Preguntas de pacientes (1085)

  • Hola, soy Alicia y no se ni quien soy ni que hago en esta vida. Acabo de terminar bachillerato inter

    Hola, soy Alicia y no se ni quien soy ni que hago en esta vida. Acabo de terminar bachillerato internacional y mi plan durante mis año de bachillerato era irme a estudiar a Holanda. Siempre he querido irme fuera de España a vivir y hay una carrera que me gusta mucho, European Studies. No obstante mis padres nunca aprobaron eso y como dependo económicamente de ellos, pues no pude irme. Tengo familia en Salamanca así que es donde estoy ahora mismo. Me he matriculado a Global Studies, sin embargo no estoy yendo a clase, solo fue 2 días al principio y ya. No es me disguste, al fin y al cabo hay alguna similitud entre Global Studies y European Studies; pero no estoy motivada para ir a clase. Aparte la gente ya tiene grupo de amigos. Mi plan ahora mismo de vida es: seguir sin ir a clase y encontrar trabajo para poder irme a Holanda el año que viene.

    Parece fácil, pero tengo un caos en mi mente. Mis padres no me apoyan, se piensan que voy a seguir con Global Studies ( de hecho no saben que no estoy yendo a clase). Mis padres nunca me han apoyado del todo, también pusieron pegas cuando me cambie del bachillerato de la salud al social. Me da miedo no encontrar trabajo ( solo tengo tres meses de experiencia en una fabrica del sector cárnico) y tener que quedarme en Salamanca para siempre, o cambiarme a otra carrera que no me guste tanto como European Studies. Me da miedo como se lo pueden tomar mis padres, además mi relación con ellos no es muy buena. Mi novio si consiguió irse a Holanda, ahora tenemos una relación a distancia y me da miedo que la relación a distancia nunca se acabe porque no consiga ir a Holanda.

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Claudio Rodal Tenorio

    Hola, Alicia. Antes de nada, muchas gracias por compartir conmigo cómo te estás sintiendo y por explicar con tanta sinceridad lo que estás viviendo.

    Por lo que me cuentas, creo que estás atravesando un momento de bastante incertidumbre, algo especialmente comprensible en una etapa vital en la que empiezas a construir tu propia identidad, tomar decisiones importantes y plantearte qué vida quieres tener. Y tengo la sensación de que una parte importante de tu malestar no tiene tanto que ver con no saber lo que quieres, porque parece que tienes bastante claro hacia dónde te gustaría dirigirte, sino con sentir que no tienes la libertad, los recursos o el apoyo necesarios para hacerlo.

    También creo que sería interesante trabajar esa relación con tus padres, el miedo a decepcionarlos, la necesidad de autonomía y cómo todo esto puede estar influyendo en tu motivación y en las decisiones que estás tomando. A veces, cuando sentimos que nuestra vida no avanza en la dirección que deseamos, podemos acabar paralizándonos, y esa parálisis termina generando todavía más angustia e incertidumbre.

    Por eso, creo que podría venirte muy bien empezar un proceso terapéutico. No tanto para que alguien te diga qué carrera estudiar o qué decisión tomar, sino para ayudarte a comprender mejor lo que te está pasando, ordenar todas esas preocupaciones y empezar a construir un proyecto de vida que tenga sentido para ti, sin que el miedo termine condicionando todas tus decisiones.

    Además, disponemos de **bonos de sesiones con tarifas reducidas para personas jóvenes**, como entiendo que es tu caso, precisamente para facilitar el acceso a la terapia en esta etapa.

    Si te apetece, podemos concertar una primera sesión, conocernos y empezar a trabajar todo esto con calma. Creo que hay bastantes aspectos sobre los que podríamos reflexionar y que podrían ayudarte mucho.

    Un abrazo, Alicia.


  • mi fantasia mas exitante cuando me masturbo es con imagenes de mi mujer teniendo relaciones y orgasm

    mi fantasia mas exitante cuando me masturbo es con imagenes de mi mujer teniendo relaciones y orgasmos con otra persona conocida, como un compañero de trabajo o su medico. Es esto insano, me produce placer y a veces culpa, o como se puede interpretar

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Claudio Rodal Tenorio

    Habría que explorar esos valores, normas y por qué aparecen esos pensamientos.


  • Mi esposo hace años me fue infiel con varias relaciones donde duró años con ellas y tuvo intimidad.

    Mi esposo hace años me fue infiel con varias relaciones donde duró años con ellas y tuvo intimidad. Yo decidí seguir con el a pesar de ello , para tener mi relación estable y porque lo amo. Y ahora yo cometí un error con alguien que le di un beso y él se enteró y ahora no me quiere perdonar. Que hago para que me perdone ?

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Claudio Rodal Tenorio

    Al final es una decisión personal de su esposo, pero yo creo que siempre acudir a terapia de pareja puede ser beneficioso.


  • Mi esposo hace años me fue infiel con varias relaciones donde duró años con ellas y tuvo intimidad.

    Mi esposo hace años me fue infiel con varias relaciones donde duró años con ellas y tuvo intimidad. Yo decidí seguir con el a pesar de ello , para tener mi relación estable y porque lo amo. Y ahora yo cometí un error con alguien que le di un beso y él se enteró y ahora no me quiere perdonar. Que hago para que me perdone ?

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Claudio Rodal Tenorio

    Acudan a terapia de pareja


  • Me tome anoche 3 lorazepam y esta mañana a me levante como mareada y poco has de hacer las cosas.

    Me tome anoche 3 lorazepam y esta mañana a me levante como mareada y poco has de hacer las cosas.

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Claudio Rodal Tenorio

    A veces puede ser un efecto secundario típico.


  • Quisiera conseguir ayuda para mejorar mi vida pues he sido diagnosticado con tda y sitnomas de, o ta

    Quisiera conseguir ayuda para mejorar mi vida pues he sido diagnosticado con tda y sitnomas de, o tal vez ,depresion. Ya he intentado ir a terapia con psicologos y psiquiatras pero no parece ayudar. No se que tipo de psicologo o tipo de tratamiento estoy buscando y habiendo tantas opciones me confundo aun mas. Alguna surgerencia de con quien pueda hablar para averiguar que tipo de terapia nesecito o algun examen?

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Claudio Rodal Tenorio

    Gracias por compartir esto con tanta sinceridad. Ya el hecho de que estés buscando ayuda, incluso después de haberlo intentado varias veces, dice mucho de tu fuerza y de tus ganas de salir adelante, aunque ahora todo parezca confuso o estancado. Es muy comprensible que te sientas perdido entre tantas opciones y términos terapéuticos. Cuando uno está lidiando con TDA (trastorno por déficit de atención) y síntomas depresivos, el simple hecho de elegir por dónde empezar puede sentirse abrumador. Pero no estás solo, y no estás sin salida.

    Lo primero que quiero decirte —y que me gustaría que te grabes aunque ahora te cueste creerlo— es que no es que tú hayas fallado en la terapia, sino que probablemente no encontraste aún el enfoque o el terapeuta adecuado para ti. Y eso le pasa a muchísimas personas. Ir a terapia no siempre es encontrar alivio inmediato. A veces es un proceso de búsqueda, de prueba, de ajuste. Y a veces, también, necesitamos alguien que nos acompañe a buscar mejor.

