Hola, he conocido a una mujer con la que desde el primer segundo hemos tenido una química brutal, at

14 respuestas
Hola, he conocido a una mujer con la que desde el primer segundo hemos tenido una química brutal, atracción mental, física y espiritual. En cambio no hemos funcionado en el sexo, no consigo excitarme ni erecciones que duren.¿Que podría ser ? porque nos gustamos mucho mucho y necesitamos que el sexo funcione entre nosotros para crear una relación de pareja.
Tengo 49, soy hombre y jamás me había pasado nada parecido.
Hola, quizá habría que explorar creencias. Es importante ver cuales son esas resistencias que te impiden disfrutar de las relaciones sexuales.

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 Andrea Álvarez Ibán
Psicólogo, Psicólogo infantil
Granada
Es relativamente frecuente que, incluso cuando existe mucha atracción y conexión emocional, puedan aparecer dificultades puntuales en la excitación o en la erección, especialmente cuando hay un componente de expectativa, presión por “que funcione” o nerviosismo ante la importancia que se le da al encuentro sexual. En muchos casos se trata de lo que llamamos ansiedad de rendimiento, donde la atención se centra en si habrá erección o no, en lugar de en las sensaciones del momento, lo que interfiere con la respuesta sexual. También conviene tener en cuenta factores como estrés, cansancio, cambios hormonales propios de la edad o aspectos médicos, por lo que, si persiste, sería recomendable descartar primero causas orgánicas con un profesional sanitario. A nivel psicológico suele ser útil reducir la presión sobre el coito, recuperar la intimidad desde el contacto y el placer sin exigencias de rendimiento, y explorar cómo está influyendo la anticipación o el miedo a que vuelva a ocurrir. Si la situación se mantiene, la terapia sexual puede ayudar a abordarlo de forma muy eficaz y progresiva.
Lo que describes es más frecuente de lo que suele pensarse.Cuando aparece una conexión emocional e intelectual muy intensa con alguien, a veces también aumenta la presión interna para que todo funcione perfectamente, especialmente en el plano sexual. Esa presión, aunque sea inconsciente, puede interferir con la excitación y la erección. En muchos casos hablamos de ansiedad de desempeño, que ocurre cuando la mente empieza a “evaluar” lo que está pasando en lugar de simplemente vivirlo.

También pueden influir otros factores: expectativas muy altas debido a la fuerte conexión que sentís, miedo a que el encuentro sexual no esté a la altura de lo que ambos deseáis, bloqueo puntual por nervios o sobreexcitación emocional, algo que puede ocurrir incluso en hombres sin ningún antecedente previo y/o cansancio, estrés o factores físicos puntuales, que a partir de cierta edad también conviene revisar para descartar causas médicas (hormonales, vasculares, etc.), aunque muchas veces no son la causa principal.

Es importante recordar algo: la erección es un proceso muy sensible al estado psicológico. Cuando la mente entra en modo “control” o “preocupación”, el cuerpo puede reaccionar inhibiendo la respuesta sexual.Algunas recomendaciones iniciales que suelen ayudar:

- Quitarse presión sobre el coito y la erección, al menos temporalmente. El contacto íntimo puede centrarse en caricias, placer y complicidad sin objetivo de “rendimiento”.

- Hablarlo con naturalidad con tu pareja, si hay confianza. Compartir lo que te ocurre suele reducir mucho la tensión.

- Evitar interpretar el episodio como un fallo personal, porque esa interpretación suele perpetuar el problema.

Si la situación se repite, consultar con un profesional puede ayudar a identificar qué está ocurriendo y resolverlo rápidamente.

El hecho de que nunca te haya ocurrido antes y que sí exista deseo hacia ella suele ser una buena señal: muchas veces se trata de un bloqueo situacional y reversible.

Si os gustáis mucho, como comentas, lo más probable es que con menos presión, más comunicación y algo de paciencia el aspecto sexual pueda ir encontrando su lugar dentro de la relación.

Un abrazo.
Lo que describes es una situación más frecuente de lo que muchas personas creen. El hecho de que exista mucha atracción emocional, mental o incluso física no garantiza automáticamente que la respuesta sexual funcione de manera fluida en los primeros encuentros. La respuesta sexual masculina es muy sensible a factores psicológicos y contextuales, no solo a la atracción.

