Buenas noches, mi hija de 6 años no para de decir que no o que no quiere continuamente, tengo que re
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Buenas noches, mi hija de 6 años no para de decir que no o que no quiere continuamente, tengo que repetirla las cosas muchas veces porque no hace caso, en clase no para de levantarse de la silla y ya nos han llamado la atención varias veces, no consigo que lo entienda y he cambiado el método hablando con ella simplemente para que lo entienda sin castigos ni gritos, estoy preocupada porque a veces siento que no es feliz, o que está triste
La pregunto porque hace las cosas y siempre me dice que no lo sabe, creo que no sabe o no quiere expresar sus sentimientos por miedo a que la regañemos o castiguemos
A veces pierdo la paciencia y grito
Me siento culpable y a veces lloro, no sé cómo gestionarlo o si lo estoy haciendo bien, yo estoy separada y me frustra esta situación
Muchas gracias
La pregunto porque hace las cosas y siempre me dice que no lo sabe, creo que no sabe o no quiere expresar sus sentimientos por miedo a que la regañemos o castiguemos
A veces pierdo la paciencia y grito
Me siento culpable y a veces lloro, no sé cómo gestionarlo o si lo estoy haciendo bien, yo estoy separada y me frustra esta situación
Muchas gracias
Hola!
Por lo que cuentas, parece que estás atravesando una situación muy desgastante, y es comprensible que te sientas preocupada, frustrada o incluso culpable en algunos momentos. Criar y acompañar a un niño cuando las cosas se complican emocional o conductualmente puede remover mucho, y el hecho de que te estés cuestionando cómo hacerlo mejor ya habla de lo implicada que estás como madre.
A los 6 años, muchos niños todavía están aprendiendo a identificar y expresar lo que sienten. Cuando responden con “no lo sé”, a menudo no es que no quieran contarlo, sino que realmente les cuesta poner palabras a lo que les pasa por dentro. En ocasiones, las conductas que describes (decir “no” constantemente, levantarse mucho en clase, dificultad para seguir indicaciones) pueden ser una forma de expresar tensión, frustración, necesidad de atención o dificultades para regularse.
También es importante tener en cuenta el contexto: las separaciones familiares, los cambios en la dinámica del hogar o las emociones de los adultos pueden influir en cómo los niños se sienten y se comportan, aunque no siempre lo expresen de forma directa.
Intentar hablar con ella sin castigos ni gritos es un paso muy valioso. Aun así, además de hablar, a muchos niños les ayuda que los adultos:
nombren emociones por ellos (“¿puede ser que estés enfadada o cansada?”),
validen lo que sienten aunque no aprueben la conducta,
y mantengan límites claros y tranquilos.
Por otro lado, cuando una madre empieza a sentir que la situación le desborda o que su hija puede estar pasando un momento difícil, puede ser muy útil contar con la orientación de un profesional de la psicología infantil. Un espacio así permite comprender mejor qué está ocurriendo y ofrecer herramientas tanto a la niña como a la familia.
No estás sola en esta experiencia, y pedir ayuda o buscar orientación también es una forma de cuidar de tu hija.
Un saludo.
Por lo que cuentas, parece que estás atravesando una situación muy desgastante, y es comprensible que te sientas preocupada, frustrada o incluso culpable en algunos momentos. Criar y acompañar a un niño cuando las cosas se complican emocional o conductualmente puede remover mucho, y el hecho de que te estés cuestionando cómo hacerlo mejor ya habla de lo implicada que estás como madre.
A los 6 años, muchos niños todavía están aprendiendo a identificar y expresar lo que sienten. Cuando responden con “no lo sé”, a menudo no es que no quieran contarlo, sino que realmente les cuesta poner palabras a lo que les pasa por dentro. En ocasiones, las conductas que describes (decir “no” constantemente, levantarse mucho en clase, dificultad para seguir indicaciones) pueden ser una forma de expresar tensión, frustración, necesidad de atención o dificultades para regularse.
También es importante tener en cuenta el contexto: las separaciones familiares, los cambios en la dinámica del hogar o las emociones de los adultos pueden influir en cómo los niños se sienten y se comportan, aunque no siempre lo expresen de forma directa.
Intentar hablar con ella sin castigos ni gritos es un paso muy valioso. Aun así, además de hablar, a muchos niños les ayuda que los adultos:
nombren emociones por ellos (“¿puede ser que estés enfadada o cansada?”),
validen lo que sienten aunque no aprueben la conducta,
y mantengan límites claros y tranquilos.