    Por eso, quiero proponerte algo: que vengas a hablar conmigo. No para empezar de cero desde la obligación, ni para forzarte a nada, sino para conversar tranquilamente, explorar juntos qué necesitas, qué no funcionó antes, y qué caminos podemos abrir ahora. Yo no voy a juzgarte ni a darte soluciones rápidas, sino a ayudarte a entender qué tipo de ayuda puede ser más adecuada para ti —y sobre todo, qué sentido tiene buscarla hoy, en esta etapa de tu vida.

    Podemos empezar con una primera sesión sin presión, en la que simplemente me cuentes cómo estás, cómo fue tu experiencia previa con la terapia, qué te hace sentir que nada ha ayudado del todo… y a partir de ahí, ver si quieres seguir, si te gustaría probar otro enfoque, o si quizás necesitas algo diferente a lo que habías intentado. A veces el problema no es ir al psicólogo, sino encontrar un lugar donde no tengas que disimular, donde puedas ser tú sin que te sientas un caso más.

    En cuanto al diagnóstico de TDA y síntomas depresivos, es importante que lo miremos también desde una perspectiva más amplia: cómo afecta a tu forma de pensar, de sentir, de organizarte, de vivir las relaciones. Y no solo desde la etiqueta médica, sino desde cómo lo estás viviendo tú.

    Si lo que te falta no es motivación, sino claridad sobre qué camino tomar… entonces deja que te ayude con eso. No necesitas saberlo todo ahora. Solo dar un pequeño paso, y yo estaré aquí para acompañarte.

    Cuando quieras, puedes escribirme. Estoy listo para escucharte.


  • Como superar el arrepentimiento o error de abortar

    Como superar el arrepentimiento o error de abortar

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Claudio Rodal Tenorio

    Lo primero que quiero decirte es que si estás cargando con arrepentimiento por haber abortado, es importante que no lo hagas sola. Lo que estás sintiendo no es raro, ni exagerado, ni inválido. El proceso de tomar una decisión tan íntima, tan compleja y tan irrepetible como la de interrumpir un embarazo puede tener muchas capas: alivio, culpa, tristeza, dudas, miedo, rabia… a veces todo a la vez. Y eso no significa que hayas hecho algo “mal” o que estés rota. Significa que eres humana y estás intentando vivir con una decisión que quizás tomaste desde lo mejor que podías hacer en ese momento, pero que hoy te cuesta sostener.

    Superar el arrepentimiento de un aborto no es borrar lo que pasó, ni obligarte a pensar que fue “la decisión correcta” si ahora no lo sientes así. Es aprender a mirar esa decisión desde otro lugar. Desde el contexto real en que la tomaste: ¿qué sabías en ese momento?, ¿qué recursos tenías?, ¿cómo te sentías?, ¿qué alternativas reales existían? Solemos castigarnos con la perspectiva del presente, con lo que hoy pensamos o sentimos, como si aquella persona que decidió —que eras tú, pero en otro momento vital— hubiera tenido toda la claridad que hoy tienes. Y eso no es justo.

    Tal vez en aquel momento sentiste miedo, inseguridad, presión, o simplemente no te viste con fuerza para seguir adelante con ese embarazo. Ninguna decisión en ese terreno se toma con el corazón completamente en paz. A veces no hay una opción “buena” sino apenas la menos dolorosa, la más viable, o la única que parece posible.

    Sanar implica permitirte sentir lo que ahora sientes —arrepentimiento, duelo, nostalgia, tristeza— sin que eso signifique necesariamente que hiciste algo imperdonable. Puedes estar triste por lo que pasó y, al mismo tiempo, entenderte con compasión. El dolor no siempre es señal de un error; a veces es simplemente el precio de decisiones difíciles, necesarias o incluso inevitables.

    Aquí te dejo algunos caminos que pueden ayudarte a transitar este proceso:

    Escribe una carta a esa versión tuya que tomó la decisión. No para juzgarla, sino para entenderla. Pregúntate qué necesitaba, qué temía, por qué eligió lo que eligió. Escribirlo puede ayudarte a integrar lo vivido desde la comprensión en lugar de la culpa.

    Dale un lugar simbólico a la pérdida. Algunas personas hacen un ritual íntimo: una carta, una flor, una vela… algo que les permita cerrar el ciclo desde el corazón, no desde el castigo.

    Habla con alguien que te escuche sin juicio. Puede ser una terapeuta, una amiga, alguien que sepa estar sin intentar “arreglarte”. A veces, solo decirlo en voz alta ya alivia el peso.

    Evita las narrativas binarias de “fue un error” o “fue lo correcto”. Hay decisiones que no caben en esas etiquetas. Puedes haber elegido algo que hoy te duele sin que eso te convierta en una mala persona.

    Revisa tu diálogo interno. Si te hablas con dureza, si te castigas mentalmente, intenta poco a poco introducir una voz más compasiva. No se trata de justificar, sino de comprender. Tu historia merece ternura, no condena.





  • Mi pareja de casi 20años nunca dice mi nombre, siempre se dirige a mi diciendo ey o mira esto o aque

    Mi pareja de casi 20años nunca dice mi nombre, siempre se dirige a mi diciendo ey o mira esto o aquello pero nunca me nombra y eso me pone un poco mal

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Claudio Rodal Tenorio

    Lo que estás sintiendo es completamente válido. Que tu pareja no diga tu nombre nunca —después de casi 20 años— puede parecer un detalle pequeño, pero en realidad tiene una carga simbólica importante. El nombre propio es una forma de reconocimiento, de individualización, de afecto incluso. Escucharlo en la voz de alguien que queremos nos hace sentir vistos, nombrados, reales en su mundo. Que eso no ocurra puede generar una sensación de invisibilidad o distancia emocional, aunque no sea intencional.

    Es muy posible que para tu pareja se haya convertido simplemente en una costumbre, sin una intención negativa detrás. Mucha gente adopta formas genéricas o informales para dirigirse a los demás —“ey”, “mira”, “oye esto”— sin darse cuenta del impacto emocional que puede tener en la otra persona. Pero eso no le quita peso a cómo te hace sentir.

    Tal vez podrías expresarle esto con honestidad, no como un reproche, sino como una necesidad afectiva tuya. Algo así como:
    "Sé que puede parecer una tontería, pero me he dado cuenta de que casi nunca dices mi nombre, y para mí eso tiene un valor emocional. Me hace sentir más conectada cuando me nombras, me da la sensación de que estoy realmente presente para ti. Me gustaría que lo intentaras más a menudo.”

    No se trata de forzar algo que no le salga naturalmente, sino de ayudarle a ver que un gesto tan sencillo puede ser muy importante para ti. Y si le importa cómo te sientes, probablemente hará el esfuerzo.

    También puedes observar qué otras formas de reconocimiento te da (o no te da): ¿te presta atención cuando hablas? ¿te escucha activamente? ¿te dice cosas bonitas? A veces el nombre es solo la punta del iceberg de un sentimiento más amplio de desconexión. Pero a veces no: a veces hay muchas formas de amor detrás, pero solo falta afinar algunos gestos para que se sientan completos.




  • Hola, soy AMAB de 31, pero siento que dentro de mi hay dos personalidades, la primera, pública, corr

    Hola, soy AMAB de 31, pero siento que dentro de mi hay dos personalidades, la primera, pública, corresponde a un hombre cisgénero, heterosexual y monógamo. La segunda, reservada a espacios privados, es mujer trans, bisexual y polígama. He ido aprendiendo de las dos personalidades. Siento euforia de género cuando soy hombre, siento disforia de género cuando estoy de mujer. He leído hace poco sobre el bigenerismo, y siento que podría cuadrar. Si bien, el término apareció hace poco, ella apareció incipientemente a los 12 y con nombre y todo, a los 17. La pregunta es si acaso soy bigenero?

