Llevo 1 Año y medio con ansiedad después de un ataque de pánico. Hace meses me empecé a encontrar ma
Llevo 1 Año y medio con ansiedad después de un ataque de pánico. Hace meses me empecé a encontrar mal físicamente de verdad y me costó ir al médico porque me he sentido muy invalidada por la ansiedad ( por los médicos y con ello hasta yo misma). La cosa es que cuando pienso en lo peor y estoy depresiva y me da igual todo la ansiedad se calma pero en cuanto estoy un poco mejor y tengo esperanza la ansiedad es tanta el miedo a morir y a enfermar es lo peor que prefiero hundirme más que esto.
57 respuestas
Siento que lleves tanto tiempo conviviendo con esta sensación. Después de un ataque de pánico, es posible quedarse en un estado de alerta constante, especialmente pendiente de cualquier sensación física y de la posibilidad de que algo malo pueda ocurrir. Y cuando además has sentido que tus síntomas se atribuían únicamente a la ansiedad, es comprensible que hayas terminado dudando incluso de tus propias sensaciones. Lo que cuentas sobre sentir menos ansiedad cuando estás más desanimada y que esta aumente cuando vuelves a tener esperanza también puede tener sentido: cuando empiezas a encontrarte mejor, vuelve a aparecer el miedo a perder ese bienestar, a enfermar o a morir, y tu mente intenta protegerte anticipándose constantemente a posibles peligros. Aunque ahora pueda parecer un círculo difícil de romper, se puede trabajar. En terapia podemos aprender a relacionarnos de otra manera con las sensaciones físicas y los pensamientos de miedo, reducir esa necesidad de estar constantemente alerta y, sobre todo, conseguir que volver a sentirte bien no se convierta en algo que dé miedo. No tienes por qué elegir entre sentirte hundida o vivir con ansiedad. Hay un punto diferente al que podemos llegar, y pedir ayuda para trabajarlo puede ser un buen comienzo.
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Muchas gracias por compartir. Entiendo lo agotador que debe de ser llevar tanto tiempo conviviendo con ansiedad y, además, haber sentido que tus síntomas físicos no eran escuchados por tener ese antecedente. Que exista ansiedad no significa que el malestar físico sea imaginario ni que cualquier síntoma deba atribuirse automáticamente a ella. Si continúas encontrándote mal, puedes volver a consultar y explicar por escrito qué sientes, desde cuándo y cómo ha evolucionado; también tienes derecho a pedir otra valoración si no te has sentido atendida. Lo que cuentas sobre sentir menos ansiedad cuando estás hundida puede resultar desconcertante, pero tiene cierto sentido emocional. Cuando aparece la desesperanza y sientes que ya nada importa, también puede disminuir temporalmente el miedo a perder la salud o la vida. En cambio, cuando recuperas algo de ilusión, vuelves a sentir que tienes mucho que perder y tu sistema de alarma se activa con fuerza. Esto no significa que necesites estar deprimida para encontrarte tranquila, sino que la ansiedad está intentando proteger de una forma desproporcionada aquello que vuelve a importarte. Quizá el camino no sea elegir entre estar hundida o vivir aterrorizada, sino aprender poco a poco a hacer espacio al miedo sin dejar que decida por ti. Cuando aparezca, puedes probar a decirte: «Ahora mismo está apareciendo el miedo a enfermar o morir». Observa dónde lo notas en el cuerpo y permítele estar unos instantes sin discutir con él, comprobar síntomas continuamente ni buscar una certeza absoluta. Aceptar su presencia no significa resignarte ni pensar que existe un peligro real; significa dejar de pelearte con una experiencia que ya está ahí y continuar, en la medida de lo posible, con aquello que te importa. También sería importante explorar qué haces para tranquilizarte: revisar tu cuerpo, buscar enfermedades en internet, preguntar repetidamente, evitar actividades o acudir constantemente a comprobaciones. Estas conductas pueden aliviar durante unos minutos, pero a veces terminan reforzando el miedo. No se trata de eliminarlas todas de golpe, sino de ir recuperando gradualmente tu vida sin esperar a sentir una seguridad completa. Si ya tienes terapeuta, sería importante contarle exactamente esta alternancia entre esperanza, miedo y desesperanza. Si no cuentas con acompañamiento, quizá sea un buen momento para buscarlo, trabajando tanto la ansiedad por la salud y el pánico como el estado depresivo y la experiencia de invalidación que has vivido. Cuando dices que prefieres hundirte y que a veces te da igual todo, no quiero interpretar algo que no has dicho, pero sí creo que merece ser preguntado con cuidado. Si esa desesperanza incluye pensamientos de no querer vivir, de desaparecer o de hacerte daño, cuéntaselo cuanto antes a un profesional y a una persona cercana. Si en algún momento sintieras que no puedes mantenerte a salvo, solicita ayuda urgente. No estás eligiendo sentirte así ni has fracasado por seguir teniendo ansiedad. Hay una parte de ti que continúa buscando esperanza y otra que se asusta cuando la encuentra. Ambas necesitan ser comprendidas y acompañadas. Un abrazo grande Elbire Arana Psicóloga General Sanitaria Colegiada M-42807
Hola. Te sugiero consulta psicológica ya que tu malestar está interfiriendo en tu vida de un modo perjudicial. La ansiedad te protege de un dolor que deberás indagar, y trabajar tus emociones para regularlas de modo más adaptativo.
Es normal que te sientas así, la forma de intervenir desde el enfoque biomédico es bastante invalidante y desactualizado. Desde una intervención de psicoterapia profesional y actualizada, se le puede encontrar el por qué surgió ese sufrimiento, qué está ocurriendo para que se mantenga y qué se puede empezar a hacer para acercarte a la vida que verdaderamente deseas.
Hola, gracias por compartir, siento que estes en esta situación debe de ser doloroso estar así. Por lo que compartes quizá pueda tratarse de los síntomas asociados a una situación traumática asintomática que me gustaría poder continuar explorando tu situación para aliviar los síntomas con una asesoría gratuita, puedes encontrar mi contacto buscando mi nombre en internet. Gracias!
Gracias por contarlo con tanta claridad. Lo que describes no es una rareza ni una falta de fuerza de voluntad: es un patrón que se entiende muy bien desde la psicología y que tiene salida. Cuando la esperanza aparece, tu sistema de alarma se activa con más fuerza, como si mejorar significara tener algo que perder. En cambio, cuando te hundes, el cuerpo baja la guardia porque ya no hay nada que proteger. Por eso el malestar se calma justo en el momento equivocado, y por eso llegas a preferirlo. Es una estrategia de protección que tu mente aprendió, pero que te está costando muy cara. Sentirte invalidada, además, pesa. Que tu ansiedad sea real no significa que lo que sientes en el cuerpo no merezca atención médica, y merecías que te escucharan con las dos cosas en cuenta. Has hecho lo más difícil: pedir ayuda a pesar de ese miedo. Este círculo entre esperanza, miedo y hundimiento es precisamente el tipo de dinámica que se trabaja en consulta, con herramientas concretas para que mejorar deje de sentirse como una amenaza. Si quieres, en una primera sesión podemos empezar a entender cómo se formó en tu caso y qué hacer para que la calma no dependa de tocar fondo. Puedes escribirme y buscamos un hueco, en Alcobendas, a domicilio en Madrid Norte o en línea.
Lo que cuentas es bastante frecuente después de un ataque de pánico: el miedo a que vuelva a ocurrir puede hacer que estés muy pendiente de cualquier sensación física y que aparezca un temor constante a estar enferma o a que pueda pasarte algo. También puede ocurrir que, cuando estás muy baja de ánimo y desconectada, disminuya ese miedo porque sientes que “te da igual todo”, pero eso no significa que estar peor sea la solución. Lo importante sería trabajar ese miedo a la enfermedad y a la muerte, así como la relación con las sensaciones corporales y la incertidumbre. Es algo que se puede trabajar en terapia y no tienes por qué resignarte a vivir así.
