Preguntas de pacientes (11)

  • Hola, somos 2 chicos en proceso de adopción desde hace 6 años, nos concedieron el certificado de ido

    Hola, somos 2 chicos en proceso de adopción desde hace 6 años, nos concedieron el certificado de idoneidad hace 2 meses y en los próximos meses se nos asignará un menor. Estos días nos han surgido muchas dudas, no sobre el proceso o lo que implica adoptar, sino sobre el deseo de ser padres y si en un futuro nos pudiéramos arrepentir de esta decisión. Intentamos alejarnos del ruido exterior, pero es complicado cuando recibimos bastante feedback negativo de otros padres sobre lo mucho que sufren y las cosas que han perdido.
    Necesitamos algo de ayuda para poder tomar una decisión más firme y adquirir herramientas que nos ayuden a ver qué es lo que realmente queremos nosotros.

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Garazi Gainzarain Martínez

    Creo que es importante empezar por reconocer algo: sí, criar puede ser complicado. Habrá momentos en los que sentiréis que perdéis libertad, tendréis que hacer esfuerzos, trabajar por desarrollar habilidades como la paciencia (más), cambiar planes, renunciar a algunas cosas... Vais a sentiros perdidos en algunos momentos, cometeréis errores y habrá días y etapas difíciles.

    También creo que es importante validar lo que escucháis de otras familias. Cuando alguien dice que está cansado, que echa de menos determinadas cosas de su vida anterior o que la crianza le está resultando muy difícil, no tenemos por qué pensar que está exagerando o que está viendo la maternidad/paternidad de una manera negativa. Está expresando lo que siente en un momento en el que necesita que alguien le escuche y valide su experiencia.

    Pero hay que diferenciar entre reconocer que la crianza puede ser difícil y asumir que, por eso, necesariamente vais a arrepentiros de ser padres. Es decir, por supuesto tenemos que reconocer que las dificultades forman parte de la crianza, pero podemos desarrollar habilidades y herramientas para pasar por ellas. Se pueden poner límites sin entrar constantemente en luchas de poder, comprender qué hay detrás de determinadas conductas, acompañar las emociones sin tener que resolverlas todas, reparar cuando nos equivocamos y aprender a cuidar también nuestras propias necesidades.

    No vamos a eliminar el cansancio, las preocupaciones o las renuncias, pero sí podemos hacer que muchas situaciones sean más llevaderas y menos solitarias, y construir una relación con vuestro hijo que compense lo anterior. Cada familia se organiza de manera que sienta que su funcionamiento se adapta mejor a minimizar todo esto.

    Además, ser padres no significa solo “criar y sacrificarse”, porque esto va por etapas y es cambiante. También significa formar una familia y tener vivencias como la consecución de hitos vitales juntos, hábitos y rutinas que pueden transmitir seguridad, experimentar un sentido de pertenencia y unos vínculos únicos…

    Respecto al miedo que estáis sintiendo, es totalmente válido, es una decisión importante. Es normal que después de tantos años y ahora que el momento empieza a hacerse real, aparezcan dudas. El miedo intenta protegernos ante algo que no conocemos, pero también puede jugarnos malas pasadas. Puede hacer que empecemos a imaginar únicamente los escenarios negativos, que demos más peso a las experiencias difíciles que escuchamos… Estáis ante una decisión importante y sois conscientes de que vuestra vida va a cambiar.

    Pero por otro lado, decidir no ser padres también puede ser una decisión muy válida y responsable. No existe una única manera correcta de construir una vida plena, y no continuar con el proceso no significaría haber fracasado. Significaría reconocer que, después de reflexionarlo, quizá vuestro proyecto de vida no pasa por la paternidad, lo cual merece el mismo respeto que la decisión de seguir adelante.

    Seguramente no os servirá de mucho buscar una respuesta que os de una certeza del 100%, porque es difícil que exista. Quizás podríais plantearos escenarios del tipo:

    “Si apartáramos durante un momento el miedo a equivocarnos, a perder libertad, a cansarnos o a arrepentirnos, ¿qué querríamos elegir?”

    “Si supiéramos que no vamos a ser padres, ¿cómo pensamos ahora que nos sentiríamos dentro de unos años? ¿Qué creemos que habríamos ganado y qué sentimos que hemos perdido?”

    Las dos opciones tienen cosas que ganar y cosas que perder. Sois vosotros quienes tenéis que decidir cuál de esas dos vidas se parece más al proyecto de vida que queréis construir. Lo que debéis cuidar es que esa decisión no la tome el miedo ni las experiencias de otras familias (sean buenas o malas), pero tampoco la presión de los seis años que lleváis en este proceso si ya no pensáis como al inicio, ni la evaluación de idoneidad… sino vosotros, ahora, en este momento con vuestras circunstancias actuales.

    Ánimo chicos, fuerza para este periodo de reflexión tan importante


  • Mi hija de 3 años que no fue a guardería me dicen que está muy madura y la niña me pregunta si van a

    Mi hija de 3 años que no fue a guardería me dicen que está muy madura y la niña me pregunta si van a colorear y me dice que no quiere hacerlo. Dice la maestra que se cansa y se aburre y se sale de clase es normal en esa etapa?