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Claudio Rodal Tenorio

    Hola, gracias por compartir algo tan profundo y valiente. Es muy significativo que hayas podido poner en palabras estas vivencias internas, porque no siempre es fácil hablar de lo que ocurre en nuestra identidad cuando parece que hay más de una voz, más de una forma de habitar el mundo y el cuerpo.

    Lo que describes —esa experiencia de tener dos formas identitarias bien diferenciadas, con géneros, orientaciones y formas de vincularse distintas— puede estar muy en línea con lo que se conoce como bigenerismo, una identidad no binaria en la que una persona puede experimentar dos géneros de manera alternante, simultánea o en diferentes contextos. No hay una única forma de ser bigénero, y eso es parte de la riqueza y complejidad de las identidades de género fuera del binarismo.

    Lo que también llama mucho la atención en tu relato es cómo estas dos identidades han ido desarrollándose y cobrando presencia en distintos momentos y contextos de tu vida: una más pública y adaptada, y otra más privada y sensible. El hecho de que una parte de ti sienta euforia de género al estar en rol masculino, y otra sienta disforia al expresarse en lo femenino, puede parecer contradictorio, pero no necesariamente invalida la posibilidad de una vivencia bigénero. A veces, la disforia no viene tanto de “ser” una identidad, sino de cómo la vivimos, de los mandatos que le asociamos, de los miedos, o de cómo se integra (o no) en tu día a día.

    En estos casos, más allá de ponerle un nombre o una etiqueta fija (que puede ser útil, pero también limitar), lo más importante es darle espacio y legitimidad a lo que sientes. Que ambas identidades puedan expresarse con seguridad, con curiosidad, con compasión, sin necesidad de invalidarse entre sí ni competir por quién es la “real”. Porque quizás no se trata de elegir entre una u otra, sino de encontrar una forma de integrar ambas, de dialogar con ellas, y construir una narrativa propia que tenga sentido para ti.

    Si sientes que este tema te genera confusión, dudas, o simplemente necesitas un lugar donde poder hablarlo sin juicio, puedes venir a terapia conmigo y contar con ese espacio seguro. Ahí podremos explorar estas vivencias con calma, sin presiones, dándote el tiempo necesario para entenderlas mejor, reconectar con tu historia, y descubrir qué significa todo esto para ti hoy. Te acompañaré en ese proceso, siempre desde el respeto y la validación de tu experiencia.

    Estás más que bienvenide con todo lo que traes.


  • Mi marido ve todo el tiempo videos y fotos de mujeres mostrando sus partes íntimas y videos en su ta

    Mi marido ve todo el tiempo videos y fotos de mujeres mostrando sus partes íntimas y videos en su tablet y no tiene relaciones sexual es ni duerme conmigo. Es normal?

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Claudio Rodal Tenorio

    Lamento mucho que estés atravesando esta situación, porque lo que describes seguramente te genera una mezcla muy dolorosa de confusión, tristeza, rechazo y soledad. Y es completamente comprensible que te preguntes si esto es “normal”, porque cuando en una relación hay distancia, desinterés o exclusión afectiva, una empieza a dudar incluso de lo que merece.

    Para responderte con claridad: no, no es normal ni saludable en el contexto de una relación de pareja que una de las personas consuma constantemente contenido sexual mientras ignora o evita el vínculo afectivo y sexual con su pareja. El problema no está en el contenido en sí —hay muchas parejas donde el consumo de porno o imágenes eróticas no representa un conflicto—, sino en lo que eso desplaza, reemplaza o desconecta.

    Cuando alguien prefiere sistemáticamente la fantasía individual, y al mismo tiempo se desentiende de la intimidad emocional y física con su pareja, eso duele y erosiona profundamente la autoestima del otro. No se trata solo de sexo: se trata de sentirse deseada, tenida en cuenta, compartiendo un espacio íntimo, afectivo, de complicidad. Y cuando eso no ocurre, la herida no es solo física, es también relacional.

    Lo importante aquí no es tanto si es "adicto" o no, sino cómo esto afecta tu bienestar y lo que estás sintiendo tú. Porque tú también importas. Y tienes derecho a decir: “esto me duele”, “esto me hace sentir invisible”, “no me reconozco más en este vínculo”.

    Tal vez sea el momento de tener una conversación honesta —aunque sea difícil— sobre lo que está pasando, sobre cómo se siente cada uno y qué está faltando. A veces este tipo de situaciones esconden malestares más profundos, bloqueos emocionales, miedos, o incluso dinámicas que se han ido enquistando en el tiempo. Pero eso no significa que tengas que resignarte o cargar con la culpa.

    Si sientes que te está costando sostener esto sola, que ya lo has intentado todo o que te está afectando demasiado, podés venir a terapia conmigo. Vas a encontrar un espacio seguro donde poder poner en palabras tu malestar, ordenar tus emociones y tomar decisiones desde un lugar más claro y cuidado. No estás sola, y no tenés que acostumbrarte a una relación que te lastima o te apaga.

    Estoy aquí si querés dar ese paso.


  • Hola, escribo por aquí porque estoy muy agobiada y no encuentro solución. Llevo 12 años con mi p

    Hola, escribo por aquí porque estoy muy agobiada y no encuentro solución.

    Llevo 12 años con mi pareja y siento que no avanzamos. Estamos estancados porque él tiene mucho miedo a dar pasos importantes y que algo salga mal. Lo hemos dejado varias veces, siempre por lo mismo.

    Ha acudido a varios psicólogos, pero como no cree que puedan ayudarle, acaba dejándolo y sigue arrastrando el mismo bloqueo. Yo sé que me quiere, pero después de tantos años con esta situación, todo se ha vuelto más difícil.

    Mientras tanto, yo tengo 39 años y cada vez siento más presión con mi deseo de ser madre, porque mi reloj biológico está en contra. Él me dice que no quiere tomar una decisión que le frustre de por vida si no está completamente seguro. Yo intento hacerle ver que todo tiene solución, que no tenemos una relación conflictiva y que podemos enfrentarlo juntos.
    He hecho todo lo que he podido por mejorar en todos los aspectos, incluso he buscado ayuda para mí . También le he propuesto buscar un profesional que nos acompañe en esto como pareja, pero me da miedo no dar con la persona adecuada y que todo se complique más aún. No quiero perder la esperanza, pero me siento muy sola en este proceso.

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Claudio Rodal Tenorio

    Gracias por escribir con tanta honestidad. Lo que estás viviendo no es solo una situación difícil, es un punto de inflexión profundo: estás en una relación que ha durado muchos años, con amor, con historia, con momentos importantes… pero también con un bloqueo que se ha cronificado. Y estás agotada. Has tenido paciencia, has intentado comprender, has ofrecido salidas, te has revisado a ti misma, has propuesto caminos para crecer juntos. Pero el miedo de él, por más humano que sea, se ha convertido en una cárcel emocional para los dos. Y ahora te ves atrapada entre el amor que sientes y el duelo de lo que no avanza.

    Tu compañero tiene miedo. Lo reconoces tú y seguramente lo reconoce él también. Miedo a tomar decisiones que no pueda sostener, miedo a equivocarse, miedo a perder algo si se compromete del todo. El problema es que su miedo no solo lo frena a él: te arrastra a ti también, te detiene, te hace pagar un precio que no te corresponde. Porque tú sí quieres avanzar. Tú sí estás dispuesta a construir. Tú sí has hecho el trabajo emocional de preguntarte qué deseas, de dar pasos, de poner el cuerpo. Y cuando uno da tanto y la otra persona se queda paralizada, llega un punto donde el amor no basta. Porque el amor no debería doler tanto por dentro.