Desde una mirada psicodinámica, esa alternancia que notas (la ansiedad baja cuando te hundes y sube cuando hay esperanza) no es contradictoria: muchas veces la desesperanza funciona, sin que lo elijas, como una forma de protegerte del miedo a la muerte o a enfermar. Si "nada importa", el peligro parece menos amenazante. Pero el coste es alto: te hundes para no sentir miedo. Esto también puede leerse como un miedo al cambio: mejorar implica volver a desear, a proyectarte, a arriesgarte a vivir con plenitud, y eso reactiva el miedo a perderlo todo de golpe. A veces es más "seguro" quedarse en lo conocido, aunque sea doloroso, que abrirse a la esperanza y a la incertidumbre que trae. También es importante lo que mencionas de sentirte invalidada, por médicos y por ti misma. Además de la angustia física, cargas con la sensación de que tu malestar no se toma en serio, lo cual puede intensificar tanto la ansiedad como esa tentación de rendirte. Esto no se resuelve solo con voluntad. Sería importante trabajar en terapia esa relación entre esperanza y miedo, y también revisar con un médico lo físico, para descartar causas y no quedarte con la sensación de no ser escuchada. Te animo a buscar acompañamiento profesional, tanto médico como psicológico.
¡Hola! Te recomiedno encarecidamente, que busques ayuda de un/a profesional en psicología, especializado en ansiedad y depresión para que pueda orientarte adecudamente y te dé pautas ajustadas a ti. Tú médico/a de cabecera hará lo que pueda pero generalmente no tienen la formación ni el tiempo para poder dedicarte e una situación tan delicada como la que comentas.
Siento mucho el sufrimiento que estás atravesando. Cuando la ansiedad se mantiene durante tanto tiempo puede llegar a condicionar enormemente la forma en la que interpretamos cualquier sensación física y generar un estado de alerta y miedo prácticamente constante. Es importante aprender a diferenciar entre atender adecuadamente nuestra salud y quedar atrapados en la necesidad continua de comprobar que nada malo va a ocurrir. Esto puede trabajarse en terapia, abordando tanto el miedo como la hipervigilancia corporal y la dificultad para tolerar la incertidumbre. Si quieres, puedes pedirme cita online y podemos valorar tu caso con calma y empezar a trabajar para que puedas recuperar seguridad y calidad de vida.
Hola, gracias por compartirlo. Lo que describes puede ser muy agotador, especialmente cuando has sentido que tus síntomas físicos se atribuían automáticamente a la ansiedad. Tener ansiedad no significa que cualquier síntoma físico deba ignorarse: si tienes molestias persistentes, nuevas o que empeoran, es adecuado consultarlas con tu médico. Desde el punto de vista psicológico, parece haberse creado un círculo de miedo en torno a la enfermedad y la muerte. Cuando recuperas la esperanza y vuelves a sentir que tienes cosas que perder, aumenta la necesidad de estar segura de que nada malo va a ocurrir y, con ella, la vigilancia de tu cuerpo y la ansiedad. En cambio, cuando estás muy desanimada y “te da igual todo”, desaparece temporalmente esa necesidad de control y la ansiedad disminuye. Este patrón puede trabajarse en terapia, abordando tanto el miedo a enfermar y morir como la hipervigilancia corporal y la necesidad de certeza. Si además ese “me da igual todo” llega a convertirse en pensamientos de hacerte daño o de no querer vivir, busca ayuda inmediata llamando al 024 o al 112. La terapia, presencial u online, puede ayudarte a salir de este círculo.
Hola: Experimentar un ataque de pánico no es una situación sencilla, es una experiencia fuerte en la que uno tiene la sensación de que está en peligro, que va a perder el control o que incluso que se va a morir. En esos momentos, las sensaciones corporales aumentan porque les estamos prestando más atención, lo cual puede producir que entremos en un bucle de pensamientos negativos y nos cueste mucho salir. En ocasiones, cuando la persona acude a un profesional sanitario, puede encontrarse con respuestas como "solo es ansiedad". Aunque esta explicación puede proporcionar cierta tranquilidad al ayudar a comprender que los síntomas tienen relación con la ansiedad y no necesariamente con un peligro físico, también puede hacer que la persona sienta que su experiencia está siendo minimizada, especialmente cuando el malestar que está experimentando es intenso y real. La ansiedad es un mecanismo que tiene nuestro cuerpo para activarnos y enfocarnos a superar un reto, el inconveniente es cuando es demasiado intenso y no podemos manejarlo. Comprender cómo funciona la ansiedad, cómo se manifiesta en cada persona y qué circunstancias pueden estar influyendo (situaciones de estrés, pérdidas o cambios importantes en la vida) puede ayudar a entender mejor lo que está ocurriendo y a desarrollar herramientas para gestionarlo. El acompañamiento terapéutico puede ser de gran ayuda en este proceso. Mucho ánimo.
Lo que explicas tiene bastante sentido dentro del funcionamiento de la ansiedad después de haber sufrido un ataque de pánico. A veces, tras esa experiencia, el problema deja de ser únicamente la ansiedad y pasa a ser el miedo constante a que determinadas sensaciones corporales indiquen que algo grave está ocurriendo. Hay algo especialmente interesante en lo que cuentas: cuando estás hundida y sientes que ya te da todo igual, la ansiedad disminuye; cuando recuperas la esperanza y vuelves a valorar tu vida, aparece con fuerza el miedo a perderla, a enfermar o a morir. Esto puede acabar creando una paradoja muy dolorosa: estar mal emocionalmente se convierte casi en una forma de sentirte protegida del miedo. También es importante no atribuir automáticamente cualquier síntoma físico a la ansiedad. Si has tenido síntomas nuevos o persistentes, es adecuado que hayan sido valorados médicamente. Una vez descartadas o tratadas las posibles causas orgánicas, podemos trabajar psicológicamente sobre el miedo sin estar continuamente atrapados entre “es ansiedad” y “¿y si esta vez es algo grave?”. Después de un año y medio, probablemente sea importante trabajar no solo sobre lo que sientes, sino sobre todo lo que haces para intentar controlar ese miedo: observar tu cuerpo, buscar señales, anticipar enfermedades, tranquilizarte, pedir confirmaciones, evitar determinadas situaciones o intentar expulsar ciertos pensamientos. Muchas de estas estrategias alivian momentáneamente, pero pueden terminar haciendo que el miedo ocupe cada vez más espacio. Y esa frase que dices, “prefiero hundirme más que esto”, merece ser escuchada con atención. Si con ella quieres decir que estás teniendo pensamientos de hacerte daño, de morir o de que no quieres seguir viviendo, es importante que busques ayuda profesional de manera inmediata y no permanezcas sola con ello. Este tipo de problema se puede trabajar. Si quieres, puedes consultarme a través de Doctoralia.es y podremos estudiar con detalle cómo funciona concretamente tu miedo y qué está haciendo que se mantenga. Amador Manero Psicólogo PSYAMM
Siento que estés pasando por algo tan angustiante. Después de un ataque de pánico puede aparecer un miedo intenso a que vuelva a ocurrir, a enfermar o a morir, y es comprensible que hayas terminado asociando el sentirte mejor y recuperar la esperanza con el miedo a perderlo todo. Además, haberte sentido invalidada respecto a tus síntomas físicos puede aumentar todavía más esa inseguridad. Es importante que puedas atender tanto tu salud física como emocional sin dar por hecho que “todo es ansiedad”. Te animaría a buscar acompañamiento psicológico para trabajar ese miedo y recuperar poco a poco la sensación de seguridad. Y si cuando dices que te da igual todo aparecen pensamientos de hacerte daño o de no querer vivir, es importante pedir ayuda profesional cuanto antes.
Siento mucho que estés pasando por esto, y que te hayas sentido invalidada justo cuando más necesitabas que te escucharan. Te cuento lo que creo que puede estar pasando, aunque para afirmarlo con seguridad tendría que conocerte y hacer varias sesiones contigo. Creo que cuando estás hundida y todo te da igual, la mente deja de vigilar porque no hay nada que proteger. Con la esperanza vuelves a tener algo que perder, y el miedo se dispara. No es que prefieras estar mal. Es que tu mente ha encontrado una forma de apagar una alarma que suena demasiado fuerte. Como psicóloga, te animaría a seguir cuidando tu salud física, porque tener ansiedad no significa que todo sea ansiedad. Y también a buscar ayuda psicológica, ya que el miedo tras un ataque de pánico responde muy bien a tratamientos como la terapia cognitivo-conductual.
