Preguntas de pacientes (1085)
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Buenos días, Hace 7 años sufría trastornos de pánico y agorafobia, estuve con un psicólogo 3 años y
Buenos días,
Hace 7 años sufría trastornos de pánico y agorafobia, estuve con un psicólogo 3 años y me aplicó emdr junto con terapia cognitiva conductual más fármacos recetados por el psiquiatra.
Hace dos años que no estoy en terapia y medio año que no tomo pastillas y ahora se me han vuelto a repetir los síntomas, siento que no me habservido de nada y que tengo que volver a empezar.
¿Podré curarme para siempre? y en ese caso elijo otra vez la terapia emdr?RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Buenos días,
Gracias por abrirte con tanta honestidad. Lo que estás sintiendo ahora es más común de lo que parece, y sobre todo, muy humano. Pasaste por un proceso duro, hiciste un trabajo terapéutico profundo y, durante un tiempo, encontraste alivio. Pero ahora que los síntomas reaparecen, es comprensible que sientas frustración, incluso desesperanza, como si todo lo que hiciste no hubiera servido de nada. Pero déjame decirte algo con claridad: sí sirvió. Todo ese camino que recorriste no fue en vano, ni mucho menos. Has desarrollado recursos, has conocido partes de ti que antes estaban ocultas, y eso es algo que sigue contigo, aunque ahora el miedo haya vuelto a llamar a tu puerta.
El hecho de que reaparezcan síntomas no significa que estés de vuelta al punto de partida. Estás en otro lugar, con más consciencia, más lenguaje emocional, y con una experiencia de trabajo personal que te coloca en ventaja para volver a tomar las riendas.
Respecto a tu pregunta sobre si se puede curar “para siempre”, te diré esto: no se trata de borrar la historia, sino de que aprendas a convivir con tu sensibilidad sin que te domine. Las personas que han vivido ataques de pánico o agorafobia muchas veces tienen un sistema nervioso más alerta, más sensible a los cambios internos. No es una condena, pero sí requiere una relación constante y consciente contigo misma. La buena noticia es que eso se puede lograr. Se puede vivir libre, con seguridad, con confianza, sin miedo a que todo se desmorone de nuevo. Pero ese tipo de seguridad no nace de que nunca más vuelvas a tener ansiedad, sino de saber qué hacer cuando aparece. Y eso es lo que podemos trabajar juntas.
Respecto al enfoque terapéutico, el EMDR puede ser muy útil, pero en tu caso no es tanto una cuestión de elegir otra vez lo mismo o cambiar radicalmente, sino de personalizar el acompañamiento. Yo trabajo con un enfoque integrador, y combino técnicas de procesamiento como el EMDR con herramientas de regulación emocional y una mirada más profunda desde la psicoterapia constructivista y el apego. Lo importante no es tanto el método, sino que tú te sientas entendida, acompañada y segura en el proceso.
Por eso te propongo que retomemos el trabajo desde ese lugar. No desde el miedo a repetir, sino desde la oportunidad de hacerlo con más claridad, más madurez emocional, y con un acompañamiento cálido y eficaz. No estás empezando de cero. Estás continuando tu proceso desde una nueva etapa. Y yo estaré encantado de acompañarte en ella.
Un abrazo grande
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Tengo unas oposiciones a bombero con pruebas físicas. Entre ellas, la carrera de fondo de 1500m. Lle
Tengo unas oposiciones a bombero con pruebas físicas. Entre ellas, la carrera de fondo de 1500m. Llevo entrenando muy duramente durante meses y no he conseguido mucha mejora; esto me ha llevado a un punto donde me veo frustrado y con pánico a la hora de enfrentar la carrera.
Han sido tantos entrenamientos sufriendo al límite y pasándolo tan mal que sólo pensar en la prueba o incluso en hacer una simulación de la carrera me siento fatal, las pulsaciones se me disparan y me entra un pánico que no sé controlar. Hoy fuí a la pista a hacer un test de carrera y no he sido capaz de pasar de la mitad. Me sentía débil, muy presionado y con sensación de agotamiento desde los primeros metros.
Sé que gran parte de mis sensaciones son debidas al pánico que me crea sólo pensar en la carrera, pero me gustaría poder aprender a controlarlo y empezar a disfrutar la carrera, o al menos correr como si fuera un entrenamiento más.
Un saludoRESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola,
Antes que nada, quiero agradecerte la sinceridad y la valentía con la que has compartido lo que estás viviendo. Lo que describes no es simplemente un bajón puntual ni una cuestión de falta de forma física. Has entrenado duro durante meses, y eso habla de tu compromiso y de tu capacidad de esfuerzo. Pero también deja entrever que lo que te está bloqueando ahora no es tu cuerpo, sino el peso emocional que has acumulado a lo largo del camino.
La carrera de 1500 metros, en tu caso, ya no es solo una prueba física. Se ha convertido en un símbolo de todo lo que te juegas, de todas las expectativas que te has puesto encima, y de todos los momentos en los que has tenido que forzarte hasta el límite. El cuerpo no olvida ese sufrimiento. Y cuando uno ha asociado tanto dolor, tanto esfuerzo extremo y tanta presión a una misma situación, es completamente normal que empiece a rechazarla, incluso antes de empezar. Esa sensación de debilidad, de agotamiento prematuro, de no poder ni arrancar... no es física, es emocional. Es miedo en forma de pulsaciones, de respiración agitada, de piernas que se tensan antes del primer paso.
No estás solo en esto. He acompañado a muchas personas en procesos parecidos: opositores, deportistas, profesionales que han llegado a un punto donde la presión emocional sabotea todo el trabajo físico y mental que han realizado. Y te puedo decir algo con total convicción: se puede revertir. No es cuestión de entrenar más, ni de exigirte más. Al contrario. A veces, la clave está en aprender a soltar, a reconectar contigo mismo, a entender lo que está pasando por dentro y a crear una nueva relación con la prueba, más amable, más humana, más libre de miedo.
Por eso, quiero invitarte a que empieces un proceso terapéutico conmigo. No se trata solo de superar una carrera, sino de recuperar la confianza, de aprender a regular ese pánico, de volver a conectar con la motivación que te llevó hasta aquí en primer lugar. A veces basta con unas pocas sesiones bien enfocadas para desbloquear todo ese potencial que tienes dentro y que ahora está atrapado por el miedo.
Si lo sientes así, estaré encantado de acompañarte. Con herramientas muy concretas y adaptadas a tu situación, podemos trabajar juntos para que vuelvas a correr no desde la angustia, sino desde la fuerza y el enfoque.
Un saludo muy grande,
Claudio Rodal – Psicólogo especializado en procesos de alto rendimiento y regulación emocional
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¿ Las malas personas te testean, te escanean para ver si eres bondadoso ? Y para ello fingen una ini
¿ Las malas personas te testean, te escanean para ver si eres bondadoso ? Y para ello fingen una inicial amabilidad para que te confíes y detectar como eres. Si ven que eres buena persona, después en ocasiones te ridiculizan delante de los demás, se aprovechan, manipulan, etc. ¿ Esta es una estrategia habitual o tipificada de este tipo de personas ?
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Aquí tienes el texto redactado con un tono más cercano, reflexivo y con ese “toque personal” que sueles buscar:
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A veces me preguntan si es cierto que hay personas que “te testean”, que se te acercan con una amabilidad inicial que no es del todo genuina, sino que es una especie de estrategia para ver cómo eres… para escanearte. La pregunta suele venir acompañada de una sospecha: “¿Será que si detectan que eres buena persona, después se aprovechan de ti?”
Y la verdad es que sí. No es paranoia ni una exageración. Es una dinámica bastante habitual en ciertos perfiles que podríamos considerar manipuladores, aunque no siempre lo hacen de forma consciente. Hay personas que aprenden desde muy temprano a usar el encanto superficial como moneda de entrada, como un anzuelo relacional. No porque quieran conectar de verdad contigo, sino porque están evaluando: ¿te cuesta decir que no?, ¿te esfuerzas demasiado por agradar?, ¿te sientes culpable si pones límites?
Si detectan que eres alguien generoso, confiado, empático, alguien que da más de lo que recibe… es posible que ahí vean una oportunidad. Y lo que empieza como una supuesta conexión puede terminar convirtiéndose en una relación desigual, donde tú das y ellos toman. Y peor aún: en algunos casos, la cosa se torna más tóxica. Te ridiculizan en público, te hacen sentir pequeño, dudan de ti frente a otros, o simplemente se desentienden de cómo te afectan sus actos. No lo hacen porque hayas hecho algo mal, sino precisamente porque has sido abierto, has mostrado tu parte más sincera, más humana.
Y lo sé: duele mucho más cuando lo que te devuelven es burla o desprecio después de que te has mostrado con el corazón en la mano. Pero esto no va de dejar de ser buena persona. No se trata de volverse frío o desconfiado, sino de recordar que ser bueno no significa ser permisivo. Que cuidar también implica cuidarse.
La bondad no tiene por qué ser sinónimo de ingenuidad. Puedes seguir siendo empático, generoso y humano, pero con límites. Aprender a decir “hasta aquí” no te hace menos bueno, te hace más libre. Y empezar a detectar estas dinámicas pronto, sin justificar lo injustificable, es un acto de dignidad. Nadie tiene derecho a usar tu luz para iluminarse mientras te apaga a ti.