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Garazi Gainzarain Martínez

    En la etapa de educación infantil es normal observar gran variabilidad de niveles entre el alumnado, sobre todo en el aula de 3 años. Hay muchos factores que influyen: desde una estimulación temprana intensa en el ámbito familiar hasta un desarrollo más precoz como característica individual del niño o la niña. Hay alumnado con un lenguaje verbal muy desarrollado, o una capacidad psicomotriz tanto gruesa como fina que le permite hacer cosas que quizás sus iguales aún están practicando. De la misma manera, hay niños y niñas que llegan sin controlar bien los esfínteres o con una vocalización que puede ser incluso difícil de entender. A esa edad la atención es corta, necesitan moverse y elegir, y además cada criatura tiene ritmos, intereses y necesidades sensoriales distintos. Es difícil determinar el origen o la causa y establecer un criterio de si es normal o no, y más con solo 3 años de edad. A veces, cuando pasan unos meses de haber empezado el curso, las capacidades se van igualando entre compañeros/as y las diferencias son menores. Otras veces, quien tiene que destacar por encima o por debajo de la media se mantiene y se puede entender mejor si tiene otras necesidades específicas de apoyo educativo. Para esto, creo que es importante tener en cuenta los siguientes aspectos:

    1. La magnitud de la interferencia; es decir, en el caso de tu hija, si ese aburrimiento o negativa a hacer cosas que le cansan le supone un rechazo a los aprendizajes del aula en general y a ir a la escuela.
    2. La vigilancia de la maestra, que por suerte está atenta a las señales y ya os ha comentado que ve algo que, de momento, la hace diferenciarse del resto de sus compañeras/os.
    3. La atención a esas necesidades que ya muestra la niña. Por suerte, la etapa de educación infantil es muy flexible, y dependiendo de la metodología que se utilice en el centro educativo se puede atender por niveles a todo el alumnado de manera muy inclusiva. Mientras unos están coloreando un dibujo sencillo con ceras gruesas, quienes tienen una motricidad fina más desarrollada pueden coloreas un dibujo con más detalles y ceras finas, por ejemplo. O si algunas hacen un puzle de encajar figuras de animales, otras pueden hacer puzles de varias piezas. Cuentos y libros con más o menos texto, diferentes texturas, papel, cartón... Se trata de ofrecer diferentes alternativas para desarrollar el potencial de cada una/o.

    No es raro ni “malo” que una niña de 3 años que no fue a guardería muestre esa madurez en algunos aspectos y, al mismo tiempo, poca tolerancia a actividades largas y estructuradas. Si la maestra está pendiente, es muy probable que ya haga el trabajo de observar todos estos puntos y considerar con el resto del equipo docente cuándo es necesario realizar una evaluación sociopsicopedagógica por parte del equipo de orientación del centro educativo, para determinar el nivel de desarrollo evolutivo y considerar a partir de ahí si es normal o no.


  • Mi hija de 3 años no fue a guardería. Ha tenido periodo adaptación de 11:30-2 durante 3 semanas . Ah

    Mi hija de 3 años no fue a guardería. Ha tenido periodo adaptación de 11:30-2 durante 3 semanas . Ahora ya va de 9-2 . Con profesores nuevos como el de inglés , la de religión , el de psicomotricidad etc... Tiene miedo a todo y llora que no quiere ir al colegio de despierta de madrugada llorando. Es normal esa etapa y que podría hacer

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Garazi Gainzarain Martínez

    Entiendo la angustia que puede generarte este momento. He trabajado durante muchos años en colegios como psicóloga y orientadora educativa, y siempre he realizado el apoyo durante el periodo de adaptación de 3 años de infantil. He visto alumnado que se adapta fácilmente, pero hay casos que les cuesta mucho más, y la verdad es que tanto docentes como familias sufrimos al ver el malestar de los/as pequeños/as.

    Puede que mi opinión no sea muy popular para algunas personas docentes o equipos directivos, pero creo que hay que respetar los tiempos de cada personita en la infancia. Quizás tu hija necesite un periodo de adaptación propio, más largo, una entrada más relajada en la escuela. Es un cambio MUY GRANDE, un entorno nuevo, con personas nuevas, con materiales y estímulos nuevos (a veces en exceso), y hay que entender que ella es muy pequeña. No puede ser que no estemos atendiendo a ese síntoma tan claro de despertarse en mitad de la noche llorando por no ir. No será eterno, necesita tiempo, pero se lo tenemos que dar y ponerle fácil la situación.

    Si te lo puedes permitir, yo te recomiendo que la lleves solo unas horas al día de momento y lo vayas alargando un poco cada semana, según los tiempos que ella vaya marcando. Tendrías que acordarlo con el colegio, pero no deberían poner problema si la ansiedad de la niña es tal.
    Mi opinión es que las familias tendrían que poder estar acompañando dentro del aula al mismo tiempo, sin interactuar con el resto del alumnado, pero es difícil que eso lo acepten desde el colegio.

    Dicho esto, también puntualizar que no todo vale. Es decir, tenemos que poner atención a cómo gestionamos las personas adultas estas crisis ante la niña. Está bien respetar los tiempos, pero no debemos reforzar la conducta de evitación o de ansiedad. Aunque parezca imposible, no lo es. A los 3 años la infancia necesita previsibilidad, contención y figuras que co-regulen. Debemos ser ejemplo de regulación, es decir, no colapses delante de ella; si percibe en ti desregulación emocional y no recibe la seguridad que necesita, no entenderá la escuela como un lugar seguro y su miedo permanecerá (por ejemplo, que no te vea irte llorando al dejarla en el cole, no le digas cosas como "no me hagas esto", "si lloras mamá se va muy triste"). Revisa las rutinas, que no sean inestables, que sean predecibles y no aumenten su ansiedad (suficientes horas de sueño, deja la ropa y el desayuno lo más preparado posible por la mañana, despertad pronto, que tengáis tiempo de ir tranquilas). No hagáis las despedidas eternas, eso hace que la angustia sea más larga porque mantiene la esperanza de irse contigo; valida su emoción, repítele que pronto vas a volver, y despídete con calma sin regateos. No condicionar la asistencia a recompensas o amenazas y describir logros (“has entrado hoy; has sido muy valiente”).

