Bueans!! Estoy en una relación en la que uno de los principales conflictos es mi consumo muy ocasion

15 respuestas
Bueans!! Estoy en una relación en la que uno de los principales conflictos es mi consumo muy ocasional de algunas sustancias (principalmente marihuana y, en contextos muy puntuales, MDMA). Para mí es algo esporádico y no siento que tenga un impacto negativo en mi vida personal, laboral o social.
Sin embargo, mi pareja lo percibe como algo muy problemático y le genera mucha ansiedad e inseguridad. Ella necesitaría que yo le garantizara que no volveré a consumir nunca más, mientras que yo siento que no puedo prometer algo así porque, aunque ahora no lo haga o lo haga muy raramente, tampoco quiero comprometerme a una prohibición absoluta.
Esto ha generado discusiones recurrentes durante varios meses, porque ella siente que no priorizo la relación si no renuncio completamente, y yo siento que tengo que renunciar a aspectos de mi libertad personal para que la relación funcione. Nos queremos y queremos que funcione, pero no conseguimos encontrar un punto medio que nos deje tranquilos a ambos.
¡Hola! Gracias por compartir la situación con tanta claridad.

Lo que describes es un conflicto relativamente frecuente en pareja: cuando dos personas tienen percepciones y límites diferentes respecto a un mismo tema (en este caso el consumo ocasional de sustancias), el malestar suele aparecer no solo por el comportamiento en sí, sino por lo que cada uno interpreta que significa para la relación.

Por un lado, es comprensible que para ti esté relacionado con tu autonomía personal y con algo que percibes como puntual y sin impacto en tu funcionamiento. Por otro lado, también es entendible que para tu pareja pueda activar preocupación, inseguridad o necesidad de mayor garantía de estabilidad.

En estos casos, el punto clave suele estar menos en “quién tiene razón” y más en poder entender qué necesidades emocionales hay detrás de cada postura: seguridad, confianza, libertad personal, previsibilidad, etc. A veces las discusiones se repiten porque ambos defendéis valores importantes para vosotros, pero sin llegar a encontrar una forma de integrarlos.

Suele ayudar mucho poder hablar de estos temas en un espacio más estructurado, donde se pueda explorar con calma qué significa este asunto para cada uno, qué límites son realmente importantes y qué acuerdos podrían ser realistas para ambos. En algunos casos, trabajar estas conversaciones con un profesional (individualmente o como pareja) facilita encontrar puntos intermedios que por vuestra cuenta resultan difíciles de construir.

Si lo consideráis útil, este tipo de situaciones se pueden abordar en consulta para entender mejor las necesidades de cada uno y buscar formas de gestionar el conflicto sin que la relación se desgaste.

Consigue respuesta gracias a la consulta online

¿Necesitas el consejo de un especialista? Reserva una consulta online: recibirás todas las respuestas sin salir de casa.

Mostrar especialistas ¿Cómo funciona?
Lo que describes es un conflicto bastante común en las parejas cuando los valores o los límites respecto a ciertas conductas no coinciden. En vuestro caso no parece que el problema principal sea solo el consumo en sí, sino lo que cada uno interpreta que significa.

Para ti, el consumo ocasional puede representar algo puntual, ligado a contextos sociales o de ocio, y que no percibes como un problema en tu vida. Para tu pareja, en cambio, puede activar preocupaciones más profundas: miedo a la pérdida de control, a que el consumo aumente, a que afecte a la relación o incluso a valores personales muy claros respecto a las drogas. Por eso ella busca una garantía absoluta, porque eso le daría seguridad.

El punto difícil es que estáis pidiendo cosas que chocan entre sí:
• Ella necesita certeza total para sentirse tranquila.
• Tú sientes que prometer una prohibición absoluta sería renunciar a una parte de tu autonomía o hacer una promesa que no sabes si podrás sostener.

En este tipo de situaciones suele ser útil cambiar el enfoque de “quién tiene razón” a qué hay debajo de la postura de cada uno. Algunas preguntas que ayudan a avanzar son:
• ¿Qué es exactamente lo que teme ella que ocurra si consumes?
• ¿Qué representa para ti la posibilidad de consumir ocasionalmente?
• ¿Qué necesitaría cada uno para sentirse respetado en la relación?

