Hola. Debido a ser criada en un entorno religioso, tengo muchos conflictos con el seco. Tengo 33 año
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Hola. Debido a ser criada en un entorno religioso, tengo muchos conflictos con el seco. Tengo 33 años y solo tuve dos parejas, con una intente tener intimidad, pero el contexto en el que tratábamos era poco relajante para mi, y al final terminaba con culpa y el sentía que lo culpaba a él. Por un lado la culpa venía de la religión, y por otro que el me contó que cuando tenía 8 años, forzó a un niño más pequeño a tener comportamientos sexual es. Y me dijo que eso era normal en los niños. Eso me generó mucha desconfianza y fue un choque para el contexto que yo tenia sobre el tema. El termino la relación y hoy no puedo dejar de sentirme culpable, incompleta, inexperta y muy avergonzada. Me siento incapaz de iniciar otra relación y tengo muchos complejos al respecto. Deseo tener pareja pero me aterra volver a pasar por ese tipo de bloqueo. Que me recomiendan?
Gracias por compartir algo tan delicado y profundo. Lo que relatas tiene mucho sentido si tenemos en cuenta el contexto en el que creciste y las experiencias que viviste. Cuando la sexualidad se aprende asociada a culpa, miedo o juicio, el cuerpo y la emoción suelen reaccionar protegiéndose, generando bloqueos que no son fallas, sino intentos de cuidado.
Nada de lo que te ocurre habla de que estés incompleta o incapacitada para vincularte. Habla de una historia que necesita ser comprendida y elaborada con respeto. Muchas de las sensaciones que hoy te generan vergüenza o miedo no se originan en el presente, sino en aprendizajes emocionales profundos que se activan sin que lo elijas conscientemente.
Desde un acompañamiento psicológico es posible crear un espacio seguro, sin juicio, donde puedas expresar con libertad todo lo que sientes y revisar, a tu ritmo, cómo se fueron construyendo estas vivencias internas. El trabajo no es forzarte a cambiar ni exponerte, sino ayudarte a comprenderte, recuperar confianza y reconciliarte con tu deseo desde un lugar más consciente y amable contigo.
Si sientes que necesitas un espacio de escucha, cuidado y profundidad para trabajar esto, podemos hacerlo juntas.
Nada de lo que te ocurre habla de que estés incompleta o incapacitada para vincularte. Habla de una historia que necesita ser comprendida y elaborada con respeto. Muchas de las sensaciones que hoy te generan vergüenza o miedo no se originan en el presente, sino en aprendizajes emocionales profundos que se activan sin que lo elijas conscientemente.
Desde un acompañamiento psicológico es posible crear un espacio seguro, sin juicio, donde puedas expresar con libertad todo lo que sientes y revisar, a tu ritmo, cómo se fueron construyendo estas vivencias internas. El trabajo no es forzarte a cambiar ni exponerte, sino ayudarte a comprenderte, recuperar confianza y reconciliarte con tu deseo desde un lugar más consciente y amable contigo.
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Gracias por compartir tu experiencia, no siempre es fácil. Quiero que sepas que lo que cuentas es mucho más habitual de lo que imaginas: en la práctica clínica, especialmente en sexología, se ve con mucha frecuencia el impacto que tiene la crianza religiosa y las culpas asociadas en la vida íntima de muchas mujeres. No hay nada “mal” en ti; lo que aparece es el peso de esos mandatos, sumado a una experiencia de pareja que no te hizo sentir segura ni contenida.
No sentirse en un contexto relajado y confiable no es para nada un detalle menor, de hecho es condición fundamental para que una experiencia sexual pueda darse de forma satisfactoria. El principal órgano sexual es el cerebro, y cuando estamos atravesadas por miedo, culpa o tensión, el cuerpo no puede acompañar; incluso puede aparecer rigidez muscular (en todo el cuerpo incluyendo la vagina) y una sensación de bloqueo que funcionan como forma de protección. También es entendible que lo que tu ex pareja compartió contigo te haya generado desconfianza y confusión; tu incomodidad no solo es válida sino incluso esperable.
Pero tranquila! Todo lo que describes es totalmente trabajable, y el hecho de que puedas reconocer con tanta claridad lo que te sucede es un paso enorme y muy valioso! Considero que podría ayudarte mucho iniciar un proceso terapéutico, idealmente con perspectiva sexológica, donde puedas explorar con acompañamiento los malestares que te atraviesan, resignificar la culpa y construir una relación más amable y segura con tu cuerpo, tu deseo y tus propios tiempos.