    Todo esto desde luego ha de estar mediado por la conexión y el cariño: sostén, abraza, contacta... Dale seguridad con tus palabras y tu cuerpo. Habla con el colegio a ver si puede llevar un objeto de transición (un muñequito, una foto, un sello o una marca en la mano que le pongas tú...). Podéis hacer historias sociales y juego simbólico, contad la mañana del cole en primera persona y con detalles o jugad con muñecos que van al cole y vuelven felices; dramatizar permite procesar emociones; cantad canciones del colegio en casa...

    Lo más importante es que ella se sienta segura y que el colegio y la familia vayáis a la par.

    Espero que todo mejore pronto. Mucho ánimo!


  • Hola tengo una niña de 11 años,ella es muy sociable,va bien en sus estudios,le gusta salir con sus a

    Hola tengo una niña de 11 años,ella es muy sociable,va bien en sus estudios,le gusta salir con sus amigas ,en casa no existe problema alguno..
    El problema es a la hora de dormir fuera de casa,le crea una ansiedad que es imposible,no sé puede ir a su viaje de estudios por ese problema,ni dormir en casa de nadie..
    Ella en casa se relaja para dormir con un poquito musica, pero de dormir fuera nada de nada..

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Garazi Gainzarain Martínez

    Lo que explicas es más habitual de lo que parece. Entiendo que os parezca que no debería ser así, teniendo en cuenta lo sociable que es y que no existen problemas con ella en general. Pero el momento de dormir tiene más que ver con otros factores. No quiere decir que ella no tenga interés en disfrutar de su viaje, o en pasar una noche en casa de amigas/os. Algo en ella se activa cuando se plantea la idea de dormir fuera y salir de su zona de confort, alejarse de sus figuras de apego y de su casa que siente como lugar de seguridad. Dormir implica "exponerse" al peligro y algunas personas (sobre todo en la infancia y la adolescencia) necesitan asegurarse de que todo va a estar bien. Dormir fuera exige al organismo estar menos “seguro” del entorno, y eso puede activar vigilancia, pensamientos anticipatorios y síntomas físicos de ansiedad (palpitaciones, náuseas, tensión), que impiden conciliar, y nadie queremos pasarlo mal cuando dormimos (o más bien, cuando "no dormimos").

    También podríamos estar hablando de varios escenarios: desde una ansiedad por separación de las figuras de apego hasta miedos nocturnos (aunque en casa decís que funciona bien). Para ello sería necesario evaluar otros aspectos: frases como “¿y si a mamá le pasa algo?”, anticipación días antes, somatizaciones (dolor de barriga, náuseas), llamadas/comprobaciones repetidas y angustia en otros contextos de separación (despedidas del cole, quedarse con otro adulto); si la queja se refiere al lugar/la noche (oscuridad, monstruos, ruidos), aparece sobre todo al acostarse, incluye rituales para “controlar” la oscuridad y durante el día la niña tolera estar lejos sin problemas; pueden coexistir ambas cosas, si hay mezcla alta en ambas áreas, es probable que ambos factores contribuyan.

    Os recomiendo que no la obliguéis a dormir fuera, tampoco forcéis situaciones que la empujen a hacerlo. No la hagáis sentir mal por no poder dormir fuera de casa, estoy segura de que si pudiera elegir lo haría diferente. Intentad que no os perciba como demasiado preocupados o decepcionados, no hagáis comentarios o reprimendas que la puedan hacer sentir culpable o responsable de vuestro malestar. Por el contrario, validad sus emociones, sentimientos, necesidades y hacerla sentir segura, comprendida y en confianza cuando habléis de este tema, porque ella necesita sentir que puede contar con vosotros y confiaros sus pensamientos y necesidades (y más ahora que está entrando en la adolescencia). Mostradle vuestro apoyo y la disposición a ayudarla. En este sentido, teniendo en cuenta que cada vez será más limitante y se irá perdiendo más cosas por no poder salir a dormir fuera, os recomiendo que contactéis con algún especialista que os ayude a llevar esta situación. Os pueden proponer una exposición gradual (salir a dormir a casa de algún familiar, a casa de alguna amiga con uno de vosotros en la misma casa, dormir fuera con algún objeto de apego o con la certeza de que podrá llamaros a mitad de noche si necesita volver...), pueden explorar el origen y trabajarlo, la forma que la familia tenéis de gestionarlo, etc. Con paciencia, implicación y acompañamiento, estas situaciones suelen mejorar.

    Mucho ánimo.


  • Hola, quiero saber si es normal que un bebé de 18 meses tenga tanta rabia, llore con mucha fuerza y

    Hola, quiero saber si es normal que un bebé de 18 meses tenga tanta rabia, llore con mucha fuerza y se tire hacia atràs, también se golpea fuerte la cabeza con ambas manos, nos pega cachetadas o manotazos, suele suceder la mayoria de las vecea cuando le decimos que no ante peligros, y también de la nada, necesitamos orientación.

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Garazi Gainzarain Martínez

    Las rabietas pueden resultar muy abrumadoras. Deciros que habitualmente empiezan alrededor de los 12 meses y justamente se hacen más frecuentes entre los 18 meses y los 2 años de edad. Normalmente, entre los 2 y los 3 años se hacen más intensas, y a partir de aquí empiezan a disminuir tanto en frecuencia como en intensidad.

    Todo esto tiene una explicación lógica y muy sencilla: está directamente relacionado con la capacidad a esas edades para expresar necesidades y la evolución del lenguaje, que todavía no está suficientemente desarrollada. Además, tampoco está desarrollado el autocontrol y la gestión de las emociones. Digamos que es su manera de mostrarnos que hay alguna necesidad que quieren satisfacer, que no siempre tiene que referirse a algo grave. Puede ser una necesidad básica (hambre, sueño, frío, calor...), puede ser un deseo (desplazarse, coger o tener algo, probar un límite, ver cómo reacciona un objeto cuando lo tiro al suelo...), puede ser su manera de expresar una frustración, etc.