A veces el punto medio no pasa necesariamente por un “sí” o un “no” absoluto, sino por acuerdos más concretos y realistas: por ejemplo, contextos donde sí o no ocurriría, transparencia sobre cuándo sucede, límites claros, o revisar si el consumo realmente es tan importante para uno como para el otro lo es la seguridad.

También es importante reconocer que en algunas parejas este tema toca valores personales muy profundos, y cuando los valores son muy distintos el conflicto puede mantenerse si no se aborda con mucha comunicación y comprensión mutua.

Si quieres, puedes pedirme cita online y te doy estrategias según tu caso que pueden ayudarte a gestionar mejor este tipo de desacuerdos en la pareja y encontrar una forma de hablar del tema que reduzca las discusiones.
Lo que describes es un conflicto bastante habitual en las relaciones de pareja cuando entran en juego valores personales distintos. No siempre se trata solo del consumo en sí, sino del significado que cada persona le da a ese comportamiento. Para una persona puede ser una práctica ocasional asociada a contextos concretos de ocio, mientras que para la otra puede representar riesgo, pérdida de control o inseguridad dentro de la relación.

Desde la psicología de pareja es útil entender que aquí no solo hay una discrepancia de conductas, sino también de necesidades y de percepciones. Tu pareja parece necesitar seguridad y previsibilidad respecto a ese tema, mientras que tú necesitas sentir que mantienes un espacio de autonomía personal. Cuando esas dos necesidades se perciben como incompatibles, es fácil que las conversaciones se conviertan en discusiones repetitivas donde cada uno intenta defender su posición.

El consumo ocasional de sustancias como la cannabis o el MDMA puede tener significados muy diferentes según la historia personal de cada uno. Algunas personas lo viven con normalidad en contextos puntuales, mientras que otras lo asocian a experiencias negativas, a pérdida de control o a temores sobre la estabilidad de la relación. Por eso, muchas veces el conflicto no se resuelve solo hablando de la sustancia, sino explorando qué emociones o miedos hay detrás de la postura de cada uno.

En terapia de pareja suele trabajarse diferenciando tres niveles. El primero es el comportamiento concreto (consumir o no consumir). El segundo es el significado que cada persona le da a ese comportamiento. Y el tercero son las necesidades emocionales que están detrás, como seguridad, confianza, libertad o respeto por los propios límites.

Cuando una persona pide una garantía absoluta de que algo no ocurrirá nunca más, normalmente está intentando reducir una sensación de incertidumbre o miedo. El problema es que ese tipo de garantías totales a veces se sienten como una restricción fuerte para la otra persona, especialmente si percibe que se le pide renunciar a algo que forma parte de su autonomía.

Para avanzar en este tipo de conflictos suele ser más útil cambiar la pregunta de “quién tiene razón” por “qué necesita cada uno para sentirse respetado dentro de la relación”. A partir de ahí se pueden explorar acuerdos más matizados. Por ejemplo, hablar de contextos concretos, límites claros, transparencia o formas de generar confianza que no necesariamente impliquen una prohibición absoluta si para una de las partes eso resulta difícil de asumir.

También es importante considerar que en algunas parejas este tipo de diferencias pueden ser negociables, mientras que en otras tocan valores muy centrales. Cuando eso ocurre, el trabajo consiste en ver si existe un espacio intermedio que ambos puedan aceptar sin sentir que están renunciando a algo fundamental.

Cuando la discusión lleva meses repitiéndose sin encontrar salida, muchas parejas encuentran útil trabajar este tema en terapia de pareja. Un espacio guiado puede ayudar a que cada uno exprese lo que realmente le preocupa y a construir acuerdos que tengan en cuenta tanto la necesidad de seguridad de uno como la necesidad de autonomía del otro.
Lo que estáis viviendo es un conflicto muy común en pareja cuando entran en juego valores, miedos y necesidades distintas, y no significa que ninguno de los dos esté “equivocado”. Desde fuera puede verse con claridad que habláis de cosas diferentes: tú hablas de un consumo esporádico que no percibes como problemático ni definitorio de tu vida, mientras que tu pareja habla de seguridad emocional, control de la incertidumbre y necesidad de garantías para sentirse tranquila. El choque no es tanto por las sustancias en sí, sino por lo que representan para cada uno.

