Preguntas de pacientes (1085)
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Hola tengo miedo a compartir piso porq no sabes la forma de ser de la gente con la que te metes, es
Hola tengo miedo a compartir piso porq no sabes la forma de ser de la gente con la que te metes, es decir,no es lo mismo con buena gente q con gente q coquete con las drogas,creo q en el tema del sexo me falta intimidad ayuda
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Es muy comprensible lo que estás sintiendo. Compartir piso puede ser una experiencia muy ambivalente: por un lado, ofrece independencia y compañía, pero por otro puede generar mucha incertidumbre, especialmente si vienes de contextos donde has valorado mucho la seguridad, el control o el entorno familiar. El miedo no solo tiene que ver con lo que pueda pasar, sino con esa sensación de que tu propio espacio vital puede quedar expuesto a dinámicas que no eliges y que a veces ni siquiera comprendes del todo. Cuando dices que te preocupa la forma de ser de la gente, que no es lo mismo compartir con buena gente que con personas que coquetean con las drogas, estás señalando una línea de protección interna muy clara: sabes lo que necesitas para sentirte mínimamente seguro, sabes lo que te hace daño o lo que podría activarte ansiedades profundas. Esa brújula ya es importante. No estás simplemente evitando algo sin saber por qué, sino que hay un juicio interno que busca cuidarte.
Y tiene sentido que esto se mezcle con el tema de la intimidad, especialmente en lo que respecta al sexo. Porque la intimidad no es solo un espacio físico, sino también emocional, mental y hasta energético. Sentirte observado, juzgado, interrumpido o simplemente no libre puede hacer que ciertas áreas de tu vida –como la sexualidad– se inhiban, se vuelvan tensas o incluso dolorosas. Es como si tu cuerpo, al no sentirse seguro en su refugio, tampoco pudiera abrirse del todo a la experiencia del placer o del contacto. Puede que no sea solo un tema sexual, sino de cuánto puedes estar contigo mismo sin tener que justificarte, sin tener que esconder partes de ti, sin tener que preocuparte por quién pasa por el pasillo o qué valores trae consigo esa persona. En el fondo, estás hablando de protección. Y eso merece atención.
No estás exagerando ni dramatizando. Estás tocando un punto muy real: cuando compartimos vivienda, no solo compartimos metros cuadrados, compartimos un clima emocional. Y si ese clima se tiñe de tensión, juicio, miedo o descontrol, puede afectar muchas áreas de tu vida, incluso aquellas más privadas, como la sexualidad, el sueño, la alimentación o la autorregulación emocional. Quizá te vendría bien empezar por pensar qué condiciones mínimas te harían sentir un poco más seguro para compartir: ¿preferirías vivir con una sola persona? ¿Con alguien con quien puedas hablar abiertamente de los límites? ¿Quizá alguien que también valore la tranquilidad, la limpieza, el cuidado del espacio común? A veces, cuando pensamos en compartir piso solo en términos económicos, dejamos fuera lo más importante: la convivencia emocional.
No es un problema tener miedo. El problema sería ignorarlo. Y tú lo estás mirando de frente. Quizá lo importante no sea solo quitarte el miedo, sino aprender a hacerte preguntas que te ayuden a elegir mejor: ¿esta persona respeta sus propios límites? ¿Habla de forma clara? ¿Cómo se relaciona con el descanso, la fiesta, el consumo? ¿Podría hablar yo con libertad si algo me molesta? ¿Podría retirarme si necesito espacio? Cuando uno se formula estas preguntas, empieza a construir un espacio habitable no solo fuera, sino dentro de uno mismo. Y eso sí que es un buen punto de partida para habitar con otros.
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Hola, sufro de trastorno de pánico y ansiedad generalizada, llevo tomándome Pristiq 50mg por las mañ
Hola, sufro de trastorno de pánico y ansiedad generalizada, llevo tomándome Pristiq 50mg por las mañanas desde hace 2 semanas y Mirtazapina 15mg desde hace unos días, después de un tratamiento con Fluvoxamina durante 5 años el cual me han cambiado por Pristiq. Al intentar dormir siento extrasístoles y como un pulso en el pecho o en la cabeza, también alguna descarga eléctrica acompañada con mareo (El típico efecto al dejar el tratamiento con antidepresivos). Tengo mucha ansiedad durante el día y he tenido varios ataques de pánico fuertes que cuesta que se me pasen con 2 Lorazepanes, estoy a la espera de empezar terapia con psicólogo, me gustaría saber si esos síntomas que comento al principio y el aumento de la ansiedad y ataques es debido al cambio de medicamentos y a la retirada de la Fluvoxamina, muchas gracias.
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Recomiendo consultar con tu psiquiatra de cabecera. Un abrazo.
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Tengo 40 años, dejé mi trabajo y ahora resido en el extranjero, era buena en lo mío pero me sentía m
Tengo 40 años, dejé mi trabajo y ahora resido en el extranjero, era buena en lo mío pero me sentía muy desligada en muchas cosas y ahora no sé qué hacer profesionalmente. Siento que hay demasiadas opciones y la vez ningún que valga la pena.
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Llegar a este punto no es un fracaso ni una pérdida de rumbo, aunque lo parezca. Es un lugar incierto, sí, pero también un umbral. Hay algo profundamente honesto en atreverte a dejar un trabajo en el que eras buena solo porque no te sentías conectada. Esa decisión, aunque duela o desoriente, habla de una fidelidad interior que es más valiosa que cualquier hoja de vida o reconocimiento externo. Porque quedarte donde no te sentías tú, donde algo se había apagado por dentro, era una manera lenta de desconectarte aún más. Así que en realidad este momento, este “no sé qué hacer”, es también una forma de volver a preguntarte qué tiene sentido, y eso nunca es un error.
A los 40, muchas veces el relato de lo que deberíamos haber sido empieza a pelearse con la vida real. Ya no basta con ser buena en algo. Ya no alcanza con cumplir. Aparece una necesidad más profunda, más incómoda: encontrar algo que se alinee no solo con lo que sabemos hacer, sino con lo que somos, con lo que estamos dispuestas a sostener a largo plazo. Y ahí duele: porque las opciones se multiplican, pero nada brilla como debería. Y al mismo tiempo, se hace más difícil aceptar proyectos mediocres solo por seguir adelante. Te duele el sinsentido. Y eso, aunque sea duro, es también una señal de madurez interna.
Es normal que ahora todo parezca difuso. Cuando estás construyendo desde otro lugar, el radar anterior —ese que medía éxito por reconocimiento, utilidad o rendimiento— ya no sirve. Y como no tienes aún uno nuevo, todo parece poco. Te da la sensación de que hay demasiadas opciones, pero en realidad lo que hay es una exigencia interna que no se conforma con lo primero que pase. Y eso puede ser angustiante, pero también te protege. Te está diciendo: ya no queremos lo de antes. Y todavía no sabemos qué será lo siguiente, pero será más nuestro.
Quizá ahora no necesitas decidir nada. Solo sostenerte un tiempo en esta incomodidad, sin forzar respuestas que aún no han madurado. No todo tiene que ser productivo, útil o inmediatamente rentable. Hay momentos de barbecho, de tierra removida, en los que nada parece crecer, pero debajo se están preparando raíces nuevas. Puede ser que necesites explorar sin definir. Tocar cosas distintas, aunque no sepas aún si serán definitivas. Volver a cosas que te hacían sentir viva, aunque no sean un trabajo todavía. Conectar con gente que te inspire, aunque no te dé un puesto. Leer, observar, caminar, dejar que la vida te sorprenda un poco. Soltar la urgencia de encontrar una vocación cerrada y permitir que la nueva etapa se construya más como una trama que como un objetivo fijo.
Lo que viviste hasta ahora no se pierde. La experiencia, la pericia, la sensibilidad, siguen contigo. Pero tal vez ahora están pidiendo ser puestas al servicio de otra forma de vivir, una más honesta, más sostenida en tu deseo y no solo en tu capacidad. No hace falta que todo tenga sentido ya. Solo hace falta que no te abandones en el intento de buscarlo.
Estás justo donde tienes que estar. Aunque no lo parezca. Aunque duela. Aunque te cueste ponerlo en palabras. Y poco a poco, lo nuevo va a empezar a tomar forma. No como un destino repentino, sino como una suma de pequeñas decisiones que se alinean con lo que ahora necesitas. Lo importante no es encontrar “qué hacer”, sino ir descubriendo quién eres tú ahora, después de todo lo vivido. Lo demás vendrá después.