    Estás en una edad donde el deseo de ser madre se vuelve una urgencia no solo emocional, sino también biológica. Y eso es real. No es una presión social, no es un capricho, no es ansiedad: es el deseo de dar un paso vital que llevas dentro y que no puedes seguir postergando indefinidamente por miedo ajeno. Estás intentando sostener una esperanza, pero esa esperanza se está transformando en soledad, en frustración, en preguntas sin respuesta. Y eso empieza a doler más que el propio miedo de él.

    Dices algo muy importante: “me da miedo no dar con la persona adecuada para ayudarnos como pareja, y que todo se complique más”. Es normal que sientas esa inquietud. Han pasado por muchos intentos, él ha dejado terapias, tú has cargado con parte del proceso emocional de los dos… y ahora una parte de ti teme que un mal acompañamiento los haga retroceder aún más. Pero aquí va una verdad importante: la situación ya es lo suficientemente dolorosa y urgente como para quedarse esperando un milagro. A veces, lo más importante no es encontrar al terapeuta perfecto, sino empezar a poner sobre la mesa, con alguien que tenga herramientas, todo aquello que llevan tanto tiempo callando o conteniendo. Porque esta vez, tú no deberías seguir haciéndolo sola.

    También has dicho algo muy revelador: “Yo sé que me quiere”. Y probablemente sea cierto. Pero hay una pregunta que empieza a ser inevitable:
    ¿Te está amando de una manera que te permita vivir, crecer, avanzar? ¿O te está amando desde el miedo, desde el freno, desde un lugar que ya no te sostiene?

    Tal vez él te ama. Pero si ese amor no se convierte en decisiones compartidas, en compromisos reales, en caminos posibles... entonces te obliga a elegir entre quedarte estancada o avanzar sola. Y eso es tremendamente injusto para ti.

    No te digo esto para que tomes una decisión impulsiva. Te lo digo porque muchas veces el amor maduro no se trata de esperar más, ni de tener más paciencia, ni de dar más oportunidades. A veces se trata de reconocer que la vida no se puede detener indefinidamente por alguien que no está listo para moverse contigo.

    Mi consejo es que no apagues tu deseo por miedo a incomodar, y que busques un espacio de acompañamiento terapéutico que sea específicamente para abordar este punto como pareja. Hay profesionales formados en psicoterapia de pareja que pueden contener el proceso sin empujarlo ni forzarlo, sino ayudando a clarificar si realmente hay un proyecto compartido… o si uno de los dos está estirando algo que ya no da más.

    Y si él se niega incluso a dar ese paso, entonces la pregunta cambia:
    ¿Qué más necesitas esperar para tomar tú la decisión que él no puede tomar?

    Quererte a ti misma en este momento no es renunciar al amor. Es proteger tu vida, tu deseo, tu posibilidad de construir lo que mereces. Porque seguir esperando, en soledad, no es amor. Es abandono silencioso. Y tú no estás sola porque no tengas a nadie. Estás sola porque estás con alguien que no está pudiendo estar contigo de verdad.

    Cuídate, abrázate. Y no olvides que a veces la esperanza no se pierde: se transforma en una nueva forma de amor… esta vez hacia ti misma.


  • Ayer llevé a dormir a mi perrito, siento que estando alli el confió en mi hasta el último momento y

    Ayer llevé a dormir a mi perrito, siento que estando alli el confió en mi hasta el último momento y le he fallado, estuve con el porque aunk fuera duro quería estar con él hasta el último segundo, no salen esas imágenes de mi cabeza

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Claudio Rodal Tenorio

    Lo que estás sintiendo es profundamente humano y habla del vínculo tan especial que tenías con tu perrito. Elegir acompañarlo hasta el último momento, a pesar del dolor, no es un fallo: es un acto de amor inmenso, de esos que rompen el alma pero que nacen del cariño más sincero. Estar allí, aún sabiendo lo duro que sería para ti, fue una manera de decirle con tu presencia: “no estás solo, estoy contigo”.

    Cuando vivimos una pérdida así, y más aún cuando implica tomar una decisión tan difícil como la eutanasia, es muy común que aparezcan pensamientos de culpa, de duda, de si hiciste lo correcto, o si podrías haber hecho algo distinto. Pero la verdad es que no le fallaste: le acompañaste con todo el amor que pudiste. Y eso, para un animal que te quiso con todo su corazón, fue el mejor regalo que podía recibir. Estabas allí, con tu mano, con tu voz, con tu calor. Él no entendía del todo lo que pasaba, pero sí entendía lo que siempre entendió de ti: tu amor, tu presencia, tu mirada.

    Las imágenes que se repiten en tu cabeza son parte del duelo. A veces nuestra mente intenta revivir lo ocurrido para procesarlo, para digerirlo, incluso para castigarnos sin querer. Es importante no luchar contra eso, pero sí recordarte que esas imágenes no son toda la historia. También están los años compartidos, las veces que os mirasteis con ternura, los paseos, los juegos, los momentos en que él te hizo sentir que todo estaba bien con solo estar a tu lado. Y tú fuiste su mundo, su familia, su refugio.

    Con el tiempo, el recuerdo de esos últimos minutos dejará de doler tanto. Lo prometo. Y en su lugar, irán volviendo poco a poco las memorias más suaves, las más luminosas, las que ahora están tapadas por la tristeza. El amor que compartisteis no desaparece con la muerte: se transforma en una parte de ti, en algo que vivirá siempre en tu forma de querer, de cuidar, de estar.

    No le fallaste. Le diste el regalo de no morir solo, de hacerlo acompañado por la persona que más amaba. Y eso, aunque ahora duela, fue el acto más valiente que podías haber hecho por él. Te abrazo fuerte. Llora todo lo que necesites. Y cuando puedas, háblale, escríbele, cuéntale lo que sientes. El amor no se interrumpe con la muerte: se vuelve más silencioso, pero sigue estando.


  • Hola desde hace 13 años tengo desrealizacion, no se me pasa ni con tratamiento ni con terapia. ¿ Que

    Hola desde hace 13 años tengo desrealizacion, no se me pasa ni con tratamiento ni con terapia. ¿ Que puedo hacer? Gracias

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Claudio Rodal Tenorio

    Hola, gracias por compartir algo tan importante. Entiendo que después de 13 años conviviendo con la desrealización, puedas sentirte frustrado o incluso desesperanzado. Es completamente humano sentir que has probado de todo cuando los síntomas persisten durante tanto tiempo, especialmente si ya has pasado por tratamientos médicos y procesos terapéuticos que no han generado un cambio significativo.

    La desrealización, aunque muy desconcertante, suele estar profundamente vinculada a mecanismos de defensa psicológicos frente a vivencias emocionales intensas o difíciles de procesar, muchas veces asociados a experiencias de ansiedad, trauma o desconexión emocional crónica. No se trata solo de “quitar un síntoma”, sino de comprender qué función ha cumplido esa sensación de irrealidad en tu historia personal, en tu forma de protegerte, en tu manera de estar en el mundo. Desde una mirada más constructivista e integradora, el objetivo no es tanto eliminar la desrealización por la fuerza, sino escuchar qué te está diciendo, desde cuándo aparece, en qué momentos se intensifica y qué partes de ti podrían estar necesitadas de atención o cuidado.