Lo que contás tiene mucho sentido, aunque desde afuera pueda parecer contradictorio: cuando estás peor, dejás de esperar y de luchar contra lo que podría pasar, y eso paradójicamente hace que la ansiedad baje. Pero cuando aparece un poquito de esperanza, también aparece el miedo a perderla, a enfermar, a morir… y ahí la ansiedad vuelve con muchísima fuerza. Y además hay algo importante en lo que contás: haber sentido que no te tomaban en serio por tener ansiedad puede hacer que empieces a desconfiar incluso de tus propias sensaciones físicas. Es muy angustiante sentir algo en el cuerpo y no saber si escucharlo, preocuparte o pensar “otra vez es la ansiedad”. No creo que el objetivo sea convencerte de que “no va a pasar nada” ni que tengas que dejar de tener miedo. Se trata de que puedas volver a sentirte segura en tu propio cuerpo y aprender a atravesar esa incertidumbre sin que la ansiedad termine manejando tu vida. Después de un año y medio viviendo así, creo que merece la pena que no tengas que seguir enfrentándolo sola. Si querés, podemos trabajar juntas para entender qué está sosteniendo este círculo y empezar a recuperar un poco de tranquilidad. Podés escribirme y coordinamos una primera sesión para conocernos y ver si puedo acompañarte.
Hola, gracias por compartir tu situación. Llevar tanto tiempo con dolor emocional es muy duro. Pedir ayuda es un gesto muy valiente. La ansiedad es una emoción difícil de gestionar en parte porque es muy corporal. Me refiero al corazón acelerado, que cueste respirar, el estar en alerta todo el tiempo, el cansacio...Y también muy mental porque como tener una lavadora de pensamientos en la cabeza. Creo que ayuda entender que la ansiedad, que al final es miedo, es una emoción que nos dice que algo nos resulta peligroso. Sea un peligro real o no, lo sentimos como tal. Igual puede ayudarte intentar detectar qué cosas en tu vida están siendo amenazantes y pensar cómo podrías protegerte para ir tomando decisiones que te generen bienestar y seguridad. A veces pensamos que lo que tenemos que hacer es dejar de sentir el miedo, pero realmente lo que necesita esa parte de ti que está tan asustada es ese acompañamiento y seguridad. Te mando un abrazo y estoy disponible para lo que necesites.
Entiendo profundamente lo que describes, y quiero que te detengas un segundo a mirar con lupa qué está ocurriendo ahí. Lo que me estás contando es un ejemplo transparente, de libro, de cómo funciona la **evitación experiencial** y el control que intenta ejercer el lenguaje sobre la vida. Fíjate en la trampa en la que te has metido (y no por tu culpa, sino porque tu mente está intentando protegerte): 1. **La paradoja del control:** Cuando te abandonas, te metes en la depresión o piensas "me da igual todo", la ansiedad afloja. ¿Por qué? Porque la mente dice: *"Perfecto, ya no hay nada que perder, no hay riesgo"*. Pero en cuanto conectas con la esperanza, con tus ganas de vivir, con volver a estar bien, la mente detecta que **hay algo valioso en juego** (tu vida, tu salud, tu futuro) y dispara la alarma a tope: aparece el miedo atroz a enfermar o morir. 2. **La invalidez y la lucha:** Te has sentido invalidada fuera (médicos) e invalidadas dentro (tú misma). Al final, el mensaje que has comprado es que tus sensaciones físicas son un enemigo o una falla tuya. Y para no sentir esa ansiedad insoportable, la mente prefiere ofrecerte "hundirte más" (la desesperanza) como un refugio seguro. Es un chantaje: *para no sentir miedo a perder la vida, renuncio a vivirla*. Desde la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) y el Análisis Funcional, lo que estamos viendo es que la **desesperanza aprendida** se ha convertido en una conducta de seguridad para apagar la ansiedad a corto plazo. Pero el coste a largo plazo es inmenso: te desconecta de todo lo que te importa. Aquí, el trabajo no es lograr que el miedo a morir o la ansiedad desaparezcan para empezar a vivir. **El trabajo es hacerle espacio a ese miedo enorme cuando aparece al tener esperanza.** Tener miedo a enfermar o morir es la otra cara de la moneda de desear profundamente estar viva y disfrutar. La ansiedad te está avisando de cuánto te importa tu vida; el problema es que te invita a defenderte huyendo de ella. Podemos aprender a sostener ese miedo, a notar esas sensaciones físicas sin juzgarlas ni pelear contra ellas, y simultáneamente dar pasos hacia lo que de verdad le da sentido a tus días. No tienes que elegir entre estar hundida o vivir aterrorizada. Hay un camino para caminar junto con lo que sientes mientras recuperas tu vida. --- Si quieres profundizar en cómo entender tu ansiedad, dejar de luchar contra tus pensamientos y construir una vida con sentido desde la psicología contextual, te invito a seguirme en Instagram: **@juanjosepsicologo**.
Entiendo por lo que estas pasando y lamento ese dolor que experimentas. Ante este estado lo mejor es acudir, siempre a un profesional. Confiar y mantener la terapia puede ser de gran ayuda. Hay que trabajar en reducir estos episodios de ansiedad a la vez que los estados depresivos. Primero observar cuales son mis pensamientos que tengo. porque muchas veces trabajando sobre estos pensamientos transformamos lo que sentimos y provocamos un cambio en nuestras respuestas tanto emocionales como conductuales. Animo en el proceso.
Buenas tardes. Siento mucho que estes experimentando esto. Lo más probable, es que, después del ataque de pánico que sufriste, tu nivel de hipervigilancia se ha desarrollado aun más. Es decir, tu foco de atención esta centrado en los síntomas (respiración, pulsaciones...) que hace que te centres mucho más de lo habitual, por consiguiente te pones más nerviosa y eso te crea la ansiedad. Lo más conveniente es tener una sesión para saber el origen de ese ataque de pánico y luego aprender a manejar la ansiedad para tener un mayor nivel de funcionalidad que no te afecte en tu vida diaria.
Entiendo lo agotador que debe ser vivir con ese miedo constante, especialmente cuando has sentido que tus síntomas físicos no eran escuchados por tener ansiedad. Quiero que sepas que tener ansiedad no significa que todo lo que te ocurre sea consecuencia de ella. Hay algo importante en lo que cuentas: cuando empiezas a encontrarte mejor, aparece el miedo a perder esa mejoría, a enfermar o a morir. En cambio, cuando te hundes emocionalmente, parece que ese miedo disminuye porque ya no sientes que tengas tanto que perder. Quizá, sin darte cuenta, has aprendido a protegerte del miedo renunciando a la esperanza. Pero no tienes que elegir entre estar mal o vivir con miedo. Podemos trabajar para que vuelvas a sentirte bien sin que eso se convierta en una amenaza. Mereces recuperar tu tranquilidad y, sobre todo, volver a vivir sin estar constantemente pendiente de lo que podría pasar. Dolo Boix Psicóloga Sanitaria · CV-18993
Hola. Hay algo muy significativo en lo que contás: cuando te sentís peor y llegás a un punto en el que “te da igual todo”, la ansiedad disminuye; en cambio, cuando recuperás algo de esperanza y empezás a sentirte mejor, vuelve con mucha intensidad el miedo a enfermar o morir. Me preguntaría qué ocurre para vos en ese cambio. ¿Qué aparece cuando volvés a estar bien que sentís que podrías perder? ¿Qué significa para vos recuperar las ganas, los proyectos o la posibilidad de disfrutar? Y también si, después de tanto tiempo sintiéndote invalidada, incluso por vos misma, se ha vuelto difícil confiar en que podés estar bien sin que inmediatamente tenga que ocurrir algo malo. No necesariamente hay una única explicación. Pero parece que se ha construido una situación muy dolorosa en la que estar mal te protege de alguna manera del miedo que aparece cuando empezás a estar mejor. Creo que sería importante poder trabajar esto en terapia, no solamente para intentar disminuir la ansiedad, sino para comprender por qué la posibilidad de sentirte bien se ha vuelto tan amenazante y ayudarte a recuperar poco a poco una vida que no tengas que abandonar para sentirte a salvo.