No sentirse en un contexto relajado y confiable no es para nada un detalle menor, de hecho es condición fundamental para que una experiencia sexual pueda darse de forma satisfactoria. El principal órgano sexual es el cerebro, y cuando estamos atravesadas por miedo, culpa o tensión, el cuerpo no puede acompañar; incluso puede aparecer rigidez muscular (en todo el cuerpo incluyendo la vagina) y una sensación de bloqueo que funcionan como forma de protección. También es entendible que lo que tu ex pareja compartió contigo te haya generado desconfianza y confusión; tu incomodidad no solo es válida sino incluso esperable.
Pero tranquila! Todo lo que describes es totalmente trabajable, y el hecho de que puedas reconocer con tanta claridad lo que te sucede es un paso enorme y muy valioso! Considero que podría ayudarte mucho iniciar un proceso terapéutico, idealmente con perspectiva sexológica, donde puedas explorar con acompañamiento los malestares que te atraviesan, resignificar la culpa y construir una relación más amable y segura con tu cuerpo, tu deseo y tus propios tiempos.
Hola, no estás rota ni incompleta; lo que presentas es un conflicto de deseo atravesado por culpa aprendida, miedo y una experiencia relacional que activó alarma y desconfianza legítimas. La educación religiosa puede instalar la idea de que el placer es peligroso, y eso bloquea el cuerpo aunque la mente “quiera”; además, la revelación que te hizo tu expareja tocó límites éticos profundos y es coherente que eso haya afectado tu seguridad sexual. Desde la terapia sexual, el objetivo no es forzarte a “superar” nada, sino ayudarte a resignificar la sexualidad como un espacio propio, seguro y gradual, separando deseo de culpa y aprendiendo a escuchar tus tiempos. El proceso sería, contando con ayuda psicológica especializada, reconstruir tu confianza, integrar tu historia sin vergüenza y permitir que el vínculo íntimo vuelva a ser una elección, no una prueba ni una obligación.
Lo que describes no es, en ningún caso, un fallo tuyo o un defecto, es el resultado de tus circunstancias de vida: educación religiosa, la culpa asociada a la sexualidad y la vivencia con tu expareja (incluyendo un relato que generó desconfianza e inseguridad). Esto puede haber activado una especie de bloqueo, sentimiento de vergüenza... Pero no habla de tu incapacidad, sino de una respuesta de protección ante situaciones que no te resultaban seguras.
En tu caso, sería muy recomendable trabajar este malestar en psicoterapia. El objetivo no es forzarte a tener pareja o a tener relaciones sexuales, sino ayudarte a trabajar la culpa interiorizada, ganar confianza y construir relaciones donde te sientas segura y respetada.
En tu caso, sería muy recomendable trabajar este malestar en psicoterapia. El objetivo no es forzarte a tener pareja o a tener relaciones sexuales, sino ayudarte a trabajar la culpa interiorizada, ganar confianza y construir relaciones donde te sientas segura y respetada.
Por lo que cuentas, lo que te está pasando es bastante comprensible y tiene mucho que ver con la historia que traes, no con que haya algo mal en ti.
Crecer en un entorno religioso suele dejar una culpa muy profunda en torno al sexo, y aunque una quiera vivirlo de otra manera, el cuerpo muchas veces sigue reaccionando desde ahí. Eso explica el bloqueo y la sensación de culpa que aparecía en la intimidad. No es falta de deseo ni de experiencia, es una respuesta aprendida.
A eso se suma lo que te contó tu expareja, que fue algo muy impactante y que chocó con tus valores. Es normal que ahí apareciera desconfianza y que tu cuerpo se cerrara. Muchas veces interpretamos eso como un fallo personal, cuando en realidad es una forma de protección.
Después de una ruptura así es habitual que aparezcan vergüenza, sensación de estar incompleta o miedo a volver a intentarlo. Eso no define quién eres ni te condena a estar siempre así, habla de heridas que se han quedado muy activadas.