Para ella, tu consumo activa ansiedad e inseguridad, probablemente asociadas a experiencias previas, creencias sobre el riesgo o miedo a perderte. Desde ese lugar, pedirte una renuncia absoluta es una forma de intentar calmar su sistema emocional. Para ti, en cambio, esa exigencia se vive como una renuncia forzada a tu autonomía y a la posibilidad de decidir por ti mismo, incluso aunque ahora el consumo sea mínimo o inexistente. Cuando una relación se plantea en términos de “si me quieres, renuncia” frente a “si me quieres, acéptame”, el conflicto tiende a enquistarse.

Psicológicamente, el punto medio no suele encontrarse en promesas absolutas, sino en **acuerdos realistas y revisables**, donde ambos podáis sentiros respetados. Eso implica poder hablar no solo de qué consumes o con qué frecuencia, sino de qué necesita cada uno para sentirse seguro y priorizado en la relación. A veces el trabajo pasa por que ella pueda aprender a manejar su ansiedad sin depender de garantías imposibles, y por que tú puedas mostrar compromiso y cuidado sin sentir que pierdes tu libertad personal.

Cuando este tipo de discusiones se repiten durante meses, suele ser señal de que la pareja necesita un espacio más estructurado para entender qué hay debajo del conflicto y decidir si es posible construir un acuerdo que no deje a ninguno en una posición de sacrificio constante. No se trata de ganar la discusión, sino de ver si vuestros límites, valores y necesidades pueden convivir de forma sana.

Si os parece, podéis **reservar una cita conmigo** para trabajar este tema con calma y profundidad. En un espacio terapéutico es posible traducir este conflicto en acuerdos claros, reducir la carga emocional de las discusiones y valorar qué necesita cada uno para que la relación funcione sin que ninguno se sienta anulado.
Hola,

Por lo que describes, el conflicto parece estar menos en la sustancia en sí y más en cómo cada uno interpreta lo que significa. Para ti se trata de un consumo ocasional que no percibes como problemático; para tu pareja, en cambio, está asociado a inseguridad, miedo o pérdida de control en la relación. Cuando las percepciones son tan distintas, es fácil que ambos sintáis que estáis cediendo en algo importante.
En muchas parejas estos conflictos aparecen cuando entran en tensión dos necesidades legítimas: por un lado la autonomía personal y, por otro, la necesidad de seguridad o tranquilidad dentro de la relación. Cuando la única solución que se plantea es “todo o nada” (prohibición total o libertad total), suele ser difícil encontrar un punto de encuentro y las discusiones tienden a repetirse.
En estos casos puede ser útil abrir un espacio de diálogo más profundo para entender qué hay realmente detrás de la preocupación de cada uno (miedo, experiencias previas, valores personales, límites, etc.). A veces la ayuda de un profesional permite ordenar mejor estas posiciones, mejorar la comunicación y valorar si es posible construir acuerdos que ambos puedan sostener sin sentir que están renunciando a algo esencial.

Un saludo,
David
Buenas. Lo que describes es un conflicto bastante común en pareja: no tanto sobre el consumo en sí, sino sobre valores, seguridad y límites personales.

Para ti parece ser un uso muy ocasional que no percibes como problemático. Para tu pareja, en cambio, las sustancias activan miedo, inseguridad o una sensación de pérdida de control. Cuando ocurre esto, cada uno suele interpretar la situación de forma distinta:

- ella puede vivirlo como “si me quisieras, renunciarías a esto”,

- mientras que tú puedes sentir “si me quieres, confiarías en mi criterio”.

El punto clave es que ninguno de los dos está necesariamente equivocado, pero estáis intentando resolver el conflicto desde posiciones muy rígidas: prohibición total vs. libertad total.

En estos casos suele ayudar cambiar la conversación de “quién tiene razón” a “qué necesita cada uno para sentirse bien en la relación”. Por ejemplo, explorar preguntas como:

- ¿Qué es exactamente lo que le preocupa a ella cuando imagina que consumes?

- ¿Qué significa para ti mantener esa libertad, aunque sea algo muy puntual?

A veces el punto medio no pasa por una promesa absoluta, sino por acuerdos claros y realistas (contextos, frecuencia, transparencia, etc.), o por entender mejor qué emoción profunda hay detrás del conflicto.