Lo que describes es bastante comprensible: cuando aparece el miedo a morir o a enfermar, la ansiedad puede llevarte a estar constantemente pendiente de las sensaciones físicas y a interpretarlas como señales de peligro. Que la ansiedad disminuya cuando estás más hundida no significa que estar peor sea la solución, sino que en esos momentos puede disminuir la preocupación y la necesidad de controlar lo que ocurre. Además, haber tenido experiencias en las que te has sentido invalidada puede hacer que resulte todavía más difícil confiar en tu propio cuerpo y diferenciar entre una preocupación y una señal médica que necesita atención. Es importante no caer ni en ignorar los síntomas físicos por atribuirlos a la ansiedad, ni en entrar en un ciclo constante de comprobación y búsqueda de seguridad. Este tipo de problema puede trabajarse en terapia, especialmente aprendiendo a relacionarte de otra manera con las sensaciones corporales, la incertidumbre y los pensamientos relacionados con la enfermedad y la muerte. Si actualmente sientes que prefieres hundirte para no experimentar esa ansiedad, te recomendaría pedir ayuda profesional; no tienes por qué enfrentarte a esto sola.
Hola. Lo primero que quiero decirte es que **tus síntomas físicos son 100 % reales**. Sentirte invalidada o incomprendida por los médicos añade una soledad enorme, pero lo que siente tu cuerpo es verdadero. No "te lo estás inventando". Lo que te ocurre es una paradoja muy común en la ansiedad: * **Cuando te rindes o te hundes:** Tu mente siente que ya no hay nada que perder. Al "tirar la toalla", la alarma del pánico se apaga un momento, pero a costa de anestesiarte y dejar de vivir. * **Cuando vuelves a tener esperanza:** Vuelven las ganas de vivir y, con ellas, el miedo a perder la vida (a enfermar o morir). Tu cerebro confunde las ganas de vivir con un peligro inminente del que tiene que protegerte. **No tienes que elegir entre estar triste para no sentir pánico o vivir aterrorizada.** Desde la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) no buscamos pedirte que "te calmes" ni discutir con tus miedos. El objetivo es enseñarte a **desactivar la lucha contra tu propio cuerpo** y entender tus señales de alarma, para que puedas recuperar tus proyectos y ganas de vivir sin que el miedo te paralice. Es perfectamente posible romper este ciclo con el acompañamiento adecuado. Si necesitas un espacio humano y riguroso donde se valide lo que sientes, quedo a tu disposición en consulta.
Hola, tienes un Trastorno de Ansiedad que necesita terapia, recomiendo la terapia cognitiva-conductual que es muy efectiva y rápida. En estos momentos después de la crisis de pánico tienes miedo a volver a tener otra crisis y anticipas las situaciones que crees que te pueden poner nerviosa y en consecuencia las evitas. Espero haberte podido ayudar, para cualquier consulta puedes ponerte en contacto conmigo.
Lo que describes es muy importante: no es que quieras estar peor, es que has aprendido que cuando estás peor tienes menos miedo. A veces, después de un ataque de pánico, el miedo empieza a centrarse en el cuerpo y en la posibilidad de enfermar o morir. Y si además has vivido situaciones en las que te han hecho sentir que “todo es ansiedad”, es comprensible que ahora te cueste distinguir entre escuchar a tu cuerpo y estar pendiente de él constantemente. Que la ansiedad disminuya cuando estás deprimida y vuelva cuando recuperas la esperanza también puede tener sentido: cuando vuelves a tener cosas que te importan, vuelve el miedo a perderlas. Pero el objetivo no debería ser hundirte para dejar de sentir ansiedad. Se puede trabajar para recuperar esa esperanza sin que tener algo que perder implique vivir aterrorizada por perderlo.
Entiendo ese círculo tan doloroso: cuando la ansiedad se calma, aparece el vacío depresivo, y cuando asoma un poco de esperanza, el miedo a morir o enfermar vuelve con más fuerza. No estás sola en esto, y tiene una explicación: la ansiedad y la depresión a menudo funcionan como dos caras de la misma moneda. La desesperanza amortigua la alarma, pero también te desconecta; la esperanza te devuelve a la vida, y con ella la vulnerabilidad al miedo. Sentir que prefieres hundirte antes que enfrentar esa ansiedad es una señal de agotamiento, no de debilidad. Existen formas de trabajar este patrón sin tener que elegir entre una cosa y la otra, técnicas que ayudan a que la ansiedad deje de ser el eje de tu vida. Si quieres explorarlo con calma, en josepsychology.com tienes una sección específicamente sobre la ansiedad, y puedes solicitar una primera conversación gratuita en la que contármelo más en detalle. Un saludo.
Lo que describes puede resultar muy angustiante y agotador. Después de haber sufrido un ataque de pánico, algunas personas desarrollan un miedo intenso a volver a encontrarse mal, a enfermar o incluso a morir, y empiezan a estar muy pendientes de cualquier sensación física. Esto puede hacer que la ansiedad aumente precisamente en los momentos en los que vuelves a sentir esperanza o tienes más que perder. También es importante que no atribuyas automáticamente cualquier síntoma físico a la ansiedad. Haber tenido ansiedad no significa que todo lo que sientas tenga necesariamente un origen psicológico. Si aparecen síntomas físicos nuevos, persistentes o que te preocupan, es adecuado consultarlos médicamente. Me parece especialmente importante lo que comentas sobre que, cuando estás más deprimida y sientes que te da igual todo, la ansiedad disminuye y llegas a preferir sentirte así antes que experimentar ese miedo. Estás describiendo un nivel de sufrimiento considerable y sería recomendable que pudieras trabajarlo con un profesional de la psicología, tanto para abordar el miedo a la enfermedad y a la muerte como para valorar ese estado de ánimo. La ansiedad puede llegar a ocupar muchísimo espacio en la vida, pero existen tratamientos psicológicos eficaces para aprender a relacionarte de otra manera con esas sensaciones y pensamientos y recuperar poco a poco la sensación de seguridad.
Lo que describes es mucho más frecuente de lo que parece en consulta, especialmente cuando aparece miedo a la enfermedad o a la muerte después de una experiencia de pánico. Se puede trabajar y no tienes por qué enfrentarte a ello sólo o soóla, ni sentirte invalidarte por lo que te ocurre. Desde Doctoralia puedo pedir cita, tanto presencialmente como online, y podemos trabajar específicamente este miedo y la ansiedad que aparece cuando empiezas a encontrarte mejor. Un abrazo y ánimo
Llevar un año y medio con ansiedad, y además sentir que ni los médicos ni tú misma te tomabais en serio, es agotador. Que aun así fueras al médico tiene mucho mérito. Lo que describes tiene una lógica comprensible. Cuando te hundes y todo te da igual, tu sistema nervioso se apaga: ya no hay nada que proteger y el miedo baja. Cuando aparece la esperanza, vuelves a tener algo que perder, y la alarma se dispara. Ese hundimiento funciona como una anestesia: calma el miedo, pero también apaga tus ganas de vivir tu propia vida. Algunas cosas que puedes empezar a hacer: - Cuando llegue el miedo a enfermar o a morir, nómbralo: «esto es mi alarma, no un hecho». - Mantén el seguimiento médico de tus síntomas físicos y pide que se revisen aunque tengas ansiedad. Una cosa no excluye la otra. - Observa en qué momentos de bienestar aparece el miedo, sin juzgarte. Este vaivén entre ansiedad y bajón merece trabajarse con calma en un espacio terapéutico, donde puedas recuperar la esperanza sin que te asuste tanto. Si en algún momento ese «me da igual todo» se convierte en pensamientos de no querer vivir, llama al 024 o al 112. Espero que estas palabras te puedan acompañar.