    Por eso, si sientes que hasta ahora no has encontrado un espacio terapéutico donde realmente se haya trabajado contigo desde esta profundidad, quiero decirte que estás a tiempo de empezar un proceso diferente. Yo puedo ayudarte. Trabajo desde un enfoque terapéutico integrador, sensible a estos procesos complejos, y con una fuerte base en teoría del apego y en el abordaje del trauma. Podemos revisar no solo tu historia, sino también cómo has ido generando estrategias de desconexión que hoy se manifiestan como desrealización, y empezar a construir juntos nuevas formas de habitar el cuerpo, las emociones y los vínculos.

    Si lo deseas, podemos concertar una primera sesión —sin compromiso— para que puedas contarme más a fondo tu experiencia y veas si este puede ser el espacio adecuado para ti. Gracias de nuevo por tu mensaje y por seguir buscando caminos. Eso ya habla mucho de ti.


  • Hola q hacer si me gusta un chica,pero a su vez tengo miedo a que este casada/novia y me pueda meter

    Hola q hacer si me gusta un chica,pero a su vez tengo miedo a que este casada/novia y me pueda meter en problemas,pero claro yo no tengo porque saberlo si eata casada o soltera así a primera vista q hacer al respecto para conquistarla sin meterme en problemas si estuviera casada y no saberlo

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Claudio Rodal Tenorio

    Hola, lo que planteas es muy comprensible: te atrae alguien, pero al mismo tiempo te da cierto reparo dar un paso por miedo a equivocarte o verte envuelto en una situación incómoda o problemática. Ese conflicto entre el deseo y la prudencia es más común de lo que parece, y no tiene por qué bloquearte si lo manejas con cuidado y honestidad.

    La clave está en acercarte de manera respetuosa, abierta y sin asumir nada. Es decir, puedes iniciar una conversación ligera, simpática, sin intenciones explícitas al principio, simplemente para conocer a la persona. Si se establece un mínimo de confianza o conexión, de forma natural podrías introducir alguna pregunta indirecta que te dé pistas sobre su situación, como por ejemplo:

    – “¿Y tú vienes sola/o por aquí o con amigos?”
    – “¿Y tú pareja qué dice de X?” (usado de forma irónica o ligera puede dar lugar a respuestas espontáneas).
    – O incluso algo más directo pero neutro, como: “¿Estás con alguien ahora?”

    Estas preguntas no son invasivas si se plantean desde la naturalidad y en el contexto adecuado. Si la persona está comprometida, lo más probable es que lo diga, o lo dé a entender. Y si no lo está, también te dará una idea de si hay interés o apertura por su parte.

    Lo importante es que tú no haces nada mal por interesarte en alguien sin saber su situación. Lo incorrecto sería insistir si ya sabes que tiene pareja o si hay señales claras de desinterés. Pero si simplemente estás tanteando con respeto, sin presionar, estás actuando desde un lugar sano.

    Y si te sirve una recomendación final: más allá de si está o no en pareja, intenta fijarte también en cómo te sientes tú en la interacción. No solo si te gusta físicamente o te atrae, sino si hay reciprocidad, si te sientes cómodo, si fluye. Porque conquistar no es convencer a alguien, sino descubrir si puede haber algo mutuo.

    Así que adelante, con naturalidad y tacto. El riesgo de equivocarse siempre existe, pero el mayor riesgo suele ser no atreverse.


  • Hola, Tengo una hija de 27 años que hace 2 días probó LSD en una fiesta ,y quedó con crisis de páni

    Hola,
    Tengo una hija de 27 años que hace 2 días probó LSD en una fiesta ,y quedó con crisis de pánico,mucho miedo,le falta el aire y situaciones por el estilo ,
    A ratos se siente bien, pero ya luego le vienen los episodios,
    Por lo que puedo entender esto no debería pasar más allá de unos días,
    O estoy equivocada
    En qué situación debo asistir a urgencias,?
    Gracias

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Claudio Rodal Tenorio

    Hola, gracias por tu mensaje y por estar tan pendiente de tu hija. Entiendo profundamente la preocupación que puede generar una situación como esta. Cuando un hijo o hija atraviesa una experiencia así, es completamente normal sentirse asustada, confundida o sin saber del todo cómo actuar, especialmente si se trata de algo inesperado como el consumo de una sustancia psicodélica.

    Lo que describes —una crisis de pánico, mucho miedo, sensación de falta de aire y malestar intermitente— puede ser una reacción postconsumo bastante frecuente después de haber tomado LSD, sobre todo si la experiencia fue vivida con angustia o si se dio en un contexto poco seguro emocionalmente. Aunque muchas personas no presentan efectos prolongados tras su uso, otras —especialmente quienes tienen cierta sensibilidad a la ansiedad o han vivido un “mal viaje”— pueden experimentar síntomas ansiosos durante varios días, incluso cuando el efecto directo de la sustancia ya ha desaparecido del cuerpo.

    En ese sentido, lo que está experimentando tu hija puede ser parte de una respuesta adaptativa del sistema nervioso, que tras haber atravesado una experiencia psíquica muy intensa, queda en un estado de alerta o de desregulación temporal. No es raro que aparezca la sensación de que “algo no va bien”, o incluso pensamientos como “me voy a volver loca” o “no voy a estar bien nunca más”. Esto forma parte del cuadro, y aunque es muy desagradable, no significa que se haya dañado de forma permanente ni que no vaya a mejorar. La gran mayoría de los casos evolucionan bien si se cuidan ciertos aspectos.

    En los próximos días, lo más importante es que tu hija esté acompañada, contenida y no se quede sola durante los momentos más difíciles. Puedes ayudarla recordándole con calma que está a salvo, que lo que siente es angustia pero no un peligro real, y que poco a poco irá recuperando la sensación de normalidad. En estos momentos, la validación emocional (“entiendo que tengas miedo, pero esto pasará”) es mucho más efectiva que la minimización (“tranquila, no pasa nada”). También conviene evitar a toda costa el consumo de alcohol, cannabis, cafeína o cualquier otra sustancia que pueda alterar su estado emocional o fisiológico.

    Ahora bien, hay ciertas señales de alerta que conviene tener en cuenta. Sería recomendable acudir a urgencias en caso de que:
    – Presente pensamientos suicidas o ideas de hacerse daño.
    – Tenga episodios de desorientación severa o pierda contacto con la realidad (por ejemplo, no sepa dónde está o no reconozca a personas cercanas).
    – Mantenga una crisis de pánico muy intensa que no cede durante horas o que afecta gravemente su respiración, ritmo cardíaco o conciencia.
    – Aparezca un estado de agitación, paranoia o confusión que va en aumento.
    – No haya mejoría después de varios días, o incluso empeore.

    Si nada de esto ocurre y simplemente sigue sintiendo miedo, ansiedad o inseguridad en algunos momentos, puedes estar tranquila dentro de lo que cabe: es molesto, pero no peligroso. Aun así, si ves que estos episodios persisten durante más de una semana, o si ella misma siente que no logra recuperar su estado de tranquilidad, puede ser muy recomendable iniciar cuanto antes un proceso de acompañamiento psicológico especializado en ansiedad y trauma relacionado con sustancias. Hay profesionales que trabajamos desde modelos terapéuticos muy respetuosos y eficaces para abordar este tipo de experiencias, permitiendo que la persona no solo se recupere, sino que incluso resignifique lo ocurrido y se fortalezca a partir de ello.