Este tipo de bloqueos se pueden trabajar. En terapia suele abordarse el peso de la culpa, las creencias aprendidas sobre la sexualidad y las experiencias pasadas que han quedado asociadas al miedo. En muchos casos, enfoques como el EMDR ayudan a reprocesar vivencias que siguen activando bloqueo y vergüenza en el presente, aunque una quiera avanzar.
Que desees tener pareja y al mismo tiempo te aterre repetir esa experiencia no significa que seas incapaz. Significa que hay un conflicto interno que necesita cuidado. Con tiempo y el acompañamiento adecuado, muchas personas consiguen recuperar confianza y vivir relaciones más tranquilas y coherentes con lo que sienten.
Crecer en un entorno religioso suele dejar una culpa muy profunda en torno al sexo, y aunque una quiera vivirlo de otra manera, el cuerpo muchas veces sigue reaccionando desde ahí. Eso explica el bloqueo y la sensación de culpa que aparecía en la intimidad. No es falta de deseo ni de experiencia, es una respuesta aprendida.
A eso se suma lo que te contó tu expareja, que fue algo muy impactante y que chocó con tus valores. Es normal que ahí apareciera desconfianza y que tu cuerpo se cerrara. Muchas veces interpretamos eso como un fallo personal, cuando en realidad es una forma de protección.
Después de una ruptura así es habitual que aparezcan vergüenza, sensación de estar incompleta o miedo a volver a intentarlo. Eso no define quién eres ni te condena a estar siempre así, habla de heridas que se han quedado muy activadas.
Este tipo de bloqueos se pueden trabajar. En terapia suele abordarse el peso de la culpa, las creencias aprendidas sobre la sexualidad y las experiencias pasadas que han quedado asociadas al miedo. En muchos casos, enfoques como el EMDR ayudan a reprocesar vivencias que siguen activando bloqueo y vergüenza en el presente, aunque una quiera avanzar.
Que desees tener pareja y al mismo tiempo te aterre repetir esa experiencia no significa que seas incapaz. Significa que hay un conflicto interno que necesita cuidado. Con tiempo y el acompañamiento adecuado, muchas personas consiguen recuperar confianza y vivir relaciones más tranquilas y coherentes con lo que sienten.
Hola, gracias por abrirte y contar algo tan íntimo. Entiendo perfectamente esa mezcla de culpa, vergüenza y miedo que sientes, pero quiero ayudarte a cambiar la perspectiva de lo que te ocurrió, porque te estás culpando por algo que, en realidad, fue un mecanismo de defensa de tu cuerpo.
Aquí hay dos temas mezclados que debemos separar para que puedas sanar:
1. Tu "bloqueo" fue una respuesta inteligente de tu cuerpo Mencionas que tu ex-pareja te confesó haber forzado a un niño cuando él tenía 8 años y que lo normalizó. Eso no es normal. Que te dijera eso y le quitara importancia es una señal de alarma inmensa. Es muy probable que tu cuerpo, más allá de la culpa religiosa, detectara que no estabas ante una persona segura. Cuando nuestra intuición (o nuestras "tripas") detecta algo turbio o peligroso en el otro, el cuerpo se cierra, se tensa y bloquea la intimidad sexual para protegerte. No es que seas "incapaz" o "inexperta"; es que tu instinto de supervivencia funcionó perfectamente. Tu cuerpo dijo "aquí no" porque no había seguridad emocional.
2. La culpa religiosa y la "inexperiencia" Haber crecido en un entorno religioso estricto suele dejar una huella donde el placer se asocia al pecado o a lo sucio. Eso se trabaja, se reeduca y se cura. A los 33 años eres muy joven. La experiencia sexual no se mide en número de parejas, sino en la calidad de la conexión que logras contigo misma y con el otro. No vas "tarde", vas a tu ritmo.
¿Qué te recomiendo?
Valida tu intuición: Deja de ver ese bloqueo como un fallo. Míralo y dile: "Gracias por protegerme de alguien que no me daba confianza". Eso te quitará peso.
Terapia enfocada en Trauma y Sexualidad: Necesitas un espacio para desvincular el sexo de la culpa y para "limpiar" esas creencias religiosas que ya no te sirven.
Reconecta con tu cuerpo a solas: Antes de pensar en otra pareja, necesitas hacer las paces con tu propio cuerpo, sin expectativas, solo desde el autocuidado y el cariño.