Uno de los factores más habituales en casos como el que comentas es la ansiedad de desempeño. Cuando una persona siente que “el sexo tiene que funcionar” para que la relación prospere, puede aparecer una presión interna muy fuerte por rendir o por responder sexualmente de una determinada manera. Esa presión activa el sistema de alerta del organismo, y paradójicamente dificulta la excitación y la erección. Este fenómeno se conoce como ansiedad de desempeño sexual.

En estos casos suele ocurrir un pequeño círculo psicológico. La primera vez que aparece la dificultad puede generar sorpresa o preocupación. En los siguientes encuentros la persona empieza a observarse a sí misma para comprobar si va a funcionar o no. Esa autoobservación constante aumenta la tensión y reduce la capacidad de dejarse llevar por la excitación, lo que puede derivar en problemas de erección, conocidos clínicamente como disfunción eréctil cuando se mantienen en el tiempo.

También pueden influir otros factores psicológicos. Cuando hay mucha conexión emocional con alguien, algunas personas sienten una presión mayor porque perciben que la relación es importante y no quieren “fallar”. En ocasiones incluso la intensidad de la situación puede generar más nervios que en encuentros más casuales.

Otro aspecto a considerar es que la respuesta sexual cambia con la edad. A partir de cierta etapa de la vida es más habitual que la excitación necesite más tiempo, más estimulación o un contexto más relajado para aparecer, y que las distracciones mentales influyan más que antes.

En muchos casos, cuando el problema es principalmente psicológico, la mejor intervención consiste en reducir la presión sobre el rendimiento sexual. En terapia sexual se suele trabajar en quitar temporalmente el foco de la penetración y centrarse en el contacto, el juego erótico y la conexión corporal sin exigencia de erección. Esto ayuda a que el sistema nervioso salga del modo de vigilancia y vuelva a activarse la excitación de forma más natural.

También puede ser útil hablarlo con la otra persona de forma abierta y tranquila. Cuando ambos entienden que no se trata de falta de deseo ni de atracción, sino de un proceso de adaptación o de presión momentánea, suele disminuir mucho la tensión.

Si la dificultad se mantiene durante un tiempo o empieza a generar mucha preocupación, consultar con un profesional de la psicología o de la sexología puede ayudar a romper ese círculo de ansiedad. En muchos casos estos problemas se resuelven cuando se reduce la presión y se vuelve a vivir la sexualidad de forma más relajada.
Cuando aparece una dificultad de erección en una situación concreta —sobre todo si antes no te había ocurrido nunca— lo más frecuente es que esté relacionada con factores psicológicos y no con un problema físico. El hecho de que exista mucha atracción y deseo de que la relación funcione puede generar, paradójicamente, mucha presión interna por “tener que responder bien”. Esa presión activa ansiedad de rendimiento, que es una de las causas más habituales de problemas de erección puntuales.

Cuando la mente entra en modo evaluación (“tiene que funcionar”, “no puedo fallar”, “esto es importante”), el cuerpo activa el sistema de alerta. Ese estado es incompatible con la excitación sexual, que necesita relajación y conexión con las sensaciones. Muchas veces, después del primer intento fallido, aparece el miedo a que vuelva a pasar, y ese miedo en sí mismo ya dificulta la erección.

También puede influir que la conexión emocional sea muy intensa. Cuando alguien nos importa mucho, el deseo de agradar o de no decepcionar puede aumentar la autoexigencia. En otras ocasiones intervienen factores como cansancio, estrés, alcohol, preocupaciones o simplemente el proceso de adaptación a una nueva pareja sexual.

Algunas pautas que suelen ayudar son:
• Reducir la presión sobre el coito y centrarse durante un tiempo en el contacto, las caricias y el disfrute sin objetivo de penetración.
• Evitar “evaluarte” durante el encuentro sexual y tratar de volver a las sensaciones del momento.
• Hablar con naturalidad con tu pareja para quitarle dramatismo a la situación.
• Darle algo de tiempo al cuerpo para adaptarse a la nueva dinámica con esa persona.

