tengo un hijo de 20 años que duerme mucho, estudia poco, va retrasado en la facultad, no sé si le gu

tengo un hijo de 20 años que duerme mucho, estudia poco, va retrasado en la facultad, no sé si le gusta lo que hace y no parece gustarle nada más, salvó las historietas y algunas películas de cómics. Es apático. Habla solamente cuando querés conversar con el y generalmente responde con monosílabos. Duerme todo el tiempo con uno de los perritos, lo cual hace que me preocupe por su salud e higiene. No quiere realizar estudios, ni consultar a un psicólogo. ¿Cómo puedo ayudarlo?

18 respuestas


Es comprensible tu preocupación. Lo que describes puede aparecer por distintos motivos: desde desmotivación o dudas vocacionales hasta estados de ánimo bajos, ansiedad u otras situaciones emocionales que a su edad son frecuentes. Cuando un joven no quiere consultar, suele ser útil evitar plantearlo como “tienés que ir al psicólogo” y, en cambio, enfocarlo desde el cuidado: expresar lo que observás, cómo te preocupa su bienestar y proponer una conversación abierta, sin presiones ni juicios. A veces ayuda ofrecer la consulta como un espacio para orientarse o entender qué le está pasando, más que como “terapia”. También puedes intentar pequeños pasos: acordar rutinas básicas (horarios de sueño, responsabilidades mínimas), incentivar actividades que ya le interesan como punto de partida, y mantener un diálogo tranquilo aunque sea breve.

Oihane Herrera

Oihane Herrera

Psicólogo

Barakaldo

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Hola, gracias por compartirlo. Por lo que describes, no se trata solo de “falta de ganas” o desinterés, sino de un patrón de apatía, aislamiento, baja motivación y cambios en hábitos (sueño excesivo, poco interés por la actividad académica y social, comunicación mínima). Este tipo de señales muchas veces no aparecen porque la persona “no quiera hacer nada”, sino porque puede estar atravesando algún malestar emocional que no está sabiendo expresar o gestionar. Entiendo tu preocupación, porque además de la parte académica, también está la parte de su bienestar general y su funcionamiento diario. En estos casos, forzar cambios directos o presionar suele generar más rechazo. Lo que suele ser más útil es intentar abrir canales de comunicación desde un lugar tranquilo, sin juicio, mostrando interés genuino por cómo se siente, más que por lo que hace o deja de hacer. También es importante que puedas establecer en casa ciertos límites básicos relacionados con la convivencia y el autocuidado, pero al mismo tiempo evitando entrar en dinámicas de confrontación constante. A veces, pequeños pasos y conversaciones bien planteadas tienen más efecto que intentar cambios bruscos. Aunque él no quiera acudir a un profesional en este momento, eso no significa que la situación no pueda abordarse. Muchas veces el entorno familiar necesita orientación para saber cómo actuar, cómo comunicarse y cómo acompañar sin invadir ni desbordarse. Si en algún momento se abre a ello, sería recomendable una valoración psicológica para entender qué hay detrás de esa apatía. Y si no, igualmente vosotros podéis trabajar estrategias para manejar la situación de forma más efectiva. Si lo necesitas, puedo ayudarte a orientar este caso en profundidad y ver cómo abordarlo paso a paso. Atiendo en Tres Cantos (Madrid), también en modalidad online y a domicilio en la zona norte de Madrid. Un saludo.


Hola, gracias por compartir lo que estás viviendo. Se nota tu preocupación y el deseo de poder ayudar a tu hijo. Por lo que describís, más que centrarnos solo en lo que hace o deja de hacer, parece importante intentar entender cómo está él internamente. A veces, la apatía, el exceso de sueño o el desinterés pueden ser formas de expresar malestar, desmotivación o incluso cierta desorientación en esta etapa. En estos casos, suele ayudar un acercamiento tranquilo y sin presión, abriendo espacios de conversación desde el interés genuino. Por ejemplo, compartirle lo que observás y cómo te sentís, pero sin exigirle respuestas o cambios inmediatos. Aunque responda poco, el hecho de que perciba disponibilidad y no juicio ya es significativo. También es importante tener en cuenta que, aunque no quiera consultar ahora, eso puede cambiar con el tiempo si se siente acompañado y no forzado. Mientras tanto, podés ir estando cerca, respetando sus tiempos, pero sin dejar de mostrar interés por su bienestar. Si la situación se mantiene y te sigue preocupando, consultar con un profesional para orientarte a vos también puede ser un buen primer paso. Acompañar en estos momentos no siempre implica tener respuestas rápidas, sino poder sostener la presencia y el vínculo