Por otro lado, cuando una madre empieza a sentir que la situación le desborda o que su hija puede estar pasando un momento difícil, puede ser muy útil contar con la orientación de un profesional de la psicología infantil. Un espacio así permite comprender mejor qué está ocurriendo y ofrecer herramientas tanto a la niña como a la familia.
No estás sola en esta experiencia, y pedir ayuda o buscar orientación también es una forma de cuidar de tu hija.
Un saludo.
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Buenas noches,
Lo que describes es una situación muy frecuente a esta edad, aunque cuando se vive cada día puede resultar muy agotador. A los 6 años muchos niños atraviesan una etapa de oposición: dicen “no”, ponen a prueba los límites, les cuesta mantenerse sentados mucho tiempo y todavía tienen pocos recursos para explicar por qué hacen lo que hacen. Cuando tu hija dice “no lo sé”, muchas veces es literal: aún no tiene las palabras para entender y explicar lo que le pasa por dentro.
También es importante tener en cuenta el contexto. Una separación familiar puede generar inseguridad, necesidad de llamar la atención o dificultad para regularse. Eso no significa que esté “mal”, sino que puede estar intentando adaptarse a cambios emocionales que todavía no sabe manejar.
Que hayas intentado hablar con ella sin castigos ni gritos es un buen paso, pero a esta edad el diálogo por sí solo suele ser insuficiente. Los niños necesitan afecto, pero también límites claros, simples y repetidos con calma. Más que muchas explicaciones, suele ayudar dar instrucciones cortas y concretas (“ahora toca vestirse”, “ahora toca sentarse”) y acompañarlas con rutinas estables. La coherencia diaria suele funcionar mejor que repetir muchas veces lo mismo.
Sobre lo que sientes tú: perder la paciencia y luego sentir culpa es muy humano. Criar sola o con menos apoyo puede generar mucha carga emocional. Lo importante no es ser perfecta, sino reparar cuando ocurre un momento de tensión: poder decirle después “mamá se enfadó demasiado, lo siento” también enseña a los niños a manejar las emociones.
Sería recomendable observar algunas cosas en las próximas semanas: si la inquietud en clase es muy constante, si le cuesta concentrarse en muchas actividades o si la tristeza que percibes se mantiene. En ese caso, consultar con un profesional infantil puede ayudar a entender mejor qué necesita y orientarte en estrategias concretas.
Tu preocupación ya muestra algo importante: estás atenta a su bienestar y quieres hacerlo mejor. Ese interés es una base muy valiosa para acompañarla. Mucho ánimo.
Lo que describes es una situación muy frecuente a esta edad, aunque cuando se vive cada día puede resultar muy agotador. A los 6 años muchos niños atraviesan una etapa de oposición: dicen “no”, ponen a prueba los límites, les cuesta mantenerse sentados mucho tiempo y todavía tienen pocos recursos para explicar por qué hacen lo que hacen. Cuando tu hija dice “no lo sé”, muchas veces es literal: aún no tiene las palabras para entender y explicar lo que le pasa por dentro.
También es importante tener en cuenta el contexto. Una separación familiar puede generar inseguridad, necesidad de llamar la atención o dificultad para regularse. Eso no significa que esté “mal”, sino que puede estar intentando adaptarse a cambios emocionales que todavía no sabe manejar.
Que hayas intentado hablar con ella sin castigos ni gritos es un buen paso, pero a esta edad el diálogo por sí solo suele ser insuficiente. Los niños necesitan afecto, pero también límites claros, simples y repetidos con calma. Más que muchas explicaciones, suele ayudar dar instrucciones cortas y concretas (“ahora toca vestirse”, “ahora toca sentarse”) y acompañarlas con rutinas estables. La coherencia diaria suele funcionar mejor que repetir muchas veces lo mismo.
Sobre lo que sientes tú: perder la paciencia y luego sentir culpa es muy humano. Criar sola o con menos apoyo puede generar mucha carga emocional. Lo importante no es ser perfecta, sino reparar cuando ocurre un momento de tensión: poder decirle después “mamá se enfadó demasiado, lo siento” también enseña a los niños a manejar las emociones.
