Bueans!! Estoy en una relación en la que uno de los principales conflictos es mi consumo muy ocasion

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Bueans!! Estoy en una relación en la que uno de los principales conflictos es mi consumo muy ocasional de algunas sustancias (principalmente marihuana y, en contextos muy puntuales, MDMA). Para mí es algo esporádico y no siento que tenga un impacto negativo en mi vida personal, laboral o social.
Sin embargo, mi pareja lo percibe como algo muy problemático y le genera mucha ansiedad e inseguridad. Ella necesitaría que yo le garantizara que no volveré a consumir nunca más, mientras que yo siento que no puedo prometer algo así porque, aunque ahora no lo haga o lo haga muy raramente, tampoco quiero comprometerme a una prohibición absoluta.
Esto ha generado discusiones recurrentes durante varios meses, porque ella siente que no priorizo la relación si no renuncio completamente, y yo siento que tengo que renunciar a aspectos de mi libertad personal para que la relación funcione. Nos queremos y queremos que funcione, pero no conseguimos encontrar un punto medio que nos deje tranquilos a ambos.
¡Hola! Gracias por compartir la situación con tanta claridad.

Lo que describes es un conflicto relativamente frecuente en pareja: cuando dos personas tienen percepciones y límites diferentes respecto a un mismo tema (en este caso el consumo ocasional de sustancias), el malestar suele aparecer no solo por el comportamiento en sí, sino por lo que cada uno interpreta que significa para la relación.

Por un lado, es comprensible que para ti esté relacionado con tu autonomía personal y con algo que percibes como puntual y sin impacto en tu funcionamiento. Por otro lado, también es entendible que para tu pareja pueda activar preocupación, inseguridad o necesidad de mayor garantía de estabilidad.

En estos casos, el punto clave suele estar menos en “quién tiene razón” y más en poder entender qué necesidades emocionales hay detrás de cada postura: seguridad, confianza, libertad personal, previsibilidad, etc. A veces las discusiones se repiten porque ambos defendéis valores importantes para vosotros, pero sin llegar a encontrar una forma de integrarlos.

Suele ayudar mucho poder hablar de estos temas en un espacio más estructurado, donde se pueda explorar con calma qué significa este asunto para cada uno, qué límites son realmente importantes y qué acuerdos podrían ser realistas para ambos. En algunos casos, trabajar estas conversaciones con un profesional (individualmente o como pareja) facilita encontrar puntos intermedios que por vuestra cuenta resultan difíciles de construir.

Si lo consideráis útil, este tipo de situaciones se pueden abordar en consulta para entender mejor las necesidades de cada uno y buscar formas de gestionar el conflicto sin que la relación se desgaste.

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Lo que describes es un conflicto bastante común en las parejas cuando los valores o los límites respecto a ciertas conductas no coinciden. En vuestro caso no parece que el problema principal sea solo el consumo en sí, sino lo que cada uno interpreta que significa.

Para ti, el consumo ocasional puede representar algo puntual, ligado a contextos sociales o de ocio, y que no percibes como un problema en tu vida. Para tu pareja, en cambio, puede activar preocupaciones más profundas: miedo a la pérdida de control, a que el consumo aumente, a que afecte a la relación o incluso a valores personales muy claros respecto a las drogas. Por eso ella busca una garantía absoluta, porque eso le daría seguridad.

El punto difícil es que estáis pidiendo cosas que chocan entre sí:
• Ella necesita certeza total para sentirse tranquila.
• Tú sientes que prometer una prohibición absoluta sería renunciar a una parte de tu autonomía o hacer una promesa que no sabes si podrás sostener.

En este tipo de situaciones suele ser útil cambiar el enfoque de “quién tiene razón” a qué hay debajo de la postura de cada uno. Algunas preguntas que ayudan a avanzar son:
• ¿Qué es exactamente lo que teme ella que ocurra si consumes?
• ¿Qué representa para ti la posibilidad de consumir ocasionalmente?
• ¿Qué necesitaría cada uno para sentirse respetado en la relación?