Gracias por compartir tu preocupación. Lo que describes en tu hijo —sueño excesivo, apatía, retraso académico, desinterés generalizado, aislamiento, comunicación mínima y refugio casi exclusivo en actividades muy específicas— puede ser señal de que está atravesando un malestar emocional importante, aunque él no lo exprese abiertamente. A veces, en jóvenes adultos, estos cambios aparecen cuando hay: Desmotivación o dudas vocacionales Ansiedad o depresión Baja autoestima Miedo al fracaso Dificultad para asumir responsabilidades Sensación de no encajar o no saber qué rumbo tomar El hecho de que no quiera consultar ni realizar estudios no significa que “no le pase nada”, sino que probablemente no sabe cómo pedir ayuda o no se siente preparado para enfrentar lo que le ocurre. Como madre, hay algunas cosas que sí puedes hacer: Mantener una comunicación tranquila, sin presionarlo ni juzgarlo Mostrar disponibilidad para hablar cuando él lo necesite Observar cambios en su rutina, sueño, alimentación o ánimo Proponer ayuda profesional como una opción, no como una imposición Favorecer pequeños hábitos saludables sin entrar en confrontación Sin embargo, es importante que sepas que no puedes resolverlo sola. Cuando un joven presenta este nivel de apatía y desconexión, la intervención de un profesional puede marcar una gran diferencia, incluso aunque al principio él no esté motivado. En terapia trabajamos con muchos jóvenes que llegan derivados por sus padres, y con el tiempo logran abrirse, entender qué les ocurre y recuperar motivación y autonomía. Si lo deseas, puedo acompañarte a comprender mejor qué puede estar pasando y orientarte sobre cómo acercarte a él sin que se cierre más.


Lo que describes en tu hijo sugiere un patrón de apatía y desmotivación que puede estar relacionado con un malestar emocional más profundo, como un estado depresivo o una sensación de bloqueo. El exceso de sueño, la falta de interés por los estudios y la escasa comunicación no suelen ser simple pereza, sino señales de desconexión interna. Sus intereses en cómics o películas pueden estar funcionando como refugio, pero el problema es la falta de otras áreas de actividad. Forzarle a cambiar o insistir en que vaya a terapia puede aumentar su rechazo. Es más útil intentar acercarte sin presión, interesarte por lo que le gusta y generar espacios de conversación sin juicio. Al mismo tiempo, es importante introducir cierta estructura y límites en el día a día, ya que la falta de rutina refuerza la apatía. Si no acepta ayuda profesional, puedes buscar orientación tú para manejar mejor la situación. El objetivo es acompañarle poco a poco a recuperar motivación y conexión, sin invalidar lo que le pueda estar pasando aunque no lo exprese.


Lo que cuentas preocupa, y es muy normal que te sientas así. No parece simple “pereza”, sino alguien bastante apagado o desmotivado. Y cuanto más se le empuja, más tiende a cerrarse. Puedes probar con algo suave y cercano: Acércate sin corregir: comparte con él una película o algo que le guste, sin convertirlo luego en una charla sobre lo que “debería hacer”. Habla desde tu preocupación: “me preocupa verte así y no saber cómo ayudarte” llega mejor que exigir cambios. Baja un poco la presión: quizá ahora mismo no puede tomar grandes decisiones; primero necesita recuperar algo de energía o interés. Deja la ayuda abierta: que sepa que puede hablar con un profesional si en algún momento quiere, sin forzarlo. Cuida lo básico en casa: algunos límites sencillos ayudan, sin entrar en una lucha constante. No puedes sacarlo de ahí a la fuerza, pero sí puedes estar cerca de una manera que no le haga cerrarse más. A veces, eso ya es un primer paso importante.