Sería recomendable observar algunas cosas en las próximas semanas: si la inquietud en clase es muy constante, si le cuesta concentrarse en muchas actividades o si la tristeza que percibes se mantiene. En ese caso, consultar con un profesional infantil puede ayudar a entender mejor qué necesita y orientarte en estrategias concretas.
Tu preocupación ya muestra algo importante: estás atenta a su bienestar y quieres hacerlo mejor. Ese interés es una base muy valiosa para acompañarla. Mucho ánimo.
A los 6 años muchos niños empiezan a mostrar más oposición y a decir “no” con frecuencia porque están desarrollando su autonomía. Además, a esa edad aún les cuesta mucho identificar y expresar lo que sienten, por eso cuando le pregunta por qué hace algo y responde “no lo sé”, muchas veces es porque realmente no sabe explicarlo.
El hecho de que también le cueste permanecer sentada en clase o seguir algunas indicaciones puede estar relacionado con dificultades para regularse, necesidad de movimiento o algún momento emocional que esté viviendo, especialmente si ha habido cambios familiares como una separación.
Intentar hablar con ella sin gritos ni castigos es un buen paso, pero los niños también necesitan límites claros, instrucciones simples y refuerzos positivos cuando hacen las cosas bien.
Por otro lado, que a veces pierda la paciencia es algo que les ocurre a muchas madres cuando están cansadas o preocupadas. Lo importante es poder reparar después y seguir intentando comprender qué le está pasando a su hija.
El hecho de que también le cueste permanecer sentada en clase o seguir algunas indicaciones puede estar relacionado con dificultades para regularse, necesidad de movimiento o algún momento emocional que esté viviendo, especialmente si ha habido cambios familiares como una separación.
Intentar hablar con ella sin gritos ni castigos es un buen paso, pero los niños también necesitan límites claros, instrucciones simples y refuerzos positivos cuando hacen las cosas bien.
Por otro lado, que a veces pierda la paciencia es algo que les ocurre a muchas madres cuando están cansadas o preocupadas. Lo importante es poder reparar después y seguir intentando comprender qué le está pasando a su hija.
Lo que describes es común en niños de 6 años: decir “no” o levantarse en clase puede ser una forma de expresar frustración o inseguridad, no solo de desobediencia. Es positivo que hables con ella sin gritos ni castigos. Ayuda reforzar lo que hace bien, ofrecer **elecciones limitadas** y **nombrar sus emociones** para que aprenda a expresarlas. Sentirse frustrada o culpable es normal y no significa que estés haciendo algo mal. Si la situación persiste o notas tristeza frecuente, puede ser útil consultar con un profesional para recibir estrategias adaptadas tanto para tu hija como para ti.
Hola. En este caso acudir a un profesional de la psicología os podría ayudar a establecer un trabajo en familia que permitiera saber que le está pasando. Un saludo
La preocupación y el desgaste que estás sintiendo es totalmente normal.
Por lo que describes, tu hija puede estar teniendo dificultades para regular su conducta y expresar lo que siente, y eso no significa que lo estés haciendo mal. A su edad, el “no”, la desobediencia o la inquietud también pueden ser formas de expresar malestar, frustración o necesidad de atención.
Es positivo que intentes hablar con ella sin recurrir solo a castigos, pero a la vez es importante mantener límites claros, consistentes y acordes a su edad. También puede ayudar crear momentos tranquilos de conexión (juego, tiempo a solas) donde se sienta segura para expresarse sin miedo.
El hecho de que te sientas culpable o pierdas la paciencia es comprensible. Aun así, dado que la situación se repite y también aparece en el colegio, sería recomendable consultar con un/a psicólogo/a infantil para valorar qué puede estar necesitando tu hija y orientarte a ti en cómo manejarlo. Puede haber algo detrás que se esté escapando. Un saludo
Por lo que describes, tu hija puede estar teniendo dificultades para regular su conducta y expresar lo que siente, y eso no significa que lo estés haciendo mal. A su edad, el “no”, la desobediencia o la inquietud también pueden ser formas de expresar malestar, frustración o necesidad de atención.
Es positivo que intentes hablar con ella sin recurrir solo a castigos, pero a la vez es importante mantener límites claros, consistentes y acordes a su edad. También puede ayudar crear momentos tranquilos de conexión (juego, tiempo a solas) donde se sienta segura para expresarse sin miedo.