    Si estáis en España y sentís que necesitáis ayuda, estaré encantado de acompañaros. No estáis solas, esto tiene solución y aún están a tiempo de transformarlo en una experiencia de cuidado, contención y crecimiento.

    Un abrazo muy grande.


  • hola, Después de saber más o menos lo que quiero y mis dificultades, unas mas grandes que otras

    hola,

    Después de saber más o menos lo que quiero y mis dificultades, unas mas grandes que otras pero creo que con ayuda todo es superable supongo tengas la edad que tengas . y haber conocido a diferentes profesionales , con diferentes técnicas he llegado a preguntarme dos cosas que no encuentro respuesta o como actuar frente a ella , o como serian las tecnicas para
    ello, o terapias.

    si haces la mismas cosas obtendras los mismos resutaldos , es claro pero como cambio mi accion ? que puedo palicar para cambair mi acción

    si tienes miedo, hazlo con miedo . pero si tengo miedo como lo voy a hacer . cual es la forma de hacer con miedo teniendo miedo

    gracias

    saludos

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Claudio Rodal Tenorio

    Hola, gracias por escribir algo tan sincero y tan valiente. Lo que planteas es algo que muchas personas se preguntan cuando ya han hecho un proceso de búsqueda, han hablado con profesionales, han probado enfoques distintos… y, sin embargo, siguen sintiendo que hay algo que no saben cómo transformar. Entienden que hay cosas que se repiten, que obtienen los mismos resultados porque hacen lo mismo, pero llega esa duda crucial: ¿cómo cambio mi acción, si en el fondo sigo sintiendo lo mismo? ¿Cómo actúo distinto si el cuerpo me tiembla, si tengo miedo, si todo me empuja a seguir como siempre?

    Primero quiero decirte que esta pregunta no es un obstáculo, es una señal de madurez. Porque mientras seguimos creyendo que cambiar depende de entender algo o de que nos den la fórmula perfecta, nos mantenemos en la teoría. Pero cuando aparece esta duda, tan cruda y tan honesta, estamos ya al borde del cambio real. Porque cambiar una acción no es solo hacerlo distinto. Cambiar una acción es interrumpir un automatismo que muchas veces es antiguo, que nació como una forma de protegernos. No se trata solo de voluntad o valentía, sino de reconocer que el cuerpo y la mente han aprendido a reaccionar de una determinada manera por una buena razón. A veces por miedo, a veces por costumbre, a veces porque no sabían otra cosa.

    Por eso, cambiar una acción muchas veces no empieza por lo grande. No se trata de hacer “algo totalmente distinto”, sino algo apenas diferente. Algo que introduzca una pequeña grieta en lo repetido. Esa grieta puede ser decirte algo distinto antes de actuar. Puede ser quedarte unos segundos más en una emoción incómoda sin huir. Puede ser pedir ayuda cuando antes te callabas. Puede ser observar con curiosidad lo que estás sintiendo, en vez de juzgarte por sentirlo. Cambiar una acción no siempre es actuar de otra manera hacia fuera, a veces es actuar de otra manera hacia dentro. Por ejemplo, tratarte con más amabilidad en vez de exigirte con dureza.

    Y cuando dices “si tienes miedo, hazlo con miedo… pero si tengo miedo, ¿cómo lo voy a hacer?”, estás nombrando otra gran verdad. Porque no siempre se puede. Porque a veces el miedo no es solo un obstáculo: es un lenguaje que hay que aprender a leer. A veces el miedo está diciendo que todavía necesitas un poco más de cuidado, un poco más de seguridad, un poco más de contención. No para quedarte ahí, sino para que cuando lo hagas con miedo, no lo hagas solo. Muchas veces, el problema no es tener miedo. Es no tener con quién sostenerlo, no tener dónde apoyarte mientras lo atraviesas.

    La forma de hacer algo con miedo, teniendo miedo, no es negarlo ni enfrentarlo como una batalla. Es reconocer que el miedo estará ahí, pero que puedes moverte un poquito igual. Un pasito. Y después otro. No necesitas no tener miedo para actuar. Necesitas darte cuenta de que tu acción puede incluir el miedo y aún así avanzar. Puedes temblar y hablar. Puedes dudar y seguir. Puedes sentir que te ahogas y aún así abrir un poco la ventana. Lo importante no es hacer algo perfecto, es hacer algo verdadero. Algo que marque la diferencia entre quedarte atrapado en el miedo o empezar a convivir con él sin que te frene del todo.

    Muchas veces ayuda ponerle nombre a lo que quieres hacer distinto. Por ejemplo: “quiero aprender a decir que no”, o “quiero expresar lo que siento antes de que me lo trague”. Y después, imaginar cómo sería hacerlo en la versión más mínima posible. ¿Cómo sería decir que no con una sola palabra? ¿Cómo sería expresar lo que siento solo con una frase corta? No hace falta resolverlo todo, solo romper un poco la inercia. Y si eso cuesta, que cueste. Pero que no te detenga del todo. Porque el miedo no desaparece de golpe, pero se transforma cuando dejas de obedecerlo a ciegas.

    En definitiva, cambiar una acción es un trabajo fino, artesanal, paciente. A veces incluye caer y volver a intentarlo. A veces incluye retroceder para después avanzar mejor. Pero si ya te estás haciendo estas preguntas, es porque estás preparado para empezar a actuar diferente, aunque sea de a poquito, aunque sea con miedo, aunque sea temblando. No tienes que hacerlo solo, y no tienes que hacerlo todo ya. Solo tienes que darte permiso para hacerlo a tu manera. Gracias por confiar. Aquí estás dando un paso grande, aunque no lo parezca.


  • Llevo una relación con mi esposo de más de un año, quien siempre ha sido muy atento, responsable y b

    Llevo una relación con mi esposo de más de un año, quien siempre ha sido muy atento, responsable y bueno conmigo. Y tenemos un hermoso bebé.

    En este momento estamos presentando problemas económicos lo cual tengo bien claro que esto nos crea situaciones difíciles.
    Pero, últimamente ha estado muy cambiado conmigo, nuestra comunicación es nula ya que el bloquea esa parte y invalida mi sentir. Se molesta con facilidad, me hace críticas y comparaciones todo el tiempo y eso me está afectando emocionalmente.

    Mi esposo tiene otros dos hijos de una relación anterior a los cuales no conozco. Porque el no ha querido. (Nunca habla de eso). Sin embargo yo respeto la decisión de presentar a los hijos la pareja, por lo que me he mantenido al margen en relación a sus hijos, sin embargo estoy pendiente a su bienestar. En definitiva eso no es el problema y nunca lo ha sido. Pero, siempre que va a visitarlos lo hace a escondidas de mi (sin necesidad), y no abumda mucho en temas relacionados a ellos.
    hasta hace poco descubrí que su ex esposa le ha estado pidiendo quedarse en su casa a dormir. Y quiere que siempre esté en su casa. Y muestra una actitud de como si ellos fuesen una relación (divorciados hace 5 años). Todo esto ha surgido luego de nuestro bebé, ahora se la pasa texteando.
    Lo cual me parece muy extraño y no se que pensar.

    Hubiese deseado que todo esto fuera diferente, y siempre he tratado de mantener la armonía por nuestro bebé pero me siento cansada, ya no se que hacer se me está haciendo difícil sostener esto.
    Necesito un consejo para saber que hacer.