Hola. Suele ocurrir que tras un ataque de pánico puede desarrollarse una vigilancia intensa de las sensaciones corporales: cuando vuelves a tener esperanza, también vuelve a importar mucho conservar tu salud y aparece el miedo a morir o enfermar. Cuando estás muy deprimida y “te da igual todo”, disminuye esa amenaza percibida y con ella puede bajar la ansiedad. Eso podría explicar la aparente contradicción, pero no demuestra que tus síntomas físicos sean imaginarios ni causados por ansiedad. Y hay una frase que no quiero pasar desapercibida...“cuando pienso en lo peor y estoy depresiva y me da igual todo”. Si con eso quieres decir que estás teniendo pensamientos sobre morir o hacerte daño deberías consultar con un profesional de manera urgente. En este caso conviene valorar primero tu seguridad. Por lo demás, si llevas meses encontrándote físicamente mal, es razonable que un médico valore esos síntomas por sí mismos. Tener ansiedad no invalida una evaluación médica. Después puedes trabajar específicamente ese ciclo de miedo a enfermar-morir sin convertir cada sensación corporal en una prueba de peligro. Espero haberte ayudado. Saludos.
Hola soy Sara Herrera psicóloga.La situación que planteas podría trabajarse en consulta a través de una buena evaluación y con ello poder contextualizar tu problema para aportartes las estrategias necesarias para ir cambiando la situación. Si tienes alguna duda solo tienes que preguntar
Hola. Lo que explicas parece estar siendo muy agotador, especialmente después de llevar tanto tiempo conviviendo con ansiedad y de haberte sentido invalidada por el hecho de tenerla, hasta el punto de llegar a dudar tú misma de lo que sientes o de si debes consultar cuando algo te preocupa. Un ataque de pánico puede generar mucho malestar y aparecer de forma inesperada, haciendo que después estemos más pendientes de nuestro cuerpo y de la posibilidad de que vuelva a ocurrir. También es comprensible lo que describes: cuando estás muy desanimada y sientes que todo te da igual, el miedo disminuye; pero cuando empiezas a encontrarte mejor, vuelve con fuerza el miedo a enfermar o morir. Esto puede hacer que acabes sintiendo que es más fácil estar hundida que soportar tanta ansiedad. En terapia se podría trabajar, en primer lugar, creando un espacio en el que puedas sentirte escuchada y comprendida, sin reducir automáticamente todo lo que te ocurre a “es ansiedad”. A partir de ahí, sería importante comprender qué cambió después de aquel primer ataque de pánico: qué empezaste a temer, cómo cambió la relación con tu cuerpo y qué haces actualmente cuando aparece el miedo. También se puede trabajar en aprender a reconocer las sensaciones, pensamientos y emociones que aparecen sin tener que luchar constantemente contra ellos ni interpretarlos inmediatamente como una señal de peligro. Poco a poco, el objetivo sería que la ansiedad pudiera estar presente sin determinar lo que haces y que pudieras recuperar actividades, relaciones y aspectos de tu vida que son importantes para ti. Además, sería importante explorar ese desánimo que describes y comprender qué función está teniendo. Si sentir que “todo da igual” hace que durante un tiempo desaparezca el miedo, puede resultar comprensible que una parte de ti prefiera ese estado antes que volver a sentir tanta ansiedad. En terapia se puede trabajar para encontrar una alternativa: poder recuperar la ilusión y las ganas de vivir sin que eso implique vivir constantemente pendiente de la posibilidad de enfermar o morir. Si ese estado que comentas en el que estás depresiva y que “te da igual todo” es persistente, te genera mucho malestar, te afecta las diferentes áreas de tu vida sería muy recomendable que pudieras compartirlo con tus personas de confianza y que pudieras buscar ayuda con un profesional de la salud mental. Espero que te mejores. un abrazo. Sara.
Hola! Entiendo que tiene que ser muy agotador vivir durante tanto tiempo con esa sensación de miedo y, además, sentir que por tener ansiedad tus síntomas físicos pueden no estar siendo tomados en serio... Hay algo importante en lo que cuentas: parece que cuando recuperas algo de esperanza o empiezas a encontrarte mejor, también aparece con mucha fuerza el miedo a perderlo, enfermar o morir. En cambio, cuando sientes que “te da igual todo”, la ansiedad disminuye porque, de alguna manera, también desaparece momentáneamente aquello que temes perder. Esto no significa que necesites estar mal para sentirte tranquila. Puede indicar que has entrado en un círculo en el que: miedo → vigilancia de sensaciones/síntomas → preocupación → más ansiedad → más miedo, y llega un momento en el que hundirte parece menos agotador que seguir luchando contra esa incertidumbre. También es importante no asumir que cualquier síntoma físico se debe a la ansiedad. Si existen síntomas físicos nuevos, persistentes o preocupantes, merecen la valoración médica correspondiente. Y respecto a ese “prefiero hundirme”: si con ello quieres decir que aparecen pensamientos de hacerte daño, de no querer vivir o sientes que podrías estar en riesgo, es importante pedir ayuda inmediata y no atravesarlo sola. Lo que estás sintiendo merece ser escuchado y valorado en su conjunto, tanto a nivel físico como psicológico. Un saludo.
Lo que describes es una dinámica muy frecuente en cuadros de ansiedad prolongada: el miedo a la esperanza o la desconexión protectora. Cuando el nivel de amenaza percibido (miedo a enfermar o morir) es insoportable, la mente activa un mecanismo de "apagón" emocional. Al estar depresiva o darte igual todo, la ansiedad baja porque sientes que no hay nada que perder ni proteger. En cambio, cuando recuperas el bienestar y la esperanza, reactivas el valor de tu vida, lo que tu sistema de alarma interpreta de inmediato como un riesgo de pérdida, disparando de nuevo el pánico. Prefieres hundirte porque la apatía te sirve como un escudo anestésico contra el miedo a la muerte. Por otro lado, la invalidación médica que has sufrido (atribuirlo todo a la ansiedad sin escucharte) ha destruido tu confianza corporal, atrapándote en una hipervigilancia constante. Pautas para romper este bucle Entiende la apatía como una defensa: Reconoce que la sensación de "que te dé igual todo" es solo un mecanismo de supervivencia de tu cerebro ante el agotamiento, no una solución real. Tolera la esperanza en dosis pequeñas: Entrena a tu mente para aceptar que tener ganas de vivir no atrae el peligro. La esperanza no te expone a la enfermedad; solo te devuelve la vida. Desvincula la ansiedad de una enfermedad física real: La somatización continuada es físicamente agotadora, pero sentir síntomas intensos no significa estar en riesgo inminente. Da el siguiente paso Para recuperar el control de tu salud y tu tranquilidad, es fundamental abordar esto desde un doble frente profesional: Solicita una revisión médica objetiva: Acude a un profesional de confianza para realizar los chequeos básicos necesarios. Una vez descartada la causa orgánica, pon un límite a las reevaluaciones continuas. Inicia psicoterapia especializada en ansiedad y somatización: Un proceso psicoterapéutico (orientación cognitivo-conductual) te dará herramientas concretas para desactivar la hipervigilancia, procesar la invalidación sufrida y aprender a sostener el bienestar sin miedo. No dejes pasar más tiempo adaptándote al sufrimiento. Pide cita con un especialista en salud mental para empezar a trabajar en tu recuperación.
Entiendo como te sientes y siento mucho que te hayas sentido invalidada; tu malestar físico es real y no es algo que te estés inventando. Lo que te pasa con la esperanza es muy agotador: cuando estás deprimida, tu cuerpo está en "modo ahorro" y la alarma de la ansiedad no tiene energía para sonar. Pero en cuanto intentas salir adelante, tu cerebro, que está hipervigilante, interpreta esa activación como un peligro y dispara la alarma con fuerza. Es como si tu sistema de seguridad se activara con cualquier movimiento. No tienes que elegir entre hundirte o sufrir; vamos a trabajar para que tu cuerpo aprenda a sentirse seguro de nuevo.