Begoña Benso Rebollo

Begoña Benso Rebollo

Psicólogo

Alcalá de Henares

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Lo que describes suele generar mucha preocupación, y es comprensible. No es solo “falta de ganas”: cuando aparece apatía, exceso de sueño, desinterés general y aislamiento, conviene pensar que puede haber algo de fondo que le está pasando. Hay varias posibilidades que habría que valorar (sin etiquetar precipitadamente): desde un momento vital de bloqueo o desorientación, hasta síntomas compatibles con un cuadro como la Depresión, dificultades de motivación, ansiedad evitativa o incluso hábitos muy desorganizados que se han ido cronificando. El hecho de que no quiera consultar complica, pero es bastante frecuente. Algunas ideas que pueden ayudarte a orientarte: Primero, intenta cambiar el enfoque de “qué le pasa” a “cómo está”. Más que preguntarle por estudios o futuro (que probablemente le generen rechazo), prueba a acercarte desde algo más emocional y concreto: cómo se siente, si está cansado, si hay algo que le esté pesando. A veces no hablan porque sienten presión o porque no saben explicar lo que les ocurre. Segundo, evita que todas las conversaciones giren en torno a lo que “no hace”. Eso suele aumentar el bloqueo y el distanciamiento. Es más útil generar momentos neutros de contacto (una comida, una serie, algo que le guste como los cómics) donde no se sienta evaluado. Tercero, observa si hay señales que requieran una valoración más directa aunque él no quiera: cambios muy marcados en el sueño, abandono importante de rutinas, aislamiento casi total, irritabilidad o descuido significativo. En esos casos, a veces es necesario insistir más en una consulta médica o psicológica, incluso empezando por el médico de cabecera. Cuarto, marca pequeños límites y estructura, pero realistas. No cambios drásticos, sino cosas muy concretas: horarios mínimos, pequeñas responsabilidades en casa, exposición progresiva a actividad. El objetivo no es forzarlo, sino sacarlo poco a poco de la inercia. Quinto, cuida también cómo interpretas su conducta. La apatía muchas veces no es falta de interés real, sino falta de energía o de dirección. Decirle o transmitirle que “no le gusta nada” puede reforzar esa identidad de bloqueo. Y algo importante: aunque él no quiera ayuda ahora, tú sí puedes orientarte para saber cómo actuar con él sin aumentar la distancia. Si quieres, puedo ayudarte a concretar cómo hablar con él sin que se cierre, qué señales observar para diferenciar apatía de algo más clínico y cómo introducir cambios sin generar conflicto. Puedes pedirme cita online y lo vemos con calma.


Hola, gracias por compartir lo que estás viviendo con tu hijo. Es totalmente comprensible que te preocupe verlo así, más apagado, con poca motivación y desconectado tanto de sus estudios como de otras áreas de su vida. Por lo que describes (apatía, exceso de sueño, aislamiento y poco interés en general) podría estar atravesando un momento de malestar emocional importante. A veces, lo que desde fuera parece falta de ganas, en realidad tiene más que ver con sentirse bloqueado, sin energía o sin encontrar sentido a lo que hace. También es una etapa de la vida en la que muchos jóvenes se cuestionan su camino, sus estudios y su futuro, y eso puede generar bastante confusión o desorientación. Respecto a cómo puedes ayudarlo, hay algunas ideas que pueden ser útiles: Intenta priorizar el vínculo antes que la exigencia. Buscar momentos de conexión sin centrarte siempre en lo que debería hacer, por ejemplo interesándote por lo que sí le gusta, como las historietas y los cómics. Habla desde tu preocupación, no desde el juicio. Puedes decirle algo como: “Me preocupa verte tan apagado últimamente, ¿cómo te sientes?”. Aunque responda poco, es importante que sienta que puede expresarse sin ser presionado o evaluado. Con respecto a la ayuda profesional, a veces funciona mejor dejar la puerta abierta sin insistir demasiado: “Si en algún momento te apetece hablar con alguien, puedo ayudarte a buscarlo”. Si lo consideras necesario, puedes ir estableciendo algunos acuerdos básicos de convivencia (rutinas, responsabilidades), intentando que no todo se convierta en una fuente constante de conflicto. También es importante que tengas en cuenta que, aunque quieras ayudarlo, no puedes obligarlo a cambiar si él no está preparado. Pero sí puedes acompañarlo y crear un entorno que facilite que, poco a poco, pueda ir abriéndose. Y algo muy importante: tú también puedes buscar apoyo profesional para ti. Un psicólogo puede orientarte sobre cómo manejar la situación, cómo comunicarte mejor con él y cómo sostener este proceso sin que te desgaste tanto. Estoy aquí para acompañarte en lo que necesites.