    Pero hay algo que tenemos que tener claro: si es una rabieta como conducta habitual, nunca viene de la nada. Antes ha habido algún detonante, otra cosa es que las personas adultas no sepamos identificarlo. Además, la manera en la que esas rabietas se hacen más intensas o frecuentes suele depender de las reacciones que tenemos respecto a esa conducta tanto antes como después y del temperamento del niño/a. Me refiero, por una parte a la prevención, por ejemplo, a través de las rutinas o la manera que tenemos de comunicarnos; y por otra parte, sin hablar de trastornos del desarrollo, hay niños/as que van a manifestar sus emociones de una manera más intensa y frecuente que otros/as, simplemente por su "forma de ser" y su "genética". Pero las personas adultas somos las encargadas de modularlo y modelarlo.

    Golpearse la cabeza a veces es una forma de liberar tensión o autoconsuelo (ritmo propio) o una reacción sensorial. Pegar o dar manotazos suele aparecer cuando el niño no sabe expresar su disgusto de otra forma. No lo hace “a propósito para portarse mal”, sino porque aún está aprendiendo límites sociales y a regularse.

    Para poder responder a si es normal o no, hace falta más información, por ejemplo: cuándo empezaron las rabietas por primera vez o si desde bebé lloraba mucho; cuánto tiempo duran las crisis, la frecuencia o si hay un patrón horario; qué suele preceder a la rabieta (¿qué suele hacer el adulto en los segundos previos? advertir, decir “no”, reírse, negarle algo, retirarse... ¿podemos identificar patrones anticipatorios o "advertencias" de que va a reaccionar así? ¿cómo respondéis a eso?), cómo actuáis durante la rabieta, qué sucede después, cómo lo calmáis; cómo son las rutinas (¿podría deberse a factores fisiológicos o emocionales?); antecedentes médicos y familiares; cómo son sus patrones de comunicación, interacción y relación con iguales y personas adultas, etc. Haría falta realizar un registro durante unas semanas para observar si aparece un patrón y poder hacer de la situación algo más comprensible y manejable.

    Ya que, tal y como os comento, falta tanta información, os recomiendo consultar con pediatría para descartar otras condiciones del neurodesarrollo que pudieran estar influyendo. Es más, si observáis señales de alarma como que las rabietas son tan intensas que se hace daño o pierde el conocimiento; si deja de hablar o de usar gestos que ya tenía; si no responde al nombre o apenas busca contacto visual; si repite movimientos de forma constante sin calmarse con el consuelo, o si todo empezó de manera repentina y distinta a como era antes, plantearía consulta con neuropediatría.

    Hasta que acudáis a consulta especializada, os recomiendo lo siguiente: mantener la seguridad del niño durante la rabieta; establecer rutinas; dar aviso antes de situaciones que puedan ser conflictivas ("cuando acabemos de jugar vamos a bañar", "cuando se acabe el cuento apagamos la luz y a dormir"); durante la rabieta voz calmada, contención física si el niño lo permite, abrazo; después, dar cariño, sostener y dar seguridad, validar y nombrar la emoción ("estabas muy enfadado porque no te he dejado tirar los juguetes, pero en lugar de tirarlos al suelo los podemos tirar a la caja de guardar, así"); registrar cuándo pasa (hora, qué pasó antes, cuánto dura, qué pasa después) y observar si hay un patrón y ajustar.

    Mucho ánimo.


  • Tengo un niño de 9 años y va al fútbol por qué es un deporte que aparentemente le gusta. Pero no sab

    Tengo un niño de 9 años y va al fútbol por qué es un deporte que aparentemente le gusta. Pero no sabe jugar muy bien, hay niños que se burlan de él y lo machacan por que sabe jugar. Por más que le decimos que pase de ellos, pero él no tolera y se frustra el no poder hacerlo jugar fútbol en condiciones. Y por ese motivo quiere dejarlo por estos niños. Que debería hacer sacarlo del fútbol? O que aprenda a lidiar con las críticas?

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Garazi Gainzarain Martínez

    Entiendo lo complicada que resulta la situación. Habitualmente nos han enseñado que lo más inteligente es cumplir con el "a palabras necias, oídos sordos". Pero exponer a un niño al acoso en un entorno poco amable, poco respetuoso e intolerante con sus circunstancias no es lo adecuado. Los demás niños tendrían que ayudarle a jugar cada vez mejor si son un "equipo", es la esencia de los deportes de equipo, no humillarlo. Tenemos que plantearnos qué valores y qué capacidades queremos desarrollar en nuestros/as hijos/as. Es decir, ¿queremos que se conforme con participar en un grupo en el que no se están portando bien con él?, ¿queremos que aprenda a "tolerar" (más bien, normalizar) las faltas de respeto?, ¿queremos que ignore sus propios sentimientos, emociones y necesidades?, ¿que vea que los niños que le tratan mal no tienen ninguna consecuencia y se sienta cada vez más frustrado e indefenso? o por el contrario, que aprenda a alejarse de entornos y personas que no son buena compañía, que busque soluciones cuando alguien se sobrepasa con él, que sepa poner límites a aquellas personas que son injustas con él... que escuche sus propias necesidades y reconozca sus emociones, sentimientos, y sepa actuar en consecuencia...

    Creo que tenemos que replantearnos la manera que tenemos de atender a las necesidades emocionales de los/as hijos/as. Es desde la familia y desde casa el primer lugar donde tienen que percibir que lo que sienten, importa.

    Hay un problema, que has planteado muy claramente: él no sabe jugar bien al futbol, pero aún siendo un deporte que le gusta, está apuntado a una actividad extraescolar en la cual no está ni disfrutando ni aprendiendo a jugar mejor. ¿Cuál es el sentido real de que se mantenga ahí? Focalicemos, el problema no es que él no sepa lidiar con las críticas, es que está lidiando con faltas de respeto, y justamente lo está haciendo bien, os está pidiendo ayuda. Lidiar con la crítica es que yo acepte que me digan en qué puedo mejorar y me aporten alternativas o soluciones para que lo pueda conseguir, no que se rían de mí indefinidamente. Eso no se puede tolerar.