No estás rota ni incompleta. Simplemente, tuviste una experiencia con una persona que no era adecuada y tu sistema te protegió. Con el trabajo adecuado, podrás disfrutar de una sexualidad sana y bonita.
Un abrazo,
Ana Ocaña Psicóloga Sanitaria | Especialista en Trauma, Apego y Relaciones.
Aquí hay dos temas mezclados que debemos separar para que puedas sanar:
1. Tu "bloqueo" fue una respuesta inteligente de tu cuerpo Mencionas que tu ex-pareja te confesó haber forzado a un niño cuando él tenía 8 años y que lo normalizó. Eso no es normal. Que te dijera eso y le quitara importancia es una señal de alarma inmensa. Es muy probable que tu cuerpo, más allá de la culpa religiosa, detectara que no estabas ante una persona segura. Cuando nuestra intuición (o nuestras "tripas") detecta algo turbio o peligroso en el otro, el cuerpo se cierra, se tensa y bloquea la intimidad sexual para protegerte. No es que seas "incapaz" o "inexperta"; es que tu instinto de supervivencia funcionó perfectamente. Tu cuerpo dijo "aquí no" porque no había seguridad emocional.
2. La culpa religiosa y la "inexperiencia" Haber crecido en un entorno religioso estricto suele dejar una huella donde el placer se asocia al pecado o a lo sucio. Eso se trabaja, se reeduca y se cura. A los 33 años eres muy joven. La experiencia sexual no se mide en número de parejas, sino en la calidad de la conexión que logras contigo misma y con el otro. No vas "tarde", vas a tu ritmo.
¿Qué te recomiendo?
Valida tu intuición: Deja de ver ese bloqueo como un fallo. Míralo y dile: "Gracias por protegerme de alguien que no me daba confianza". Eso te quitará peso.
Terapia enfocada en Trauma y Sexualidad: Necesitas un espacio para desvincular el sexo de la culpa y para "limpiar" esas creencias religiosas que ya no te sirven.
Reconecta con tu cuerpo a solas: Antes de pensar en otra pareja, necesitas hacer las paces con tu propio cuerpo, sin expectativas, solo desde el autocuidado y el cariño.
No estás rota ni incompleta. Simplemente, tuviste una experiencia con una persona que no era adecuada y tu sistema te protegió. Con el trabajo adecuado, podrás disfrutar de una sexualidad sana y bonita.
Un abrazo,
Ana Ocaña Psicóloga Sanitaria | Especialista en Trauma, Apego y Relaciones.
Hola,
gracias por compartir algo tan íntimo y delicado. Lo que describes tiene mucho sentido si has crecido en un entorno religioso donde la sexualidad estuvo asociada a culpa, miedo o vergüenza. Es muy habitual que, aunque racionalmente una persona quiera disfrutar de su intimidad, el cuerpo y las emociones se bloqueen. A eso se suma el impacto de lo que te contó tu expareja: escuchar algo así puede generar confusión, alarma y pérdida de seguridad, y es comprensible que eso influyera en tu capacidad de relajarte y confiar. Nada de esto habla de que estés “rota” o seas incapaz de amar.
Es importante que sepas que no eres incompleta ni atrasada por haber tenido pocas experiencias sexuales. La experiencia no define tu valor ni tu capacidad para vincularte. La culpa que sientes ahora parece venir más de mandatos aprendidos y de una autoexigencia muy dura contigo misma que de algo que hayas hecho mal. El bloqueo que temes que se repita no es un defecto tuyo, sino una respuesta emocional que puede trabajarse y transformarse con acompañamiento adecuado.
En estos casos suele ser muy útil un proceso terapéutico que aborde, con calma y respeto, la educación sexual recibida, la culpa, la vergüenza y la reconexión con el cuerpo y el deseo desde un lugar seguro. La sexualidad puede construirse a tu ritmo, sin forzarte y sin repetir experiencias que te dañen. Tener miedo ahora no significa que siempre vaya a ser así; significa que hay heridas que piden ser atendidas. Con trabajo personal, es posible recuperar la confianza y abrirte a una relación desde un lugar mucho más libre y sereno.