Mª Esther Chicharro Huertas

Mª Esther Chicharro Huertas

Psicólogo

Alcalá de Henares

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Lo que describes encaja con un estado de apatía importante, y aunque a veces se interpreta como “falta de ganas”, muchas veces hay algo más profundo detrás (desmotivación, bloqueo emocional, incluso síntomas depresivos, hay que valorar). El hecho de que duerma tanto, se aísle y no muestre interés es una señal a atender, pero también es importante entender que no siempre van a pedir ayuda por sí mismos. Algunas ideas que pueden ayudarte: • Evita presionarle constantemente (puede aumentar su bloqueo). • Busca momentos de conexión sin juicio, aunque sean breves. • Habla desde la preocupación, no desde la crítica hacia él. • Introduce poco a poco pequeñas responsabilidades o rutinas que pueda hacer incluso contigo. Si rechaza ir a terapia, podéis empezar vosotros como padres. Muchas veces, cambiando la forma de relacionarnos con ellos, se abre la puerta al cambio. Si quieres, puedo orientarte en cómo acercarte a él sin que se cierre y valorar qué puede estar ocurriendo exactamente. Este tipo de situaciones tienen salida, pero es importante abordarlas bien.


Lo que describes seguramente genera mucha preocupación e impotencia, especialmente cuando ves a tu hijo apagado, desmotivado y sin deseo de recibir ayuda. Detrás de ese tipo de apatía, exceso de sueño, aislamiento o falta de interés pueden estar ocurriendo distintas cosas, y no conviene reducirlo simplemente a “flojera” o falta de voluntad. Aunque él no quiera consultar por ahora, una manera de ayudarlo puede ser intentar acercarte desde la preocupación genuina y no solo desde la exigencia, para que no sienta que se lo juzga o presiona constantemente. A veces eso facilita más la apertura al diálogo. También puede ser importante observar desde cuándo está así, si hubo cambios en su ánimo, en sus rutinas, en sus vínculos o en su funcionamiento general. Dado que es un adulto, hay un límite en lo que puedes decidir por él, pero sí puedes acompañarlo, proponerle una consulta médica general como primer paso para descartar cuestiones físicas, y también buscar tú orientación profesional para pensar cómo abordarlo en casa de la mejor manera. En ocasiones, aunque el hijo no quiera ir inicialmente, el trabajo con los padres permite ordenar la situación, entender mejor qué puede estar pasando y encontrar formas más efectivas de ayudarlo ¡Ojala pueda volver a sentir mejor pronto!