    Ante este problema, simplemente, busquemos una solución. Valorad: ¿Sigue disfrutando del deporte? ¿El coste emocional supera el beneficio de seguir? ¿Hay otras actividades que le gusten? ¿Otros lugares en los que apuntarse a fútbol?

    Con él, importante, conectad. Lo primero es validar lo que siente vuestro hijo: decidle que tiene sentido que se sienta herido y frustrado. Entrenad habilidades asertivas, no solo “aguantar”, practicad situaciones concretas en casa ("no me gusta que te rías de mí, déjame jugar tranquilo, estoy aprendiendo", pedir ayuda al entrenador...). Reforzad lo que hace bien y el esfuerzo, evitad centrar demasiado la conversación en “si gana o no”, comentad el esfuerzo, progreso... Hablad también con el entrenador para que supervise las dinámicas del grupo y promueva la inclusión, porque si las burlas persisten y le generan ansiedad, evitación o un deterioro del ánimo, dejar el fútbol es una opción legítima y protectora (no un fracaso).


  • Por supuesto lo primero que hicimos fue llevarla a su pediatra la acaba de valorar una neuropediatra

    Por supuesto lo primero que hicimos fue llevarla a su pediatra la acaba de valorar una neuropediatra y ve todo correcto
    Me gustaría saber si sabe de algún caso en psicología infantil que aya pasado esto de un día para otro,tartamudez de repente una niña de 3 años que hablaba genial hasta pronunciación perfecta,si puede estar relacionado con algún trauma y si esto tendría cura no conocemos ningún caso y estamos preocupados

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Garazi Gainzarain Martínez

    Entiendo totalmente vuestra preocupación, es muy desconcertante cuando algo así aparece de repente, sobre todo en una niña que hasta ahora hablaba con tanta fluidez. Lo que contáis, un inicio brusco de tartamudez en torno a los 3 años, tras haber hablado perfectamente, puede resultar alarmante, pero afortunadamente es algo que vemos con bastante frecuencia en esta etapa del desarrollo.

    Tal y como preguntáis, personalmente puedo responderos que, en mi practica profesional sí que me he encontrado con varios casos de ese tipo. No pasa siempre como una etapa básica del desarrollo a cada niño/a, pero puede suceder. En muchos casos no está relacionado con ningún trauma, sino con un momento de reorganización del lenguaje: el cerebro infantil está haciendo un gran salto para integrar frases más largas y estructuras más complejas, y a veces el sistema motor del habla “se atasca” temporalmente.

    Es positivo que tanto la pediatra como la neuropediatra hayan visto todo correcto. Lo más importante ahora es mantener un clima de calma y confianza cuando ella habla: escucharla sin prisas, no corregirla ni anticipar sus palabras, y transmitirle que lo que quiere contar es valioso, más allá de cómo le salgan las palabras.

    En la mayoría de los casos, este tipo de tartamudez tiende a mejorar de forma progresiva en semanas, especialmente cuando el entorno acompaña con serenidad.

    Como os comenté en la anterior pregunta, hay señales de alarma que sí podrían indicar que no se trata de una evolución normal. Por ejemplo:

    - Que pasen varios meses sin mejora, o que cada vez se atasque más.
    - Que haga mucho esfuerzo físico para hablar (cara tensa, cuello rígido, respira fuerte).
    - Que empiece a enfadarse o evitar hablar por miedo a que le pase.
    - Que repita o bloquee cada vez más o durante más tiempo.
    - Que mantenga movimientos asociados (muecas, giros de cuello, parpadeos) más allá de unas semanas.
    - Que vosotros notéis que se siente mal o deja de disfrutar de comunicarse.
    - Que haya perdido interés por comunicarse, evite mirar a los ojos, no responda al nombre o deje de disfrutar del juego y la interacción.

    Si pasado un tiempo prudencial no veis mejora o ella empieza a frustrarse, entonces puede ser útil pedir una valoración por psicología o logopedia infantil para trabajar pautas específicas, o una segunda opinión por especialistas del ámbito clínico como ya habéis hecho. De momento lo prioritario es reducir la tensión y normalizar la situación.


  • Mi hija está apunto de cumplir 3 años y de repente tuvo un episodio fuerte de tartamudez junto con m

    Mi hija está apunto de cumplir 3 años y de repente tuvo un episodio fuerte de tartamudez junto con mucha tensión muscular en cara y cuello movimientos de cuello y desde ese día no deja de tartamudear,una niña que antes hablaba perfectamente y fluidamente..a dejado de hacer tantos tics faciales pero el tartamudeo sigue y estamos muy preocupados

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Garazi Gainzarain Martínez

    Es muy angustioso, lo entiendo. Hay que saber que la tartamudez que aparece entre los 2 y 5 años suele estar relacionada con el desarrollo evolutivo: durante los “picos” del desarrollo del lenguaje muchos niños y niñas presentan periodos de disfluencia antes de integrar nuevas estructuras y volver a la fluidez. Sin embargo, si la disfluencia persiste, empeora, va acompañada de mucha tensión, movimientos anómalos o afecta al bienestar del niño, conviene valoración profesional y, si procede, intervención temprana. Lo que podéis hacer ahora es:

    - Mantener la calma y no mostrar preocupación visible frente a la niña.
    - Darle tiempo para hablar: escuchad con atención y esperad a que termine.
    - Comentad el contenido de lo que dice, no la forma: “¡Qué bien que me cuentas tu dibujo!” en vez de “Habla más despacio”.
    - Evitad corregir, acabar sus frases o pedirle que “respire” o “hable más despacio”. Eso suele aumentar la tensión, que es justamente lo que queremos evitar.
    _ Podéis decirle: “Tómate tu tiempo, mamá/papá te escucha”, “Me gusta lo que me cuentas”, “No pasa nada, a veces las palabras salen con tropiezos”.