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Últimamente siento que me ahogo demasiado en mis pensamientos. Es como si hubiese renacido en un cue
Últimamente siento que me ahogo demasiado en mis pensamientos. Es como si hubiese renacido en un cuerpo que tiene que procesar todo bien para darse cuenta de que vive en la realidad. Los pensamientos se unen en un bucle que me hace sentir que he perdido la cabeza, pero siempre trato de calmarme. Siento también algo de confusión, como si "mi mente" estuviese jugando conmigo para marearme y hacerme creer algo que no es. ¿Alguien podría darme algún consejo para calmar esos pensamientos que parecen un bucle interminable? Soy plenamente consciente de que esto me está pasando y que no es real, pero me abruma bastante cuando pasa...
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Lo que estás describiendo es una experiencia profundamente humana y, al mismo tiempo, desconcertante. Esa sensación de ahogo mental, como si los pensamientos se arremolinaran sin darte tregua, como si estuvieras atrapado en una especie de bucle sin salida, no es algo raro, aunque lo vivas con mucha intensidad. Tiene mucho que ver con cómo funciona nuestra mente cuando está sobrecargada, cuando se siente en estado de alerta y busca comprender o controlar todo para no perder el suelo bajo los pies. De alguna manera, ese “renacer” que mencionas —esa sensación de estar en un cuerpo que debe redescubrir lo real— puede ser una metáfora potente del momento que estás atravesando. Un momento en el que, quizá, se han movido algunas certezas internas y ahora todo parece estar más cuestionado, más frágil o más extraño de lo habitual.
El hecho de que te des cuenta de que esto te está pasando ya es un gesto muy importante. Esa conciencia de que lo que ocurre dentro de ti no es una locura sino un fenómeno interno, aunque molesto, te coloca en un lugar de observador. Y desde ese lugar, aunque parezca poco, se puede empezar a intervenir. Cuando la mente se enrosca en pensamientos repetitivos, suele ser porque está intentando protegerte. Puede sonar extraño, pero muchas veces ese exceso de pensamiento, incluso cuando se vuelve angustiante, es una manera desorganizada de buscar seguridad. Es como si tu mente dijera: “si lo analizo todo bien, si lo entiendo del todo, si me aseguro de que esto no es peligroso, entonces podré relajarme”. Pero ese razonamiento, aunque lógico en apariencia, te mantiene dentro del bucle.
Lo más duro de estos estados es la confusión, ese momento en que ya no sabes si lo que estás sintiendo es real o inventado, si tu cabeza te está jugando una mala pasada o si te estás “volviendo loco”. Pero no lo estás. La confusión no es locura: es señal de saturación, de miedo, de agotamiento emocional. A veces, cuando el cuerpo o la mente no pueden más, recurren a este tipo de sensaciones desconcertantes, como una alarma, como una forma de decirte: “para un momento, estás yendo demasiado lejos”.
Una de las cosas que puede ayudar mucho en estos momentos es hacer pequeños actos de anclaje. Detenerte, mirar a tu alrededor, nombrar en voz alta lo que estás viendo, sintiendo o tocando. Decirte a ti mismo, aunque suene simple: “Estoy aquí. Esto es real. Esto es una emoción. Va a pasar”. No necesitas creerlo al cien por cien. Solo necesitas repetirlo. Como si estuvieras cuidando de una parte asustada de ti. También puede ayudar cerrar los ojos unos segundos y enfocarte únicamente en tu respiración, sin intentar controlarla, solo notándola. Dejar de pelearte con lo que estás sintiendo, dejar de intentar resolverlo como si fuera un acertijo, y simplemente acompañarlo, como quien acompaña a un niño que tiene miedo a la oscuridad.
Cuando la mente confunde lo que piensa con lo que es, se producen estas sensaciones de vértigo. Pero tú no eres tus pensamientos. Eres algo mucho más amplio, más profundo y más estable. Lo que estás sintiendo ahora, por abrumador que sea, no es una sentencia ni una identidad. Es un momento. Un estado. Un lugar transitorio. El miedo a perder la cabeza, a perder el control, muchas veces es la forma que tiene el cuerpo de expresar que necesita contención, descanso, seguridad emocional. Y eso no se logra pensando más, sino pensándote menos como un problema y más como alguien que necesita cuidado.
Busca momentos de contacto con el cuerpo. Camina, mójate la cara, escucha una canción que te tranquilice, mantén conversaciones que te devuelvan a la tierra. No te exijas entender todo lo que te pasa. No es necesario resolverlo todo ahora. Solo necesitas atravesarlo, poco a poco, con la calma que puedas reunir. Y si esto se repite o se vuelve demasiado intenso, pedir ayuda psicológica puede marcar una gran diferencia. No porque estés mal, sino porque todos necesitamos, a veces, que alguien nos ayude a ordenar el ruido interno.
Estás haciendo algo valiente al ponerle palabras a lo que vives. Eso ya es parte del camino de volver a sentirte en casa dentro de ti. Y si la mente te dice que has perdido el control, recuérdale que sigues aquí, observando, buscando, y que eso ya es señal de que sigues siendo tú. Aunque duela. Aunque confunda. Aunque canse. Esto también pasará.
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De pequeña aprendí a hacer todo con la mano derecha (aún teniendo sospechas de que podría ser zurda)
De pequeña aprendí a hacer todo con la mano derecha (aún teniendo sospechas de que podría ser zurda) y al cabo de los años, no podía hacer nada con la mano derecha y tuve que aprender a hacer todo con la mano izquierda. Como consecuencia de esto, tengo lateralidad cruzada y me cuesta muchísimo escribir y esto conlleva tener una caligrafía horrible y no puedo escribir en espacios pequeños. ¿Cómo podría mejorar mi escritura? ¿A quién podría acudir para solucionar este problema?
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Lo que describes tiene mucho sentido desde el punto de vista del neurodesarrollo y de la organización corporal. Aprender a usar una mano que no era la dominante natural puede generar una especie de "desajuste interno", y cuando luego tu cuerpo recupera su tendencia original (es decir, usar la mano izquierda), ya ha habido años de esfuerzo, frustración y posiblemente confusión motriz. Esto es muy común en personas con lateralidad cruzada, donde el ojo dominante no coincide con la mano dominante, o se han forzado adaptaciones que interfieren en la fluidez del movimiento y la coordinación.
La caligrafía, en tu caso, no es un simple problema estético. Es una expresión de cómo se organiza tu cerebro para ejecutar una acción fina y sostenida, y cuando hay lateralidad cruzada o interferencias en el desarrollo motriz, esto afecta mucho más de lo que solemos imaginar: se cansa la mano, duele el brazo, se traza con inseguridad, se pierde control espacial, e incluso puede generar vergüenza o evitación de escribir. No estás exagerando si esto te ha generado incomodidad o malestar durante años.
Para mejorar tu escritura y reorganizar esa conexión entre cuerpo y gesto, puedes acudir a un/a terapeuta ocupacional especializado/a en integración sensorial o motricidad fina. Estas personas trabajan justo en el puente entre la neurología y la acción cotidiana, y tienen estrategias para ayudarte a fortalecer el trazo, mejorar el control postural, trabajar la prensión y ganar precisión. Muchas veces combinan ejercicios motrices con juegos visuales y táctiles para mejorar la organización lateral del cuerpo.
También podrías consultar con un/a psicomotricista, especialmente si vives en un lugar donde se trabaje desde un enfoque más integral del cuerpo y el desarrollo. No solo se centran en el trazo sino en cómo se coordina el cuerpo, cómo se sitúa en el espacio, cómo se regula el movimiento y cómo se consolida una lateralidad más estable. A veces trabajar desde ahí permite reducir la tensión que provoca escribir, y da más seguridad para trazar sin que se vuelva algo forzado.
En paralelo, si te interesa ir practicando por tu cuenta, puedes comenzar con ejercicios simples que no exijan precisión extrema, como:
Trazar letras grandes en hojas blancas sin líneas, para liberar el trazo y darle aire.
Usar pizarras o papel continuo en posición vertical, lo que activa más el hombro y da estabilidad al brazo.
Hacer ejercicios de preescritura (como espirales, ondas, zigzags, bucles) en distintos tamaños, para afianzar los movimientos sin necesidad de formar palabras.
Practicar con rotuladores o lápices más gruesos que se adapten mejor a tu agarre, evitando el cansancio o la rigidez.
Incorporar actividades previas de coordinación bilateral, como pasar objetos de una mano a otra, usar plastilina o juegos de puntería, para integrar el trabajo de ambos hemisferios cerebrales.
Por supuesto, también está bien que busques formas de expresión alternativas si escribir a mano siempre va a ser incómodo. Muchas personas con lateralidad cruzada encuentran alivio al permitirse escribir en ordenador, grabar notas de voz o simplemente elegir cuándo escribir a mano y cuándo no. No tienes por qué forzar algo que para ti ha sido históricamente un reto.
