Soy una persona muy trabajadora, responsable y perfeccionista. Sufrí muchísimo estrés y una discrimi

12 respuestas
Soy una persona muy trabajadora, responsable y perfeccionista. Sufrí muchísimo estrés y una discriminación laboral continuada, más de 10 años, de la que no fui consciente hasta recoger pruebas, y fue entonces cuando caí en depresión mayor, TEPT (creo que complejo) y síndrome de neurastenia de tipo desgaste ocupacional (o burnout, que ahora creo que arrastraba varios años). Siento que pasé de ser una persona que disfrutaba de casi todo, a irritarme con muchísima facilidad, estar casi siempre enfadada, incluso evitar realizar cosas que me hicieran disfrutar (como jugar con mis hijos... de lo que fui incapaz mucho tiempo) y, para colmo, ser así de desagradable con las personas a las que más quiero (con mis hijos y, especialmente, con mi marido...) Tras 2 años sin trabajar y 4 años de diversas terapias, sigo dolida y sin recuperar el buen carácter y la paciencia que me caracterizaban. ¿Es posible que el burnout y TEPT expliquen que me haya cambiado el carácter y que me enfade o irrite con facilidad, como si ya no tuviera paciencia al tratar a mi familia?
Sí, es posible, y además es clínicamente coherente con lo que describes.

La combinación de estrés laboral crónico, discriminación prolongada, burnout, depresión mayor y un TEPT (probablemente de tipo complejo) puede producir cambios muy significativos en la regulación emocional y en la forma de reaccionar ante el entorno, especialmente cuando la exposición al daño se ha mantenido durante años.

En estos casos, el sistema nervioso permanece durante mucho tiempo en modo de alerta y supervivencia, lo que reduce notablemente la tolerancia al estrés y la capacidad de autorregulación. Esto suele manifestarse como irritabilidad, enfado frecuente, hipersensibilidad, pérdida de paciencia y reacciones emocionales intensas, incluso ante situaciones cotidianas. No se trata de un cambio de personalidad en sí, sino de la expresión de un organismo profundamente agotado y sobrecargado.

Es muy habitual que esta irritabilidad se dirija hacia las personas más cercanas (pareja, hijos), no por falta de amor, sino porque son los vínculos en los que la persona se siente más segura y baja la guardia. Además, la evitación de actividades placenteras, la dificultad para disfrutar y el sentimiento de culpa por “no ser como antes” forman parte tanto de la depresión como del trauma complejo, y tienden a mantener el malestar emocional.

Que tras varios años de terapia persistan el dolor y ciertas dificultades no implica un fracaso terapéutico. Cuando el daño ha sido prolongado y relacional, la recuperación no es lineal ni rápida. El trabajo suele centrarse en restaurar la seguridad interna, mejorar la regulación emocional y reconstruir una identidad dañada por años de exigencia y desprotección, más que en “volver a ser la persona de antes”.

En resumen, sí, el burnout y el TEPT pueden explicar plenamente el aumento de la irritabilidad y la sensación de haber perdido la paciencia. Comprenderlo desde esta perspectiva suele ser un primer paso importante para reducir la culpa y avanzar en un proceso de recuperación más compasivo y realista.

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 Diego Fernández Perrin
Psicólogo
Arroyo de la Miel
Hola, lo que cuentas parece síntoma de que aún no has sanado por completo lo que viviste y te vendría bien practicar alguna forma de Aceptación (no aceptar así a secas, es algo más complejo y reparador) y después entrenar la flexibilidad cognitiva. La terapia ACT es muy recomendada en estos casos y te ayuda a orientar tus pensamientos y acciones hacia los valores que te mueven como persona al mismo tiempo que te flexibiliza el pensamiento para aceptar que las cosas malas pasarán, pues están fuera de tu control, pero tu puedes decidir en qué forma podrán o no afectarte psicológicamente
Hola,

