociones como la rabia, la impotencia o la injusticia. En consulta se hace especial hincapié en poder sostener estas experiencias internas sin que determinen completamente nuestra conducta posterior. Por ello, el objetivo no es eliminar ese malestar, sino desarrollar mayor flexibilidad psicológica para que, aun en presencia de esas sensaciones, puedas seguir actuando en la dirección de lo que es importante y beneficioso para ti, como el respeto propio o el cuidado emocional.
Además, se explora la diferencia entre lo que depende de uno mismo y lo que no. Expresar el límite está dentro de tu ámbito de acción; la respuesta del otro no. Asumir esta diferencia, aunque a veces resulte incómodo, suele aliviar parte de la lucha interna y permite tomar decisiones más ajustadas a la realidad de la situación. En muchos casos, la forma más efectiva de gestionar estos escenarios no pasa por insistir en ser comprendido, sino por elegir conscientemente cómo quieres continuar: si retirarte de la interacción, buscar otras alternativas o no exponerte de nuevo a ese tipo de trato. Este tipo de retirada, cuando se hace desde la conciencia y no desde la evitación, también constituye una forma válida y saludable de poner límites.
Por último, es importante no perder de vista que poner límites no siempre mejora la relación con el otro, pero sí puede fortalecer la relación contigo mismo/a. Todo ello, a medio y largo plazo, tiene un impacto profundo en tu bienestar psicológico. Desde ahí, el proceso no solo implica aprender a decir ciertas cosas, sino también aprender a sostener lo que ocurre después, integrándolo como parte del camino hacia una forma de relacionarte más coherente y saludable.
*Si necesitas más información o en algún momento consideras que te vendría bien apoyo para trabajar estos aspectos con mayor profundidad, puedes contactar conmigo sin compromiso y estaré encantado de orientarte o valorar juntos cómo iniciar el proceso.
Lo primero me gustaría agradecer tu pregunta, es muy pertinente y refleja una dificultad muy común cuando se trabaja o se pone en práctica tanto la asertividad como el establecimiento de límites personales.
Poner límites no garantiza que la otra persona los comprenda, los comparta o los respete, y esto suele generar frustración o sensación de inutilidad (en muchas ocasiones llegamos pensar ¿para qué sirve, entonces?). Sin embargo, desde una perspectiva psicológica, el valor de los límites no está en controlar la reacción del otro, sino en actuar de forma coherente con tus propios valores y autocuidado.
Algunas ventajas que podemos obtener de esta acción, aunque la otra persona no lo reciba de la mejor manera, es definir qué es aceptable para ti y qué no. También, nos ayuda a cuidar nuestro bienestar emocional y relacionarnos desde la coherencia con nosotros mismos (no desde la evitación o sumisión). Asimismo, otro aspecto relevante es la reducción del malestar a largo plazo, aunque a corto plazo pueda ser o resultarnos incómodo. Es decir, el establecimiento de límites no es una herramienta para cambiar al otro, sino para posicionarte tú.
Lo que describes (invalidación o finalización abrupta) entra dentro de lo que en el ámbito de la psicología entendemos como falta de habilidades de comunicación o baja disponibilidad emocional por parte del otro. Un punto clave es que un límite sano, también incluye aceptar que no puedes obligar al otro a dialogar o entenderte. En ese sentido, la situación que viviste, aunque desagradable, te dio información tan valiosa como que esa persona o el contexto en el que se desarrolló, no estaba disponible para una comunicación respetuosa.
Este tipo de situaciones suelen activar pensamientos del tipo “no sirve de nada poner límites” o emociones como la rabia, la impotencia o la injusticia. En consulta se hace especial hincapié en poder sostener estas experiencias internas sin que determinen completamente nuestra conducta posterior. Por ello, el objetivo no es eliminar ese malestar, sino desarrollar mayor flexibilidad psicológica para que, aun en presencia de esas sensaciones, puedas seguir actuando en la dirección de lo que es importante y beneficioso para ti, como el respeto propio o el cuidado emocional.