Lo importante es no verlo como un defecto, sino como una consecuencia coherente de tu historia corporal. Tu cerebro y tu cuerpo hicieron lo que pudieron para adaptarse, y ahora merecen que los ayudes a reorganizarse con cuidado y sin juicio. A veces lo que más se necesita no es escribir “mejor”, sino escribir sin culpa, sin presión, sin vergüenza. Y eso también se puede entrenar.
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Tengo un niño con autismo y a veces pierdo la paciencia y lo jaloneo luego me arrepiento xk se k no
Tengo un niño con autismo y a veces pierdo la paciencia y lo jaloneo luego me arrepiento xk se k no es xk el quiera ser así pero a veces me enoja k x todo haga berrinche.. algún consejo?
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Gracias por confiar en mí para compartir algo tan delicado y humano. Tener un hijo con autismo puede ser una experiencia profundamente amorosa y, al mismo tiempo, inmensamente desafiante. Que te des cuenta de que a veces pierdes la paciencia y luego te arrepientes ya es un paso muy importante. No porque sea suficiente solo con el arrepentimiento, sino porque muestra que tienes conciencia, sensibilidad y el deseo genuino de hacerlo mejor. Y eso es algo que tu hijo, aunque quizás no lo pueda poner en palabras, seguramente percibe en ti.
A veces, cuando él hace un berrinche por algo que tú no consideras importante, lo más automático es pensar que lo está haciendo por capricho, por testarudez o incluso para provocarte. Pero en muchos casos, lo que hay detrás es una profunda dificultad para regular lo que está sintiendo, para interpretar lo que le rodea o para comunicar lo que necesita. En los niños con autismo, el berrinche muchas veces no es un intento de llamar la atención, sino una expresión de que están completamente desbordados. Es decir, no es que quiera hacerlo, sino que no puede evitarlo. Su sistema nervioso está luchando por adaptarse a un mundo que muchas veces es demasiado ruidoso, cambiante o exigente para él.
Y sin embargo, tú también estás en tu derecho de sentirte desbordada. Porque por mucho amor que haya, el cansancio emocional de sostener una crianza compleja, donde cada día hay que interpretar y responder con paciencia, es real. Nadie nace sabiendo cómo acompañar a un niño con estas necesidades, y muchas veces la frustración no es con él, sino con la impotencia de no saber cómo ayudarlo, cómo calmarlo o cómo encontrar un momento de respiro. En esos momentos en que reaccionas con un jalón o un grito, no es porque seas una mala madre o padre. Es porque tú también necesitas recursos, contención y espacios para calmarte. La violencia nunca es justificable, pero sí es comprensible desde la fatiga emocional. Y si logras transformar esa culpa en responsabilidad y autocuidado, entonces ya estás haciendo algo inmensamente valioso.
Una de las cosas que más puede ayudarte es cambiar el foco del control hacia la comprensión. En lugar de pensar “por qué hace esto” o “cómo logro que pare”, intenta preguntarte “qué está sintiendo él ahora” o “qué está tratando de comunicar con esto”. Ese pequeño giro te puede permitir conectar desde otro lugar, incluso aunque no tengas la respuesta inmediata. Y si no sabes cómo actuar, no hace falta tener siempre una solución perfecta. A veces basta con sentarte a su lado, sin exigirle que se calme, y dejarle sentir que no está solo, que tú estás ahí, aunque sea difícil. Porque eso también enseña a regular: no tanto desde el castigo, sino desde el vínculo.
Y en los momentos en los que tú sientas que vas a explotar, permítete parar. Ir al baño, respirar, soltar un poco el cuerpo. No se trata de ser un adulto perfecto todo el tiempo, sino de darte margen para equivocarte y para cuidarte. Si tú estás demasiado tensa o agotada, es imposible acompañarlo desde un lugar tranquilo. No te olvides que tú también necesitas apoyo. No tienes que hacerlo sola o solo. Hay asociaciones, terapeutas, grupos de familias, que pueden ayudarte a sentirte menos solo en esta crianza, y que pueden darte recursos específicos para acompañarlo de forma más amorosa, más efectiva, y también más liviana para ti.
Si te parece útil, te dejo tres ejercicios que puedes hacer por escrito durante esta semana. El primero es que escribas una carta a ti misma o a ti mismo desde la compasión. No para justificar nada, sino para recordar que estás haciendo lo mejor que puedes con las herramientas que tienes. El segundo es que anotes qué cosas suelen detonar sus berrinches: momentos del día, ruidos, situaciones, o incluso palabras. Tener este mapa puede ayudarte a anticiparte un poco antes de que llegue la tormenta. Y el tercero es que escribas al final de cada día un pequeño momento en que hayas logrado manejar una situación difícil sin perder el control. No importa si fue pequeño. Celebrarlo te ayuda a confiar en tu capacidad de regular, incluso cuando cuesta.
Estás haciendo un trabajo difícil y muy valiente. Y lo más importante es que no estás sola. Tu hijo no necesita que seas perfecta: necesita que sigas intentando comprenderlo. Y tú también mereces ser comprendida.
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Hola, tengo ansiedad (descartado cualquier problema cardíaco y análisis bien) pero sufro de problema
Hola, tengo ansiedad (descartado cualquier problema cardíaco y análisis bien) pero sufro de problemas físicos, pinchazos, palpitaciones, taquicardias etc... Me recetaron 0,5 mg de lorazepam para momentos puntuales y mi pregunta es, si las palpitaciones son molestas o interfieren en la tranquilidad de mi día a día, ¿es necesario tomarme el lorazepam o aprender a vivir con ello buscando ejercicios de respiración? En los ejercicios de respiración me cuesta encontrar esa calma que silencia las palpitaciones. Gracias
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Gracias por compartir lo que estás viviendo. Lo que describes —pinchazos, palpitaciones, taquicardias— son síntomas muy comunes en personas que están atravesando ansiedad, y aunque se haya descartado un problema médico, eso no significa que no sean reales o molestos. De hecho, muchas veces lo más angustiante es esa sensación de estar bien “en los análisis”, pero seguir sintiendo que el cuerpo está en alerta, como si algo estuviera mal todo el tiempo.
La pregunta que te haces es muy válida: ¿tomo el lorazepam cuando me siento así, o aprendo a convivir con estos síntomas desde técnicas de regulación como la respiración? Y la respuesta más honesta es que ninguna de las dos opciones por sí sola es suficiente a largo plazo. El lorazepam puede ayudarte a frenar un pico de ansiedad puntual, como una muleta que se usa en un momento de crisis. Pero no es un tratamiento en sí mismo: no trabaja el origen del problema, ni te da herramientas para regularlo de forma estable. Por otro lado, los ejercicios de respiración son valiosos, pero si los haces desde el deseo de “silenciar” los síntomas inmediatamente, probablemente generen frustración cuando eso no ocurre, como ya estás notando. Muchas veces no funcionan no porque estén mal hechos, sino porque el cuerpo necesita algo más profundo que una técnica puntual: necesita sentirse seguro de nuevo.
Por eso, más allá de pastillas o técnicas sueltas, lo que realmente puede ayudarte es hacer un trabajo más profundo en terapia, que no se quede solo en lo superficial del síntoma, sino que te ayude a entender qué historia emocional hay debajo de esa ansiedad. La ansiedad no aparece por casualidad. A veces viene de exigencias internas muy altas, de experiencias pasadas donde aprendiste a vivir en alerta, de emociones que has tenido que reprimir o controlar por miedo a perder algo o a que te hagan daño. La ansiedad no es el problema en sí: es la forma en que tu cuerpo y tu mente intentan protegerte de algo que no está siendo procesado del todo.
En terapia se puede trabajar esto poco a poco: desde entender cómo se activa esa ansiedad, hasta aprender a generar respuestas internas más compasivas, más seguras, más en sintonía contigo. Porque vivir con ansiedad no significa resignarse a “aguantarla”, ni tampoco medicarse cada vez que aparece. Significa construir un espacio interno desde el que puedas sostenerte mejor, sin sentir que el cuerpo es una amenaza. Y eso lleva un tiempo, pero es posible.
Mientras tanto, está bien que tengas el lorazepam como recurso puntual, especialmente si te da tranquilidad saber que puedes recurrir a él si lo necesitas. Pero no te quedes solo con eso. Y tampoco te frustres si la respiración no te calma del todo aún: quizás tu cuerpo no necesita solo respirar, sino sentirse escuchado, comprendido, acompañado. La calma no siempre llega por inhalar profundo, a veces llega cuando empiezas a hablar de lo que no se había dicho antes.
Estás en el camino correcto por hacerte estas preguntas. Lo importante ahora es que no luches solo contra los síntomas, sino que empieces a mirar lo que hay debajo, con ayuda profesional si puedes. Porque no se trata solo de vivir con ansiedad, sino de entender qué te está diciendo y qué necesita cambiar para que esa alerta baje. Y eso, con el acompañamiento adecuado, sí se puede trabajar.