Es comprensible tu preocupación, y también es valioso que estés buscando maneras de ayudar a tu hijo. Desde la perspectiva de la psicoterapia, partimos de una idea clave: ninguna conducta humana surge de la nada. Lo que hoy observás en él "apatía, desmotivación, aislamiento" probablemente tenga una función o esté relacionado con cómo se siente, cómo interpreta su realidad o qué recursos tiene disponibles para afrontar lo que le pasa. Muchas veces, este tipo de conductas pueden estar asociadas a estados emocionales como desánimo, ansiedad, frustración o incluso dificultades para encontrar sentido o dirección. El hecho de que muestre interés por las historietas o ciertas películas no es menor: habla de que aún hay áreas donde conecta, y eso puede ser un punto de entrada importante. Entiendo que preocupe que no quiera consultar con un profesional. Sin embargo, cuando una persona no está dispuesta a recibir ayuda, insistir directamente suele generar más resistencia. En estos casos, una alternativa valiosa es que quienes están cerca "como tu su familia directa" puedan iniciar un espacio terapéutico propio. Esto no implica que “el problema” esté en ti o en todos los miembros de la casa, sino que puede brindarles herramientas concretas para comprender mejor la situación, comunicarse de manera más efectiva y generar cambios en el entorno que faciliten, a largo plazo, una apertura en él. Algunas líneas que pueden trabajarse son: Cómo acercarse sin que él lo perciba como presión o juicio. Cómo validar lo que le pasa, incluso si no lo expresa claramente. Cómo establecer límites y acuerdos sin escalar el conflicto. Cómo detectar pequeñas señales de cambio y reforzarlas. Acompañar a un hijo adolescente o joven adulto en este momento requiere equilibrio entre el respeto por su autonomía y la presencia disponible. No siempre el cambio empieza por quien más preocupa; a veces comienza en el entorno, generando condiciones más favorables para que ese cambio sea posible. Si lo que te comparto te hace sentido y realmente te interesa profundizar en este enfoque, podés contactarme para que te acompañe de manera personalizada, ya sea de forma presencial o a través de sesiones online.


A los 20 años se considera que está en el periodo de la adolescencia y más si es algo inmaduro. Esa etapa es complicada para ellos porque sienten que no encajan en ningún sitio y que nadie los entiende. Para poder diagnosticar algún tipo de anomalía se necesitaría un examen más profundo, pero por lo que cuentas está apático y melancólico dos sentimientos habituales en la adolescencia. En estos momentos, el adolescente necesita espacio pero a su vez necesita que estéis presentes. Ten paciencia, intenta dialogar con el pero sin que parezca que le estás haciendo un interrogatorio y aunque te rechace o te ignore sigue estando ahí y que el te note presente. Esto es una etapa y se pasa.


Es fundamental entender que, cuando un hijo se cierra de esta manera, los padres suelen quedar en una posición de mucha impotencia y desgaste. Por eso, lo más importante que puedes hacer ahora mismo por él es empezar tú un proceso de terapia. Aunque él se niegue a ir, si tú acudes a un profesional, podrás: Aprender a manejar la angustia que te produce su apatía para que el ambiente en casa sea menos tenso. Adquirir herramientas de comunicación específicas para llegar a él sin que se sienta presionado o juzgado. Romper la dinámica de bloqueo: A menudo, cuando los padres cambian su forma de posicionarse, el "tablero" se mueve y el hijo empieza a reaccionar de otra manera. Muchas veces, el primer paso para que un hijo llegue a la consulta es que los padres abran camino primero. Cuidar de ti y entender qué está pasando en vuestro sistema familiar es la mejor forma de ayudarlo a él a salir de su habitación. Aquí tienes ese espacio para que empecemos a trabajar en ello cuando estés lista.

Alba Rambla

Alba Rambla

Psicólogo

Santa Cruz de Tenerife

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Hola cómo estás, mi nombre es Christian Maynard, soy psicólogo general sanitario. Te envío una breve devolución sobre tu consulta en la web de Doctoralia. Llo que observas en tu hijo no se entiende solo como un problema individual, sino como parte de una dinámica relacional más amplia, donde su apatía, el aislamiento y la falta de motivación pueden estar cumpliendo alguna función dentro del sistema familiar (por ejemplo, evitar conflictos, expresar malestar o sostener cierto equilibrio). A veces, cuanto más se insiste directamente en que el joven cambie, más se refuerza su posición de retirada o desconexión. En este sentido, aunque él no quiera acudir a terapia, puede ser muy útil que tú busques orientación profesional para revisar cómo os estáis relacionando con esta situación y qué cambios pueden introducirse desde el entorno. Pequeñas modificaciones en la comunicación, en las expectativas o en los límites pueden generar movimientos en todo el sistema. Más que forzarlo, se trata de encontrar formas de acercamiento que no aumenten la presión, favoreciendo espacios donde pueda sentirse comprendido y, progresivamente, implicarse más en su propio proceso.