Por lo que comentas, tienes pensamientos de tipo hipocondríaco que probablemente se activaran tras el ataque de pánico ya que son sensaciones físicas muy desagradables. Cada vez que evitamos hacer algo por la ansiedad, sentimos un alivio inmediato pero reforzamos nuestra conducta, incrementa la ansiedad, y por tanto como dices, nos invalida más. Es necesario intentar romper el círculo exponiéndonos poco a poco a esas situaciones pero siempre de la mano de un profesional con el cual podamos indagar un poco más en nuestra historia, porque estas manifestaciones suelen tener una causa que es necesario tratar. Tu cuerpo está tratando de exteriorizar algo, preocupaciones, heridas, ya sea a través de rumiaciones, ansiedad o estados depresivos. Te animo a que busques acompañamiento psicológico, ya que es mucho tiempo conviviendo con este malestar, y mereces un proceso que te ayude a estar mejor.
Hola, gracias por compartir algo que imagino que está siendo muy difícil de gestionar. Hay algo de lo que cuentas que me parece especialmente importante: has llegado a sentir que estar triste y sin esperanza es más soportable que vivir con miedo constante. Y eso nos habla del nivel de agotamiento emocional que estás experimentando. Cuando llevamos mucho tiempo conviviendo con ansiedad, especialmente después de un ataque de pánico, podemos desarrollar una hipervigilancia hacia nuestras sensaciones corporales, interpretándolas como posibles señales de peligro. Y cuanto más intentamos asegurarnos de que nada malo va a ocurrir, más atrapados podemos sentirnos en ese miedo. Pero quiero señalarte algo: tener ansiedad no significa que todo lo que te ocurre físicamente sea consecuencia de ella. Tus síntomas merecen ser escuchados y valorados médicamente, independientemente de tus antecedentes de ansiedad. También sería importante explorar esa sensación de que prefieres hundirte antes que volver a sentir miedo. No necesariamente significa que quieras estar mal, sino que quizá has encontrado en la desesperanza una forma de dejar de luchar constantemente contra la incertidumbre. Mi recomendación sería buscar acompañamiento psicológico especializado en ansiedad y pánico, donde puedas trabajar ese miedo a enfermar y recuperar poco a poco la confianza en ti misma y en tu cuerpo. Y si esa desesperanza llega a acompañarse de pensamientos de hacerte daño o de no querer vivir, es importante pedir ayuda inmediata. No tienes que elegir entre vivir con miedo o dejar de tener esperanza. Hay otras formas de sentirte mejor, aunque ahora te cueste imaginarlas. Un abrazo, Alejandra Serrano Psicóloga General Sanitaria
Hola. Lo primero que quiero decirte es que entiendo lo que hice es que te pasa que es lo que llamaríamos en mi gremio "miedo al bienestar" o "miedo a la esperanza". Por explicártelo de una manera sencilla viene a ser lo siguiente: cuando estás hundida o lo das todo por perdido, piensas que ya no hay nada que proteger y entonces ahí es cuando mejoras un poco y la ansiedad se calma. Sin embargo, cuando empiezas a encontrarte un poco mejor y vuelves a conectar con las ganas de vivir, es cuando se nos activa otra vez ese miedo o hipocondría de "y si me pasa algo?". Por eso es normal que prefiramos refugiarnos en la desesperanza. Un año y medio es mucho tiempo para sentirse así. Y no tienes por qué normalizarlo. Te recomendaría muy seriamente acudir a un especialista que te ayude a manejar esta situación y que pueda enseñarte a ayudar a tu sistema nervioso a no estar constantemente en alerta. Ánimo y adelante.
Hola, gracias por compartir algo tan difícil. Siento que lleves tanto tiempo viviendo con este miedo y, además, con la sensación de no haber sido comprendida cuando has buscado ayuda. Quiero detenerme en algo importante que dices: cuando te encuentras peor, estás más desesperanzada y sientes que todo te da igual, la ansiedad disminuye; sin embargo, cuando empiezas a recuperar la ilusión, vuelve con mucha intensidad. A veces, después de una experiencia de pánico, el miedo deja de centrarse únicamente en que vuelva a ocurrir una crisis y empieza a girar alrededor de las sensaciones físicas, la enfermedad o la posibilidad de morir. En ese estado, recuperar la esperanza también puede hacer que vuelvas a sentirte vulnerable ante la posibilidad de perder lo que deseas recuperar. Que la ansiedad disminuya cuando estás más hundida no significa que estar peor sea mejor para ti. Puede que, en esos momentos, estés menos pendiente de lo que podría ocurrir o que hayas dejado de luchar por sentirte bien. Pero mereces encontrar una forma de vivir en la que no tengas que renunciar a la esperanza para sentir algo de tranquilidad. También quiero señalar algo: tener ansiedad no significa que tus síntomas físicos no deban tomarse en serio. Si te encuentras mal físicamente, mereces una valoración médica adecuada, sin que todo se atribuya automáticamente a la ansiedad. Haber sentido invalidación puede hacer que incluso tú misma empieces a dudar de lo que sientes, y es importante recuperar la confianza para pedir ayuda cuando la necesitas. Después de un año y medio, no tienes por qué seguir intentando gestionar todo esto en soledad. Un acompañamiento psicológico puede ayudarte a trabajar el miedo a enfermar o morir, la hipervigilancia corporal y la relación que se ha creado entre tus sensaciones físicas y la ansiedad. Y me gustaría que no pasaras por alto esa frase de que prefieres hundirte más. Si con ella quieres decir que estás perdiendo las ganas de vivir o que aparecen pensamientos de hacerte daño, es importante que lo compartas con alguien de confianza y busques ayuda cuanto antes. No tienes que elegir entre vivir con miedo o dejar de tener esperanza. Hay un camino intermedio, y mereces poder encontrarlo.
Hola. Debe de ser muy agotador sentir que, cuando recuperas un poco de esperanza, vuelve el miedo con tanta intensidad. Además, haberte sentido invalidada puede hacer que dudes de tus propias sensaciones y que te cueste pedir ayuda. Tener ansiedad no significa que todo lo que te ocurre físicamente deba atribuirse a ella. La ansiedad puede producir síntomas físicos reales, pero los síntomas nuevos o que empeoran merecen una valoración médica, sin dar por hecho su origen. Respecto a lo que describes, una posibilidad que habría que explorar es que, cuando sientes que «todo te da igual», disminuya temporalmente la lucha por controlar lo que podría suceder. Al recuperar la ilusión, quizá vuelva también el miedo a perderla o a que algo malo ocurra. Es una hipótesis, no una conclusión que pueda establecerse solo con este mensaje. Que la ansiedad disminuya al sentirte hundida no significa que necesites estar así para encontrar alivio. Después de un año y medio y con este grado de sufrimiento, sería importante una valoración de salud mental que atienda tanto al miedo a enfermar y al pánico como al desánimo. Hay tratamientos psicológicos, como la terapia cognitivo-conductual, que pueden ayudar a trabajar el miedo a las sensaciones corporales y la preocupación por la salud. Te animaría a contarle a quien te atienda exactamente esto que has escrito, especialmente «prefiero hundirme». Si ese «me da igual todo» incluye pensamientos de hacerte daño o de no querer seguir viviendo, busca ayuda inmediata: en España puedes llamar al 024 y, si hay peligro inmediato, al 112. No tienes que elegir entre vivir asustada o dejar de ilusionarte. Mereces una atención que tome en serio ambas partes de lo que estás viviendo.
Siento que lleves tanto tiempo viviendo con ese miedo, y que además te hayas sentido invalidada cuando intentabas pedir ayuda. Que la ansiedad baje cuando estás hundida no significa que tengas que quedarte así. A veces, cuando se apaga la esperanza, también disminuye por un momento la presión de intentar controlar o anticipar lo que puede pasar. Ese alivio puede formar parte de un círculo de ansiedad y miedo a la enfermedad, pero no permite descartar por sí solo un problema físico.
Hola, siento mucho que estés pasando por esto. Después de tanto tiempo con ansiedad, es comprensible que estés agotada, especialmente si has sentido que tus síntomas físicos se atribuían a la ansiedad sin sentirte escuchada. A veces, cuando el miedo a enfermar o morir es tan intenso, la propia esperanza de encontrarse mejor puede generar más temor. Pero no tienes que resignarte a vivir así ni elegir entre sufrir físicamente o sentir ansiedad. Me gustaría preguntarte: ¿qué síntomas físicos empezaste a notar y qué es lo que más miedo te da que pueda pasarte? Si lo deseas, podemos valorar tu caso de forma individual para comprender mejor qué te está ocurriendo y cómo ayudarte a recuperar tranquilidad y calidad de vida. Un saludo.