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Hola buenas, llevo varias semanas en las que noto como pinchazos en todas partes del cuerpo, hombros
Hola buenas, llevo varias semanas en las que noto como pinchazos en todas partes del cuerpo, hombros, espalda, latidos irregulares o taquicardias... He ido a cardiólogos y médicos y me dicen que el corazón está bien y sano, descartado esto, tengo 2 preguntas:
1) ¿puede ser ansiedad por lo que se producen estos efectos?
2) de ser ansiedad habiendo descartado problemas cardíacos, la ansiedad produce taquicardias incluso aunque yo esté bien o sin malos pensamientos? (Igual porque el cuerpo tiene interiorizado la ansiedad o momentos del día en los que no se siente seguro).
Gracias y un saludoRESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola, gracias por compartir lo que estás viviendo. Te respondo con claridad y desde la experiencia clínica:
1) ¿Puede ser ansiedad lo que está produciendo estos efectos físicos (pinchazos, latidos irregulares, taquicardias, etc.)?
Sí, absolutamente. Lo que describes es muy compatible con manifestaciones somáticas de la ansiedad. Muchas personas con ansiedad generalizada, ataques de pánico o estrés sostenido experimentan sensaciones como pinchazos en distintas zonas del cuerpo, palpitaciones, taquicardias, sensación de que el corazón late raro o más rápido sin razón aparente. Incluso si no estás "preocupado" en ese momento de forma consciente, el cuerpo puede seguir en un estado de hipervigilancia o activación. Es como si el sistema nervioso siguiera en modo "alarma", aunque no haya un motivo real.
2) ¿La ansiedad puede provocar taquicardias incluso cuando uno se siente aparentemente bien o no está teniendo pensamientos negativos?
Sí, y esto es algo que desconcierta mucho a quienes lo sufren. La ansiedad no siempre actúa de forma lógica o consciente. A veces, el cuerpo ha aprendido (por hábito o por experiencias previas) a estar en un estado de alerta constante. Es como si tuviera grabado un patrón de activación que se dispara en ciertos momentos del día, ante ciertos estímulos internos (como una digestión, un cambio de postura, una bajada de azúcar) o incluso sin un desencadenante claro. Es más, a veces el propio miedo a que aparezcan estas sensaciones genera un círculo vicioso: el cuerpo se anticipa, se activa, y entonces aparecen los síntomas aunque tú no estés pensando nada en concreto.
Este fenómeno se conoce en psicología como condicionamiento interoceptivo: el cuerpo asocia ciertas sensaciones internas con peligro, y reacciona como si algo estuviera mal, incluso cuando tú crees que estás en calma.
Algunas ideas clave para ti:
Si los cardiólogos han descartado patología cardíaca, puedes empezar a confiar en que lo que sientes no es señal de peligro físico, sino un lenguaje corporal de algo emocional o ansioso.
A veces el cuerpo "habla" por nosotros antes de que la mente lo entienda.
No necesitas estar mal para que aparezcan los síntomas; la ansiedad tiene memoria, se instala en el cuerpo y aparece cuando menos lo esperas.
Si esto te está afectando en el día a día, te recomendaría trabajar el tema en un proceso terapéutico (si no lo estás haciendo ya). Se puede abordar desde técnicas de regulación corporal, reestructuración de creencias sobre los síntomas, y también desde un trabajo profundo sobre los momentos en los que el cuerpo ha aprendido que no está seguro, aunque no haya un motivo racional ahora.
Si quieres, puedo también recomendarte ejercicios concretos o estrategias para ir regulando esta sintomatología. Un abrazo y mucho ánimo.
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Hola buenas, mi médico de cabecera me recetó 0,5 mg de lorazepam solo para momentos donde tuviese ep
Hola buenas, mi médico de cabecera me recetó 0,5 mg de lorazepam solo para momentos donde tuviese episodios de ansiedad, momentos puntuales. Mis dudas son, 1) si lo tomo puntualmente me puede dar efecto rebote cuando haya día que no los tome , 2) los efectos secundarios pueden aparecer incluso aunque tome media pastilla de Lorazepam (imaginemos 1 vez por semana que la tome). Gracias
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola, encantado de ayudarte. El lorazepam es una benzodiacepina que actúa sobre el sistema nervioso central con un efecto ansiolítico, sedante y relajante. En tu caso, el médico te lo ha prescrito para momentos puntuales de ansiedad, es decir, no como un tratamiento diario sino como una ayuda ocasional para gestionar episodios concretos de malestar emocional o nervioso.
Respecto a tu primera duda, no, si tomas lorazepam de forma esporádica, por ejemplo una vez a la semana o solo en momentos muy puntuales, no se suele producir un efecto rebote significativo. El efecto rebote aparece sobre todo cuando hay una toma regular, diaria, durante un tiempo prolongado, y luego se interrumpe de golpe. En esos casos, el cuerpo, que ya se ha acostumbrado a la presencia del fármaco, puede reaccionar con un repunte de ansiedad, insomnio o irritabilidad. Pero si el uso es verdaderamente puntual, el riesgo de desarrollar tolerancia o dependencia física es muy bajo, y por tanto también lo es el riesgo de ese efecto rebote del que hablas. Eso sí, es importante que ese uso siga siendo puntual y no empiece a convertirse en algo habitual, aunque sea sin querer, ya que ahí sí pueden cambiar las cosas.
En cuanto a los efectos secundarios, aunque tomes media pastilla de 0,5 mg —es decir, una dosis muy baja—, siempre existe la posibilidad de que aparezca algún efecto adverso. Las benzodiacepinas, incluso en dosis pequeñas, pueden causar somnolencia, sensación de aturdimiento, disminución de reflejos o leves dificultades cognitivas como falta de concentración o cierta lentitud mental. Sin embargo, si tu organismo lo tolera bien y la toma es tan esporádica como comentas, lo más habitual es que no presentes efectos importantes o que, si aparecen, sean leves y transitorios. Algunas personas incluso notan una ligera resaca al día siguiente, una especie de embotamiento mental, pero en dosis tan bajas y con un uso puntual no suele ser lo común.
En resumen, si el uso es ocasional y no hay una tendencia a aumentar la frecuencia o la dosis, no deberías preocuparte por el efecto rebote ni por efectos secundarios importantes. Eso sí, conviene estar siempre atento a cómo responde tu cuerpo, y si en algún momento notas que necesitas tomarlo con más frecuencia de la que habías previsto, vale la pena volver a comentarlo con tu médico para explorar otras estrategias, tanto farmacológicas como psicológicas, para manejar la ansiedad.
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Hola mi hijo toma medikinet de 30 y el de la farmacia le ha dado rubifen 30 prolongado se lo puedo d
Hola mi hijo toma medikinet de 30 y el de la farmacia le ha dado rubifen 30 prolongado se lo puedo dar
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola, gracias por tu mensaje. Entiendo perfectamente la preocupación, y es muy buena señal que estés revisando esto antes de administrarle la medicación.
Tanto Medikinet como Rubifen Retard contienen el mismo principio activo: metilfenidato, que es un estimulante del sistema nervioso central utilizado para tratar el TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad). Sin embargo, aunque el fármaco sea el mismo, hay algunas diferencias que conviene tener en cuenta:
1. La formulación de liberación:
Medikinet 30 mg es de liberación modificada, mientras que Rubifen Retard 30 mg también es de liberación prolongada, pero pueden tener una tecnología distinta para liberar el fármaco en el organismo. Esto puede influir en cómo y cuándo se libera el metilfenidato en el cuerpo de tu hijo a lo largo del día. Aunque ambos intentan mantener una acción más duradera, los picos de concentración y la duración exacta del efecto pueden variar.
2. Absorción y tolerancia individual:
Algunos niños responden mejor o peor a una marca concreta, aunque tengan el mismo principio activo. Es decir, no siempre son intercambiables automáticamente, sobre todo si el cambio no ha sido indicado por el médico. En ocasiones, un pequeño cambio en la formulación puede provocar que el medicamento sea más o menos efectivo o tenga diferentes efectos secundarios.
Por todo esto, no es recomendable hacer el cambio sin consultar previamente con el pediatra o psiquiatra que lo trata. Puede que no pase nada, pero también puede que notes cambios en su comportamiento, efecto o sueño, y es importante que esté controlado si se produce una transición entre marcas o formulaciones.
En resumen: no le des el Rubifen todavía. Llama a su médico o envíale un mensaje para confirmar si en su caso está aprobado ese cambio. Es probable que, si el médico considera que es equivalente, te dé el visto bueno, pero es mejor no asumirlo por tu cuenta.