Una pequeña pista útil en pareja: cuando una discusión se repite durante meses, normalmente no se está discutiendo solo sobre el tema visible, sino sobre necesidades emocionales (seguridad, autonomía, confianza).

Un saludo,
Pau Sastre
Buenos días. En realidad la discusión no parece girar entorno al consumo de sustancias sino más bien entorno a dos necesidades de cada uno de vosotros, legítimas pero que parecen chocar entre ambas. En lugar de centrarse en quién tiene razón y en lo relacionado con el consumo suele ayudar poder hablar qué hay emocionalmente detrás para cada uno de vosotros, cómo os sentís, qué temores, qué expectativas, etc. A veces, cuando el tema se repite mucho, trabajarlo en terapia de pareja puede facilitar encontrar un punto más equilibrado. Espero haberos ayudado. Un abrazo.
 María Inmaculada Muñoz Delgado
Psicólogo, Psicólogo infantil
Badajoz
Buenas;
Podeis seguir siendo felices sin estar de acuerdo en este aspecto por el que discutís y no es una necesidad encontrar acuerdo. Se puede estar en desacuerdo, es lícito. Tú prefieres tomar esas sustancias y ella prefiere que no las tomes.
El mayor problema surge por el valor que cada uno otorgais a las decisiones del otro. Si valoramos la decisión de comprometerte a dejar las sustancias como un ataque a tu libertad o como que no priorizas la relación según ella si las sigues consumiendo, entonces, es lógico que os sintáis cómo os sentís. Os hacéis pupa sin que eso tenga que ser el significado real de los hechos en sí. El hecho empírico es que el tomar esas sustancias resta salud, consume salud, dinero, tiempo .... esa es la realidad indiscutible ( casi indiscutible).
De verdad perdemos libertad si nos comprometemos a dejar esas sustancias?.. De verdad que el que decidas seguir consumiendo drogas equivale a poner la relación! en segundo lugar? Cada uno le dará el significado que quiera y ese significado es el que está haciendo daño. Son interpretaciones arbitrarias.
Se puede seguir siendo feliz asumiendo que no tenemos por qué pensar ni opinar de la misma forma en todo. Tú prefieres consumir y ella prefiere que no consumas y ya está. Yo te aconsejaría, por Salud, que las dejaras. Saludos.
Hola, gracias por compartir tu situación. Por lo que explicas, parece que el conflicto no gira solo en torno al consumo en sí, sino a lo que ese consumo significa para cada uno dentro de la relación. A veces, cuando los valores o los límites personales son diferentes en un tema concreto, puede aparecer la sensación de que uno tiene que elegir entre su libertad personal o la tranquilidad de la pareja.

En estos casos suele ser útil preguntarse si lo que cada uno necesita es compatible y si existe un espacio de diálogo donde ambos podáis sentiros escuchados sin que uno tenga que imponerse completamente al otro.

Cuando este tipo de desacuerdos se mantienen en el tiempo, puede ser interesante explorarlos con más profundidad para entender qué hay detrás de las posiciones de cada uno y qué opciones reales tiene la relación.

Si en algún momento sientes que te podría ayudar hablarlo con más calma, este tipo de temas se trabajan con frecuencia en consulta. Atiendo presencialmente en Tres Cantos (Madrid), también en formato online y a domicilio en la zona norte de Madrid.
 Lorena Zaky Menéndez
Psicólogo
Torrejón de Ardoz
Lo que estáis viviendo es un conflicto de límites, no de sustancias.
Cuando una persona pide una renuncia total, normalmente no está pidiendo control, sino tranquilidad.
Y cuando la otra persona se resiste, no está defendiendo la sustancia, sino su libertad interna.

Si seguís discutiendo desde “quién tiene razón”, vais a quedar atrapados en el mismo bucle.
Hola, gracias por compartir lo que te ocurre.

Como psicóloga clínica sanitaria puedo decirte que lo que describes suele aparecer cuando en la pareja hay valores o límites diferentes respecto a un tema sensible, en este caso el consumo de sustancias.

Para una persona puede vivirse como algo ocasional y bajo control, mientras que para la otra representa riesgo, inseguridad o miedo. El conflicto no siempre está solo en el consumo, sino en la necesidad de seguridad de uno y la necesidad de autonomía del otro.