Hola, Lo que describes refleja un nivel de sufrimiento emocional importante, especialmente cuando sientes que mejorar o recuperar la ilusión por las cosas vuelve a despertar el miedo a enfermar o morir. En ocasiones, cuando la ansiedad es muy intensa y persistente, la desesperanza o la sensación de indiferencia pueden experimentarse como un alivio temporal, porque dejamos de anticipar aquello que tanto tememos. Sin embargo, esto no significa que estemos mejor emocionalmente, sino que podemos estar entrando en una dinámica de ansiedad y desánimo que se retroalimentan. También es importante recordar que tener ansiedad no invalida tus síntomas físicos. Mereces que sean escuchados y valorados adecuadamente. Por lo que explicas, sería recomendable abordar tanto la ansiedad relacionada con la salud como los sentimientos de desesperanza. La terapia cognitivo-conductual puede ayudarte a trabajar el miedo a la enfermedad, la hipervigilancia corporal y los pensamientos catastróficos. Me parece especialmente importante que puedas expresar a un profesional esa sensación de preferir hundirte antes que seguir sintiendo miedo, para valorar cómo te encuentras emocionalmente y ofrecerte el apoyo que necesitas. Si aparecen pensamientos de hacerte daño o de no querer vivir, busca ayuda urgente. No tienes que elegir entre vivir con miedo o dejar de tener esperanza. Existen formas de trabajar ese sufrimiento y recuperar tu bienestar. Un saludo!
¡Hola! Siento mucho que lleves tanto tiempo viviendo con este miedo y que, además, hayas llegado a sentirte invalidada cuando has buscado ayuda. La ansiedad relacionada con la salud puede ser muy desgastante, especialmente cuando aparece el miedo a morir o a tener una enfermedad y sientes que no puedes confiar ni en tus propias sensaciones. A veces, cuando dejamos de tener esperanza o nos resignamos a lo peor, la ansiedad disminuye porque dejamos de luchar contra la incertidumbre. Pero eso no significa que tengas que hundirte para encontrar alivio. Mereces estar mejor sin tener que vivir con ese miedo constante. Creo que sería importante que pudieras trabajar esto en un espacio terapéutico donde te sientas escuchada y comprendida, sin minimizar lo que estás viviendo. Si lo deseas, estaré encantada de acompañarte a encontrar una forma más tranquila de relacionarte con estos miedos. Te mando un fuerte abrazo.
Hola, gracias por compartir tu experiencia. Por lo que cuentas, llevas mucho tiempo conviviendo con la ansiedad y parece que, además del miedo a enfermar o morir, has tenido que lidiar con la sensación de no sentirte comprendida o validada cuando has buscado ayuda. Es comprensible que esto haya podido aumentar tu inseguridad y hacer que te cueste confiar en tus propias sensaciones. Hay algo que me parece importante de lo que describes: cuando te encuentras peor anímicamente y pierdes la esperanza, la ansiedad disminuye, pero cuando empiezas a encontrarte mejor y vuelves a ilusionarte, el miedo reaparece con mucha intensidad. A veces, cuando llevamos mucho tiempo atrapados en la ansiedad, la incertidumbre y el miedo pueden llegar a resultar tan difíciles de soportar que dejar de esperar o de ilusionarnos parece una forma de protegernos de ellos. Sin embargo, no significa que tengas que renunciar a encontrarte bien para poder sentirte segura. También es importante que puedas atender tus síntomas físicos sin sentir que tienes que elegir entre pensar que todo es ansiedad o temer que exista una enfermedad grave. La ansiedad no invalida las sensaciones físicas, y mereces que te escuchen y valoren tus preocupaciones adecuadamente. Después de tanto tiempo sufriendo, no tienes por qué resignarte a vivir así. Es posible trabajar el miedo a la enfermedad y a la muerte, la dificultad para tolerar la incertidumbre y esa sensación de que estar mejor te expone de nuevo al sufrimiento. Si lo necesitas, estaré encantado de acompañarte en este proceso para que puedas recuperar poco a poco la tranquilidad y volver a disfrutar de las cosas sin que el miedo tenga que marcar tus decisiones. Un saludo, José Bonet Psicólogo General Sanitario
Muy buenas tardes. Lo siento muchísimo. Además de psicóloga, soy enfermera y sé perfectamente lo que es sufrir físicamente y sentir que el entorno médico desvalora el malestar o cuelga la etiqueta de "todo es ansiedad", haciéndote dudar de ti misma. Lo que explicas de preferir hundirte antes que soportar el miedo tiene una explicación clara: cuando estás agotada, la depresión frena al cuerpo. Pero al asomar la esperanza, el cerebro reactiva la alarma por miedo a perder el control. Pautas que ayudan: Valida tu cuerpo: En lugar de luchar contra el síntoma, lleva la atención a algo físico y neutro (como el peso de los pies en el suelo) para avisar al sistema nervioso de que ahora estás a salvo. Reduce el tiempo: Concéntrate en el día de hoy y en las pequeñas acciones de los próximos minutos, frenando el futuro. No te exijas estar bien (fundamental y sé que cuesta mucho): Acepta los días de bajada y trátate con compasión. Si quieres que miremos tu caso y te dé herramientas concretas, podemos vernos. Visito en Sant Just Desvern, en General Mitre (Barcelona) y online.
Lo que te pasa tiene bastante sentido dentro de un problema de ansiedad mantenida. Cuando estás muy hundida y sientes que te da todo igual, baja también la necesidad de controlar si estás enferma, si te puede pasar algo o si vas a morir, y por eso la ansiedad puede bajar. En cambio, cuando vuelves a tener esperanza, aparece otra vez todo lo que sientes que podrías perder y el miedo se dispara. Yo trabajaría mucho esa parte, porque parece que tu cabeza ha aprendido que estar peor emocionalmente te protege del miedo. Y claro, eso acaba atrapándote. También creo que después de haberte sentido invalidada médicamente es normal que ahora dudes incluso de tus propias sensaciones físicas. Ahí habría que aprender a diferenciar qué necesita revisión médica y qué pertenece al circuito de ansiedad, sin caer ni en ignorarlo todo ni en comprobar constantemente. Como pauta, cuando notes que vuelve el miedo a enfermar intenta no resolverlo en ese momento buscando síntomas, preguntando o comprobando tu cuerpo. Puedes decirte algo como "ahora mismo estoy asustada, pero no necesito decidir si tengo algo grave". Parece simple, pero ayuda a cortar el bucle.