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estoy de baja médica por ansiedad. el último informe del psicólogo me pone limitacion de la capacida
estoy de baja médica por ansiedad. el último informe del psicólogo me pone limitacion de la capacidad funcional: G2 SEMCAL mental azul, que significa?pues me citaron d inspección en unos días
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola, gracias por compartir esto. Entiendo que estés un poco inquieto por la citación de inspección y por esa terminología tan poco clara que aparece en el informe. Vamos por partes.
Lo que indica “limitación de la capacidad funcional: G2 SEMCAL mental azul” hace referencia a una clasificación que se usa para valorar el grado de afectación funcional en los procesos de incapacidad temporal. “G2” suele hacer alusión a una limitación moderada, y “SEMCAL mental azul” probablemente se refiera a un código interno que señala que la afectación está en el área de salud mental, dentro de una categoría que no se considera grave, pero sí significativa. Es decir, que aunque no implica una anulación total de tu capacidad, sí reconoce que estás pasando por un momento donde hay síntomas que afectan tu rendimiento y bienestar de forma clara.
Dicho esto, es muy importante que puedas preparar bien tu defensa en la inspección. Esa visita no siempre implica que vayan a darte el alta forzosamente, pero sí que van a evaluar si siguen viendo justificado que estés de baja. Por eso, un informe claro, actualizado y bien argumentado del profesional que te atiende psicológicamente es fundamental. No basta con poner “ansiedad”, sino que conviene detallar bien los síntomas que presentas, la evolución del proceso, cómo te afecta en tu día a día y por qué aún no estás en condiciones de reincorporarte con garantías. Cuanto más específico sea el informe, más protección te ofrece.
Si quieres, puedo ayudarte a preparar ese informe o incluso a redactarlo en un lenguaje técnico y adecuado para que lo presentes en la inspección. A veces marcar la diferencia está en cómo se expresa lo que estás viviendo. Así que si te parece, lo podemos trabajar con calma. Tú me das la información clave y yo te ayudo a transformarla en un informe riguroso y claro. Aquí estoy para acompañarte en esto.
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¿ Hay alguna forma de resolver los problemas cotidianos de forma más simple ? cuando se tiene baja i
¿ Hay alguna forma de resolver los problemas cotidianos de forma más simple ? cuando se tiene baja inteligencia. Además se tiene bastante dispersión y dificultad al abordar soluciones.
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Sí, hay formas de abordar los problemas cotidianos de una manera más simple, incluso cuando uno siente que tiene ciertas dificultades cognitivas, como baja capacidad de concentración, dispersión o incluso una inteligencia que percibe como limitada. Lo primero que es importante decir es que la inteligencia no es una sola cosa ni está escrita en piedra. Hay muchas formas de ser inteligente, y muchas veces lo que necesitamos no es ser más “listos” en el sentido académico, sino encontrar estrategias que nos funcionen a nosotros, con nuestras propias características.
Una de las claves para resolver problemas sin que se vuelvan una bola inmanejable es descomponerlos mentalmente en partes más pequeñas, aunque al principio cueste. Cuando un problema se presenta de forma global —por ejemplo, “no llego a fin de mes”, “me siento solo”, “no sé cómo organizarme”— el cerebro se abruma. Pero si uno se entrena para hacerse preguntas más concretas, se hace más fácil: ¿Qué es lo primero que tengo que resolver hoy? ¿Hay algo que pueda hacer ahora mismo, aunque sea pequeño? ¿Puedo pedir ayuda para este paso en particular? Incluso anotarlo o hablarlo en voz alta puede ayudarte a centrarte mejor.
La dispersión también se puede trabajar, no solo desde la fuerza de voluntad sino con herramientas externas. Por ejemplo, usar alarmas, rutinas fijas, listas visibles, recordatorios físicos, apoyarte en alguien cercano que te ayude a estructurar. Es decir, externalizar la organización. Si el cerebro no ayuda tanto en ese momento, buscar apoyo en lo concreto y lo visible puede ayudarte a tener más sensación de control. A veces no se trata de hacer las cosas con brillantez, sino simplemente de ir pasito a pasito con constancia y sin juzgarte.
Y algo muy importante: hablarte bien. Mucha gente con dificultades tiende a machacarse mentalmente con etiquetas como “soy tonto”, “soy un desastre”, “no sirvo para nada”, y eso no solo no ayuda, sino que bloquea más aún. Puedes tener dificultades, pero eso no te hace menos valioso ni incapaz de vivir con dignidad ni de resolver cosas importantes. Al revés: mucha gente ha aprendido a vivir bien no por ser más lista, sino por entender cómo funcionan ellos mismos y ser amables con sus propias limitaciones.
Así que sí, hay caminos. Pero no se trata de hacerlo solo ni de compararse con nadie. Se trata de ir construyendo una forma de vida donde las cosas estén un poco más ordenadas, donde el caos no mande siempre, y donde te permitas también tener tus tiempos, tus errores y tu forma única de encontrar soluciones. Y si te resulta difícil hacerlo solo, pedir ayuda a un profesional o a alguien de confianza es un paso valiente, no una muestra de debilidad.
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Buenos dias, Me gustaría que me orientaran, para buscar un psicólogo, después de haber estado en
Buenos dias,
Me gustaría que me orientaran, para buscar un psicólogo, después de haber estado en varios profesionales no he conseguir avanzar en superar la siguiente adversidad, me gustaría trasladarme a otra ciudad incluso a otro país, desde el hogar familiar, pues cada ve que lo intento tengo ataques de ansiedad y desisito de ello y soy una persona de 50 años y veo que la vida me ha pasado rápido y no avanzo , por ello me gustaría que me indicarán que tipo de terapia me ayudaría a solventar la dificualtad y salir hacia adelante. aunque sea en la ciudad en la que habito pero en mi casa
Gracias por su tiempo . SaludosRESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola, buenos días.
Antes que nada, te agradezco mucho que hayas compartido con tanta claridad y honestidad lo que estás viviendo. No es fácil hablar de nuestras dificultades, y hacerlo con esta apertura ya es un primer paso muy valioso. Entiendo lo frustrante que debe ser sentir que, después de haber pasado por varios profesionales, no has logrado dar con un camino que realmente te permita avanzar. Y más aún cuando se trata de algo tan importante como poder independizarte, tomar decisiones que deseas, y sentirte libre para vivir la vida desde tu propio deseo y no desde el miedo.
Lo que describes —esa sensación de bloqueo, los ataques de ansiedad que aparecen cuando intentas moverte hacia lo que deseas, y esa percepción de que la vida va pasando sin que puedas hacer el cambio— tiene mucho sentido desde una perspectiva emocional y psicológica. Y también tiene tratamiento.
Trabajo con un enfoque integrador, principalmente desde la psicoterapia constructivista y la teoría del apego. Lo que esto significa, en palabras sencillas, es que juntos intentaríamos entender no solo lo que te pasa, sino por qué te pasa ahora, qué lo sostiene, y qué sentido tiene para ti, aunque hoy te esté limitando. A veces, bloqueos como el que mencionas están relacionados con historias emocionales más profundas: experiencias tempranas, vínculos que han marcado nuestra manera de relacionarnos con el mundo, y patrones de protección que en su momento nos sirvieron pero que hoy nos frenan.
Mi objetivo como terapeuta no sería simplemente “convencerte” de que puedes hacer el cambio, sino ayudarte a entender tus miedos desde dentro, respetarlos, pero sin que tengan que decidir por ti. Y si ahora el paso no es mudarte a otra ciudad o país, también está bien. Podemos trabajar para que, incluso desde tu casa, empieces a recuperar una sensación de elección, de agencia, de posibilidad.
Lo que me importa es que puedas volver a sentir que la vida no se te escapa, sino que puede ser vivida a tu manera. Y aunque tengas 50 años, nunca es tarde para moverse hacia una vida más auténtica y libre.
Si sientes que te resuena este tipo de trabajo, estaré encantado de acompañarte en este proceso. Podemos empezar sin prisas, con calma, construyendo un vínculo de confianza, donde no haya juicio y sí mucho respeto por tu historia y tus ritmos.
Un saludo afectuoso,
Claudio Rodal
Psicólogo (Col. 27074)
Barcelona / Sesiones online y presenciales
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Hola me gusta una chica y estoy enamorado de ella pero veo uns forma de ser muy distinta a la q yo t
Hola me gusta una chica y estoy enamorado de ella pero veo uns forma de ser muy distinta a la q yo tengo en aspectos musicales politicos...
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Gracias por compartirlo. Estar enamorado de alguien que es muy distinta a ti en aspectos importantes como la música o la política puede ser confuso, porque por un lado hay una atracción genuina, y por otro, empiezas a preguntarte si esas diferencias serán un problema en el futuro.