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Hola, buenas noches, madrugadas. Hoy es martes 10 de junio del 2025. Son exactamente las 2 de la mañ
Hola, buenas noches, madrugadas. Hoy es martes 10 de junio del 2025. Son exactamente las 2 de la mañana con 16 minutos. Y la verdad es que la estoy pasando fatal. La verdad que este lunes ha sido un día fatal, desde que desperté a las 2 de la tarde, aproximadamente dos pasaditas de la tarde. He tenido muchísimas, muchísimas pensamientos de ya, ahora sí que fuera de la realidad les llamo yo, porque no puedo dejar de pensar de que estamos flotando en medio de la nada, que estamos lejos de todos los planetas, de que los planetas están inmensamente lejos, que el universo es infinito, que no tiene fin. Y, por ejemplo, yo puedo ver un foco colgado aquí en el parque donde estoy con mi hija, en estos momentos, y digo, si el foco cae, pues va a caer al suelo, y va a caer al piso, y ahí se va a quedar. Pero de repente mi mente dice, si el planeta Tierra deja de tener sustentación, o si deja de flotar el universo, pues va a caer al infinito, al vacío. ¿Qué nos va a pasar? Y muchas preguntas así. Y cuando me llegan estos pensamientos así de este tipo, me entra muchísima desesperación, me entra muchísimo miedo. Empiezo a sentir en cuestión de segundos todo, que voy a perder el control, empiezo a sentirme como que estoy enloqueciendo, que esto es una locura lo que pienso, que no me puedo enfocar en el presente, y digo, ¿por qué me pasa esto? ¿Qué me pasa? ¿Por qué no puedo vivir el presente con mi hija aquí, por ejemplo, en el parque en este momento? Y no puedo quitarme estos pensamientos así, de manera como obsesiva. No puedo vivir el presente, no puedo dejar de pensar el universo, en que hay planetas allá arriba, veo la luna, por ejemplo, en estos momentos que está casi llena, y digo, ¿por qué no puedo dejar de pensar en que algo malo puede pasar, o que algo malo, porque es inmenso todo? Estoy pensando que ya es una locura, que es algo que ya estoy al borde de pensar, de que esto es irreal lo que pienso, porque son cosas fantasiosas, irreales, pero ¿por qué me pasa? ¿Por qué no puedo dejar de pensar así? ¿Por qué me genera este miedo? Esto es como acelerado en el pecho, todo el día empiezo a sentirme como desesperado, ¿por qué? Esa es mi pregunta, ¿por qué? Estoy loco, o sea, no sé qué pensar ya.
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
No, no estás loco. Y es importante que lo leas otra vez: no estás loco.
Lo que estás describiendo —esa sensación de inmensidad, de vértigo frente al universo, de sentir que algo terrible puede pasar simplemente porque todo es tan grande, tan desconocido, tan fuera de control— es algo profundamente humano. No es raro que cuando miramos la luna, las estrellas, o simplemente pensamos en el universo, nos invada una sensación de pequeñez, de fragilidad, incluso de irrealidad. El problema no es pensar eso. El problema es que no puedes dejar de pensar eso. Que no puedes soltar la sensación. Que el cuerpo se te pone en estado de alerta, como si algo estuviera a punto de pasar, como si tu mente hubiera confundido una pregunta existencial con una amenaza concreta.
Tu mente está intentando comprender algo que no tiene una respuesta fácil, y cuando no la encuentra, se angustia. ¿Qué hay allá arriba? ¿Qué sentido tiene todo esto? ¿Y si todo es tan inmenso que se nos escapa? ¿Y si algo malo viene de ahí? Lo que pasa es que a veces, esas preguntas no se quedan en lo filosófico o lo poético. Se cuelan en el cuerpo. Se meten en el pecho. Se traducen en un miedo que no sabe a dónde pertenece.
Esa aceleración que sentís, ese apuro interno, esa desesperación, es ansiedad. No estás al borde de la locura. Estás al borde del miedo. Y lo peor de la ansiedad es que muchas veces no se presenta con una causa clara, sino disfrazada: en tu caso, en forma de pensamientos existenciales, imágenes del universo, ideas sobre lo irreal, que empiezan a sonar tan fuerte en tu cabeza que ya no podés distinguir si son peligrosas o no.
Pero no lo son. Son pensamientos. Son intentos de tu mente de buscar control en un mundo que, sí, a veces es abrumador. No estás solo en eso. Muchas personas sienten angustia existencial, vértigo frente al sentido de la vida, miedo de perder el control. Lo que te está pasando es que tu cuerpo y tu mente están atrapados en una especie de bucle: pensás algo que te da miedo, ese miedo acelera el cuerpo, y el cuerpo acelerado te convence de que hay algo real que temer. Así se cierra el círculo.
¿Y por qué no podés parar de pensarlo? Porque estás intentando controlar lo que no se controla desde el control. Cuanto más querés no pensar, más pensás. Cuanto más querés convencerte de que no es grave, más lo sentís grave. Y así, el pensamiento se convierte en obsesión. El miedo en amenaza. Y vos, que solo miraste la luna, terminás sintiéndote al borde de la locura.
Pero no estás loco. Estás asustado. Estás buscando seguridad en algo que no la puede dar, porque el universo no está hecho para tranquilizarnos, pero tampoco está hecho para asustarnos. Simplemente es. Lo que necesitás no es encontrar la respuesta a esas preguntas, sino aprender a convivir con ellas. Aprender a calmar el cuerpo para que la mente no se dispare. Aprender a decirte: “Este pensamiento me está generando miedo, pero no es una amenaza. Es solo un pensamiento. Puedo dejarlo pasar. Puedo estar presente sin resolverlo todo ahora”.
Y si esto se vuelve muy constante, si sentís que cada día te despierta esa misma inquietud, entonces vale la pena que puedas hablarlo con alguien. Que no tengas que quedarte solo con esto. Porque se puede trabajar. Se puede aprender a regular ese miedo. Se puede salir de ese bucle.
No estás solo en este vértigo. Y sobre todo: tenés derecho a sentirte confundido, pero también tenés derecho a estar en paz. Aunque no lo parezca, se puede llegar ahí.
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Me gusta una chica pero no encuentro el momento ideal para hablar con ella que consejos me dais,mas
Me gusta una chica pero no encuentro el momento ideal para hablar con ella que consejos me dais,mas que nada porque nunca la veo ya que no es de mi ciudad,quizas no le guste pero no tengo de momento posibilidad de hablar con ella
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Cuando te gusta alguien que no ves a menudo —o que vive en otra ciudad—, es muy fácil quedarse atrapado en la espera del “momento ideal”, como si tuviera que aparecer una oportunidad perfecta y mágica para iniciar una conversación. Pero la verdad es que el momento perfecto casi nunca llega por sí solo: muchas veces hay que crearlo, incluso si es con algo pequeño, torpe o improvisado.
Lo más importante no es hacer algo espectacular, sino romper el hielo. Y eso puede ser tan sencillo como un mensaje breve, natural, sin muchas vueltas, algo como:
> “Hola, espero que no te moleste que te escriba. Me quedé con ganas de hablar más contigo desde la última vez que nos vimos.”
O, si no han hablado nunca:
> “Hola No sé si te parece raro que te escriba, pero me parecés una persona interesante y me gustaría conocerte un poco más.”
Lo importante es que suene auténtico y cercano, no como un guion ensayado ni como si estuvieras buscando gustarle forzadamente. Si no tenés su contacto y solo la tenés en redes, podés reaccionar a una historia o comentar algo con naturalidad. No para impresionar, sino para iniciar una interacción.
Sé que puede dar miedo, sobre todo si pensás que quizás no le gustás. Pero pensalo así: no saberlo también es una forma de perderla. Lo único que realmente podés controlar es atreverte a ser honesto y respetuoso. Si la otra persona no responde o no muestra interés, eso duele un poco, sí, pero también te libera. Porque ya no te quedás en la espera indefinida, en la fantasía que consume energía y espacio emocional.
Y si te responde, aunque sea solo un poco, entonces ahí es donde podés empezar a construir algo, paso a paso, sin prisa, sin expectativas rígidas.
Así que el consejo más claro es: no busques el momento ideal, hacelo real. Aunque sea escribiendo dos líneas. Aunque tiemble un poco la voz o el pulso. Eso es parte de la vida real. Lo importante es que estés siendo vos mismo, no esperando ser perfecto.
Si querés, puedo ayudarte a escribir algo que suene natural según tu estilo. Solo contame un poco más de cómo la conocés o qué te gustaría transmitirle.
