¿Cómo sabemos que estamos avanzando en terapia?
Hay una idea sobre el proceso terapéutico que aparece con frecuencia en consulta: “Siento que sigo teniendo ansiedad”, “todavía me afecta”, “he vuelto a sentirme mal… entonces, ¿realmente estoy avanzando?”
Y es comprensible. Solemos medir el cambio psicológico de una manera bastante lineal: si estoy mejor, avanzo; si vuelvo a sentirme mal, retrocedo.
Pero los procesos psicológicos rara vez funcionan así.
Avanzar no siempre significa que aquello que te genera malestar desaparezca. A veces significa que empieza a cambiar la manera en la que respondes cuando aparece.
Quizá sigues sintiendo ansiedad, pero ya no reorganizas toda tu vida para evitarla.
Quizá vuelves a tener un conflicto, pero esta vez no reaccionas exactamente igual.
Quizá aparece un pensamiento que antes te atrapaba durante horas y ahora eres capaz de observarlo con algo más de distancia.
Quizá una situación sigue doliendo, pero ya no necesitas volver una y otra vez a estrategias que, aunque te protegieron durante mucho tiempo, hoy te mantienen atrapado/a.
Esto es importante porque en terapia no buscamos construir una vida en la que nunca aparezcan el miedo, la tristeza, la incertidumbre o la frustración. Trabajamos para ampliar los recursos con los que podemos relacionarnos con todo ello y recuperar capacidad de elección.
Por eso hay cambios terapéuticos que al principio son difíciles de ver. No hacen mucho ruido. No siempre se sienten como un gran “antes y después”.
A veces el cambio consiste, simplemente, en darte cuenta de que ya no vuelves con tanta facilidad al mismo sitio.
Y eso también es avanzar.
27/09/2026