Lo primero que te diría es que es completamente normal que en una pareja haya diferencias. Nadie es igual a nadie. Pero también es verdad que hay diferencias que suman (porque enriquecen) y otras que, con el tiempo, pueden empezar a generar distancia, incomodidad o conflicto si tocan aspectos demasiado nucleares de cómo entiendes la vida.
Por eso, lo importante no es tanto si piensa diferente que tú, sino cómo os tratáis en esas diferencias. ¿Sientes que hay respeto? ¿Podéis hablar sin juzgaros? ¿Te sientes libre para ser tú mismo con ella, incluso cuando pensáis distinto? ¿Ella también lo está contigo?
Si la respuesta es sí, puede ser que esas diferencias no solo no sean un problema, sino que incluso os ayuden a crecer mutuamente. Pero si sientes que esas diferencias te hacen replegarte, callarte, adaptarte constantemente… ahí puede que tengas que revisar si estás siendo tú mismo en la relación o si estás intentando encajar para no perderla.
El enamoramiento muchas veces nos lleva a idealizar o a hacer esfuerzos por encajar, pero una relación sana a largo plazo se sostiene mejor cuando hay un equilibrio entre afinidad, respeto por las diferencias, y una base emocional compartida.
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Hola! Tengo 6 años de casada, todo perfecto excepto que mi esposo coquetea por chat con ciertas amig
Hola! Tengo 6 años de casada, todo perfecto excepto que mi esposo coquetea por chat con ciertas amigas, ya lo hemos hablado porque a mí me molesta, pero él no cambia. Incluso vi chats donde invita a alguna de sus amigas a tomarse algo, café, etc. En este punto estoy tomando decisiones por si debo separarme. Estoy pensando incluso en decirle que podemos "ampliar" los límites de manera que esté permitido ese tipo de cosas, para que no sea monótona la relación, sin embargo estoy segura que no le hace gracia que yo también pueda salir con otros amigos o coquetear.
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Gracias por compartirlo. Lo que estás viviendo no es fácil, y tiene muchísimo valor que estés reflexionando con tanta honestidad y apertura sobre lo que te pasa, lo que sientes y lo que te estás planteando. Te estás haciendo preguntas profundas, que no se responden con impulsos, sino con tiempo, consciencia y acompañamiento. Y eso ya habla de tu madurez emocional.
En una relación de pareja, lo más importante no es si los acuerdos son tradicionales o abiertos, sino si son acuerdos verdaderos, compartidos, y sostenidos por el respeto mutuo. Y lo que tú describes —un malestar claro por los coqueteos por chat, conversaciones incómodas ya repetidas, y una falta de cambio— sugiere que hay un desequilibrio en esos acuerdos. No se trata solo de lo que él hace, sino de cómo responde cuando tú expresas tus límites.
Que te estés planteando abrir la relación no me parece algo negativo en sí mismo. Al contrario, habla de una gran flexibilidad y capacidad de adaptación por tu parte. Pero también es importante preguntarte: ¿lo deseas genuinamente, o lo propones como una forma de no perder la relación? Porque si lo haces solo por resignación, para no sentirte en desventaja o para ver si eso alivia el conflicto, puede que te hagas más daño a ti misma a medio plazo.
En este punto, sinceramente, te recomendaría que acudieran juntos a terapia de pareja. No porque la relación esté rota, sino precisamente porque aún estás a tiempo de entender qué está pasando entre ustedes, qué necesidades están insatisfechas, qué límites son negociables y cuáles no, y si ambos están realmente dispuestos a construir un proyecto compartido desde el respeto y la honestidad. La terapia no impone soluciones, sino que ayuda a ver con más claridad y a tomar decisiones con menos culpa y más comprensión mutua.
Si tu pareja realmente valora lo que tienen, debería poder sentarse contigo en un espacio donde ambos se escuchen, sin defensas ni excusas. Y si no acepta ni siquiera eso, quizás ahí ya tengas una respuesta importante.
Estoy a tu disposición si quieres iniciar este proceso. Tanto si decides venir sola como si él se anima a acompañarte, este puede ser un punto de inflexión real para ti.
Un abrazo grande,
Claudio Rodal
Psicólogo (Col. 27074)
Sesiones presenciales y online
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Hola siento que algo estoy haciendo mal no es que me sienta culpable sino que lo he reflexionado y y
Hola siento que algo estoy haciendo mal no es que me sienta culpable sino que lo he reflexionado y ya es la segunda vez que me sucede que me gusta un chico demasiado demasiado hasta el punto de decirle que me gusta que me atrae y que es una persona súper valiosa para mí a raíz de esto me he dado cuenta que o pierden el interés hacia mi persona o sencillamente no tiene nada conmigo esto me hace sentir no digamos mal porque me apetece decirlo y sería peor guardarmelo y no y no decirlo guarda la redundancia pero sé que estoy fallando en algo pero no sé en qué porque ella es la segunda vez que me sucede y luego por lo menos en el primer caso cuando le dije que estaba enamorada de él que me había enamorado y que todo lo que yo le había demostrado era cierto pero que ya el interés se había perdido obviamente pues ahora soy amiga de él pero no tenemos nada ese fue del primer chico pero con el segundo vamos por el mismo camino no sé qué hacer porque no quiero que me suceda más antes era muy callada muy introvertida y nunca decía si alguien me gustaba o no solo sé que de pronto esas personas se acercaban a mí pero sencillamente para también una relación que no vale la pena que a la final terminaría en romperse y no seguir adelante juntos todos me pone de cabezas y siento que quiero mejorar por eso te escribo quería saber en qué me puedes ayudar Saludos
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola, gracias por escribirme y abrirte con tanta honestidad.
Lo que estás sintiendo tiene todo el sentido del mundo. Estás en un punto donde las relaciones te remueven, te generan dudas, a veces incluso te hacen sentir que todo se pone de cabeza… y, al mismo tiempo, tienes ese impulso genuino de querer mejorar, de entenderte mejor, de no repetir las mismas historias una y otra vez. Esa combinación —malestar y deseo de cambio— es exactamente el lugar desde donde empieza un proceso terapéutico real.
Muchas veces, cuando las relaciones nos duelen o sentimos que no avanzan, no es porque estemos rotos, sino porque arrastramos patrones invisibles que hemos aprendido, muchas veces sin darnos cuenta, desde muy temprano. Cosas que nos marcaron, que se grabaron en nuestra forma de querer, de protegernos, de alejarnos, de elegir a quién dejamos entrar… y a quién no. Y todo eso, cuando se vuelve inconsciente, puede llevarnos a repetir vínculos que no nos hacen bien, o a alejarnos incluso de quienes sí nos podrían cuidar de verdad.
En terapia no se trata de juzgarte ni de decirte lo que tienes que hacer. Se trata de entender de dónde viene lo que sientes, por qué te pasa lo que te pasa, y qué podrías hacer diferente para cuidarte mejor. Te propongo un espacio seguro, sin juicios, donde puedas ir desenredando todo esto con calma, desde la raíz, y sobre todo desde el respeto por tu historia y tu ritmo.
Si sientes que algo de esto te resuena, estaré encantado de acompañarte. Empezar terapia puede dar vértigo, pero es una de las decisiones más valientes y transformadoras que uno puede tomar. Aquí estoy, si te animas a dar ese primer paso.
Un abrazo,
Claudio Rodal
Psicólogo (Col. 27074)
Sesiones presenciales y online
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Soy una persona muy observadora: me fijo en la gente. No lo hago con ninguna intención especial; sim
Soy una persona muy observadora: me fijo en la gente. No lo hago con ninguna intención especial; simplemente me llama la atención, sobre todo cuando me miran, sean hombres o mujeres.
El problema empezó cuando mi pareja se dio cuenta de que, en algunos momentos, había mirado a hombres y eso le molestó. A partir de ahí empecé a cuestionarme mucho. Yo tengo claro que no siento atracción por ningún hombre a parte de el, pero aun así me vienen dudas constantes.
Ahora, cada vez que miro a alguien o creo haber prestado atención visual a un hombre, me asaltan pensamientos repetitivos e involuntarios como:
• “¿Por qué lo he mirado?”
• “¿Y si me parece atractivo y no lo quiero admitir?”
• “Te gusta”
Además, si de entrada alguien me parece guapo, me invade la culpa y siento la necesidad de volver a mirarlo para “comprobar” que en realidad no es tan atractivo—como si tuviera que demostrarme que no me interesa. Esta revisión me genera más ansiedad y culpa, y se vuelve un círculo vicioso.