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Soy madre divorciada, tengo 48 años, de un niño de 12 años con autismo grave de grado 3, durante el
Soy madre divorciada, tengo 48 años, de un niño de 12 años con autismo grave de grado 3, durante el matrimonio con su padre sufrimos violencia tanto física como verbal, al niño y a mí nos llamaba rata, le llamaba hippie al niño en cuanto le crecía el pelo, ponía marchas militares y se ponía a cantar a gritos mientras el niño y yo dormíamos, le teníamos que pedir permiso para ducharnos y secarnos luego, me decía constantemente que yo era una vieja de la tercera edad que lo tenía todo colgando, que veía más mi culo que al niño, que yo estaba ahí sólo porque estaba el niño no porque él quisiera que estuviese, se ponía a grítar de repente cerca de mí y cuando me veía asustada se reía, un día se me acercó muy cabreado con un cuchillo y cuando estuvo a un paso de mí me dijo "¿sabes que lo hago para que reacciones así, verdad?" sonrió y se dio la vuelta y volvió a la cocina, todo lo hacía delante de mi hijo, en mi vida había pasado tanto miedo, le denuncié y le detuvieron pero el juez le soltó y no me dio orden de alejamiento y cuando volvió a casa fue peor, humillaciones, gritos, no nos dejaba dormir, nos habría la puerta del baño de golpe cuando estaba duchando a mi hijo o me duchaba yo, apagaba el calentador mientras estaba en la ducha, me decía cosas como "voy a coger una servilleta, agarra al niño o secuéstralo" le decía al niño "no Jose Antonio no puedo sacarte a la calle porque soy un pederasta" "Jose Antonio deberías estar en la calle corriendo, cortandote el pelo que pareces un hippie, a no que tienes que secuestrarme", fue un infierno, me divorcié de él , me dieron la custodia de mi hijo pero la patria potestad compartida y la casa hasta que mi hijo cumpliera 25 años, él se ha negado a las terapias del niño, a adaptar las visitas a la discapacidad del niño, a que le atiendan en la USMI al niño, el niño tuvo que ser ingresado en psiquiatría porque tenía crisis en las que se auto lesionaba arañándose , pegándose en la cabeza, golpeando la cabeza contra las paredes, cristales, espejos, las crisis con el tiempo se fueron incrementando en frecuencia y gravedad, el pasado día 3 de diciembre durante una actividad del colegio de educación especial de mi hijo se presentó mi ex marido con su padre y estuvo diciéndome que me iba a quitar al niño y dejarme en la calle y su padre, mi ex suegro, no paraba de gritar a mi padre, que me había acompañado a mí y a mi hijo para que yo me sintiera segura, "¡¡pégame, pégame!!", mi hijo se ponía muy nervioso y me clavaba las uñas y tiraba del pelo y tuvo 3 intento de fuga en los que mi padre y yo tuvimos que salir corriendo detrás de mi hijo para que no cruzase la calle, las profesoras, la orientadora y el director del colegio no hicieron nada por detenerlos ni por ayudar a mi hijo, cuando volví a casa yo estaba con ataques de ansiedad en los que no podía parar de temblar y llorar, no podía dejar de recordar su voz, lo que me decía, como me miraba, como sonreía cuando el niño me clavaba las uñas y tiraba del pelo, estuve así días, luego cuando mi abogada solicitó que autorizase las terapias del niño a las cuales yo había dado autorización, la patria potestad es compartida, él se volvió a negar, hace poco tuvieron que ingresar otra vez a mi hijo en psiquiatría del hospital por las crisis y le tenían amarrado para que no se hiciera daño, ahora está haciendo reposo en casa mientras se adapta a la nueva medicación pero me ha llegado un mensaje de la tutora a través de web familia en la que me cita para la reunión de fin de curso para hablar de la evolución del niño y mi ex marido a contestado diciendo que irá a la reunión con su padre, lo sé por que me lo ha dicho la orientadora escolar, y yo desde que sé que él va a ir a la reunión estoy aterrada, vuelvo a tener pesadillas con lo que me decía y como lo decía, me da mucho miedo su voz, su presencia, me aterroriza estar en el mismo edificio que él, me da miedo que su padre me grite otra vez o intente hacerme daño y no sé que hacer porque no puedo parar de llorar y sé que no me puedo permitir estar así porque mi hijo necesita que esté tranquila porque si estoy nerviosa o asustada mi hijo lo notará y se pondrá nervioso y volverá a tener otra crisis pero no puedo evitar tener mucho miedo
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Gracias por compartir todo esto, de verdad. Lo primero que quiero decirte es que lo que estás sintiendo es completamente comprensible. No estás exagerando, no estás siendo débil, ni estás perdiendo el control. Estás reaccionando con una enorme sensibilidad y coherencia a una situación que te ha puesto durante mucho tiempo en tensión y en alerta, y que ahora, con todo lo que está ocurriendo con tu hijo, se está haciendo aún más pesada.
Cuando uno ha vivido situaciones de miedo, de maltrato psicológico, de sentirse silenciado o invalidado, ese miedo se queda dentro del cuerpo, incluso cuando uno intenta convencer a la cabeza de que “ya no debería tener miedo”. Que sientas pánico con solo saber que vas a coincidir con él, que te tiemble todo al pensar en su voz, que te angustie la posibilidad de que vuelva a gritarte o a hacerte daño, no es una señal de fragilidad; es una señal de que tu sistema emocional se está protegiendo como puede de una amenaza que ha aprendido a identificar como peligrosa. Y aunque el peligro actual pueda parecer menor que el del pasado, el cuerpo no lo distingue. El cuerpo recuerda.
También es muy comprensible que te sientas atrapada entre el miedo que él te provoca y la necesidad de cuidar a tu hijo, de estar serena por él, de no transmitirle ese estado de alarma. Pero no estás fallando por tener miedo. No estás fallando por llorar. Eres una madre que está haciendo lo imposible por sostener a su hijo en medio de una situación profundamente dolorosa. Y lo que estás haciendo tiene un valor inmenso. Porque aún con todo este miedo, con todo este dolor, tú estás aquí, buscando cómo hacerlo mejor.
Quizás ahora más que nunca sería bueno que pudieras tener un espacio para ti. Un lugar donde puedas hablar sin miedo, donde puedas ser escuchada sin juicios, donde no tengas que justificar lo que sientes. Donde no se te pida ser fuerte, ni perfecta, ni contenida. Donde simplemente puedas empezar a soltar todo lo que llevas dentro. A veces nos acostumbramos tanto a vivir en alerta que se nos olvida que no todo el mundo es un peligro. Que también existen espacios seguros. Y tú te mereces uno.
No sé si has ido a terapia alguna vez, pero si alguna parte de ti siente que ya no puede más, que necesita sostén, o simplemente que quiere empezar a cuidarse, yo estoy aquí. Y no hace falta que tengas claro por dónde empezar. Basta con que vengas y podamos crear juntas ese espacio seguro, poco a poco. Uno donde no tengas que tener miedo de tu propio miedo. Uno donde todo esto tenga lugar, se entienda, se repare.
Te lo digo con todo el cariño y el respeto del mundo: no tienes por qué estar sola con esto. Y no tienes que seguir haciéndote cargo de todo sin recibir también algo para ti. Porque si tú estás bien, tu hijo también lo notará. Pero para poder estar bien, necesitas poder ser cuidada también tú. No solo cuidar.
Ojalá podamos vernos pronto. Y si te cuesta dar el paso, si te da vergüenza o dudas de si mereces esa ayuda, recuerda esto: el simple hecho de estar aquí, de seguir buscando cómo ayudar a tu hijo a pesar del miedo, ya habla de toda la fuerza que hay en ti. No estás rota. Estás cansada de resistir sola. Y eso sí se puede cuidar. Aquí te espero cuando estés preparada.
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Hola, debido a una enfermedad mental, me han incapacitado para trabajar. Siento mucha inseguridad en
Hola, debido a una enfermedad mental, me han incapacitado para trabajar. Siento mucha inseguridad en mí misma por ser pensionista por enfermedad mental prácticamente me anula como persona a la hora de tener relaciones sociales, siento vergüenza e inferioridad respeto a lo que me digan o piensen el resto de la gente. Siento que me van a rechazar, que se van a meter conmigo , siento un gran complejo y que me van hacer un juicio constante sobre mí forma de ser, lo tengo muy interiorizado. Al tener esta enfermad pienso que no puedo sentirme bien conmigo misma, reírme , pasarlo bien, salir a la calle, relacionarme con la gente. No salgo de casa, ésto me aísla, es superior a mí, tengo evitado de cruzarme con gente que me conoce para no dar explicaciones porque la mayoría de las veces siempre me preguntan si trabajo, cuando digo que soy pensionista, la gente me ha dicho por ejemplo, as exagerado la enfermedad? pobre tan joven y pensionista, cuanto cobras? Yo de mayor quiero ser como tú... Cuando me viene un pensamiento de que me van a preguntar me pongo de mal humor conmigo misma o con las demás personas porque pienso que ellos piensan que estoy loco, que se van a reír de mi, que le dan una paguita.
Ya bastante difícil es vivir el día a día con la enfermedad que tengo, para más tener que soportar el estigma social, quizá si no me importase lo que dijeran la gente de mí, el estigma social no me afectaría, pero no sé cómo hacer para que no me afecte. Fuy a varias terapias y me dijeron lo típico, como, no te tiene que dar vergüenza, que cuánto más veces lo dijera menos vergüenza iva a tener, que me inventará una enfermedad física por ejemplo, problemas de espalda, que estaba en el paro... No han conseguido ayudarme, no he podido ayudarme.RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Gracias por abrirte así. Hay tanto en tus palabras que merece ser escuchado con calma y con respeto. Vivir el día a día con una enfermedad ya es suficientemente difícil. Es una lucha interna, silenciosa, constante. Pero tener que cargar, además, con las miradas, los juicios, los comentarios o incluso los silencios incómodos de quienes no entienden... eso agota, eso hiere. Y lo más injusto es que muchas veces se espera que encima de todo eso sigas como si nada, que no te afecte, que no te duela, que no te importe. Pero claro que importa. Porque no somos inmunes a lo que piensan o dicen los demás. Porque somos humanos y porque el dolor del rechazo, del señalamiento, de la invisibilidad o de la incomprensión, es uno de los dolores más profundos que existen.
Es muy valiente que digas que has ido a varias terapias. Eso no es poco. Eso habla de una parte tuya que ha querido cuidarse, que ha intentado buscar salida, que no se ha rendido del todo. Y también es completamente legítimo que te sientas defraudada si sentiste que no te entendieron, que te ofrecieron respuestas demasiado simples para un dolor tan complejo. Porque decirle a alguien “no te tiene que dar vergüenza” no es suficiente cuando una parte de ti sí la siente. Porque pedirte que lo repitas muchas veces no alcanza si cada vez que lo haces es como exponerte a una herida abierta. Y porque decirte que te inventes otra cosa es, en el fondo, pedirte que vuelvas a ocultarte. Que no seas del todo tú. Que sigas disfrazando lo que te pasa para que encaje con lo que los demás esperan.