Un saludo,
David
gracias por compartir algo tan íntimo y delicado. Lo que describes tiene mucho sentido si has crecido en un entorno religioso donde la sexualidad estuvo asociada a culpa, miedo o vergüenza. Es muy habitual que, aunque racionalmente una persona quiera disfrutar de su intimidad, el cuerpo y las emociones se bloqueen. A eso se suma el impacto de lo que te contó tu expareja: escuchar algo así puede generar confusión, alarma y pérdida de seguridad, y es comprensible que eso influyera en tu capacidad de relajarte y confiar. Nada de esto habla de que estés “rota” o seas incapaz de amar.
Es importante que sepas que no eres incompleta ni atrasada por haber tenido pocas experiencias sexuales. La experiencia no define tu valor ni tu capacidad para vincularte. La culpa que sientes ahora parece venir más de mandatos aprendidos y de una autoexigencia muy dura contigo misma que de algo que hayas hecho mal. El bloqueo que temes que se repita no es un defecto tuyo, sino una respuesta emocional que puede trabajarse y transformarse con acompañamiento adecuado.
En estos casos suele ser muy útil un proceso terapéutico que aborde, con calma y respeto, la educación sexual recibida, la culpa, la vergüenza y la reconexión con el cuerpo y el deseo desde un lugar seguro. La sexualidad puede construirse a tu ritmo, sin forzarte y sin repetir experiencias que te dañen. Tener miedo ahora no significa que siempre vaya a ser así; significa que hay heridas que piden ser atendidas. Con trabajo personal, es posible recuperar la confianza y abrirte a una relación desde un lugar mucho más libre y sereno.
Un saludo,
David
Hola!
Esta es mi valoración sobre tu caso.
Cuando creces con una educación religiosa donde el sexo va ligado a culpa, miedo o pecado, eso no se borra solo porque un día tengas pareja. Se queda dentro y sale justo cuando quieres intimar.
Además, cuando por fin lo intentaste, no estabas tranquila. No solo por tus propios límites, sino porque hubo cosas que él te contó que te removieron mucho. Da igual cómo lo explicara o si él lo veía normal: a ti te generó desconfianza, y con desconfianza nadie puede relajarse ni sentirse seguro. Ahí no hay fallo tuyo.
Ahora miras atrás y te castigas. Te dices que eres inexperta, que estás incompleta, que algo en ti no funciona. Pero eso no es verdad. Lo que pasa es que tu cuerpo aprendió a asociar intimidad con tensión, culpa y peligro, y ahora se protege bloqueándose.
Es normal que quieras tener pareja y, al mismo tiempo, te miedo a volver a pasar por lo mismo.
Aquí creo importante decir que este tipo de bloqueo no suele resolverse solo. No porque tú no seas capaz, sino porque se formó durante muchos años y está muy ligado a cómo te enseñaron a ver el sexo y a una experiencia que te dejó marcada. Forzarte, racionalizarlo o esperar a que “se pase” suele empeorar la vergüenza. Hablarlo con un profesional puede ayudarte a poner palabras a todo esto sin juicio, a entender qué necesitas para sentirte segura y a dejar de verte como alguien defectuoso. Con esto no estoy diciendo que tengas que ir a "arreglarte", es ir a que alguien te ayude a ordenar contextos que se mezclaron demasiado y que no te representan.
Esta es mi valoración sobre tu caso.
Cuando creces con una educación religiosa donde el sexo va ligado a culpa, miedo o pecado, eso no se borra solo porque un día tengas pareja. Se queda dentro y sale justo cuando quieres intimar.
Además, cuando por fin lo intentaste, no estabas tranquila. No solo por tus propios límites, sino porque hubo cosas que él te contó que te removieron mucho. Da igual cómo lo explicara o si él lo veía normal: a ti te generó desconfianza, y con desconfianza nadie puede relajarse ni sentirse seguro. Ahí no hay fallo tuyo.
Ahora miras atrás y te castigas. Te dices que eres inexperta, que estás incompleta, que algo en ti no funciona. Pero eso no es verdad. Lo que pasa es que tu cuerpo aprendió a asociar intimidad con tensión, culpa y peligro, y ahora se protege bloqueándose.
Es normal que quieras tener pareja y, al mismo tiempo, te miedo a volver a pasar por lo mismo.