Si el problema se mantuviera durante más tiempo o apareciera también en otras situaciones, podría ser recomendable consultar con un médico para descartar factores físicos (hormonales, vasculares, medicación, etc.). Pero cuando ocurre solo con una persona y en un contexto concreto, lo más habitual es que tenga que ver con la ansiedad o la presión por rendir.

Este tipo de situaciones suele mejorar bastante cuando se trabajan los factores psicológicos y la presión asociada al encuentro sexual. Si lo deseas, puedes pedirme cita online y lo vemos con más calma para ayudarte a recuperar tranquilidad y confianza en tu respuesta sexual.
Lo que describes suele generar mucha angustia precisamente porque contradice la lógica más intuitiva: hay una conexión intensa, deseo, afinidad emocional y mental, y sin embargo el cuerpo no responde como esperas. Cuando esto ocurre de forma repentina y sin antecedentes, lo más habitual es que **no tenga que ver con falta de atracción**, sino con un bloqueo de origen psicológico. La excitación sexual masculina es muy sensible a la presión, a la expectativa de “tiene que funcionar” y al miedo a perder algo valioso; cuanto más importante es la relación y más necesidad hay de que el sexo salga bien para que todo continúe, más fácil es que aparezca la inhibición.

En estos casos, el cuerpo no está fallando, sino **protegiéndose**. La ansiedad de rendimiento, la autoobservación constante, el deseo de cumplir o de no decepcionar activan el sistema de alerta y dificultan la respuesta eréctil, aunque el deseo esté presente. A los 49 años, además, es frecuente que la respuesta sexual sea algo menos automática que en etapas anteriores, lo que hace que cualquier tensión emocional tenga más impacto, sin que eso signifique un problema orgánico ni una pérdida de masculinidad.

También influye que la conexión que describes sea tan intensa. Cuando hay una carga emocional muy alta desde el inicio, el sexo deja de ser un espacio de juego y exploración y se convierte, sin querer, en una prueba decisiva para el futuro de la relación. Esa presión suele ser incompatible con la espontaneidad que necesita la excitación. Por eso, cuanto más se intenta forzar la respuesta, más se bloquea.

Este tipo de dificultades suelen abordarse con muy buenos resultados cuando se trabaja el componente emocional, la ansiedad anticipatoria y la relación con el propio cuerpo y el deseo. No se trata de “arreglar” el sexo, sino de **quitarle el peso que lo está asfixiando** y devolverle un lugar más natural y seguro dentro del vínculo.

Si lo deseas, puedes **reservar una cita conmigo** para explorar con calma qué está ocurriendo y trabajar este bloqueo desde una perspectiva psicológica, sin juicios ni prisas, para que la relación y tu vivencia sexual puedan desarrollarse con mayor tranquilidad y confianza.
 Paqui García Pacheco
Psicólogo, Terapeuta complementario
Sevilla
Cuando aparece una dificultad de erección en un contexto concreto —especialmente con una persona por la que se siente mucho interés— a menudo puede estar relacionada con factores psicológicos como la presión por “que todo funcione bien”, el miedo a fallar o una excesiva autoobservación durante el encuentro sexual. Cuando la atención se centra demasiado en si habrá erección o en si el encuentro será satisfactorio, el cuerpo puede responder con mayor tensión y dificultar la excitación.

También es posible que influya la novedad de la relación, las expectativas que ambos han depositado en el encuentro o incluso el deseo de que todo salga perfecto para poder construir una relación. Paradójicamente, cuanto más importante se percibe el resultado, más fácil es que aparezca este tipo de bloqueo puntual.

En muchos casos, cuando la pareja reduce la presión sobre el rendimiento sexual y se centra más en el contacto, la intimidad y el disfrute sin expectativas rígidas, la respuesta sexual tiende a normalizarse progresivamente.

No obstante, dado que tienes 49 años y comentas que nunca te había ocurrido algo similar, también podría ser recomendable descartar posibles factores médicos (circulatorios, hormonales, efectos de medicación, etc.) consultándolo con un médico.