Pero lo que tú necesitas no es que te digan lo que deberías sentir. Lo que tú necesitas —y mereces— es un lugar donde lo que sientes tenga sentido, donde no te pidan cambiar a base de fórmulas prefabricadas, donde puedas empezar desde donde estás, sin tener que justificar nada. Y eso existe. Hay formas de acompañar el dolor que no pasan por decirte lo que está bien o mal sentir. Hay terapias en las que no se trata de corregirte, sino de comprenderte. De ayudarte a poner palabras a lo que duele, a lo que pesa, a lo que a veces parece imposible de cambiar.
No se trata de fingir que no te afecta. Se trata de entender por qué te afecta tanto, de qué heridas se conecta, de qué historia personal forma parte. Se trata de darle sentido a tu vivencia, no de taparla. Y eso solo puede hacerse con alguien que escuche de verdad, sin prisas, sin recetas automáticas, sin exigencias de mejora rápida. Porque a veces no se trata de mejorar. Se trata, primero, de sentir que por fin alguien te ve.
Yo no sé todo lo que llevas dentro. Pero sé que si has llegado hasta aquí, si has puesto en palabras esto que te duele, es porque hay una parte de ti que todavía quiere cuidarse. Que todavía no se ha apagado del todo. Y esa parte merece ser acompañada con cuidado. No con frases hechas. No con soluciones mágicas. Con humanidad. Con respeto. Con escucha.
Por eso, si en algún momento decides volver a intentarlo, aquí estoy. Esta vez de otra manera. Desde otro lugar. Sin exigencias. Sin fórmulas. Solo con el deseo profundo de poder ayudarte a mirar tu historia desde otra luz. De que puedas respirar un poco más aliviada. De que dejes de sentirte sola en esto. Porque no lo estás.
Cuando estés lista, cuando lo sientas, podemos comenzar. Desde donde tú estés. Como tú puedas. Y esta vez, de verdad, no tendrás que inventarte nada. Porque aquí, puedes ser tú. Tal cual.
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Tenía una relación de 7 años, termine con él ya que me fue infiel, él culpa a las drogas y al alcoho
Tenía una relación de 7 años, termine con él ya que me fue infiel, él culpa a las drogas y al alcohol, dice ser otra persona cuando edts con aquellos efectos, es tan real no sepa las consecuencias de sus hechos ?
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Lo primero que quiero decirte es que tomar la decisión de terminar una relación después de siete años, y más aún por una infidelidad, no es nada fácil. Duele profundamente, porque no solo se pierde a una persona, se pierde también una historia compartida, una rutina, un proyecto, un lugar emocional que hasta hace poco era tu hogar. Y en medio de todo ese dolor, que él justifique lo ocurrido culpando al alcohol o a las drogas, probablemente te deja aún más confundida, más rota, más sola con tus preguntas.
Te preguntas si es posible que alguien realmente “no sepa” lo que hace bajo los efectos de esas sustancias. Y es una pregunta muy válida. Porque lo que está en juego no es solo lo que hizo, sino también si puede hacerse cargo de sus actos, si realmente entiende el daño que te ha causado, si hay responsabilidad o simplemente excusas.
Lo cierto es que las drogas y el alcohol pueden alterar el juicio, claro que sí. Pueden desinhibir, llevar a actuar de maneras que una persona no haría en estado sobrio. Pero eso no borra las consecuencias. No anula la responsabilidad. No justifica el daño. Y sobre todo, no puede convertirse en un patrón para eludir las decisiones tomadas. Porque incluso si estaba bajo efectos, fue él quien eligió consumir, sabiendo (si ya le había pasado antes o conocía su reacción) que eso podría llevarle a perder el control. Nadie se convierte en una persona completamente distinta por arte de magia. Lo que aparece bajo esos efectos no es un “otro” ajeno a él, sino una parte que tal vez no quiere mirar de frente.
Es muy humano que ahora estés enredada en estas dudas. Porque cuando una persona a la que has querido mucho te dice que “no era él”, una parte de ti quiere creerlo. Porque duele menos pensar que fue un accidente que aceptar que fue una elección. Pero también es importante que tú puedas poner el foco en ti: en cómo te sentiste, en lo que te rompió por dentro, en lo que necesitas para reconstruirte.
Y por eso te animo a venir a terapia. No para que alguien te diga lo que tienes que hacer o para que alguien te juzgue. Sino para que tengas un espacio tuyo. Un lugar donde puedas ordenar lo que sientes, donde puedas deshacer el nudo de culpa, de dolor, de amor que aún puede quedar, de rabia contenida. Un lugar donde puedas entender qué lugar tenías en esa relación, qué necesitas ahora, cómo cuidar tus límites, cómo volver a confiar, empezando por ti misma.
No tienes por qué entender todo sola. No tienes por qué llevar sola el duelo, ni la culpa que él ha intentado depositar en ti. Estás atravesando un momento doloroso, pero también puede ser el inicio de una etapa distinta. Una etapa en la que tú seas el centro de tu propia vida. Y eso, aunque ahora parezca imposible, puede doler y sanar a la vez.
Si alguna parte de ti siente que no puede más, o que no quiere quedarse estancada en este dolor, aquí estoy. Puedes venir cuando lo necesites. Cuando estés preparada. No para hablar de él. Sino para hablar de ti. Porque tú también importas. Y mereces entenderte, cuidarte, y sentirte acompañada.
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Hola, tengo 26 años y hace unos meses tengo novio, vivo con mi mamá (soy universitaria) resulta que
Hola, tengo 26 años y hace unos meses tengo novio, vivo con mi mamá (soy universitaria) resulta que a mi mamá no le parece que duerma con èl, no es algo que quiera que sea siempre pero de vez en cuando si quisiera y ella no me deja, le pido permiso pero me dice que èl no es mi marido como para dormir juntos y que no estoy en edad. Como puedo abordarla porfavor.
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Gracias por compartir esto, de verdad. Es una situación que muchas personas atraviesan en algún momento de su vida adulta cuando, a pesar de estar creciendo y tomando sus propias decisiones, aún conviven con sus padres y eso genera ciertas tensiones entre lo que uno desea y lo que ellos consideran adecuado.
En tu caso, lo que se ve claramente es que ya no estás en una etapa infantil o adolescente. Tienes 26 años, estás en la universidad, tienes una relación de pareja y estás empezando a construir tu propia vida emocional y afectiva. Es completamente válido que quieras pasar tiempo de intimidad con tu novio, y no tiene nada que ver con que sea tu “marido” o no. Las relaciones no necesitan un contrato para ser importantes, cuidadas y significativas. Y también es válido que no quieras hacerlo todo el tiempo, sino que simplemente desees que se respete tu deseo en algunas ocasiones.
Tu madre, en cambio, parece seguir viéndote desde una mirada más rígida o conservadora. A veces los padres mantienen esquemas muy tradicionales sobre lo que “debería ser” una relación o sobre lo que “se permite” mientras uno vive bajo su techo. Y aunque es cierto que vivir con ella implica ciertos acuerdos, también es cierto que tú ya no eres una niña, y que seguir controlando tu intimidad de esa manera puede hacerte sentir infantilizada o limitada en tu crecimiento personal.
Por eso, el abordaje con ella requiere una mezcla de firmeza, respeto y empatía. Puedes intentar algo así:
> “Mamá, quería hablar un momento contigo sobre un tema que para mí es importante. Sé que no te parece bien que duerma a veces con mi novio, y entiendo que tengas tu forma de ver las cosas. Pero me gustaría que pudieras escuchar también mi parte. Yo tengo 26 años, estoy en una etapa adulta de mi vida, y aunque todavía vivo contigo, también estoy construyendo mi autonomía. No te estoy pidiendo permiso para hacer algo que te falte al respeto o te afecte directamente. Solo quiero poder tener algo de libertad en mi vida íntima, sin sentirme como si estuviera haciendo algo mal. Mi relación es importante para mí, y me gustaría que, aunque no estés del todo de acuerdo, pudieras confiar en mis decisiones. No quiero que esto se convierta en un motivo de conflicto, pero sí me gustaría que lo habláramos desde el cariño y desde el respeto mutuo.”
Es posible que al principio ella reaccione a la defensiva, especialmente si tiene creencias muy arraigadas. Pero a veces, cuando las hijas o hijos empiezan a hablar desde un lugar adulto —sin confrontar, pero sí marcando sus propios límites y necesidades—, eso empieza a mover algo en la dinámica.
Y si ves que esto te afecta más de lo que pensabas, que te cuesta poner límites, que te sientes culpable cada vez que deseas algo diferente de lo que tu madre espera, quizás también sea buen momento para que vengas a terapia. Porque no se trata solo de este tema puntual, sino de cómo te posicionas frente a tu vida, frente a tus deseos, frente a tu independencia emocional. En terapia podríamos trabajar esto, acompañarte a tomar decisiones que respeten tu crecimiento, y ayudarte a gestionar mejor la culpa o el miedo a decepcionar.
Te lo mereces. Mereces vivir una adultez más libre, más propia, más en paz contigo misma. Y si te cuesta hacerlo sola, aquí estoy para acompañarte. Cuando quieras.