Aquí creo importante decir que este tipo de bloqueo no suele resolverse solo. No porque tú no seas capaz, sino porque se formó durante muchos años y está muy ligado a cómo te enseñaron a ver el sexo y a una experiencia que te dejó marcada. Forzarte, racionalizarlo o esperar a que “se pase” suele empeorar la vergüenza. Hablarlo con un profesional puede ayudarte a poner palabras a todo esto sin juicio, a entender qué necesitas para sentirte segura y a dejar de verte como alguien defectuoso. Con esto no estoy diciendo que tengas que ir a "arreglarte", es ir a que alguien te ayude a ordenar contextos que se mezclaron demasiado y que no te representan.
Gracias por compartir algo tan íntimo. Lo que describes es profundamente comprensible y tiene mucho sentido a la luz de tu historia.
Haber crecido en un entorno religioso restrictivo suele dejar una huella muy intensa en la vivencia del cuerpo, del deseo y de la intimidad. La culpa, la vergüenza y el miedo no aparecen porque haya “algo mal” en ti, sino porque durante años se asoció el sexo a peligro, pecado o daño. Esos mensajes no desaparecen solos con la edad ni con el deseo de tener pareja; suelen activarse precisamente cuando una relación empieza a volverse íntima.
En tu experiencia concreta se juntaron varios factores difíciles. Por un lado, un contexto poco relajante y seguro para explorar la intimidad, lo que ya de por sí bloquea. Por otro, la revelación que te hizo tu expareja sobre su infancia. Independientemente de cómo él lo interpretara, para ti fue un impacto fuerte y legítimo, porque chocaba con tus valores, tu historia y tu necesidad de seguridad. Esa desconfianza no es exagerada ni injusta: es una reacción emocional comprensible ante algo que te descolocó profundamente.
Que la relación terminara no significa que tú hayas fallado. Tampoco significa que seas incompleta, inexperta o defectuosa. Esas sensaciones suelen aparecer cuando la sexualidad se vive desde la exigencia (“debería poder”, “a mi edad tendría que…”) en lugar de desde el respeto al propio ritmo. La vergüenza que sientes ahora no habla de tu valor, sino del peso de años de condicionamiento y de una experiencia relacional que no fue contenida ni segura para ti.
El bloqueo que temes repetir no es un rasgo fijo de tu personalidad. Es una respuesta aprendida, ligada a la ansiedad, a la culpa y a la falta de seguridad emocional. Eso se puede trabajar. Muchas personas, incluso empezando más tarde o con pocas experiencias, logran construir una vivencia sexual mucho más libre y conectada cuando se abordan estos conflictos con acompañamiento psicológico.
El objetivo no es “forzarte” a tener pareja ni a tener relaciones, sino ayudarte a:
• Desmontar la culpa y la vergüenza asociadas al sexo.
• Reconstruir una relación más amable y segura con tu cuerpo.
• Diferenciar deseo propio de mandatos externos.
• Recuperar la confianza para vincularte sin sentirte bloqueada o en deuda.
Tu deseo de tener pareja es legítimo. El miedo también lo es, dadas tus experiencias. Ambas cosas pueden coexistir y trabajarse con cuidado.
Te recomiendo que pidas cita online para poder abordar todo esto de forma progresiva y respetuosa, a tu ritmo, y ayudarte a construir una vivencia afectiva y sexual que no esté basada en el miedo, sino en la seguridad y la conexión contigo misma. No estás rota ni llegas tarde; estás en un proceso que merece comprensión y apoyo.
Haber crecido en un entorno religioso restrictivo suele dejar una huella muy intensa en la vivencia del cuerpo, del deseo y de la intimidad. La culpa, la vergüenza y el miedo no aparecen porque haya “algo mal” en ti, sino porque durante años se asoció el sexo a peligro, pecado o daño. Esos mensajes no desaparecen solos con la edad ni con el deseo de tener pareja; suelen activarse precisamente cuando una relación empieza a volverse íntima.
En tu experiencia concreta se juntaron varios factores difíciles. Por un lado, un contexto poco relajante y seguro para explorar la intimidad, lo que ya de por sí bloquea. Por otro, la revelación que te hizo tu expareja sobre su infancia. Independientemente de cómo él lo interpretara, para ti fue un impacto fuerte y legítimo, porque chocaba con tus valores, tu historia y tu necesidad de seguridad. Esa desconfianza no es exagerada ni injusta: es una reacción emocional comprensible ante algo que te descolocó profundamente.