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Claudio Rodal Tenorio

    Gracias por abrirte con tanta sinceridad. Se nota que estás haciendo un gran esfuerzo por sostener esta relación desde el respeto, la paciencia y el amor, no solo por tu esposo, sino también por el bienestar de tu bebé y la familia que has querido construir. Y, sin embargo, estás llegando a un punto de desgaste profundo. Has aguantado, has comprendido, has esperado. Pero ahora te sientes confundida, cansada, con un nudo en el pecho, y con muchas preguntas que no terminan de encontrar respuesta. Todo esto que estás sintiendo es legítimo. No estás exagerando ni siendo injusta. Simplemente estás empezando a darte cuenta de que algo que parecía sólido se está resquebrajando, y eso duele.

    Tu pareja, en el pasado, fue una persona atenta, responsable, buena contigo. Y es normal que eso te genere más confusión ahora, porque uno tiende a pensar que si alguien fue así una vez, lo que ocurre ahora debe tener una explicación pasajera o externa. Por ejemplo, los problemas económicos, que pueden tensar cualquier vínculo. Pero en este caso, el cambio que has notado en él no parece ser solo una reacción al estrés. Va más allá. Has empezado a sentir que la comunicación se ha roto, que él evita escucharte, que cuando intentas expresar lo que sientes, no solo no lo recibe, sino que te hace sentir mal por hacerlo. Que reacciona con mal humor, que te lanza críticas constantes, que te compara. Todo eso no son simples diferencias de pareja: son formas sutiles —pero profundamente dolorosas— de invalidar tu experiencia. Es como si él hubiera cerrado una puerta interna y te dejara afuera. Y tú te quedas en el pasillo emocional, esperando que vuelva a abrir, intentando no hacer demasiado ruido, no molestar, no empeorar las cosas… pero ya estás agotada de esperar.

    Además, hay un silencio que pesa demasiado: el de sus hijos anteriores. Tú has respetado siempre su decisión de no presentártelos, has aceptado que no era tu lugar forzar nada, y aun así te has preocupado por su bienestar. Pero ahora ese silencio ya no te parece tan inocente, porque se ha llenado de señales raras: visitas a escondidas, conversaciones que evita, y, lo más alarmante, esa actitud ambigua con su exesposa. Que ella le pida quedarse a dormir en su casa, que él lo oculte, que parezca mantener una conexión que no está del todo cerrada… es algo que te deja en un lugar de mucha inseguridad. Y no es porque desconfíes sin motivo: es porque hay cosas que él está escondiendo, y eso duele. No porque estés celosa o seas posesiva, sino porque sientes que ya no sabes cuál es tu lugar en esta historia. Has creado un hogar con él, has tenido un hijo con él, y sin embargo, hay una parte de su vida a la que no te deja acceder. Y eso crea una fractura interna: entre lo que compartís y lo que él sigue guardando como si viviera dos realidades paralelas.

    Es completamente comprensible que quieras que esto funcione, que hayas querido proteger la estabilidad de tu bebé, que hayas preferido muchas veces callar antes que crear conflicto. Pero ahora esa armonía por la que tanto has luchado está empezando a romperte por dentro. Sostener una relación no puede significar abandonarte a ti misma. No puedes seguir esforzándote sola por una conexión que él ya no está cuidando. Porque tú puedes tener toda la buena voluntad del mundo, pero si él no se abre, si no te permite hablar, si no te trata con respeto, si no te incluye de verdad en su vida, entonces te estás quedando sola dentro de la pareja. Y esa soledad, cuando uno está al lado de alguien, es de las más crueles.

    Tienes derecho a plantear lo que sientes. Tienes derecho a poner límites. Tienes derecho a decir: “yo no puedo seguir así, necesito claridad, necesito respeto, necesito saber dónde estoy parada”. Y no como un ultimátum, sino como una forma de cuidarte, de no seguir apagándote por dentro. A veces hay que hablar desde ese lugar de verdad, sin disfrazarlo, sin suavizarlo demasiado, porque es ahí cuando uno deja de intentar agradar y empieza a protegerse.

    No sé qué decisión será la correcta para ti. Eso solo lo podrás sentir tú. Pero lo que sí sé es que nadie debería vivir con la duda constante, con la sensación de que algo se oculta, con la necesidad de callarse para no incomodar. Si tu pareja quiere seguir construyendo contigo, tendrá que dejar de esquivar las conversaciones importantes. Tendrá que mostrarse con honestidad, no solo contigo, sino también con él mismo. Y si no lo hace, tú también tendrás que pensar qué tipo de relación mereces, no solo por tu hijo, sino por ti. Porque no estás aquí solo para sostener a otros: también estás aquí para que te sostengan, para que te escuchen, para que te cuiden.

    Estás atravesando un momento difícil, pero también estás empezando a despertar una fuerza que no habías necesitado antes. Esa fuerza no viene de la rabia, ni del dolor, ni de la frustración. Viene de una parte muy sabia tuya que empieza a decir: “yo también importo”. Confía en ella. No estás sola. Y no estás equivocada por sentir lo que sientes.


  • Hola me han recetado pregabalina,para la ansiedad sustitullendo él diacepam, me siento con efectos s

    Hola me han recetado pregabalina,para la ansiedad sustitullendo él diacepam, me siento con efectos secundarios hinchazón mareos ansiedad mucho nerviosismo, espero le llegue él comentario,gracias un saludo

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Claudio Rodal Tenorio

    Hola, gracias por compartir cómo te estás sintiendo. Es importante que sepas que lo que estás experimentando no es raro cuando se hace un cambio de medicación, especialmente si se trata de sustituir un ansiolítico como el diazepam por un neuromodulador como la pregabalina. Aunque ambos pueden utilizarse para tratar la ansiedad, funcionan de forma distinta en el sistema nervioso. La pregabalina no actúa directamente como una benzodiacepina, sino que regula la liberación de ciertos neurotransmisores, y al principio puede generar sensaciones extrañas como mareo, hinchazón, aumento del nerviosismo o incluso un repunte de la propia ansiedad.

    Este proceso de adaptación puede ser desconcertante, sobre todo porque uno espera que, al tomar algo para calmarse, el efecto sea inmediato y tranquilizador. Sin embargo, en muchos casos, el cuerpo necesita unos días o incluso algunas semanas para regularse con la nueva sustancia. Eso no quita que tu malestar sea muy real y que merezca ser atendido. Lo más importante ahora es no quedarte solo con estos efectos secundarios, sino transmitirlos claramente al profesional que te haya recetado la medicación. No todos los cuerpos responden igual, y a veces se necesita ajustar la dosis, cambiar el ritmo de introducción o incluso valorar otra alternativa si los efectos no se toleran bien.

    Además, es normal que este cambio te genere cierta inseguridad emocional. Venías de un fármaco que, aunque pueda tener sus inconvenientes a largo plazo, seguramente te producía un alivio más inmediato, y ahora entras en un territorio nuevo, con un cuerpo que se agita, con síntomas que asustan y con la sensación de no saber si esto va a funcionar. Por eso es tan importante que puedas hablarlo con claridad, tanto a nivel médico como también emocional. Porque a veces, más allá de los síntomas físicos, lo que más cuesta es ese sentir que no tienes el control sobre cómo vas a estar.

    No estás solo en esto. Y estás haciendo bien en expresar cómo te sientes. Ojalá este mensaje llegue a quien debe llegar y te puedan acompañar mejor en esta transición. Si en algún momento notas que los efectos se agravan, que la ansiedad se desborda o que aparecen síntomas nuevos que no puedes gestionar, no dudes en acudir de nuevo al centro médico o al profesional que te está siguiendo. Escuchar al cuerpo en estos momentos es clave. Mucho ánimo y un saludo grande.