Sí, es totalmente posible y además tiene una explicación clínica clara. El burnout prolongado y el TEPT (especialmente cuando es complejo y sostenido en el tiempo, como en situaciones de acoso o discriminación laboral) no solo generan tristeza o ansiedad, sino cambios profundos en el sistema nervioso. Cuando una persona ha vivido durante años en alerta, injusticia y desgaste emocional, el cuerpo y la mente aprenden a funcionar en modo supervivencia. En ese estado, la tolerancia baja, la irritabilidad aumenta y la paciencia se agota con facilidad, incluso con las personas que más se quiere. No es un fallo de carácter ni una pérdida de valores: es una respuesta de un sistema saturado.
Además, muchas personas muy responsables, perfeccionistas y autoexigentes —como te describes— tienden a volcar toda su energía en sostener y rendir, dejando poco espacio para procesar el daño vivido. Cuando el colapso llega, aparece la culpa por “no ser como antes”, especialmente en el rol de madre o pareja, lo que a su vez aumenta el enfado interno y la frustración. Esto explica por qué puedes sentirte más reactiva, menos conectada con el disfrute y más dura contigo misma, incluso después de haber hecho terapia durante años.
La recuperación en estos casos no siempre es lineal ni rápida, y no pasa solo por “volver a ser la de antes”, sino por construir una nueva forma de estar contigo y con los demás, más respetuosa con lo que tu sistema ha atravesado. El hecho de que puedas poner palabras a esto y preguntarte si tiene sentido ya es una señal de conciencia y avance. No estás rota ni has perdido tu esencia: estás sanando de una herida profunda que necesitó mucho tiempo para hacerse visible.

Un saludo,
David
Sí. Es posible y encaja plenamente con lo que has vivido.

Lo que describes no es un “cambio de carácter” en el sentido de haberte convertido en otra persona, sino la consecuencia de un sistema nervioso agotado y en alerta durante años. El estrés crónico, la discriminación laboral prolongada, el burnout y un TEPT (especialmente de tipo complejo) pueden reducir mucho el umbral de tolerancia, aumentar la irritabilidad y hacer que reacciones con más intensidad ante estímulos pequeños.

Es muy frecuente que esa irritabilidad aparezca justo con las personas más cercanas, porque es donde uno baja la guardia y donde el cuerpo se permite soltar la tensión acumulada. No tiene que ver con falta de amor ni de valores, sino con agotamiento emocional.

También es coherente que hayas evitado durante un tiempo actividades que antes te daban placer. En estados de trauma y desgaste profundo, el sistema nervioso no siempre tolera bien el disfrute y se mantiene en modo supervivencia.

Que después de varios años de terapia aún no hayas recuperado la paciencia de antes no significa que no avances. El daño fue prolongado y la recuperación no es lineal. A menudo, en esta fase es clave trabajar más la regulación emocional, la gestión de la ira contenida, la culpa y la autoexigencia, además de seguir elaborando lo vivido.

No estás fallando ni te has vuelto una persona peor. Estás lidiando con las secuelas de haber sostenido demasiado durante demasiado tiempo.
Siento mucho todo lo que has pasado, si, el acoso laboral puede hacer mucho más daño intrínseco del que pensamos y de forma muy mantenida en el tiempo. Pero se puede superar, igual parte del problema de irritabilidad familiar es que consciente o inconscientemente les culpabilizas de no haberte ayudado cuando estabas mal. Yo personalmente he pasado por ese proceso y es largo, pero se sale. Tienes que cambiar esa creencia adquirida en el trabajo de que el mundo es un lugar hostil y empezar a confiar y a aceptar el amor que te da tu familia. Te mando un abrazo muy fuerte y esperanza.
Hola. Al leer tu historia, lo primero que quiero transmitirte es una profunda compasión y validación. Has sobrevivido a 10 años de hostilidad en un entorno donde, además, tu propia personalidad (responsable y perfeccionista) te hizo aguantar más de lo humanamente sostenible.

Para responder a tu pregunta con rotundidad: SÍ. El Burnout severo, sumado al TEPT Complejo (Trauma Complejo), explica perfectamente tu cambio de "carácter", la pérdida de paciencia y la irritabilidad con tu familia.