Además, se explora la diferencia entre lo que depende de uno mismo y lo que no. Expresar el límite está dentro de tu ámbito de acción; la respuesta del otro no. Asumir esta diferencia, aunque a veces resulte incómodo, suele aliviar parte de la lucha interna y permite tomar decisiones más ajustadas a la realidad de la situación. En muchos casos, la forma más efectiva de gestionar estos escenarios no pasa por insistir en ser comprendido, sino por elegir conscientemente cómo quieres continuar: si retirarte de la interacción, buscar otras alternativas o no exponerte de nuevo a ese tipo de trato. Este tipo de retirada, cuando se hace desde la conciencia y no desde la evitación, también constituye una forma válida y saludable de poner límites.
Por último, es importante no perder de vista que poner límites no siempre mejora la relación con el otro, pero sí puede fortalecer la relación contigo mismo/a. Todo ello, a medio y largo plazo, tiene un impacto profundo en tu bienestar psicológico. Desde ahí, el proceso no solo implica aprender a decir ciertas cosas, sino también aprender a sostener lo que ocurre después, integrándolo como parte del camino hacia una forma de relacionarte más coherente y saludable.
*Si necesitas más información o en algún momento consideras que te vendría bien apoyo para trabajar estos aspectos con mayor profundidad, puedes contactar conmigo sin compromiso y estaré encantado de orientarte o valorar juntos cómo iniciar el proceso.
Preguntas relacionadas
- Dolor punzante desde mitad de febrero en el centro de la sinfisis pubica y zona derecha del pubis tras sesión de entrenamiento de cardio 30 minutos, probablemente por mala pisada debido a descompensación entre ambas piernas que en muchos años de deporte jamás dio molestia. Consulta con fisioterapeuta…
- Estoy tomando bupropion 150mg tengo 15 dias pero me siento igual de ansioso que antes de tomarla el psiquiatra me dijo que la podia dejar de un dia para otro porque me genero insomnio y que podía tomar mirtazapina media tableta una semana y despues entera de 30mg que no pasaba nada si dejaba asi el bupropion…
- Tengo infección en una muela,hay pus por dentro y ne la tienen que sacar. Duele muchísimo,puedo tomar voltaren y nolotil alternándolos cada 4 horas. Con el nolotil que me mando el dentista no aguanto las 8 horas.
- Aún no se porque me mandaron tres pastillas de SPIRAXIN 200 cada 8 horas una semana al mes , tres meses. Acabo con la diarrea al segundo día. Ahora llevo con heces tipo1 seis meses. Esto va ser siempre así? Acción reacción.
- Tengo desde hace 7 meses un DIU de kyleena y he empezado a experimentar síntomas digestivos como inflamación fuerte de la tripa, muchos gases, digestiones mas pesadas y empeoramiento del Tránsito intestinal. Puede tener relación? Sino es así, cual podría ser la causa? No he cambiado mi alimentación ni…
- Tomo ramipril hace unos cuatro meses. Tengo mucha tos seca e incómoda desde que lo tomo. Es causa de del medicamento??
- tras septoplastia+cornetes me recetaron blastoestimulina y rinobanedif debo aplicarlas cada 8h, durante cuanto tiempo? hasta que se acabe el bote? debo aplicarlas ambas en el interior de la nariz tras lavado nasal Aluneb kit Hipertónico?
- Buenas. Hace 5 dejé un tratamiento de 2 años contra la ansiedad de manera abrupta siguiendo las pautas de mi médico de cabecera. A finales de Enero de 2026 tuve que retomarlo pero con otro fármaco distinto, el cuál no funcionó porque me sentaba súper mal. Después probamos otro por unas 5 semanas y lo…
- opiren produce retención de liquidos?Es que con la famotidina o esomeprazol si que me produciá ese efecto adverso.
- Mi padre tiene 95 años , tiene parkinson y alhzaimer, se le receto inicialmente para controlar el sueño 25mg de quetiapina, pero al pasar del tiempo esta dosis no le permite dormir lo necesario, se le aumento a 50mg, esta dosis le hace efecto por 4 horas , se despierta en la madrugada hablando incoherencias…
¿No has encontrado la respuesta que necesitabas? ¡Envía tu pregunta!
¿Tu caso es similar? Estos profesionales pueden ayudarte:
Todos los contenidos publicados en Doctoralia, especialmente preguntas y respuestas, son de carácter informativo y en ningún caso deben considerarse un sustituto de un asesoramiento médico.