En estos casos suele ser útil hablar no solo de la conducta en sí, sino de qué significa para cada uno y qué acuerdos serían realmente asumibles. A veces el trabajo en terapia de pareja ayuda a encontrar un punto de equilibrio o a clarificar expectativas.

Un saludo,
Pilar Rapela
"Tu psicóloga amiga"
Buenas, gracias por compartir la situación con tanta claridad.

Lo que planteas es un conflicto bastante habitual en pareja: no tanto sobre el consumo en sí, sino sobre valores, límites y necesidades diferentes.

Por un lado, para ti el consumo es ocasional y no lo vives como algo problemático. Por otro, para tu pareja tiene un significado emocional importante (ansiedad, inseguridad, necesidad de control o de garantía). Es decir, no estáis discutiendo solo sobre sustancias, sino sobre lo que eso representa para cada uno.

El punto clave aquí es que ambos estáis siendo coherentes con vuestra postura:

* tú no quieres comprometerte a una prohibición absoluta que no sientes
* ella necesita una seguridad que, tal como está planteada, pasa por esa renuncia total

El problema es que esas dos posiciones, tal como están ahora, son difíciles de compatibilizar sin que uno de los dos sienta que pierde algo importante.

Más que buscar quién tiene razón, puede ser útil explorar:

* qué significa exactamente para ella tu consumo (miedo, experiencias previas, sensación de pérdida de control…)
* qué significa para ti mantener esa libertad (autonomía, identidad, límites personales…)

A veces, cuando se profundiza en eso, aparecen opciones intermedias más concretas (acuerdos sobre contextos, frecuencia, transparencia…), pero no siempre es posible llegar a un punto que satisfaga completamente a ambos.

También es importante tener en cuenta que una relación no debería sostenerse a base de renuncias vividas como imposiciones por ninguna de las partes, porque eso suele generar malestar a largo plazo.

En estos casos, más que encontrar una solución rápida, el trabajo suele estar en ver hasta dónde cada uno puede ceder sin dejar de ser coherente consigo mismo.

Si os está resultando difícil salir de este bucle, la terapia de pareja puede ser un espacio útil para ordenar estas posiciones y buscar un encaje más realista.

No es que lo estéis haciendo mal; es que estáis ante un conflicto de base que requiere más comprensión que imposición.
Lo que describe parece situarse más en un conflicto de **límites, valores y necesidades dentro de la relación** que únicamente en el consumo en sí. A veces el problema principal no es la conducta concreta, sino el significado que cada miembro de la pareja le da: para una persona puede vivirse como algo puntual y controlado, y para la otra como una fuente importante de inseguridad o temor.

En estos casos suele ser importante poder hablar no solo de “consumir o no consumir”, sino de qué representa eso para cada uno: libertad, confianza, miedo, control o necesidad de seguridad. Encontrar un punto intermedio no siempre significa que uno ceda completamente, sino entender mejor qué necesita realmente cada uno para sentirse tranquilo dentro de la relación.

Si este tema lleva meses generando desgaste, puede ser útil abordarlo en un espacio terapéutico para facilitar una comunicación más clara y evitar que el conflicto se cronifique.

Un saludo.
Lo que estáis viviendo no es tanto un problema con las sustancias, sino un conflicto de valores y de seguridad dentro de la relación. Para ti el consumo es algo puntual, integrado y bajo control; para ella representa riesgo, pérdida de control o incluso una amenaza al vínculo. No estáis discutiendo sobre marihuana o MDMA, estáis discutiendo sobre qué es “seguro” y qué significa priorizar la relación.

Desde una mirada cognitiva, cada uno está interpretando la misma realidad de forma distinta. Tú lo lees como libertad personal sin impacto real; ella lo vive como algo que puede romper la estabilidad y le activa ansiedad. Y cuanto más intenta ella asegurarse (pidiéndote un “nunca más”), más tú sientes que pierdes autonomía. Ahí se genera un bucle muy típico: control vs. libertad.

Desde lo relacional, hay dos necesidades legítimas que chocan. Ella necesita certeza y previsibilidad para sentirse tranquila. Tú necesitas no sentirte limitado o condicionado de forma absoluta. El problema no es que uno tenga razón y el otro no, sino que estáis en extremos difíciles de conciliar si se plantean en términos rígidos.