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Me he vuelto muy desconfiada con la gente debido a experiencias que he tenido durante estos últimos
Me he vuelto muy desconfiada con la gente debido a experiencias que he tenido durante estos últimos 8 años, incluyendo experiencias familiares. Durante mi vida profesional he sido víctima de estafas y engaños y por eso ya no confío en casi nadie que me ofrezca un trabajo, no me hago ilusiones de que me vaya bien. No me gusta que se acerquen algunas personas en la calle porque en mi entorno hay mucha inseguridad. No confío en llamadas telefónicas o mensajes de extraños. Siempre tengo miedo de que hasta la persona más intachable me dé una sorpresa desagradable. Solo confío en mi madre y en unos pocos familiares y amigos. Del resto, nunca estoy segura de qué esperar porque me ha pasado y he visto muchos casos donde personas que se muestran amables y correctas después terminan "sacándose la careta". Estoy tratando de superar esto, pero se me hace cuesta arriba.
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Gracias por compartir algo tan íntimo y tan importante. Leer lo que dices transmite claramente que has pasado por situaciones duras, repetidas, que te han dejado no solo con una profunda desconfianza hacia los demás, sino también con una especie de cansancio emocional, una sensación de estar siempre en guardia, como si no pudieras bajar nunca la defensa porque el peligro —de alguna forma— siempre está latente.
Y tiene sentido. La confianza no se rompe de un día para otro. Se va erosionando lentamente, a veces por traiciones pequeñas, otras por grandes golpes. Y cuando eso ocurre varias veces, en distintos contextos —laborales, familiares, sociales— lo que se rompe no es solo la confianza en los demás. A veces también se empieza a romper la confianza en una misma: en tu propio juicio, en tu capacidad de saber quién es confiable y quién no, en tu derecho a ilusionarte o a creer que algo puede salir bien. Por eso no se trata simplemente de que te cueste confiar. Se trata de que has aprendido, a base de heridas, a vivir alerta. Y eso no se cambia con voluntad ni con frases hechas. Eso requiere tiempo, paciencia y, sobre todo, un espacio seguro donde poder mirar con calma todo lo que hay detrás.
Cuando uno vive durante años expuesto a decepciones o a traiciones —especialmente si han sido sistemáticas o han ocurrido en entornos clave como la familia o el trabajo— el sistema emocional empieza a generar mecanismos de defensa que se convierten en parte de la identidad: la hipervigilancia, la anticipación negativa, el evitar ilusionarse, la sospecha constante. Y aunque son mecanismos que han tenido sentido para protegerte, también es cierto que poco a poco empiezan a encerrarte, a aislarte, a impedir que puedas disfrutar de los vínculos, de los proyectos, incluso de las pequeñas cosas cotidianas.
Que estés tratando de superar esto ya es un paso enorme. Porque quiere decir que, a pesar de todo, hay una parte de ti que no se ha rendido. Una parte que sigue deseando volver a confiar, volver a relajarse, volver a respirar con menos miedo. Y para esa parte, sería muy bueno que pudieras comenzar un proceso terapéutico. No para que alguien te diga que “tienes que confiar más”, porque eso sería injusto. Sino para que alguien te acompañe a entender de dónde viene este muro que hoy te protege pero también te duele. Para que puedas revisar tu historia, sanar las experiencias que te marcaron, y sobre todo, reconstruir tu confianza poco a poco: no solo en los demás, sino en ti misma, en tu intuición, en tu derecho a que las cosas puedan salir bien.
No estás rota. Estás herida. Y las heridas emocionales también se pueden cuidar, también se pueden tratar. No estás sola en esto, aunque muchas veces lo hayas sentido así. Y si sientes que ya es momento de hacer algo distinto, de empezar a caminar hacia una vida con un poco más de alivio, con vínculos que no te asusten, con proyectos que te vuelvan a emocionar, aquí estoy. Cuando quieras, puedes venir a terapia. Este espacio puede ser el lugar donde, por fin, no tengas que estar alerta. Donde puedas empezar a sanar sin tener que justificarte, ni defenderte. Y mereces eso. Porque después de todo lo que has pasado, lo que toca ahora es que también te cuiden a ti.
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Hola! La q ha sido mi pareja durante 25 años me ha dejado mientras sufro una depresion muy profunda
Hola!
La q ha sido mi pareja durante 25 años me ha dejado mientras sufro una depresion muy profunda. Ni siquiera consigo salir de casa y he llegado incluso a pasar hambre.
Recientemente supe que mi padre esta en etapa terminal.
Y tras todo esto mi pareja se marcho de casa sin decirme absolutamente nada.
Vuelve, diciendo que es para quedarse. Pero se vuelve a marchar una y otra vez. Sin consideracion alguna. Todo el mundo me ha dado la espalda. Y ya no soy capaz d encontrar ninguna salida. Sin ningun apoyo.
Es normal q mi "pareja" me haga sufrir d esta manera?
Mi familia me dice q es normal q se haya cansado d mi y d la situacion. Ya q llevo mucho tiempo con depresion. Y eso me hunde aun mas.RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola. Antes de nada, quiero agradecerte que te hayas atrevido a escribir esto. Lo que estás atravesando es realmente muy duro, y poder ponerle palabras ya supone un acto de enorme valentía, aunque ahora mismo no lo sientas así.
Entiendo que te estés preguntando si es “normal” lo que tu pareja ha hecho. Pero creo que, más allá de lo que sea normal o no, lo importante es reconocer que lo que estás viviendo te está haciendo muchísimo daño. Y eso ya es motivo suficiente para detenerse, cuidar esa herida y protegerte. No se trata de juzgar si tu pareja tenía o no derecho a marcharse, sino de darte cuenta de que, tal como lo ha hecho, te ha dejado sola en un momento donde más necesitabas apoyo, afecto y contención. Y eso duele. Duele profundamente.
Que alguien vuelva para luego irse de nuevo, una y otra vez, puede abrir un ciclo de esperanza y desesperación que se vuelve insoportable. Sobre todo cuando estás sumida en una depresión, cuando ni siquiera puedes salir de casa, cuando estás intentando sobrevivir al dolor como puedes. Y en medio de eso, la vida te golpea con la noticia de que tu padre está en fase terminal. Es muchísimo. Casi inhumano.
Además, lo que me cuentas sobre tu familia tampoco ayuda. Que te digan que “es normal que se haya cansado de ti” no es una muestra de comprensión ni de amor, aunque probablemente lo digan desde su propia impotencia, sin saber cómo acompañarte. Pero escuchar eso en un momento así solo te hunde más, como bien dices. No necesitas que nadie te diga que “se entiende que se alejen de ti”, sino todo lo contrario: que alguien se quede contigo sin condiciones, que te vea, que te escuche, que no te haga sentir que tu dolor es un estorbo.
Lo que te está pasando no es culpa tuya. La depresión no se elige. No eres débil ni insuficiente. Estás atravesando un túnel muy oscuro, y sí, es verdad que tal vez muchas personas no han sabido estar a tu lado. Pero eso no significa que estés sola para siempre.
Y por eso quiero decirte algo importante: no tienes por qué atravesar esto sin ayuda profesional. No estás sola. Te animo profundamente a que vengas a terapia conmigo. No para que yo te diga lo que está bien o lo que está mal, sino para que podamos pensar juntas cómo sostener todo este dolor sin que te desbordes. Para que puedas reconstruirte poco a poco, desde tu verdad, desde tus ritmos, sin juicios. Para que empieces a sentir que hay un lugar —al menos uno— en el que no tienes que fingir, ni justificarte, ni demostrar nada. Solo estar, sentir y ser acompañada.
Tú mereces cuidado. Mereces palabras que no hieran. Mereces afecto en medio del dolor. Y merece la pena que empieces a descubrirlo, aunque hoy no puedas verlo.
Aquí estaré si decides dar ese paso.
Un abrazo enorme.
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Hola, desde que deje de trabajar en diciembre del 2024 empecé con mareos y dolor de cabeza. Fui a ur
Hola, desde que deje de trabajar en diciembre del 2024 empecé con mareos y dolor de cabeza. Fui a urgencias y me dijeron que no era nada grave pero que seguramente será por estrés y ansiedad. Han pasado 5 meses y todavía sigo con los mismos síntomas y con dolores de espalda y cansancio y con la vista un poco mal y no sé qué puedo hacer porque estoy yendo al fisio y al psicólogo.