Hola, Siento mucho que estés pasando por una situación así. Debe de ser muy agotador llevar tanto tiempo conviviendo con la ansiedad y, además, sentir que cuando algo te ocurre físicamente no se te toma en serio. Quiero decirte algo importante: tener ansiedad no significa que todo lo que te ocurre sea ansiedad. Tus síntomas físicos merecen ser escuchados y valorados, igual que los de cualquier otra persona. Y, aunque algunos puedan estar relacionados con la ansiedad, eso no hace que sean menos reales. Después de un ataque de pánico, algunas personas desarrollan una vigilancia constante de su cuerpo, pendientes de cualquier sensación que pueda indicar que algo va mal. Esto puede generar un círculo muy difícil de romper, en el que el miedo aumenta la atención a los síntomas y esa atención alimenta todavía más el miedo. Creo que sería importante poder trabajar todo esto en un espacio donde te sientas escuchada, sin que se dé por hecho que lo que te ocurre es "solo ansiedad". Un acompañamiento psicológico puede ayudarte a comprender ese miedo, recuperar la confianza en tu cuerpo y encontrar otras formas de sentirte segura. También te animaría a continuar buscando una valoración médica adecuada para los síntomas físicos que comentas, especialmente si son nuevos o han cambiado. Y, por último: dices que a veces prefieres hundirte más antes que sentir tanta ansiedad. No deberías tener que elegir entre vivir con miedo o encontrarte cada vez peor. Si esa desesperanza llega a convertirse en pensamientos de hacerte daño o de no querer vivir, es importante que pidas ayuda inmediata a una persona de confianza o a un servicio sanitario de urgencias. Aunque ahora te cueste imaginarlo, es posible trabajar para que la ansiedad deje de ocupar tanto espacio en tu vida. Te mando mucho ánimo. Laura Maier Psicóloga
Hola, siento mucho que lleves tanto tiempo viviendo con este nivel de sufrimiento. Debe de ser muy agotador sentir miedo a morir o a enfermar, especialmente cuando las experiencias de sentirte invalidada han hecho que te cueste confiar en tus propias sensaciones y buscar ayuda. A veces, cuando llevamos mucho tiempo con ansiedad, podemos entrar en un círculo en el que estar mejor vuelve a dar miedo, porque reaparece la posibilidad de que algo malo suceda. Cuando te encuentras sin esperanza, parece que disminuye esa lucha constante, pero eso no significa que tengas que renunciar a sentirte bien para encontrar alivio. Es importante que puedas atender tanto el malestar emocional como los síntomas físicos que estás experimentando, sin dar por hecho que todo se debe a la ansiedad. Mereces sentirte escuchada y recibir la atención que necesitas. Hay formas de trabajar este miedo para que poco a poco deje de condicionar tu vida. Si lo necesitas, estaré encantada de ayudarte a comprender qué está manteniendo este círculo de ansiedad y a encontrar herramientas para afrontarlo con mayor seguridad y tranquilidad. Un saludo
Podemos trabajar esa ansiedad y si quieres te hablo del proceso en una primera sesión sin compromiso y vemos el trabajo que se hace para mejorar esa situación. También trabajo online. Un saludo.
Lo que explicas tiene bastante sentido desde el punto de vista psicológico, aunque entiendo que debe de ser muy agotador vivirlo. Después de un ataque de pánico, algunas personas desarrollan un estado de hipervigilancia hacia su cuerpo, interpretando determinadas sensaciones físicas como posibles señales de enfermedad o peligro. Esto puede generar un círculo de miedo, ansiedad y preocupación constante. Hay algo especialmente interesante en lo que comentas: cuando te encuentras emocionalmente hundida, la ansiedad disminuye, pero cuando recuperas la esperanza, vuelve con intensidad. Es posible que, cuando empiezas a sentirte mejor, también reaparezca el miedo a perder ese bienestar. En cambio, el desánimo puede funcionar como una especie de protección emocional, aunque a costa de tu calidad de vida. Pero hay algo importante: tener ansiedad no significa que cualquier síntoma físico deba atribuirse a ella. Mereces que tus molestias sean escuchadas y valoradas médicamente. La solución no pasa por renunciar a sentirte bien para evitar el miedo, sino por aprender progresivamente a tolerar la incertidumbre y recuperar la confianza en tu cuerpo y en tu capacidad para afrontar lo que pueda suceder.
Hola, buenos días. Lo que describes puede ocurrir cuando la ansiedad se ha centrado mucho en la salud y en el miedo a morir. Cuando estás más hundida y sientes que “todo te da igual”, disminuye temporalmente aquello que temes perder; en cambio, cuando recuperas ilusión o esperanza, vuelve con fuerza el pensamiento de “¿y si enfermo?, ¿y si muero?”, y la ansiedad se dispara. Eso puede convertirse en un círculo muy agotador. También es importante algo que señalas: tener ansiedad no significa que cualquier síntoma físico deba atribuirse automáticamente a ella. Si tienes síntomas nuevos, persistentes o diferentes, merecen una valoración médica adecuada. Después, si médicamente están estudiados, conviene trabajar la tendencia a vigilar constantemente el cuerpo, anticipar enfermedades, buscar certeza y interpretar las sensaciones desde el peor escenario. En terapia se puede trabajar precisamente ese miedo a enfermar o morir sin intentar eliminar toda incertidumbre, porque buscar una seguridad absoluta suele alimentar todavía más la ansiedad. También habría que valorar tu estado de ánimo, porque dices que en algunos momentos estás depresiva y prefieres hundirte antes que sentir ese miedo. Si cuando dices que “te da igual todo” aparecen pensamientos de no querer vivir, desaparecer o hacerte daño, coméntaselo cuanto antes a alguien de confianza y busca ayuda profesional urgente; si existe riesgo inmediato, acude a urgencias o contacta con emergencias de tu país. Un saludo.
Hola. Siento mucho que te hayas sentido invalidada; eso añade un peso enorme a lo que ya estás viviendo. Lo que cuentas tiene sentido: cuando aparece la esperanza también aparece el miedo a perder lo que importa, y la ansiedad se dispara. Hundirse puede dar un alivio momentáneo, pero no es una salida, y mereces algo mejor que elegir entre ansiedad y apatía. Te animo a buscar acompañamiento psicológico para trabajar el miedo a la enfermedad, y a mantener tus revisiones médicas. Si en algún momento sientes que no puedes más o aparecen ideas de hacerte daño, puedes llamar al 024, gratuito y disponible las 24 horas. Un abrazo.
UNa de las mejores opciones de tratamiento es la terapia de aceptación y compromiso, mi primera sesión es totalmente gratuita y sin compromiso.
Hola, gracias por compartir algo tan difícil. Quiero empezar diciéndote que lo que describes tiene que estar siendo muy agotador, especialmente después de llevar un año y medio conviviendo con ansiedad y sintiendo que, además, no siempre has encontrado la comprensión que necesitabas por parte de los profesionales sanitarios. Hay algo de tu relato que me parece especialmente importante: comentas que cuando te encuentras en un estado más depresivo, sin esperanza y sintiendo que todo te da igual, la ansiedad disminuye; sin embargo, cuando empiezas a encontrarte mejor y recuperas cierta ilusión, aparece de nuevo un miedo muy intenso a morir o enfermar. A veces, después de una experiencia de pánico, nuestro sistema nervioso puede quedar muy sensibilizado ante cualquier sensación corporal o pensamiento relacionado con la salud. Se desarrolla una especie de hipervigilancia en la que la posibilidad de enfermar, morir o perder el control se vive como una amenaza constante. También puede ocurrir que, después de tanto tiempo sufriendo, la propia sensación de estar bien empiece a generar inseguridad. Cuando vuelves a tener esperanza, reaparece el miedo a perderla, a que algo malo suceda o a volver a experimentar aquel sufrimiento. No significa que no quieras estar bien, sino que puede haberse establecido una asociación entre sentirte vulnerable y necesitar anticipar constantemente el peligro. Me gustaría señalarte algo: que la ansiedad disminuya cuando te hundes emocionalmente no significa que ese sea un estado más seguro para ti. Puede que, al dejar de esperar algo bueno o de estar pendiente de tu bienestar, disminuya temporalmente la sensación de amenaza. Pero no necesitas renunciar a la ilusión ni a la esperanza para dejar de sentir ansiedad. Por otro lado, quiero insistir en que no debes atribuir automáticamente cualquier síntoma físico a la ansiedad. Si has experimentado síntomas nuevos o persistentes, tienes derecho a que sean escuchados y valorados médicamente. Haber tenido ansiedad no invalida tus sensaciones físicas ni significa que todo lo que te ocurra tenga necesariamente un origen emocional. Desde mi perspectiva sería importante trabajar no solamente el miedo a morir o enfermar, sino también cómo quedó tu sistema nervioso después de aquel primer ataque de pánico, la relación que has desarrollado con tus sensaciones corporales y la dificultad para sentirte segura cuando empiezas a recuperar el bienestar. Me gustaría que pudieras recuperar la posibilidad de estar bien sin sentir que, por ello, te estás exponiendo a algo malo. No tienes que elegir entre vivir con ansiedad o dejar de tener esperanza. Mereces poder disfrutar de tu vida sin que el miedo ocupe constantemente ese espacio. Y, dado que comentas que a veces prefieres hundirte más y que te da igual todo, sería importante explorar también cómo estás viviendo esos momentos y valorar si existe desesperanza o algún pensamiento de hacerte daño. Si esto último está presente, busca apoyo profesional cuanto antes.
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