Que la relación terminara no significa que tú hayas fallado. Tampoco significa que seas incompleta, inexperta o defectuosa. Esas sensaciones suelen aparecer cuando la sexualidad se vive desde la exigencia (“debería poder”, “a mi edad tendría que…”) en lugar de desde el respeto al propio ritmo. La vergüenza que sientes ahora no habla de tu valor, sino del peso de años de condicionamiento y de una experiencia relacional que no fue contenida ni segura para ti.
El bloqueo que temes repetir no es un rasgo fijo de tu personalidad. Es una respuesta aprendida, ligada a la ansiedad, a la culpa y a la falta de seguridad emocional. Eso se puede trabajar. Muchas personas, incluso empezando más tarde o con pocas experiencias, logran construir una vivencia sexual mucho más libre y conectada cuando se abordan estos conflictos con acompañamiento psicológico.
El objetivo no es “forzarte” a tener pareja ni a tener relaciones, sino ayudarte a:
• Desmontar la culpa y la vergüenza asociadas al sexo.
• Reconstruir una relación más amable y segura con tu cuerpo.
• Diferenciar deseo propio de mandatos externos.
• Recuperar la confianza para vincularte sin sentirte bloqueada o en deuda.
Tu deseo de tener pareja es legítimo. El miedo también lo es, dadas tus experiencias. Ambas cosas pueden coexistir y trabajarse con cuidado.
Te recomiendo que pidas cita online para poder abordar todo esto de forma progresiva y respetuosa, a tu ritmo, y ayudarte a construir una vivencia afectiva y sexual que no esté basada en el miedo, sino en la seguridad y la conexión contigo misma. No estás rota ni llegas tarde; estás en un proceso que merece comprensión y apoyo.
Este es el resumen de tu situación y las recomendaciones para sanar:
Tu cuerpo te protegió: El bloqueo que sentiste no fue una falla, sino una respuesta defensiva sana de tu instinto ante la culpa religiosa y la alarmante confesión de tu expareja sobre conductas abusivas en su infancia.
Validación de tu intuición: Tuviste razón en desconfiar; lo que él describió no es "normal". Tu reacción fue una respuesta moral coherente que chocaba con sus valores.
Desmontar la vergüenza: Tener 33 años y poca experiencia no te hace "incompleta". Es el resultado de un entorno que te enseñó a ver el sexo como algo sucio o pecaminoso.
Pasos a seguir:
Terapia especializada: Busca apoyo en psicología sexual con enfoque laico para tratar bloqueos y el trauma religioso.
Autoconocimiento: Reconecta con tu cuerpo en soledad y sin presiones para recuperar la confianza.
Paciencia y límites: Entiende que en 2026 tu prioridad debe ser tu bienestar; una pareja adecuada respetará tu ritmo y tu historia.
Conclusión: No estás rota, solo estás en un proceso de desaprender miedos impuestos para vivir tu sexualidad con libertad.
Espero que esto te ayude
Tu cuerpo te protegió: El bloqueo que sentiste no fue una falla, sino una respuesta defensiva sana de tu instinto ante la culpa religiosa y la alarmante confesión de tu expareja sobre conductas abusivas en su infancia.
Validación de tu intuición: Tuviste razón en desconfiar; lo que él describió no es "normal". Tu reacción fue una respuesta moral coherente que chocaba con sus valores.
Desmontar la vergüenza: Tener 33 años y poca experiencia no te hace "incompleta". Es el resultado de un entorno que te enseñó a ver el sexo como algo sucio o pecaminoso.
Pasos a seguir:
Terapia especializada: Busca apoyo en psicología sexual con enfoque laico para tratar bloqueos y el trauma religioso.
Autoconocimiento: Reconecta con tu cuerpo en soledad y sin presiones para recuperar la confianza.
Paciencia y límites: Entiende que en 2026 tu prioridad debe ser tu bienestar; una pareja adecuada respetará tu ritmo y tu historia.
Conclusión: No estás rota, solo estás en un proceso de desaprender miedos impuestos para vivir tu sexualidad con libertad.
Espero que esto te ayude
Buenos días:
El entorno en el que nos criamos influye fuertemente en nuestra modo de interpretar el mundo. La culpa es una emoción que suele aparecer fuertemente relacionada con el sexo en personas ciadas en entornos religiosos. Deshacer esas creencias y valores inculcados desde niños resulta en ocasiones muy complejo. Esto unido a la experiencia particular que relata hace totalmente comprensible y lógico su bloqueo. No obstante, el hecho de que sea comprensible no le resta importancia y dolor para usted, por lo que lo ideal sería que busque ayuda profesional en una psicóloga y sexóloga con perspectiva de género, para reconectar con su sexualidad y tratar la culpa desproporcionada que relata.