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Lo que estás viviendo tiene todo el sentido del mundo y me parece muy valioso que lo puedas poner en palabras. Desde que dejaste de trabajar en diciembre, tu cuerpo ha empezado a expresar un malestar que probablemente venía acumulándose desde hace tiempo. A veces, cuando una estructura externa como el trabajo desaparece, nos enfrentamos de golpe a un montón de emociones que estaban más o menos controladas por la rutina, la exigencia o el ritmo del día a día. El trabajo, aunque pueda ser estresante, también actúa muchas veces como un contenedor. Nos da una identidad, una rutina, una razón para levantarnos, y cuando se rompe esa dinámica, el cuerpo se desorganiza. No es casual que los síntomas hayan empezado justo después: los mareos, el dolor de cabeza, el cansancio, los dolores de espalda y la vista alterada pueden ser expresiones físicas de un sistema nervioso que lleva tiempo en tensión y que, por fin, al tener espacio, ha empezado a mostrar lo que estaba sosteniendo en silencio. Que te hayan dicho en urgencias que es estrés o ansiedad no significa que no sea importante. Al contrario, a veces el cuerpo tiene que gritar muy alto para que nos demos cuenta de que hay algo que necesita ser atendido. Estás haciendo bien en ir al fisio y al psicólogo, porque los dos pueden ayudarte desde lugares distintos pero complementarios. El fisio puede liberar parte de la tensión acumulada en el cuerpo, pero si no se aborda también el contenido emocional que la genera, es muy fácil que la tensión vuelva. Y en ese sentido, el trabajo terapéutico puede ayudarte no solo a comprender por qué aparece todo esto ahora, sino también a reconectar con tus propias necesidades, tus límites y tu historia emocional. A veces, detrás de estos síntomas hay muchas preguntas sin responder: ¿quién soy yo sin ese trabajo?, ¿qué me pasa cuando dejo de exigirme?, ¿qué lugar ocupa el descanso en mi vida?, ¿qué me da miedo enfrentar cuando estoy sola/o y en silencio? Y al mismo tiempo, muchas veces hay emociones más profundas que no siempre son fáciles de detectar, como la culpa, la tristeza, la frustración, la sensación de no tener control o de no estar a la altura de lo que se espera de una/o. Todo esto puede ir quedando impreso en el cuerpo cuando no encuentra forma de expresarse. Por eso, no te culpes si aún sigues con síntomas. No significa que estés haciendo algo mal, sino que probablemente tu cuerpo y tu mente están pidiendo tiempo, espacio y cuidado. Muchas personas experimentan este tipo de procesos durante transiciones vitales importantes, y aunque el malestar puede ser muy molesto, también es una oportunidad para hacer una revisión profunda y necesaria de tu vida emocional. Quizás no se trate solo de eliminar el síntoma, sino de escuchar qué está queriendo decirte. Y eso lleva su tiempo, pero estás en el camino correcto. Si te parece útil, también podríamos pensar juntos en estrategias más concretas para ir recuperando el equilibrio, tanto físico como emocional, paso a paso.
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He tenido problemas con mi pareja porque me ha dado vergüenza el mostrar mi cuerpo desnudo frente a
He tenido problemas con mi pareja porque me ha dado vergüenza el mostrar mi cuerpo desnudo frente a él, me lo ha dicho que ha querido que yo le muestre mi cuerpo, lo he hecho poco a poco mostrando más por videos y fotos, vamos para dos años, es mi primera relación de pareja, a pesar de mi verguenza lo he hecho, y me ha dicho que no se siente querido, no se, ya esta cansado porque me dice que quiere una conducta más sexual de mi parte, y que ya esta cansado de la misma situación de que voy a cambiar y no cambia, he hecho por mostrar un poco más de mi poco a poco, pero no ha ayudado, por otra parte para que yo me sienta más sexual necesito mas conexión, más consistencia, seguridad, aspecto que no he recibido últimamente por su parte por los problemas que hemos tenido, inconsistencias, fluctuaciones en el afecto, por lo tanto no me sale, que puedo hacer para trabajar en mi vergüenza ya que eso ha afectado a mi relación, ahorita mi novio ya esta cansado y no quiere ya darme explicaciones, me siento confundía, porque pienso que voy haciendo bien las cosas, pero estalla en un conflicto otra vez, que intento resolver pero estalla :(
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Gracias por compartir algo tan íntimo y difícil. Lo que estás viviendo no solo es doloroso, sino también profundamente confuso, porque te encuentras en el cruce entre tu necesidad de respeto, seguridad y tiempo para crecer, y el deseo o exigencia del otro de algo que parece ir más rápido de lo que tú puedes o estás lista para ofrecer. Y cuando eso se junta con el afecto, el vínculo amoroso y la idea de estar fallando como pareja, es fácil que acabes dudando de ti misma. Pero hay algo importante que quiero decirte desde el principio: lo que sientes es legítimo. Sentir vergüenza con tu cuerpo no te convierte en una persona cerrada ni poco amorosa. Es una emoción que muchas personas cargan, a veces como resultado de una historia personal, de mensajes que han recibido sobre el cuerpo o la sexualidad, o de la forma en que han aprendido a vincularse. No es una falla, es una parte que necesita cuidado.
Tú has mencionado que esta es tu primera relación de pareja, y eso también tiene peso. En una primera relación se están descubriendo muchas cosas a la vez: qué significa compartir con alguien, cómo se vive la intimidad, cómo se gestiona el miedo al rechazo, cómo se negocian los ritmos y las diferencias. Si además vienes con una historia previa en la que el cuerpo o la sexualidad te generaban inseguridad, es lógico que todo esto aparezca con intensidad. Es como si se removieran muchas capas internas que nunca habían sido del todo miradas, y eso puede asustar. Que tú hayas ido mostrando más de ti poco a poco, incluso con vergüenza, habla de un deseo genuino de acercarte, de querer cuidar la relación. Pero muchas veces eso no es inmediato ni visible para el otro si no hay un espacio de empatía mutua. Porque lo cierto es que a veces, aunque uno haga avances enormes desde dentro, el otro no los ve porque está esperando otra cosa. Está esperando que “de repente” seas de una manera más abierta, más activa sexualmente, sin entender que lo que para él es “natural” para ti puede ser una conquista emocional enorme.
Y ahí aparece el dolor. Porque tú sientes que estás haciendo esfuerzos sinceros, pero él te dice que está cansado. Tú das pasos que para ti son importantes —mostrar más, exponerte un poco más— pero desde su lado eso parece no ser suficiente. Y lo peor es que él no solo te lo dice, sino que empieza a dejar de explicarte, a retirarse. Esa retirada es devastadora porque alimenta una de las heridas más profundas que hay en el vínculo: la sensación de que “haga lo que haga, no basta”. Y esa sensación no solo duele; paraliza. Te pone en una posición de culpa, de duda, de no saber si el problema es tu ritmo, tu historia, tu forma de amar, tu cuerpo, o si en realidad hay algo más que no se está hablando.
Dices algo muy importante: que para poder sentirte más sexual, necesitas seguridad, consistencia, conexión. Y esto es clave. La sexualidad no es algo que se activa como un interruptor, especialmente para quienes, como tú, necesitan un entorno de confianza para abrirse del todo. Si lo que hay últimamente son fluctuaciones afectivas, discusiones, idas y venidas, entonces tu sistema emocional va a protegerse. Y uno de los modos en que se protege es cerrando el deseo, cerrando el cuerpo. No porque no quieras, sino porque no puedes forzarte a desear cuando el terreno emocional no está firme. Por eso no es solo un tema de “mostrar más” o “actuar más sexual”. Es mucho más profundo: se trata de cómo te sientes por dentro en este vínculo, de si sientes que hay un suelo seguro donde puedas florecer.
Tu pareja tiene derecho a expresar lo que necesita, por supuesto. Pero hay una gran diferencia entre expresar y exigir, entre compartir y presionar. Cuando alguien dice que ya está cansado, que ya no quiere dar explicaciones, mientras tú estás intentando resolver y dar pasos, algo se rompe en la comunicación. Porque deja de haber un espacio donde se puedan encontrar los dos mundos: el tuyo, más reflexivo, más lento, más cuidadoso; y el suyo, quizás más impulsivo, más urgente, más centrado en el deseo. Pero que tú necesites tiempo, conexión y seguridad para abrirte no significa que no quieras. Y si eso no puede ser entendido, entonces te están pidiendo algo a cambio de lo cual estás teniendo que pagar con dolor, con autoexigencia, con dudas sobre ti misma.
¿Qué puedes hacer tú ahora? Primero, necesitas abrazar tu proceso como algo válido. No como algo que haya que forzar o corregir para “encajar”. Trabajar en la vergüenza con el cuerpo implica tiempo, acompañamiento terapéutico si puedes, pero sobre todo un entorno donde no tengas que esconder esa parte de ti. Donde puedas decir: “Me cuesta, pero estoy en ello, y necesito que lo veas”. Un entorno donde tu ritmo sea bienvenido, no castigado. Puedes escribir sobre tu relación con tu cuerpo, explorar de dónde viene esa vergüenza, preguntarte qué figuras del pasado están asociadas al pudor, al miedo al juicio. Puedes ir exponiéndote poco a poco, sí, pero desde un lugar que sea tuyo, no solo como respuesta a una amenaza de ruptura.
Y a la vez, necesitas preguntarte si esta relación te está acompañando o te está presionando. Si puedes hablar y ser escuchada, o si cada vez que intentas explicar, se cierra una puerta. No para dejarla ya, no para tomar decisiones rápidas, pero sí para ser honesta contigo misma: ¿cuánto puedes seguir creciendo aquí?, ¿hay espacio para tu vulnerabilidad?, ¿hay escucha verdadera? Porque tú no estás fallando. Estás aprendiendo, y eso requiere amor, paciencia y reciprocidad. La sexualidad florece en terreno fértil, no en medio de la presión o la amenaza. Y si tu pareja no puede entender eso, quizás también tiene que revisar qué significa para él el deseo, el afecto, la espera.
Estás haciendo lo mejor que puedes, con lo que tienes, con lo que sabes. Y eso, aunque hoy te duela, es un acto de valentía. No estás rota, no estás mal. Solo necesitas un poco más de cuidado, de espacio para ti, de verdad compartida. Ojalá también puedas encontrar eso con él. Y si no, que encuentres el coraje para seguir buscándolo en ti.
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Hola, buenas noches, yo quería preguntar Cómo es posible sentir ansiedad ante el orden y la discipl
Hola, buenas noches,
yo quería preguntar Cómo es posible sentir ansiedad ante el orden y la disciplina?
Es decir, el orden y la disciplina, la programación para estudiar, me generan ansiedad
más que si estudio sin metas, por libre, sin exámenes. Y así con cualquier actividad
que quiera realizar
Gracias
un saludoRESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola, buenas noches. Lo que estás describiendo es mucho más común de lo que parece, aunque muchas veces se malinterpreta. Sentir ansiedad ante el orden, la disciplina o una programación estructurada puede parecer contradictorio, especialmente en un mundo que constantemente valora y premia la organización como símbolo de eficacia y madurez. Pero para muchas personas, lo estructurado, en lugar de dar seguridad, activa una sensación de presión, de deber, de amenaza al bienestar emocional.