Estos pensamientos son molestos y a veces me resultan incluso desagradables porque llegan a punto guarro. Sé racionalmente que no tienen sentido y que no reflejan mis verdaderos sentimientos, pero se repiten sin que pueda pararlos. Esto me hace autocensurarme: estoy pendiente de adónde miro, de qué pienso y de justificarme todo el tiempo. Siento que ya no actúo con naturalidad.RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Gracias por compartir con tanta claridad lo que estás viviendo. Lo que describes es una experiencia que puede ser profundamente angustiante: no porque tengas un deseo oculto, sino porque estás atrapado en un bucle mental donde la observación inocente se ha convertido en una fuente de duda, culpa y control constante. Lo que antes era simplemente una forma espontánea de relacionarte con el entorno—observar a la gente sin más—ha pasado a convertirse en una especie de examen continuo sobre tus propios sentimientos, intenciones y deseos. Y ese examen, en lugar de darte respuestas, alimenta más dudas.
Este tipo de experiencia es muy común en personas que padecen lo que en psicología se llama pensamientos intrusivos o dudas obsesivas. No significa que estés obsesionado en el sentido popular del término, sino que tu mente, probablemente a raíz de un detonante emocional (en este caso, el comentario o la reacción de tu pareja), ha empezado a funcionar en modo hipervigilante. A partir de ahí, cada gesto, mirada o pensamiento es analizado como si pudiera esconder una verdad oculta sobre ti. Pero lo que ocurre en realidad es lo contrario: cuanto más te observas, menos claridad tienes. Y lo que antes era natural se convierte en algo forzado.
Tus dudas no nacen de un deseo real que estés reprimiendo. Nacen del miedo. Miedo a traicionar, miedo a descubrir algo que no deseas descubrir, miedo a actuar mal, miedo a no poder controlar lo que sientes. Y el miedo tiene una capacidad increíble para disfrazarse de pregunta legítima: “¿Y si en el fondo sí me atrae?”, “¿Y si no soy quien creo que soy?”. Pero cuando estas preguntas se repiten de forma compulsiva, lo que buscan no es una respuesta real, sino la imposibilidad de responder. Por eso nunca se calman. Y por eso te llevan a revisar, a comprobar, a mirar dos veces con culpa para asegurarte de que no sentiste lo que creíste sentir. Pero ahí ya estás atrapado.
También es importante que sepas que sentir que alguien es guapo o atractivo no es sinónimo de deseo o de amenaza para tu vínculo de pareja. Sentir que una persona es guapa no significa que quieras estar con ella, ni que tu amor hacia tu pareja se tambalee. El amor maduro, estable, no es incompatible con reconocer la belleza de otras personas. Lo que ocurre es que, en tu caso, ese reconocimiento ha pasado a convertirse en una alarma que tu mente interpreta como “peligro”. Y eso ya no es deseo: eso es ansiedad.
Lo que estás viviendo no define tu orientación, ni tus valores, ni tu nivel de compromiso. Define únicamente el nivel de angustia que te está generando el hecho de no poder dejar pasar ciertos pensamientos sin analizarlos. Y eso no habla de lo que quieres, sino de cuánto miedo tienes a perder el control.
Hay salida para esto. Una de las claves está en dejar de alimentar el circuito de revisión, que es el que mantiene vivo el problema. En lugar de intentar “demostrarte” que no te gusta alguien, puedes aprender a convivir con la incertidumbre sin necesidad de resolverla. Porque el deseo no se demuestra ni se desmonta: se siente o no se siente. Y tú ya sabes lo que sientes. Solo que tu mente no para de ponértelo en duda.
Trabajar en terapia este tipo de pensamientos, desde un enfoque como la terapia cognitivo-conductual o un enfoque constructivista centrado en el diálogo interno, puede ayudarte mucho. Porque no se trata de convencerte de nada, sino de aprender a convivir con una mente que duda, sin dejar que esa duda controle tu vida.
Recuerda: no eres tus pensamientos. Eres la persona que está intentando vivir con más libertad y menos miedo, y eso ya es un acto de amor hacia ti y hacia tu pareja.
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¿Es cierto que si tengo autismo grado 1 mi esperanza de vida es más corta y también progresivamente
¿Es cierto que si tengo autismo grado 1 mi esperanza de vida es más corta y también progresivamente con los años voy a desenmascarar y perder habilidades consideradas neurotípicas o funcionales? No tengo lo que se considera discapacidad intelectual o ataques e epilepsia, solamente autismo grado 1 que me genera grado del 33% de discapacidad reconocida en España. La verdad es que me da miedo este tema pero quiero realmente saber la verdad al respecto. Hay muchos vídeos en las redes sociales que hablan de ello y no se si puede estar relacionado con la depresión el tema de la esperanza de vida y la supuesta pérdida de habilidades. Gracias.
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Gracias por confiarme esta pregunta tan importante y delicada. Lo primero que quiero transmitirte es que entiendo perfectamente tu inquietud: vivir con el diagnóstico de autismo puede abrir muchas preguntas, algunas más difíciles que otras, y en especial cuando hay tantos mensajes contradictorios o alarmistas circulando por redes sociales. Te mereces una respuesta honesta, pero también serena, que te ayude a ubicar lo que realmente se sabe al respecto, sin caer en el catastrofismo que a veces se genera por desinformación o por enfoques sensacionalistas.
Tener autismo grado 1, que antes se conocía como Asperger o como un perfil de "alto funcionamiento", no significa automáticamente que vayas a tener una esperanza de vida corta ni que vayas a ir perdiendo habilidades con los años. Eso no es cierto. Sí es verdad que existen algunos estudios que han señalado que, de forma general, la esperanza de vida en la población autista puede ser algo más baja en promedio. Pero aquí es muy importante aclarar por qué. Esa diferencia no se debe tanto al autismo en sí mismo, sino a factores asociados: muchas veces se relaciona con dificultades para acceder a una atención médica adecuada, niveles altos de estrés crónico, problemas de salud mental como la ansiedad o la depresión, e incluso aislamiento social. También es cierto que en algunos estudios se mezclan perfiles muy distintos, incluyendo personas con epilepsia severa o discapacidades intelectuales importantes, que sí pueden tener condiciones médicas más graves.
Tú me cuentas que no tienes epilepsia, ni discapacidad intelectual, y que lo que tienes es un diagnóstico de autismo grado 1 con un reconocimiento del 33% de discapacidad. Eso significa que estás dentro de un perfil que suele tener un funcionamiento adaptativo bastante alto. Y esto ya cambia mucho el panorama. En personas como tú, los estudios no muestran una reducción clara y marcada de la esperanza de vida. De hecho, muchas personas autistas viven vidas largas, plenas, activas, desarrollando proyectos y vínculos significativos.
Ahora bien, respecto a la idea de que con los años puedas ir "desenmascarando" o perdiendo habilidades funcionales, eso también necesita un matiz importante. El camuflaje o enmascaramiento es algo que muchas personas autistas hacen, sobre todo en contextos donde han aprendido a ocultar o modificar sus conductas para parecer más neurotípicas. Esto a veces funciona bien durante un tiempo, pero puede ser muy agotador emocionalmente. Lo que ocurre con los años, en algunas personas, no es tanto una pérdida de habilidades reales, sino más bien una especie de "fatiga" o necesidad de dejar de forzarse tanto. Es decir, algunas personas deciden —conscientemente o no— dejar de camuflarse tanto, ser más auténticas con su manera de estar en el mundo, porque ya no pueden o no quieren seguir sosteniendo un esfuerzo tan grande para encajar. Y eso a veces puede parecer, desde fuera, como una “pérdida de habilidades”, pero no lo es. Es una recuperación del propio estilo, una liberación de la máscara.
También es cierto que cuando hay ansiedad crónica, fatiga, o una depresión no tratada, esto sí puede afectar al funcionamiento cotidiano, en cualquier persona, autista o no. Pero eso no es algo inevitable, ni parte obligada del autismo. Es algo que se puede prevenir, trabajar y acompañar. Cuidarte, tener espacios donde puedas ser tú sin máscaras, rodearte de personas que te comprendan y acepten tal como eres, y tener un buen acompañamiento terapéutico si lo necesitas, son factores que protegen mucho tu salud mental y tu calidad de vida a largo plazo.
Así que no, no estás condenado ni a vivir menos ni a perder tus capacidades. Esa idea, cuando aparece, suele estar cargada de miedo, y entiendo que te remueva. Pero el miedo no es el mejor consejero, y lo que necesitas no es temerle al futuro, sino cuidar con cariño y respeto tu presente. Lo que sí está claro es que mereces vivir bien, sentirte acompañado, ser escuchado, y tener derecho a ocupar el mundo desde tu manera de estar en él, que es válida y digna.
Si sientes que el miedo a esto se está convirtiendo en algo que te angustia mucho o te bloquea, también te animo a que hables de ello en algún espacio terapéutico con alguien que entienda de autismo desde una mirada respetuosa. A veces lo que más calma es poder hablar abiertamente, sin juicio, y desmontar poco a poco los mitos que tanto pesan.