    Pediría consulta si ocurre cualquiera de estas cosas:
    - La tartamudez no mejora o empeora tras unas semanas/meses.
    - La niña muestra mucha tensión facial/respiratoria o conductas de evitación, se frustra o evita hablar.
    - Hay antecedentes familiares de tartamudez.
    - Aparecen otros signos neurológicos (p. ej. problemas para tragar, descontrol motor marcado) o los movimientos (tics) persisten/son prominentes.

    A quién acudir y por qué

    - Pediatra: para valoración inicial y, si procede, derivación a logopeda (o servicio de Atención Temprana / Salud Infantil).
    - Logopeda: evaluación específica de la fluidez, tensión y recomendaciones de intervención.
    - Neuropediatra/Neurología o Salud Mental infantil sólo si hay otros síntomas neurológicos relevantes o tics muy prominentes que no mejoran. Estudios muestran que tics y problemas de fluidez pueden coexistir y requieren valoración conjunta.

    En resumen, es bastante habitual que niños entre 2–5 años pasen por periodos de tartamudeo mientras su lenguaje y coordinación motora se desarrollan; la mayoría mejora sola. Por eso vigilamos, aplicamos estrategias en casa para reducir la presión al hablar y pedimos valoración por logopedia si no hay mejora en unas semanas/meses o si la niña se frustra o muestra mucha tensión.


  • Hola tengo una niña que va a cumplir 4 años y estoy gestando por el momento, pero mi hija aveces sue

    Hola tengo una niña que va a cumplir 4 años y estoy gestando por el momento, pero mi hija aveces suele llorar sin motivo alguno y le cuesta seguir indicacioneso cuando le negamos algo que ella quiere¿ Es normal? ¿Como podría ayudarla? Porque muchas veces ya a su papá y a mi se nos va la paciencia.

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Garazi Gainzarain Martínez

    Entiendo que se puede acabar la paciencia cuando se está ante una situación que es frustrante y no sabemos cómo manejar.

    Por una parte, cuando un niño o niña llora, no es sin motivo alguno, igual que si se comporta de forma que las personas adultas consideramos inadecuada, no es por nada o porque sea "mala". Algo está sintiendo, experimentando, vivenciando... que le hace sentir emociones como frustración, tristeza y seguramente ira o rabia.

    Por otra parte, puede que tenga que ver con el embarazo, o con la dinámica relacional que existe en casa... La manera de comunicaros con ella o lo que se hace antes y después de sus "rabietas" (las cuales pueden ser adecuadas a la edad, por cierto). A los 3-4 años las capacidades para autorregular emociones siguen en desarrollo: el lenguaje para decir lo que sienten mejora, pero las emociones fuertes (frustración, rabia, celos, cansancio) a menudo “se desbordan”. Además, estar embarazada y la expectativa de un bebé puede aumentar inseguridad o regresiones (más llanto, exigencia de atención). También las personas adultas están más nerviosas por lo que va a venir y suelen darse cambios en el entorno (cambios en la casa, compras para el bebé, cambios en el cuerpo y en la energía de mamá...). Todo eso es habitual, pero necesita acompañamiento tierno y límites claros.

    Tenemos que entender la actitud de vuestra hija como un síntoma de algo que ella está viviendo de manera incómoda. Es su forma de comunicarnos que hay algo que no está bien para ella. De forma que tenemos que sentir compasión y responsabilidad por ayudarla a que se encuentre mejor.

    A pesar de que falta mucha información para determinar el motivo por el cual la pequeña se desborda, os animo a que probéis lo siguiente (recordad que sois sus principales referentes y si vosotros perdéis la calma y os desreguláis es imposible enseñarle a ella a mantenerse en calma y tranquila cuando se siente mal):

    Antes de pedirle que se calme, conectad con ella: agachaos a su nivel, bajad la voz, miradla y nombrad lo que veis (“Veo que estás muy enfadada…”), y ofreced contacto o cercanía si lo acepta; poned palabras a la emoción (“estás triste porque no podemos comprarlo ahora” o “¿probamos a soplar como un dragón?”) para ayudarle a regularse. Marcad límites con ternura (“Veo que quieres X. No podemos ahora. ¿Prefieres A o B?”), ofreced pequeñas elecciones para devolverle control y usad rutinas y avisos de transición (“en 5 minutos recogemos”). Una caja o rincón de calma (peluche, libro, botellita de calma, objetos de seguridad para ella...) donde acudir cuando la situación se desborda, acompañada de mamá o papá (no un aislamiento o castigo). Retiraos y manejad la paciencia en pareja (por ejemplo, con turnos cuando uno de los dos siente que no va a responder bien y una señal breve el uno al otro), y en momentos de tensión usad frases cortas como “Ahora no puedo, voy a respirar y vuelvo” o “En un minuto te escucho", pero sin hacerla sentir abandonada.

    Es complicado, lo entiendo, pero es importante que rompáis el ciclo de malestar para recuperar el buen vínculo y la calma en familia.

    Mucho ánimo!


  • Mi hija de 10 años está teniendo problemas de bullying en el colegio. Es una situación bastante comp

    Mi hija de 10 años está teniendo problemas de bullying en el colegio. Es una situación bastante complicada puesto que a pesar de que se ha puesto el protocolo anti acoso, yo soy la que estoy recibiendo mensajes muy hirientes de las otras madres. Y yo la verdad no se ya ni cómo actuar.