Entiendo vuestra preocupación en cuanto al comportamiento de vuestro hijo. Los síntomas que describís; apatía, exceso de sueño, poco interés y aislamiento pueden reflejar un malestar emocional o una fase de desmotivación relacionada con la edad. Al rededor de los 20 años muchos jóvenes atraviesan momentos de desmotivación o desorientación en cuanto a su futuro. Sin embargo, habría que valorar en profundidad su estado de ánimo. Aunque ahora no quiera acudir a un profesional, podéis ayudarle cuidando cómo os acercáis: hablar desde el afecto, sin presión ni juicio, interesaros por lo que sí le gusta y proponer pequeños cambios asumibles en su rutina. Si más adelante observáis que el aislamiento aumenta y hay un aumento de estos síntomas sería conveniente solicitar ayuda profesional. Espero que con paciencia y comprensión podáis ayudarlo.


Siento mucho la preocupación que sientes por tu hijo y es comprensible que busques soluciones para ayudarlo Prioriza una evaluación médica general para descartar causas físicas del sueño excesivo como problemas hormonales trastornos del sueño o efectos de sustancias Observa y registra durante dos semanas los horarios de sueño apetito cambios de peso consumo de alcohol o drogas y la actividad diaria para aportar datos objetivos a profesionales Habla con él en un tono calmado y no acusatorio usando frases en primera persona por ejemplo me preocupa verte tan cansado y me gustaría acompañarte a ver qué pasa evita sermones y amenazas Establece límites y pequeñas responsabilidades diarias como horarios de levantarse tareas domésticas y rutinas de higiene con consecuencias claras y consistentes si no se cumplen Protege sus recursos y los de la casa y evita confrontaciones que puedan aumentar el rechazo o el aislamiento Ofrece alternativas motivadoras vinculadas a sus intereses por ejemplo actividades relacionadas con historietas cine o trabajo en proyectos creativos que puedan abrir puertas a estudios o empleo Propón una evaluación breve y no invasiva con un profesional de la salud mental como primer paso y si se resiste sugiere una consulta online o una sesión informativa para bajar la barrera de entrada Valora una evaluación psiquiátrica si aparecen signos de depresión profunda anhedonia pérdida de peso o ideación suicida para considerar tratamiento farmacológico si procede Considera la posibilidad de consumo de sustancias y si sospechas esto busca una evaluación especializada y apoyo para manejo del consumo Fomenta la actividad física y la exposición a la luz natural como herramientas que mejoran el ritmo circadiano y la energía Involucra a la familia en un plan de apoyo con límites claros y refuerzos positivos por pequeños avances evitando la sobreprotección que puede mantener la inercia Si la apatía persiste plantea alternativas académicas o laborales más acordes a sus intereses y explora orientación vocacional para reencuadrar metas Documenta episodios preocupantes y guarda evidencia si la situación empeora y necesitas apoyo legal o sanitario Señales de alarma que requieren intervención urgente cambios bruscos en el ánimo aislamiento extremo pérdida de interés total en la vida o pensamientos de autolesión busca ayuda de emergencia de inmediato Cuida también tu bienestar emocional pide apoyo a familiares amigos o profesionales para no afrontar esto sola Si quieres puedo acompañarte en una consulta psicológica online conmigo para evaluar la situación diseñar un plan familiar de límites y derivación médica y ayudarte a preparar la conversación con tu hijo paso a paso