Estoy aquí para lo que necesites.
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soy una persona pasiva y manipulable facilmente, siempre cedo ante los deseos de las personas por no
soy una persona pasiva y manipulable facilmente, siempre cedo ante los deseos de las personas por no discutir. Sin saber me relacioné con un manipulador y ahora no puedo poner limites a la relación porque me convertí en un títere que cede a todo para que él no se enoje. Me siendo frustrada por no tener carácter suficiente para ponerle límites y entre más cedo él más me controla. Tenemos un hijo pequeño y me amenaza con buscar la manera de quitármelo si nos dejamos. El es mas grande que yo y pronto se va a jubilar, con eso me chantajea diciendo que si lo dejo perderé la pensión que me dejará cuando se muera o incluso podría buscarse otra mujer y dejarsela a ella. dice que como ya no trabajará podrá cuidar al niño y es mas facil que le den la custodia a él porque comprobará que él es el que puede recogerlo a la escuela y cuidarlo todo el día porque yo trabajo y no puedo hacer todo eso. Me ha alejado de mi familia, odia a mi mamá y ahora como mis papás están muy enfermos dice que pronto se van a morir y me quedaré sola si lo dejo a él no tendré ni quien me apoye estando huerfana. Me siento impotente de no poder tomar una decisión contundente sin importarme las concecuencias. tengo miedo de perder a mi hijo y me siento sola emocionalmente, que puedo hacer para no tener miedo a tomar decisiones?? creo que tengo traumas de la infancia que me hicieron insegura y dependiente. gracias
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Gracias por abrirte de esta manera. Lo que estás viviendo no es menor. Lo que cuentas refleja una situación de control psicológico profundo, de manipulación constante y de miedo muy arraigado. No estás exagerando ni siendo débil por sentirte así. Estás atravesando algo muy serio, que afecta no sólo a tu bienestar emocional, sino también a tu capacidad de decidir libremente sobre tu vida y sobre la de tu hijo. Y el miedo que sientes, esa sensación de impotencia, no es un defecto de tu carácter. Es la consecuencia lógica de haber estado expuesta durante tanto tiempo a una dinámica donde ceder se convirtió en la única forma de evitar el conflicto, de sobrevivir.
Es importante que sepas que lo que estás viviendo no es simplemente una “relación difícil” o una pareja con carácter fuerte. Es violencia psicológica. Es chantaje emocional. Y es aislamiento. Todo eso no sucede por casualidad, ni porque tú seas “muy pasiva” o no tengas carácter. Sucede porque él se ha ido aprovechando, poco a poco, de tus puntos vulnerables, de tus miedos, de tus heridas. Como el miedo a quedarte sola, el miedo a no poder proteger a tu hijo, el miedo a no ser suficiente.
Y claro que todo esto tiene raíces más profundas. Tú misma lo intuyes: sientes que quizás vienes arrastrando inseguridades y formas de vincularte que se originaron en tu infancia. Cuando uno ha crecido en un entorno donde hubo carencias afectivas, críticas, abandono o miedo, es muy fácil que de adulta repitas patrones donde priorizas la paz externa por encima de tu propia dignidad, donde se te hace muy difícil poner un límite sin sentir culpa o terror. Pero eso no significa que estés condenada a vivir así. Lo que te ha pasado te puede marcar, pero no te define. Aún puedes transformar este dolor en fuerza, en claridad, en recuperación de tu voz.
Lo primero que necesitas ahora no es tener todas las respuestas ni tomar decisiones drásticas de un día para otro. Lo primero que necesitas es sentirte acompañada. No estás sola, aunque él haya intentado convencerte de que sí. Aunque te haya aislado y aunque te haya repetido que nadie te va a ayudar o que nadie te va a creer. Existen personas —profesionales— que pueden caminar contigo en este proceso de reconstrucción emocional, de empoderamiento, de volver a confiar en ti.
La terapia puede ofrecerte justamente eso: un espacio seguro, donde puedas hablar sin miedo, sin juicio, donde puedas explorar esas heridas antiguas que te hacen sentir tan pequeña, donde puedas empezar a fortalecer tu autoestima y tu capacidad de poner límites. No para convertirte en alguien fría o distante, sino para aprender a cuidar de ti sin tener que romperte cada vez que alguien se enoja. Y especialmente, para que puedas encontrar una forma realista y estratégica de proteger a tu hijo sin quedarte atrapada en el chantaje.
Es completamente comprensible que sientas miedo. Lo que estás enfrentando no es fácil. Pero el miedo no es señal de que no puedas. Es simplemente el reflejo de lo importante que es esto para ti. Lo importante ahora es que no dejes que ese miedo decida por ti. Puedes empezar a tomar pasos pequeños pero firmes. Buscar ayuda profesional es uno de ellos. Y desde ahí, poco a poco, podrás ir trazando un camino. Uno que no esté guiado por el chantaje, el control o la culpa, sino por tu deseo de vivir con dignidad, de criar a tu hijo en un entorno sano, y de recuperar tu libertad interna.
Si alguna parte de ti desea empezar este proceso, no lo ignores. Esa pequeña voz que duda pero que también quiere cambiar algo, es tu fuerza vital. Escúchala. Escríbeme si quieres que te acompañe en este proceso, o busca una terapeuta con quien puedas empezar a construir un espacio donde por fin puedas ser tú, sin miedo.
Te mereces vivir en paz. No es tarde para recuperarte. Te abrazo.
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Hola me gusta una chica de unos veintipocos años pero me da mala espina muchos seguidores en instagr
Hola me gusta una chica de unos veintipocos años pero me da mala espina muchos seguidores en instagram,una foto con una niña de 4 5 años sospecho q puede ser su hija...quizas soy malpensado pero es una sensacion pido ayuda
RESPUESTA DEL PROFESIONAL:
Hola, y gracias por compartir lo que estás sintiendo, porque no es fácil poner en palabras estas dudas que mezclan atracción, inseguridad y sospechas. Lo primero que quiero decirte es que no estás “mal” por tener esta sensación: es completamente humano que, cuando alguien te gusta, empieces a observar con más detalle lo que muestra en redes, y a veces eso te active pensamientos o intuiciones que no siempre son fáciles de interpretar.
Sobre lo de los seguidores en Instagram: entiendo que eso te pueda generar inquietud. A veces uno se pregunta si alguien está buscando atención, si está muy expuesto, si es muy diferente a uno mismo... pero también es importante saber que tener muchos seguidores no dice necesariamente nada malo de una persona. Algunas personas simplemente tienen una vida social muy activa, otras han estado en algún momento vinculadas a círculos más amplios o se manejan bien en redes, y eso no define su valor como persona ni cómo son en la intimidad. Puede ser un dato más, pero no debería convertirse en un juicio.
En cuanto a la foto con una niña pequeña: también es natural que te preguntes quién es esa niña si no lo ha explicado. ¿Es su hija? ¿Su sobrina? ¿La hija de una amiga? Son posibilidades muy distintas, y es lógico que no sepas cuál es la real si no hay contexto. Pero lo importante aquí no es tanto si estás “malpensando”, sino cómo gestionas la incertidumbre: cuando nos falta información, el cerebro tiende a rellenar huecos con suposiciones, muchas veces guiadas por miedos o inseguridades. Y eso, si no se maneja con calma, puede hacerte sentir mal sin tener ninguna prueba real de que algo vaya mal.
Lo que te propongo es que te des un espacio para observar un poco más, sin necesidad de sacar conclusiones aún. Si algún día surge la oportunidad de hablar con ella de forma más cercana, podrás preguntar con naturalidad cosas que te aclaren las dudas. No desde el juicio o el control, sino desde una curiosidad genuina y respetuosa. Por ejemplo, si alguna vez menciona a una niña, puedes decir algo como “Ah, ¿y quién es esa peque con la que sales en una foto? Se os ve muy cercanas”, y a partir de ahí irás sabiendo más.
Ahora, si ves que esta sensación de “mala espina” crece y te empieza a pesar, también puede ser útil que te preguntes de dónde viene: ¿te ha pasado algo similar antes? ¿Tienes miedo a que te oculten cosas? ¿Te cuesta confiar cuando no tienes toda la información? A veces lo que aparece en estas situaciones dice más de lo que uno necesita trabajar internamente que de la otra persona.
En resumen: no estás mal por sentirte así, pero te animo a no dejarte llevar del todo por la sospecha sin pruebas. Observa, escucha, y si llega el momento, pregunta desde la calma. La verdad es que el amor —o incluso el simple interés por alguien— siempre lleva algo de riesgo y de incertidumbre, pero también puede ser una oportunidad para crecer, confiar y vincularte desde un lugar más maduro y abierto. Estoy aquí si necesitas seguir hablando de esto.
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