A veces el punto medio no pasa necesariamente por un “sí” o un “no” absoluto, sino por acuerdos más concretos y realistas: por ejemplo, contextos donde sí o no ocurriría, transparencia sobre cuándo sucede, límites claros, o revisar si el consumo realmente es tan importante para uno como para el otro lo es la seguridad.

También es importante reconocer que en algunas parejas este tema toca valores personales muy profundos, y cuando los valores son muy distintos el conflicto puede mantenerse si no se aborda con mucha comunicación y comprensión mutua.

Si quieres, puedes pedirme cita online y te doy estrategias según tu caso que pueden ayudarte a gestionar mejor este tipo de desacuerdos en la pareja y encontrar una forma de hablar del tema que reduzca las discusiones.
Lo que describes es un conflicto bastante habitual en las relaciones de pareja cuando entran en juego valores personales distintos. No siempre se trata solo del consumo en sí, sino del significado que cada persona le da a ese comportamiento. Para una persona puede ser una práctica ocasional asociada a contextos concretos de ocio, mientras que para la otra puede representar riesgo, pérdida de control o inseguridad dentro de la relación.

Desde la psicología de pareja es útil entender que aquí no solo hay una discrepancia de conductas, sino también de necesidades y de percepciones. Tu pareja parece necesitar seguridad y previsibilidad respecto a ese tema, mientras que tú necesitas sentir que mantienes un espacio de autonomía personal. Cuando esas dos necesidades se perciben como incompatibles, es fácil que las conversaciones se conviertan en discusiones repetitivas donde cada uno intenta defender su posición.

El consumo ocasional de sustancias como la cannabis o el MDMA puede tener significados muy diferentes según la historia personal de cada uno. Algunas personas lo viven con normalidad en contextos puntuales, mientras que otras lo asocian a experiencias negativas, a pérdida de control o a temores sobre la estabilidad de la relación. Por eso, muchas veces el conflicto no se resuelve solo hablando de la sustancia, sino explorando qué emociones o miedos hay detrás de la postura de cada uno.

En terapia de pareja suele trabajarse diferenciando tres niveles. El primero es el comportamiento concreto (consumir o no consumir). El segundo es el significado que cada persona le da a ese comportamiento. Y el tercero son las necesidades emocionales que están detrás, como seguridad, confianza, libertad o respeto por los propios límites.

Cuando una persona pide una garantía absoluta de que algo no ocurrirá nunca más, normalmente está intentando reducir una sensación de incertidumbre o miedo. El problema es que ese tipo de garantías totales a veces se sienten como una restricción fuerte para la otra persona, especialmente si percibe que se le pide renunciar a algo que forma parte de su autonomía.

Para avanzar en este tipo de conflictos suele ser más útil cambiar la pregunta de “quién tiene razón” por “qué necesita cada uno para sentirse respetado dentro de la relación”. A partir de ahí se pueden explorar acuerdos más matizados. Por ejemplo, hablar de contextos concretos, límites claros, transparencia o formas de generar confianza que no necesariamente impliquen una prohibición absoluta si para una de las partes eso resulta difícil de asumir.

También es importante considerar que en algunas parejas este tipo de diferencias pueden ser negociables, mientras que en otras tocan valores muy centrales. Cuando eso ocurre, el trabajo consiste en ver si existe un espacio intermedio que ambos puedan aceptar sin sentir que están renunciando a algo fundamental.

Cuando la discusión lleva meses repitiéndose sin encontrar salida, muchas parejas encuentran útil trabajar este tema en terapia de pareja. Un espacio guiado puede ayudar a que cada uno exprese lo que realmente le preocupa y a construir acuerdos que tengan en cuenta tanto la necesidad de seguridad de uno como la necesidad de autonomía del otro.

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