Si la situación se mantiene en el tiempo o genera mucha preocupación, la terapia sexual o psicológica puede ayudar a identificar los factores que están interfiriendo y a recuperar la confianza y la espontaneidad en la respuesta sexual.

Un saludo.
Hola, gracias por compartir. Lo que describes es mucho más frecuente de lo que parece, y además el hecho de que nunca te hubiera pasado antes suele indicar que no se trata de un problema físico estructural, sino de algo relacionado con el momento, el contexto emocional o la presión que se genera alrededor del encuentro sexual.

Cuando aparece una conexión tan intensa como la que describes —mental, emocional y también espiritual— a veces ocurre algo paradójico: el deseo existe, pero el sistema nervioso entra en un estado de presión o de “demasiada importancia”. En otras palabras, el encuentro sexual deja de ser algo espontáneo y pasa a sentirse como una especie de prueba que “tiene que salir bien”. Esa presión, incluso cuando es inconsciente, puede interferir con la excitación y con la erección.

Hay varios factores que suelen estar detrás de situaciones como la tuya:

1. Ansiedad de desempeño.
Cuando sentimos que la relación es importante o que no queremos “fallar”, el cerebro entra en un modo más vigilante y menos relajado. La excitación sexual necesita justamente lo contrario: un estado de seguridad y de soltura corporal.

2. Mucha intensidad emocional al inicio.
A veces una conexión muy fuerte genera una mezcla de ilusión, vulnerabilidad y miedo a perder lo que está empezando. Esa intensidad puede hacer que el cuerpo se active de forma más ansiosa que erótica.

3. Desfase entre deseo mental y respuesta corporal.
Puedes sentirte muy atraído y conectado con ella, pero si el sistema nervioso está en alerta o tensión, la respuesta sexual puede verse bloqueada temporalmente.

4. Factores fisiológicos que conviene revisar.
A los 49 años también es razonable tener en cuenta aspectos como estrés, cansancio, consumo de alcohol, sueño o niveles hormonales. No significa que haya un problema médico, pero si la situación se repite puede ser útil comentarlo con un médico para descartar causas orgánicas.

Algo importante: esto no significa que no haya deseo ni que la relación no pueda funcionar. Muchas veces, cuando se reduce la presión y la pareja puede hablar de ello con naturalidad, el cuerpo vuelve a responder con normalidad.

Algunas recomendaciones iniciales que suelen ayudar:

- Hablarlo con ella con calma y sin dramatizarlo. Cuando la situación se convierte en un secreto o en una preocupación silenciosa, la presión aumenta.

- Quitar el foco de la penetración durante un tiempo. Recuperar el contacto, las caricias y la exploración sin objetivo puede ayudar a que el cuerpo vuelva a responder de forma más natural.

- No convertir cada encuentro en una prueba. El sexo funciona mejor cuando no tiene que demostrar nada.

Si la dificultad persiste o empieza a generar mucha ansiedad, consultar con un profesional especializado en sexualidad puede ser muy útil. A veces unas pocas sesiones bastan para desbloquear la situación.

El hecho de que exista esa conexión tan fuerte entre vosotros es, en realidad, un muy buen punto de partida. Cuando el vínculo es bueno y hay comunicación, estos bloqueos suelen tener solución.

Un abrazo.

Elbire Arana Iturrarte
Psicóloga General Sanitaria
Hola,

Por lo que cuentas, lo que estás experimentando no siempre tiene que ver con falta de atracción o sentimientos hacia la otra persona, sobre todo cuando mencionas que hay química, interés y deseo. Las dificultades de erección o excitación en situaciones nuevas pueden deberse a factores psicológicos (estrés, ansiedad de desempeño, presión por “funcionar”, miedo a fallar) o incluso a factores físicos temporales, como cansancio, cambios hormonales o problemas de circulación.
Es importante entender que no eres “anormal” ni hay algo roto en ti, y que este tipo de experiencias son más comunes de lo que parece, especialmente en encuentros sexuales que tienen carga emocional o expectativas altas. Lo habitual es que se puedan trabajar mediante estrategias de relajación, disminución de presión, comunicación abierta con la pareja y, si es necesario, evaluación médica para descartar causas físicas.
Si notas que la situación se repite o empieza a generar ansiedad significativa, acudir a un profesional especializado en sexualidad o psicología sexual puede ayudar a identificar las causas concretas y ofrecer herramientas para que la sexualidad con tu pareja sea placentera y segura.