    Por un lado mi hija ha estado recibiendo lo típico del bullying: la han empujado hacia un niño y se han burlado de ella diciendo que el niño se "LA HA METIDO", le han roto sus dibujos y se lo han tirado a la papelera indicándole que ella no es parte de la clase. Cada vez que se acerca a alguna niña para hablar, viene el grupito y le ordena al que sea que no hable con ella. Le han amenazado con que va a limpiar el recreo con la lengua. etc etc. Me di cuenta de que algo iba mal porque dejó de comer. Al principio la llevé al pediatra , pero no encontraban nada que pudiera explicar y ya poco a poco le noté que lloraba en sueños (somatizaba) y se levantaba súper cansada. La he llevado a psicólogo, pero noto que ella necesita algo más porque me pide ayuda porque se siente sola en clase, etc. etc.

    Yo por mi parte he ido a dirección y he puesto escrito y se ha actuado el protocolo antiacoso. Sin embargo he estado recibiendo muy malas contestaciones de los padres involucrados: Me han llegado a decir que mi hija es una muñequita de cristal a la que no se le puede ni tocar, ni soplar. Que todos los problemas que tiene mi hija, se los he dado yo, por hacer el problema más grande de lo que es. Que son cosas de niños. Me han dicho que yo debería quitar a mi hija del colegio, porque sus hijas se las está coaccionando para que convivan en el aula con la mía. He informado al centro de todos estos mensajes para que sean conscientes. Sin embargo, no me han dicho absolutamente nada de que se hayan metido estas frases en el protocolo.

    La verdad es que yo me siento bastante afectada ahora mismo por toda la situación y bastante abrumada. Hay algo más que debería hacer?

    Gracias

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Garazi Gainzarain Martínez

    Siento que estéis pasando por esta situación, la experiencia que he tenido con otras familias me dice que es muy angustiante. Por esa razón, es importante acabar cuanto antes. Es dañino para la salud mental de tu hija que siga recibiendo esas agresiones en su día a día en la escuela.

    Seguid con el seguimiento del pediatra y del psicólogo. Señales de alarma: empeoramiento del sueño, ingesta, aislamiento... Ante cualquiera de estas señales, contactad con el profesional sanitario y considerad una valoración más urgente.

    Por una parte, ese protocolo antibullying ha de integrar intervenciones directa: se ha de crear una comisión de intervención en la que docentes investiguen la gravedad de la situación, entrevistándose con ella y el resto de alumnado (tanto participantes como testigos). Tienen que poder construir un mapa de la situación que se está produciendo. A partir de ahí, se han de poner en marcha acciones para evitar urgentemente que siga dándose cualquier tipo de agresión, ya sea verbal o física. Han de garantizarte eso desde el colegio. Tiene que estar protegida y tiene que poder recibir apoyo emocional de todo el equipo docente, quizás tener una persona de confianza asignada a la que poder acudir en caso necesario (sea su tutor/a, o alguien a quien se le asigne justamente esa función, a veces se elige un docente que no le de clase), y se tiene que garantizar que tendrá apoyo social de otros/as compañeros/as y fomentar esas nuevas relaciones. Pide al colegio por escrito (email o escrito físico) y con copia:

    1. Informe de las medidas tomadas (qué, cuándo, a quién).
    2. Plan de protección para tu hija: supervisión en recreos y entradas/salidas, cambio de agrupamiento o asientos si procede, monitor/a en patios, evitar el contacto forzado con el grupo agresor, fomento de relaciones sociales seguras.
    3. Designar una persona de referencia (orientadora, tutor/a o jefatura) que haga seguimiento semanal y os comunique avances por escrito.
    3. Proponer mediación/restauración sólo si es seguro y la familia y la alumna aceptan; no aceptar mediación si tu hija se siente en inferioridad o con miedo.
    4. Fecha de revisión: pedir una reunión a corto plazo (7–15 días) para evaluar si las medidas han sido efectivas.
    5. Solicitad que conste por escrito qué acciones y plazos se han seguido. Si el centro no responde o minimiza, solicitad por escrito que quede constancia de la falta de respuesta.

    Tienen que explicarte con todo detalle cuáles son las medidas y los pasos que integran ese protocolo antibullying. Si no estás satisfecha con las medidas adoptadas, la situación no mejora o no recibes las explicaciones pertinentes, siempre puedes acudir a inspección educativa para que se haga un análisis exhaustivo de la situación.

    Por otra parte, no es extraño que esas niñas normalicen las conductas de acosadoras teniendo en cuenta que sus familias también lo son y te están acosando a ti. En ese sentido, te recomiendo que te protejas: bloquea a esas personas en tu teléfono, establece límites físico y si los sobrepasan (como acosarte en la puerta del colegio, decirle cosas a tu hija, o si continúan agrediéndote verbalmente) considera tomar otras medidas más serias. Guardad todo: capturas de pantalla de mensajes, fechas y hora, mensajes de otras madres, testimonios de testigos (niñas/os, profes), ropa o dibujos rotos, partes del protocolo y cualquier comunicación con el centro. Haced un registro cronológico con fechas y acciones (fecha - qué pasó - quién estaba presente - qué hizo el centro).

