Llevo 1 Año y medio con ansiedad después de un ataque de pánico. Hace meses me empecé a encontrar ma
Llevo 1 Año y medio con ansiedad después de un ataque de pánico. Hace meses me empecé a encontrar mal físicamente de verdad y me costó ir al médico porque me he sentido muy invalidada por la ansiedad ( por los médicos y con ello hasta yo misma). La cosa es que cuando pienso en lo peor y estoy depresiva y me da igual todo la ansiedad se calma pero en cuanto estoy un poco mejor y tengo esperanza la ansiedad es tanta el miedo a morir y a enfermar es lo peor que prefiero hundirme más que esto.
2 respuestas
Siento que lleves tanto tiempo conviviendo con esta sensación. Después de un ataque de pánico, es posible quedarse en un estado de alerta constante, especialmente pendiente de cualquier sensación física y de la posibilidad de que algo malo pueda ocurrir. Y cuando además has sentido que tus síntomas se atribuían únicamente a la ansiedad, es comprensible que hayas terminado dudando incluso de tus propias sensaciones. Lo que cuentas sobre sentir menos ansiedad cuando estás más desanimada y que esta aumente cuando vuelves a tener esperanza también puede tener sentido: cuando empiezas a encontrarte mejor, vuelve a aparecer el miedo a perder ese bienestar, a enfermar o a morir, y tu mente intenta protegerte anticipándose constantemente a posibles peligros. Aunque ahora pueda parecer un círculo difícil de romper, se puede trabajar. En terapia podemos aprender a relacionarnos de otra manera con las sensaciones físicas y los pensamientos de miedo, reducir esa necesidad de estar constantemente alerta y, sobre todo, conseguir que volver a sentirte bien no se convierta en algo que dé miedo. No tienes por qué elegir entre sentirte hundida o vivir con ansiedad. Hay un punto diferente al que podemos llegar, y pedir ayuda para trabajarlo puede ser un buen comienzo.
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Muchas gracias por compartir. Entiendo lo agotador que debe de ser llevar tanto tiempo conviviendo con ansiedad y, además, haber sentido que tus síntomas físicos no eran escuchados por tener ese antecedente. Que exista ansiedad no significa que el malestar físico sea imaginario ni que cualquier síntoma deba atribuirse automáticamente a ella. Si continúas encontrándote mal, puedes volver a consultar y explicar por escrito qué sientes, desde cuándo y cómo ha evolucionado; también tienes derecho a pedir otra valoración si no te has sentido atendida. Lo que cuentas sobre sentir menos ansiedad cuando estás hundida puede resultar desconcertante, pero tiene cierto sentido emocional. Cuando aparece la desesperanza y sientes que ya nada importa, también puede disminuir temporalmente el miedo a perder la salud o la vida. En cambio, cuando recuperas algo de ilusión, vuelves a sentir que tienes mucho que perder y tu sistema de alarma se activa con fuerza. Esto no significa que necesites estar deprimida para encontrarte tranquila, sino que la ansiedad está intentando proteger de una forma desproporcionada aquello que vuelve a importarte. Quizá el camino no sea elegir entre estar hundida o vivir aterrorizada, sino aprender poco a poco a hacer espacio al miedo sin dejar que decida por ti. Cuando aparezca, puedes probar a decirte: «Ahora mismo está apareciendo el miedo a enfermar o morir». Observa dónde lo notas en el cuerpo y permítele estar unos instantes sin discutir con él, comprobar síntomas continuamente ni buscar una certeza absoluta. Aceptar su presencia no significa resignarte ni pensar que existe un peligro real; significa dejar de pelearte con una experiencia que ya está ahí y continuar, en la medida de lo posible, con aquello que te importa. También sería importante explorar qué haces para tranquilizarte: revisar tu cuerpo, buscar enfermedades en internet, preguntar repetidamente, evitar actividades o acudir constantemente a comprobaciones. Estas conductas pueden aliviar durante unos minutos, pero a veces terminan reforzando el miedo. No se trata de eliminarlas todas de golpe, sino de ir recuperando gradualmente tu vida sin esperar a sentir una seguridad completa. Si ya tienes terapeuta, sería importante contarle exactamente esta alternancia entre esperanza, miedo y desesperanza. Si no cuentas con acompañamiento, quizá sea un buen momento para buscarlo, trabajando tanto la ansiedad por la salud y el pánico como el estado depresivo y la experiencia de invalidación que has vivido. Cuando dices que prefieres hundirte y que a veces te da igual todo, no quiero interpretar algo que no has dicho, pero sí creo que merece ser preguntado con cuidado. Si esa desesperanza incluye pensamientos de no querer vivir, de desaparecer o de hacerte daño, cuéntaselo cuanto antes a un profesional y a una persona cercana. Si en algún momento sintieras que no puedes mantenerte a salvo, solicita ayuda urgente. No estás eligiendo sentirte así ni has fracasado por seguir teniendo ansiedad. Hay una parte de ti que continúa buscando esperanza y otra que se asusta cuando la encuentra. Ambas necesitan ser comprendidas y acompañadas. Un abrazo grande Elbire Arana Psicóloga General Sanitaria Colegiada M-42807
Todo el contenido, en particular las preguntas y respuestas, es de carácter informativo y en ningún caso puede sustituir un diagnóstico médico.