No es que te hayas vuelto una "mala persona" o que hayas dejado de quererlos. Es que tu cerebro ha sufrido una lesión funcional debido al estrés crónico. Permíteme explicarte por qué ocurre esto para que puedas dejar de culparte:

1. La Ventana de Tolerancia y el "Fusible Corto" Todos tenemos una "ventana de tolerancia" emocional. Dentro de ella, podemos manejar el estrés, ser pacientes y jugar.

Después de 10 años de alerta constante y discriminación, tu sistema nervioso está saturado. Tu ventana de tolerancia se ha estrechado al mínimo. Esto significa que ya no tienes "búfer" o espacio de amortiguación. Cualquier pequeña demanda (un ruido de los niños, una pregunta de tu marido) te saca de tu ventana y te lleva directamente a la hiperactivación (ira, gritos, irritabilidad). No es falta de amor, es falta de recursos energéticos neuronales.

2. El secuestro de la Amígdala El TEPT cambia la estructura del cerebro. Tu amígdala (el centro del miedo y la defensa) está hipertrofiada, como un detector de humo que salta aunque solo haya una tostada quemada.

Por otro lado, tu corteza prefrontal (la parte encargada de la paciencia, la planificación y la empatía) está agotada y desconectada. Cuando te irritas con tu familia, es tu cerebro primitivo reaccionando como si estuviera en peligro de muerte, aunque solo sea una situación doméstica. La paciencia es un recurso cognitivo caro, y tu cerebro ahora mismo solo invierte en "supervivencia".

3. ¿Por qué con la familia? (La paradoja de la confianza) Es muy doloroso, pero muy común, que la agresividad salga con quienes más amamos. Esto ocurre porque tu hogar es el único lugar donde tu cerebro siente que puede "soltar" la guardia. Durante el día (o durante esos 10 años), contuviste tanta rabia e injusticia que, al llegar al entorno seguro (tu marido y tus hijos), la válvula de presión explota. Es injusto para ellos, sí, pero es un síntoma de que te sientes segura con ellos, no de que los odies.

4. El duelo por quien fuiste Mencionas que eras trabajadora y perfeccionista. Esas cualidades, que son virtudes, en un entorno tóxico se convierten en factores de riesgo. Ahora estás viviendo el duelo de esa identidad. La depresión y la anhedonia (incapacidad de disfrutar) son la respuesta de un cuerpo que ha dicho "basta" y ha entrado en hibernación para protegerse.

Recomendación: Llevas 4 años de terapia, pero si la irritabilidad persiste tan fuerte, es posible que necesites un enfoque más centrado en el trauma somático y menos en el habla (como EMDR, Somatic Experiencing o Neurofeedback) para "resetear" ese sistema nervioso que sigue en alerta de combate.

No has perdido tu bondad ni tu amor por ellos; están secuestrados por el trauma. Con el tratamiento adecuado del trauma (y mucha autocompasión), la paciencia vuelve poco a poco, aunque quizás ahora debas construir una nueva versión de ti misma, con límites más firmes y menos autoexigencia.

Un abrazo fuerte,

Ana Ocaña
Gracias por tu consulta. Lo que describes (cambios de carácter, irritabilidad y pérdida de paciencia tras estrés laboral prolongado y experiencias traumáticas) es frecuente en personas que han sufrido burnout crónico y TEPT. Estos trastornos pueden afectar la regulación emocional, la tolerancia a la frustración y la capacidad de disfrute, incluso en contextos familiares, y no significa que “ya no seas tú”, sino que tu sistema emocional sigue adaptándose y recuperándose tras el estrés prolongado.

La buena noticia es que con intervención terapéutica continua y estrategias específicas de manejo emocional, es posible recuperar paciencia, disfrute y relaciones más satisfactorias. Esto puede incluir trabajo en regulación emocional, afrontamiento de secuelas de trauma y reintegración gradual de actividades placenteras.

