Hola, he conocido a una mujer con la que desde el primer segundo hemos tenido una química brutal, at

5 respuestas
Hola, he conocido a una mujer con la que desde el primer segundo hemos tenido una química brutal, atracción mental, física y espiritual. En cambio no hemos funcionado en el sexo, no consigo excitarme ni erecciones que duren.¿Que podría ser ? porque nos gustamos mucho mucho y necesitamos que el sexo funcione entre nosotros para crear una relación de pareja.
Tengo 49, soy hombre y jamás me había pasado nada parecido.
Hola, quizá habría que explorar creencias. Es importante ver cuales son esas resistencias que te impiden disfrutar de las relaciones sexuales.

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 Andrea Álvarez Ibán
Psicólogo, Psicólogo infantil
Granada
Es relativamente frecuente que, incluso cuando existe mucha atracción y conexión emocional, puedan aparecer dificultades puntuales en la excitación o en la erección, especialmente cuando hay un componente de expectativa, presión por “que funcione” o nerviosismo ante la importancia que se le da al encuentro sexual. En muchos casos se trata de lo que llamamos ansiedad de rendimiento, donde la atención se centra en si habrá erección o no, en lugar de en las sensaciones del momento, lo que interfiere con la respuesta sexual. También conviene tener en cuenta factores como estrés, cansancio, cambios hormonales propios de la edad o aspectos médicos, por lo que, si persiste, sería recomendable descartar primero causas orgánicas con un profesional sanitario. A nivel psicológico suele ser útil reducir la presión sobre el coito, recuperar la intimidad desde el contacto y el placer sin exigencias de rendimiento, y explorar cómo está influyendo la anticipación o el miedo a que vuelva a ocurrir. Si la situación se mantiene, la terapia sexual puede ayudar a abordarlo de forma muy eficaz y progresiva.
Lo que describes es más frecuente de lo que suele pensarse.Cuando aparece una conexión emocional e intelectual muy intensa con alguien, a veces también aumenta la presión interna para que todo funcione perfectamente, especialmente en el plano sexual. Esa presión, aunque sea inconsciente, puede interferir con la excitación y la erección. En muchos casos hablamos de ansiedad de desempeño, que ocurre cuando la mente empieza a “evaluar” lo que está pasando en lugar de simplemente vivirlo.

También pueden influir otros factores: expectativas muy altas debido a la fuerte conexión que sentís, miedo a que el encuentro sexual no esté a la altura de lo que ambos deseáis, bloqueo puntual por nervios o sobreexcitación emocional, algo que puede ocurrir incluso en hombres sin ningún antecedente previo y/o cansancio, estrés o factores físicos puntuales, que a partir de cierta edad también conviene revisar para descartar causas médicas (hormonales, vasculares, etc.), aunque muchas veces no son la causa principal.

Es importante recordar algo: la erección es un proceso muy sensible al estado psicológico. Cuando la mente entra en modo “control” o “preocupación”, el cuerpo puede reaccionar inhibiendo la respuesta sexual.Algunas recomendaciones iniciales que suelen ayudar:

- Quitarse presión sobre el coito y la erección, al menos temporalmente. El contacto íntimo puede centrarse en caricias, placer y complicidad sin objetivo de “rendimiento”.

- Hablarlo con naturalidad con tu pareja, si hay confianza. Compartir lo que te ocurre suele reducir mucho la tensión.

- Evitar interpretar el episodio como un fallo personal, porque esa interpretación suele perpetuar el problema.

Si la situación se repite, consultar con un profesional puede ayudar a identificar qué está ocurriendo y resolverlo rápidamente.

El hecho de que nunca te haya ocurrido antes y que sí exista deseo hacia ella suele ser una buena señal: muchas veces se trata de un bloqueo situacional y reversible.

Si os gustáis mucho, como comentas, lo más probable es que con menos presión, más comunicación y algo de paciencia el aspecto sexual pueda ir encontrando su lugar dentro de la relación.

Un abrazo.
Lo que describes es una situación más frecuente de lo que muchas personas creen. El hecho de que exista mucha atracción emocional, mental o incluso física no garantiza automáticamente que la respuesta sexual funcione de manera fluida en los primeros encuentros. La respuesta sexual masculina es muy sensible a factores psicológicos y contextuales, no solo a la atracción.