  • Hola me han recetado pregabalina,para la ansiedad sustitullendo él diacepam, me siento con efectos s

    Hola me han recetado pregabalina,para la ansiedad sustitullendo él diacepam, me siento con efectos secundarios hinchazón mareos ansiedad mucho nerviosismo, espero le llegue él comentario,gracias un saludo

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Claudio Rodal Tenorio

    Hola, gracias por compartir cómo te estás sintiendo. Es importante que sepas que lo que estás experimentando no es raro cuando se hace un cambio de medicación, especialmente si se trata de sustituir un ansiolítico como el diazepam por un neuromodulador como la pregabalina. Aunque ambos pueden utilizarse para tratar la ansiedad, funcionan de forma distinta en el sistema nervioso. La pregabalina no actúa directamente como una benzodiacepina, sino que regula la liberación de ciertos neurotransmisores, y al principio puede generar sensaciones extrañas como mareo, hinchazón, aumento del nerviosismo o incluso un repunte de la propia ansiedad.

    Este proceso de adaptación puede ser desconcertante, sobre todo porque uno espera que, al tomar algo para calmarse, el efecto sea inmediato y tranquilizador. Sin embargo, en muchos casos, el cuerpo necesita unos días o incluso algunas semanas para regularse con la nueva sustancia. Eso no quita que tu malestar sea muy real y que merezca ser atendido. Lo más importante ahora es no quedarte solo con estos efectos secundarios, sino transmitirlos claramente al profesional que te haya recetado la medicación. No todos los cuerpos responden igual, y a veces se necesita ajustar la dosis, cambiar el ritmo de introducción o incluso valorar otra alternativa si los efectos no se toleran bien.

    Además, es normal que este cambio te genere cierta inseguridad emocional. Venías de un fármaco que, aunque pueda tener sus inconvenientes a largo plazo, seguramente te producía un alivio más inmediato, y ahora entras en un territorio nuevo, con un cuerpo que se agita, con síntomas que asustan y con la sensación de no saber si esto va a funcionar. Por eso es tan importante que puedas hablarlo con claridad, tanto a nivel médico como también emocional. Porque a veces, más allá de los síntomas físicos, lo que más cuesta es ese sentir que no tienes el control sobre cómo vas a estar.

    No estás solo en esto. Y estás haciendo bien en expresar cómo te sientes. Ojalá este mensaje llegue a quien debe llegar y te puedan acompañar mejor en esta transición. Si en algún momento notas que los efectos se agravan, que la ansiedad se desborda o que aparecen síntomas nuevos que no puedes gestionar, no dudes en acudir de nuevo al centro médico o al profesional que te está siguiendo. Escuchar al cuerpo en estos momentos es clave. Mucho ánimo y un saludo grande.


  • Estoy llegando a un límite con mi madre No soporto que todo el tiempo me esté reprochando por la li

    Estoy llegando a un límite con mi madre
    No soporto que todo el tiempo me esté reprochando por la limpieza de casa, es evidente que tiene una manía por eso, y por más que quiera ayudarla en casa no puedo porque le parece mal, se queja constantemente de que no hago nada, cuando siempre voy a trabajar, el trabajo me produce estrés y al llegar a casa solo quiero descansar y no estar escuchando estas cosas, siento que tampoco tiene empatía por la gran cantidad de trabajo que tengo todos los días, no entiende mi cansancio y tampoco pareciera que le sea suficiente que ayude en casa, eso siento, entre muchas cosas más que han estado llegando a un límite y solo me frustro y me echo a llorar de la ira porque no le puedo decir nada simplemente porque es mi madre

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Claudio Rodal Tenorio

    Estás atravesando una situación profundamente desgastante, en la que se entrelazan el agotamiento, la frustración y la sensación de no ser visto ni reconocido. Vivir con alguien que tiene una necesidad obsesiva de control sobre la limpieza puede convertir el hogar en un espacio tenso, en lugar de un lugar de descanso. Y cuando esa persona es tu madre, la carga emocional se vuelve aún más compleja. No solo estás intentando manejar tu vida laboral, que ya de por sí implica estrés y cansancio, sino que además, al volver a casa, lejos de encontrar un refugio o un poco de comprensión, te encuentras con reproches, acusaciones injustas y una constante sensación de insuficiencia.

    Y no es que no ayudes. Lo haces, dentro de tus posibilidades, con el cuerpo cansado y la mente exhausta. Pero da la impresión de que nada alcanza, de que el listón siempre está más alto, de que no importa cuánto te esfuerces, ella solo ve lo que falta y no lo que haces. Eso mina, no solo la energía física, sino también la emocional. Porque uno no solo necesita descansar: también necesita sentir que lo que hace tiene valor, que sus límites son comprendidos, que su presencia en casa no es constantemente cuestionada o corregida.

    Lo que estás viviendo tiene también un componente emocional muy fuerte: la dificultad para poner límites claros con tu madre sin que eso te genere culpa. Es como si tuvieras que aguantarte todo solo porque es ella, como si tu vínculo te impidiera protegerte de su malestar. Pero lo cierto es que no eres menos hijo por necesitar protegerte, por querer ser tratado con empatía, por pedir un mínimo de paz al llegar a casa. Hay una línea muy fina entre querer entender el malestar del otro y cargar con él, entre amar a alguien y permitir que ese amor se convierta en una cárcel emocional. Que sea tu madre no significa que tengas que resignarte al desgaste ni callar lo que te duele.

    Tu llanto de rabia no es solo una explosión de emociones acumuladas: es un grito del cuerpo, un grito del alma que ya no puede más con tanto desborde. Es la forma que tiene tu sistema emocional de decirte que esto te está haciendo daño, que algo necesita cambiar. Y no necesariamente tiene que ver con dejar de quererla o con romper el vínculo, sino con revisar la forma en que ese vínculo está funcionando. Porque si el amor va acompañado de reproche constante, si el cansancio no es comprendido, si tu presencia solo se valida cuando haces algo "útil" para ella, entonces no se trata de convivencia: se trata de supervivencia emocional.

    Hay heridas que se activan en estas dinámicas familiares. Puede que haya en ti una parte que anhela reconocimiento, que necesita ser vista y valorada por lo que hace, y no solo corregida por lo que no hace. Y esa parte, si no encuentra validación, se quiebra, se frustra, se repliega. No estás solo en esto que sientes. Muchas personas que viven con padres o madres exigentes, perfeccionistas o emocionalmente absorbentes, experimentan este mismo bucle: intentar ayudar, sentirse juzgados, frustrarse, callarse por respeto, explotar emocionalmente y volver a empezar. Pero mereces salir de ese bucle. Mereces descanso, cuidado, y una relación en la que tus límites sean respetados.

    Ojalá encuentres la fuerza para poner en palabras lo que te duele, de la manera que puedas, incluso aunque sea por escrito, en una carta, o hablando en otro momento más tranquilo. Y si eso no es posible ahora, al menos que puedas validar internamente que no estás exagerando, que tu malestar tiene sentido, y que es legítimo sentirte así. Porque lo que estás viviendo no es menor. Es profundamente humano y doloroso, y merece ser mirado con la misma empatía que tú desearías recibir.


Todos los contenidos publicados en Doctoralia, especialmente preguntas y respuestas, son de carácter informativo y en ningún caso deben considerarse un sustituto de un asesoramiento médico.