    Con respecto a tu hija en casa, muy importante:
    1. Validar: “Siento que estés pasando por esto. No es culpa tuya. Yo estoy contigo y voy a buscar soluciones.” Sé su soporte, hablad de ello, que se sienta segura. No dejes de mostrar emociones, pero intenta no perder el control, que ella no sienta que ha de protegerte de informaciones que, en realidad, necesitas tener. Si la ves muy angustiada, primero tranquilidad y seguridad: “Estoy aquí, estás a salvo.”; pregunta concreta y breve: “¿Quieres contarme lo que pasó ahora o prefieres estar un rato tranquila?” (respeta si no quiere hablar en ese momento); si acepta contar, escucha sin interrumpir y toma nota mental o escrita de lo esencial (quién, cuándo, dónde). Luego contacta con la escuela y con el psicólogo. Repite frases como "No estás sola, tienes derecho a sentirte segura, hiciste lo correcto al contármelo.”
    2. Rutina y cuidado: sueño, comida y pequeñas actividades agradables para mantener recursos emocionales.
    3. Enseñar guiones de seguridad: cómo pedir ayuda a un adulto, cómo alejarse, decir “no” firme sin agresividad, buscar compañeras/os aliados.
    4. Practicar con role-play situaciones (qué decir al profe, cómo pedir apoyo) para que se sienta más empoderada.
    5. Favorecer contactos fuera del grupo agresor: actividades extraescolares, amigos de otros cursos, o apoyos familiares.

    Si la situación no mejora, no es ninguna locura cambiar de centro escolar. A veces las dinámicas relacionales se estancan y si los referentes educativos no consiguen solucionarlo con sus intervenciones (tanto de prevención como de actuación directa sobre la problemática activa), los niños y las niñas pueden llegar a sufrir mucho y son experiencias difíciles de olvidar.

    Mucho ánimo a las dos.


  • Hola. Niño 7 años, baja tolerancia a la frustración. En casa hay límites, tiene tareas acorde a su e

    Hola. Niño 7 años, baja tolerancia a la frustración. En casa hay límites, tiene tareas acorde a su edad. .. Pero a la mínima que se le diga NO o tenga que hacer algo que en ese momento no quiere empieza con rabietas. Da golpes (por ejemplo a puertas), grita de forma desquiciada y ha llegado a pegarnos a su padre y a mi. Le dura poco, es como un estallido y en seguida se le pasa pero no sabemos cómo hacer que no llegue a esos extremos pues es agotador para los tres y no queremos criar a nuestro hijo en ese ambiente.

    En el colegio, por el contrario, es un amor y un gran estudiante.

    ¿Alguna pauta para manejar la frustración y que entienda que debe seguir unas órdenes?

    Gracias

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Garazi Gainzarain Martínez

    Cuando un niño de 7 años muestra una baja tolerancia a la frustración (con estallidos intensos ante los “noes”, gritos o incluso golpes) es importante comprender que su conducta no es el problema en sí, sino la manifestación de algo que aún no sabe manejar. Debemos buscar mantener límites firmes sin perder la conexión, ayudándole a aprender formas más adecuadas de expresar su malestar.

    Antes de intervenir conviene revisar el contexto: si hay hermanos/as, cambios recientes, cansancio, exceso de pantallas, o una necesidad emocional no cubierta. También es fundamental observar qué ocurre justo antes y después de las rabietas: cómo se le da el “no”, cómo reaccionan los adultos y qué efecto tiene la explosión (si se le presta atención, si se cede, si se castiga). Este análisis ayuda a identificar si, sin querer, alguna respuesta familiar refuerza la conducta.

    En el día a día, la prevención es clave. Los/as niños/as se sienten más seguros cuando hay rutinas claras y transiciones predecibles (“en cinco minutos apagamos la tele para cenar”). Es preferible ofrecer opciones limitadas que den al niño cierto control: “¿Recoges ahora o en tres minutos?” Las órdenes deben formularse en positivo, explicando qué sí puede hacer, en lugar de centrarse en lo prohibido.

    Cuando el niño se desregula, el objetivo no es imponer obediencia inmediata, sino recuperar la calma. En ese momento no se razona ni se sermonea: se protege y se acompaña. Una voz baja y firme, una presencia tranquila y un mensaje claro bastan: “Veo que estás muy enfadado. Ven conmigo para calmarte.” Si intenta golpear, se interviene sin gritar ni humillar: “No podemos pegarnos. Te ayudo a parar.” Puede ofrecerse una vía segura para descargar energía (“golpea esta almohada”, “rompe este papel”). En lugar del clásico “time-out”, se propone un “time-in”: acompañar la emoción hasta que se desactive.

    Una vez ha pasado la tormenta, llega el momento de enseñar. Primero se valida la emoción (“entiendo que te enfadaste”) y luego se establece el límite (“no está bien pegar”). Por último, se invita a reparar: pedir disculpas, ayudar a recoger, hacer un dibujo o proponer una solución. Este proceso enseña responsabilidad sin recurrir al miedo ni a la culpa.

    Para prevenir futuras crisis, es útil practicar estrategias de autorregulación fuera del conflicto: respiraciones, juegos de frustración progresiva, una “caja de calma” con objetos que le ayuden a relajarse o un “termómetro emocional” que le permita identificar cuándo empieza a perder el control. Es fundamental reforzar cualquier intento de autocontrol con reconocimiento positivo: “Has respirado antes de gritar, eso demuestra mucho esfuerzo.”

    En casa, las consecuencias deben ser lógicas y relacionadas con la acción: si rompe algo, ayuda a repararlo; si pega, repara la relación. Evitad castigos largos o amenazantes: la enseñanza se da desde la conexión, no desde el miedo. La firmeza consiste en mantener el límite, no en aumentar el tono.

    Por último, es importante recordar que no todos los niños muestran el mismo comportamiento en casa y en el colegio, y esto no significa que engañe o manipule, sino que su regulación emocional varía según el contexto y la seguridad que siente. En casa, donde puede mostrarse tal cual es, libera la tensión que ha acumulado durante el día, por ejemplo.

    Si pese a aplicar estas pautas de forma constante las conductas agresivas se mantienen o aumentan, o si causan daño físico o emocional significativo, conviene realizar una valoración profesional.

    Mucho ánimo.


Autor

Psicólogo infantil, Psicólogo
Todos los contenidos publicados en Doctoralia, especialmente preguntas y respuestas, son de carácter informativo y en ningún caso deben considerarse un sustituto de un asesoramiento médico.