Un saludo,
David
Hola, gracias por compartir tu situación. Cuando aparece una conexión tan intensa con alguien, a veces también puede surgir cierta presión interna por que “todo funcione”, especialmente en el plano sexual. En muchos casos, dificultades como la que describes no tienen que ver con falta de atracción, sino con factores como la ansiedad de rendimiento, los nervios o la importancia que uno mismo le da al momento.

El hecho de que nunca te haya ocurrido antes también puede indicar que se trata de algo situacional más que de un problema permanente. A veces, cuanto más se intenta forzar que ocurra la excitación o la erección, más difícil se vuelve.

Podría ser interesante explorar qué estás sintiendo exactamente en esos momentos: si aparece presión, miedo a fallar o demasiada autoobservación.

Si lo consideras útil, este tipo de situaciones se pueden trabajar con bastante eficacia en consulta para entender qué está pasando y recuperar la tranquilidad en la vida sexual. Atiendo presencialmente en Tres Cantos (Madrid), también en formato online y a domicilio en la zona norte de Madrid.
 Lorena Zaky Menéndez
Psicólogo
Torrejón de Ardoz
Es totalmente comprensible la desconcertante mezcla de frustración y confusión que sientes. A los 49 años, con un historial de funcionamiento normal y una conexión tan "brutal" con alguien, lo último que esperas es que tu cuerpo decida no asistir a la cita.

Sin embargo, aunque te parezca paradójico, la intensidad de esa química es precisamente la sospechosa número uno. Aquí te explico qué puede estar pasando desde una perspectiva biológica y psicológica:

1. La "Paradoja de la Conexión Total"
Cuando la atracción es física, mental y espiritual, el valor que le das a esa persona es altísimo. Esto genera una presión invisible:

Miedo al fallo: Quieres que todo sea perfecto porque ella te importa "mucho mucho". Tu cerebro detecta esa importancia como una situación de "alto estrés".

El secuestro de la amígdala: Si tu cerebro interpreta la situación como un "examen", activa el sistema nervioso simpático (el de lucha o huida). Esto libera adrenalina y cortisol, que son los enemigos naturales de la erección. La sangre se va a tus músculos para "sobrevivir", no a tus genitales para disfrutar.

2. El factor de la edad (49 años) y la fisiología
A los 49, el cuerpo no es tan "implacable" como a los 20. Aunque seas un hombre sano, hay matices:

Ventana de excitación: A esta edad, la respuesta suele ser más lenta y requiere más estimulación física directa y menos "presión psicológica".

Salud cardiovascular/hormonal: A veces, una dificultad de erección es un aviso temprano de algo vascular o un ligero descenso de testosterona. Si a esto le sumas el estrés de la "química brutal", el sistema colapsa.

3. La ansiedad de ejecución secundaria
Como ya te ha pasado una vez, ahora vas al encuentro sexual con un observador interno. En lugar de estar sintiendo a la mujer, estás "vigilando" si tu erección aparece o se mantiene. En el momento en que te preguntas "¿funcionará?", la excitación desaparece.

¿Cómo podéis solucionarlo?
Si ambos necesitáis que el sexo funcione para formalizar la relación, el enfoque debe ser quitarle peso al coito para dejar que el cuerpo se relaje:

Placer sin penetración: Acordad un encuentro donde la penetración esté "prohibida" de antemano. Esto elimina la presión del rendimiento. Centraos en el masaje, el sexo oral o simplemente el contacto piel con piel. Cuando el cerebro entiende que no hay examen, la erección suele aparecer sola.

Habla con ella desde la vulnerabilidad: Dile la verdad: "Me gustas tanto y es tan fuerte lo que siento, que mi cuerpo se bloquea por las ganas de que sea perfecto". Esto suele generar una complicidad inmensa y baja tus niveles de cortisol.