Uno de los factores más habituales en casos como el que comentas es la ansiedad de desempeño. Cuando una persona siente que “el sexo tiene que funcionar” para que la relación prospere, puede aparecer una presión interna muy fuerte por rendir o por responder sexualmente de una determinada manera. Esa presión activa el sistema de alerta del organismo, y paradójicamente dificulta la excitación y la erección. Este fenómeno se conoce como ansiedad de desempeño sexual.

En estos casos suele ocurrir un pequeño círculo psicológico. La primera vez que aparece la dificultad puede generar sorpresa o preocupación. En los siguientes encuentros la persona empieza a observarse a sí misma para comprobar si va a funcionar o no. Esa autoobservación constante aumenta la tensión y reduce la capacidad de dejarse llevar por la excitación, lo que puede derivar en problemas de erección, conocidos clínicamente como disfunción eréctil cuando se mantienen en el tiempo.

También pueden influir otros factores psicológicos. Cuando hay mucha conexión emocional con alguien, algunas personas sienten una presión mayor porque perciben que la relación es importante y no quieren “fallar”. En ocasiones incluso la intensidad de la situación puede generar más nervios que en encuentros más casuales.

Otro aspecto a considerar es que la respuesta sexual cambia con la edad. A partir de cierta etapa de la vida es más habitual que la excitación necesite más tiempo, más estimulación o un contexto más relajado para aparecer, y que las distracciones mentales influyan más que antes.

En muchos casos, cuando el problema es principalmente psicológico, la mejor intervención consiste en reducir la presión sobre el rendimiento sexual. En terapia sexual se suele trabajar en quitar temporalmente el foco de la penetración y centrarse en el contacto, el juego erótico y la conexión corporal sin exigencia de erección. Esto ayuda a que el sistema nervioso salga del modo de vigilancia y vuelva a activarse la excitación de forma más natural.

También puede ser útil hablarlo con la otra persona de forma abierta y tranquila. Cuando ambos entienden que no se trata de falta de deseo ni de atracción, sino de un proceso de adaptación o de presión momentánea, suele disminuir mucho la tensión.

Si la dificultad se mantiene durante un tiempo o empieza a generar mucha preocupación, consultar con un profesional de la psicología o de la sexología puede ayudar a romper ese círculo de ansiedad. En muchos casos estos problemas se resuelven cuando se reduce la presión y se vuelve a vivir la sexualidad de forma más relajada.
Cuando aparece una dificultad de erección en una situación concreta —sobre todo si antes no te había ocurrido nunca— lo más frecuente es que esté relacionada con factores psicológicos y no con un problema físico. El hecho de que exista mucha atracción y deseo de que la relación funcione puede generar, paradójicamente, mucha presión interna por “tener que responder bien”. Esa presión activa ansiedad de rendimiento, que es una de las causas más habituales de problemas de erección puntuales.

Cuando la mente entra en modo evaluación (“tiene que funcionar”, “no puedo fallar”, “esto es importante”), el cuerpo activa el sistema de alerta. Ese estado es incompatible con la excitación sexual, que necesita relajación y conexión con las sensaciones. Muchas veces, después del primer intento fallido, aparece el miedo a que vuelva a pasar, y ese miedo en sí mismo ya dificulta la erección.

También puede influir que la conexión emocional sea muy intensa. Cuando alguien nos importa mucho, el deseo de agradar o de no decepcionar puede aumentar la autoexigencia. En otras ocasiones intervienen factores como cansancio, estrés, alcohol, preocupaciones o simplemente el proceso de adaptación a una nueva pareja sexual.

Algunas pautas que suelen ayudar son:
• Reducir la presión sobre el coito y centrarse durante un tiempo en el contacto, las caricias y el disfrute sin objetivo de penetración.
• Evitar “evaluarte” durante el encuentro sexual y tratar de volver a las sensaciones del momento.
• Hablar con naturalidad con tu pareja para quitarle dramatismo a la situación.
• Darle algo de tiempo al cuerpo para adaptarse a la nueva dinámica con esa persona.

Si el problema se mantuviera durante más tiempo o apareciera también en otras situaciones, podría ser recomendable consultar con un médico para descartar factores físicos (hormonales, vasculares, medicación, etc.). Pero cuando ocurre solo con una persona y en un contexto concreto, lo más habitual es que tenga que ver con la ansiedad o la presión por rendir.

Este tipo de situaciones suele mejorar bastante cuando se trabajan los factores psicológicos y la presión asociada al encuentro sexual. Si lo deseas, puedes pedirme cita online y lo vemos con más calma para ayudarte a recuperar tranquilidad y confianza en tu respuesta sexual.

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