Espero haberla ayudado :)
El entorno en el que nos criamos influye fuertemente en nuestra modo de interpretar el mundo. La culpa es una emoción que suele aparecer fuertemente relacionada con el sexo en personas ciadas en entornos religiosos. Deshacer esas creencias y valores inculcados desde niños resulta en ocasiones muy complejo. Esto unido a la experiencia particular que relata hace totalmente comprensible y lógico su bloqueo. No obstante, el hecho de que sea comprensible no le resta importancia y dolor para usted, por lo que lo ideal sería que busque ayuda profesional en una psicóloga y sexóloga con perspectiva de género, para reconectar con su sexualidad y tratar la culpa desproporcionada que relata.
Espero haberla ayudado :)
Hola, gracias por compartir algo tan íntimo y doloroso.
Lo que describes es una vivencia muy profunda y compleja, y es normal que te sientas así después de haber crecido en un entorno religioso estricto y haber vivido experiencias que te generaron culpa, miedo, confusión y desconfianza. Cuando la sexualidad se vive desde la prohibición, el juicio o la vergüenza, es muy frecuente que aparezcan bloqueos, inseguridad y un gran malestar emocional en la vida adulta.
No hay nada defectuoso en ti. No eres incompleta ni inexperta. Has hecho lo que has podido con las herramientas emocionales que tenías en cada momento.
Además, la información que te compartió tu expareja sobre su infancia pudo resultar muy impactante y chocante para ti, especialmente con la educación sexual que recibiste. Es comprensible que eso activara alarma, miedo y desconfianza, y que reforzara aún más tus bloqueos.
Ahora estás cargando con culpa, vergüenza y una sensación de estar rota, cuando en realidad lo que hay es una herida emocional que necesita comprensión y cuidado, no castigo.
El deseo de tener pareja y, al mismo tiempo, el miedo a volver a bloquearte es una lucha interna muy frecuente en personas que han crecido con una visión rígida o culpabilizadora de la sexualidad.
La buena noticia es que todo esto se puede trabajar. Con acompañamiento psicológico es posible sanar la relación con tu cuerpo, con el deseo, con la intimidad y con tu historia, para que puedas construir una relación desde un lugar más libre, tranquilo y seguro.
No tienes que resignarte a vivir con este miedo ni con esta culpa. Mereces vivir tu vida afectiva y sexual desde el respeto, la calma y el bienestar.
Un saludo.
Lo que describes es una vivencia muy profunda y compleja, y es normal que te sientas así después de haber crecido en un entorno religioso estricto y haber vivido experiencias que te generaron culpa, miedo, confusión y desconfianza. Cuando la sexualidad se vive desde la prohibición, el juicio o la vergüenza, es muy frecuente que aparezcan bloqueos, inseguridad y un gran malestar emocional en la vida adulta.
No hay nada defectuoso en ti. No eres incompleta ni inexperta. Has hecho lo que has podido con las herramientas emocionales que tenías en cada momento.
Además, la información que te compartió tu expareja sobre su infancia pudo resultar muy impactante y chocante para ti, especialmente con la educación sexual que recibiste. Es comprensible que eso activara alarma, miedo y desconfianza, y que reforzara aún más tus bloqueos.
Ahora estás cargando con culpa, vergüenza y una sensación de estar rota, cuando en realidad lo que hay es una herida emocional que necesita comprensión y cuidado, no castigo.
El deseo de tener pareja y, al mismo tiempo, el miedo a volver a bloquearte es una lucha interna muy frecuente en personas que han crecido con una visión rígida o culpabilizadora de la sexualidad.
La buena noticia es que todo esto se puede trabajar. Con acompañamiento psicológico es posible sanar la relación con tu cuerpo, con el deseo, con la intimidad y con tu historia, para que puedas construir una relación desde un lugar más libre, tranquilo y seguro.
No tienes que resignarte a vivir con este miedo ni con esta culpa. Mereces vivir tu vida afectiva y sexual desde el respeto, la calma y el bienestar.
Un saludo.
Expertos
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