Cuando uno se enfrenta a un plan rígido, a una agenda o a una serie de metas, no solo está viendo tareas. Está sintiendo, a veces sin saberlo del todo, un escenario donde puede fracasar, donde puede no estar a la altura, donde su libertad está limitada o donde la exigencia toma el control. Y esto tiene que ver con muchas cosas. Para algunas personas, la estructura activa automáticamente un modelo de funcionamiento interno basado en la autoexigencia: “Tengo que hacerlo bien, tengo que cumplir, no me puedo permitir fallar”. Y ese “tengo que” puede generar un nivel de tensión tan alto que no deja espacio para el disfrute, la curiosidad o el aprendizaje real. En lugar de dar claridad, la programación se convierte en una jaula.
En otros casos, esta ansiedad ante la disciplina tiene que ver con experiencias pasadas, muchas veces ligadas a figuras de autoridad, en las que el orden y el deber estaban asociados al juicio, al castigo, o a la falta de afecto. Si en tu historia aprendiste que lo importante era rendir, pero no tanto sentirte acompañado en ese proceso, o si el error se vivía con consecuencias emocionales negativas, entonces es lógico que el orden, aunque suene “positivo”, active algo interno que dice: “Cuidado, aquí no puedes ser tú, aquí puedes ser evaluado, puedes perder”. Y entonces tu cuerpo se protege: con ansiedad, con evasión, con rechazo.
Por eso, estudiar sin metas, por libre, sin presión, puede resultarte mucho más fluido. Porque ahí no hay amenaza. No hay un criterio externo que determine si lo estás haciendo bien o mal, no hay una comparación, no hay una meta que mide tu valor. Solo hay conexión con el contenido, con el momento, con el ritmo que tú decides. Y eso te devuelve una sensación de autonomía, de libertad que quizás echas en falta cuando hay reglas, cronogramas o exigencias externas. No porque seas incapaz de seguirlas, sino porque quizás tu sistema emocional reacciona frente a ellas como si tuviera que defenderse.
Esto no significa que no puedas tener orden en tu vida o que estés condenado a vivir sin estructura. Significa que el modo en que se te ha enseñado a vivir el orden —o el modo en que tú lo has interiorizado— te genera ansiedad porque toca fibras sensibles. Y aquí es donde puedes empezar a trabajar. No obligándote a ser “más disciplinado”, sino comprendiendo por qué esa disciplina se siente tan invasiva. ¿A quién le temes decepcionar? ¿Qué parte de ti se activa cuando hay un plan que cumplir? ¿Qué historia está contando tu ansiedad?
Muchas veces, la clave no está en eliminar el orden, sino en reapropiarte de él. Crear tus propias formas de organizarte, tus propios ritmos, tus propios criterios de logro. Darle la vuelta a esa estructura para que no sea una camisa de fuerza, sino una herramienta a tu favor. Y eso solo puede hacerse desde la comprensión y la paciencia. No desde el látigo.
Así que gracias por tu pregunta. Porque lejos de ser “raro”, lo que sientes es la expresión de una parte tuya que necesita hacer las cosas de otra manera. No menos seria, no menos comprometida, sino más conectada contigo. Y eso, en realidad, es un gran acto de inteligencia emocional.
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Por qué me vengo con el oral Y no con la penetración?
Por qué me vengo con el oral
Y no con la penetración?RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Es completamente normal que llegues al orgasmo con el sexo oral y no con la penetración, y no significa en absoluto que haya un problema contigo ni con tu cuerpo. De hecho, esto le ocurre a muchísimas mujeres, y tiene una explicación muy clara si atendemos tanto a la anatomía como a los factores psicológicos y relacionales implicados en el placer.
El sexo oral suele implicar una estimulación mucho más directa del clítoris, que es una de las zonas más sensibles del cuerpo humano. El clítoris tiene más de 8.000 terminaciones nerviosas concentradas en un punto muy pequeño, lo cual lo convierte en el principal centro de placer en muchas mujeres. Durante el sexo oral, esta zona suele recibir una atención continua, delicada y personalizada, lo que facilita enormemente el camino hacia el orgasmo. En cambio, la penetración vaginal por sí sola no siempre estimula el clítoris de manera eficaz, especialmente si no se acompaña de movimientos, posturas o roces que activen también esa zona externa o su raíz interna.
Por otro lado, cada cuerpo tiene su propio “mapa del placer”, y no todos los cuerpos responden igual a los mismos estímulos. Hay personas que conectan muy intensamente con la estimulación clitoriana, y otras que encuentran más placer en la estimulación vaginal profunda, o en la combinación de ambas. Si en tu caso el sexo oral te permite conectar más con tu placer y alcanzar el orgasmo con más facilidad, simplemente es porque así funciona tu cuerpo, y eso está bien. No existe una única manera de disfrutar ni de llegar al clímax.
Además, hay un factor muy importante que a veces se pasa por alto: la sensación de seguridad, entrega y relajación. Muchas mujeres encuentran en el sexo oral un espacio donde pueden soltarse más fácilmente, donde sienten que están siendo cuidadas o atendidas, y esto reduce la autoexigencia, la presión por “rendir”, y facilita que el cuerpo se permita disfrutar plenamente. La penetración, en cambio, a veces puede generar más tensión, más expectativas, o incluso más distracción mental, lo cual dificulta el orgasmo, especialmente si no hay una buena sincronía emocional o si el ritmo no se adapta al propio deseo.
En resumen, no es que haya algo mal en ti, sino que simplemente tu cuerpo responde de forma distinta a distintos tipos de estímulo. No hay una “forma correcta” de llegar al orgasmo: lo correcto es lo que a ti te funciona, lo que te hace disfrutar y lo que te conecta contigo misma y con tu deseo. Si alguna vez te apetece explorar más el placer en la penetración, puedes hacerlo sin prisa, con curiosidad y con la ayuda de posturas o estimulación externa del clítoris. Pero si por ahora disfrutas más del sexo oral, eso ya es más que válido: es una manera profundamente íntima y eficaz de conectar con tu placer.
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Hola buenas noches mi hija no me habla desde los 17 años que decidió irse . Con su padre y ya tiene
Hola buenas noches mi hija no me habla desde los 17 años que decidió irse . Con su padre y ya tiene 26! El es el primer q no me habla y que me dice que yo sabré que hice para que mi hija no me hable y se alegra de ello sin ayudar en nada! Ya no de que hacer lo intenté todo pero cada vez que me acerco a ella me dice que no le aportó nada y que ya ni soy su madre. Que puedo hacer para recuperarla?
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola, gracias por abrir algo tan delicado y tan doloroso. Que una hija no te hable desde hace tantos años, y que además escuches frases como “ya no eres mi madre” o “no me aportas nada”, debe ser una herida profunda, que seguro te acompaña día tras día. Es completamente normal que sientas confusión, impotencia o desesperanza. Y aun así, que sigas buscando maneras de reconectar con ella ya habla de tu amor, de tu constancia, y de tu deseo de reparar.
Lo primero que quiero decirte es que no estás sola, y que situaciones como la tuya —aunque no se hablen mucho— existen más de lo que parece. A veces, los conflictos familiares se vuelven tan enredados que terminan dejando a la gente atrapada en una especie de laberinto emocional donde nadie sabe muy bien cómo volver al otro sin que duela más.
Por lo que cuentas, es posible que haya habido una historia de tensiones previas con su padre, que probablemente haya influido en cómo ella interpreta tu papel en todo esto. Cuando alguien joven se siente herido o decepcionado por una figura parental, a menudo tiende a buscar un culpable, una narrativa que le dé sentido al dolor. Y si su entorno —en este caso, su padre— ha reforzado esa narrativa durante años, puede que ahora sea muy difícil para ella ver otra versión de los hechos sin sentir que está traicionando su propia historia.
Pero eso no significa que todo esté perdido. Hay algo que puedes hacer: trabajar tú tu dolor, tu duelo, tus heridas, y desde ahí construir un camino distinto. No para forzar que ella vuelva (porque eso no depende de ti), sino para que tú estés en paz contigo misma, y para que, si un día ella decide abrir una rendija, tú estés lista para entrar con calma, sin rabia ni exigencia, sino con amor y verdad.
Por eso, me gustaría proponerte que empieces un proceso terapéutico. No para olvidar lo que ha pasado, sino para poder elaborar esta historia tan dura, y construir una forma de estar en el mundo que no dependa de esa herida sin cerrar. Juntas podemos revisar lo que viviste, cómo te afectó, qué hiciste por amor, qué errores puedes haber cometido (porque todos los cometemos), y también cómo sanar tu propio lugar como madre, más allá de lo que tu hija diga ahora.
Y, si llega el momento en que ella decide mirarte de nuevo, que te encuentre fuerte, serena y disponible para un vínculo nuevo, más consciente y libre de rencor.
Estoy aquí si decides dar ese paso.
Un abrazo grande,
Claudio
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Buenas noches, Tengo 24 años, de los cuales llevo desde los 18 años estudiando una carrera de sei
Buenas noches,
Tengo 24 años, de los cuales llevo desde los 18 años estudiando una carrera de seis años de duración (debería haber acabado), pero me he dado cuenta de que ahora mismo no soy capaz de afrontarla por severos problemas derivados de depresión (insomnio, ansiedad, somatización, etc.)
Me queda un año o dos para terminarla, pero me siento un completo fracasado porque veo a mi alrededor a todos los de mi generación que han podido sacarla.