El hecho de que te sientas culpable o pierdas la paciencia es comprensible. Aun así, dado que la situación se repite y también aparece en el colegio, sería recomendable consultar con un/a psicólogo/a infantil para valorar qué puede estar necesitando tu hija y orientarte a ti en cómo manejarlo. Puede haber algo detrás que se esté escapando. Un saludo
Buenas noches, gracias por compartir cómo te sientes. En tu mensaje no solo se ve la conducta de tu hija, también se ve algo muy importante: tu preocupación, tu cansancio y el deseo de hacerlo bien. Y eso ya es una base muy valiosa.
Con la información que das, no podemos hablar de un problema concreto, pero sí de algunas pistas. Cuando un niño dice constantemente “no”, se levanta en clase o parece no escuchar, muchas veces no es solo desobediencia: puede ser dificultad para regularse, necesidad de control o una forma de expresar malestar que no sabe poner en palabras.
Además, lo que comentas —“no sé” cuando le preguntas— es bastante habitual a estas edades. No siempre es que no quiera expresar, sino que no tiene todavía las herramientas para entender y nombrar lo que le pasa.
También me parece importante algo que dices de ti: que a veces pierdes la paciencia, gritas y luego te sientes culpable. Esto es muy frecuente en situaciones de desborde. No habla de que lo estés haciendo mal, sino de que estáis las dos en un momento de tensión que necesita ser comprendido y acompañado.
Más que repetirle o intentar que “entienda”, puede ayudar:
– Validar lo que le pasa antes de corregir (“veo que estás enfadada / te cuesta parar”)
– Dar instrucciones muy concretas y de una en una
– Observar en qué momentos se intensifica más la conducta
Si la situación se mantiene o te genera tanto desgaste, pedir ayuda profesional puede ser muy útil, no porque haya algo “grave”, sino para entender qué está pasando y daros herramientas a ambas.
No estás sola en esto, y el hecho de que te lo estés cuestionando ya es una forma de cuidar a tu hija.
Con la información que das, no podemos hablar de un problema concreto, pero sí de algunas pistas. Cuando un niño dice constantemente “no”, se levanta en clase o parece no escuchar, muchas veces no es solo desobediencia: puede ser dificultad para regularse, necesidad de control o una forma de expresar malestar que no sabe poner en palabras.
Además, lo que comentas —“no sé” cuando le preguntas— es bastante habitual a estas edades. No siempre es que no quiera expresar, sino que no tiene todavía las herramientas para entender y nombrar lo que le pasa.
También me parece importante algo que dices de ti: que a veces pierdes la paciencia, gritas y luego te sientes culpable. Esto es muy frecuente en situaciones de desborde. No habla de que lo estés haciendo mal, sino de que estáis las dos en un momento de tensión que necesita ser comprendido y acompañado.
Más que repetirle o intentar que “entienda”, puede ayudar:
– Validar lo que le pasa antes de corregir (“veo que estás enfadada / te cuesta parar”)
– Dar instrucciones muy concretas y de una en una
– Observar en qué momentos se intensifica más la conducta
Si la situación se mantiene o te genera tanto desgaste, pedir ayuda profesional puede ser muy útil, no porque haya algo “grave”, sino para entender qué está pasando y daros herramientas a ambas.
No estás sola en esto, y el hecho de que te lo estés cuestionando ya es una forma de cuidar a tu hija.
Por lo que describes, tu hija puede estar mostrando dificultades para regular la atención, la impulsividad o la frustración, algo que a veces se expresa en forma de oposición constante (“no quiero”, “no”) o en conductas como levantarse con frecuencia en clase. A esta edad todavía están desarrollando las habilidades de autorregulación emocional y conductual, por lo que repetir normas o tener dificultades para seguir indicaciones puede aparecer, especialmente si hay cambios familiares o momentos de mayor carga emocional. El hecho de que diga que “no sabe” por qué hace algo también es frecuente en niños pequeños, ya que aún les cuesta identificar y poner palabras a lo que sienten. Puede ayudar mantener normas claras, instrucciones breves, anticipar lo que se espera de ella y reforzar cuando sí coopera, además de crear espacios tranquilos para hablar de emociones sin que se sienta juzgada. También es importante que no te culpes: la crianza puede ser muy exigente y es normal perder la paciencia a veces. Si estas dificultades se mantienen en casa y en el colegio o generan mucho malestar familiar, sería recomendable consultar con un profesional para valorar con más detalle qué está ocurriendo y poder orientaros con estrategias adaptadas a vuestra situación.
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