Chequeo médico: No está de más visitar al urólogo. A veces, una ayuda farmacológica puntual (bajo receta) ayuda a romper el ciclo de ansiedad: recuperas la confianza un par de veces y luego el cuerpo vuelve a funcionar solo.

Cuidado con el Alprazolam: Si estás usando la medicación que mencionaste antes (Alprazolam) para la ansiedad, debes saber que las benzodiacepinas pueden dificultar la respuesta sexual y la libido.

Un cambio de perspectiva
No veas esto como un "no funcionamos en el sexo". Véalo como que vuestro motor emocional es tan potente que el chasis (el cuerpo) necesita un tiempo de ajuste para manejar tanta potencia.
Hola, buenos dias. Sería interesante que consultaras con un sexologo o sexologa lo que te viene ocurriendo. En todo caso es importante reforzar una relación conociéndose y creando espacios de complicidad e intimidad. Te animo a que consultes con un profesional lo que viene ocurriendo.
Lo que te está pasando, aunque desconcierta, tiene bastante lógica si lo miramos desde cómo funciona el deseo en situaciones de alta carga emocional. No es que “algo no funcione” en ti, es que probablemente tu sistema se ha activado en exceso.

Cuando hay una conexión tan intensa —como describes, mental, física y emocional— muchas veces aparece también una presión implícita: “esto tiene que salir bien”. Y esa presión, aunque no la notes de forma consciente, interfiere directamente con la respuesta sexual. La erección necesita un estado de relajación, no de evaluación. Si tu mente está pendiente de si funcionas, de si cumples o de si esto puede arruinar la relación, el cuerpo se bloquea.

Esto encaja mucho con lo que llamamos ansiedad de rendimiento. No tiene que ver con falta de deseo, sino con exceso de autoobservación. De hecho, el dato clave es que nunca te había pasado antes y que aquí sí hay atracción. Eso apunta más a un bloqueo situacional que a un problema físico.

También influye algo importante: cuanto más te ha pasado, más anticipas que vuelva a ocurrir. Y ahí se crea un bucle: dudas → intento → vigilancia → fallo → más duda. No es que no puedas, es que el sistema entra en modo “control” en lugar de “disfrute”.

Desde una mirada más relacional, además, el hecho de que le deis tanta importancia a que “tiene que funcionar para que haya relación” añade más presión. El sexo deja de ser un espacio de encuentro y pasa a ser una prueba.

La salida no pasa por forzarte a rendir mejor, sino por cambiar el contexto. Bajar la exigencia, recuperar el contacto sin objetivo (caricias, cercanía, intimidad sin penetración), y permitir que el cuerpo vuelva a responder sin sentirse evaluado.

Si el bloqueo persiste, trabajar esto con un sexólogo o psicólogo puede ayudarte mucho, porque se aborda de forma bastante directa y suele tener buen pronóstico.

No estás fallando como hombre ni ha desaparecido tu capacidad. Tu cuerpo está reaccionando a un exceso de presión en un contexto que, precisamente por ser tan importante para ti, se ha vuelto más exigente.
Hola cómo estás, mi nombre es Christian Maynard, soy psicólogo general sanitario. Te envío una breve devolución sobre tu consulta en la web de Doctoralia.
Este tipo de dificultad no se entiende solo como algo físico o individual, sino como parte de la interacción entre ambos y el contexto emocional que se ha generado. A veces, cuando hay una conexión muy intensa o muchas expectativas sobre que “todo debe funcionar”, puede aparecer una presión implícita que interfiere en la respuesta sexual. Paradójicamente, cuanto más importante se vuelve el encuentro, más fácil es que el cuerpo “se bloquee”.
También es relevante observar cómo estáis viviendo esta situación como pareja: si aparece ansiedad, autoexigencia o miedo a no estar a la altura, eso puede alimentar el círculo. Desde esta mirada, el foco no sería solo “lograr la erección”, sino reducir la presión, ampliar la vivencia de la intimidad y favorecer una comunicación abierta sobre lo que os está pasando. Un espacio de terapia sexológica o de pareja puede ayudaros a comprender este momento como algo relacional y reversible, más que como un problema fijo o definitivo.

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