También achaco al comienzo de la carrera una situación de índole personal que considero traumática, que creo que puede ser el desencadenante.
¿Qué se podría hacer? Llevo ocho años con tratamiento farmacológico y psicoterapia; sin resultado aparente y con declive conforme pasa el tiempo.
Muchas gracias a todos/as por sus respuestas.RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola, gracias por compartir lo que estás viviendo. Que lo hayas puesto en palabras ya es un paso importante, sobre todo cuando uno se siente tan agotado emocionalmente y con la sensación de haberlo intentado todo sin resultados.
Por lo que cuentas, llevas años sosteniendo una lucha muy dura, sin apenas sentirte acompañado en ella de una forma que realmente haya marcado una diferencia. No se trata solo de los síntomas (ansiedad, insomnio, somatizaciones…), sino también de esa voz interna que compara, que castiga, que te hace sentir que has fracasado por no seguir el ritmo de los demás. Y a veces lo más paralizante no es el dolor, sino el juicio que viene encima.
Mencionas algo clave: al inicio de la carrera viviste una situación traumática que sientes que lo cambió todo. Yo no creo que eso sea una excusa. Al revés, creo que es una puerta para comprenderte con más profundidad. No desde la culpa ni desde lo que “deberías haber hecho”, sino desde cómo esa herida pudo afectar a tu forma de afrontar el mundo, la exigencia, la vida adulta.
Me gustaría ofrecerte un espacio diferente. Un lugar donde no tengas que demostrar nada, ni cumplir expectativas. Donde podamos darle sentido a lo que te pasa sin prisas, con tiempo, con cuidado. Trabajo desde una mirada constructivista y centrada en el vínculo terapéutico: no se trata solo de hablar, sino de poder repensarte, reconstruirte, revisar cómo te tratas internamente, y abrir nuevas posibilidades desde ahí.
Si decides venir, no hace falta que traigas nada preparado. Solo con que vengas ya es suficiente. Y si necesitas que te acompañe también en ese proceso de volver a creer que algo puede cambiar, ahí estaré.
Te dejo este mensaje por si te resuena. Y si en algún momento sientes que es el momento de hacer algo distinto, estaré encantado de escucharte.
Un abrazo,
Claudio
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Con mi pareja sufrimos problemas de desconfianza, por culpa de mentiras mías q nacen por no tener la
Con mi pareja sufrimos problemas de desconfianza, por culpa de mentiras mías q nacen por no tener la confianza de poder contarle las cosas a mi pareja. Con esto me refiero a que, en ocasiones, me han pasado cosas con mujeres, las cuales no fueron a mayores, siendo ellas quienes causaban el problema, pero mi pareja en cada una de esas ocasiones reaccionaba en mi contra, como si fuera q fue mi culpa, mientras que yo siempre se lo conté como para que sepa la verdad. Agradecería la ayuda para saber de que manera poder llevar esto
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola, gracias por compartir algo tan íntimo y complejo. Se nota que hay dolor, pero también ganas de entender lo que está pasando y hacerlo de otra manera. Eso ya es mucho.
Lo que cuentas no es solo un tema de pareja, sino algo más profundo: cómo gestionar la culpa, el miedo a ser juzgado, y la necesidad de sentirse comprendido sin tener que ocultar nada. Y también cómo lidiar con esa paradoja que muchas veces se da en las relaciones: quiero ser honesto, pero si lo soy, me arriesgo a que me vean como culpable, aunque no haya hecho nada malo. Eso desgasta y confunde.
Quizá no se trata solo de lo que pasó, sino de cómo aprendiste a protegerte en situaciones de tensión, de cómo la confianza se vuelve frágil cuando sentimos que no podemos ser nosotros mismos sin pagar un precio alto. Y todo eso se puede trabajar. No desde el juicio ni desde etiquetas, sino desde el deseo sincero de crecer, de entenderte mejor, y de construir una relación más sana contigo mismo y con quien estás.
Si te resuena, te propongo que lo trabajemos juntos en terapia. Puedo ofrecerte un espacio confidencial y seguro, donde podamos revisar todo esto con calma y profundidad. No se trata solo de “arreglar” lo que pasa con tu pareja, sino de que tú puedas sentirte más libre, más coherente, y con menos carga encima. A veces basta con hacer las preguntas adecuadas para empezar a cambiar cosas que llevan años repitiéndose.
Estoy aquí si lo necesitas.
Un abrazo,
Claudio
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Hola, este agosto cumpliremos 9 años con mi pareja. Hemos estado de viaje el mes pasado en nuestro p
Hola, este agosto cumpliremos 9 años con mi pareja. Hemos estado de viaje el mes pasado en nuestro país de origen, pero en ciudades diferentes, por lo cual nos tuvimos que separar por una semana. En esa semana, ella se encontró con su ex de hace 9 años, ex que solo estuvo con ella 3 meses, pero que cada vez que tiene oportunidad le escribe y le.dice que le ama Ella le había bloqueado y todo, pero se reencontraron en este viaje y han estado juntos, según mi pareja, un par de horas en un hotel. Me admitió que se besaron y que fueron sólo toqueteos pero sexo en si no, que ella en el momento se arrepintió y yo no se si creer ahira que hemos vuelto a nuestra casa nuestra vida ella me pidió que la perdonara; que se arrepentía mucho; que sentía mucha vergüenza. Yo la quiero, pero cada… Cada vez que me acuerdo le tengo mucha rabia. Hay días que estoy bien y otros días no. Me propuso que fuéramos a hacer terapia de pareja, que me quiere y quiere seguir conmigo, y no sabe por qué ha estado con esa persona en ese momento. La verdad, no sé qué hacer, no sé cómo llevar la situación. Nunca hemos tenido problemas de infidelidad.
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Lo que estás viviendo no es menor. Cuando la confianza se rompe, aunque haya amor, aunque haya arrepentimiento, se abre una herida que no se cierra sola. Y aunque uno quiera perdonar, aunque uno se diga que quiere seguir, hay días en los que la rabia, la inseguridad o la tristeza toman el control, y eso puede desgastar muchísimo el vínculo si no se aborda bien.
Es muy significativo que ella te haya contado lo que ocurrió, que haya mostrado arrepentimiento y te haya propuesto hacer terapia de pareja. Eso no lo soluciona todo, pero sí muestra que quiere hacerse cargo, que quiere reparar el daño. Y es justo en momentos como este donde la terapia de pareja puede marcar la diferencia.
No se trata solo de hablar del error. Se trata de comprender qué pasó en esa relación para que algo así ocurriera, qué heridas pueden haberse ido acumulando sin que lo supierais, y sobre todo, si es posible reconstruir una nueva forma de estar juntos basada en la sinceridad, la seguridad emocional y el deseo mutuo de crecer como pareja.
Trabajo cada semana con parejas que, como vosotros, han pasado por momentos muy difíciles. Sé lo difícil que es sentarse a hablar de lo que duele, pero también sé lo reparador que puede ser cuando se hace en un espacio cuidado, con acompañamiento, sin juicios, y con herramientas reales para sanar.
Si decidís dar ese paso, estaré encantado de acompañaros. Podéis empezar con una primera sesión, sin compromiso, y ver cómo os sentís. A veces solo hace falta una conversación bien acompañada para empezar a ver las cosas con más claridad.
La herida está ahí, sí. Pero también lo está la posibilidad de transformar el dolor en una nueva etapa. Y no tenéis por qué hacerlo solos.
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hola, he tenido tratamiento con psicologos pero creo que no me se adaptar por que no he avanzado en
hola, he tenido tratamiento con psicologos pero creo que no me se adaptar por que no he avanzado en el tratamiento , o no se buscar el psicologo que me entienda la dificutad a superar . Me podrian ustedes decir cual seria el procedimiento para eligir a un profesinal por favor ando desesperado
gracias
saludosRESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola, gracias por abrirte y compartir cómo te estás sintiendo. Lo primero que quiero decirte es que lo que estás viviendo no es extraño: muchas personas pasan por procesos similares, en los que sienten que no acaban de avanzar o que no terminan de conectar con el profesional adecuado. Y eso no significa que no haya salida o que el problema seas tú. A veces, simplemente no se ha encontrado aún el espacio terapéutico donde uno se sienta verdaderamente comprendido.
Elegir a un buen psicólogo no siempre es fácil, porque no se trata solo de que sea un profesional cualificado, sino de que puedas construir con esa persona un vínculo seguro, de confianza, donde puedas hablar sin miedo y trabajar desde lo más auténtico de ti. Es normal necesitar tiempo o guía para encontrar ese lugar.
Por eso, si estás leyendo esto, quiero invitarte personalmente a que te des una nueva oportunidad. Mi nombre es Claudio Rodal, soy psicólogo, y llevo años acompañando a personas como tú, que a veces llegan a consulta con la sensación de haberlo intentado todo… y sin embargo algo sigue bloqueado. Me especializo en crear un espacio de escucha profunda y personalizada, donde no solo se trabaja la dificultad en sí, sino todo lo que hay detrás: la historia, los miedos, los vínculos, el sentido.
Puedes echar un vistazo a mis reseñas si te ayuda a sentir más confianza: hablan de experiencias reales de personas que también empezaron con dudas y que han podido ir encontrando alivio, claridad y fortaleza en su proceso.
Si sientes que podrías darte una última oportunidad, estaré encantado de escucharte sin juicios, con calma y profesionalidad. A veces, con la persona adecuada, todo cambia.
Un fuerte abrazo y gracias por tu valentía al escribir. Aquí estoy si decides dar el paso.
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