Ofrezco atención presencial en Madrid capital y Tres Cantos, así como en línea y a domicilio en Madrid Norte, para acompañarte en este proceso de recuperación y diseñar un plan adaptado a tu situación y objetivos personales.
Gracias por compartir algo tan doloroso y tan íntimo. Lo que relatas tiene mucho sentido desde una mirada clínica y humana, y quiero empezar diciéndote algo importante: lo que te ha ocurrido no habla de un “defecto” de tu carácter, sino de una herida profunda y prolongada.

Respondiendo a tu pregunta de forma clara: sí, tanto el burnout crónico como el TEPT (especialmente cuando es complejo) pueden explicar perfectamente esos cambios que notas en tu carácter, la irritabilidad, la pérdida de paciencia y el enfado que aparece con las personas más cercanas.

Te explico por qué.

Cuando una persona está expuesta durante años a estrés laboral continuado, injusticia, discriminación o maltrato psicológico, el sistema nervioso vive en modo supervivencia. No es un estrés puntual: es una amenaza sostenida. En ese contexto:

- El cerebro aprende a estar hiperalerta, buscando peligros.

- El sistema de regulación emocional se sobrecarga.

- La energía psíquica se destina a resistir, no a disfrutar.

Por eso, en el burnout avanzado y en el TEPT:

- Disminuye mucho la tolerancia (lo que antes se gestionaba con calma ahora desborda).

- Aparece irritabilidad, enfado fácil, reacciones desproporcionadas.

- Se pierde la capacidad de disfrute (anhedonia).

- Se evita lo placentero, no por falta de amor, sino por agotamiento emocional profundo.

Y, paradójicamente, las personas más queridas son las que reciben esas descargas, porque son el único espacio donde el cuerpo “baja la guardia”.

Esto es muy frecuente y muy doloroso para quien lo vive, porque suele ir acompañado de culpa y vergüenza, especialmente en madres y parejas comprometidas, como parece ser tu caso.

En el TEPT complejo, además, no hablamos solo de recuerdos traumáticos, sino de cambios duraderos en la forma de sentirse, percibirse y relacionarse. El “antes era así y ahora soy así” que describes es una queja muy habitual. No porque hayas dejado de ser tú, sino porque tu sistema nervioso aún no se siente a salvo del todo.

Quiero subrayar algo importante:

Que después de 4 años de terapia sigas dolida no significa que no hayas avanzado, ni que no haya esperanza de recuperar tu equilibrio emocional. Los procesos derivados de trauma prolongado y desgaste extremo son lentos, y a veces requieren ajustes en el tipo de abordaje terapéutico (por ejemplo, enfoques específicos en trauma y regulación del sistema nervioso).

La paciencia, la calma y el “buen carácter” que añoras no se fuerzan ni se exigen: se recuperan cuando el cuerpo y la mente dejan de sentirse en amenaza. No es un fallo moral, es una consecuencia neuropsicológica.

Te animaría, si no lo estás haciendo ya, a que tu proceso terapéutico:

- Trabaje explícitamente el trauma complejo.

- Incorpore herramientas de regulación emocional y del sistema nervioso.

Para terminar, algo muy importante:

El hecho de que te preocupe cómo estás con tu familia y que sufras por ello habla de tu profundo vínculo y de tus valores, no de que seas una persona “desagradable”. Estás herida, no rota.

Un abrazo,

Elbire Arana
Psicóloga General Sanitaria
Colegiada M-42807
Gracias por compartir tu experiencia con tanta claridad. Sí, tanto el burnout crónico como el TEPT (especialmente cuando es complejo) pueden explicar cambios profundos y persistentes en el carácter. La irritabilidad, el enfado frecuente, la baja tolerancia a la frustración, el agotamiento emocional y la dificultad para disfrutar o conectar afectivamente son síntomas habituales cuando el sistema nervioso ha estado sometido durante años a estrés, amenaza o desgaste continuado. No se trata de un fallo personal ni de una pérdida “definitiva” de quien eres, sino de una respuesta adaptativa de un organismo que ha estado demasiado tiempo en alerta y sobrepasado.