El punto clave aquí no pasa por que uno ceda del todo, sino por cambiar el tipo de acuerdo. No se trata de una promesa absoluta (que además suele ser poco realista), ni de un “hago lo que quiero”. Se trata de construir confianza concreta: frecuencia, contextos, transparencia, límites claros. Por ejemplo, cuándo sí, cuándo no, en qué condiciones, qué información compartes… Eso suele bajar mucho la ansiedad sin exigir una renuncia total.

También es importante explorar qué hay debajo en ella. Muchas veces no es la sustancia en sí, sino el miedo a perderte, a que cambies, o a que algo se descontrole. Si eso no se pone en palabras, la discusión se queda en la superficie.

Y para ti, la pregunta no es solo “¿quiero mantener mi libertad?”, sino “¿qué estoy dispuesto a ajustar para cuidar el vínculo sin sentir que me pierdo?”.

No siempre hay un punto medio perfecto, pero sí puede haber un punto negociado donde ambos os sintáis suficientemente tranquilos, no completamente seguros.

Si os queréis y queréis que funcione, el trabajo no es convencer al otro, es entender qué necesidad profunda hay detrás de cada postura y construir desde ahí.
Hola cómo estás, mi nombre es Christian Maynard, soy psicólogo general sanitario. Te envío una breve devolución sobre tu consulta en la web de Doctoralia. Lo que puedo comentarte es que desde el enfoque de reducción de riesgos, el consumo problemático se entiende no como un fracaso moral ni únicamente como una enfermedad, sino como una práctica que puede generar daños físicos, psicológicos y sociales cuando se da en determinados contextos o de forma descontrolada. Este paradigma no busca imponer la abstinencia como única salida, sino acompañar a la persona a disminuir los riesgos asociados, promover un uso más cuidado y facilitar herramientas de autocontrol, información y acceso a redes de apoyo. La mirada está puesta en mejorar la calidad de vida y proteger la salud integral sin caer en juicios ni estigmatización.

Desde la psicología sistémica, el consumo problemático se analiza en relación con las dinámicas relacionales con su entorno (familiares, sociales y comunitarias) que lo sostienen o lo intensifican. Se entiende como un síntoma que comunica tensiones o desequilibrios en el sistema, más que como un problema aislado de la persona. La intervención, por tanto, se orienta a visibilizar las funciones que el consumo cumple dentro del entramado relacional —por ejemplo, unir o dividir a la familia, evitar conflictos, expresar malestar— y a generar cambios en los patrones de interacción. De este modo, reducción de riesgos y perspectiva sistémica se complementan: una busca minimizar los daños inmediatos y la otra comprender y transformar los vínculos que sostienen el consumo.
Espero haberte ayudado con tu consulta.

Expertos

Eduardo Carreira dos Santos

Eduardo Carreira dos Santos

Psicólogo, Psicólogo infantil

Barcelona

Ignacio Parra Viudes

Ignacio Parra Viudes

Psicólogo

Majadahonda

Beatriz Benitez de Lugo Matos

Beatriz Benitez de Lugo Matos

Psicólogo

Las Palmas de Gran Canaria

Jorge Cordi Brons

Jorge Cordi Brons

Psicólogo

Almería

Carlos Roig

Carlos Roig

Psicólogo

Barcelona

Preguntas relacionadas

¿Quieres enviar tu pregunta?

Nuestros expertos han respondido 74 preguntas sobre Drogadicción
  • Tu pregunta se publicará de forma anónima.
  • Intenta que tu consulta médica sea clara y breve.
  • La pregunta irá dirigida a todos los especialistas de Doctoralia, no a uno específico.
  • Este servicio no sustituye a una consulta con un profesional de la salud. Si tienes un problema o una urgencia, acude a tu médico o a los servicios de urgencia.
  • No se permiten preguntas sobre casos específicos o segundas opiniones.
  • Por cuestiones de salud, no se publicarán cantidades ni dosis de medicamentos.

Este valor es demasiado corto. Debe contener __LIMIT__ o más caracteres.


Elige la especialidad de los médicos a los que quieres preguntar
Lo utilizaremos para notificarte la respuesta (en ningún momento aparecerá en Doctoralia)

¿Tu caso es similar? Estos profesionales pueden ayudarte:

Todos los contenidos publicados en Doctoralia, especialmente preguntas y respuestas, son de carácter informativo y en ningún caso deben considerarse un sustituto de un asesoramiento médico.