Lo que describes puede tener varias causas posibles (desde desmotivación académica, ansiedad, depresión, dificultades de adaptación o simplemente un estilo de vida muy aislado), pero lo importante es que sí es una señal de que algo no está bien en su funcionamiento diario, aunque él no quiera verlo o hablarlo. Algunas ideas útiles para ayudarte a manejarlo: Primero, intenta evitar el enfoque de “corregirlo” o presionarlo con estudios o hábitos. Cuando una persona está apática o cerrada, la presión suele aumentar el aislamiento. Es más efectivo abrir conversación desde la curiosidad y el vínculo, por ejemplo: “me preocupa verte apagado, quiero entender cómo estás por dentro”, sin entrar directamente en reproches. Segundo, observa si hay señales de posible malestar emocional más profundo (tristeza, falta de energía, aislamiento, sueño excesivo, pérdida de interés). Si esto lleva tiempo, podría ser importante una evaluación profesional, aunque ahora rechace ir. A veces ayuda plantearlo no como “terapia porque estás mal”, sino como “un espacio para entender qué te está pasando”. Tercero, intenta reforzar lo que sí le conecta con algo (sus intereses como cómics o películas), porque eso puede ser una puerta de entrada para reconectar con la vida diaria y contigo. Y algo importante: puedes acompañarlo, pero no puedes obligarlo a cambiar si él no quiere. Si la situación se mantiene o empeora, también sería recomendable que tú recibas orientación profesional para aprender a manejarlo sin desgastarte. Si quieres, puedo ayudarte a pensar cómo decirle algo concreto para abrir esa conversación sin que se cierre.

Sara Stokke

Sara Stokke

Psicólogo

Valencia

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Hola, soy Jesús Seijas, psicólogo con 22 años de experiencia. Por lo que cuentas, mi impresión clínica es que tu preocupación tiene sentido, pero conviene abordarla con cuidado para que él no lo viva como juicio, presión o invasión. Que a tu hijo le gusten las historietas, los cómics o algunas películas no es el problema. El punto a observar es otro... duerme mucho, está apático, estudia poco, parece desconectado, responde con monosílabos y no muestra mucho interés por su vida académica o personal. Eso puede estar relacionado con muchas cosas, desmotivación, ansiedad, depresión, baja autoestima, bloqueo vocacional, miedo al fracaso, hábitos muy desordenados, aislamiento o incluso alguna causa médica. Lo primero sería no entrar desde el reproche... “no haces nada”, “duermes todo el día”, “vas atrasado”. Aunque sea verdad que te preocupa, ese enfoque suele cerrar más a los hijos. Puede ayudar más hablar desde una frase clara y afectiva, “Me preocupa verte tan apagado. No quiero pelear contigo, quiero entender si estás bien y cómo puedo ayudarte”. También es importante recordar que tiene 20 años. No puedes obligarle fácilmente a ir al psicólogo si él no quiere, salvo que hubiera riesgo claro para su salud o seguridad. Pero sí puedes poner límites en casa, cuidar la convivencia y ofrecer ayuda sin perseguirle constantemente. Sería recomendable proponer primero una revisión médica general, porque dormir mucho y estar apático también puede relacionarse con anemia, tiroides, déficit vitamínicos, sueño de mala calidad u otros factores físicos. A veces aceptar ir al médico resulta menos amenazante que ir directamente al psicólogo. Respecto al perro, quizá para él sea una fuente de calma y compañía. Más que atacarlo por eso, convendría hablar de higiene, orden y descanso de forma concreta, sin convertirlo en el centro del conflicto. La terapia psicológica, puede ayudarte a: • Entender si hay apatía, depresión, ansiedad o bloqueo vital. • Mejorar la comunicación con tu hijo sin aumentar su cierre. • Diferenciar preocupación sana de sobreprotección o control. • Poner límites de convivencia respetuosos y firmes. • Acompañar su autonomía sin abandonarlo ni invadirlo. • Orientarte como madre si él todavía no quiere pedir ayuda. Si necesitas ayuda, no dudes en decírmelo. Un saludo. Jesús Seijas, Psicoterapia Online y Presencial.

Jesús Seijas Queral

Jesús Seijas Queral

Psicólogo

Pozuelo de Alarcón

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Todo el contenido, en particular las preguntas y respuestas, es de carácter informativo y en ningún caso puede sustituir un diagnóstico médico.