La recuperación en estos casos no siempre es rápida ni lineal, y a veces requiere un abordaje muy específico que tenga en cuenta el trauma, el desgaste prolongado y la autoexigencia previa.

En nuestro centro de psicología trabajamos con este tipo de procesos, ayudando a comprender lo que ha ocurrido, regular la irritabilidad y reconstruir progresivamente el equilibrio emocional y relacional. Si lo deseas, estaremos encantados de acompañarte.

Un saludo
 José González Martínez
Psicólogo
Madrid
Lo que describes es totalmente comprensible y, tristemente, coherente con las posibles secuelas de un estrés traumático prolongado y un burnout severo, aunque habría que confirmarlo con una evaluación psicológica detallada. El TEPT (especialmente en su forma compleja, por exposición continuada) y el síndrome de desgaste ocupacional crónico no solo afectan el estado de ánimo, sino que pueden alterar profundamente la regulación emocional, el sistema nervioso y hasta la personalidad. La irritabilidad, la labilidad emocional, la pérdida de paciencia y la dificultad para disfrutar son síntomas nucleares, no defectos de carácter. Tu cerebro y tu cuerpo llevan años en un estado de hiperalerta y agotamiento extremo, lo que hace que los estímulos cotidianos (incluso los de tus seres queridos) se vivan como sobrecarga.

Sí, es posible y esperable que tu carácter haya cambiado tras una experiencia tan lesiva, pero esto no significa que el cambio sea irreversible. A menudo, las terapias generales no abordan suficientemente las capas más profundas del trauma complejo y el desgaste crónico. Enfoques más especializados, como la terapia para el trauma (EMDR, terapia sensoriomotriz, o terapias de tercera generación como la Terapia de Aceptación y Compromiso aplicada al trauma), pueden ser necesarios para recalibrar tu sistema nervioso, procesar la rabia y la injusticia, y reconstruir gradualmente tu capacidad de regulación y conexión.

Tu lucha no es una falla, sino la huella de un daño real. Recuperar tu carácter pacífico requiere sanar esas heridas de fondo. Si lo deseas, en mi consulta podemos evaluar tu caso concreto y diseñar un plan enfocado en el trauma y la regulación emocional. Escríbeme a jose.gonzalez.m@cop.es para una valoración inicial gratuita. Un afectuoso saludo.
Hola,
gracias por compartir algo tan profundo y doloroso.
Como psicóloga clínica sanitaria te puedo decir que sí: el burnout crónico y el TEPT (especialmente el complejo) pueden explicar claramente ese cambio de carácter. Años de estrés, injusticia y desgaste mantienen el sistema nervioso en modo alerta, bajan la tolerancia y favorecen la irritabilidad, el enfado fácil, la pérdida de paciencia y la evitación del disfrute, especialmente con las personas más cercanas. No es un fallo personal ni falta de amor; es una respuesta neuropsicológica al trauma prolongado. La recuperación no es “volver a ser la de antes”, sino regular el sistema nervioso y reconstruirse con apoyos adecuados.
Un saludo,
Pilar Rapela
Tu psicóloga amiga
 Victor de Paz Centeno
Psicólogo, Terapeuta complementario
Málaga
Más allá de si el burnout o el TEPT explican el cambio de carácter, quizá la pregunta más útil no sea tanto “por qué me he vuelto así”, sino “cómo vuelvo a construir la vida que quiero tener”.

Entender puede aliviar, pero no necesariamente cambia la situación. Lo que suele marcar la diferencia es revisar qué estás haciendo ahora, cómo estás reaccionando ante lo que sientes y qué pasos estás dando para acercarte a la persona que quieres volver a ser.

Muchas veces nos quedamos enredados en la explicación del pasado, como si comprenderlo fuera suficiente para modificar el presente. Pero el cambio suele venir cuando, aun sintiendo dolor o irritabilidad, empezamos a actuar en dirección a nuestros valores.

No es que hayas dejado de ser quien eras. Es que probablemente llevas tiempo funcionando desde la defensa. Eso se puede trabajar de forma estructurada.

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